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"silencios" poems
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:20 PM UTC
Siento tu ternura allegarse a mi tierra
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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Soy huellas que no secan en el vacío interminable de tu pecho como marca hecha en desiertos por el cadáver sediento de tu cuerpo Soy un jugador con sonrisa de plata que se burla a escondidas, y se cree ganador de todo lo perdido aceptando el trofeo en secreto sabiendo que ha hecho bien en romper silencios, cadenas, el alma, y ha hecho jirones la camisa de un amante, en busca del elixir divino Soy quien encontró ambrosía en labios rosas como almohadas celestiales que bajan a su encuentro entre noches perdidas, secretas, sedientas Soy quien ríe al último con honestidad y el alma limpia pues no tengo nada que perder ya que he dado todo y regresó en migajas en platos rotos y en realidades que no concuerdan con los sueños y no me arrepiento de nada la historia me absuelve como algún matón cubano dijo alguna vez en algún lugar pues todos los asesinos tienen su razón justificada.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 3:57 AM UTC
Plenitud secreta
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Silencio
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Fuimos momentos de alguna eternidad, fuimos silencios, historias sin contar, fui para ti un extraño, loco y soñador, para mí fuiste un camino, un bosque, una selva, un cielo… imperceptible para mis sentidos, impersonal para mi serenidad,  impronunciable para mi boca, irrenunciable para mi voluntad… has sido lo que no sabes ser, y la que siempre has sido; dulce como la miel, llena de ideas, silenciosa, impresionante, un paisaje, un poema, siempre un dilema. Confieso que me enamoró tu misterio, que quiero pretender que no lo sepas, que ideo mil conclusiones de las palabras que no dices, que hay mas en mi de ti, que de mí mismo; que soy lo quiero ser cuando te toco, que soy quien quieres que sea cuando me miras; que no soy nadie, que sólo soy dentro de ti, sin estar dentro de ti. Fuimos esa eternidad que termina pronto, ese pronto que no termina y que ni siquiera ha llegado. Fuimos lo que nadie ha sido, fuimos sin saberlo, solo dos extraños.
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Apr 20, 2014
Apr 20, 2014 at 4:17 PM UTC
Fuimos
"Manos crispadas me confinan al exilio. Ayúdame a no pedir ayuda." Cuervos negros me prohiben mi alegría. Ayúdame a no pedir ayuda. Armas siniestras, seres aciagos. Ayúdame a no pedir ayuda. Mi muerte se acerca, mi mano se acerca. Ayúdame a no pedir ayuda. Mi pálida reflexión me prohibe la vida. Ayúdame a no pedir ayuda. "Me quieren anochecer, me van a morir. Ayúdame a no pedir ayuda." -"Figuras y silencios" de Alejandra Pizarnik // "Contorted hands confine me to exile. Help me not to ask for help." Black ravens forbid me my happiness. Help me not to ask for help. Sinister weapons, fateful beings. Help me not to ask for help. My death gets closer, my hand gets closer. Help me not to ask for help. Mi pale reflection forbids me my life. Help me not to ask for help. "They want to night me, they are going to die me. Help me not to ask for help." -Extracting the stone of madness, by Alejandra Pizarnik
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Jun 17, 2018
Jun 17, 2018 at 2:46 PM UTC
Figuras y silencios y silencios // Figures and silences and silences.
En las viejas telarañas de la tristeza suelen caer las moscas de sartre pero nunca las avispas de aristófanes uno puede entristecerse por muchas razones y sinrazones y la mayoría de las veces sin motivo aparente sólo porque el corazón se achica un poco no por cobardía sino por piedad la tristeza puede hacerse presente con palabras claves o silencios porfiados de todas maneras va a llegar y hay que aprontarse a recibirla la tristeza sobreviene a veces ante el hambre millonaria del mundo o frente al pozo de alma de los desalmados el dolor por el dolor ajeno es una constancia de estar vivo después de todo / pese a todo hay una alegría extraña / desbloqueada en saber que aún podemos estar tristes
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Alegría de la tristeza
Dime que me quieres, dime que de ganas mueres, por besarme hasta al alba, de arroparme la duda, entre versos y besos. Besos en noches de locura, versos que besan la luna, que rompen silencios, que rompen cordura. Dime que mi piel sin duda, es el mejor poema que has leído. Que no quieres inventarme letras, sino besos, caricias, noches de delicias. Dime que enredado entre mis piernas quieres enloquecer. Bésame la duda de entregarme otra vez. Hazme el amor sin duda-- como lo hicieron el tango y Gardel. Enrédame en tu pluma, conviérteme en luna. Has de mis dudas de amor el mejor poema de amor, pasión y locura. LeydisProse 2/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 3:14 PM UTC
Bésame la duda
No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas, como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! Ni aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed... Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios -vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadoras; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, -vacíos de infmito..., vacíos... -Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navios... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas... ¡el mar! Mis ojos vagabundos -viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!
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Balada del mar no visto, ritmada en versos diversos
No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas, como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! Ni aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed... Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios -vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadoras; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, -vacíos de infmito..., vacíos... -Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navios... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas... ¡el mar! Mis ojos vagabundos -viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!
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Sonrisas ocultas, Dedos estáticos, Suspiros al océano, Delirio azulado. Respiración agitada. Atracción infiltrada Que has provocado Con tu mirada. Ojos brillosos, Destellos luminosos, Primavera eterna En un otoño airoso. Tu cuello al atardecer, Tus manos mojadas de cielo, Tus ojos reviven mis sueños Y rellenan todos mis huecos. Pulmones llenos de deseos, Tambores a lo lejos... Melodías que tu alma canta, Mientras yo las bailo en mi cama. Melodías, que tus silencios Hacen discretos Mis momentos, De pensar en ti cielo. Delirio verde azulado Haces que me derrita En arena Me vuelves rojo violeta.
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Oct 1, 2014
Oct 1, 2014 at 6:49 PM UTC
Delirio azulado
Esa palabra que jamás asoma a tu idioma cantado de preguntas, esa, desfalleciente, que se hiela en el aire de tu voz, sí, como una respiración de flautas contra un aire de vidrio evaporada, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! en esta exangüe bruma de magnolias, en esta nimia floración de vaho que -ensombrecido en luz el ojo agónico y a funestos pestillos anclado el tenue ruido de las alas- guarda un ángel de sueño en la ventana. ¡Qué muros de cristal, amor, qué muros! Ay ¿para qué silencios de agua? Esa palabra, sí, esa palabra que se coagula en la garganta como un grito de ámbar ¡Mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! Mira que, noche a noche, decantada en el filtro de un áspero silencio, quedóse a tanto enmudecer desnuda, hiriente e inequívoca -así en la entraña de un reloj la muerte, así la claridad en una cifra- para gestar este lenguaje nuestro, inaudible, que se abre al tacto insomne en la arena, en el pájaro, en la nube, cuando ***** de oráculos retruena el panorama de la profecía. ¿Quién, si ella no, pudo fraguar este universo insigne que nace como un héroe en tu boca? ¡Mírala, ay, tócala, mírala ahora, incendiada en un eco de nenúfares! ¿No aquí su angustia asume la inocencia de una hueca retórica de lianas? Aquí, entre líquenes de orfebrería que arrancan de minúsculos canales ¿no echó a tañer al aire sus cándidas mariposas de escarcha? Qué, en lugar de esa fe que la consume hasta la transparencia del destino ¿no aquí -escapada al dardo tenaz de la estatura- se remonta insensata una palmera para estallar en su ficción de cielo, maestra en fuegos no, mas en puros deleites de artificio? Esa palabra, sí, esa palabra, esa, desfalleciente, que se ahoga en el humo de una sombra, esa que gira -como un soplo- cauta sobre bisagras de secreta lama, esa en que el aura de la voz se astilla, desalentada, como si rebotara en una bella úlcera de plata, esa que baña sus vocales ácidas en la espuma de las palomas sacrificadas, esa que se congela hasta la fiebre cuando no, ensimismada, se calcina en la brusca intemperie de una lágrima, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! ¡mírala, ausente toda de palabra, sin voz, sin eco, sin idioma, exacta, mírala cómo traza en muros de cristal amores de agua!
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Preludio
Esa palabra que jamás asoma a tu idioma cantado de preguntas, esa, desfalleciente, que se hiela en el aire de tu voz, sí, como una respiración de flautas contra un aire de vidrio evaporada, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! en esta exangüe bruma de magnolias, en esta nimia floración de vaho que -ensombrecido en luz el ojo agónico y a funestos pestillos anclado el tenue ruido de las alas- guarda un ángel de sueño en la ventana. ¡Qué muros de cristal, amor, qué muros! Ay ¿para qué silencios de agua? Esa palabra, sí, esa palabra que se coagula en la garganta como un grito de ámbar ¡Mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! Mira que, noche a noche, decantada en el filtro de un áspero silencio, quedóse a tanto enmudecer desnuda, hiriente e inequívoca -así en la entraña de un reloj la muerte, así la claridad en una cifra- para gestar este lenguaje nuestro, inaudible, que se abre al tacto insomne en la arena, en el pájaro, en la nube, cuando ***** de oráculos retruena el panorama de la profecía. ¿Quién, si ella no, pudo fraguar este universo insigne que nace como un héroe en tu boca? ¡Mírala, ay, tócala, mírala ahora, incendiada en un eco de nenúfares! ¿No aquí su angustia asume la inocencia de una hueca retórica de lianas? Aquí, entre líquenes de orfebrería que arrancan de minúsculos canales ¿no echó a tañer al aire sus cándidas mariposas de escarcha? Qué, en lugar de esa fe que la consume hasta la transparencia del destino ¿no aquí -escapada al dardo tenaz de la estatura- se remonta insensata una palmera para estallar en su ficción de cielo, maestra en fuegos no, mas en puros deleites de artificio? Esa palabra, sí, esa palabra, esa, desfalleciente, que se ahoga en el humo de una sombra, esa que gira -como un soplo- cauta sobre bisagras de secreta lama, esa en que el aura de la voz se astilla, desalentada, como si rebotara en una bella úlcera de plata, esa que baña sus vocales ácidas en la espuma de las palomas sacrificadas, esa que se congela hasta la fiebre cuando no, ensimismada, se calcina en la brusca intemperie de una lágrima, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! ¡mírala, ausente toda de palabra, sin voz, sin eco, sin idioma, exacta, mírala cómo traza en muros de cristal amores de agua!
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El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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May 21, 2018
May 21, 2018 at 6:51 PM UTC
Placer de una mirada
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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No lo entiendes, porque, no lo quieres entender. Porque talvez entenderlo creas que me debes algo. Talvez nadie te ha sido fiel, sin nunca haber tenido la dicha de cobijarte entre sus brazos o sus labios. No lo entiendes, porque, talvez no lo quieras entender, que te amo en silencios, en los silencios de mis bullicios, en los bullicios de mis desquicios, en los desquicios de mi sanidad, en la sanidad de lo impuro, en lo puro de una noche oscura, en la oscuridad de mis días, te beso, te siento, te pienso. No lo entiendes, porque, no lo quieres entender, que tu boca no son dos mágicos pedazos de carne fina, que soy Vegetariana más de tu carne comería cualquier día. Que son tus majestuosos labios las llaves que pueden libertar un remolino de pasiones. Que el pensarte me encadena aún más a este amor desmedido. Me quemo pensando en tus labios saboreando los míos. Que me apago cuando recuerdo que todavía no te he besado. Que no quiero besar a nadie más que no seas tú. Que tengo un beso encadenado bajo llave, que yo misma coloque dentro de tu corazón la última vez que te refugie entre mis brazos, No lo entiendes que mi boca no pronuncia otra nombre que no comience con la inicial del tu tuyo? Que tu nombre después de Dios, es lo único que invoco para que me salve, que me desencadene de este tortura perpetua? Esa dulce y tormentosa condena donde yo misma me enclaustre, Felizmente renegando mi libertad a sabiendas de ser culpable---por llevar un beso entre los labios y sin tener las llaves! Sintiéndome culpable, por habértelas entregado, sin escatimar, si tu quisieras ser mi carcelero, con potestad sobre mi libertad! Que lo que sería un simple gesto para ti, para mí sería un milagro,…………. si al tomar esas llaves que enterré en tu corazón, las usaras y con un solo roce de ese manjar que tienes por boca, libertaras estos debilitados labios que tienen toda una vida guardando un beso, que se encadenaron bajo llaves a tu labios, desde aquel bendito día donde  te conocí mi amor. No lo entiendes, porque no lo quieres entender. LeydisProse 6/30/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 1, 2017
Jul 1, 2017 at 1:17 AM UTC
Dejaría de ser vegetariana (si me dejas comer de tu carne)
No lo entiendes, porque, no lo quieres entender. Porque talvez entenderlo creas que me debes algo. Talvez nadie te ha sido fiel, sin nunca haber tenido la dicha de cobijarte entre sus brazos o sus labios. No lo entiendes, porque, talvez no lo quieras entender, que te amo en silencios, en los silencios de mis bullicios, en los bullicios de mis desquicios, en los desquicios de mi sanidad, en la sanidad de lo impuro, en lo puro de una noche oscura, en la oscuridad de mis días, te beso, te siento, te pienso. No lo entiendes, porque, no lo quieres entender, que tu boca no son dos mágicos pedazos de carne fina, que soy Vegetariana más de tu carne comería cualquier día. Que son tus majestuosos labios las llaves que pueden libertar un remolino de pasiones. Que el pensarte me encadena aún más a este amor desmedido. Me quemo pensando en tus labios saboreando los míos. Que me apago cuando recuerdo que todavía no te he besado. Que no quiero besar a nadie más que no seas tú. Que tengo un beso encadenado bajo llave, que yo misma coloque dentro de tu corazón la última vez que te refugie entre mis brazos, No lo entiendes que mi boca no pronuncia otra nombre que no comience con la inicial del tu tuyo? Que tu nombre después de Dios, es lo único que invoco para que me salve, que me desencadene de este tortura perpetua? Esa dulce y tormentosa condena donde yo misma me enclaustre, Felizmente renegando mi libertad a sabiendas de ser culpable---por llevar un beso entre los labios y sin tener las llaves! Sintiéndome culpable, por habértelas entregado, sin escatimar, si tu quisieras ser mi carcelero, con potestad sobre mi libertad! Que lo que sería un simple gesto para ti, para mí sería un milagro,…………. si al tomar esas llaves que enterré en tu corazón, las usaras y con un solo roce de ese manjar que tienes por boca, libertaras estos debilitados labios que tienen toda una vida guardando un beso, que se encadenaron bajo llaves a tu labios, desde aquel bendito día donde  te conocí mi amor. No lo entiendes, porque no lo quieres entender. LeydisProse 6/30/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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No podré nunca desencarcelaros, maravillosos que abrasáis mi boca. Dedos de luz, hundidos en la roca, de vuestro rico mineral avaros. Libertaros: nombraros. Libertaros: mataros... Vuestro fuego desemboca en mi garganta, mata cuanto toca, muere -morís- bajo los cielos claros. Maravillosos de la sombra. Sones otorgadores de secretos dones, a silencios perpetuos os sentencio, a vivir, prisioneros, siempre a oscuras. (Silencio.) Impronunciables criaturas que no (silencio)... naceréis. (Silencio).
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Criaturas de la sombra
El tiempo nos ha cambiado, ha dejado un zanja de grietas. Las penas, tristezas, las traiciones han embadurnado nuestras almas, dejándolas secas y forradas en piedras. Nuestra vestidura ha cambiado. El algodón y las sedas no arrullan nuestra piel, El cemento del engaño a sellado nuestros sueños de algún día gozar de una relación sana y plena. No somos plomo, No somos piedra No somos hierro Somos almas buscando su mejor melodía. Su mejor madrigal. La esperanza vestida en poesía. Te propongo amartillarnos los pedazos tiesos con tibios besos, que vayan humedeciendo las partes más impasibles de nuestras almas. Con tórridos abrazos que demuelan las inseguridades de nuestro turbulento pasado. No estamos hechos de piedra amor, es una cubierta que ha fraguado el tiempo. Es un escape a una errante realidad de soledades impuestas. Es vivir encarcelado a silencios sempiternos, Poseyendo copiosa libertad . te aseguro cielo, es la manera más cobarde de vivir en esta tierra. No estamos hechos de piedra amor, tenemos miedo a la entrega, a las heridas, a más huellas. Somos los ecos de una prosa que leímos algún día. Somos luz en la tenebrosidad,………………. solo tenemos que buscar nuestro almacén de lámparas. Solo tenemos que llevar nuestras cálidas manos a ese espacio que quiere latir mas nuestra cobija está obstruyendo el paso. LeydisProse 5/31/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:41 AM UTC
NO SOMOS PIEDRA AMOR!
La noche que fue ayer fue de la magia. En la noche hay tambores, y los animales duermen con el olfato abierto como un ojo. No hay nadie en el aire. Las hojas y las plumas se reúnen en las ramas, en el suelo, y alguien las mueve a veces, y callan. Trapos negros, voces negras, espesos y negros silencios, flotan, se arrastran, y la tierra se pone su rostro ***** y hace gestos a las estrellas. Cuando pasa el miedo junto a ellos, los corazones golpean fuerte, fuerte, y los ojos advierten que las cosas se mueven eternamente en su mismo lugar. Nadie puede dar un paso en la noche. El que entra con los ojos abiertos en la espesura de la noche, se pierde, es asaltado por la sombra, y nunca se sabrá nada de él, como de aquellos que el mar ha recogido. -Eva, le dijo a Adán, despacio, no nos separemos.
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Adán y eva ii
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Fábricas de amor
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Besémonos, cerremos los ojos y termínenos este sinsabor. besémonos de tal modo, que cambiemos las simetrías atmosféricas. Que se reviente el cielo y la tierra en nuestra entrega. Que de celo tiemble y se derrumbe el Himalaya. Besémonos, besémonos como besan las aves a las nubes, y que de ese beso emane la luz del universo. Que nuestro beso detone imperios, cambiemos el color de nuestras alas, hinquémos los obstáculos que detienen nuestro vuelo. Besémonos, vamos a invitarnos un universo solo para nosotros. olvidemos el tiempo y quien no esta de acuerdo. olvidemos nuestra edad, los silencios, el ruido, los amargues, los apegos. Que en ese beso se escuche la melodia del universo. Besémonos, que ya basta de sufrimiento. Besemonos, que muero por decirte >>>>>>>>>>>>>>>>>cuanto te quiero! LeydisProse 6/5/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 5, 2017
Jun 5, 2017 at 6:23 PM UTC
BESÉMONOS
Lo que conoces es tan poco lo que conoces de mí lo que conoces son mis nubes son mis silencios son mis gestos lo que conoces es la tristeza de mi casa vista de afuera son los postigos de mi tristeza el llamador de mi tristeza. Pero no sabes nada a lo sumo piensas a veces que es tan poco lo que conozco de ti lo que conozco o sea tus nubes o tus silencios o tus gestos lo que conozco es la tristeza de tu casa vista de afuera son los postigos de tu tristeza el llamador de tu tristeza. Pero no llamas. Pero no llamo.
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Cinco veces triste
sin prisión/ ni reglamento aprendido/ vaga mi alma/echa más chispas que/ tía adelaida cuando hacía sus negocios con dios/ le daba unciones y subidos silencios a cambio de la salvación de tío luis/ tía adelaida tenía polleras muy afligidas con la soledad de sábanas de ella/ se podía hacer un montón de lunas pero la tía/vivía preocupada por lo que iba a venir temía que al entregar su alma a la huesuda ya no iba a ver al tío/oloroso/ como humo que sale del incienso o así lo recordaba ella en sus polleras jóvenes/y sábanas donde los dos en amor y delicada sustancia/ ayuntaron el cuerpo haciendo otro país/ bello/con animales que les pacían el vientre la yerba de dulzura que les crecía en el vientre después del amor y antes del amor su presente estaba lleno de gracia con una cara miraba las dichas del pasado con la otra esperaba dichoso el porvenir tía adelaida me recuerda al coronel Santos López que peleó con Sandino fue derrotado/sobrevivió/ pasó treinta años limpiando su fusil con los trapitos de la memoria y lo volvió a sacar cuando vino Carlos/Fonseca/Amador/ el que no usó su nombre en vano cuando vinieron Tomás Borge, Silvio Mayorga, el Kuge, Germán Pomares, los del Frente/ y se vio al compañero Santos López en medio del combate silbando delgadamente como dos que se encuentran por fin porque cada cual lleva en su vaso el agua que ha de beber pero en el vaso del compañero Santos López cabía un mar y después otro mar y un amor y otro amor después y un alma y otra alma y una eternidad y otra/otras/y él supo como la eternidad de la espera se convierte en la espera de la victoria que ni siquiera la victoria es eterna que lo único eterno era tía Adelaida ella llevaba sus negocios con dios/como un carbón encendido se levantaba a las cinco/avivaba las brasas ponía a hervir su corazón y así/ empezaba el día/cada día
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La belleza de todo lo creado
sin prisión/ ni reglamento aprendido/ vaga mi alma/echa más chispas que/ tía adelaida cuando hacía sus negocios con dios/ le daba unciones y subidos silencios a cambio de la salvación de tío luis/ tía adelaida tenía polleras muy afligidas con la soledad de sábanas de ella/ se podía hacer un montón de lunas pero la tía/vivía preocupada por lo que iba a venir temía que al entregar su alma a la huesuda ya no iba a ver al tío/oloroso/ como humo que sale del incienso o así lo recordaba ella en sus polleras jóvenes/y sábanas donde los dos en amor y delicada sustancia/ ayuntaron el cuerpo haciendo otro país/ bello/con animales que les pacían el vientre la yerba de dulzura que les crecía en el vientre después del amor y antes del amor su presente estaba lleno de gracia con una cara miraba las dichas del pasado con la otra esperaba dichoso el porvenir tía adelaida me recuerda al coronel Santos López que peleó con Sandino fue derrotado/sobrevivió/ pasó treinta años limpiando su fusil con los trapitos de la memoria y lo volvió a sacar cuando vino Carlos/Fonseca/Amador/ el que no usó su nombre en vano cuando vinieron Tomás Borge, Silvio Mayorga, el Kuge, Germán Pomares, los del Frente/ y se vio al compañero Santos López en medio del combate silbando delgadamente como dos que se encuentran por fin porque cada cual lleva en su vaso el agua que ha de beber pero en el vaso del compañero Santos López cabía un mar y después otro mar y un amor y otro amor después y un alma y otra alma y una eternidad y otra/otras/y él supo como la eternidad de la espera se convierte en la espera de la victoria que ni siquiera la victoria es eterna que lo único eterno era tía Adelaida ella llevaba sus negocios con dios/como un carbón encendido se levantaba a las cinco/avivaba las brasas ponía a hervir su corazón y así/ empezaba el día/cada día
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Corazón mío, ¡qué abandonado te encuentro! Corazón mío, estás lo mismo que aquellos palacios deshabitados y llenos de misteriosos silencios. Corazón mío, palacio viejo, palacio desmantelado, palacio desierto, palacio mudo y lleno de misteriosos silencios... Ni una golondrina ya llega a buscar tus aleros y hacen su cobijo sólo en tus huecos los murciélagos.
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Corazón mío
En sueños yo te salvo sin querer, Y vuelvo hasta el antaño en un segundo, Pensando en lo vano, en lo profundo, En lo sincero y en lo vagabundo; Y cuando tú apareces, mediodía, Con el sol paralelo a tu sonrisa, Desarmas las estrategias y guías Y ganas la batalla por un día. De noche yo te abrazo de costumbre, Buscando el calorcito de tus brazos, Escondiéndome como un niño en tu regazo, Huyendo realidades con engaños. Y a veces tú me miras "diadeberas", Te das cuenta que existo y me liberas, De lo mortificante que es quererte, Sin a veces saber que puedes verme. Quizás yo por mi letra y mis consejos, Debería de quitarme de complejos, Buscando algún guiño en aquel espejo, O una señal de vida en tus montañas. Yo soy expedición de vez en cuando, Y tú un dios que se esconde en el ocaso, Me vuelvo eterno como el firmamento, A ver si en tu creación te pertenezco. No quiero ser tu vida o tu sustento, Ni tú necesidad semi-quimera, Quiero ser tentación y vicio eterno, Ser algo como una suave condena. Vivimos entre espuma y medianoche, Entre miel que nos cubre los adentros, Llenando poco a poco los silencios, Yo me lleno de ti Y tú Me salvas luego.
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Jan 29, 2018
Jan 29, 2018 at 3:33 PM UTC
Salvacion
Así como del fondo de la música brota una nota que mientras vibra crece y se adelgaza hasta que en otra música enmudece, brota del fondo del silencio otro silencio, aguda torre, espada, y sube y crece y nos suspende y mientras sube caen recuerdos, esperanzas, las pequeñas mentiras y las grandes, y queremos gritar y en la garganta se desvanece el grito: desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.
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Silencio
Prohibidos los silencios y los gritos unánimes las minifaldas y los sindicatos artigas y gardel la oreja en radio habana el pelo largo la condena corta josé pedro varela y la vía láctea la corrupción venial el pantalón vaquero los perros vagos y los vagabundos también los abogados defensores que sobrevivan a sus defendidos y los pocos fiscales con principio de angustia prohibida sin perdón la ineficacia todo ha de ser eficaz como un cepo prohibida la lealtad y sobretodo la tristeza esa que va de sol a sol y claro la inquietante primavera prohibidas las reuniones de más de una persona excepto las del lecho conyugal siempre y cuando hayan sido previa y debidamente autorizadas prohibidos el murmullo de las tripas el padrenuestro y la internacional el bajo costo de la vida y la muerte las palabritas y las palabrotas los estruendos molestos el jilguero los zurdos los anticonceptivos pero quién va a nacer.
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De lo prohibido
A tientas, me adentro. Pasillos, puertas que dan a un cuarto de hotel, a una intersección, a un páramo urbano. Y entre el bostezo y el abandono, tú, intacto, verdor sitiado por tanta muerte, jardín revisto esta noche. Sueños insensatos y lúcidos, geometría y delirio entre altas bardas de adobe. La glorieta de los pinos, ocho testigos de mi infancia, siempre de pie, sin cambiar nunca de postura, de traje, de silencio. El montón de pedruscos de aquel pabellón que no dejó terminar la guerra civil, lugar amado por la melancolía y las lagartijas. Los yerbales, con sus secretos, su molicie de verde caliente, sus bichos agazapados y terribles. La higuera y sus consejas. Los adversarios: los floripondio y sus lámparas blancas frente al granado, candelabro de joyas rojas ardiendo en pleno día. El membrillo y sus varas flexibles, con las que arrancaba ayes al aire matinal. La lujosa mancha de vino de la bugambilia sobre el muro inmaculado, blanquísimo. El sitio sagrado, el lugar infame, el rincón del monólogo: la orfandad de una tarde, los himnos de una mañana, los silencios, aquel día de gloria entrevista, compartida. Arriba, en la apresura de las ramas, entre los claros del cielo y las encrucijadas de los verdes, la tarde se bate con espadas transparentes. Piso la tierra recién llovida, los olores ásperos, las yerbas vivas. El silencio se yergue y me interroga. Pero yo avanzo y me planto en el centro de mi memoria. Aspiro largamente el aire cargado de porvenir. Vienen oleadas de futuro, rumor de conquistas, descubrimientos y esos vacíos súbitos con que prepara lo desconocido sus irrupciones. Silbo entre dientes y mi silbido, en la limpidez admirable de la hora, es un látigo alegre que despierta alas y echa a volar profecías. Y yo las veo partir hacia allá, al otro lado, a donde un hombre encorvado escribe trabajosamente, en camisa, entre pausas furiosas, estos cuantos adioses al borde del precipicio.
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Jardín con niño
A tientas, me adentro. Pasillos, puertas que dan a un cuarto de hotel, a una intersección, a un páramo urbano. Y entre el bostezo y el abandono, tú, intacto, verdor sitiado por tanta muerte, jardín revisto esta noche. Sueños insensatos y lúcidos, geometría y delirio entre altas bardas de adobe. La glorieta de los pinos, ocho testigos de mi infancia, siempre de pie, sin cambiar nunca de postura, de traje, de silencio. El montón de pedruscos de aquel pabellón que no dejó terminar la guerra civil, lugar amado por la melancolía y las lagartijas. Los yerbales, con sus secretos, su molicie de verde caliente, sus bichos agazapados y terribles. La higuera y sus consejas. Los adversarios: los floripondio y sus lámparas blancas frente al granado, candelabro de joyas rojas ardiendo en pleno día. El membrillo y sus varas flexibles, con las que arrancaba ayes al aire matinal. La lujosa mancha de vino de la bugambilia sobre el muro inmaculado, blanquísimo. El sitio sagrado, el lugar infame, el rincón del monólogo: la orfandad de una tarde, los himnos de una mañana, los silencios, aquel día de gloria entrevista, compartida. Arriba, en la apresura de las ramas, entre los claros del cielo y las encrucijadas de los verdes, la tarde se bate con espadas transparentes. Piso la tierra recién llovida, los olores ásperos, las yerbas vivas. El silencio se yergue y me interroga. Pero yo avanzo y me planto en el centro de mi memoria. Aspiro largamente el aire cargado de porvenir. Vienen oleadas de futuro, rumor de conquistas, descubrimientos y esos vacíos súbitos con que prepara lo desconocido sus irrupciones. Silbo entre dientes y mi silbido, en la limpidez admirable de la hora, es un látigo alegre que despierta alas y echa a volar profecías. Y yo las veo partir hacia allá, al otro lado, a donde un hombre encorvado escribe trabajosamente, en camisa, entre pausas furiosas, estos cuantos adioses al borde del precipicio.
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