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Me quedas tú, y me donas la alegría con el dolor, y tu miel deleitable con el acerbo aloe. Me quedas tú, y la luz que tu alma cría dentro la tenebrura inenarrable de mi yo solitario: Siempre loe tu don ilusionario. Me quedas tú, y el claro sortilegio de tus ojos rientes: con su hechizo mi soledad se puebla. Me quedas tú, y tu risa, cuyo arpegio me embriaga, y tu tesoro de oro obrizo solaz del alma sola: La gris niebla tu regalo aureola. Me quedas tú, y el filtro que tu ardida boca frutal, sombreada, en mis febriles resecos labios vierte. Me quedas tú, la ingenua enardecida, me quedas tú, la experta, de sutiles tácticas retrecheras: Vida. Muerte. Lo que quieras.
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Canción ligera
Me quedas tú, y me donas la alegría con el dolor, y tu miel deleitable con el acerbo aloe. Me quedas tú, y la luz que tu alma cría dentro la tenebrura inenarrable de mi yo solitario: Siempre loe tu don ilusionario. Me quedas tú, y el claro sortilegio de tus ojos rientes: con su hechizo mi soledad se puebla. Me quedas tú, y tu risa, cuyo arpegio me embriaga, y tu tesoro de oro obrizo solaz del alma sola: La gris niebla tu regalo aureola. Me quedas tú, y el filtro que tu ardida boca frutal, sombreada, en mis febriles resecos labios vierte. Me quedas tú, la ingenua enardecida, me quedas tú, la experta, de sutiles tácticas retrecheras: Vida. Muerte. Lo que quieras.