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"solitarios" poems
Desde ahora, como una partida verificada lejos, en funerales estaciones de humo o solitarios malecones, desde ahora lo veo precipitándose en su muerte, y detrás de él siento cerrarse los días del tiempo. Desde ahora, bruscamente, siento que parte, precipitándose en las aguas, en ciertas aguas, en cierto océano, y luego, al golpe suyo, gotas se levantan, y un ruido, un determinado, sordo ruido siento producirse, un golpe de agua azotada por su peso, y de alguna parte, de alguna parte siento que saltan y salpican estas aguas, sobre mí salpican estas aguas, y viven como ácidos. Su costumbre de sueños y desmedidas noches, su alma desobediente, su preparada palidez, duermen con él por último, y él duerme, porque al mar de los muertos su pasión desplómase, violentamente hundiéndose, fríamente asociándose.
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Ausencia de joaquín
Tengo miedo a las alturas, a la noche oscura y al abandono. Tengo 21 años y todavía creo en monstruos debajo de mi cama, quiero y no puedo cambiar patrones de mi vida que me hacen daño. Me desvelo, no me hidrato, como mucho y fumo cada tanto, lloro porque si y por si acaso. Te busco en rostros extraños y solitarios, en la escencia de los cactus, en aquella canción que una vez bailamos. Todo parece congelado desde la soledad de mi cuarto.
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Aug 19, 2018
Aug 19, 2018 at 5:02 PM UTC
Miedos y malos habitos
Los fantasmas iluminados de las casas que son museos se han despertado. El viento huele a lluvia cálida, las escaleras mueren en la más completa oscuridad, ¿cómo una casa se convierte en museo? preguntamos, resguardados en la dulce bruma del vino, no rojo, sino exótico púrpura de tierras lejanas. ¿Cómo las casas se hacen museos, entonces? Ilustres sombras se pasean a nuestro alrededor. No tienen nombres ni rostros. No hay cadenas, ni ruidos, ni matices. Sabemos que están ahí porque tocamos la piedra (tibia, tibia, nunca muy fría) e inferimos su presencia. Son ellos edificios ahora. Son techos y puertas y columnas. Ideas primigenias de resguardo contra la vida. Con o sin caballerizas. La casa es museo. El museo antes fue una casa. Sea como sea, los gatos se escabullen entre los barrotes de las verjas. Tranquilos, casi elegantes, con los ojos fijos en destinos que nadie puede adivinar, porque ¿qué piensan los gatos? ¿en la vida? ¿en la vida que es suya o qué es nuestra? ¿cuál es más vida, la suya o la nuestra? Delgados y amigos de la sombra, se escabullen. No temen a los muertos, a los vivos, a los carros o a la poesía. Ni a los tejados verdes muy altos, ni a las ventanas de cristal muy grueso. Somos, entonces, gatos que se escabullen (yo el gris, tú el ***** y la luciérnaga el pardo) y que crean mundos en las casas ahora museos. El vino en los labios, las manos en los bolsillos. Mundos instantáneos, como una mirada fugaz; mundos invisibles, como la idea de una casa o la idea de un museo. Casas, museos, jardines solitarios, funerarias, escaleras, túneles. La arquitectura de un mundo gatuno. El mundo, vasto edificio, visto desde los ojos temerarios de dos sombras, ágiles y acostumbradas a confundirse entre la muchedumbre, que se refugian en una esquina de una casa que es museo. Pero una Casa y un Hogar después de todo. Hogar de respiraciones agitadas, de luciérnagas intermitentes, de bocas que son más como estrellas que se dirigen a su inminente destrucción, que son más como olas que se estrellan contra las rocas. Manos y labios violentos. Cuerpos encima de un pedestal. Resguardados, protegidos, venerados. Pedazos de un todo que se han vuelto invaluables y sagrados. Gatos salvajes, creadores del arte más empíreo, más absoluto. Arte que será puesto a perpetuidad (y por fin encontramos la respuesta a nuestra pregunta) en el museo que antes era una casa.
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Jul 9, 2013
Jul 9, 2013 at 5:52 PM UTC
Arquitectura gatuna.
Los fantasmas iluminados de las casas que son museos se han despertado. El viento huele a lluvia cálida, las escaleras mueren en la más completa oscuridad, ¿cómo una casa se convierte en museo? preguntamos, resguardados en la dulce bruma del vino, no rojo, sino exótico púrpura de tierras lejanas. ¿Cómo las casas se hacen museos, entonces? Ilustres sombras se pasean a nuestro alrededor. No tienen nombres ni rostros. No hay cadenas, ni ruidos, ni matices. Sabemos que están ahí porque tocamos la piedra (tibia, tibia, nunca muy fría) e inferimos su presencia. Son ellos edificios ahora. Son techos y puertas y columnas. Ideas primigenias de resguardo contra la vida. Con o sin caballerizas. La casa es museo. El museo antes fue una casa. Sea como sea, los gatos se escabullen entre los barrotes de las verjas. Tranquilos, casi elegantes, con los ojos fijos en destinos que nadie puede adivinar, porque ¿qué piensan los gatos? ¿en la vida? ¿en la vida que es suya o qué es nuestra? ¿cuál es más vida, la suya o la nuestra? Delgados y amigos de la sombra, se escabullen. No temen a los muertos, a los vivos, a los carros o a la poesía. Ni a los tejados verdes muy altos, ni a las ventanas de cristal muy grueso. Somos, entonces, gatos que se escabullen (yo el gris, tú el ***** y la luciérnaga el pardo) y que crean mundos en las casas ahora museos. El vino en los labios, las manos en los bolsillos. Mundos instantáneos, como una mirada fugaz; mundos invisibles, como la idea de una casa o la idea de un museo. Casas, museos, jardines solitarios, funerarias, escaleras, túneles. La arquitectura de un mundo gatuno. El mundo, vasto edificio, visto desde los ojos temerarios de dos sombras, ágiles y acostumbradas a confundirse entre la muchedumbre, que se refugian en una esquina de una casa que es museo. Pero una Casa y un Hogar después de todo. Hogar de respiraciones agitadas, de luciérnagas intermitentes, de bocas que son más como estrellas que se dirigen a su inminente destrucción, que son más como olas que se estrellan contra las rocas. Manos y labios violentos. Cuerpos encima de un pedestal. Resguardados, protegidos, venerados. Pedazos de un todo que se han vuelto invaluables y sagrados. Gatos salvajes, creadores del arte más empíreo, más absoluto. Arte que será puesto a perpetuidad (y por fin encontramos la respuesta a nuestra pregunta) en el museo que antes era una casa.
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por algún motivo la noche me quiere matar déjame en paz oscuro y hiriente encuentra otro hijo malvada existencia según tu me amas que chiste mas cruel dicen los segundos solitarios que pasan entre nosotros cada vez mas largo y infiel a tu memoria te mando una de mis manos bésalo cariño y seca tus lagrimas entre los dedos devuélvame lo, da prisa haré bien con lo que tengo ahora la sal de tus ojos entre mis labios
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Apr 24, 2012
Apr 24, 2012 at 2:32 AM UTC
fíjo, con maleta bastante pesada
Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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La obra de jehová
Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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Este llano de muerte, esta tierra maldita, Este otero desnudo de costados resecos, Este páramo triste, donde el hombre que grita No encuentra un solo monte que devuelva sus ecos, Este desierto mudo, esta monotonía, Esta soledad ocre como una calavera, No nos deseperanza: sabemos todavía Que, después del estío, otoño nos espera. (¡Tener alas de pájaro. Dios mío, tener alas De pájaro!... ¡Volar hasta la mansedumbre Del mar!...¡Llegar a Ti por sus blancas escalas A quemarnos los ojos con tu divina lumbre!) Sabemos que defiendes con tu dorado escudo los trópicos dorados, los solitarios polos. Míranos, desterrados, sobre el suelo desnudo. ¡Señor, Señor, por qué nos has dejado solos!
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Llanura
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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"Libremente los besos desde los labios caen en el mar indomable como perlas inútiles" -de "Un río, un amor" por Luis Cernuda. Libremente desde mis labios caigo en el mar indómito cual ****** piedra. Ahogo mi amor en penas que pesan mi cuerpo y me hunden. Mi amor se pierde en la inmensidad del océano. Besos caídos, abrazos solitarios, caricias al viento. Tanto amor tenía por darte, a ti, a todos mas ahora se pierde en el abismo donde mi cuerpo perece. // "Freely from my lips the kisses fall in the unteamable sea like useless pearls" -from "One river, one love" by Luis Cernuda. Freely from my lips I fall into the untamed sea like ****** stones. I drown my love in pitties which weight my body and sink me. My love is lost in the inmensity of the ocean. Fallen kisses, lonely hugs, caresses to the wind. So much love I had to give,to you, to everyone but now it is lost in the abyss where my body perishes.
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Jul 20, 2018
Jul 20, 2018 at 7:28 AM UTC
Sombras pálidas // Pale shadows
Compañero remoto en tu fe de madera alerta en la querella que no se desvanece transcurres por los sueños y el incierto futuro sin parpadear ni vernos / custodio de la noche hacedores de inviernos y socorros mendigos legatarios de brumas y expiaciones se borran y te borran del próximo presagio dictándote el olvido y olvidándote de poco y nada sirven los residuos de las dulzuras o de las borrascas pero aun si proteges tu dolor bajo llave igual han de llegarte mi alarma y mi consuelo compañero de olvido / en el olvido estamos recordándonos sabiéndonos solidarios sin nombre / solitarios de a uno o en montón pero insepultos compañero de olvido / no te olvido tus tormentos asoman en mis sienes blancuzcas el mundo cambia pero no mi mano ni aunque dios nos olvide / olvidaremos
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Compañero de olvido
Aprendi a ser valiente, Mirandome en tus ojos. Encontrandote, en tu bosque de sueños. Aprendi a tocarte, mirandote lejano, como en el fondo del mar. Aprendi esa noche, Esa unica noche, Que te desnudaron mis manos, Con tus manos suaves. Aprendi a encontrarte Cuando estas y no estas, Cuando somos solitarios, Y me olvidas, Y regresas. Con amor o sin el, Porque no hay fin, Nunca lo habra.
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Sep 29, 2015
Sep 29, 2015 at 2:09 AM UTC
I learned from You.
I was lost in the grief to be struck by the unforgiving belief, i mask my melancholy in all things bogus while trying to remain in focus, the danger of my soul is near i must not give in to the fear, it will only linger, now promises lay hindered shaping an unwanted denial. wish the pain would just let me go the sadness just keeps trying to grow forsaken to live a path, one where i'm so lonely. How does it feel to be far from comfort endurance falling short so am i done for, i migrate somewhere to sit and think, all thats confusing twirls me as i sink deeper into more sorrow, will i still be bleeding tomorrow. I wish the pain would just let me go the sadness just keeps trying to grow forsaken to live a path, one where i'm living so lonely! The journey is solitarious....
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Apr 23, 2015
Apr 23, 2015 at 7:27 PM UTC
Solitarios
Ya desde Singapur olía a opio. El buen inglés sabía lo que hacía. En Ginebra tronaba contra los mercaderes clandestinos y en las Colonias cada puerto echaba un tufo de humo autorizado con numero oficia! y licencia jugosa. El gentleman oficial de Londres vestido de impecable ruiseñor (con pantalón rayado y almidón de armadura) trinaba contra el vendedor de sombras, pero aquí en el Oriente se desenmascaraba y vendía el letargo en cada esquina. Quise saber. Entré. Cada tarima tenía su yacente, nadie hablaba, nadie reía, creí que fumaban en silencio, Pero chasqueaba junto a mí la pipa al cruzarse la llama con la aguja y en esa aspiración de la tibieza con el humo lechoso entraba al hombre una estática dicha, alguna puerta lejos se abría hacia un vacío suculento: era el opio la flor de la pereza, el goce inmóvil, la pura actividad sin movimiento. Todo era puro o parecía puro, todo en aceite y gozne resbalaba hasta llegar a ser sólo existencia, no ardía nada, ni lloraba nadie, no había espacio para los tormentos y no había carbón para la cólera. Miré: pobres caídos, peones, coolies de ricksha o plantación, desmedrados trotantes, perros de calle, pobres maltratados. Aquí, después de heridos, después de ser no seres sino pies, después de no ser hombres sino brutos de carga, después de andar y andar y sudar y sudar y sudar sangre y ya no tener alma, aquí estaban ahora, solitarios, tendidos, los yacentes por fin, los pata dura: cada uno con hambre había comprado un oscuro derecho a la delicia, y bajo la corola del letargo, sueño o mentira, dicha o muerte, estaban por fin en el reposo que busca toda vida, respetados, por fin, en una estrella.
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El opio en el este
Ya desde Singapur olía a opio. El buen inglés sabía lo que hacía. En Ginebra tronaba contra los mercaderes clandestinos y en las Colonias cada puerto echaba un tufo de humo autorizado con numero oficia! y licencia jugosa. El gentleman oficial de Londres vestido de impecable ruiseñor (con pantalón rayado y almidón de armadura) trinaba contra el vendedor de sombras, pero aquí en el Oriente se desenmascaraba y vendía el letargo en cada esquina. Quise saber. Entré. Cada tarima tenía su yacente, nadie hablaba, nadie reía, creí que fumaban en silencio, Pero chasqueaba junto a mí la pipa al cruzarse la llama con la aguja y en esa aspiración de la tibieza con el humo lechoso entraba al hombre una estática dicha, alguna puerta lejos se abría hacia un vacío suculento: era el opio la flor de la pereza, el goce inmóvil, la pura actividad sin movimiento. Todo era puro o parecía puro, todo en aceite y gozne resbalaba hasta llegar a ser sólo existencia, no ardía nada, ni lloraba nadie, no había espacio para los tormentos y no había carbón para la cólera. Miré: pobres caídos, peones, coolies de ricksha o plantación, desmedrados trotantes, perros de calle, pobres maltratados. Aquí, después de heridos, después de ser no seres sino pies, después de no ser hombres sino brutos de carga, después de andar y andar y sudar y sudar y sudar sangre y ya no tener alma, aquí estaban ahora, solitarios, tendidos, los yacentes por fin, los pata dura: cada uno con hambre había comprado un oscuro derecho a la delicia, y bajo la corola del letargo, sueño o mentira, dicha o muerte, estaban por fin en el reposo que busca toda vida, respetados, por fin, en una estrella.
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You said falling felt like dreaming We speak of holding with teeth A warmth forms inside your chest This death Is the last time Frailty Unmatched in depth Your eyes swell with heat
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Aug 26, 2016
Aug 26, 2016 at 12:32 AM UTC
Titus Solitarios
lonesome eyes lock amidst the herbal steam in a zen cafe twirling ruby noodles with cheesy jokes and promising smiles lethargic lips draw near under a shower of new beginnings a medley of possessions occupy the forgotten panels of a rustic home her chiffon pearl gown glides across a narrow alley of blush rose pedals his laborious hands cradle their infant: one salty bead crawls down his bristly cheek unknown illness defeats her fragile heart: thirty-seven years young enticing trigger releases in his despondent grip forever eternally: the man and the woman siempre eternamente: el hombre y la mujer comunicados de gatillo sugerentes en su agarre abatido enfermedad desconocida derrota a su frágil corazón: treinta y siete años de joven sus manos laboriosas cuna su bebé: una perla salada se arrastra por sus mejilla hirsuta su vestido de la gasa de la perla desliza a través de un estrecho callejón de rubor rosa pedales un popurrí de las posesiones ocupan los paneles olvidados de una casa rústica letárgicos labios se acercan bajo una lluvia de nuevos comienzos haciendo girar los fideos rubí con sirve bromas y sonrisas prometedoras ojos solitarios en medio del bloqueo de vapor de hierbas en un café zen
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Dec 13, 2016
Dec 13, 2016 at 4:00 PM UTC
// the man y la mujer //
Celoso estoy, celoso. Para el campo te has ido, y solo estoy ahora, muy solo, y aburrido. Sé que parientes tuyos te están acompañando, ¡Y cuán desagradables siempre me han parecido! Mas me siento celoso, muy celoso, pensando Que te encuentras muy lejos, precisamente cuando La primavera, hermosa como nunca, ha venido. Todo este azul -conozco cómo son las mujeres- Te obligará -lo niegas-? a olvidar que me quieres, Y yo aquí, mientras tanto, pienso en ti cada instante, Y nervioso, sin calma, A todas horas siento como deshecha el alma, Que solloza de tedio, pero en su amor, constante; Y como por ti sólo mi corazón alienta, Ve tu adorada imagen siempre de mí delante... ¡Mientras que tú en el campo vivirás muy contenta! Y yo, siempre celoso... Aquí en París el tiempo muy suave está y hermoso y adorable. Y rabiando, viéndome solo, vivo: y estas líneas te escribo, A ti, que ves tus días sin afán ni congojas Allá donde hay rumores de fuentes y de hojas. Llevarás gran sombrero de paja, con glicinas, Que pondrá en tus mejillas, el sol trasparentando, Vivos ruedos cambiantes en horas matutinas; y mientras pasa el tiempo más me irás olvidando, y mientras más me olvidas... ¡yo más en ti pensando! Bella estarás, dichosa. ¡Cómo la primavera verás en torno hermosa! Yo de cólera lloro... Todo un mes ha llovido; Y de mí te alejaron cuando más necesaria me eras tú, cual consuelo de mi ánimo abatido En la vida que llevo... ¡vida tan solitaria! Jamás te había amado como en este momento; ¡y cómo me exaspera este aire suave y tibio, soplo de primavera, Que con vagos aromas va entrando a mi aposento! ¿Te dije que te amaba?.. ya amor por ti no siento, y como sufro mucho, sábelo bien, quisiera que esta amargura mía tu corazón sufriera. Comprendo que mal hago, que esto es mal pensamiento, pero, dime, ¿qué quieres en mi vida de llanto, si tanta falta me haces... y si te quiero tanto?... Quisiera que me echaras de menos, hasta el punto que este abril detestaras, y hasta quisiera, en medio de mis penas sombrías y mi horrible tristeza, Que en estos solitarios e interminables días Te estuvieras quejando de dolor de cabeza.
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Celos
Celoso estoy, celoso. Para el campo te has ido, y solo estoy ahora, muy solo, y aburrido. Sé que parientes tuyos te están acompañando, ¡Y cuán desagradables siempre me han parecido! Mas me siento celoso, muy celoso, pensando Que te encuentras muy lejos, precisamente cuando La primavera, hermosa como nunca, ha venido. Todo este azul -conozco cómo son las mujeres- Te obligará -lo niegas-? a olvidar que me quieres, Y yo aquí, mientras tanto, pienso en ti cada instante, Y nervioso, sin calma, A todas horas siento como deshecha el alma, Que solloza de tedio, pero en su amor, constante; Y como por ti sólo mi corazón alienta, Ve tu adorada imagen siempre de mí delante... ¡Mientras que tú en el campo vivirás muy contenta! Y yo, siempre celoso... Aquí en París el tiempo muy suave está y hermoso y adorable. Y rabiando, viéndome solo, vivo: y estas líneas te escribo, A ti, que ves tus días sin afán ni congojas Allá donde hay rumores de fuentes y de hojas. Llevarás gran sombrero de paja, con glicinas, Que pondrá en tus mejillas, el sol trasparentando, Vivos ruedos cambiantes en horas matutinas; y mientras pasa el tiempo más me irás olvidando, y mientras más me olvidas... ¡yo más en ti pensando! Bella estarás, dichosa. ¡Cómo la primavera verás en torno hermosa! Yo de cólera lloro... Todo un mes ha llovido; Y de mí te alejaron cuando más necesaria me eras tú, cual consuelo de mi ánimo abatido En la vida que llevo... ¡vida tan solitaria! Jamás te había amado como en este momento; ¡y cómo me exaspera este aire suave y tibio, soplo de primavera, Que con vagos aromas va entrando a mi aposento! ¿Te dije que te amaba?.. ya amor por ti no siento, y como sufro mucho, sábelo bien, quisiera que esta amargura mía tu corazón sufriera. Comprendo que mal hago, que esto es mal pensamiento, pero, dime, ¿qué quieres en mi vida de llanto, si tanta falta me haces... y si te quiero tanto?... Quisiera que me echaras de menos, hasta el punto que este abril detestaras, y hasta quisiera, en medio de mis penas sombrías y mi horrible tristeza, Que en estos solitarios e interminables días Te estuvieras quejando de dolor de cabeza.
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En filas ordenadas regresamos y cada noche, cada noche, mientras hacemos el camino, el breve infierno de la espera y el espectro que vierte en el oído: "¿No tienes sangre ya? ¿por qué te mientes? Mira los pájaros… El mundo tiene playas todavía y un barco allá te espera, siempre." Y las piernas caminan y una roja marea inunda playas de ceniza. "Es hermosa la sangre cuando salta de ciertos cuellos blancos. Báñate en esa sangre: el crimen hace dioses." Y el hombre aprieta el paso y ve la hora: aún es tiempo de alcanzar el tranvía. "Allá, del otro lado, yacen las islas prometidas. Danzan los árboles de música vestidos, se mecen las naranjas en las ramas y las granadas abren sus entrañas y se desgranan en la yerba, rojas estrellas en un cielo verde, para la aurora de amarilla cresta…" Y los labios sonríen y saludan a otros condenados solitarios: ¿Leyó usted los periódicos? "¿No dijo que era el Pan y que era el Vino? ¿No dijo que era el Agua? Cuerpos dorados como el pan dorado y el vino de labios morados y el agua, desnudez…" Y el hombre aprieta el paso y al tiempo justo de llegar a tiempo doblan la esquina, puntuales, Dios y el tranvía.
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Seven p.m.
es enorme la tristeza que un hombre una mujer pueden hacerse entre sí como enormes son esos dos pajaritos parados en la rama picoteándose y enorme es el mismo árbol con lluvias bajo el sol que se le ven en la cara ¿lloverá? ¿no lloverá? ¿cantarán los pajaritos esos mismos? ¿seguirá la enorme tristeza mandando creciendo como un lago o mar entre un hombre y una mujer? ¿volará la tristeza entre árbol y árbol? ¿como pasos solitarios en una habitación? ¿como madréporas por aire? ¿como tablones como puentes pero desolados desamados? una ramita ha caído en el lago y navega es enorme la tristeza que un hombre y una mujer pueden hacerse entre sí como enorme es la navegación de la ramita en el lago mojada de su propio coraje
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Corajes
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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Los dos carreteros
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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En mi cielo al crepúsculo eres como una nube y tu color y forma son como yo los quiero. Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, y viven en tu vida mis infinitos sueños. La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, el agrio vino mío es más dulce en tus labios: oh segadora de mi canción de atardecer, cómo te sienten mía mis sueños solitarios! Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna. En la red de mi música estás presa, amor mío, y mis redes de música son anchas como el cielo. Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
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Poema 16
Una noche psicodélica, las paredes sangraban tu nombre, las sábanas lloraban. Si pudiera comprar palabras usaría el dinero de los cigarros para comprar tu nombre, pegarlo de la ventana y ver como se lo lleva la lluvia. Y esta noche, he llorado versos solitarios aunque poco a poco metí tu recuerdo bajo el felpudo. Para no pensarte
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Dec 4, 2017
Dec 4, 2017 at 10:26 PM UTC
Victoria
Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Balcones de piedra y de hierro. Tejados de teja dorada. Vencejos de la primavera por el aire de la mañana... Qué sosiego volver, hablarte, abrazarte con mis miradas, besarte la boca de tiempo donde el polvo seca la lágrima. Qué descanso poner mi oído sobre tu madera encantada, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, recordar, preguntar, soñar ahora que nada importa nada... (Borro los pájaros. Enciendo un cáliz de oro ante una acacia Y, de pronto, un rumor lejano, como de mar que se desata, órgano de oro que libera sus ruiseñores y sus aguas, viento del sur que pulsa y sopla espigas y juncos y cañas... Ya los balcones solitarios se han poblado de hombres que cantan, de hombres que sueñan y se yerguen en el umbral de la mañana. Las flores doblan su carmín allá en las praderas lejanas. Las piedras sacuden el yugo de los siglos que las encantan. Todo resurge, clama, vive, mueve sus pies, pezuñas, alas, arde en la hoguera del instante, hinche los mares y montañas, desborda el tiempo, como un pájaro que abre la puerta de su jaula. Y, vencido el tiempo, en las manos de Dios se duerme, que lo canta...) Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Abril, blandiendo por el cielo su acero pálido de espalda. Qué sosiego tocarte, verte, abrazarte con mis miradas, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, vagar sin fin y sin origen sobre tus piedras hechizadas... Andar sintiendo el alma muerta, Dios mío, ya sin esperanza
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Plaza sola
Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Balcones de piedra y de hierro. Tejados de teja dorada. Vencejos de la primavera por el aire de la mañana... Qué sosiego volver, hablarte, abrazarte con mis miradas, besarte la boca de tiempo donde el polvo seca la lágrima. Qué descanso poner mi oído sobre tu madera encantada, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, recordar, preguntar, soñar ahora que nada importa nada... (Borro los pájaros. Enciendo un cáliz de oro ante una acacia Y, de pronto, un rumor lejano, como de mar que se desata, órgano de oro que libera sus ruiseñores y sus aguas, viento del sur que pulsa y sopla espigas y juncos y cañas... Ya los balcones solitarios se han poblado de hombres que cantan, de hombres que sueñan y se yerguen en el umbral de la mañana. Las flores doblan su carmín allá en las praderas lejanas. Las piedras sacuden el yugo de los siglos que las encantan. Todo resurge, clama, vive, mueve sus pies, pezuñas, alas, arde en la hoguera del instante, hinche los mares y montañas, desborda el tiempo, como un pájaro que abre la puerta de su jaula. Y, vencido el tiempo, en las manos de Dios se duerme, que lo canta...) Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Abril, blandiendo por el cielo su acero pálido de espalda. Qué sosiego tocarte, verte, abrazarte con mis miradas, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, vagar sin fin y sin origen sobre tus piedras hechizadas... Andar sintiendo el alma muerta, Dios mío, ya sin esperanza
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Primero, ¡con qué fuerza las manos verdaderas! (La verja se ha cerrado. Se cruzan solitarios el corazón y el campo). ¡Con qué porfía luego, las manos del recuerdo!
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De belleza y de pena
Cuando el amor volvió, todo era rosa El rosal, en la huerta adormecida; Y en el patio las auras rumorosas Eran como canción de bienvenida. En la noche, de luna iluminada, Cuando el amor volvió, yo estaba triste; Y a tu reja llegué, la vi cerrada, Y dijo mi dolor: «¿Por qué volviste?» Tu ausencia fue de solitarios días, Y de noches sin sueño... vida trunca; Y triste, al preguntar si volverías, El corazón me respondía: «¡Nunca!» Volviste, y tu ventana está cerrada, Y sigue el corazón de angustia opreso; Y como adiós del alma atribulada Mi amor te deja, en una rosa, un beso.
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Cuando el amor volvió