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"sonidos" poems
Nació la palabra en la sangre, creció en el cuerpo oscuro, palpitando, y voló con los labios y la boca. Más lejos y más cerca aún, aún venía de padres muertos y de errantes razas, de territorios que se hicieron piedra, que se cansaron de sus pobres tribus, porque cuando el dolor salió al camino los pueblos anduvieron y llegaron y nueva tierra y agua reunieron para sembrar de nuevo su palabra. Y así la herencia es ésta: éste es el aire que nos comunica con el hombre enterrado y con la aurora de nuevos seres que aún no amanecieron. Aún la atmósfera tiembla con la primera palabra elaborada con pánico y gemido. Salió de las tinieblas y hasta ahora no hay trueno que truene aún con su ferretería como aquella palabra, la primera palabra pronunciada: tal vez sólo un susurro fue, una gota, y cae y cae aún su catarata. Luego el sentido llena la palabra. Quedó preñada y se llenó de vidas. Todo fue nacimientos y sonidos: la afirmación, la claridad, la fueza, la nagación, la destrucción, la muerte: el verbo asumió todos los poderes y se fundió existencia con esencia en la electricidad de su hermosura. Palabra humana, sílaba, cadera de larga luz y dura platería, hereditaria copa que recibe las comunicaciones de la sangre: he aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana y no hablar es morir entre los seres: se hace lenguaje hasta la cabellera, habla la boca sin mover los labios: los ojos de repente son palabras. Yo tomo la palabra y la recorro como si fuera sólo forma humana, me embelesan sus líneas y navego en cada resonancia del idioma: pronuncio y soy y sin hablar me acerca el fin de las palabras al silencio. Bebo por la palabra levantando una palabra o copa cristalina, en ella bebo el vino del idioma o el agua interminable, manantial maternal de las palabras, y copa y agua y vino originan mi canto porque el verbo es origen y vierte vida: es sangre, es la sangre que expresa su substancia y está dispuesto así su desarrollo: dan cristal al cristal, sangre a la sangre, y dan vida a la vida las palabras.
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La palabra
Nació la palabra en la sangre, creció en el cuerpo oscuro, palpitando, y voló con los labios y la boca. Más lejos y más cerca aún, aún venía de padres muertos y de errantes razas, de territorios que se hicieron piedra, que se cansaron de sus pobres tribus, porque cuando el dolor salió al camino los pueblos anduvieron y llegaron y nueva tierra y agua reunieron para sembrar de nuevo su palabra. Y así la herencia es ésta: éste es el aire que nos comunica con el hombre enterrado y con la aurora de nuevos seres que aún no amanecieron. Aún la atmósfera tiembla con la primera palabra elaborada con pánico y gemido. Salió de las tinieblas y hasta ahora no hay trueno que truene aún con su ferretería como aquella palabra, la primera palabra pronunciada: tal vez sólo un susurro fue, una gota, y cae y cae aún su catarata. Luego el sentido llena la palabra. Quedó preñada y se llenó de vidas. Todo fue nacimientos y sonidos: la afirmación, la claridad, la fueza, la nagación, la destrucción, la muerte: el verbo asumió todos los poderes y se fundió existencia con esencia en la electricidad de su hermosura. Palabra humana, sílaba, cadera de larga luz y dura platería, hereditaria copa que recibe las comunicaciones de la sangre: he aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana y no hablar es morir entre los seres: se hace lenguaje hasta la cabellera, habla la boca sin mover los labios: los ojos de repente son palabras. Yo tomo la palabra y la recorro como si fuera sólo forma humana, me embelesan sus líneas y navego en cada resonancia del idioma: pronuncio y soy y sin hablar me acerca el fin de las palabras al silencio. Bebo por la palabra levantando una palabra o copa cristalina, en ella bebo el vino del idioma o el agua interminable, manantial maternal de las palabras, y copa y agua y vino originan mi canto porque el verbo es origen y vierte vida: es sangre, es la sangre que expresa su substancia y está dispuesto así su desarrollo: dan cristal al cristal, sangre a la sangre, y dan vida a la vida las palabras.
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Hace un mes que te dije No podía esperarte más. Y el abismo entre nosotros tragó: las plumas, los sonidos, y la lengua que querría cantar. Eras un pájaro con ojos cerrados. Las alas de mi mente Golpeaban el aire tranquilo Dónde no podía encontrarte Sino tu canción vacía sin amor. Me encuentro a mí mismo En el campo: me siento muy seca y sola pero sabia. Siempre me llevaban las alas Al norte, afuera, al norte Donde oigo la canción de mi pueblo, De la gente que no me ha dejado Por nada, aunque llueve. Hace un mes que me dio cuenta De otra forma de ser, cercano. Me ha tocado como las suspiras Del árbol que tiene hojas con la riqueza de los ojos cafés del chico distinto aquí: Mirándome, hasta que debo salir. Otra vez salgo con las alas Afuera de lo que conozco Porque, como un pájaro del otoño, El viento fresco me hacen una seña que yo debería olvidarme las hojas y los ojos porque ellos se caen siempre de los árboles a la tierra dura: Mirándome, hasta que te caes también.
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Oct 17, 2012
Oct 17, 2012 at 1:42 AM UTC
Hojas y Ojos
Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Pálido y amarrado a mi agua devorante cruzo en el agrio olor del clima descubierto, aún vestido de gris y sonidos amargos, y una cimera triste de abandonada espuma. Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única, lunar, solar, ardiente y frío, repentino, dormido en la garganta de las afortunadas islas blancas y dulces como caderas frescas. Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos locamente cargado de eléctricas gestiones, de modo heroico dividido en sueños y embriagadoras rosas practicándose en mí. Aguas arriba, en medio de las olas externas, tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos como un pez infinitamente pegado a mi alma rápido y lento en la energía subceleste.
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Poema 9
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Nov 13, 2018
Nov 13, 2018 at 3:52 PM UTC
16 de Agosto
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Líneas, trazos, sonidos, me he dado cuenta que percibo frases ocultas, sin presencia verbal, literalmente perceptibles desde mi nube, creo que empiezo con imaginar un fin, hechos del futuro, idea tras idea, haciendo historias de un segundo que han durado una eternidad. ¿No es así como pasa? Inicias con la página en blanco, a menudo se acerca una pluma, un momento de vacío; el destino puede elegir cualquier dirección, me apodera la curiosidad, ahí, en ese momento, la pluma me esta usando, llenando los vacíos con líneas de locura, desangrándose su tinta me dibuja, y a los demás, de esa forma oscura y a la vez multicolor; trazos en mis líneas que van sin sentido, un mundo alterno, vertical a lo que podría ser involuntariamente, si cayera en la gravedad.
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Sep 6, 2015
Sep 6, 2015 at 2:06 PM UTC
Trazos
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, mi paisaje de otoño desolado, elegiría, robaría esta calle que es anterior a mí y a todos. Ella devuelve mi mirada inservible, la de hace apenas quince o veinte años cuando la casa verde envenenaba el ciclo. Por eso es cruel dejarla recién atardecida con tantos balcones como nidos a solas y tantos pasos como nunca esperados. Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos, los espías aleves de la soledad, las piernas de mujer que arrastran a mis ojos lejos de la ecuación de dos incógnitas. Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte, hojas secas, bocinas y nombres desolados, nubes que van creciendo en mi ventana mientras la humedad trae larnentos y moscas. Sin embargo existe también el pasado con sus súbitas rosas y modestos escándalos con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera y su insignificante comezón de recuerdos. Ah si pudiera elegir mi paisaje elegiría, robaría esta calle, esta calle recién atardecida en la que encarnizadamente revivo y de la que sé con estricta nostalgia el número y el nombre de sus setenta árboles.
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Elegir mi paisaje
El cuerpo no quiere deshacerse sin antes haberse consumado. Y ¿cómo se consuma el cuerpo? La inteligencia no sabe decírselo, aunque sea ella quien más claramente conciba esa ambición del cuerpo, que éste sólo vislumbra. El cuerpo no sabe sino que está aislado, terriblemente aislado, mientras que frente a él, unida, entera, la creación está llamándole. Sus formas, percibidas por el cuerpo a través de los sentidos, con la atracción honda que suscitan (colores, sonidos, olores), despiertan en el cuerpo un instinto de que también él es parte de ese admirable mundo sensual, pero que está desunido y fuera de él, no en él. ¡Entrar en ese mundo, del cual es parte aislada, fundirse con él! Mas para fundirse con el mundo no tiene el cuerpo los medios del espíritu, que puede poseerlo todo sin poseerlo o como si no lo poseyera. El cuerpo únicamente puede poseer las cosas, y eso sólo un momento, por el contacto de ellas. Así, al dejar éstas su huella sobre él, conoce el cuerpo las cosas. No se lo reprochemos: el cuerpo, siendo lo que es, tiene que hacer lo que hace, tiene que querer lo que quiere. ¿Vencerlo? ¿Dominarlo? Cuán pronto se dice eso. El cuerpo advierte que sólo somos él por un tiempo, y que también él tiene que realizarse a su manera, para lo cual necesita nuestra ayuda. Pobre cuerpo, inocente animal tan calumniado; tratar de bestiales sus impulsos, cuando la bestialidad es cosa del espíritu. Aquella tierra estaba frente a ti, y tú inerme frente a ella. Su atracción era precisamente del orden necesario a tu naturaleza: todo en ella se conformaba a tu deseo. Un instinto de fusión con ella, de absorción en ella, urgían tu ser, tanto más cuanto que la precaria vislumbre sólo te era concedida por un momento. Y ¿cómo subsistir y hacer subsistir al cuerpo con memorias inmateriales? En un abrazo sentiste tu ser fundirse con aquella tierra; a través de un terso cuerpo oscuro, oscuro como penumbra, terso como fruto, alcanzaste la unión con aquella tierra que lo había creado. Y podrás olvidarlo todo, todo menos ese contacto de la mano sobre un cuerpo, memoria donde parece latir, secreto y profundo, el pulso mismo de la vida.
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La posesión
El cuerpo no quiere deshacerse sin antes haberse consumado. Y ¿cómo se consuma el cuerpo? La inteligencia no sabe decírselo, aunque sea ella quien más claramente conciba esa ambición del cuerpo, que éste sólo vislumbra. El cuerpo no sabe sino que está aislado, terriblemente aislado, mientras que frente a él, unida, entera, la creación está llamándole. Sus formas, percibidas por el cuerpo a través de los sentidos, con la atracción honda que suscitan (colores, sonidos, olores), despiertan en el cuerpo un instinto de que también él es parte de ese admirable mundo sensual, pero que está desunido y fuera de él, no en él. ¡Entrar en ese mundo, del cual es parte aislada, fundirse con él! Mas para fundirse con el mundo no tiene el cuerpo los medios del espíritu, que puede poseerlo todo sin poseerlo o como si no lo poseyera. El cuerpo únicamente puede poseer las cosas, y eso sólo un momento, por el contacto de ellas. Así, al dejar éstas su huella sobre él, conoce el cuerpo las cosas. No se lo reprochemos: el cuerpo, siendo lo que es, tiene que hacer lo que hace, tiene que querer lo que quiere. ¿Vencerlo? ¿Dominarlo? Cuán pronto se dice eso. El cuerpo advierte que sólo somos él por un tiempo, y que también él tiene que realizarse a su manera, para lo cual necesita nuestra ayuda. Pobre cuerpo, inocente animal tan calumniado; tratar de bestiales sus impulsos, cuando la bestialidad es cosa del espíritu. Aquella tierra estaba frente a ti, y tú inerme frente a ella. Su atracción era precisamente del orden necesario a tu naturaleza: todo en ella se conformaba a tu deseo. Un instinto de fusión con ella, de absorción en ella, urgían tu ser, tanto más cuanto que la precaria vislumbre sólo te era concedida por un momento. Y ¿cómo subsistir y hacer subsistir al cuerpo con memorias inmateriales? En un abrazo sentiste tu ser fundirse con aquella tierra; a través de un terso cuerpo oscuro, oscuro como penumbra, terso como fruto, alcanzaste la unión con aquella tierra que lo había creado. Y podrás olvidarlo todo, todo menos ese contacto de la mano sobre un cuerpo, memoria donde parece latir, secreto y profundo, el pulso mismo de la vida.
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Oi! Listen! Whatchu hear? Silence? There ain’t no silence in the world: You hear sounds! They are in every little thang you see, The do exist in every thang you touch. Ya hope to feel ‘em through? Do not expect that much... 24.11.2001
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Jan 28, 2013
Jan 28, 2013 at 5:52 PM UTC
Los Sonidos
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Memorias del circo
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Tengo olor de tierra. Tengo sabor de café y miel en la lengua, Tengo un saxofón, un acordeón y un par de teclas que caminan. Que se mueven despacio, que también saben violentarse, jadeándose entre pasos al ritmo de un guaguancó. Se liberan al ritmo de un son cubano, Se rompen la espalda en una quebradita, pues soy chaparrita. Un Merengue suavecito de mi adorada Quisqueya. Mi patria bella, con sus mulatas, y azúcar en la cintura. Llevo a Puerto Rico en una Salsa o una Bomba y Plena que espante la monotonía, y en una Cumbia Colombiana, me conecto a todos mis paisas. Llevo un gaucho argentino con un Mate, un Gardel y un buen Tango en el corazoncito. Entre doble pasos va saliendo mi espíritu gitano. Voy moviendo el piso al sonido de un Flamenco. y si llegan a sentir una Zamba se transportan mis pies a Brasil y bailo y hablo en portugués. No, yo no tengo patria, llevo la música en el alma. No, yo no soy bailarina. Si, voy viajado el mundo en sonidos de artistas con sueños. Yo soy negra y a puro orgullo, fluye por mi cuerpo el sonido del pueblo, Los tambores de África percutan por mis pies. Yo soy del sonido que alegre mis pies. Yo soy del país que me acoja en su ritmo. Yo soy del mundo, Yo soy música. Yo soy los pies que bailan por la paz, por la justicia, por la igualdad. Yo soy música y no más! LeydisProse 6/9/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 9, 2017
Jun 9, 2017 at 2:10 PM UTC
LLEVO LA MUSICA EN LOS PIES
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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Los viejos
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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la primera vez que te vi el tiempo se detuvo nuestras miradas lo único visible sólo por un momento como un rayo de luz aislado del mundo sólo tú y yo encontrándonos en otra dimensión en la que vimos la luz como una estrella fugaz fuerte, brillante olvidamos nuestro entorno sólo para sentir esta otra realidad lleno de gotas ven, ven lluvia de energía positiva toma mi mano y caminamos a través todos los sonidos todos los pensamientos apagado sólo tus ojos tan irreal sólo por un momento como un buceo en el mar y supe esto continuará
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Aug 1, 2018
Aug 1, 2018 at 5:48 PM UTC
El lugar de nuestros ojos
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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Xiv
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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¿Cómo te imaginaria Bajo un cielo sin estrellas? ¿Cómo te imaginaria Bajo un mar sin sol? ¿Cómo te imaginaria En una vida Sin ti? ¿Cómo imaginaria Los colores Del mundo Sin tus ojos? ¿Cómo imaginaria Todos los sonidos De la naturaleza Sin tu riza? ¿Cómo imaginar Como construir Una semblanza de cordura Si no antes perder mi mente Al no encontrarte en esta realidad? Que no haría Por no tener que imaginar… APAD13 – 076 © okpoet
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Mar 19, 2013
Mar 19, 2013 at 4:04 PM UTC
Realidad...
Como el niño jugando con desechos del hombre, un harapo brillante, papel coloreado o pedazo de vidrio, a los que su imaginación da vida mágica, y goza y canta y sueña a lo largo del día que las horas no miden, así con tus recuerdos. No son como las cosas de que cerciora el tacto, que contempla los ojos; de cuerpo más aéreo que un aroma, un sonido, sólo tienen la forma prestada por tu mente, existiendo invisibles para el mundo aun cuando el mundo para ti lo integran. Vivir contigo quieres vida menos ajena que esta otra, donde placer y pena no sean accidentes encontrados, sino faces del alma que refleja el destino con la fidelidad trasmutadora de la imagen brotando en aguas quietas. Esperan tus recuerdos el sosiego exterior de los sentidos para llamarte o para ser llamados, como esperan las cuerdas en vihuela la mano de su dueño, la caricia diestra, que evoca los sonidos diáfanos, haciendo dulcemente de su poder latente, temblor, canto. Vuelto hacia ti prosigues el divagar enamorado de lo que fue tal como ser debiera, y así la vida pasas, morador de entresueños, por esas galerías donde a la luz más bella hace la sombra y donde a la memoria más pura hace el olvido. Si morir fuera esto, un recordar tranquilo de la vida, un contemplar sereno de las cosas, cuán dichosa la muerte, rescatando el pasado para soñarlo a solas cuando libre, para pensarlo tal presente eterno, como si un pensamiento valiese más que el mundo.
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El retraído
No me busques entre los vivos. No me busques en lo que vibra. No me busques en los jardines…. ya es infértil mi tierra. No me busques entre los vivos, ni en el cielo azul, ni en la luz de un niño, ni en la sonrisa de un anciano, ni en la esperanza de un santo, ni en la ardor de amantes, ni en la lluvia campante, ni en la sequía del otoño, ni en la carencia del rico, ni en la riqueza del pobre. Búscame entre los muertos. Entre el crepúsculo del sol….. cuando la noche es ama y reina. Búscame en el cementerio de los desilusionados, en el dolor de los huesos, en el polvo del cremado, en el silencio de la luna, en la neblina celada, en el infecundo otoño, en el frio verano, en la hoja quemada, en el invierno infernal, y en el infierno de los que no son correspondidos. No me busques entre los vivos. No me busques entre sonidos, ni en eufonías harmónicas, ni en la risa perseverante de la juventud, ni en la pluma del poeta, ni en la voz de una dulce doncella. Búscame allí donde me dejaste. Búscame en ese estancado instante. Búscame en lo inmoble, lo innombrable. En el tiempo detenido. En el puerto del tiempo. En el tiempo de los muertos. En el muelle de las almas dolidas; las que penan por un amor traicionado, por un amor abandonado, por un amor sin amor por los amores de mentiras. No me busques entre los vivos, búscame si recuerdas que anide en tu nido. No me busques entre los vivos… ¡no recuerdas que me mataste, cuando decidiste marcharte! No me busques entre los vivos... No soy Jesucristo.....¡no creo que resucite! LeydisProse 7/7/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 8, 2017
Jul 8, 2017 at 9:08 AM UTC
No Me Busques entre los Vivos (morí, cuando te marchaste)
No me busques entre los vivos. No me busques en lo que vibra. No me busques en los jardines…. ya es infértil mi tierra. No me busques entre los vivos, ni en el cielo azul, ni en la luz de un niño, ni en la sonrisa de un anciano, ni en la esperanza de un santo, ni en la ardor de amantes, ni en la lluvia campante, ni en la sequía del otoño, ni en la carencia del rico, ni en la riqueza del pobre. Búscame entre los muertos. Entre el crepúsculo del sol….. cuando la noche es ama y reina. Búscame en el cementerio de los desilusionados, en el dolor de los huesos, en el polvo del cremado, en el silencio de la luna, en la neblina celada, en el infecundo otoño, en el frio verano, en la hoja quemada, en el invierno infernal, y en el infierno de los que no son correspondidos. No me busques entre los vivos. No me busques entre sonidos, ni en eufonías harmónicas, ni en la risa perseverante de la juventud, ni en la pluma del poeta, ni en la voz de una dulce doncella. Búscame allí donde me dejaste. Búscame en ese estancado instante. Búscame en lo inmoble, lo innombrable. En el tiempo detenido. En el puerto del tiempo. En el tiempo de los muertos. En el muelle de las almas dolidas; las que penan por un amor traicionado, por un amor abandonado, por un amor sin amor por los amores de mentiras. No me busques entre los vivos, búscame si recuerdas que anide en tu nido. No me busques entre los vivos… ¡no recuerdas que me mataste, cuando decidiste marcharte! No me busques entre los vivos... No soy Jesucristo.....¡no creo que resucite! LeydisProse 7/7/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Con luto en la mirada, Llevo luto en la mirada, llevo pesadez en el alma, llevo la tristeza en los labios, y la sonrisa trastornada. Si me veo mejor así.. porque desde que te perdí.. el ***** es el único color que me acerca a ti. Así, vestida con la negrura de la noche en la pesadumbre del día sin ti, enterrando día tras día las ilusiones que cobije en ti. Llevo el luto por fuera y por dentro, el sonido de un amor truncado vencido y malogrado, son los únicos sonidos que me alientan hoy a mi. Llevo luto en la mirada, y, en el cementerio de los olvidados me resignaré a vivir! LeydisProse 11/14/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 15, 2017
Nov 15, 2017 at 6:27 AM UTC
Con luto en la mirada
Si el tiempo no tiene espacio, si es solamente una ilusión, quisiera transportarme por un momento, a ese lapso donde era dueña de tu corazón. // No en sueños, necesito esa transcendencia, sentir mi alma dejar esta inmunda existencia transportarme nuevamente a vivir ese momento de nuevo contigo. // Si es cierto, entonces, que el tiempo es una fantasía quiero ser la invitada de honor, sentarme en el sofá del futuro, y deleitarme en la paz que de tu mirar, en ese pasado donde yo era tu único presente. // Quiero recelosamente rememorar, ¡como era que comenzaba ese beso! ¿qué sonidos salían de tu esencia cuando magnéticamente nuestros labios se incrustaban? // Si, necesito evocar ese beso que se sentía a verso inmerso en letras y en sinfonías que ungían mi piel baldía donde mi alma era tan tuya y tus labios tan míos. // Ese verso que era tu beso, que versaba con mi alma que desalmaba mi rigidez, que desplomaba mi timidez, que me ensalmaba, protegiéndome de yermar en espacios con tiempo. // Quiero que el negativo de ese momento quede impregnado en ese espacio donde mi alma viaja sin boleto. // Si el tiempo es una ilusión.., quisiera conquistarlo y permanecer allí como única ciudadana en ese país que es tu piel, y nuevamente encontrar mi soberanía en el sabor mágico de tus ojos café. LeydisProse 10/5/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Oct 5, 2017
Oct 5, 2017 at 4:00 PM UTC
Versando entre besos
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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Cuerpo presente
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados, La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises hacia las olas levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso. Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales. Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen donde está la salida para este capitán atado por la muerte. Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros. Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado. No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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La niña de madera no llegó caminando: allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos, viejas flores del mar cubrían su cabeza, su mirada tenía tristeza de raíces. Allí quedó mirando nuestras vidas abiertas, el ir y ser y andar y volver por la tierra, el día destiñendo sus pétalos graduales. Vigilaba sin vernos la niña de madera. La niña coronada por las antiguas olas, allí miraba con sus ojos derrotados: sabía que vivimos en una red remota de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia, sin saber si existimos o si somos su sueño. Ésta es la historia de la muchacha de madera.
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Soneto lxviii
Se asomó a aquellas aguas de piedra. Se vio inmovilizado, hecho piedra. Se vio rodeado de aquellos que fueron carne suya, que ya eran piedra yerta. Fue como si las horas, ya piedra, aún recordaran un estremecimiento.   La piedra no sonaba. Nunca más sonaría. No podía siquiera recordar los sonidos, acariciar, guardar, consolar...   Se asomó al borde mudo de aquel mundo de piedra. Movió sus manos y gritó de espanto. Y aquel sueño de piedra no palpitó. La voz no resonó en aquel relámpago de piedra. Fue imposible acercarse a la espuma de piedra, a los cuerpos de piedra helada. Fue imposible darles calor y amor.   Reflejado en la piedra rozó con sus pestañas aquellos otros cuerpos. Con sus pestañas, lo único vivo entre tanta muerte, rozó el mundo de piedra. El prodigio debía realizarse. La vida estallaría ahora, libertaría seres, aguas, nubes, de piedra.   Esperó, como un árbol su primavera, como un corazón su amor.   Allí sigue esperando.
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Mundo de piedra
He visto ayer sonidos generales,                   mortuoriamente,                   puntualmente alejarse, cuando oí desprenderse del ocaso                   tristemente, exactamente un arco, un arcoíris. Vi el tiempo generoso del minuto,                   infinitamente atado locamente al tiempo grande, pues que estaba la hora                   suavemente, premiosamente henchida de dos horas. Dejóse comprender, llamar, la tierra                   terrenalmente; negóse brutalmente, así a mi historia, y si vi, que me escuchen, pues, en bloque, si toqué esta mecánica, que vean                   lentamente, despacio, vorazmente, mis tinieblas. Y si vi en la lesión de la respuesta,                   claramente, la lesión mentalmente de la incógnita, si escuché, si pensé en mis ventanillas nasales, funerales, temporales,                   fraternalmente, piadosamente echadme a los filósofos. Mas no más inflexión precipitada en canto llano, y no más el hueso colorado, el son del alma                   tristemente erguida ecuestremente en mi espinazo, ya que, en suma, la vida es                   implacablemente, imparcialmente horrible, estoy seguro.
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Panteon
la fricción entre las uñas y la pared el frío al sentarme en la silla las noches cortas de verano sonidos agudos pérdida de conciencia estornudos frustrados ausencia
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Dec 14, 2018
Dec 14, 2018 at 11:46 AM UTC
lista de incomodidades
Me miras con perfidia pretendiendo domar mi recinto. Presumes tu sabiduría sin saber que yo soy, ¡guía audaz! Que llevo más de diez vidas perfeccionando mis gritos, cuyo sonidos te llevaran al olimpo de los seres invictos. Gimos con algoritmos que descifran los calóricos revoltillos de una mente esculpida que sabe sumergirse; en insondable pozos, complacerte, hasta que logres tu propósito, hasta que digas ¡eureka! la novena maravilla, la he encontrado, en tu llanto pasional. Me miras y pretendes amedrentarme, pretendes que huya de mi desnudez y yo sencillamente, te reto a que te atiborres de mi ser.., a que te pierdas en mi querer; que no te avergüences de mi placer y que escuches en mis suspiros los quejidos de mi erotismo. Me miras como quien pretende impresionar y yo con la mirada fija.., te reto a que descubras mi castidad; Que te enganches de mi honduras, que te aferres a mi cintura, que te enamores de mi sabrosura, que te deshagas de tu cordura y respondas al clamo de mis deseos que te hacen un llamado visceral. Que apruebes conmigo los sabores del tiempo, con feroces besos, que van componiendo la canción perfecta, hasta que lleguemos a nuestro destino pasional. Te dije alguna vez y te lo diré otra vez, “Yo no gimo, yo gruñó como loba, maulló como perra” brinco hasta afincarme en tus cinco sentidos, y logres entender, que tú serás un lobo maldito, pero, a mi amor !no lo puedes someter!
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May 25, 2018
May 25, 2018 at 1:03 PM UTC
GRITOS