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"sendero" poems
¡Qué alegre y fresca la mañanita! Me agarra el aire por la nariz: los perros ladran, un chico grita y una muchacha gorda y bonita, junto a una piedra, muele maíz. Un mozo trae por un sendero sus herramientas y su morral: otro con caites y sin sombrero busca una vaca con su ternero para ordeñarla junto al corral. Sonriendo a veces a la muchacha, que de la piedra pasa al fogón, un sabanero de buena facha, casi en cuclillas afila el hacha sobre una orilla del mollejón. Por las colinas la luz se pierde bajo el cielo claro y sin fin; ahí el ganado las hojas muerde, y hay en los tallos del pasto verde, escarabajos de oro y carmín. Sonando un cuerno corvo y sonoro, pasa un vaquero, y a plena luz vienen las vacas y un blanco toro, con unas manchas color de oro por la barriga y en el testuz. Y la patrona, bate que bate, me regocija con la ilusión de una gran taza de chocolate, que ha de pasarme por el gaznate con la tostada y el requesón.
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Del trópico
Como náufrago en un barco sin hoja de ruta, me encuentro caminando en esta noche oscura. Con mil preguntas que a mi mente perturban y cada una de ellas no tiene respuesta alguna. Desorbitado, como el centro de mis latidos, buscando la salida de este laberinto. Desesperado como el eco de mis dudas, quiero quitar las barreras que me separan de  mi destino. Descubrir el sendero de luz en mi camino, para quitar las sombrías ataduras con las que vivo. Poder recuperar mis deseos escondidos, poner punto final a la búsqueda del tesoro perdido. Dejar de proteger el frasco con la rosa en su interior, eliminar el terror por la bestia que merodea a su alrededor. Transitar con valor los caminos de la pasión y profundizar con amor los mares de autoconocimiento y sanación.
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Sep 29, 2025
Sep 29, 2025 at 11:59 PM UTC
El naufragio de mis miedos.
Xitlali, el lucero, me alumbra el sendero, la luz del valle de Anáhuac emigra, calmada Tenochtitlán. El otro valle: Mictlán por debajo vibra.
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Oct 15, 2014
Oct 15, 2014 at 9:34 PM UTC
Los caminos
¡Y pensar que pudimos no habernos conocido! ¿No meditas cuán buena nuestra fortuna ha sido para que al fin estemos uno del otro al lado, para que seas mía, para ser yo tu amado? «El uno para el otro nacimos...» Así dices. Pero ¡qué coincidencias para ser tan felices! Antes de que en la vida, con un amor profundo, la suerte unido hubiera tu corazón al mío -siendo el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo-; vivimos separados, solos, con hondo hastío… ¡Y pudimos entonces, por capricho del hado, en el haz de la tierra no habernos encontrado! ¿No has pensado, en el arduo sendero recorrido, en los peligros graves y azares que ha corrido nuestra dicha -esa dicha, manantial de ilusiones, que el mundo entero ahora nos hace ver hermoso- cuando el uno hacia el otro, con poder misterioso, gravitaban callados nuestros dos corazones? ¿No sabes que ese viaje no tenía certeza, el viaje hacia una noche por mí no presentida, de que un capricho apenas o un dolor de cabeza han podido apartarnos para siempre en la vida? Nunca te había dicho, ¡cosa muy rara!, que cuando por vez primera te vi, no me fijé en que eras tú bonita; lo digo francamente: te miré aquella noche con aire indiferente. Con su risa, tu amiga mi tedio distraía; fue más tarde cuando ambos cruzamos la mirada, y si algo sentí entonces que hacia ti me atraía, tú no lo comprendiste… Mas no me atreví a nada. Si esa noche tu madre te hubiera conducido más temprano a su casa, ¿qué habría sucedido? ¿Y si el rubor no hubiera de pronto, cuando el manto te coloqué en los hombros, a tu rostro subido? Porque ésa fue la causa de todo lo ocurrido. Aquella noche, aquélla de inolvidable encanto, un retardo cualquiera, cualquier inconveniente que en ese viaje hubiera surgido de repente, esta embriaguez de ahora ninguno sentiría, ni este placer sin nombre que absorbe nuestra mente. En mi alma, que es otra, tu amor no existiría, ¡y tu vida, en mi vida nada… nada sería! Corazoncito mío, que me apartas lo triste de la vida, y alegras con luz mi porvenir… Pienso en aquellos días cuando enferma estuviste y creíamos todos que te ibas a morir.
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Casualidad
¡Y pensar que pudimos no habernos conocido! ¿No meditas cuán buena nuestra fortuna ha sido para que al fin estemos uno del otro al lado, para que seas mía, para ser yo tu amado? «El uno para el otro nacimos...» Así dices. Pero ¡qué coincidencias para ser tan felices! Antes de que en la vida, con un amor profundo, la suerte unido hubiera tu corazón al mío -siendo el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo-; vivimos separados, solos, con hondo hastío… ¡Y pudimos entonces, por capricho del hado, en el haz de la tierra no habernos encontrado! ¿No has pensado, en el arduo sendero recorrido, en los peligros graves y azares que ha corrido nuestra dicha -esa dicha, manantial de ilusiones, que el mundo entero ahora nos hace ver hermoso- cuando el uno hacia el otro, con poder misterioso, gravitaban callados nuestros dos corazones? ¿No sabes que ese viaje no tenía certeza, el viaje hacia una noche por mí no presentida, de que un capricho apenas o un dolor de cabeza han podido apartarnos para siempre en la vida? Nunca te había dicho, ¡cosa muy rara!, que cuando por vez primera te vi, no me fijé en que eras tú bonita; lo digo francamente: te miré aquella noche con aire indiferente. Con su risa, tu amiga mi tedio distraía; fue más tarde cuando ambos cruzamos la mirada, y si algo sentí entonces que hacia ti me atraía, tú no lo comprendiste… Mas no me atreví a nada. Si esa noche tu madre te hubiera conducido más temprano a su casa, ¿qué habría sucedido? ¿Y si el rubor no hubiera de pronto, cuando el manto te coloqué en los hombros, a tu rostro subido? Porque ésa fue la causa de todo lo ocurrido. Aquella noche, aquélla de inolvidable encanto, un retardo cualquiera, cualquier inconveniente que en ese viaje hubiera surgido de repente, esta embriaguez de ahora ninguno sentiría, ni este placer sin nombre que absorbe nuestra mente. En mi alma, que es otra, tu amor no existiría, ¡y tu vida, en mi vida nada… nada sería! Corazoncito mío, que me apartas lo triste de la vida, y alegras con luz mi porvenir… Pienso en aquellos días cuando enferma estuviste y creíamos todos que te ibas a morir.
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¡Qué tranquilidad violeta por el sendero a la tarde! A caballo va el poeta... ¡Qué tranquilidad violeta! La rica brisa del río, olorosa a junco y agua, le refresca el albedrío... La brisa rica del río. A caballo va el poeta... Y el corazón se le pierde contento y embalsamado en la madreselva verde... Y el corazón se le pierde. ¡Qué tranquilidad violeta! Caballo y él son ya uno. El mismo corazón lento en campo como ninguno... Caballo y él van en uno. A caballo va el poeta... Se está la orilla dorando. El último pensamiento del sol la deja soñando... Se va la orilla dorando. ¡Qué tranquilidad violeta!
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A caballo
Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas hacen que fructifiquen las savias; las llanadas, los sotos y las lomas por mí tienen frescura. Nadie me mira, nadie; más mi corriente obscura se regocija luego que viene primavera, porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera. Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan. Lejos de sus raíces las corolas felices no se acuerdan del agua que regó sus raíces... ¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con voz suave. La flor no sabe nada, ¡pero el Señor sí sabe! Yo canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero, dichosa de antemano; porqué seré venero ante la vara mágica de Moisés; porque un día vendrán las caravanas hacia la linfa mía; porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan, el rostro beatífico del sediento retratan sobre el fondo del cielo que los cristales yerra; porque copiando el cielo lo traslado a la tierra, y así el creyente triste, que el él su dicha fragua, bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua, y como en ese cielo brillan estrellas bellas, el hombre que me bebe comulga con estrellas. Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita pedrería que encuentro de fuegos policromos, forjó en las misteriosas grutas la estalactita, pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos; porque en oculto seno de la caverna umbría doy de beber al monstruo que tiene miedo al día. ¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe! Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe. Así me dijo el Agua que discurre por los antros, y yo: -¡Agua hermana, bendigamos a Dios!
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El agua que corre bajo la tierra
Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas hacen que fructifiquen las savias; las llanadas, los sotos y las lomas por mí tienen frescura. Nadie me mira, nadie; más mi corriente obscura se regocija luego que viene primavera, porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera. Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan. Lejos de sus raíces las corolas felices no se acuerdan del agua que regó sus raíces... ¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con voz suave. La flor no sabe nada, ¡pero el Señor sí sabe! Yo canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero, dichosa de antemano; porqué seré venero ante la vara mágica de Moisés; porque un día vendrán las caravanas hacia la linfa mía; porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan, el rostro beatífico del sediento retratan sobre el fondo del cielo que los cristales yerra; porque copiando el cielo lo traslado a la tierra, y así el creyente triste, que el él su dicha fragua, bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua, y como en ese cielo brillan estrellas bellas, el hombre que me bebe comulga con estrellas. Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita pedrería que encuentro de fuegos policromos, forjó en las misteriosas grutas la estalactita, pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos; porque en oculto seno de la caverna umbría doy de beber al monstruo que tiene miedo al día. ¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe! Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe. Así me dijo el Agua que discurre por los antros, y yo: -¡Agua hermana, bendigamos a Dios!
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En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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Canción de sergio stepansky
En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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¡Mañana de primavera! Vino ella a besarme, cuando, del lado de la ribera por donde latía andando, una alondra mañanera subió del surco cantando «¡Mañana de primavera!» Le hablé de la mariposa blanca que vi en el sendero. Me miraba deleitosa esperando mi «Te quiero». Y cediéndome la rosa, me dijo «¡Cuánto te quiero, no sabes lo que te quiero!» En sus labios me guardaba tantos besos para mí. Los ojos yo le besaba: Me dijo: «Son para ti. Tú para quien te esperaba. Mis ojos son para ti Tú para quien te esperaba». La besé ciego de amores labios y ojos con quereres, con tan preciosos fervores que me dijo: «¿Tú no quieres bajar al jardín? Las flores ayudan a las mujeres cuando cuentan sus amores». El cielo de primavera era azul de paz y olvido... Una alondra mañanera cantó en el huerto aún dormido. Luz de cristal su voz era en el terrón removido... ¡Mañana de primavera!
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Una alondra mañana
Fulge mi cigarrillo; su luz se limpia en pólvoras de alerta. Y a su guiño amarillo entona un pastorcillo el tamarindo de su sombra muerta. Ahoga en una enérgica negrura, el caserón entero la mustia distinción de su blancura. Pena un frágil aroma de aguacero. Están todas las puertas muy ancianas, y se hastía en su habano carcomido una insomne piedad de mil ojeras. Yo las dejé lozanas; y hoy las telarañas han zurcido hasta en el corazón de sus maderas, coágulos de sombra oliendo a olvido. La del camino, el día que me miró llegar, trémula y triste, mientras que sus dos brazos entreabría, chilló como en un llanto de alegría. Que en toda fibra existe para el ojo que ama, una dormida novia perla, una lágrima escondida. Con no sé qué memoria secretea mi corazón ansioso. -Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea; aún la veo envueltita en su rebozo Y la abuela amargura de un cantar neurasténico de paria ¡oh, derrotada musa legendaria! afila sus melódicos raudales bajo la noche oscura: como si abajo, abajo, en la turbia pupila de cascajo de abierta sepultura, celebrando perpetuos funerales, se quebrasen fantásticos puñales. Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero, reduciéndolo a fúnebres olores, el humor de los viejos alcanfores que velan tahuashando en el sendero con sus ponchos de hielo y sin sombrero.
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Hojas de ébano
Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quién sabe cuántos años... Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tu bajarás los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: Y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás no te pongas nunca más aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles la almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa, de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca su siesta: Tras fregar los platos y de tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre. Y no me importa quién pase después por un sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero. Y el vaso que embriagara mi ilusión y mi hastío, aunque esté en otra mano seguirá siendo mío. Por eso puedes irte mi pobre soñadora, pues si el reloj se para no detiene la hora, y tú serás la misma de las noches aquellas aunque cierres los ojos por no ver las estrellas.
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Elegía lamentable
Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quién sabe cuántos años... Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tu bajarás los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: Y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás no te pongas nunca más aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles la almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa, de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca su siesta: Tras fregar los platos y de tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre. Y no me importa quién pase después por un sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero. Y el vaso que embriagara mi ilusión y mi hastío, aunque esté en otra mano seguirá siendo mío. Por eso puedes irte mi pobre soñadora, pues si el reloj se para no detiene la hora, y tú serás la misma de las noches aquellas aunque cierres los ojos por no ver las estrellas.
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Todos estos años andando, caminando ciego, buscando la luz que iluminara mi sendero y me llevara hasta la felicidad, pero nunca espere que el día que te conociera no tendría las respuestas, pero si comprendí que quería buscar esas respuestas a todas las preguntas junto a ti.
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Apr 17, 2014
Apr 17, 2014 at 1:26 AM UTC
Respuestas
Lo que siento por ti es algo demente Me mantiene despierta en las noches, no logro encontrarme en mi propia mente Mi sangre es caliente como el motor de los coches Tu beso es mi café del día Admiro tu piel suave y bronceada Dices que mis obras son una maravilla Tus greñas en mi oreja me causan una carcajada Meterme en problemas ya es una costumbre contigo Entiende que todo tiene un significado Piérdete en el sendero conmigo Ya ni sé cuántas veces he pecado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre pedir y conseguir Tus ausencias me han enseñado a llorar Y con los años te he dejado ir Tus recuerdos se quedaron grabados en mi ser Duele ver las fotos Y te he dejado de querer Ahora todo lo veo como uno de mis grandes sucesos tontos Meterme en problemas ya es una costumbre conmigo Entiende que todo ha cambiada Al amor ya no le veo sentido Y no me arrepiento de haberte dejado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre perder y dejar ir Tus ausencias me han enseñado a avanzar Y con los años he vuelto a sonreír Lo mejor que uno puede hacer es ser feliz Probando nuevas bocas Ahora te desvaneces como el anís Con mi presencia ya no te enfocas Las horas me enseñaron a ser fuerte Ya no me hace falta de tu calor He aprendido a detenerte Y ya ni siento ningún dolor Meterme en problemas, eso ya no lo persigo Entiendo que el camino está cerrado El amor ya no le visto Y no me arrepiento de haber progresado Mis pensamientos hacia ti ya no los puedo imaginar He aprendido la diferencia de ser feliz y consumir Tus ausencias me han enseñado a superar Y con los años dejé de sentir En fin, con esto te agradezco por darme una lección Te puede traicionar la persona que más amas Pero es tu decisión si quieres que sea tu nueva adicción No tengas tus expectativas altas - Andrea Serment Ch.
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Feb 20, 2017
Feb 20, 2017 at 8:43 PM UTC
Desvaneces lentamente
Lo que siento por ti es algo demente Me mantiene despierta en las noches, no logro encontrarme en mi propia mente Mi sangre es caliente como el motor de los coches Tu beso es mi café del día Admiro tu piel suave y bronceada Dices que mis obras son una maravilla Tus greñas en mi oreja me causan una carcajada Meterme en problemas ya es una costumbre contigo Entiende que todo tiene un significado Piérdete en el sendero conmigo Ya ni sé cuántas veces he pecado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre pedir y conseguir Tus ausencias me han enseñado a llorar Y con los años te he dejado ir Tus recuerdos se quedaron grabados en mi ser Duele ver las fotos Y te he dejado de querer Ahora todo lo veo como uno de mis grandes sucesos tontos Meterme en problemas ya es una costumbre conmigo Entiende que todo ha cambiada Al amor ya no le veo sentido Y no me arrepiento de haberte dejado Mis pensamientos hacia ti no se pueden comparar He aprendido la diferencia entre perder y dejar ir Tus ausencias me han enseñado a avanzar Y con los años he vuelto a sonreír Lo mejor que uno puede hacer es ser feliz Probando nuevas bocas Ahora te desvaneces como el anís Con mi presencia ya no te enfocas Las horas me enseñaron a ser fuerte Ya no me hace falta de tu calor He aprendido a detenerte Y ya ni siento ningún dolor Meterme en problemas, eso ya no lo persigo Entiendo que el camino está cerrado El amor ya no le visto Y no me arrepiento de haber progresado Mis pensamientos hacia ti ya no los puedo imaginar He aprendido la diferencia de ser feliz y consumir Tus ausencias me han enseñado a superar Y con los años dejé de sentir En fin, con esto te agradezco por darme una lección Te puede traicionar la persona que más amas Pero es tu decisión si quieres que sea tu nueva adicción No tengas tus expectativas altas - Andrea Serment Ch.
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Me gustas por la boca Por el acto guerrero De liberar de la sombra De aquel claustro o sendero A tu ágil pensar Besarte es el alimento Escucharte el agua Sin la cual pronto Muy pronto Se deja de vivir.
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Feb 4, 2015
Feb 4, 2015 at 11:42 PM UTC
Vos
¡Qué tranquilidad violeta por el sendero a la tarde! A caballo va el poeta... ¡Qué tranquilidad violeta! La dulce brisa del río, olorosa a junco y agua, le refresca el señorío... La brisa leve del río. A caballo va el poeta... ¡Qué tranquilidad violeta! Y el corazón se le pierde, doliente y embalsamado, en la madreselva verde... Y el corazón se le pierde. A caballo va el poeta... ¡Qué tranquilidad violeta! Se está la orilla dorando. El último pensamiento del sol la deja soñando... Se está la orilla dorando. ¡Qué tranquilidad violeta por el sendero, a la tarde! A caballo va el poeta... ¡Qué tranquilidad violeta!
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El poeta a caballo
Oh, noche Mi mal es ir a tientas con alma enardecida ciego sin lazarillo bajo el azul de enero; mi pena estar a solas errante en el sendero; y el peor de mis daños, no comprender la vida. Mi mal es ir a ciegas, a solas con mi historia, hallarme aquí sintiendo la luz que me tortura y que este corazón es brasa transitoria que arde en la noche pura. Y venir sin saberlo, tal vez de algún oriente que el alma en su ceguera vio como un espejismo, y en ansias de la cumbre que dora un sol fulgente ir con fatales pasos hacia el fatal abismo. Con todo, hubiera sido quizás un noble empeño el exaltar mi espíritu bajo la tarde ustoria como un perfume santo… ¡Pero si el corazón es brasa transitoria! Y sin embargo, siento como un perenne ardor que en el combate estéril mi juventud inmola… (¡Oh noche del camino, vasta y sola, en medio de la muerte y del amor!)
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Oh, noche
¿Cómo se encuentra, compañero? No me conteste, lo prefiero. Hablemos de cosas triviales Lo que dure este sendero. ¿Pero cómo se encuentra por dentro? Digo, desde nuestro último encuentro. *(ya sé Se encuentra triste, es cierto.)* ¿Cómo se encuentra, compañero? Si es que entiende a qué me refiero. A ese sentimiento que le duele   pero se irá,  es pasajero.
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Nov 17, 2013
Nov 17, 2013 at 2:57 PM UTC
Palabras que hacen compañía.
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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May 21, 2018
May 21, 2018 at 6:51 PM UTC
Placer de una mirada
El placer inherente Y adictivo de mirarte cierro los ojos y apareces Y mi mente te besa entre silencios Y en tus ojos de miel Hay un brillo adorado Y el sabado llega rapido Pues tus ojos hablan de ese brillo de saberte Entenderte y reconocerte y tus labios rojos y fecundos Me roban las miradas besarlos y volverlos mios Lentamente, Y a mi pecho conectaste esa Fecunda mirada Tus ojos y los mios En una frecuencia que te vuelve amada Y los lunares de tu espalda Marcan un rastro Un sendero, el camino En un viaje compartido Y los de tu estomago y Tu pecho, mi sendero al Paraíso Mi cuerpo brilla al notar Que fuiste violentamente Amada Tierna y violentamente Nos unimos en silencio Tu alma brilla en la oscuridad d tu cama Y de tus labios salen besos Silentes, de mujer enamorada Y de tu cuerpo sale el mar Mientras te abres Y mis besos beben de tus Labios, d lis y miel Mientras tus ojos sienten la verdad, y ves el todo Y tus rios y tu selva, calman La sensual llamarada Una llama que tu enciendes Con tus ojos y tu cuerpo luego apagas, con tus labios De mujer enamorada Mi cuerpo huele al tuyo Y te recuerda en silencios en sielncios que tu rompes Al pensarme desde lejos Y el placer de mirarte Sin cadenas ni lazos, Solo el que usas al amarme Eres libre y adorada Y como una gran leona, eres violentamente amada Y te muerdo suavemente Mientras te amo en silencios Silencios que se rompen, con Tu labios rojos Y de ellos mana tu tonada, El rugido de una leona, fuerte Completa y adorada.
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Cordero tranquilo, cordero que paces tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonía: hundiendo en el lodo las plantas fugaces huí de mis campos feraces un día... Ruiseñor de la selva encantada que preludias el orto abrileño: a pesar de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada, yo tuve el ensueño. Sendero que vas del alcor campesino a perderte en la azul lontananza: los dioses me han hecho un regalo divino: la ardiente esperanza. Espiga que mecen los vientos, espiga que conjuntas el trigo dorado: al influjo de soplos violentos, en las noches de amor, he temblado. Montaña que el sol transfigura. Tabor al febril mediodía, silente deidad en la noche estilífera y pura: ¡nadie supo en la tierra sombría mi dolor, mi temblor, mi pavura! Y vosotros, rosal florecido, lebreles sin amo, luceros, crepúsculos, escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido! He vivido con alma, con sangre, con nervios, con músculos, y voy al olvido...
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Elegía de septiembre
Oh, la Pereza es de raso o gamuza...! Para qué laborar, si eso es útil, Hidalgo? La Pereza agiliza, apresta, aguza... Pereza... ¡oh palafrén que yo cabalgo! Jauría de ensoñares -densa- azuza. Oh Pereza que es Todo y Nada y Algo...! Búho me apoden, díganme lechuza: de mis Pereza y Noche nunca salgo... La Pereza es sillón de terciopelo, sendero de velludo..., la Pereza es la divisa de mi gentileza, y es el blasón soberbio de mi escudo, que en un campo de lutos y de hielo se erige como un loto vago y mudo...
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¡oh, la pereza!
Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
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La venta
Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
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Al través de breñales de floresta no hollada, Cauteloso, en la sombra, por oculto sendero, El Fauno, que las ninfas desnudas caza artero, Se desliza, el pie rápido y ardiente la mirada. Es grato, divagando, de una fuente ignorada Oír, bajo las frondas, el rumor placentero, Cuando sus áureas flechas el Sol, divino arquero, Lanza en la móvil noche por la extensión callada. Se extravía una ninfa, se para, y de la Aurora Oye caer las lágrimas que desde el cielo llora Y que en el verde musgo temblando se disuelven. Desde el follaje, el Fauno salta sobre ella; aprisa La rapta, hiere el aire con su burlona risa, Y se aleja. Y los bosques a su silencio vuelven.
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Pan
Noche, madre sombría, de nubes negras y relámpagos ágiles, cuyos gritos de luz al mar doblegan: Menesteroso de silencio, pido tres palmos de la orilla desolada, de donde pueda regresar sencilla, como un fuego marino, la mirada. Nublada debo de tenerla ahora, mientras el mar castiga sus lebreles, si tú piensas la angustia de una estrella -viento del norte la desprende el oro- y yo, sin los resabios del camino, en un beso feliz, añejo vino, dulce soplo de brisa entre los labios. En el mismo sendero son viadores un límpido crepúsculo de luna y el pájaro fugaz de la tormenta. Para un mismo viajero se divide en jornadas el camino, porque pasan la aurora y el copo del lucero vespertino en un solo sendero. Noche, madre sombría: Cuando llegue el minuto ***** de mi borrasca, hazme sufrirlo aquí, junto a la orilla del agua amarga. Que, si me vienen ganas de llorar, quiero tener azules las ideas y en mis palabras el sonar de las mareas.
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Borrasca
La luz sostiene -ingrávidos, reales- el cerro blanco y las encinas negras, el sendero que avanza, el árbol que se queda; la luz naciente busca su camino, río titubeante que dibuja sus dudas y las vuelve certidumbres, río del alba sobre unos párpados cerrados; la luz esculpe al viento en la cortina, hace de cada hora un cuerpo vivo, entra en el cuarto y se desliza, descalza, sobre el filo del cuchillo; la luz nace mujer en un espejo, desnuda bajo diáfanos follajes una mirada la encadena, la desvanece un parpadeo; la luz palpa los frutos y palpa lo invisible, cántaro donde beben claridades los ojos, llama cortada en flor y vela en vela donde la mariposa de alas negras se quema: la luz abre los pliegues de la sábana y los repliegues de la pubescencia, arde en la chimenea, sus llamas vueltas sombras trepan los muros, yedra deseosa; la luz no absuelve ni condena, no es justa ni es injusta, la luz con manos invisibles alza los edificios de la simetría; la luz se va por un pasaje de reflejos y regresa a sí misma: es una mano que se inventa, un ojo que se mira en sus inventos. La luz es tiempo que se piensa.
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La vista, el tacto
Entonces, todavía tu voz me sabrá a luego. Y todavía y luego y siempre serás otra más allá de ti misma, inaccesiblemente... Y siendo tú el mar íntegro, te buscaré en la ola. Entonces, en tus ojos flotará todavía aquella vaga música que rimé con las rosas. Y todavía entonces saldré a escuchar tus ecos a las distancias húmedas de palabras redondas. Entonces, todavía te esperaré... En ti misma esperaré el retorno lírico de tu otra. Y aromaré la brisa del bosque con tu nombre y en la arena del páramo sembraré mi voz ronca... Y la flor, y la piedra, y el árbol, y el sendero, y la raíz, y el ala, y la luz, y la onda me dirán que te vieron pasar como un perfume envuelta en una trémula túnica de palomas... Y la rosa, y la brisa, y la fuente, y el astro, y el pájaro, y el musgo, y la nube, y la fronda me dirán que pasaste cubierta de rocío entre un emocionado vaivén de mariposas! Y en lo hondo de tus besos habrá un temblor de ausencia, y besaré en el polvo la huella de tus corzas; fatigaré el oráculo del pétalo sonoro y beberé el narcótico del pétalo sin sombra. Y entonces, todavía tu voz me sabrá a nunca, y todavía y siempre esperaré a tu otra más allá de ti misma, inaccesiblemente... Y, siendo tú el sol íntegro, te buscaré en la aurora!
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Elegía para entonces
Cuando te hartes de andar con la cabeza en el suelo, abrumada en problemas, iracunda por tantas penas, victimizada porque te robaron la avenencia,, entonces, inclina tu cabeza, un poco hacia arriba, deja que la sabiduría de tus fibras te impulsen hacia la cima. Cuando te hartes de andar con la cabeza medio arriba, porque permitiste tantas inmoralidades, porque te creíste tus propias falsedades, porque te inundabas en tus secas lágrimas, y, perfumabas tu cuerpo con la ansiedad mezquina, porque cada paso que dabas parecía un retrocedo a todo lo que le huías….. entonces amiga ¡inclina tu cabeza un poco más arriba! Deja que tus ancestros, que fecundizaron la tierra--te guíen en tu brida, Cuando te pregunten porque bajas la cabeza? responde con osadía; “Bajo la cabeza y no por lo que piensas, que siento que estoy sobrando, sobando mis problemas como se soba una bola mágica….., no pendejo…..estoy pensando… como voy a solucionar este azaroso problema”. Con delicadeza y astucia, ve pidiendo ayuda, ve agradeciendo el sendero que está lleno de altibajos, que vibra y se inmoviliza, mas recuerda que, por más que la vida te doblegue, te castigue, y te afinque, siempre recuerda, que nada puedes solucionar, con la cabeza en el piso. Alza la cabeza, enfócate en tu ritmo, cada paso hacia adelante, te acerca a tu destino…. aunque sientas que retrocedes, en las maridadas de la vida. Alza esa cabeza, mira, que el cielo…es infinito!!! pero solo, cuando te hartes de tenerla en el piso…… Aquí no hay rescates, si no te salvas a ti misma! LeydisProse 8/1/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Aug 1, 2017
Aug 1, 2017 at 12:35 PM UTC
Ya, alza la cabeza!
Cuando te hartes de andar con la cabeza en el suelo, abrumada en problemas, iracunda por tantas penas, victimizada porque te robaron la avenencia,, entonces, inclina tu cabeza, un poco hacia arriba, deja que la sabiduría de tus fibras te impulsen hacia la cima. Cuando te hartes de andar con la cabeza medio arriba, porque permitiste tantas inmoralidades, porque te creíste tus propias falsedades, porque te inundabas en tus secas lágrimas, y, perfumabas tu cuerpo con la ansiedad mezquina, porque cada paso que dabas parecía un retrocedo a todo lo que le huías….. entonces amiga ¡inclina tu cabeza un poco más arriba! Deja que tus ancestros, que fecundizaron la tierra--te guíen en tu brida, Cuando te pregunten porque bajas la cabeza? responde con osadía; “Bajo la cabeza y no por lo que piensas, que siento que estoy sobrando, sobando mis problemas como se soba una bola mágica….., no pendejo…..estoy pensando… como voy a solucionar este azaroso problema”. Con delicadeza y astucia, ve pidiendo ayuda, ve agradeciendo el sendero que está lleno de altibajos, que vibra y se inmoviliza, mas recuerda que, por más que la vida te doblegue, te castigue, y te afinque, siempre recuerda, que nada puedes solucionar, con la cabeza en el piso. Alza la cabeza, enfócate en tu ritmo, cada paso hacia adelante, te acerca a tu destino…. aunque sientas que retrocedes, en las maridadas de la vida. Alza esa cabeza, mira, que el cielo…es infinito!!! pero solo, cuando te hartes de tenerla en el piso…… Aquí no hay rescates, si no te salvas a ti misma! LeydisProse 8/1/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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