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"tuvo" poems
En esas doce horas que somos la espalda del mundo en aquel diario eclipse eclipse de pueblos ecllipse de montes y páramos eclipse de humanos eclipse de mar el ***** le tiñe a la Tierra mitad de la cara por más que se ponga luz artificial negrura de sombra sombra de negrura que a nadie le asombra y a todo perdura obscura la España y claro Japón obscura Caracas y claro Cantón y siempre girando hacia el Este aquí está tiznando allá está celeste esa sombra inmensa esa sombra eterna que tuvo comienzo al comienzo del comienzo rotativo eclipse eclipse total pide a los humanos un solemne rito que es horizontal y cada doce horas que llega me alegro porque medio mundo se tiñe de ***** y en ello no cabe distingo racial
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La noche
Quizá fue una hecatombe de esperanzas un derrumbe de algún modo previsto ah pero mi tristeza sólo tuvo un sentido. Todas mis intuiciones se asomaron para verme sufrir y por cierto me vieron. Hasta aquí había hecho y rehecho         mis trayectos contigo hasta aquí había apostado a inventar la verdad pero vos encontraste la manera         una manera tierna         y a la vez implacable         de desahuciar mi amor. Con un solo pronóstico lo quitaste de los suburbios de tu vida posible lo envolviste en nostalgias lo cargaste por cuadras y cuadras y despacito sin que el aire nocturno lo advirtiera ahi nomás lo dejaste a solas con su suerte         que no es mucha. Creo que tenés razón la culpa es de uno cuando no enamora         y no de los pretextos         ni del tiempo. Hace mucho         muchísimo que yo no me enfrentaba como anoche al espejo y fue implacable como vos         mas no fue tierno ahora estoy solo francamente                         solo. Siempre cuesta un poquito empezar a sentirse desgraciado antes de regresar a mis lóbregos cuarteles de invierno con los ojos bien secos por si acaso miro como te vas adentrando en la niebla y empiezo a recordarte.
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La culpa es de uno
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Un perro ha muerto
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir. Voces antiguas que cercan voz de clavel varonil. Les clavó sobre las botas mordiscos de jabalí. En la lucha daba saltos jabonados de delfín. Bañó con sangre enemiga su corbata carmesí, pero eran cuatro puñales y tuvo que sucumbir. Cuando las estrellas clavan rejones al agua gris, cuando los erales sueñan verónicas de alhelí, voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir.   Antonio Torres Heredia, Camborio de dura crin, moreno de verde luna, voz de clavel varonil: ¿Quién te ha quitado la vida cerca del Guadalquivir? Mis cuatro primos Heredias hijos de Benamejí. Lo que en otros no envidiaban, ya lo envidiaban en mí. Zapatos color corinto, medallones de marfil, y este cutis amasado con aceituna y jazmín. ¡Ay Antoñito el Camborio digno de una Emperatriz! Acuérdate de la Virgen porque te vas a morir. ¡Ay Federico García, llama a la Guardia Civil! Ya mi talle se ha quebrado como caña de maíz.   Tres golpes de sangre tuvo y se murió de perfil. Viva moneda que nunca se volverá a repetir. Un ángel marchoso pone su cabeza en un cojín. Otros de rubor cansado, encendieron un candil. Y cuando los cuatro primos llegan a Benamejí, voces de muerte cesaron cerca del Guadalquivir.
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Muerte de antoñito el camborio
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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La vida sencilla
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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Ahora que me acuerdo, fue así: Hecho de fiebre, atravesé ciudades hermafroditas donde las mujeres y los hombres recibían los cuerpos de los vagabundos y los lavaban en las fuentes, con el manto de fuego que no cesa. Una noche saturada de invierno, bebiendo la sopa de la eternidad, gané mi virginidad y fui otro yo en mí mismo, porque olvidé cómo responder sobre el misterio de las cosas. De silencio me armé y salí hacia campo abierto  a traficar imágenes junto a las constelaciones. Fue entonces cuando indagué la pulpa del mestizaje, cuando probé la sangre metafísica derramada en Tebas -es que esa mañana liquidé a la esfinge Cerca de una Wasserfall contaminada.- Pies desarmados, peregriné mi jornada intuitiva, saludé a las moléculas del fruto y a las sombras de la adivinación, en un árbol vi la doble cifra de mi vida, y grité, siendo montaña, la genealogía de mi conciencia. Cuando la purificación se había ya extinguido troqué el umbral de hueso por el marfil brillante y así fue que entré en Coroico, urbe flotante, cual símbolo, por material de sueño ungido. Ahora miro con estos ojos destruidos donde la sal del delirio antes tuvo morada, (intuyo en esa forma liminar, la espada, el camino que me arrastró al divino Omphalos). Escucho, a veces, con saturnal resignación, la crónica de mi negligencia.
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Sep 7, 2014
Sep 7, 2014 at 11:23 PM UTC
Un delirio memorable
¿Sabes tú? Mi vida es como un canto que nadie ha de cantar, pues tuvo las violentas inquietudes del mar y el espejismo de la droga hindú... Yo anduve errante, soñador proscrito, un año, o veinte, o quizás cien, y medí las pirámides de Egipto y las murallas de Jerusalén. Yo tuve más tesoros que los Zares, y un diamante mayor que el Gran Mogol, y en cada uno de los siete mares me vio náufrago el sol. Yo visité con tembloroso paso, como quien rinde un fúnebre tributo, la húmeda celda de Torcuato Tasso y el oscuro taller de Benvenuto. Yo busqué en los jardines de Versalles la huella leve de María Antonieta, y lloré por Ronaldo en Roncesvalles y por Ícaro en Creta. Y como fin de una aventura rara, enloquecido por un astro hostil, fui jeque de un aduar en el Sahara y negrero en la Costa de Marfil. Aún guardo en el cristal de una redoma, para unir mis creencias y mis dudas, un pelo de la barba de Mahoma y una hoja del árbol donde se ahorcara Judas. Tuve un corcel de resonante casco que florecía en la llanura seca, y mendigué en las calles de Damasco, y oré en una mezquita de La Meca. Y mucho más, que huyó de mi memoria y que quizás no ha de volver jamás: días de amor y odio, de fracaso y de gloria; y mucho más... y mucho más... ¿Sabes tú? Quizás nada ha sido cierto. Acaso únicamente lo soñé... -o sé bien si dormido o despierto; no sé...- Quizás la vida que he vivido ha sido tan abrumadoramente ****** que inventé los recuerdos por no morir de olvido, y nunca vi de cerca el mar. Pero si sé que he naufragado en una lágrima de mujer: fue un naufragio romántico, a la luz de la luna, y me quedé en el fondo, sin querer.
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Cuento para la niña triste
¿Sabes tú? Mi vida es como un canto que nadie ha de cantar, pues tuvo las violentas inquietudes del mar y el espejismo de la droga hindú... Yo anduve errante, soñador proscrito, un año, o veinte, o quizás cien, y medí las pirámides de Egipto y las murallas de Jerusalén. Yo tuve más tesoros que los Zares, y un diamante mayor que el Gran Mogol, y en cada uno de los siete mares me vio náufrago el sol. Yo visité con tembloroso paso, como quien rinde un fúnebre tributo, la húmeda celda de Torcuato Tasso y el oscuro taller de Benvenuto. Yo busqué en los jardines de Versalles la huella leve de María Antonieta, y lloré por Ronaldo en Roncesvalles y por Ícaro en Creta. Y como fin de una aventura rara, enloquecido por un astro hostil, fui jeque de un aduar en el Sahara y negrero en la Costa de Marfil. Aún guardo en el cristal de una redoma, para unir mis creencias y mis dudas, un pelo de la barba de Mahoma y una hoja del árbol donde se ahorcara Judas. Tuve un corcel de resonante casco que florecía en la llanura seca, y mendigué en las calles de Damasco, y oré en una mezquita de La Meca. Y mucho más, que huyó de mi memoria y que quizás no ha de volver jamás: días de amor y odio, de fracaso y de gloria; y mucho más... y mucho más... ¿Sabes tú? Quizás nada ha sido cierto. Acaso únicamente lo soñé... -o sé bien si dormido o despierto; no sé...- Quizás la vida que he vivido ha sido tan abrumadoramente ****** que inventé los recuerdos por no morir de olvido, y nunca vi de cerca el mar. Pero si sé que he naufragado en una lágrima de mujer: fue un naufragio romántico, a la luz de la luna, y me quedé en el fondo, sin querer.
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Iba yo por la senda, tú venías por ella, mi amor cayó en tus brazos, tu amor tembló en los míos. Desde entonces mi cielo de noche tuvo estrellas y para recogerlas se hizo tu vida un río. Para ti cada roca que tocarán mis manos ha de ser manantial, aroma, fruta y flor.Para ti cada espiga debe apretar su grano y en cada espiga debe desgranarse mi amor.Me impedirás, en cambio, que yo mire la senda cuando llegue la muerte para dejarla trunca.Te cubrirán mis ojos como una doble venda.Me hablarás de un camino que no termine nunca. La música que escondo para encantarse huye lejos de la canción que borbota y resalta: como una vía láctea desde mi pecho fluye.En tus brazos se enredan las estrellas más altas. Tengo miedo. Perdóname por no haber llegado antes.Una sonrisa tuya borra todo un pasado: guarden tus labios dulces lo que ya está distante.En un beso sabrás todo lo que he callado.Tal vez no sepa entonces conocer tu caricia, porque en las venas mías tu ser se habrá fundido.Cuando yo muerda un fruto tú sabrás su delicia.Cuando cierres los ojos me quedaré dormido.
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El coloquio maravillado
Hacia mucho calor dentro de la casa de mi abuela. Habían casi 20 personas en la casita pequeña de ella. Recuerdo salir a fuera para tomar un poco de aire mientras me sentaba en las gradas para relajarme, viendo pasar a las personas. Quería ver las estrellas pero casi no se veían..Sólo logre ver algunas dos o tres estrellitas. En un poste que estaba al frente de mi había una foto de una mujer. Solo al verla a ella me daba miedo. Me daba escalofrío al ver sus ojos, tan..negros. Su pelo ***** Labios pintados de rojo oscuro. No sabía si regresar adentro o quedarme. Lo pense, pero al fin me quedé. Al los 10 minutos mi tío que en ese tiempo tenía la misma edad mía salió afuera para darme compania.  Platacamos sobre nuestra vida. Nuestros logros. Nuestros deseos de seguir adelante en la vida etc me contó lo que le molestaba..expreso sus pensamientos. Supe que me tuvo gran confianza cuando empezó a llorar y me apapacho tan fuerte..mi tío es un muchacho musculoso, no le gusta demostrar sus sentimientos hacia nadie. Ni a sus propios primos. Después que el término de platicar ambos nos quedamos callados. Despues vi un buo blanco que bolaba arriba del techo de un muchacho que había conocido. Mi tío me dijo, "Dicen que si uno ve un buo es porque alguien se va morir." No le respondí, porque no creo en dichos. Ese buo blanco se quedo ahí toda la noche. El siguente día empaque mis maletas porque ya era tiempo de irme de regreso hacia los estados unidos. No quise irme porque extrañaba a mi familia tanto, mi abuelita y mi casita..estaba en casa y ahora me tocaba regresar a un país que no era mío. Al llegar a los Estados Unidos desempaque mis maletas. Todo muy bien. Días despues, mi prima me había contado que el muchacho que había conocido había fallecido. Fue a la tienda a comprar comida y le dispararon 2 veces.  Empezar a recordar el dicho del buo. Se que algunos no crearán y algunos tal vez sí. No diré que soy creyente..no se si fue solo coincidencia pero que paso paso.. Han pasado 4 años,  y aun sigo pensando en esa noche. Qué extraño..
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May 5, 2015
May 5, 2015 at 4:52 AM UTC
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Hacia mucho calor dentro de la casa de mi abuela. Habían casi 20 personas en la casita pequeña de ella. Recuerdo salir a fuera para tomar un poco de aire mientras me sentaba en las gradas para relajarme, viendo pasar a las personas. Quería ver las estrellas pero casi no se veían..Sólo logre ver algunas dos o tres estrellitas. En un poste que estaba al frente de mi había una foto de una mujer. Solo al verla a ella me daba miedo. Me daba escalofrío al ver sus ojos, tan..negros. Su pelo ***** Labios pintados de rojo oscuro. No sabía si regresar adentro o quedarme. Lo pense, pero al fin me quedé. Al los 10 minutos mi tío que en ese tiempo tenía la misma edad mía salió afuera para darme compania.  Platacamos sobre nuestra vida. Nuestros logros. Nuestros deseos de seguir adelante en la vida etc me contó lo que le molestaba..expreso sus pensamientos. Supe que me tuvo gran confianza cuando empezó a llorar y me apapacho tan fuerte..mi tío es un muchacho musculoso, no le gusta demostrar sus sentimientos hacia nadie. Ni a sus propios primos. Después que el término de platicar ambos nos quedamos callados. Despues vi un buo blanco que bolaba arriba del techo de un muchacho que había conocido. Mi tío me dijo, "Dicen que si uno ve un buo es porque alguien se va morir." No le respondí, porque no creo en dichos. Ese buo blanco se quedo ahí toda la noche. El siguente día empaque mis maletas porque ya era tiempo de irme de regreso hacia los estados unidos. No quise irme porque extrañaba a mi familia tanto, mi abuelita y mi casita..estaba en casa y ahora me tocaba regresar a un país que no era mío. Al llegar a los Estados Unidos desempaque mis maletas. Todo muy bien. Días despues, mi prima me había contado que el muchacho que había conocido había fallecido. Fue a la tienda a comprar comida y le dispararon 2 veces.  Empezar a recordar el dicho del buo. Se que algunos no crearán y algunos tal vez sí. No diré que soy creyente..no se si fue solo coincidencia pero que paso paso.. Han pasado 4 años,  y aun sigo pensando en esa noche. Qué extraño..
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Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces y la condición del martirio, carnívora, voraz, es el dolor dos veces y la función de la yerba purísima, el dolor dos veces y el bien de ser, dolernos doblemente. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás tanta cerca arremetió lo lejos, jamás el fuego nunca jugó mejor su rol de frío muerto! Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal y la migraña extrajo tanta frente de la frente! Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, el corazón, en su cajón, dolor, la lagartija, en su cajón, dolor. Crece la desdicha, hermanos hombres, más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece con la res de Rosseau, con nuestras barbas; crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos, con propio barro y propia nube sólida! Invierte el sufrimiento posiciones, da función en que el humor acuoso es vertical al pavimento, el ojo es visto y esta oreja oída, y esta oreja da nueve campanadas a la hora del rayo, y nueve carcajadas a la hora del trigo, y nueve sones hembras a la hora del llanto, y nueve cánticos a la hora del hambre y nueve truenos y nueve látigos, menos un grito. El dolor nos agarra, hermanos hombres, por detrás, de perfil, y nos aloca en los cinemas, nos clava en los gramófonos, nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente a nuestros boletos, a nuestras cartas; y es muy grave sufrir, puede uno orar... Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren, otros que sin haber nacido, mueren, y otros que no nacen ni mueren (son los más). Y también de resultas del sufrimiento, estoy triste hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, de ver al pan, crucificado, al nabo, ensangrentado, llorando, a la cebolla, al cereal, en general, harina, a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo, al vino, un ecce-homo, tan pálida a la nieve, al sol tan ardido¹! ¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que ya no puedo y ya no puedo con tanto cajón, tanto minuto, tanta lagartija y tanta inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? ¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer.
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Los nueve monstruos
Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces y la condición del martirio, carnívora, voraz, es el dolor dos veces y la función de la yerba purísima, el dolor dos veces y el bien de ser, dolernos doblemente. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás tanta cerca arremetió lo lejos, jamás el fuego nunca jugó mejor su rol de frío muerto! Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal y la migraña extrajo tanta frente de la frente! Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, el corazón, en su cajón, dolor, la lagartija, en su cajón, dolor. Crece la desdicha, hermanos hombres, más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece con la res de Rosseau, con nuestras barbas; crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos, con propio barro y propia nube sólida! Invierte el sufrimiento posiciones, da función en que el humor acuoso es vertical al pavimento, el ojo es visto y esta oreja oída, y esta oreja da nueve campanadas a la hora del rayo, y nueve carcajadas a la hora del trigo, y nueve sones hembras a la hora del llanto, y nueve cánticos a la hora del hambre y nueve truenos y nueve látigos, menos un grito. El dolor nos agarra, hermanos hombres, por detrás, de perfil, y nos aloca en los cinemas, nos clava en los gramófonos, nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente a nuestros boletos, a nuestras cartas; y es muy grave sufrir, puede uno orar... Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren, otros que sin haber nacido, mueren, y otros que no nacen ni mueren (son los más). Y también de resultas del sufrimiento, estoy triste hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, de ver al pan, crucificado, al nabo, ensangrentado, llorando, a la cebolla, al cereal, en general, harina, a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo, al vino, un ecce-homo, tan pálida a la nieve, al sol tan ardido¹! ¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que ya no puedo y ya no puedo con tanto cajón, tanto minuto, tanta lagartija y tanta inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? ¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer.
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El pie del niño aún no sabe que es pie, y quiere ser mariposa o manzana. Pero luego los vidrios y las piedras, las calles, las escaleras, y los caminos de la tierra dura van enseñando al pie que no puede volar, que no puede ser fruto redondo en una rama. El pie del niño entonces fue derrotado, cayó en la batalla, fue prisionero, condenado a vivir en un zapato. Poco a poco sin luz fue conociendo el mundo a su manera, sin conocer el otro pie, encerrado, explorando la vida como un ciego. Aquellas suaves uñas de cuarzo, de racimo, se endurecieron, se mudaron en opaca substancia, en cuerno duro, y los pequeños pétalos del niño se aplastaron, se desequilibraron, tomaron formas de reptil sin ojos, cabezas triangulares de gusano. Y luego encallecieron, se cubrieron con mínimos volcanes de la muerte, inaceptables endurecimientos. Pero este ciego anduvo sin tregua, sin parar hora tras hora, el pie y el otro pie, ahora de hombre o de mujer, arriba, abajo, por los campos, las minas, los almacenes y tos ministerios, atrás, afuera, adentro, adelante, este pie trabajó con su zapato, apenas tuvo tiempo de estar desnudo en el amor o el sueño, caminó, caminaron hasta que el hombre entero se detuvo. Y entonces a la tierra bajó y no supo nada, porque allí todo y todo estaba oscuro no supo que había dejado de ser pie, si lo enterraban para que volara o para que pudiera ser manzana.
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Al pie desde su niño
Fue preciso que el sol se ocultara sangriento, que se fueran las nubes, que se calmara el viento. que se pusiese el cielo tranquilo como un raso para que aquella gota de luz se abriese paso. Era apenas un punto en el cielo amatista, casi menos que un punto, creación de vista. Tuvo aún que esperar apretada en capullo a que se hiciese toda la sombra en torno suyo. Entonces se agrandó, se abrió como una flor, una férvida plata cuajóse en su interior y embriagada de luz empezó a parpadear... No tenía otra cosa que hacer más que brillar.
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Una estrella
Una voz ancestral, un tambor africano y un verso elemental peruano. El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Le dieron tibio baño en tina de jabón porque en su ama dio el germen que no tuvo el patrón. Del seno de mi abuela a mi madre brindó, el hijo del amito mamó, mamó, mamó. Y mi abuelo con su amo en la Casa ´e Jarana cantujaron de alirio, cantujaron replana. Y en la casa ´e jarana -con el Amito Viejo- bailaron mis hermanas zamacueca y festejo. El padre de mi amito de mi abuela gustó y mi abuelo a su amita burló. Yo le dijera "primo" a ese blanco travieso de cabello enrizao y de labio muy grueso... El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Más ha sufrido el ***** nuestro hermano de Cuba descendiente directo nagó, yoruba. Más ha sufrido el ***** muerto en Santo Domingo por los diarios abusos del ****** Más ha sufrido el ***** cantor de Panamá que el ***** jaranista de acá. Más ha sufrido el ***** labrador de Haití que el zambo guaragüero de aquí. Más ha sufrido el ***** del morro y la favela que mi padre y mi madre y mi abuela. En fin, más sufre el ***** de Harlem a Lousiana que nuestra gente negra peruana...   Y al "problema del ***** -segregación racial- el mundo permanece neutral. Quiero aguda mi rima como ***** de lanza. Que otra mano la esgrima si alcanza. Yo jamás con voz hurgo perentoria. Yo ja... ¡Johanesburgo! ¡Pretoria! Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" yo quiero estar allí, compadre. Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" debemos estar todos ¡Hijos de negra madre! Con la voz ancestral el machete en la mano y el verso elemental hermano.
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Johanesburgo
Una voz ancestral, un tambor africano y un verso elemental peruano. El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Le dieron tibio baño en tina de jabón porque en su ama dio el germen que no tuvo el patrón. Del seno de mi abuela a mi madre brindó, el hijo del amito mamó, mamó, mamó. Y mi abuelo con su amo en la Casa ´e Jarana cantujaron de alirio, cantujaron replana. Y en la casa ´e jarana -con el Amito Viejo- bailaron mis hermanas zamacueca y festejo. El padre de mi amito de mi abuela gustó y mi abuelo a su amita burló. Yo le dijera "primo" a ese blanco travieso de cabello enrizao y de labio muy grueso... El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Más ha sufrido el ***** nuestro hermano de Cuba descendiente directo nagó, yoruba. Más ha sufrido el ***** muerto en Santo Domingo por los diarios abusos del ****** Más ha sufrido el ***** cantor de Panamá que el ***** jaranista de acá. Más ha sufrido el ***** labrador de Haití que el zambo guaragüero de aquí. Más ha sufrido el ***** del morro y la favela que mi padre y mi madre y mi abuela. En fin, más sufre el ***** de Harlem a Lousiana que nuestra gente negra peruana...   Y al "problema del ***** -segregación racial- el mundo permanece neutral. Quiero aguda mi rima como ***** de lanza. Que otra mano la esgrima si alcanza. Yo jamás con voz hurgo perentoria. Yo ja... ¡Johanesburgo! ¡Pretoria! Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" yo quiero estar allí, compadre. Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" debemos estar todos ¡Hijos de negra madre! Con la voz ancestral el machete en la mano y el verso elemental hermano.
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Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa por sombrero y el humo de los barcos aun era humo de habanero. Mulata vuelta bajera. Cádiz se adormecía entre fandangos y habaneras y un lorito al piano quería hacer de tenor. Dime dónde está la flor que el hombre tanto venera. Mi tío Antonio volvía con su aire de insurrecto. La Cabaña y el Príncipe sonaban por los patios del Puerto. (Ya no brilla la Perla azul del mar de las Antillas. Ya se apagó, se nos ha muerto). Me encontré con la bella Trinidad. Cuba se había perdido y ahora era verdad. Era verdad, no era mentira. Un cañonero huido llegó cantándolo en guajiras. La Habana ya se perdió. Tuvo la culpa el dinero... Calló, cayó el cañonero. Pero después, pero ¡ah! después... fue cuando al SÍ lo hicieron YES.
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Cuba dentro de un piano
Esta cabeza, cuando viva, tuvo sobre la arquitectura destos huesos carne y cabellos, por quien fueron presos los ojos que mirándola detuvo. Aquí la rosa de la boca estuvo, marchita ya con tan helados besos, aquí los ojos de esmeralda impresos, color que tantas almas entretuvo. Aquí la estimativa en que tenía el principio de todo el movimiento, aquí de las potencias la armonía. ¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!, ¿dónde tan alta presunción vivía, desprecian los gusanos aposento?
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A una calavera
Tuvo miedo Dijo que cuando duerme Las mancitas gritan sobre el rió Lethe. Hay alguien con él, pero ellos no sepan quien. Mi hemana lo vio. Alguien enseñándole. Es alguien con derecho ancestral. A veces, respuestas vienen Es mi ñaño, hermano mió. A veces, las creamos. A veces, lo agradezcamos.
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Apr 12, 2013
Apr 12, 2013 at 12:02 AM UTC
Quedate, Tía
El indígena * - los acabados/extintos. Los únicos que existen aún siguen escondidos en la selva huyendo del recuerdo de las lágrimas e imágenes de la salvaje Conquista El europeo * * - el que llegó solo pa robar, violar y matar al indígena...y por supuesto a los otros de las castas de piel obscura El mestizo * - mezcla de los dos anteriores que tuvo la gran fortuna de no poder formar parte de ni la cultura de su mamá ni papá simplemente por haber nacido El criollo * * - El Libertador pero no del pueblo sino de sus propios intereses de acabar lo que comenzaron los europeos El ***** * - el secuestrado, desterrado, esclavizado, odiado, torturado, violado, y matado por el color de su piel El mulato * -  sufrió igual o poquito más quel mestizo pero no tanto como el zambo El zambo * - pobrecito del zambo que es el rostro más bello del nuevo mundo pero como el mestizo y el mulato nunca fue recibido y nunca pudo identificarse con ningún grupo cultural..de esta mezcla viene las más guapas mujeres del mundo   *El engañao, esclavizado   perseguido y matado * *El zángano, explotador,   asesino y sinvergüenza
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 12:01 AM UTC
El rostro del Nuevo Mundo
¡No! Nunca fue mi mano más lenta que en la hora secretamente mía de aquella noche, aquella... Fue así como una nube cuando oculta una estrella, o así como una estrella que se pierde en la aurora. Nunca tuvo mi mano más quietud impaciente semejante a la mano de un ladrón inexperto; porque  fue como un buque que oscilara en el puerto, con el ansia inconforme de zarpar de repente. ¡Sí! Aquella noche... Noche para soñar en vano, o encender una estrella o apagar una duda; surgió bajo mi mano tu belleza desnuda, 1 como si tu belleza surgiera de mi mano. Ni una sola palabra de temor o reproche abrevió el retardado placer del desenlace. Como crece un jacinto frente al alba que nace, o como nace el alba del fondo de la noche. No. Nunca fue una mano más lenta ni más leve que mi mano de amante con su gesto de amigo; eras como la nieve cayendo sobre el trigo, o un trigo milagroso brotando de la nieve. Y tú estabas inmóvil bajo la felpa rosa, como una flor fantástica que se abriera en el lecho. Mientras mi mano lenta descubría en tu pecho dos motivos iguales para llamarte hermosa. Pero desde esa noche de calma y de tormenta, desorientadamente vacilo en una duda: si cerraste los ojos para no verte desnuda, o bien porque mi mano fue demasiado lenta.
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Poema del éxtasis
empezó a llover vacas y en vista de la situación reinante en el país los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad los bedeles de filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras esto ocurrió al mismo tiempo un oleaje de nostalgia invadía las camas del país y las parejas entre sí se miraban como desconocidos y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás y a Dios lo encontraron muerto varias veces y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac y a un hombre lo encontraron muerto varias veces junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval bajo una invasión de insultos otoñales o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano encontraron muerto a ese hombre con las manos abiertamente grises y las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago un resto de viento en la garganta 25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta con las plumas mojadas por la lluvia infernal ¡ah queridos! ¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street sin borrar la más mínima huella de lo acontecido! ¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar! así murió parsifal hoolig cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar fue un difunto valiente y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal a él y a su aspecto melancólico y si alguno supone que esto es triste si alguno va a pararse a decir que esto es triste sepa que esto es exactamente lo que pasó que ninguna otra cosa pasó sino esto bajo este cielo o bóveda celeste
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Lamento por la muerte de parsifal hoolig
empezó a llover vacas y en vista de la situación reinante en el país los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto los profesores de ingeniería proclamaron su virginidad los bedeles de filosofía aceitaron las grampas de la razón intelectual los maestros de matemáticas verificaron llorando el dos más dos los alumnos de lenguaje inventaron buenas malas palabras esto ocurrió al mismo tiempo un oleaje de nostalgia invadía las camas del país y las parejas entre sí se miraban como desconocidos y el crepúsculo era servido en el almuerzo por padres y madres y el dolor o la pena iba vistiendo lentamente a los chiquitines y a unos se les caía el pecho y la espalda a otros y nada a los demás y a Dios lo encontraron muerto varias veces y los viejos volaban por el aire agarrados a sus testículos resecos y las viejas lanzaban exclamaciones y sentían puntadas en la memoria o el olvido según y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac y a un hombre lo encontraron muerto varias veces junto a un viernes de carnaval arrancado del carnaval bajo una invasión de insultos otoñales o sobre elefantes azules parados en la mejilla de Mr. Hollow o alrededor de alondras en dulce desafío vocal con el verano encontraron muerto a ese hombre con las manos abiertamente grises y las caderas desordenadas por los sucesos de Chicago un resto de viento en la garganta 25 centavos de dólar en el bolsillo y su águila quieta con las plumas mojadas por la lluvia infernal ¡ah queridos! ¡esa lluvia llovió años y años sobre el pavimento de Hereby Street sin borrar la más mínima huella de lo acontecido! ¡sin mojar ninguna de las humillaciones ni uno solo de los miedos de ese hombre con las caderas revueltas tiradas en la calle tarde para que sus terrores puedan mezclarse con el agua y pudrirse y terminar! así murió parsifal hoolig cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar fue un difunto valiente y aunque no tuvo necrológica en el New York Times ni el Chicago Tribune se ocupó de él no se quejó cuando lo recogieron en un camión del servicio municipal a él y a su aspecto melancólico y si alguno supone que esto es triste si alguno va a pararse a decir que esto es triste sepa que esto es exactamente lo que pasó que ninguna otra cosa pasó sino esto bajo este cielo o bóveda celeste
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Para coger un pan sobre el morrillo Dando pecho y axila a los pitones, Juan, anónimo Juan, Juan Torerillo No recibiste clásicas lecciones. Para llevar a casa veinte duros Entre la chifla de inhumano coro Bebiste golpes, aspiraste apuros Y al aire al suelo al aire y siempre al toro. Del miedo, que es ingénito en el hombre, Nació el valor, congénito en el hambre; Así en la tauromaquia, Juan Sin Nombre Fue antítesis del gran José Raigambre. José, nieto de Venus y Vulcano Fue un semidiós con la esbeltez de Apolo (Frecuencia tuvo aquel Teseo hispano En liquidar seis Minotauros, solo). Mas Juan, el pobre Juan de carne y hueso, El más mortal de todos los mortales Opuso a sal valor, arrojo al seso Y "molinetes" contra "naturales". Tres siglos en la historia del toreo Se derrumbaron ante dos colosos: Del morisco e hispánico alanceo Hasta el futuro en los taurino cosos. Y Joselito muestra al horizonte Toda una enciclopedia en su percal. Y remata sus lances Juan Belmonte Con su "media verónica" renal... La Muerte se disfraza de capricho, Y en la más increíble paradoja Subsiste quien vivió a merced del bicho Y muere quien "¡no hay toro que lo coja!"... Quedan atrás los años de la infancia: Sevilla y su noctámbula capea... Como un Jasón, Juan, en su rica estancia Mira en la tauromaquia una Medea. Porque si en su niñez fue Juan Sin Suerte Y fue en su adolescencia Juan Sin Pan, Hoy, ya casi un anciano, es Juan Sin Muerte Porque la Muerte tuvo miedo a Juan. Y quien burló a la muerte en tantos ruedos, Mil veces sentenciado por suicida, Sólo cuando lo quiso, y con sus dedos Mató su muerte y se quitó la vida... A Juan, que no toreó por soleares, Muerto, no he de llorarlo en seguiriyas. Sean por martinetes mis cantares, Cante de yunque y fragua y herrerías: Cristo de la Expiración Cachorro de los trianeros, Bríndale tu absolución Al mejor de los toreros Cachorro, si en Viernes Santo Te faltara un penitente, Asóciate a nuestro llanto Que es Juan Belmonte el ausente...
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A la muerte de don juan belmonte
Para coger un pan sobre el morrillo Dando pecho y axila a los pitones, Juan, anónimo Juan, Juan Torerillo No recibiste clásicas lecciones. Para llevar a casa veinte duros Entre la chifla de inhumano coro Bebiste golpes, aspiraste apuros Y al aire al suelo al aire y siempre al toro. Del miedo, que es ingénito en el hombre, Nació el valor, congénito en el hambre; Así en la tauromaquia, Juan Sin Nombre Fue antítesis del gran José Raigambre. José, nieto de Venus y Vulcano Fue un semidiós con la esbeltez de Apolo (Frecuencia tuvo aquel Teseo hispano En liquidar seis Minotauros, solo). Mas Juan, el pobre Juan de carne y hueso, El más mortal de todos los mortales Opuso a sal valor, arrojo al seso Y "molinetes" contra "naturales". Tres siglos en la historia del toreo Se derrumbaron ante dos colosos: Del morisco e hispánico alanceo Hasta el futuro en los taurino cosos. Y Joselito muestra al horizonte Toda una enciclopedia en su percal. Y remata sus lances Juan Belmonte Con su "media verónica" renal... La Muerte se disfraza de capricho, Y en la más increíble paradoja Subsiste quien vivió a merced del bicho Y muere quien "¡no hay toro que lo coja!"... Quedan atrás los años de la infancia: Sevilla y su noctámbula capea... Como un Jasón, Juan, en su rica estancia Mira en la tauromaquia una Medea. Porque si en su niñez fue Juan Sin Suerte Y fue en su adolescencia Juan Sin Pan, Hoy, ya casi un anciano, es Juan Sin Muerte Porque la Muerte tuvo miedo a Juan. Y quien burló a la muerte en tantos ruedos, Mil veces sentenciado por suicida, Sólo cuando lo quiso, y con sus dedos Mató su muerte y se quitó la vida... A Juan, que no toreó por soleares, Muerto, no he de llorarlo en seguiriyas. Sean por martinetes mis cantares, Cante de yunque y fragua y herrerías: Cristo de la Expiración Cachorro de los trianeros, Bríndale tu absolución Al mejor de los toreros Cachorro, si en Viernes Santo Te faltara un penitente, Asóciate a nuestro llanto Que es Juan Belmonte el ausente...
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Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones: La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beodo A su tabuco, de bebidas harto. La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿No me pegas? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan? ¿El invierno es menos triste? ¿Licor en la taberna no encontraste? ¿Acaso te enmendaste? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes? ¿No sabes, no comprendes, Que si te pego se despierta el niño?»
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El padre
Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones: La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beodo A su tabuco, de bebidas harto. La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿No me pegas? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan? ¿El invierno es menos triste? ¿Licor en la taberna no encontraste? ¿Acaso te enmendaste? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes? ¿No sabes, no comprendes, Que si te pego se despierta el niño?»
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Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa! He aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ah silenciosa!
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Poema 8
cuando raf salinger se enamoró o quiso de verdad salió de sí como de un calabozo brilló con propia luz no tuvo tacha ni defecto ni mengua como caballos como vacas al fin de la jornada raf salinger vertía sus aguas en plena soledad fulguró afuera como sol no pálido de cárcel no en guerra "cuidado que me lastimás" decía raf salinger a los hombres de manos ásperas que como niños están cubiertos de miel pero le quitan la victoria el vencedor "oh ángel que te inclinas en la primera mitad" decía raf salinger furioso cavando el viento que le envolvía la trasluz o el revés de los días malos que le comían la verdad "si el coraje consiste en ser prudente" decía raf salinger "si los vestidos significan desnudez y miseria dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio" decía con gran perdones finalmente todas las ventanitas se cerraron cuando raf salinger murió un calor le creció entre amor y afuera juntándole los dos al solito "ah tiempos no distancias que hay entre mí entre mi calor y mi sol" decía raf salinger casi disuelto ya bajo la sombra que le apagaba el hubo que vivir sobre su gente subió el frecuente olvido peor raf salinger viajaba abrigado por un cuerpo desnudo encontrado o joven
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Lamento por la gente de raf salinger
El extraño de la casa es el que trabaja el que pone cena en la mesa el que nunca tuvo la ventaja de salir de la pobreza de relajar por unos dias y tomarse una cerveza y hacer tonterías su sombra es solo que conocen sus hijos su sonrisa su cariños no lo han vistos no es mal persona no es mal padre es el trabajador el que siempre llega tarde
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Apr 24, 2013
Apr 24, 2013 at 12:09 AM UTC
El extraño de la casa
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don *****
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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