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"secreto" poems
Aurora borealis, aurora australis. Mare nostrum, sub silentio, sub secreto, ad libitur, as infinitum. Ira furor brevis est, amor suo iure. Memento vivere, in dubio, in dolorosa, in posse, in nubibus, in pace, in spiritu et veritate, in pleno, nvne avt nvnquam, ad vitam aeternam.
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Jul 5, 2010
Jul 5, 2010 at 1:28 AM UTC
Memento vivere
Piano llorón de Genoveva, doliente piano que en tus teclas resumes de la vida el arcano; piano llorón, tus teclas son blancas y son negras, como mis días negros, como mis blancas horas; piano de Genoveva que en la alta noche lloras, que hace muchos inviernos crueles que no te alegras, tu música es historia de poéticos males: habla de encantamientos y de princesas reales, de los pequeños novios que por robar los nidos una tarde nublada se quedaron perdidos en el bosque; y nos cuenta de la niña agraciada que recibió regalos de sus once madrinas, que no invitó a la otra a sus bodas divinas y que sufrió por ello los enojos del hada. Me pareces, oh piano, por tu voz lastimera, una caja de lágrimas, y tu oscura madera me evoca la visita del primer ataúd que recibí en mi casa en plena juventud. Piano de Genoveva, te amo por indiscreto; de tu alma a todo el mundo revelas el secreto; cuentas, uno por uno, todos tus desengaños. Piano llorón, la hermosa más hermosa del valle se nos ha vuelto triste por que tiene treinta años y no hay por todo el pueblo quien ronde por su calle. Genoveva, regálame tu amor crepuscular: esos dulces treinta años yo los puedo adorar. ¡Ruégala tú que al menos, pobre piano llorón, con sus plantas minúsculas me pise el corazón!
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El piano de genoveva
El instante en que te vi me di cuenta que eras muy especial lo que no sabia era lo afortunado que habia sido yo el momento que nuestros caminos se cruzaron. No tengo palabras para explicarte lo que me haces sentir cuando estoy contigo, tu sonrisa y tu dulzura inspiran muchas cosas dentro de mi, tu energia me renueva y quisiera estar mas cerca de ti. Tus labios me explicaron que sentias la misma atraccion y tus ojos me contaron lo dificil que es dejar entrar a alguien en tu ser. Eres mi secreto prohibido, cuando te veo, quisiera tomarte entre mis brazos y darte el beso mas profundo de alma a alma, pero tengo que conformarme con un rozo de tu mano, una mirada picara o una sonrisa juguetona. Pasan las horas, cuento los minutos y deseo que los segundos se disuelvan para yo estar junto a ti otra vez.
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Jul 22, 2012
Jul 22, 2012 at 2:48 AM UTC
Sushi y besos
Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina.
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Oda a la cebolla
Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina.
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Celos de saberte lejos, de no tenerte, de no poder pedirte nada. Celos de todo aquello que se queda en mi lengua, de todo lo que no puedo decirte. Celos de la geografía, de la altura, de la tes de tu piel. Celos de esos ojos que todo lo viven y todo lo ven. ¿Dónde quedo cuando no admito que te miro? Cuando escucho tu voz y sé que no me pertenece. ¿Dónde quedo si me escondo para sonreírte? Si en camas y cubos bailamos en secreto y los cigarros se agotan en el calor de la función. ¿Dónde queda el corazón si lo entrego a la cercanía a lo fácil, a la melancolía? Celos de la bocina que besa tu boca mientras escucho la lejanía de tu voz en el eco de una mañana distante. Envidia de los lentes que abrazan tu rostro, de la ropa que cubre tu torso. ¿Por qué no puedo ser esos brazos? ¿Por qué no puedo ser esa tela? Celos por perderte, porque no te tengo. El miedo a tu fluir porque eres libre porque eres hombre, porque eres viento.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 5:01 AM UTC
Lejano
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
Este domingo triste pienso en ti dulcemente y mi vieja mentira de olvido, ya no miente. La soledad, a veces, es peor castigo... Pero, ¡qué alegre todo, si estuvieras conmigo! Entonces no querría mirar las nubes grises, formando extraños mapas de imposibles países; y el monótono ruido del agua no sería el motivo secreto de mi melancolía. Este domingo triste nace de algo que es mío, que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío, mientras corren las aguas por la calle en declive y el corazón se muere de un ensueño que vive. La tarde pide un poco de sol, como un mendigo, y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo; y tendría la tarde, fragantemente muda, el ingenuo impudor de una niña desnuda. Si estuvieras conmigo, amor que no volviste, ¡qué alegre me sería este domingo triste!
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Poema del domingo triste
The soft machine is my body, said Sonia, it gives pleasure to men. I sit in my bath, rinse away the touch and feel of them, while in the other room Dimello lies upon my bed, gazing up at the ceiling, smoking his fat cigar, singing between puffs some song he thinks I like, some verses he’s remembered from some former times. Mi máquina suave, he calls me, his soft machine, supple, malleable machine. He knows little of me; his mind is of lower things, of orifices and ******* of ***** drugs and ***** deeds. He knows nothing of my needs, my little wants and desires. I lay back in my bath, let the water soothe me, my ******* sit upon the water’s skin like dolphins about to skim the waves, but these just sit and wait, two small whales, my fingers touching them as if some lover had felt and loved. Sometimes I embrace this soft machine, my hands around me as if some secret lover held me close, or I kiss my arms with my soft lips, mocking Dimello with his damp thick lips, his ***** breath in my ears, his words like pinpricks on my flesh. Besaré la máquina suave, he says, I will kiss the soft machine, he repeats, his smile oily, his eyes dark as prunes. Last night he made love to me, his body like some pounding shark, his teeth nibbling my flesh, his fingers entering, feeling their way in the dark, his coarse voice mumbling his words of lust and love. My uncle loved this soft machine, he would tickle and touch in the summer days when I stayed for the holidays when my parents were away on their business trips abroad in other climes in my childhood times. Nuestro secreto, Uncle said, our secret, none must know, he would whisper, his hands seeking smooth my flesh, to soothe my troubled mind and me. The water in my bath grows cold; I hear Dimello singing from the other room, his head on my pillow, his cigar smoke invading my space. I arise from my bath; look at my soft machine, my body, with its suppleness, its litheness, its agility. I know each inch of this machine, feel it with my finger’s touch, hold it in embrace, kiss it with a self-love, a tenderness lacking in other’s touch. Dimello calls, his patience lacking, his lust returned. Apresure mi máquina suave, he calls, hurry, my soft machine, my body awaits your return, he says. I want him gone, want his body from my bed and home. He does not love as I wish to be loved, his love is of a lower kind, his wants and lusts feel me with dread. I look out of the window and see the morning sun, see the day coming with its freshness blooming, the birds singing from some nearby trees, and Dimello singing like some strangled cat, his voice echoing through the walls of my one roomed flat and lowering my lips I blow a kiss to the birds in flight trying to forget Dimello and his lustful night.
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Nov 15, 2013
Nov 15, 2013 at 2:47 PM UTC
SOFT MACHINE. (PROSE POEM)
The soft machine is my body, said Sonia, it gives pleasure to men. I sit in my bath, rinse away the touch and feel of them, while in the other room Dimello lies upon my bed, gazing up at the ceiling, smoking his fat cigar, singing between puffs some song he thinks I like, some verses he’s remembered from some former times. Mi máquina suave, he calls me, his soft machine, supple, malleable machine. He knows little of me; his mind is of lower things, of orifices and ******* of ***** drugs and ***** deeds. He knows nothing of my needs, my little wants and desires. I lay back in my bath, let the water soothe me, my ******* sit upon the water’s skin like dolphins about to skim the waves, but these just sit and wait, two small whales, my fingers touching them as if some lover had felt and loved. Sometimes I embrace this soft machine, my hands around me as if some secret lover held me close, or I kiss my arms with my soft lips, mocking Dimello with his damp thick lips, his ***** breath in my ears, his words like pinpricks on my flesh. Besaré la máquina suave, he says, I will kiss the soft machine, he repeats, his smile oily, his eyes dark as prunes. Last night he made love to me, his body like some pounding shark, his teeth nibbling my flesh, his fingers entering, feeling their way in the dark, his coarse voice mumbling his words of lust and love. My uncle loved this soft machine, he would tickle and touch in the summer days when I stayed for the holidays when my parents were away on their business trips abroad in other climes in my childhood times. Nuestro secreto, Uncle said, our secret, none must know, he would whisper, his hands seeking smooth my flesh, to soothe my troubled mind and me. The water in my bath grows cold; I hear Dimello singing from the other room, his head on my pillow, his cigar smoke invading my space. I arise from my bath; look at my soft machine, my body, with its suppleness, its litheness, its agility. I know each inch of this machine, feel it with my finger’s touch, hold it in embrace, kiss it with a self-love, a tenderness lacking in other’s touch. Dimello calls, his patience lacking, his lust returned. Apresure mi máquina suave, he calls, hurry, my soft machine, my body awaits your return, he says. I want him gone, want his body from my bed and home. He does not love as I wish to be loved, his love is of a lower kind, his wants and lusts feel me with dread. I look out of the window and see the morning sun, see the day coming with its freshness blooming, the birds singing from some nearby trees, and Dimello singing like some strangled cat, his voice echoing through the walls of my one roomed flat and lowering my lips I blow a kiss to the birds in flight trying to forget Dimello and his lustful night.
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¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca.
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La poesía
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca.
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Soy huellas que no secan en el vacío interminable de tu pecho como marca hecha en desiertos por el cadáver sediento de tu cuerpo Soy un jugador con sonrisa de plata que se burla a escondidas, y se cree ganador de todo lo perdido aceptando el trofeo en secreto sabiendo que ha hecho bien en romper silencios, cadenas, el alma, y ha hecho jirones la camisa de un amante, en busca del elixir divino Soy quien encontró ambrosía en labios rosas como almohadas celestiales que bajan a su encuentro entre noches perdidas, secretas, sedientas Soy quien ríe al último con honestidad y el alma limpia pues no tengo nada que perder ya que he dado todo y regresó en migajas en platos rotos y en realidades que no concuerdan con los sueños y no me arrepiento de nada la historia me absuelve como algún matón cubano dijo alguna vez en algún lugar pues todos los asesinos tienen su razón justificada.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 3:57 AM UTC
Plenitud secreta
En el agua clara veo nuestros suaves reflexiones y las sombras solas y misteriosas debajo de glaciales enormes La luz del sol brillante se esconde debajo de nubes opacos me da escalofrios de temor y desaparecemos silenciosamente en la oscuridad El frio me atrapa en sus manos con el viento soplande en mi oido como un nino diciendome un secreto y el sol empieza a salir Ahorra siento esperanza veo la luz vislumbrante del sol poco a poco saliendo de las nubes y me siento libre y feliz
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Apr 10, 2013
Apr 10, 2013 at 7:59 PM UTC
El Viaje Misterioso
Cuando yo amo amo sin tiempo sin espacio amo muy imperfecto(así me sale) y generalmente por impulso. Amo como un espejo deformado muy desordenada, amo en secreto y bajo la lluvia amo profundo y de verdad con alma corazón y sin razón. Amo con el pensamiento más puro y bajo las tormentas oscuras de las palabras. Amo más allá de toda conspiración y los puñales que las ausencias me clavan . Amo para toda la vida o hasta mañana. ¡Qué gris frío dolor atraviesa entre relámpagos mi vida hoy al darme cuenta que nadie existe en ésta tierra que pueda amar como lo hago yo!.
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Sep 25, 2015
Sep 25, 2015 at 9:25 PM UTC
CUANDO YO AMO
Nos enseñaron desde niños cómo se forma un cuerpo sus órganos sus huesos sus funciones sus sitios pero nunca supimos de qué estaba hecha el alma ¿será de sentimientos / de ensueños / de esperanzas? ¿de emociones / de tirrias / de estupores? lo cierto es que / ignorada / el alma arde en su fuego tiene espasmos oscuros punzadas de ternura suburbios de delirio ¿será tal vez una inquilina del corazón? ¿o viceversa? entre ellos no hay frontera ¿o será la asesora principal de la mente? ¿o viceversa? entre ellas no hay disputa ¿o será capataza de la pobre conciencia? ¿o viceversa? entre ellas no hay acuerdo el alma tiene hambres y cuando está famélica puede herir puede armarse de enconos o de furias no hay que pensar que el alma es un tul de inocencia ajeno a los agravios que sufren cuerpo y alma en el alma se forman abscesos de rencores tumores de impaciencia hernias de desamparo el problema es que no hay cirujanos de alma ni siquiera herbolarios el alma es un secreto / una noción una nube que suele anunciar llanto pero después de tantas búsquedas de pesquisas inútiles y de adivinaciones nos queda apenas una certidumbre / que el alma no es el cuerpo pero muere con él
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El alma no es el cuerpo
Levanten sus copas que hoy la suerte se cierne a la botella Dionisio pagó con sangre el trago amargo de la pérdida. Laureada la seda que envuelve el óbito de tu destino, sobre el tinto que ateza de luto tu pecho atribulan sus enemigos en la cómplice oscuridad de un bar olvidado que arrulla en secreto la muerte bajo un mar de Ginebra Que aguarda entre mentiras al íntimo ritual que sienta el pulso y añeja el vértigo de tus palabras Petaca en mano que enciende tu aliento desgaja tus venas de oporto y ron y pinta de sanguinos matices la náusea ... que apacigua el lamento de tu Ménade solitaria que entre espectros alcoholizados maldice el acre juicio del azar Danza macabra que funde sus lenguas profanas, en la misma apática letanía Maldita esa noche de julio parda como el veneno que rezuman tus vísceras parda como la trama endeble que corrompe tu hígado enfermo Maldita la sed en tus ojos vidriosos negros como el nectar que escancian la Nísiades en la viña de tu cárdena mortaja. Maldito el recuerdo que aún te ve Sentado con beoda inocencia donde van a morir las ratas y un perro viejo sella con vos su pródigo pacto secuaz Que entre pitada y pitada escapan a vos en susurros los versos del turco Jayyam batiendo suspiros al aire flotando en castillos de alquitrán Que pensando en la muerte borracho y con voz cansada solías preguntar ¿Habrá allí una pizca de lima que bese el salitre de sus dedos renegridos?
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Jul 12, 2015
Jul 12, 2015 at 1:31 PM UTC
Elegía a Nefú
Voy a contarte en secreto quién soy yo, así, en voz alta, me dirás quién eres, quiero saber quién eres, cuánto ganas, en qué taller trabajas, en qué mina, en qué farmacia, tengo una obligación terrible y es saberlo, saberlo todo, día y noche saber cómo te llamas, ése es mi oficio, conocer una vida no es bastante ni conocer todas las vidas es necesario, verás, hay que desentrañar, rascar a fondo y como en una tela las líneas ocultaron, con el color, la trama del tejido, yo borro los colores y busco hasta encontrar el tejido profundo, así también encuentro la unidad de los hombres, y en el pan busco más allá de la forma: me gusta el pan, lo muerdo, y entonces veo el trigo, los trigales tempranos, la verde forma de la primavera las raíces, el agua, por eso más allá del pan, veo la tierra, la unidad de la tierra, el agua, el hombre, y así todo lo pruebo buscándote en todo, ando, nado, navego hasta encontrarte, y entonces te pregunto cómo te llamas, calle y número, para que tú recibas mis cartas, para que yo te diga quién soy y cuánto gano, dónde vivo, y cómo era mi padre. Ves tú qué simple soy, qué simple eres, no se trata de nada complicado, yo trabajo contigo, tú vives, vas y vienes de un lado a otro, es muy sencillo: eres la vida, eres tan transparente como el agua, y así soy yo, mi obligación es ésa: ser transparente, cada día me educo, cada día me peino pensando como piensas, y ando como tú andas, como, como tú comes, tengo en mis brazos a mi amor como a tu novia tú, y entonces cuando esto está probado, cuando somos iguales escribo, escribo con tu vida y con la mía, con tu amor y los míos, con todos tus dolores y entonces ya somos diferentes porque, mi mano en tu hombro, como viejos amigos te digo en las orejas; no sufras, ya llega el día, ven, ven conmigo, ven con todos los que a ti se parecen, los más sencillos, ven, no sufras, ven conmigo, porque aunque no lo sepas, eso yo sí lo sé: yo sé hacia dónde vamos, y es ésta la palabra: no sufras porque ganaremos, ganaremos nosotros, los más sencillos, ganaremos, aunque tú no lo creas, ganaremos.
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Oda al hombre sencillo
Voy a contarte en secreto quién soy yo, así, en voz alta, me dirás quién eres, quiero saber quién eres, cuánto ganas, en qué taller trabajas, en qué mina, en qué farmacia, tengo una obligación terrible y es saberlo, saberlo todo, día y noche saber cómo te llamas, ése es mi oficio, conocer una vida no es bastante ni conocer todas las vidas es necesario, verás, hay que desentrañar, rascar a fondo y como en una tela las líneas ocultaron, con el color, la trama del tejido, yo borro los colores y busco hasta encontrar el tejido profundo, así también encuentro la unidad de los hombres, y en el pan busco más allá de la forma: me gusta el pan, lo muerdo, y entonces veo el trigo, los trigales tempranos, la verde forma de la primavera las raíces, el agua, por eso más allá del pan, veo la tierra, la unidad de la tierra, el agua, el hombre, y así todo lo pruebo buscándote en todo, ando, nado, navego hasta encontrarte, y entonces te pregunto cómo te llamas, calle y número, para que tú recibas mis cartas, para que yo te diga quién soy y cuánto gano, dónde vivo, y cómo era mi padre. Ves tú qué simple soy, qué simple eres, no se trata de nada complicado, yo trabajo contigo, tú vives, vas y vienes de un lado a otro, es muy sencillo: eres la vida, eres tan transparente como el agua, y así soy yo, mi obligación es ésa: ser transparente, cada día me educo, cada día me peino pensando como piensas, y ando como tú andas, como, como tú comes, tengo en mis brazos a mi amor como a tu novia tú, y entonces cuando esto está probado, cuando somos iguales escribo, escribo con tu vida y con la mía, con tu amor y los míos, con todos tus dolores y entonces ya somos diferentes porque, mi mano en tu hombro, como viejos amigos te digo en las orejas; no sufras, ya llega el día, ven, ven conmigo, ven con todos los que a ti se parecen, los más sencillos, ven, no sufras, ven conmigo, porque aunque no lo sepas, eso yo sí lo sé: yo sé hacia dónde vamos, y es ésta la palabra: no sufras porque ganaremos, ganaremos nosotros, los más sencillos, ganaremos, aunque tú no lo creas, ganaremos.
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¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Alucinación en salamanca
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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*por mi parte soy o creo ser músico escuchadora de la nada, visitante del mundo, admiradora de los gatos, uno de los animales, la interpelante, creyente que todo es interesante, investigadora de los ojos, amante de las ondas, bastante obstinada, pero cada vez tu ayudante una habladora, la interruptora del silencio de todos modos la guardia de tu gran secreto simpatizante del arte, todo lo que es dulce, las lenguas romanas y las puestas del sol enemigo de la monotonía y el capitalismo luchadora por todo lo que es un organismo*
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Mar 21, 2016
Mar 21, 2016 at 5:14 PM UTC
Autorretrato, como Pablo Neruda
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
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Oda a las cosas
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
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O desenho inscrito sobe a forma de sinais, Que percorrem o mapa secreto desse corpo, Onde no olhar se vêm certezas divinais, Mais secreto é saber que alimentas o meu horto! O dilema repleto de infindáveis caminhos, Onde a escuridão que existira se esfumou, Nossos dizeres tornam-se atos e miminhos, Essas dúvidas são claras e o tempo levou! Como tu eu sinto que o melhor é mesmo acreditar, Soltar-me no vento e explorar o sentimento quente, Que chegou recheado de sonhos e contornos de cativar, É porém o desenho do teu rosto que guardo tão presente! Presente tão bom, presente que Deus me enviou no caminho, Posso mesmo confiar que tenho vontade de ir pela avenida, Nem tão pouco, nem tão perto a luz do fundo eu imagino, Mas o alimento que trouxeste e que a ti vai deixando com vida! Segue nas minhas veias na esperança de te poder hoje e sempre olhar, Apertar-te nos braços e encontrar o meu, em tempos já distante Norte, E hoje aperto em minha mão a bússola que me trouxeste em passaporte, Para o vão da felicidade, de que hoje quero acreditar, e comigo, a ti levar! Autor: António Benigno Para ti Lili…
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 9:58 AM UTC
Esse sinal que é teu
La sonrisa con que me visto hoy ha visto el mundo de maneras en el que el mundo no estaba diseñado para ser visto La sonrisa que retumba en tus labios es el ingrediente secreto para dar el paso y hacer eso Eso que nunca me atreví hacer Dejar un futuro seguro por una predicción incierta. La sonrisa con que me visto hoy no es la misma de ayer pues se ha cansado de sonreir a cambio de puñales Esta sonrisa es innata, pero ya no siente Esta sonrisa agoniza por un mundo que no escucha Es poca la salvación, pero mucha la esperanza
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Jun 1, 2014
Jun 1, 2014 at 2:57 PM UTC
Sonrisa
Luces de una noche igual,<br> digan como el reloj quebrar.<br> Distantes; dime esto no igual.<br> Como... ... <br> <br> Hayar sentido de la casualidad.<br> dia noche dia noche dia noche<br> dia noche dia noche dia noche:<br> dos partes: Dos: Uno, uno: Uno.<br> <br> Trabajo, descanso, algo mas,<br> trabajo, descanso, recrear,<br> trabajo, descanso, estudiar,<br> trabajo, descanso, descansar,<br> trabajo,  estudio pa'trabajar;<br> Descanso descanso pa trabajar<br> <br> Dos. Dos. Dos. Dos. Dos: tres.<br> Tres, uno, ono, uno, uno: dos.<br> Luces que no sea casualidad.<br> Noche ya dejame descansar.<br> <br> Luna tu no importas vete ya.<br> Luces que secreto esconderas, <br> ooo favor que se algo mas;<br> No... Estupida! maquina . . . . . .
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Aug 12, 2018
Aug 12, 2018 at 4:31 AM UTC
Dejavu
Mientras haya alguna ventana abierta, ojos que vuelven del sueño, otra mañana que empieza. Mar con olas trajineras -mientras haya- trajinantes de alegrías, llevándolas y trayéndolas. Lino para la hilandera, árboles que se aventuren, -mientras haya- y viento para la vela. Jazmín, clavel, azucena, donde están, y donde no en los nombres que los mientan. Mientras haya sombras que la sombra niegan, pruebas de luz, de que es luz todo el mundo, menos ellas. Agua como se la quiera -mientras haya- voluble por el arroyo, fidelísima en la alberca. Tanta fronda en la sauceda, tanto pájaro en las ramas -mientras haya- tanto canto en la oropéndola. Un mediodía que acepta serenamente su sino que la tarde le revela. Mientras haya quien entienda la hoja seca, falsa elegía, preludio distante a la primavera. Colores que a sus ausencias -mientras haya- siguiendo a la luz se marchan y siguiéndola regresan. Diosas que pasan ligeras pero se dejan un alma -mientras haya- señalada con sus huellas. Memoria que le convenza a esta tarde que se muere de que nunca estará muerta. Mientras haya trasluces en la tiniebla, claridades en secreto, noches que lo son apenas. Susurros de estrella a estrella -mientras haya- Casiopea que pregunta y Cisne que la contesta. Tantas palabras que esperan, invenciones, clareando -mientras haya- amanecer de poema. Mientras haya lo que hubo ayer, lo que hay hoy, lo que venga.
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Confianza
Irías, y verías Todo igual, cambiado todo, Así como tú eres El mismo y el otro. ¿Un río A cada instante No es él y diferente? Irías, en apariencia Distraído y aburrido En secreto, mirando, Pues el mirar es sólo La forma en que persiste El antiguo deseo. Mirando, estimarías (La mirada acaricia Fijándose o desdeña Apartándose) irreparable todo Ya, y perdido, o ganado Acaso, quién lo sabe. Así, con paso indiferente, Como llevado de una mano, Llegarías al mundo Que fue tuyo otro tiempo, Y allí le encontrarías, Al tú de ayer, que es otro hoy. Impotente, extasiado Y solo, como un árbol, Le verías, el futuro Soñando, sin presente, A espera del amigo, Cuando el amigo es él y en él le espera. Al verle, tú querrías Irte, ajeno entonces, Sin nada que decirle, Pensando que la vida Era una burla delicada, Y que debe ignorarlo el mozo hoy.
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Viendo volver
Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su **** la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.
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Dama huasteca
Hubo tantas veces que casi me ahogué cuando era niño, durante lecciones de natación, fiestas de cumpleaños. Así, me da miedo aún bañarme en las piscinas, las playas, los lagos. Me da vergüenza enseñar al mundo mis escamas dolorosas, la piel que teme el calor de la arena, los rayos del sol como si fueran medusas que queman con sus besos. Es que mis heridas, debajo de cuyas cicatrices, siguen ardiendo... Quisiera que de agua yo fuera hecho. En Manila, cuando era estudiante universitaria, y tomaba el bus que por el boulevard Roxas pasaba, podía olvidar de mis problemas, del caos, solo con una mirada a la bahía. Y siempre me preguntaba, ¿podría ser que al mar le doliera su piel de agua? Me acuerdo de cuando en silencio sufría, contra ondas como orilla padecía: el abandono de un amigo a quien quería en secreto, padecía el rechazo de las obras que había escrito, padecía la soledad en esta cruel ciudad... en aquellos momentos pensé en caminar, con piedras pesadas en mis bolsillos y zapatos, despacio, despacio hacía el mar, hacía el fondo... para que por fin se cumpliese mi destino de morir en el agua y su abrazo... Pero a ella, nunca he aprendido odiarla. Y he llegado hasta mares gallegos, hasta Coruña y sus cristales, donde cada mañana le escribo canciones de amor y promesas al océano atlántico. Al agua, un día regresaré, un día en ella, me habré disuelto, sí, yo a mí mismo. Porque es mi destino, yo que llevo alma azulada, el alma de aquel pez anciano que se hizo humano. Cuando un día me pregunte, "¿de dónde vienes?" un amante gallego, le diré que tierra yo no tengo, le diré, "amor, mírame los ojos, su blancura viene de las espumas de los mares filipinos"... y la noche en que me bese los labios y luego la piel, le diré, "amor, sigue, porque las escamas ya no me duelen, ves que del agua ya estoy hecho, de los aguas quietas, ya estoy hecho..."
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Mar 11, 2023
Mar 11, 2023 at 9:31 AM UTC
A Coruña
Hubo tantas veces que casi me ahogué cuando era niño, durante lecciones de natación, fiestas de cumpleaños. Así, me da miedo aún bañarme en las piscinas, las playas, los lagos. Me da vergüenza enseñar al mundo mis escamas dolorosas, la piel que teme el calor de la arena, los rayos del sol como si fueran medusas que queman con sus besos. Es que mis heridas, debajo de cuyas cicatrices, siguen ardiendo... Quisiera que de agua yo fuera hecho. En Manila, cuando era estudiante universitaria, y tomaba el bus que por el boulevard Roxas pasaba, podía olvidar de mis problemas, del caos, solo con una mirada a la bahía. Y siempre me preguntaba, ¿podría ser que al mar le doliera su piel de agua? Me acuerdo de cuando en silencio sufría, contra ondas como orilla padecía: el abandono de un amigo a quien quería en secreto, padecía el rechazo de las obras que había escrito, padecía la soledad en esta cruel ciudad... en aquellos momentos pensé en caminar, con piedras pesadas en mis bolsillos y zapatos, despacio, despacio hacía el mar, hacía el fondo... para que por fin se cumpliese mi destino de morir en el agua y su abrazo... Pero a ella, nunca he aprendido odiarla. Y he llegado hasta mares gallegos, hasta Coruña y sus cristales, donde cada mañana le escribo canciones de amor y promesas al océano atlántico. Al agua, un día regresaré, un día en ella, me habré disuelto, sí, yo a mí mismo. Porque es mi destino, yo que llevo alma azulada, el alma de aquel pez anciano que se hizo humano. Cuando un día me pregunte, "¿de dónde vienes?" un amante gallego, le diré que tierra yo no tengo, le diré, "amor, mírame los ojos, su blancura viene de las espumas de los mares filipinos"... y la noche en que me bese los labios y luego la piel, le diré, "amor, sigue, porque las escamas ya no me duelen, ves que del agua ya estoy hecho, de los aguas quietas, ya estoy hecho..."
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