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"suavidad" poems
Cuando tus manos salen, amor, hacia las mías, qué me traen volando? Por qué se detuvieron en mi boca, de pronto, por qué las reconozco como si entonces, antes, las hubiera tocado, como si antes de ser hubieran recorrido mi frente, mi cintura? Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo, sobre la primavera, y cuando tú pusiste tus manos en mi pecho, reconocí esas alas de paloma dorada, reconocí esa greda y ese color de trigo. Los años de mi vida yo caminé buscándolas. Subí las escaleras, crucé los arrecifes, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron, y en la piel de las uvas me pareció tocarte. La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho y allí como dos alas terminaron su viaje.
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Tus manos
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos: quiero la luz y el trigo de tus manos amadas pasar una vez más sobre mí su frescura: sentir la suavidad que cambió mi destino. Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero, quiero que tus oídos sigan oyendo el viento, que huelas el aroma del mar que amamos juntos y que sigas pisando la arena que pisamos. Quiero que lo que amo siga vivo y a ti te amé y canté sobre todas las cosas, por eso sigue tú floreciendo, florida, para que alcances todo lo que mi amor te ordena, para que se pasee mi sombra por tu pelo, para que así conozcan la razón de mi canto.
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Soneto lxxxix
Siento la cálida piel del deseo, percibo el aroma sutil del recuerdo. Mi cuerpo sobre el tuyo, desplazándonos suavemente por todo el volumen de la habitación. Hipnotizado en la curvatura trazada de tus caderas, las sujeto aferrándome a ellas, las acaricio en ocasiones recorriendo la suavidad de tu fino vientre mientras beso tu cuello lentamente. Y mientras el mundo se detiene y el tiempo mismo para en el instante que tu blusa cae al piso. La piel tersa de esas curvas que repaso con infinita fascinación me arraigan a un solo deseo incontrolable de tenerte. La suavidad de tus senos, la perfecta curva de tu abdomen, el lírico contraste de tus nalgas y los dos pequeños hoyuelos en tu la parte trasera de tu espalda, casi a la altura de tu profundo y lacio cabello ***** fluyendo en movimientos ondulantes sobre mi al par que toda esa obra de arte magnificente que llamas cuerpo.
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Jan 31, 2015
Jan 31, 2015 at 6:27 PM UTC
Dulzura.
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
EL AGUA. Alba circulatoria deposita en boca fresadora incontroladas gotas trazándose en el radio corporal y flores comestibles en acueducto curvo disparan las aguas como fuente dividida a la desembocadura de la boca que sonora diamantada graba en caricias de regadío y sumerge en hábitat de lago la reunión química que eres. Desandada en los abrigos inunda labial esqueje, en el sol del secano, espiga cerrándose que expande granada con el humo breve en camino recortado ajardinado hasta observatorio umbilical. Solar verde con fondo marítimo y el sol crudo penetra efectuando fotosíntesis de lupa en las gotas. Cadena floral circunvala el artificio de la leche protectora y pule suavidad sentada. En un hilo laberíntico se construye flor de los algodones nuevos y vuelve el agua al juego de los brillos a flote, a fondo anclada en peso emerge cerámica náutica que removiendo visualiza celosía de la seda y transparencia de ala delta ante el beso de diluvio indudable. *SafeCreative.org Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 John Desde*
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Jun 8, 2013
Jun 8, 2013 at 2:16 PM UTC
El AGUA.
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
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Oda a las cosas
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
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cuando arthur donovan vino del sur hizo una parva con sus maldades resentimientos tristezas les prendió fuego en el crepúsculo para espantar a los mosquitos de paso quedó solísimo apoyado en bellezas "y qué va a hacer" decía arthur donovan con luz o suavidad o dulzura pechonas contando su poquito "y qué va a hacer" decía pero una mirada que le dieron como amparo o amor le sostenía el esqueleto en esa mirada arthur donovan estaba parado y hacía señales contra el mundo "ah mirada" decía arthur donovan el entendido en sombras "solos estamos por aquí" decía y ya la noche le rebajaba el sufrimiento a pájaros a tierra mojada respirando cuando arthur donovan murió sacó una mano afuera extendiéndola como quien pide lluvia o nido o no tanta soledá olvido si no hay caso cómo llovió sobre esa mano no hubo gente que no llorara por allí pero ni hojita le creció al puro hueso comido por el aire "y qué va a hacer" decía arthur donovan mientras el viento lo limpiaba y él levantaba su mirada famosa como calor desobediente a la suerte fatal
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Lamento por la mano de arthur donovan
Para mi canto quiero verso alado, Verso como un aroma que se exhala Cual de flor irreal, en un callado Jardín de otoño, y con temblor de ala. Verso con suavidad de terciopelo, Ritmo que me conoce entre la sombra, Que ondula en calma, en armonioso vuelo, Y que cantando en el azul me nombra. Un verso como arrullo en confidencia, Luz muy lejana que vivaz no arde, Dulce canto en la noche de la ausencia, Gris del alba y tristeza de la tarde. ¡Pero imposible y vanidoso anhelo Del alma del poeta soñadora!.... ¡Desde la tierra, resplandor de cielo La Musa mira, y en silencio llora!
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Para mi canto quiero....
Cuando regreso a casa no me lavo las manos si es que he estado contigo un instante no más, el aroma retengo que tú dejas en ellas como una joya vaga o una flor ideal. Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines, alientos de tus ropas, auras de tu beldad, aproximo una silla y me siento a la mesa y sabe a ti y a trigo el bocado de pan. Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos o las miro a menudo con tanta suavidad, o las alzo a la luna bajo las arboledas como si fueran dignas de hundirse en tu cristal. Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido pegado a las fachadas y me voy a acostar, entonces tengo envidia del agua que las lava y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.
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Aromas
No es que no quiera; es que no puedo. La afinidad de tu voz con la mía, la necedad de tus argumentos, el sarcasmo en tus bromas, la intensidad de tus emociones, la calidez de tu mirada, la elegancia de tu rostro, la suavidad de tus labios, media luna en tu sonrisa, la vainilla de tu esencia, el vaivén de tu cabello, la constelación de tus ojos, el universo de tu abrazo, el edén de tus besos, el pecado de tu **** la pureza de un "te amo" ... Dime, ¿cómo puedo poner en palabras todo lo que eres? No es que no quiera; es que no puedo.
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Oct 16, 2017
Oct 16, 2017 at 4:39 PM UTC
... Es que no puedo
Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda... Y en un banco sentáronse... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). «Me encontrarás cambiada», dijo triste. «Conmigo Dura ha sido la vida... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otros». Y continuó: «La mía... cual tantas... Ilusiones Con su coro de ensueños... tú sabes... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después... un alma sola que se quedó esperando». Y él dijo: «Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?» «¿Recordar?» ella dijo. «¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra... y nada». (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos).                                         Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: «Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas?   Una tarde... viéndonos una estrella». «¡Ya lo ves!   ¡El recuerdo!... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!» (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban, bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: «Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierda». «Tal vez»… ella repuso, «más feliz quien olvida»... Y él dijo pensativo: «Dichoso el que recuerda».
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La romanza del vals
Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda... Y en un banco sentáronse... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). «Me encontrarás cambiada», dijo triste. «Conmigo Dura ha sido la vida... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otros». Y continuó: «La mía... cual tantas... Ilusiones Con su coro de ensueños... tú sabes... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después... un alma sola que se quedó esperando». Y él dijo: «Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?» «¿Recordar?» ella dijo. «¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra... y nada». (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos).                                         Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: «Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas?   Una tarde... viéndonos una estrella». «¡Ya lo ves!   ¡El recuerdo!... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!» (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban, bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: «Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierda». «Tal vez»… ella repuso, «más feliz quien olvida»... Y él dijo pensativo: «Dichoso el que recuerda».
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Todavía recuerdo el día en el que te marchaste dejándome tirada en ese viejo aparcamiento para camiones. Se que no soy ningún deshecho para ti. Yo soy la que jode, el penar el dolor el tormento La única que te habla con sinceridad en esa gasolinera del condado de Queens. He entregado toda mi alma tanto mi amor como mi rabia y si no es así, no importa ya Súbete monta y conduce Convéncete necesitas esto esa cruz que se balancea la pistola en tu guantera El camino es oscuro, pon las luces largas Y si la carretera es complicada siempre me tendrás de copiloto a tu lado. Te entregué mi alma al completo dime tu si hice bien confundiste una parte con un todo otra vez Tu puedes ser mi amante, que yo también seré, yo también seré tu tormento. Si puedes seguirme el ritmo persígueme dulcemente en la luz o en la oscuridad todas las cosas que has confesado odiar Latente la herida como un corazón purpura. Entregué mi alma a tus business nadando en el lago, entre los cisnes aunque intente huir ya sabes como hundirme, confundiste el valor con el precio estrellé mis sueños contra tu parachoques volví de entre los muertos para buscarte lloré y supliqué que me escuchases Allá en el callejón esta húmedo el ambiente seamos jóvenes y ridículos por una noche Solo necesito un mechero que prenda esta droga pequeño milagro sin tatuar dámelo en tus besos. ¿Que le voy a hacer? si la noche se torna mejor que el día Diviértete tu siempre haces que esté más fría Tómalo con suavidad pequeño cachorro de lobo Yo pinté una sonrisa sobre mis delicados labios tristes Y ¿que le voy a hacer? si pierdo cada vez que intento ganar si la tormenta lentamente se acerca Oh salgamos de fiesta solo que esta vez no me hagas llorar impetuoso hombre Todavía recuerdo el día que te marchaste dejándome tirada en ese motel con sucios colchones tengo tantas cosas que decir. Voy a dormir y espero verte allí.
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Dec 27, 2020
Dec 27, 2020 at 7:31 AM UTC
El Tormento
Todavía recuerdo el día en el que te marchaste dejándome tirada en ese viejo aparcamiento para camiones. Se que no soy ningún deshecho para ti. Yo soy la que jode, el penar el dolor el tormento La única que te habla con sinceridad en esa gasolinera del condado de Queens. He entregado toda mi alma tanto mi amor como mi rabia y si no es así, no importa ya Súbete monta y conduce Convéncete necesitas esto esa cruz que se balancea la pistola en tu guantera El camino es oscuro, pon las luces largas Y si la carretera es complicada siempre me tendrás de copiloto a tu lado. Te entregué mi alma al completo dime tu si hice bien confundiste una parte con un todo otra vez Tu puedes ser mi amante, que yo también seré, yo también seré tu tormento. Si puedes seguirme el ritmo persígueme dulcemente en la luz o en la oscuridad todas las cosas que has confesado odiar Latente la herida como un corazón purpura. Entregué mi alma a tus business nadando en el lago, entre los cisnes aunque intente huir ya sabes como hundirme, confundiste el valor con el precio estrellé mis sueños contra tu parachoques volví de entre los muertos para buscarte lloré y supliqué que me escuchases Allá en el callejón esta húmedo el ambiente seamos jóvenes y ridículos por una noche Solo necesito un mechero que prenda esta droga pequeño milagro sin tatuar dámelo en tus besos. ¿Que le voy a hacer? si la noche se torna mejor que el día Diviértete tu siempre haces que esté más fría Tómalo con suavidad pequeño cachorro de lobo Yo pinté una sonrisa sobre mis delicados labios tristes Y ¿que le voy a hacer? si pierdo cada vez que intento ganar si la tormenta lentamente se acerca Oh salgamos de fiesta solo que esta vez no me hagas llorar impetuoso hombre Todavía recuerdo el día que te marchaste dejándome tirada en ese motel con sucios colchones tengo tantas cosas que decir. Voy a dormir y espero verte allí.
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Esta vez, arrastrando briosa sus pobrezas al sesgo de mi pompa delantera, coteja su coturno con mi traspié sin taco, la primavera exacta de picotón de buitre. La perdí en cuanto tela de mis despilfarros, juguéla en cuanto pomo de mi aplauso; el termómetro puesto, puesto el fin, puesto el gusano, contusa mi doblez del otro Tia, aguardéla al arrullo de un grillo fugitivo y despedía uñoso, somático, sufrido. Veces latentes de astro, ocasiones de ser gallina negra, entabló la bandida primavera con mi chusma de aprietos, con mis apocamientos en camisa, mi derecho soviético y mi gorra. Veces las del bocado lauríneo, con símbolos, tabaco, mundo y carne, deglusión translaticia bajo palio, al són de los testículos cantores; talentoso torrente el de mi suave suavidad, rebatible a pedradas, ganable con tan sólo suspirar... Flora de estilo, plena, citada en fangos de honor por rosas auditivas... Respingo, coz, patada sencilla, triquiñuela adorada... Cantan... Sudan...
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Primavera tuberosa
Me he enamorado tanto Que no significa nada para mi La presión de un beso Y del abrazo su calor Son insignificantes, vacíos Algo sin valor. Es hielo lo que anida de mi dentro Una gélida recamara es mi corazón Nada siento, nada vale Camino por las calles cual robot Te quise Tanto te quise de verdad Trate de jugar bien mis cartas Jugaba para ganar Para ver la mesa vacía Y a mis recuerdos En amargo licor, ahogar. Me rindo, no te pude conquistar Soy un general sin victorias Mis cañones no rugen ya La munición esta exhausta Mi estandarte desgarrado Como mis ganas de luchar. Me he enamorado tanto Que ya no significa nada Tu sonrisa, antes bella Ahora, desvanecida La suavidad de tus manos Es como áspera madera El espacio que en mi vida llenabas Ahora las sombras llenan.
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Mar 11, 2020
Mar 11, 2020 at 11:58 PM UTC
Me he enamorado tanto
Adelante, le dije, y entró el buen caballero de la muerte. Era de plata verde su armadura y sus ojos eran como el agua marina. Sus manos y su rostro eran de trigo. Habla, le dije, caballero Jorge, no puedo oponer sino el aire a tus estrofas. De hierro y sombra fueron, de diamantes oscuros y cortadas quedaron en el frío de las torres de España, en la piedra, en el agua, en el idioma. Entonces, él me dijo: «Es la hora de la vida. Ay si pudiera morder una manzana, tocar la polvorosa suavidad de la harina. Ay si de nuevo el canto… No a la muerte daría mi palabra… Creo que el tiempo oscuro nos cegó el corazón y sus raíces bajaron y bajaron a las tumbas, comieron con la muerte. Sentencia y oración fueron las rosas de aquellas enterradas primaveras y, solitario trovador, anduve callado en las moradas transitorias: todos los pasos iban a una solemne eternidad vacía. Ahora me parece que no está solo el hombre. En sus manos ha elaborado como si fuera un duro pan, la esperanza, la terrestre esperanza». Miré y el caballero de piedra era de aire. Ya no estaba en la silla. Por la abierta ventana se extendían las tierras, los países, la lucha, el trigo, el viento. Gracias, dije, don Jorge, caballero. Y volví a mi deber de pueblo y canto.
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Oda a don jorge manrique
Se ha retirado el campo al ver abalanzarse crispadamente al hombre. ¡Qué abismo entre el olivo y el hombre se descubre! El animal que canta: el animal que puede llorar y echar raíces, rememoró sus garras. Garras que revestía de suavidad y flores, pero que, al fin, desnuda en toda su crueldad. Crepitan en mis manos. Aparta de ellas, hijo. Estoy dispuesto a hundirlas, dispuesto a proyectarlas sobre tu carne leve. He regresado al tigre. Aparta, o te destrozo. Hoy el amor es muerte, y el hombre acecha al hombre.
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Canción primera
¡Qué serena va la quilla por el río de *** Suavidad y decisión, parece mano y cuchilla. Se pinta en tinta amarilla un pespunte luminoso, ya recto, ya tortuoso, de camarotes y puentes, y se adivinan las gentes con el rostro caviloso. Ya sobre el río abombado y entre sus remolcadores el barco pierde colores y luces lo iluminado. El crepúsculo ha aumentado y el humo ya es un penacho. El navío es sólo un cacho que se esfuma, que se va. Yo también me marcho ya, y era apenas un muchacho. Me voy entre altoparlantes, calesitas, farolillos, y gorriones, y grillos y el rodar de los rodantes. Todo es igualito que antes, la misma copa redonda, el agua cerúlea y honda, vigilantes, heladeros, y amoríos pasajeros perdidos bajo la fronda. ¿En dónde está mi cabeza tan rápida para ver el vuelo de una mujer o una estrellita que empieza? ¿Mi vértigo y mi pereza, y mi despreocupación? Cómo salta el corazón, y cómo late mi frente, y qué borroso el ambiente y mi ambo de confección.
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Últimas décimas de la costanera
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:41 PM UTC
16. Vino Rosado (Poema adicional de “El Castillo”)
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Te veo mientras pasas sellado de granates primitivos, por el turquí completo de Moguer. Te veo sonreír; acariciar, limpiar, equilibrar los astros desviados con embeleso cálido de amor; impulsarlos con firme suavidad a sostener la maravilla exacta de este cuartel del incesante mundo. (No sé si eres el único o la réplica májica del único; pero, uno entre dioses descielados tú, solo entre carnes de ascensión, sin leyes que te afeen la mirada yo voy a ti porque te veo trabajando belleza desasida, en tus días sin trono, en tus noches en pie). Te veo infatigable variando con maestría inmensamente hermosa decoraciones infinitas en el desierto oeste de la mar; te veo abrir, mudar tesoros, sin mirar que haya ojo que te mire, ¡rey del gozo en la obra sola y alta, hado inventor, ente continuador de lo áureo y lo insólito!
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Hado español de la belleza
cómo conservo este cariño de vos a vos/ amora mía/ ardor que sube del pasado como tu pura voz/cielito que no cielás la soledad como pedazo de vos/fuego en que ardo como porvenir de tu hermosura abierta como llama de vos o claridad del arbolito que crecía en tu jardín o gloria de vos/dando olor a suavidad
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Comentario xxxviii