Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"sortilegio" poems
Cuando tango la zampoña cuando tango el sacabuche, jamás pienso en quien me escuche ni en quien me allane la moña. 1 Y así la zampoña taño, 2 pizzico así la vihuela cantando mi cantinela como trovero de antaño... Yo no pienso en quién me escuche. Yo no pienso en quien me loe ni en quien el talón me roe cuando tango el sacabuche, cuando soplo en el obóe, cuando tango la zampoña. Ni en buscar el sortilegio -con glisado tal o arpegioque embelece a daifa o doña, cuando tango el sacabuche... Cuando soplo en el obóe, cuando soplo en la dulzaina, no pienso en boina ni en vaina; ni en Burdeos o en Borgoña cuando tango la zampoña- Cuando soplo en la dulzaina y si percuto el adufe no pienso en que vozne o bufe ni el cretino ni el tontaina ni el doctorado en Lovaina. Cuando tango la zampoña, si pizzico en la bandurria no me importa ni la murria que me enerva y emponzoña. Cuando tango el sacabuche, cuando raspo el bandolín ni cuando froto el violín, yo no pienso en quien me escuche. Si resoplo en el fagote, si taño la cornamusa, cuando tango la zampoña, cuando soplo en la ocarina no pienso en daifa ni en doña (si me alabe o me abomina, si se enfada o se alborote...) Si taño la cornamusa, laude pido o doy excusa jamás, ni a Apolo ni al zote ni a la mismísima Musa de alto copete o de moña, ni a Luis de Góngora Argote, si resoplo en el fagote, cuando tango la zampoña.
0
1.9k
Són
Qué hicisteis vosotros, gidistas intelectualistas, rilkistas, misterizantes, falsos brujos existenciales, amapolas surrealistas encendidas en una tumba, europeizados cadáveres de la moda, pálidas lombrices del queso capitalista, qué hicisteis ante el reinado de la angustia, frente a este oscuro ser humano, a esta pateada compostura, a esta cabeza sumergida en el estiércol, a esta esencia de ásperas vidas pisoteadas? No hicisteis nada sino la fuga: vendisteis hacinado detritus, buscasteis cabellos celestes, plantas cobardes, uñas rotas, «belleza pura», «sortilegio», obras de pobres asustados para evadir los ojos, para enmarañar las delicadas pupilas, para subsistir con el plato de restos sucios que os arrojaron los señores, sin ver la piedra en agonía, sin defender, sin conquistar, más ciegos que las coronas del cementerio, cuando cae la lluvia sobre las inmóviles flores podridas de las tumbas.
0
803
Los poetas celestes
Yo descendí de la antioqueña cumbre, de austera estirpe que el honor decora, el alma en paz y el corazón en lumbre, y el claro sortilegio de la aurora bruñó mi lira y la libró de herrumbre. Y fui, viajero de nivoso monte y umbría roza de maíz, al valle que da a la luz su fruta entre su llama: había miel de filtros de sinsonte que derrama canción de rama en rama. Y el mar abierto, a mí divinamente su honda virtud hizo afluir entera: gusté su yodo... y la embriaguez ignota de no sé qué sagrada primavera bajo la paz de una ciudad remota. Fulgía en mi ilusión Acuarimántima. Ciudad del bien, fastuosa, legendaria, ciudad de amor y esfuerzo y ufanía y de meditación y de plegaria; una ciudad azúlea, egregia, fuerte, una Jerusalén de poesía. Y como los cruzados medioevales, ceñíme al torso fúlgida coraza y fuime en pos de la ciudad cautiva, burlando la guadaña de la Muerte y la fortuna a mi querer esquiva. La ondulante odisea rememoro con amor y dolor... Un linde vago, de súbito sangriento, ya cetrino... Un buque... un muelle... un joven noctivago... y el tono de la voz... y el pan marcino... La maravilla comba, transparente, de las noches de junio hacia la hondura de un huerto viola, en ácidos alcores; y allí la levadura de mis cantos, hecha de mezquindad y sinsabores. Y aquella niña del amor florido y oloroso, y ritual, y enardecido, el seno como un fruto no oprimido, y un dulzor en los besos diluïdo, y un no sé qué... que túrbame el sentido. Y la huraña beldad, el mármol yerto e inconmovible; y la Infantina huraña que era el postrer jazmín que daba un huerto... ¡Me figuro las luces de sus ojos como dos cirios de un cariño muerto! Y el arduo afán en el impulso vario por resolver el canto en melodía. Derrame un ruiseñor en el himnario toda la miel del día. Un rumor milenario, y la luz de tu lámpara ¡oh Sophía! Húmedos los cabellos -cristalinos caireles de agua y sol-, aún ondulan fantásticas ondinas; mientras danza en la luz un coro de donceles por la playa al influjo de las sales marinas...
0
788
Acuarimántima iv
Yo descendí de la antioqueña cumbre, de austera estirpe que el honor decora, el alma en paz y el corazón en lumbre, y el claro sortilegio de la aurora bruñó mi lira y la libró de herrumbre. Y fui, viajero de nivoso monte y umbría roza de maíz, al valle que da a la luz su fruta entre su llama: había miel de filtros de sinsonte que derrama canción de rama en rama. Y el mar abierto, a mí divinamente su honda virtud hizo afluir entera: gusté su yodo... y la embriaguez ignota de no sé qué sagrada primavera bajo la paz de una ciudad remota. Fulgía en mi ilusión Acuarimántima. Ciudad del bien, fastuosa, legendaria, ciudad de amor y esfuerzo y ufanía y de meditación y de plegaria; una ciudad azúlea, egregia, fuerte, una Jerusalén de poesía. Y como los cruzados medioevales, ceñíme al torso fúlgida coraza y fuime en pos de la ciudad cautiva, burlando la guadaña de la Muerte y la fortuna a mi querer esquiva. La ondulante odisea rememoro con amor y dolor... Un linde vago, de súbito sangriento, ya cetrino... Un buque... un muelle... un joven noctivago... y el tono de la voz... y el pan marcino... La maravilla comba, transparente, de las noches de junio hacia la hondura de un huerto viola, en ácidos alcores; y allí la levadura de mis cantos, hecha de mezquindad y sinsabores. Y aquella niña del amor florido y oloroso, y ritual, y enardecido, el seno como un fruto no oprimido, y un dulzor en los besos diluïdo, y un no sé qué... que túrbame el sentido. Y la huraña beldad, el mármol yerto e inconmovible; y la Infantina huraña que era el postrer jazmín que daba un huerto... ¡Me figuro las luces de sus ojos como dos cirios de un cariño muerto! Y el arduo afán en el impulso vario por resolver el canto en melodía. Derrame un ruiseñor en el himnario toda la miel del día. Un rumor milenario, y la luz de tu lámpara ¡oh Sophía! Húmedos los cabellos -cristalinos caireles de agua y sol-, aún ondulan fantásticas ondinas; mientras danza en la luz un coro de donceles por la playa al influjo de las sales marinas...
Continue reading...
56
Me quedas tú, y me donas la alegría con el dolor, y tu miel deleitable con el acerbo aloe. Me quedas tú, y la luz que tu alma cría dentro la tenebrura inenarrable de mi yo solitario: Siempre loe tu don ilusionario. Me quedas tú, y el claro sortilegio de tus ojos rientes: con su hechizo mi soledad se puebla. Me quedas tú, y tu risa, cuyo arpegio me embriaga, y tu tesoro de oro obrizo solaz del alma sola: La gris niebla tu regalo aureola. Me quedas tú, y el filtro que tu ardida boca frutal, sombreada, en mis febriles resecos labios vierte. Me quedas tú, la ingenua enardecida, me quedas tú, la experta, de sutiles tácticas retrecheras: Vida. Muerte. Lo que quieras.
0
726
Canción ligera
De viaje, cuántas veces de un tren en la fatiga, Sin que oigamos al lado ninguna voz amiga, O cuando despertamos al alba, de repente Un remoto recuerdo destella en nuestra mente, -Recuerdo que dormía desde tiempo lejano;- Y cerramos los ojos, con la frente en la mano, Y del pasado entonces, al dulce sortilegio, Pensamos: «Fue en un baile, y en años de colegio»; Después, versos o cartas; y después la partida... ¡Y nunca, desde entonces, la vimos en la vida! O en un tren de provincia: primero, indiferente Nos respondía, y luego, jovial y sonriente; Y al separarnos, mientras el tren se iba alejando, Recordábamos que ella nos preguntó: «¿Hasta cuándo?» Y no volvimos nunca... Quizá fue junto a un río Cuando en campestre jira, y en tarde azul de estío Nos dijo: «¡Siempre... siempre!» Fue un despertar de gloria... Mas sólo su sonrisa nos queda en la memoria. Triste adiós de un pañuelo. Suave presión de mano Como una ardiente y muda promesa junto a un piano; Virgen de los primeros amores, fugitiva Visión, que no sabemos si estará muerta o viva; Reja donde una novia, por entre madreselvas, Nos decía una noche llorando: «Cuando vuelvas»... Amada que en los tiempos de pubertad divina Vestías un sencillo traje de muselina, Y que a una margarita, sin sospechar engaños, Pedías el secreto de tu amor de quince años; Flores que con sus lágrimas de adiós humedecidas Nos dio, diciendo: «¡Guárdalas, pero si no me olvidas!» Beso de boca amada que duerme ya en la sombra, Y al través del recuerdo parece que nos nombra; Carta ya amarillenta que encontramos un día, Donde cada palabra sollozo parecía; Perfume que era el suyo, retrato desteñido... ¡Oh Pasado! ¡Oh recuerdos... «Lo que pudo haber sido»!
0
309
Recordando
De viaje, cuántas veces de un tren en la fatiga, Sin que oigamos al lado ninguna voz amiga, O cuando despertamos al alba, de repente Un remoto recuerdo destella en nuestra mente, -Recuerdo que dormía desde tiempo lejano;- Y cerramos los ojos, con la frente en la mano, Y del pasado entonces, al dulce sortilegio, Pensamos: «Fue en un baile, y en años de colegio»; Después, versos o cartas; y después la partida... ¡Y nunca, desde entonces, la vimos en la vida! O en un tren de provincia: primero, indiferente Nos respondía, y luego, jovial y sonriente; Y al separarnos, mientras el tren se iba alejando, Recordábamos que ella nos preguntó: «¿Hasta cuándo?» Y no volvimos nunca... Quizá fue junto a un río Cuando en campestre jira, y en tarde azul de estío Nos dijo: «¡Siempre... siempre!» Fue un despertar de gloria... Mas sólo su sonrisa nos queda en la memoria. Triste adiós de un pañuelo. Suave presión de mano Como una ardiente y muda promesa junto a un piano; Virgen de los primeros amores, fugitiva Visión, que no sabemos si estará muerta o viva; Reja donde una novia, por entre madreselvas, Nos decía una noche llorando: «Cuando vuelvas»... Amada que en los tiempos de pubertad divina Vestías un sencillo traje de muselina, Y que a una margarita, sin sospechar engaños, Pedías el secreto de tu amor de quince años; Flores que con sus lágrimas de adiós humedecidas Nos dio, diciendo: «¡Guárdalas, pero si no me olvidas!» Beso de boca amada que duerme ya en la sombra, Y al través del recuerdo parece que nos nombra; Carta ya amarillenta que encontramos un día, Donde cada palabra sollozo parecía; Perfume que era el suyo, retrato desteñido... ¡Oh Pasado! ¡Oh recuerdos... «Lo que pudo haber sido»!
Continue reading...
39