Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"temor" poems
No se de que manera decirte lo que siento Tal vez no tenga la fuerza, tal vez no pueda Por eso ahora en silencio te escribo Quiero que sepas lo que mi alma piensa Aunque tengo miedo, te escribo En silencio te lo digo Y en silencio dejo que mis Sentimientos te griten al oido, Que mi silencio te suzurre un canto escondido Aunque no te hable sientas que me muero Por estar a tu lado Ser tu fiel confidente cuando necesites Que te escuchen de repente. Quiero que me escuches Que escuches el temblor que vive adentro El temor de mi cordero Quiero que me escuches Que escuches mis pensamientos latientes Los bailarines de mi mente Yo te puedo amar, amar Yo te puedo amar, amar sin hablar Mis sentimientos más profundos En silencio se revelaran.
0
Mar 2, 2012
Mar 2, 2012 at 11:08 AM UTC
Silencio
Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul;  y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; -«Navega velero mío,  sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.  »Veinte presas hemos hecho a despecho, del inglés, »y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Allá muevan feroz guerra  ciegos reyes por un palmo más de tierra, que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.  »Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, »que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »A la voz de ¡barco viene!  es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.  »En las presas yo divido lo cogido por igual: »sólo quiero por riqueza la belleza sin rival. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »¡Sentenciado estoy a muerte!;  yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena quizá en su propio navío.  »Y si caigo ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, »cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacudí. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Son mi música mejor  aquilones el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del ***** mar los bramidos y el rugir de mis cañones.  »Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, »yo me duermo sosegado arrullado por el mar. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar».  José de Espronceda, 1840
0
1.6k
Canción del pirata
Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul;  y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul; -«Navega velero mío,  sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.  »Veinte presas hemos hecho a despecho, del inglés, »y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Allá muevan feroz guerra  ciegos reyes por un palmo más de tierra, que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.  »Y no hay playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor, »que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »A la voz de ¡barco viene!  es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar: que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.  »En las presas yo divido lo cogido por igual: »sólo quiero por riqueza la belleza sin rival. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »¡Sentenciado estoy a muerte!;  yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena quizá en su propio navío.  »Y si caigo ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, »cuando el yugo de un esclavo como un bravo sacudí. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. »Son mi música mejor  aquilones el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del ***** mar los bramidos y el rugir de mis cañones.  »Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, »yo me duermo sosegado arrullado por el mar. »Qué es mi barco: mi tesoro, qué es mi dios: la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar».  José de Espronceda, 1840
Continue reading...
107
En el agua clara veo nuestros suaves reflexiones y las sombras solas y misteriosas debajo de glaciales enormes La luz del sol brillante se esconde debajo de nubes opacos me da escalofrios de temor y desaparecemos silenciosamente en la oscuridad El frio me atrapa en sus manos con el viento soplande en mi oido como un nino diciendome un secreto y el sol empieza a salir Ahorra siento esperanza veo la luz vislumbrante del sol poco a poco saliendo de las nubes y me siento libre y feliz
0
Apr 10, 2013
Apr 10, 2013 at 7:59 PM UTC
El Viaje Misterioso
Cada uno va caminando por la vida tratando de resolver su dolor; sanando su ardiente herida se olvida del futuro y anhelante ardor. El pensamiento volando ingrávido cual mariposa temerosa en busca de luz tenue o fugaz. escapándose cuando el corazón es frágil movido por vendavales de temor o mares de calma o seguridad. A veces piensa porque vive, otras, vive porque piensa sin recordar que la circunstancia lo asiste para vivir la vida en el minuto que pertinaz resiste los arteros golpes de la aflicción o se alegra con la elemental felicidad del día. Jorge Gómez A. 1978
0
Sep 27, 2013
Sep 27, 2013 at 12:41 AM UTC
PÉNDULO CARTESIANO
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
0
1.3k
Escorial
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
Continue reading...
59
"Esboços de rostos duvidosos. Levanta o mestre: - O amor é excêntrico, faz-nos exasperar a loucura, e infiltra-se em meio a alma pura, faz gostosuras a cada menção! Não faço-me incréu frente ao amor. Ele é fronstispício judicante de nossos erros. E nem a própria sorte o pode interrogar. O amor é cego? Faceta da mentira. O amor é ver demais, é demasiada plenitude. O amor é predador praticante de cada força, e nem em quinhentas poesias bardas, em resmas, poderão o definir. O amor é um requerimento mútuo, que pode ser negado ou negar-se, renegar-se, resgatar-se. Resguarda-o, que ele é obtentor da sua obstinação. Por obséquio resguarde-o com temor, faz do veneno, pudor, encorajador, amante selador. Não o deixa obumbrar o teu bater. Aja de boa fé perante o amor, não banze-o demais, procurando até ofegar. Deixe que venha, deixe chegar. O amor é canurdo de desejo, carpir e resistir não te emancipará. Chulo! Deixa o amor florescer, sem temer, arremessar suas fraquezas. É chorado mas é valido, é gotejado de estranhezas. Um estrangeiro nobre no território do teu estofo e frágil coração. Mas o amor também é vidraça, se não o cuidas, o tempo passa, e cada trinca é o mais ínfimo da solidão."
0
Oct 5, 2012
Oct 5, 2012 at 10:39 PM UTC
Corte de Nautas III
Elige ¡oh, Juan! un amigo Franco, sincero y honrado, Que cuando estés a su lado No extrañes no estar conmigo. Un joven que imite a un viejo En lo juicioso y prudente, Que te conforte y aliente Siempre que te dé un consejo. Que se interese en tu bien, Que censure tus errores, Y en tus dichas y dolores Se alegre y sufra también. Que nunca te incline al mal, Que no te engañe ni adule, Y te aplauda o te estimule Con desinterés igual. No un farsante, un caballero Por hechos, no por blasones; Que sea en todas tus acciones, No un cómplice, un compañero. Que puedas darle tu mano Sin temor de que la manche; Un ser que el alma te ensanche Cuando le llames hermano. No le canse tu exigencia, Ni tu carácter le hostigue, Piensa bien cuánto consigue La mutua condescendencia. Que no ostente falsas galas, Que no oculte la verdad, Y sepa que la amistad Es sólo el amor sin alas. ¡Oh mi Juan!, yo te lo digo, Por este mundo al cruzar Es muy difícil hallar Este tesoro, un amigo. Y es tan grave su elección, Que te lo puedo decir, Compromete al porvenir, Compromete al corazón. Y tanto influye en la suerte Del necio que se descuida, Que un buen amigo es la vida Y un mal amigo, la muerte. Como tu dicha es mi afán, No busques falsos testigos, Tus libros y tus amigos, Preséntamelos, mi Juan.
0
1.2k
Amigos y libros
Es acaso esto un capricho ? esto es lo que me as dicho Esto no es un sentimiento egoista En amores no soy coleccionista Sentimiento que me hace sentir artista Muy cierto aunque paresca bromista. Artista digo, porque me inspiras tantas cosas Cosas que en mi mente parecian locas apareces y te conviertes en mi mundo me olvido de todo a mi alreedor en un segundo Y te conviertes en el centro de mi atencion Me desconecto, y tienes mi completa admiracion No es un capricho, tampoco afficcion Te lo digo con total afirmacion Mas bien diria que esto parece amor Y lo digo con un poco de temor Un amor escondido, no correspondido Corazon ofendido, por tirarte al olvido.                   EveGaby 11/29/13
0
Dec 12, 2013
Dec 12, 2013 at 9:40 PM UTC
Capricho
¡No! Nunca fue mi mano más lenta que en la hora secretamente mía de aquella noche, aquella... Fue así como una nube cuando oculta una estrella, o así como una estrella que se pierde en la aurora. Nunca tuvo mi mano más quietud impaciente semejante a la mano de un ladrón inexperto; porque  fue como un buque que oscilara en el puerto, con el ansia inconforme de zarpar de repente. ¡Sí! Aquella noche... Noche para soñar en vano, o encender una estrella o apagar una duda; surgió bajo mi mano tu belleza desnuda, 1 como si tu belleza surgiera de mi mano. Ni una sola palabra de temor o reproche abrevió el retardado placer del desenlace. Como crece un jacinto frente al alba que nace, o como nace el alba del fondo de la noche. No. Nunca fue una mano más lenta ni más leve que mi mano de amante con su gesto de amigo; eras como la nieve cayendo sobre el trigo, o un trigo milagroso brotando de la nieve. Y tú estabas inmóvil bajo la felpa rosa, como una flor fantástica que se abriera en el lecho. Mientras mi mano lenta descubría en tu pecho dos motivos iguales para llamarte hermosa. Pero desde esa noche de calma y de tormenta, desorientadamente vacilo en una duda: si cerraste los ojos para no verte desnuda, o bien porque mi mano fue demasiado lenta.
0
1.1k
Poema del éxtasis
Confuso corazón Tan profundo dolor Me haz hecho sentir Amando con temor Es difícil tu vivir Desahuciado corazón Olvídate de él Escóndete de todos A ti mismo se fiel Alegre corazón Tanto gozo me das Pero tan pronto que vienes Así de pronto te vas Herido corazón Sangrando como sargento Buscando refugio En este mundo violento
0
Apr 11, 2014
Apr 11, 2014 at 10:32 PM UTC
El Corazón
Cantando vas, riendo por el agua, por el aire silbando vas, riendo, en ronda azul y oro, plata y verde, dichoso de pasar y repasar entre el rojo primer brotar de abril, ¡forma distinta, de instantáneas igualdades de luz, vida, color, con nosotros, orillas inflamadas! ¡Qué alegre eres tú, ser, con qué alegría universal eterna! ¡Rompes feliz el ondear del aire, bogas contrario el ondular del agua! ¿No tienes que comer ni que dormir? ¿Toda la primavera es tu lugar? ¿Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo? ¡No hay temor en tu gloria; tu destino es volver, volver, volver, en ronda plata y verde, azul y oro, por una eternidad de eternidades! Nos das la mano, en un momento de afinidad posible, de amor súbito, de concesión radiante; y, a tu contacto cálido, en loca vibración de carne y alma, nos encendemos de armonía, nos olvidamos, nuevos, de lo mismo, lucimos, un instante, alegres de oro. ¡Parece que también vamos a ser perennes como tú, que vamos a volar del mar al monte, que vamos a saltar del cielo al mar, que vamos a volver, volver, volver por una eternidad de eternidades! ¡Y cantamos, reímos por el aire, por el agua reímos y silbamos! ¡Pero tú no te tienes que olvidar, tú eres presencia casual perpetua, eres la criatura afortunada, el májico ser solo, el ser insombre, el adorado por calor y gracia, el libre, el embriagante robador, que, en ronda azul y oro, plata y verde, riendo vas, silbando por el aire, por el agua cantando vas, riendo!
0
1k
Criatura afortunada
Cantando vas, riendo por el agua, por el aire silbando vas, riendo, en ronda azul y oro, plata y verde, dichoso de pasar y repasar entre el rojo primer brotar de abril, ¡forma distinta, de instantáneas igualdades de luz, vida, color, con nosotros, orillas inflamadas! ¡Qué alegre eres tú, ser, con qué alegría universal eterna! ¡Rompes feliz el ondear del aire, bogas contrario el ondular del agua! ¿No tienes que comer ni que dormir? ¿Toda la primavera es tu lugar? ¿Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo? ¡No hay temor en tu gloria; tu destino es volver, volver, volver, en ronda plata y verde, azul y oro, por una eternidad de eternidades! Nos das la mano, en un momento de afinidad posible, de amor súbito, de concesión radiante; y, a tu contacto cálido, en loca vibración de carne y alma, nos encendemos de armonía, nos olvidamos, nuevos, de lo mismo, lucimos, un instante, alegres de oro. ¡Parece que también vamos a ser perennes como tú, que vamos a volar del mar al monte, que vamos a saltar del cielo al mar, que vamos a volver, volver, volver por una eternidad de eternidades! ¡Y cantamos, reímos por el aire, por el agua reímos y silbamos! ¡Pero tú no te tienes que olvidar, tú eres presencia casual perpetua, eres la criatura afortunada, el májico ser solo, el ser insombre, el adorado por calor y gracia, el libre, el embriagante robador, que, en ronda azul y oro, plata y verde, riendo vas, silbando por el aire, por el agua cantando vas, riendo!
Continue reading...
45
Raza de «Comuneros» era su raza. Fuerte Su corazón de virgen, en tierra esclavizada Quería que la noche rompiera en alborada, Y que se alzara libre lo que yacía inerte. Sin temor al peligro, y al azar de la suerte, Armó en silencio brazos; y en su ideal, fiada, Sudario fue su velo de hermosa desposada, Y su nupcial desfile, desfile hacia la muerte. Y cuando ya, vendada, iba a caer de hinojos, Quiso evitar entonces que los profanos ojos Del pelotón hicieran a su pudor ultraje, Y se ató con la venda la falda, pues temía Que el estremecimiento postrero en su agonía Levantarle pudiera sobre el banquillo el traje.
0
942
Antonia santos
Orillas del Uruguay una piedra encontré hoy aplastada, redondita, y de encendido color: pequeña obra maestra de agua, de viento -y de sol. Y decidí recogerla y usarla como reloj. El mismo peso me hace que la máquina mejor, la compañía es idéntica y guarda el mismo calor. Lo miro de vez en cuando, y es tan grande la ilusión, que veo unas manecillas y los signos de rigor. Al que pregunta la hora se la invento y se la doy. Me equivoco por minutos, que no es equivocación, que el tiempo no está en esferas sino a nuestro alrededor: en la orla de una nube, en el cáliz de una flor, en nuestras entrañas mismas, en algo como un temblor. Le doy cuerda al acostarme y con toda precaución, entre libros y anteojos lo pongo en el velador y antes de dormir parece que escucho cierto rumor. No sé si son los segundos, esa arenilla veloz, o acaso la vocecilla del río que lo pulió. Ante mi reloj de piedra no tengo más que un temor: si se me llega a romper, ¿a qué relojero voy? Sólo pueden componerlo ojos y dedos de Dios.
0
945
Romance del reloj de piedra
Una clara conciencia de lo que ha perdido, es lo que le consuela. Se levanta cada mañana a fallecer, discurre por estancias en donde sórdamente duele el tiempo que se detuvo, la herida mal cerrada. Dura en ningún lugar este otro mundo, y vuelve por la noche en las paradas del sueño fatigoso... Reino suyo dorado, cuántas veces por él pregunta en la mitad del día, con el temor de olvidar algo! Las horas, largo viaje desabrido. La historia es un instante preferido, un tesoro en imágenes, que él guarda para su necesaria consulta con la muerte. Y el final de la historia es esta pausa.
0
892
Príncipe de aquitania, en su torre abolida
De Francia partió la niña,   de Francia la bien guarnida, íbase para París,   do padre y madre tenía. Errado lleva el camino,   errada lleva la guía, arrimárase a un roble   por esperar compañía. Vio venir un caballero   que a París lleva la guía. La niña, desque lo vido,   de esta suerte le decía: -Si te place, caballero,   llévesme en tu compañía. -Pláceme, dijo, señora,   pláceme, dijo, mi vida. Apeóse del caballo   por hacerle cortesía; puso la niña en las ancas   y él subiérase en la silla. En el medio del camino   de amores la requería. La niña, desque lo oyera,   díjole con osadía: -Tate, tate, caballero,   no hagáis tal villanía, hija soy de un malato   y de una malatía, el hombre que a mi llegase   malato se tornaría. El caballero, con temor,   palabra no respondía. A la entrada de París   la niña se sonreía. -¿De qué vos reís, señora?   ¿De qué vos reís, mi vida? -Ríome del caballero   y de su gran cobardía: ¡tener la niña en el campo   y catarle cortesía!Caballero, con vergüenza,   estas palabras decía: -Vuelta, vuelta, mi señora,   que una cosa se me olvida. La niña, como discreta,   dijo: -Yo no volvería, ni persona, aunque volviese,   en mi cuerpo tocaría: hija soy del rey de Francia   y la reina Constantina, el hombre que a mí llegase   muy caro le costaría.
0
893
Romance de la hija del rey de francia
"medo: emoção que se sente face a um perigo ou ameaça; temor; receio" "amor: sentimento de afeto muito grande; paixão; inclinação" "caos: grande confusão; desordem" "inútil: que não serve para nada; desnecessário; que não produz qualquer resultado" "feio: desagradável à vista; que não tem beleza; vergonhoso; indecente" "morrer: deixar de viver; falecer; expirar; extinguir-se; acabar; cair no esquecimento"
0
Aug 9, 2013
Aug 9, 2013 at 7:23 PM UTC
"vida"
Blanca sois, señora mía, más que no el rayo del sol ¿si la dormiré esta noche desarmado y sin pavor? que siete años había, siete, que no me desarmo, no. Más negras tengo mis carnes que un tiznado carbón. -Dormilda, señor, dormilda, desarmado sin temor, que el conde es ido a la caza a los montes de *** -Rabia le mate los perros, y águilas el su halcón, y del monte hasta casa a él arrastre el morón.- Ellos en aquesto estando su marido que llegó: -¿Qué hacéis, la Blanca-niña, hija de padre traidor? -Señor, peino mis cabellos, peinolos con gran dolor, que me dejéis a mi sola y a los montes os vais vos. -Esa palabra, la niña, no era sino traición: ¿cuyo es aquel caballo que allá bajo relinchó? -Señor, era de mi padre, y envióoslo para vos. -¿Cuyas son aquellas armas que están en el corredor? -Señor, eran de mi hermano, y hoy os las envió. -¿ Cuya es aquella lanza, desde aquí la veo yo? -Tomalda, conde, tomalda, matadme con ella vos, que aquesta muerte, buen conde bien os la merezco yo.
0
773
Romance de blanca-niña
Por el amplio silencio del instante pasa un vago temor. Tal vez gira la puerta sin motivo y se recoge una visión distante, como si el alma fuese un mirador. Afuera canta un pájaro cautivo y con gota fugaz el surtidor. Tal vez fingen las cortinas altas plegarse al toque de una mano intrusa, y el incierto rumor a las pupilas del enfermo acusa un camino de llanto en derredor. En sus ojos opacos, mortecinos, se reflejan las cosas con candor, mientras la queja fluye a los labios exangües de dolor. Cuenta la Hermana cuentas de rosario y piensa en el Calvario del Señor. Pero invade la sombra vespertina un extraño temor, y en el péndulo inmóvil se adivina la séptima caída del amor. Tal vez gira la puerta sin motivo. Afuera canta un pájaro cautivo, y con gota fugaz el surtidor.
0
772
El enfermo
Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro, y la cándida víctima levanto, de mi atrevida indignidad me espanto y la piedad de vuestro pecho admiro. Tal vez el alma con temor retiro, tal vez la doy al amoroso llanto, que arrepentido de ofenderos tanto con ansias temo, y con dolor suspiro. Volved los ojos a mirarme humanos, que por las sendas de mi error siniestras me despeñaron pensamientos vanos; no sean tantas las miserias nuestras que a quien os tuvo en sus indignas manos vos le dejéis de las divinas vuestras.
0
728
Temores en el favor
¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!   Blusas en las ventanas, los peluqueros lloran sin tu melena -fuego rubio cortado-.   ¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero, alba sin colorete, sola, tan libre, tú, en el viento!   No llevabas pendientes.   Las modistas, de blanco, en los balcones, perdidas por el cielo.           -¡A ver!                 ¡Al fin!                     ¿Qué?                           ¡No!               Sólo era un pájaro,               no tú,               Miss X niña. El barman, ¡oh, qué triste!     (Cerveza.     Limonada.     Whisky.     Cocktail de ginebra.) Ha pintado de ***** las botellas. Y las banderas, alegrías del bar, de ***** a media asta.     ¡Y el cielo sin girar tu radiograma!   Treinta barcos, cuarenta hidroaviones y un velero cargado de naranjas, gritando por el mar y por las nubes. Nada.   ¡Ah, Miss X! ¿Adónde?   S. M. el Rey de tu país no come. No duerme el Rey. Fuma. Se muere por la costa en automóvil.   Ministerios, Bancos del oro, Consulados, Casinos, Tiendas, Parques, cerrados.   Y, mientras, tú, en el viento -¿te aprietan los zapatos?-, Miss X, de los mares   -di, ¿te lastima el aire?-.   ¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio! Bostezo.         Adiós...                 Good bye...   (Ya nadie piensa en ti. Las mariposas de acero, con las alas tronchadas, incendiando los aires, fijas sobre las dalias movibles de los vientos. Sol electrocutado. Luna carbonizada. Temor al oso blanco del invierno.   Veda. Prohibida la caza marítima, celeste, por orden del Gobierno.   Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)
0
767
A miss x, enterrada en el viento del oeste
¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!   Blusas en las ventanas, los peluqueros lloran sin tu melena -fuego rubio cortado-.   ¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero, alba sin colorete, sola, tan libre, tú, en el viento!   No llevabas pendientes.   Las modistas, de blanco, en los balcones, perdidas por el cielo.           -¡A ver!                 ¡Al fin!                     ¿Qué?                           ¡No!               Sólo era un pájaro,               no tú,               Miss X niña. El barman, ¡oh, qué triste!     (Cerveza.     Limonada.     Whisky.     Cocktail de ginebra.) Ha pintado de ***** las botellas. Y las banderas, alegrías del bar, de ***** a media asta.     ¡Y el cielo sin girar tu radiograma!   Treinta barcos, cuarenta hidroaviones y un velero cargado de naranjas, gritando por el mar y por las nubes. Nada.   ¡Ah, Miss X! ¿Adónde?   S. M. el Rey de tu país no come. No duerme el Rey. Fuma. Se muere por la costa en automóvil.   Ministerios, Bancos del oro, Consulados, Casinos, Tiendas, Parques, cerrados.   Y, mientras, tú, en el viento -¿te aprietan los zapatos?-, Miss X, de los mares   -di, ¿te lastima el aire?-.   ¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio! Bostezo.         Adiós...                 Good bye...   (Ya nadie piensa en ti. Las mariposas de acero, con las alas tronchadas, incendiando los aires, fijas sobre las dalias movibles de los vientos. Sol electrocutado. Luna carbonizada. Temor al oso blanco del invierno.   Veda. Prohibida la caza marítima, celeste, por orden del Gobierno.   Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)
Continue reading...
70
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
0
779
Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
Continue reading...
43
Si fuera de mi amor verdad el fuego, él caminara a tu divina esfera; pero es cometa que corrió ligera con resplandor que se deshizo luego. ¡Qué deseoso de tus brazos llego cuando el temor mis culpas considera! mas si mi amor en ti no persevera, ¿en qué centro mortal tendrá sosiego? Voy a buscarte, y cuanto más te encuentro, menos reparo en ti, Cordero manso, aunque me buscas tú del alma adentro. Pero dime, Señor: si hallar descanso no puede el alma fuera de su centro, y estoy fuera de ti, ¿cómo descanso?
0
634
Dios, centro del alma
Yo he visto perlas claras de inimitable encanto, de esas que no se tocan por temor a romperlas; pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto las burbujas de nieve de tu collar de perlas. Y más, aquella noche de amor satisfecho, del amor que eterniza lo fugaz de las cosas, cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho y el rubor te cubría como un manto de rosas. Yo acaricié tus perlas sin desprender su broche, y las vi como nadie nunca más podrá verlas, pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche, vestida solamente con tu collar de perlas.
0
596
La dama de las perlas