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"trazo" poems
Dibujo tras dibujo en la misma libreta cuando estoy con una revuelta en mi maleta. Esperando al avión. Qué fea sensación. Tengo un desorden que quiero poner en orden. Un caos en el corazón. Cuando dibujo no dibujo, trazo. Qué más me gustaría que fuera lo mismo cuando amo. Que cuando ame no ame, que solo trace. Pero no es lo mismo. Y cuando sufro, tal como lo dice la palabra y un poquito más: sufro. Pero creo que es efecto de la cuestión del vivirlo todo al extremo. Y hablando de extremos, me gusta acordarme del extremo que partió el corazón hace poco. Del lugar, del aire frío, de la lengua exótica y del olor a pescado mientras mojo mis botas en la lluvia. Me gusta este lugar, cómo el nórdico aire nos arropa, y luego tu mano con la mía topa. Me gusta cómo el sol quema mi piel. Helada hiel. Sentirme suelta, sentirme libre. Sin anclas. Sin apegos. Sin revueltos. Me gusta meditar en el césped de algodón metafórico creyéndome capaz de todo. Lejos de todo pero sintiéndome todo.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:15 PM UTC
Adiós
Esto que escribo ahora es el postrero son de mi pobre lira fatigada, la mano de escribir está cansada y el corazón me dice que me muero. Canto de cisne moribundo, quiero te ilumine como una llamarada y te deje por siempre señalada a la contemplación del mundo entero. Ahora a vivir lo poco que nos queda, yo cada vez más hierro y tú más seda, trazo tu nombre una vez más, Dalmira. Y ya que al lado mío estás callando inclina sobre mi hombro el cuello blando baja los ojos lentamente y mira.
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Soneto
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Remordimiento
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Perdido en mi mente por pensamientos de otra gente, confiar en la vida nunca deber, arrepentido de cada trazo que causaste en mi vida, ¿será posible que la gente cambie palabras del momento al siguiente dia?, nada en esta vida se debe forzar, si el confundido estar y no querer arriesgar es mejor hacer la verdad, ya que el aferrar sin querer estar es mejor el aplicar la claridad y las cosas pasar. Recuerdos, expresiones y sentimientos de aquella noche la pena nada valieron, me hacía en el cielo, y simplemente hoy me dejas caer como si todo se tratara de un juego. Palabras más no tengo para expresar lo que siento, ruego a dios por que todo esto no lo hayas hecho con la intención de hacer sufrir mi corazón.
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Jun 25, 2017
Jun 25, 2017 at 3:36 AM UTC
Untitled
Cielos de fin de mundo. Son las cinco. Sombras blancas: ¿son voces o son pájaros? Contra mi sien, latidos de motores. Tiempo de luz: memoria, torre hendida, pausa vacía entre dos claridades. Todas sus piedras vueltas pensamiento la ciudad se desprende de sí misma. Descarnación. El mundo no es visible. Se lo comió la luz. ¿En tu memoria serán mis huesos tiempo incandescente? Vana conversación del esqueleto con el fuego insensato y con el agua que no tiene memoria y con el viento que todo lo confunde y con la tierra que se calla y se come sus palabras. Mi suma es lo que resta, tu escritura: la huella de los dientes de la vida, el sello de los ayes y los años, el trazo ***** de la quemadura del amor en lo blanco de los huesos. Sol de sombra Solombra cegadora mis ojos han de ver lo nunca visto lo que miraron sin mirarlo nunca el revés de lo visto y de la vista Los laúdes del láudano de loas dilapidadas lápidas y laudos la piedad de la piedra despiadada las velas del velorio y del jolgorio El entierro es barroco todavía en México                   Morir es todavía morir a cualquier hora en cualquier parte Cerrar los ojos en el día blanco el día nunca visto cualquier día que tus ojos verán y no los míos
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Espiración
Estoy con un libro y la brisa de compañía mientras la vida susurra secretos al oído, dejando que la brisa acaricie mis pensamientos apreciando el presente y expresando mis sentimientos. Vaya que es necesario sacarlo de adentro liberarlo con un trazo que despierte sentimientos a través de un lápiz, un pincel o el cuerpo en movimiento si el alma lo pide, déjalo fluir sin freno.
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Feb 21, 2025
Feb 21, 2025 at 11:15 AM UTC
Brisa de Sentimientos
Tudescos Moscos de los sorbos finos, Caspa de las azumbres más sabrosas, Que porque el fuego tiene mariposas, Queréis que el mosto tenga marivinos. Aves luquetes, átomos mezquinos, Motas borrachas, pájaras vinosas, Pelusas de los vinos envidiosas, Abejas de la miel de los tocinos, Liendres de la vendimia, yo os admito En mi gaznate pues tenéis por soga Al nieto de la vid, licor bendito. Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga, Que bebiéndoos a todos, me desquito Del vino que bebistes y os ahoga.
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Bebe vino precioso con mosquitos dentro
Vivo en la noche, Sirio desvelado rasga la crespa ola de la nube y con redondo ojo de querube mira al amor de labio calcinado. Tan mínimo el poema, tan precioso en brillo, eternidad, pulso y latido, que en el tierno minuto desmedido, todo es tiempo medido por el gozo. El efímero trazo que fulgura en la cósmica sombra, quemadura de dos almas, dos bocas y dos cantos, enlaza a Sirio en su ascendente flama y en la espiral del aire se derrama un balsámico aliento de agapantos.
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Poema