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"vago" poems
VI Giovane piano, e semplicetto amante Poi che fuggir me stesso in dubbio sono, Madonna a voi del mio cuor l’humil dono Faro divoto; io certo a prove tante L’hebbi fedele, intrepido, costante, De pensieri leggiadro, accorto, e buono; Quando rugge il gran mondo, e scocca il tuono, S ‘arma di se, e d’ intero diamante, Tanto del forse, e d’ invidia sicuro, Di timori, e speranze al popol use Quanto d’ingegno, e d’ alto valor vago, E di cetra sonora, e delle muse: Sol troverete in tal parte men duro Ove amor mise l ‘insanabil ago.
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Sonnet 06
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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La noche cíclica
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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Déjame, sí, déjame, dios o ángel, demonio. Déjame a solas, turba angélica, solo conmigo, con mi multitud. Estoy con uno como yo, que no me reconoce y me muestra mis armas; con uno que me abraza y me hiere -y se dice mi hijo-; con uno que huye con mi cuerpo; con uno que me odia porque yo soy él mismo. Mira, tú que huyes, aborrecible hermano mío, tú que enciendes las hogueras terrestres, tú, el de las islas y el de las llamaradas, mírate y dime: ese que corre, ese que alza lenguas y antorchas para llamar al cielo y lo incendia; ese que es una estrella lenta que desciende; aquel que es como un arma resonante, ¿es el tuyo, tu ser, hecho de horas y voraces minutos? ¿Quién sabe lo que es un cuerpo, un alma, y el sitio en que se juntan y cómo el cuerpo se ilumina y el alma se obscurece, hasta fundirse, carne y alma, en una sola y viva sombra? ¿Y somos esa imagen que soñamos, sueños al tiempo hurtados, sueños del tiempo por burlar al tiempo? En soledad pregunto, a soledad pregunto. Y rasgo mi boca amante de palabras y me arranco los ojos henchidos de mentiras y apariencias, y arrojo lo que el tiempo deposita en mi alma, miserias deslumbrantes, ola que se retira… Bajo del cielo puro, metal de tranquilos, absortos resplandores, pregunto, ya desnudo: me voy borrando todo, me voy haciendo un vago signo sobre el agua, espejo en un espejo.
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Pregunta
Vienes a mi mente Como un vago recuerdo Deslavado como la ropa De un tendedero Evoco momentos e instantes Pequeños detalles de anhelo Tristes versos que eran mis sueños La melodía de tu presencia El olor de tu guitarra melancólica Que guardo aún en el rincón Me llega desde un lugar lejano El sonido de una dulce canción (¿La recuerdas?) Entre los brazos del tiempo Y las garras del desamor Mi recuerdo se borró de ti No se si me sueñes, pienses, Cantes, maldigas o extrañes ¿Aún soy un trago amargo? ¿Soy parte de un lamento, O de una maldición exhausta? Quizá ya no existo, ni soy ni estoy Tal vez, de verdad me olvidaste.
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Sep 4, 2012
Sep 4, 2012 at 1:06 AM UTC
23:54
Silvia, rimembri ancora quel tempo della tua vita mortale, quando beltà splendea negli occhi tuoi ridenti e fuggitivi, e tu, lieta e pensosa, il limitare di gioventù salivi? Sonavan le quiete stanze, e le vie dintorno, al tuo perpetuo canto, allor che all'opre femminili intenta sedevi, assai contenta di quel vago avvenir che in mente avevi. Era il maggio odoroso: e tu solevi così menare il giorno. Io gli studi leggiadri talor lasciando e le sudate carte, ove il tempo mio primo e di me si spendea la miglior parte, d'in su i veroni del paterno ostello porgea gli orecchi al suon della tua voce, ed alla man veloce che percorrea la faticosa tela. Mirava il ciel sereno, le vie dorate e gli orti, e quinci il mar da lungi, e quindi il monte. Lingua mortal non dice quel ch'io sentiva in seno. Che pensieri soavi, che speranze, che cori, o Silvia mia! Quale allor ci apparia la vita umana e il fato! Quando sovviemmi di cotanta speme, un affetto mi preme acerbo e sconsolato, e tornami a doler di mia sventura. O natura, o natura, perché non rendi poi quel che prometti allor? Perché di tanto inganni i figli tuoi? Tu pria che l'erbe inaridisse il verno, da chiuso morbo combattuta e vinta, perivi, o tenerella. E non vedevi il fior degli anni tuoi; non ti molceva il core la dolce lode or delle negre chiome, or degli sguardi innamorati e schivi; né teco le compagne ai dì festivi ragionavan d'amore. Anche peria tra poco la speranza mia dolce: agli anni miei anche negaro i fati la giovanezza. Ahi come, come passata sei, cara compagna dell'età mia nova, mia lacrimata speme! Questo è quel mondo? Questi i diletti, l'amor, l'opre, gli eventi onde cotanto ragionammo insieme? Questa la sorte dell'umane genti? All'apparir del vero tu, misera, cadesti: e con la mano la fredda morte ed una tomba ignuda mostravi di lontano.
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A Silvia
Silvia, rimembri ancora quel tempo della tua vita mortale, quando beltà splendea negli occhi tuoi ridenti e fuggitivi, e tu, lieta e pensosa, il limitare di gioventù salivi? Sonavan le quiete stanze, e le vie dintorno, al tuo perpetuo canto, allor che all'opre femminili intenta sedevi, assai contenta di quel vago avvenir che in mente avevi. Era il maggio odoroso: e tu solevi così menare il giorno. Io gli studi leggiadri talor lasciando e le sudate carte, ove il tempo mio primo e di me si spendea la miglior parte, d'in su i veroni del paterno ostello porgea gli orecchi al suon della tua voce, ed alla man veloce che percorrea la faticosa tela. Mirava il ciel sereno, le vie dorate e gli orti, e quinci il mar da lungi, e quindi il monte. Lingua mortal non dice quel ch'io sentiva in seno. Che pensieri soavi, che speranze, che cori, o Silvia mia! Quale allor ci apparia la vita umana e il fato! Quando sovviemmi di cotanta speme, un affetto mi preme acerbo e sconsolato, e tornami a doler di mia sventura. O natura, o natura, perché non rendi poi quel che prometti allor? Perché di tanto inganni i figli tuoi? Tu pria che l'erbe inaridisse il verno, da chiuso morbo combattuta e vinta, perivi, o tenerella. E non vedevi il fior degli anni tuoi; non ti molceva il core la dolce lode or delle negre chiome, or degli sguardi innamorati e schivi; né teco le compagne ai dì festivi ragionavan d'amore. Anche peria tra poco la speranza mia dolce: agli anni miei anche negaro i fati la giovanezza. Ahi come, come passata sei, cara compagna dell'età mia nova, mia lacrimata speme! Questo è quel mondo? Questi i diletti, l'amor, l'opre, gli eventi onde cotanto ragionammo insieme? Questa la sorte dell'umane genti? All'apparir del vero tu, misera, cadesti: e con la mano la fredda morte ed una tomba ignuda mostravi di lontano.
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63
La gaviota sobre el pinar. (La mar resuena.) Se acerca el sueño. Dormirás, soñarás, aunque no lo quieras. La gaviota sobre el pinar goteado todo de estrellas.Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. No hay más que sombra. Arriba, luna. Peter Pan por las alamedas. Sobre ciervos de lomo verde la niña ciega. Ya tú eres hombre, ya te duermes, mi amigo, ea...Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo sobre la luna, y la degüella. La mar está cerca de ti, muerde tus piernas. No es verdad que tú seas hombre; eres un niño que no sueña. No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan. Duerme. La sombra toda es tuya, mi amigo, ea...Eres un niño que está serio. Perdió la risa y no la encuentra. Será que habrá caído al mar, la habrá comido una ballena. Duerme, mi amigo, que te acunen campanillas y panderetas, flautas de caña de son vago amanecidas en la niebla.No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda. La noche es vasta. Tiene espacios para volar por donde quieras, para llegar al alba y ver las aguas frías que despiertan, las rocas grises, como el casco que tú llevabas a la guerra. La noche es amplia, duerme, amigo, mi amigo, ea...La noche es bella, está desnuda, no tiene límites ni rejas. No es verdad que tú hayas sufrido, son cuentos tristes que te cuentan. Tú eres un niño que está triste, eres un niño que no sueña. Y la gaviota está esperando para venir cuando te duermas. Duerme, ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. Duerme, mi amigo...                                       Ya se duerme mi amigo, ea...
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Canción de cuna para dormir a un preso
La gaviota sobre el pinar. (La mar resuena.) Se acerca el sueño. Dormirás, soñarás, aunque no lo quieras. La gaviota sobre el pinar goteado todo de estrellas.Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. No hay más que sombra. Arriba, luna. Peter Pan por las alamedas. Sobre ciervos de lomo verde la niña ciega. Ya tú eres hombre, ya te duermes, mi amigo, ea...Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo sobre la luna, y la degüella. La mar está cerca de ti, muerde tus piernas. No es verdad que tú seas hombre; eres un niño que no sueña. No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan. Duerme. La sombra toda es tuya, mi amigo, ea...Eres un niño que está serio. Perdió la risa y no la encuentra. Será que habrá caído al mar, la habrá comido una ballena. Duerme, mi amigo, que te acunen campanillas y panderetas, flautas de caña de son vago amanecidas en la niebla.No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda. La noche es vasta. Tiene espacios para volar por donde quieras, para llegar al alba y ver las aguas frías que despiertan, las rocas grises, como el casco que tú llevabas a la guerra. La noche es amplia, duerme, amigo, mi amigo, ea...La noche es bella, está desnuda, no tiene límites ni rejas. No es verdad que tú hayas sufrido, son cuentos tristes que te cuentan. Tú eres un niño que está triste, eres un niño que no sueña. Y la gaviota está esperando para venir cuando te duermas. Duerme, ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. Duerme, mi amigo...                                       Ya se duerme mi amigo, ea...
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50
Luz mañanera de los lunes, esa que ilumina Aquel vago recuerdo estancado en la almohada. Un silbido sale de las botellas añejadas bajo la cama Y la silueta de lo que pudo ser prende un cigarrillo. Lúgubres desfiles en las tardes Donde las quejas son el primer acto. Las quejas de lo que nunca fui Y de lo que nunca seré. Acostada en la bañera con otra copa de vino Y algunas pastillas para dormir Ahogándome en el vacío que emanan de mis promesas. “Todo estará bien” me decía “es solo una etapa”. Cicatrices de inquilinas, arrojándome A un acantilado sin fondo. Adentro llovía todos los días y ya no sabía Como evitar que el agua entrara. No dormía ni comía Era un cuerpo vagando entre vivos. Ilusa la persona que creía poder salvarme Absurdo el pensar que podía salir de eso. Estaba en aquella tina contemplando desde mi ventana El vestido que me tejía la luna y allí Entre recuerdos, pastillas y alcohol Quise dejarme ir; liberarme de todo el suplicio Que jamás me dejo vivir, así que recite Las últimas palabras antes de dejar esta vida “Al fin, el fin”.
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Aug 3, 2015
Aug 3, 2015 at 6:54 PM UTC
El fin.
¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!   Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo!   Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte.   No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero.   So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío.   ¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!, contemplad mi tormento: ¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores al dolor que yo siento?   Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro, perdida miro su primer valía, y sus desgracias lloro.   Hijos espurios y el fatal tirano sus hijos han perdido, y en campo de dolor su fértil llano tienen ¡ay!, convertido.   Tendió sus brazos la agitada España, sus hijos implorando; sus hijos fueron, mas traidora saña desbarató su bando.   ¿Qué se hicieron tus muros torreados? ¡Oh mi patria querida! ¿Dónde fueron tus héroes esforzados, tu espada no vencida?   ¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente está el rubor grabado: a sus ojos caídos tristemente el llanto está agolpado.   Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura, y las naciones tímidas la vieron vistosa en hermosura.   Cual cedro que en el Líbano se ostenta, su frente se elevaba; como el trueno a la virgen amedrenta, su voz las aterraba.   Mas ora, como piedra en el desierto, yaces desamparada, y el justo desgraciado vaga incierto allá en tierra apartada.   Cubren su antigua pompa y poderío pobre yerba y arena, y el enemigo que tembló a su brío burla y goza en su pena.   Vírgenes, destrenzad la cabellera y dadla al vago viento: acompañad con arpa lastimera mi lúgubre lamento.   Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares, lloremos duelo tanto: ¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?, ¿quién secará tu llanto?
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A la patria
¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!   Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo!   Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte.   No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero.   So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío.   ¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!, contemplad mi tormento: ¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores al dolor que yo siento?   Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro, perdida miro su primer valía, y sus desgracias lloro.   Hijos espurios y el fatal tirano sus hijos han perdido, y en campo de dolor su fértil llano tienen ¡ay!, convertido.   Tendió sus brazos la agitada España, sus hijos implorando; sus hijos fueron, mas traidora saña desbarató su bando.   ¿Qué se hicieron tus muros torreados? ¡Oh mi patria querida! ¿Dónde fueron tus héroes esforzados, tu espada no vencida?   ¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente está el rubor grabado: a sus ojos caídos tristemente el llanto está agolpado.   Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura, y las naciones tímidas la vieron vistosa en hermosura.   Cual cedro que en el Líbano se ostenta, su frente se elevaba; como el trueno a la virgen amedrenta, su voz las aterraba.   Mas ora, como piedra en el desierto, yaces desamparada, y el justo desgraciado vaga incierto allá en tierra apartada.   Cubren su antigua pompa y poderío pobre yerba y arena, y el enemigo que tembló a su brío burla y goza en su pena.   Vírgenes, destrenzad la cabellera y dadla al vago viento: acompañad con arpa lastimera mi lúgubre lamento.   Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares, lloremos duelo tanto: ¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?, ¿quién secará tu llanto?
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Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre, Vagamos taciturnos en un éxtasis vago, Como sombras delgadas que se deslizan sobre Las arenas de bronce de la orilla del lago. Silencio en nuestros labios una rosa ha florido ¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!, La corola, deshecha, como un pájaro herido, Caerá, rompiendo el suave misterio sublunar. ¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte que tengáis en las manos, su acento sofocad! ¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte para formar la venda de su boca, rasgad! Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable. Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra! ¡Oh lengua de ceniza! ¡Oh lengua miserable, No intentes que ahora el sello de mis labios te abra! Baja la luna-cobre, taciturnos amantes, Con los ojos gimamos, con los ojos hablemos. Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes Movidas por la magia de diálogos supremos.
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Las lenguas de diamante
En tu pelo está el perfume de la noche y en tus ojos su tormentosa luz. El sabor de la noche vibra en tu boca palpitante. 1 Mi corazón, clavado sobre la noche de abenuz. La noche está en tu frente morena, erguida y frágil y en tus brazos que un vello sutil aterciopela. La noche está en recónditos parajes de tu cuerpo: -la noche perfumada de nardo y de canela... 2 La noche está en tus ojos brunos, iridiscente: constelaciones bullen en su vivaz burbuja. La noche está en tus ojos brunos, cuando los cierras: 3 noche definitiva, noche agorera, noche bruja. En tus oídos, toda la música de la noche se refugia, y te arrulla con su vago susurro. En tus oídos, toda la música de la noche, y en tu voz, y en tu risa, y en tu tácito llanto... En tu frente, su angustia latente insomne yerra, y en tu pecho amoroso su tormentosa luz. En la noche sortílega, sortílego discurro... El sabor de la noche vibra en tu boca palpitante. Tus manos son dos pálidas lunas sobre mi frente. Clavos en ti me clavan, oh Noche deleitosa! Noche... ¡tibio madero de mi cruz! 4
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Canción nocturna
Cara beltà che amore Lunge m'inspiri o nascondendo il viso, Fuor se nel sonno il core Ombra diva mi scuoti, O nè campi ove splenda Più vago il giorno e di natura il riso; Forse tu l'innocente Secol beasti che dall'oro ha nome, Or leve intra la gente Anima voli? O te la sorte avara Ch'a noi t'asconde, agli avvenir prepara? Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella. Fra cotanto dolore Quanto all'umana età propose il fato, Se vera e quale il mio pensier ti pinge, Alcun t'amasse in terra, a lui pur fora Questo viver beato: E ben chiaro vegg'io siccome ancora Seguir loda e virtù qual nè prim'anni L'amor tuo mi farebbe. Or non aggiunse Il ciel nullo conforto ai nostri affanni; E teco la mortal vita saria Simile a quella che nel cielo india. Per le valli, ove suona Del faticoso agricoltore il canto, Ed io seggo e mi lagno Del giovanile error che m'abbandona; E per li poggi, ov'io rimembro e piagno I perduti desiri, e la perduta Speme dè giorni miei; di te pensando, A palpitar mi sveglio. E potess'io, Nel secol tetro e in questo aer nefando, L'alta specie serbar; che dell'imago, Poi che del ver m'è tolto, assai m'appago. Se dell'eterne idee L'una sei tu, cui di sensibil forma Sdegni l'eterno senno esser vestita, E fra caduche spoglie Provar gli affanni di funerea vita; O s'altra terra nè superni giri Frà mondi innumerabili t'accoglie, E più vaga del Sol prossima stella T'irraggia, e più benigno etere spiri; Di qua dove son gli anni infausti e brevi, Questo d'ignoto amante inno ricevi.
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Alla sua donna
Cara beltà che amore Lunge m'inspiri o nascondendo il viso, Fuor se nel sonno il core Ombra diva mi scuoti, O nè campi ove splenda Più vago il giorno e di natura il riso; Forse tu l'innocente Secol beasti che dall'oro ha nome, Or leve intra la gente Anima voli? O te la sorte avara Ch'a noi t'asconde, agli avvenir prepara? Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella. Fra cotanto dolore Quanto all'umana età propose il fato, Se vera e quale il mio pensier ti pinge, Alcun t'amasse in terra, a lui pur fora Questo viver beato: E ben chiaro vegg'io siccome ancora Seguir loda e virtù qual nè prim'anni L'amor tuo mi farebbe. Or non aggiunse Il ciel nullo conforto ai nostri affanni; E teco la mortal vita saria Simile a quella che nel cielo india. Per le valli, ove suona Del faticoso agricoltore il canto, Ed io seggo e mi lagno Del giovanile error che m'abbandona; E per li poggi, ov'io rimembro e piagno I perduti desiri, e la perduta Speme dè giorni miei; di te pensando, A palpitar mi sveglio. E potess'io, Nel secol tetro e in questo aer nefando, L'alta specie serbar; che dell'imago, Poi che del ver m'è tolto, assai m'appago. Se dell'eterne idee L'una sei tu, cui di sensibil forma Sdegni l'eterno senno esser vestita, E fra caduche spoglie Provar gli affanni di funerea vita; O s'altra terra nè superni giri Frà mondi innumerabili t'accoglie, E più vaga del Sol prossima stella T'irraggia, e più benigno etere spiri; Di qua dove son gli anni infausti e brevi, Questo d'ignoto amante inno ricevi.
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Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción... Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, nunca sabremos nada... ¿En qué grutas de islas misteriosas arrullaron los Números tu sueño? ¿Quién me da los carbones irreales de mi ardiente pasión, y la resina que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Qué voz suave, que ansiedad divina tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacío, cual fracasan los bólidos nocturnos en el fondo del mar; toda pregunta vuelve a nosotros trémula y fallida, como del choque en el cantil fragoso la flecha por el arco despedida. Hermano mío, en el impulso errante, nunca sabremos nada... Y sin embargo... ¿Qué mística influencia vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante? ¿Quién prende a nuestros hombros manto real de púrpuras gloriosas, y quién a nuestras llagas viene y las unge y las convierte en rosas? Tú, que sobre las hierbas reposabas de cara al cielo, dices de repente: -«La estrella de la tarde está encendida». Ávidos buscan su fulgor mis ojos a través de la bruma, y ascendemos por el hilo de luz... Un grillo canta en los repuestos musgos del cercado, y un incendio de estrellas se levanta en tu pecho, tranquilo ante la tarde, y en mi pecho en la tarde sosegado...
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La estrella de la tarde
Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción... Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, nunca sabremos nada... ¿En qué grutas de islas misteriosas arrullaron los Números tu sueño? ¿Quién me da los carbones irreales de mi ardiente pasión, y la resina que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Qué voz suave, que ansiedad divina tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacío, cual fracasan los bólidos nocturnos en el fondo del mar; toda pregunta vuelve a nosotros trémula y fallida, como del choque en el cantil fragoso la flecha por el arco despedida. Hermano mío, en el impulso errante, nunca sabremos nada... Y sin embargo... ¿Qué mística influencia vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante? ¿Quién prende a nuestros hombros manto real de púrpuras gloriosas, y quién a nuestras llagas viene y las unge y las convierte en rosas? Tú, que sobre las hierbas reposabas de cara al cielo, dices de repente: -«La estrella de la tarde está encendida». Ávidos buscan su fulgor mis ojos a través de la bruma, y ascendemos por el hilo de luz... Un grillo canta en los repuestos musgos del cercado, y un incendio de estrellas se levanta en tu pecho, tranquilo ante la tarde, y en mi pecho en la tarde sosegado...
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Quiero el poeta ser de almas heridas que la piedad de la palabra imploran, de tantas tristes, solitarias vidas, de corazones que en silencio lloran. Quiero dar ritmo a lo indeciso y vago, que es cual bruma y recóndita belleza, y ser voz del que sueña junto a un lago sin que dar pueda voz a su tristeza. Quiero en cadencias expresar lo ignoto y en el azul dar alas a lo inerme, juntar en ritmos un ensueño roto, y canto ser de lo que oculto duerme. Y quiero compartir el sufrimiento de otros; y ser su confidente ansío... ¡Y dar no puedo vida a lo que siento, ni forma puedo dar a lo que es mío!
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Anhelo de poeta
Erano i capei d'oro a l'aura sparsi che'n mille dolci nodi gli avolgea, e'l vago lume oltra misura ardea di quei begli occhi, ch'or ne son si scarsi; e il viso di pietosi color'farsi, non so se vero o falso, mi parea: i'che l'esca amorosa al petto avea, qual meraviglia se di subito arsi? Non era l'andar suo cosa mortale, ma d'angelica forma, e le parole sonavan altro, che pur voce umana. Uno spirito celeste, un viso sole fu quel ch'i'vidi; e se non fosse or tale, piaga per allentar d'arco non sana.
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Erano i capei d'oro a l'aura sparsi
Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que cedenlas albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría.De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; yo fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega.Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente.Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca.Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra.Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días.¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema?Groussac o Borges, miro este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.
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Poema de los dones
Eu não sei o que sentir, É tudo tão vago. Por aqui, ele me disse. Olhe as rosas, tão belas quanto você, Teu perfume é melhor com certeza, A doçura delas se perdeu ao ver Que o meu amor era teu. Rimas e rimas depois, Vinhos mais tarde, Era você e uma moça No parque Não eu!
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May 2, 2014
May 2, 2014 at 11:39 PM UTC
O dia em que ele me comparou às rosas
A veces siento  cómo palpita mi corazón, siento todo el dolor que martilla mi cabeza y que va carcomiendo mis deseos, puedo olor la saturación de mi piel y escucho a mis entrañas querer explotar, querer hacerse rojo tinta en la cama, y en los oídos tengo un zumbido que me molesta todo el tiempo, un zumbido que intenta arrancarme las orejas y ponerlas en un plato. No puedo pensar con claridad, porque en mi cerebro las ideas se extinguen y son sólo retazos de algún pensamiento vago, ¿cómo es que sigo de pie? Si no siento las piernas, si parece que me las han cortado, igual que a mis brazos; tampoco sé cómo escribo, ¿estoy escribiendo ahora mismo o tan sólo es la sobra inútil de una idea? Estoy perdiendo los estribos, me estoy volviendo un ser que no conozco, un ser que no puede centrar bien su cabeza y que quiere marchitarse sin antes haber florecido. Quiero paz, tan sólo quiero un momento de estática, un momento en donde mi mente no grite con tanta locura y donde la noche no se cole por todos mis poros y domine mis ideas.
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Aug 17, 2015
Aug 17, 2015 at 9:12 PM UTC
20.
Aún la novedad Mi soledad Será cierto ser Le pregunte a un señor Hombre vago Barba blanca "Porque soy así" Me dijo "Cuéntame de la última vez que abriste los ojos y vistes" Me quede callado Subió la voz y pregunto otra vez "Cuéntame de la última vez que abriste los ojos" Y al terminar sentí mi sangre revolver "VAGO TU, VAGO YO" Empezó a reír y grito "SOY UN ESPEJO, LO QUE VEES ES UN REFLEJO" Y se quebró Mis venas agarraron la tierra Empecé a crecer Salio el vago otra vez Estirándose en un árbol de nuez Lo alcance Me dijo "Logras lo que tu quieras, lo que tu puedas, ponte las pilas, agarra la tierra, y verás" Crecí otra vez Al tercer cielo Vi los siete mares La luna y sus lunares Mi mujer y el sol El futuro en su infancia Mis manos y la mercancía Empecé ahogando en el mar Ahora vivo en nuevo hogar
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Mar 17, 2016
Mar 17, 2016 at 12:04 AM UTC
Cotopaxi
Si al mecer las azules campanillas     de tu balcón, crees que suspirando pasa el viento     murmurador, sabe que, oculto entre las verdes hojas,     suspiro yo. Si al resonar confuso a tus espaldas     vago rumor, crees que por tu nombre te ha llamado     lejana voz, sabe que, entre las sombras que te cercan,     te llamo yo. Si se turba medroso en la alta noche     tu corazón, al sentir en tus labios un aliento     abrasador, sabe que, aunque invisible, al lado tuyo,     respiro yo.
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Rima xvi
¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Lo que no muere
¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón.Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Caballero errante de los caballeros, varón de varones, príncipe de fieros, par entre los pares, maestro, salud! ¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, entre los aplausos o entre los desdenes, y entre las coronas y los parabienes y las tonterías de la multitud!¡Tú, para quien pocas fueron las victorias antiguas y para quien clásicas glorias serían apenas de ley y razón, soportas elogios, memorias, discursos, resistes certámenes, tarjetas, concursos, y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!Escucha, divino Rolando del sueño, a un enamorado de tu Clavileño, y cuyo Pegaso relincha hacia ti; escucha los versos de estas letanías, hechas con las cosas de todos los días y con otras que en lo misterioso vi.¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español!¡Ruega por nosotros, que necesitamos las mágicas rosas, los sublimes ramos de laurel Pro nobis ora, gran señor. ¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, y antes que tu hermano vago, Segismundo, el pálido Hamlet te ofrece una flor!Ruega generoso, piadoso, orgulloso; ruega casto, puro, celeste, animoso; por nos intercede, suplica por nos, pues casi ya estamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.De tantas tristezas, de dolores tantos de los superhombres de Nietzsche, de cantos áfonos, recetas que firma un doctor, de las epidemias, de horribles blasfemias de las Academias, ¡líbranos, Señor!De rudos malsines, falsos paladines, y espíritus finos y blandos y ruines, del hampa que sacia su canallocracia con burlar la gloria, la vida, el honor, del puñal con gracia, ¡líbranos, Señor!Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos, con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Ora por nosotros, señor de los tristes que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión! ¡que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón!
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Letanía de nuestro señor don quijote
Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón.Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Caballero errante de los caballeros, varón de varones, príncipe de fieros, par entre los pares, maestro, salud! ¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, entre los aplausos o entre los desdenes, y entre las coronas y los parabienes y las tonterías de la multitud!¡Tú, para quien pocas fueron las victorias antiguas y para quien clásicas glorias serían apenas de ley y razón, soportas elogios, memorias, discursos, resistes certámenes, tarjetas, concursos, y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!Escucha, divino Rolando del sueño, a un enamorado de tu Clavileño, y cuyo Pegaso relincha hacia ti; escucha los versos de estas letanías, hechas con las cosas de todos los días y con otras que en lo misterioso vi.¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español!¡Ruega por nosotros, que necesitamos las mágicas rosas, los sublimes ramos de laurel Pro nobis ora, gran señor. ¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, y antes que tu hermano vago, Segismundo, el pálido Hamlet te ofrece una flor!Ruega generoso, piadoso, orgulloso; ruega casto, puro, celeste, animoso; por nos intercede, suplica por nos, pues casi ya estamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.De tantas tristezas, de dolores tantos de los superhombres de Nietzsche, de cantos áfonos, recetas que firma un doctor, de las epidemias, de horribles blasfemias de las Academias, ¡líbranos, Señor!De rudos malsines, falsos paladines, y espíritus finos y blandos y ruines, del hampa que sacia su canallocracia con burlar la gloria, la vida, el honor, del puñal con gracia, ¡líbranos, Señor!Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos, con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Ora por nosotros, señor de los tristes que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión! ¡que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón!
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¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires quedaron allá lejos el fuego y el hervor; hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida, respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol.Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura que brota de las ramas de tu durazno en flor; formada de rosales, tu calle de Florida mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport.Un pájaro poeta rumia en su buche versos; chismoso y petulante, charlando va un gorrión; las plantas trepadoras conversan de política; las rosas y los lirios del arte y del amor.Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas, de sueños millonarios, pasa el travieso Puck; y, espléndida sportwoman, en su celeste carro, la emperatriz Titania seguida de Oberón.De noche, cuando muestra su medio anillo de oro bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot, es una fiesta pálida la que en el huerto reina, toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol.Curiosas las violetas a su balcón se asoman. Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!» Los silfos acompasan la danza de las brisas en un walpurgis vago de aromas y de visión.De pronto se oye el eco del grito de la pampa; brilla como una puesta del argentino sol; y un espectral jinete como una sombra cruza, sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor.-¿Quién eres, solitario viajero de la noche? -Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó: Yo soy el primer gaucho que parte para siempre, de nuestra vieja patria llevando el corazón.
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Del campo
Innecesario, viéndome en los espejos, con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles, arranco de mi corazón al capitán del infierno, establezco cláusulas indefinidamente tristes. Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones, converso con los sastres en sus nidos: ellos, a menudo, con voz fatal y fría, cantan y hacen huir los maleficios. Hay un país extenso en el cielo con las supersticiosas alfombras del arco-iris y con vegetaciones vesperales: hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga, pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos, yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa. Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes, vestido como un ser original y abatido: amo la miel gastada del respeto, el dulce catecismo entre cuyas hojas duermen violetas envejecidas, desvanecidas, y las escobas, conmovedoras de auxilio, en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza. Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora: yo rompo extremos queridos: y aún mas, aguardo el tiempo uniforme, sin medida: un sabor que tengo en el alma me deprime. Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche, compacta, digital, me favorece! He oído relinchar su rojo caballo desnudo, sin herraduras y radiante. Atravieso con él sobre las iglesias, galopo los cuarteles desiertos de soldados y un ejército impuro me persigue. Sus ojos de eucaliptus roban sombra, su cuerpo de campana galopa y golpea. Yo necesito un relámpago de fulgor persistente, un deudo festival que asuma mis herencias.
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Caballo de los sueños
Innecesario, viéndome en los espejos, con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles, arranco de mi corazón al capitán del infierno, establezco cláusulas indefinidamente tristes. Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones, converso con los sastres en sus nidos: ellos, a menudo, con voz fatal y fría, cantan y hacen huir los maleficios. Hay un país extenso en el cielo con las supersticiosas alfombras del arco-iris y con vegetaciones vesperales: hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga, pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos, yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa. Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes, vestido como un ser original y abatido: amo la miel gastada del respeto, el dulce catecismo entre cuyas hojas duermen violetas envejecidas, desvanecidas, y las escobas, conmovedoras de auxilio, en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza. Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora: yo rompo extremos queridos: y aún mas, aguardo el tiempo uniforme, sin medida: un sabor que tengo en el alma me deprime. Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche, compacta, digital, me favorece! He oído relinchar su rojo caballo desnudo, sin herraduras y radiante. Atravieso con él sobre las iglesias, galopo los cuarteles desiertos de soldados y un ejército impuro me persigue. Sus ojos de eucaliptus roban sombra, su cuerpo de campana galopa y golpea. Yo necesito un relámpago de fulgor persistente, un deudo festival que asuma mis herencias.
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En el espejo he visto el Mar, el Mar sordo. La cimera cubríanle nubes grávidas de borrasca, la faz en movimiento delirante bullía con un hervor preñado de mútilos cadáveres cárdenos, a la deriva. 1 Cegaba con telones cinéreos la angustia, propugnando saltar de las órbitas -adamantina-. 2 Tenía de las bridas la voz ululadora lista a irrumpir como jamás apolíptica. Los ojos eran cóncavos vórtices abisales donde ya nunca la estrella encendería ni rielar idílico, ni tórridas fogatas. En el espejo he visto el Mar sordo 3 -vago y difuso como en cristales de recuerdo; -rígido y penetrante, -lacerante- como un sueño fallido: 4 y le he visto en el Día como en la Noche (y en el Crepúsculo de estrellas desdibujadas y de músicas en esbozo y de perfumes preludiando las sensuales sonatinas); y le he visto en el Día (vigía desde la cofa) que escudriña, oteante, el ir y venir en volúmenes aborregados de las ondas indiferentes) y le he visto en la Noche (sutil escucha en el acecho de voces ultraterrenas, y de próximas, cuya caricia fuera regalo de sus oídos, si no tortura lancinante). Pero el Mar es un símbolo? Y es un mito el Océano, emblemática selva pululadora de fugitivas sombras, caos mirífico, floresta legendaria donde discurren 5 las vagueantes Náyades y las Titanias inasibles. Un mito el Mar? Mirado en el espejo, refractado en el ávida retina y bebido en su son 6 y aspirado en sus hálitos salinos y yodados, -huésped de las Sirenas sortílegas y de las Circes y las Calypsos prestigiösas de hechizo inabolible? Es un Mito?   Es un Símbolo? En el espejo he visto el Mar sordo. 7 Y le he visto en la Noche y en el Crepúsculo (y en el Día): quieto Mar de viñeta, con la fuga en los mástiles y la fuga en las velas recogidas de los barcos inútiles, anclados como esqueletos de pirámides en las glaucas arenas fijas.
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Sonatina
En el espejo he visto el Mar, el Mar sordo. La cimera cubríanle nubes grávidas de borrasca, la faz en movimiento delirante bullía con un hervor preñado de mútilos cadáveres cárdenos, a la deriva. 1 Cegaba con telones cinéreos la angustia, propugnando saltar de las órbitas -adamantina-. 2 Tenía de las bridas la voz ululadora lista a irrumpir como jamás apolíptica. Los ojos eran cóncavos vórtices abisales donde ya nunca la estrella encendería ni rielar idílico, ni tórridas fogatas. En el espejo he visto el Mar sordo 3 -vago y difuso como en cristales de recuerdo; -rígido y penetrante, -lacerante- como un sueño fallido: 4 y le he visto en el Día como en la Noche (y en el Crepúsculo de estrellas desdibujadas y de músicas en esbozo y de perfumes preludiando las sensuales sonatinas); y le he visto en el Día (vigía desde la cofa) que escudriña, oteante, el ir y venir en volúmenes aborregados de las ondas indiferentes) y le he visto en la Noche (sutil escucha en el acecho de voces ultraterrenas, y de próximas, cuya caricia fuera regalo de sus oídos, si no tortura lancinante). Pero el Mar es un símbolo? Y es un mito el Océano, emblemática selva pululadora de fugitivas sombras, caos mirífico, floresta legendaria donde discurren 5 las vagueantes Náyades y las Titanias inasibles. Un mito el Mar? Mirado en el espejo, refractado en el ávida retina y bebido en su son 6 y aspirado en sus hálitos salinos y yodados, -huésped de las Sirenas sortílegas y de las Circes y las Calypsos prestigiösas de hechizo inabolible? Es un Mito?   Es un Símbolo? En el espejo he visto el Mar sordo. 7 Y le he visto en la Noche y en el Crepúsculo (y en el Día): quieto Mar de viñeta, con la fuga en los mástiles y la fuga en las velas recogidas de los barcos inútiles, anclados como esqueletos de pirámides en las glaucas arenas fijas.
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El vago azar o las precisas leyes Que rigen este sueño, el universo, Me permitieron compartir un terso Trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno Supo del todo, ni Simbad ni Ulises, Que es pasar de un país a otros países Y estar íntegramente en cada uno. Si la memoria le clavó su flecha Alguna vez, labró con el violento Metal del arma el numeroso y lento Alejandrino o la afligida endecha. En los trabajos lo asistió la humana Esperanza y fue lumbre de su vida Dar con el verso que ya no se olvida Y renovar la prosa castellana. Más allá del Myo Cid de paso tardo Y de la grey que aspira a ser oscura, Rastreaba la fugaz literatura Hasta los arrabales del lunfardo. En los cinco jardines del Marino Se demoró, pero algo en él había Inmortal y esencial que prefería El arduo estudio y el deber divino. Prefirió, mejor dicho, los jardines De la meditación, donde Porfirio Erigió ante las sombras y el delirio El Árbol del Principio y de los Fines. Reyes, la indescifrable providencia Que administra lo pródigo y lo parco Nos dio a los unos el sector o el arco, Pero a ti la total circunferencia. Lo dichoso buscabas o lo triste Que ocultan frontispicios y renombres: Como el Dios del Erígena, quisiste Ser nadie para ser todos los hombres. Vastos y delicados esplendores Logró tu estilo, esa precisa rosa, Y a las guerras de Dios tornó gozosa La sangre militar de tus mayores. ¿Dónde estará (pregunto) el mexicano? ¿Contemplará con el horror de Edipo Ante la extraña Esfinge, el Arquetipo Inmóvil de la Cara o de la Mano? ¿O errará, como Swedenborg quería, Por un orbe más vívido y complejo Que el terrenal, que apenas es reflejo De aquella alta y celeste algarabía? Si (como los imperios de la laca Y del ébano enseñan) la memoria Labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria Otro México y otra Cuernavaca. Sabe Dios los colores que la suerte Propone al hombre más allá del día; Yo ando por estas calles. Todavía Muy poco se me alcanza de la muerte. Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes (Dondequiera que el mar lo haya arrojado) Se aplicará dichoso y desvelado Al otro enigma y a las otras leyes. Al impar tributemos, al diverso Las palmas y el clamor de la victoria: No profane mi lágrima este verso Que nuestro amor inscribe a su memoria.
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In memoriam
El vago azar o las precisas leyes Que rigen este sueño, el universo, Me permitieron compartir un terso Trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno Supo del todo, ni Simbad ni Ulises, Que es pasar de un país a otros países Y estar íntegramente en cada uno. Si la memoria le clavó su flecha Alguna vez, labró con el violento Metal del arma el numeroso y lento Alejandrino o la afligida endecha. En los trabajos lo asistió la humana Esperanza y fue lumbre de su vida Dar con el verso que ya no se olvida Y renovar la prosa castellana. Más allá del Myo Cid de paso tardo Y de la grey que aspira a ser oscura, Rastreaba la fugaz literatura Hasta los arrabales del lunfardo. En los cinco jardines del Marino Se demoró, pero algo en él había Inmortal y esencial que prefería El arduo estudio y el deber divino. Prefirió, mejor dicho, los jardines De la meditación, donde Porfirio Erigió ante las sombras y el delirio El Árbol del Principio y de los Fines. Reyes, la indescifrable providencia Que administra lo pródigo y lo parco Nos dio a los unos el sector o el arco, Pero a ti la total circunferencia. Lo dichoso buscabas o lo triste Que ocultan frontispicios y renombres: Como el Dios del Erígena, quisiste Ser nadie para ser todos los hombres. Vastos y delicados esplendores Logró tu estilo, esa precisa rosa, Y a las guerras de Dios tornó gozosa La sangre militar de tus mayores. ¿Dónde estará (pregunto) el mexicano? ¿Contemplará con el horror de Edipo Ante la extraña Esfinge, el Arquetipo Inmóvil de la Cara o de la Mano? ¿O errará, como Swedenborg quería, Por un orbe más vívido y complejo Que el terrenal, que apenas es reflejo De aquella alta y celeste algarabía? Si (como los imperios de la laca Y del ébano enseñan) la memoria Labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria Otro México y otra Cuernavaca. Sabe Dios los colores que la suerte Propone al hombre más allá del día; Yo ando por estas calles. Todavía Muy poco se me alcanza de la muerte. Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes (Dondequiera que el mar lo haya arrojado) Se aplicará dichoso y desvelado Al otro enigma y a las otras leyes. Al impar tributemos, al diverso Las palmas y el clamor de la victoria: No profane mi lágrima este verso Que nuestro amor inscribe a su memoria.
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