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"saturno" poems
En la grana de un prado sanguíneo o en un bosque de cabezas cercenadas, la viuda reclama la carne de un párvulo ******** Allí donde entonan sus voces un coro de lamentos disonantes. Reniega de su apetito la matriarca del barrio francés Pues los gritos de Joliet no inquietan su consciencia, cosechan en cambio, un jardín de culposos deleites Placeres como solo admite, la maquiavelia de una gioconda que envuelta en lujosos atavíos extiende sus garras al inocente . Ni hablar del perjurio voraz, que oculta a la fantasía la marea virgen del infortunio y el propio siniestro. La desesperación de una madre que devora a sus hijos con el don de Saturno. Para la que no hay erotismo sino aquel que evoca el rigor cadavérico. Vapores que ascienden desde el lecho en descomposición, y alimentan su magia. Celebran el cruento dolor del infante, con la mirada de espanto apenas visible en el carmesí de sus finas pestañas Porque es claro como la luna y tan cierto como la muerte que en la viuda no hay gozo, sin el grito que desgarra la noche. Sin la brea que desciende sobre el horizonte, y la angustia que acompaña la pasión de la masacre.
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Aug 23, 2015
Aug 23, 2015 at 11:38 AM UTC
La Viuda de París
El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Entre los coros estelares oigo algo mío disonar. Mis acciones y mis cantares tenían ritmo particular. Vine al torrente de la vida en Santa Rosa de Osos, una medianoche encendida en astros de signos borrosos. Tomé posesión de la tierra, mía en el sueño y el lino y el pan; y, moviendo a las normas guerra, fui Eva... y fui Adán. Yo ceñía el campo maduro como si fuera una mujer, y me enturbiaba un vino oscuro de placer. Yo gustaba la voz del viento como una piñuela en sazón, y me la comía... con lamento de avidez en el corazón. Y, alígero esquife al día, y a la noche y al tumbo del mar, bogaba mi fantasía en un rayo de luz solar. Iba tras la forma suprema, tras la nube y el ruiseñor y el cristal y el doncel y la gema del dolor. Iba al Oriente, al Oriente, hacia las islas de la luz, a donde alzara un pueblo ardiente sublimes himnos a lo azul. Ya, cruzando la Palestina, veía el rostro de Benjamín, su ojo límpido, su boca fina y su arrebato de carmín. O de Grecia en el día de oro, do el cañuto le daba Pan, amaba a Sófocles en el Coro sonoro que canta el Peán. O con celo y ardor de paloma en celo, en la Arabia de Alá seguía el curso de Mahoma por la hermosura de Abdalá: Abdalá era cosa más bella que lauro y lira y flauta y miel; cuando le llevó una doncella ¡cien doncellas murieron por él! ... Mis manos se alzaron al ámbito para medir la inmensidad; pero mi corazón buscaba ex-ámbito la luz, el amor, la verdad. Mis pies se hincaban en el suelo cual pezuña de Lucifer, y algo en mí tendía el vuelo por la niebla, hacia el rosicler... Pero la Dama misteriosa de los cabellos de fulgor viene y en mí su mano posa y me infunde un fatal amor. Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida ante el ara del ideal. Y errar, errar, errar a solas, la luz de Saturno en mi sien, roto mástil sobre las olas en vaivén. Y una prez en mi alma colérica que al torvo sino desafía: el orgullo de ser, ¡oh América! el Ashaverus de tu poesía... Y en la flor fugaz del momento querer el aroma perdido, y en un deleite sin pensamiento hallar la clave del olvido; después un viento... un viento... un viento... ¡y en ese viento, mi alarido!
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El son del viento
El son del viento en la arcada tiene la clave de mí mismo: soy una fuerza exacerbada y soy un clamor de abismo. Entre los coros estelares oigo algo mío disonar. Mis acciones y mis cantares tenían ritmo particular. Vine al torrente de la vida en Santa Rosa de Osos, una medianoche encendida en astros de signos borrosos. Tomé posesión de la tierra, mía en el sueño y el lino y el pan; y, moviendo a las normas guerra, fui Eva... y fui Adán. Yo ceñía el campo maduro como si fuera una mujer, y me enturbiaba un vino oscuro de placer. Yo gustaba la voz del viento como una piñuela en sazón, y me la comía... con lamento de avidez en el corazón. Y, alígero esquife al día, y a la noche y al tumbo del mar, bogaba mi fantasía en un rayo de luz solar. Iba tras la forma suprema, tras la nube y el ruiseñor y el cristal y el doncel y la gema del dolor. Iba al Oriente, al Oriente, hacia las islas de la luz, a donde alzara un pueblo ardiente sublimes himnos a lo azul. Ya, cruzando la Palestina, veía el rostro de Benjamín, su ojo límpido, su boca fina y su arrebato de carmín. O de Grecia en el día de oro, do el cañuto le daba Pan, amaba a Sófocles en el Coro sonoro que canta el Peán. O con celo y ardor de paloma en celo, en la Arabia de Alá seguía el curso de Mahoma por la hermosura de Abdalá: Abdalá era cosa más bella que lauro y lira y flauta y miel; cuando le llevó una doncella ¡cien doncellas murieron por él! ... Mis manos se alzaron al ámbito para medir la inmensidad; pero mi corazón buscaba ex-ámbito la luz, el amor, la verdad. Mis pies se hincaban en el suelo cual pezuña de Lucifer, y algo en mí tendía el vuelo por la niebla, hacia el rosicler... Pero la Dama misteriosa de los cabellos de fulgor viene y en mí su mano posa y me infunde un fatal amor. Y lo demás de mi vida no es sino aquel amor fatal, con una que otra lámpara encendida ante el ara del ideal. Y errar, errar, errar a solas, la luz de Saturno en mi sien, roto mástil sobre las olas en vaivén. Y una prez en mi alma colérica que al torvo sino desafía: el orgullo de ser, ¡oh América! el Ashaverus de tu poesía... Y en la flor fugaz del momento querer el aroma perdido, y en un deleite sin pensamiento hallar la clave del olvido; después un viento... un viento... un viento... ¡y en ese viento, mi alarido!
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Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. Quiero catar silencio. Non me peta mormurio ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña de la canción adviene, que advenga con sordina: si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio; si trae mucha música, que en el Hades se taña o en cualquiera región al ***** Hades vecina... Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio! Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. Quiero catar silencio, mi sóla golosina. Como yo soy el Solitario, como yo soy el Taciturno, dejadme solo. Como yo soy el Hosco, el Arbitrario, como soy el Lucífugo, el Nocturno, dejadme solo. Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno) no los piséis, tumulto tumultuario, dejadme solo. Judeo, quechua, orangutánida, ario, -como soy de la estirpe de Saturno- dejadme solo. Decanto en mi rincón mínimo canto, silencioso; alquimista soy señero, juglar oculto, absconto fabulante. Dejadme solo. Buen catador (soto mísero manto) Buen tañedor (sin Amati o Guarniero) Alto cantor (aunque bajo cantante) Dejadme solo. Dejadme solo. Non quiero compaña. Dejadme esquivo. Non gusto coreo. Non paventad: non presumo de Orfeo desasnador de cerril alimaña. Dejadme solo soplando mi caña silvestre. Non pétame pueril ronroneo. Non son adamado. Non son sigisbeo. Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña. Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo. Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco. Sin pathos. Más seco que no Falstaff gordo. Solitario. Adusto. Voy único a bordo. Espíritu en ***** Corazón en blanco. Y esquivo dejadme. Soy notas-arranco de mi clavecino. Soy fábulas-bordo sobre el cañamazo de mi pentacordo. Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco. Dejadme señero: jamás me desbordo. Como yo soy el Solitario, como yo soy el Taciturno, como yo soy el Hosco, el Arbitrario, como soy el Lucífugo, el Nocturno, dejadme solo. Como soy Leo Atrabiliario, como soy Sergio el Estepario, como soy Proclo Extravagario, como ya tengo el Cuervo y el Vulturno de los acerbos choznos de Saturno, dejadme solo. Dejadme solo. Non quiero compaña. Dejadme esquivo. Non gusto coreo. Non paventad. Non presumo de Orfeo desasnador de cerril alimaña. No viene a mí, ni voy a la montaña. Ni vasallo ni César, Juez ni Reo: Sergio Estepario, Estrafalario Leo. Con mi tonel. De mi cruz cirineo. Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña pares le son a mi elación huraña. Dejadme solo.
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Admonición a los impertinentes
Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. Quiero catar silencio. Non me peta mormurio ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña de la canción adviene, que advenga con sordina: si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio; si trae mucha música, que en el Hades se taña o en cualquiera región al ***** Hades vecina... Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio! Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. Quiero catar silencio, mi sóla golosina. Como yo soy el Solitario, como yo soy el Taciturno, dejadme solo. Como yo soy el Hosco, el Arbitrario, como soy el Lucífugo, el Nocturno, dejadme solo. Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno) no los piséis, tumulto tumultuario, dejadme solo. Judeo, quechua, orangutánida, ario, -como soy de la estirpe de Saturno- dejadme solo. Decanto en mi rincón mínimo canto, silencioso; alquimista soy señero, juglar oculto, absconto fabulante. Dejadme solo. Buen catador (soto mísero manto) Buen tañedor (sin Amati o Guarniero) Alto cantor (aunque bajo cantante) Dejadme solo. Dejadme solo. Non quiero compaña. Dejadme esquivo. Non gusto coreo. Non paventad: non presumo de Orfeo desasnador de cerril alimaña. Dejadme solo soplando mi caña silvestre. Non pétame pueril ronroneo. Non son adamado. Non son sigisbeo. Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña. Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo. Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco. Sin pathos. Más seco que no Falstaff gordo. Solitario. Adusto. Voy único a bordo. Espíritu en ***** Corazón en blanco. Y esquivo dejadme. Soy notas-arranco de mi clavecino. Soy fábulas-bordo sobre el cañamazo de mi pentacordo. Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco. Dejadme señero: jamás me desbordo. Como yo soy el Solitario, como yo soy el Taciturno, como yo soy el Hosco, el Arbitrario, como soy el Lucífugo, el Nocturno, dejadme solo. Como soy Leo Atrabiliario, como soy Sergio el Estepario, como soy Proclo Extravagario, como ya tengo el Cuervo y el Vulturno de los acerbos choznos de Saturno, dejadme solo. Dejadme solo. Non quiero compaña. Dejadme esquivo. Non gusto coreo. Non paventad. Non presumo de Orfeo desasnador de cerril alimaña. No viene a mí, ni voy a la montaña. Ni vasallo ni César, Juez ni Reo: Sergio Estepario, Estrafalario Leo. Con mi tonel. De mi cruz cirineo. Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña pares le son a mi elación huraña. Dejadme solo.
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Hay que volar en este tiempo, a dónde? Sin alas, sin avión, volar sin duda: ya los pasos pasaron sin remedio, no elevaron los pies del pasajero. Hay que volar a cada instante como las águilas, las moscas y los días, hay que vencer los ojos de Saturno y establecer allí nuevas campanas. Ya no bastan zapatos ni caminos, ya no sirve la tierra a los errantes, ya cruzaron la noche las raíces, y tú aparecerás en otra estrella determinadamente transitoria convertida por fin en amapola.
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Soneto xcvii
Qué victoria es tenerte, amor mío, podrías arrancar mis dientes, que para nada me han servido esta vez. Qué victoria es tenerte, porque ambos estamos perdidos, como en el atardecer muerto de noviembre. Gime, amor, porque sé que sueles ser silenciosa. Di incoherencias y ríe conmigo -o de mí-, amor, porque de eso se trata. Y, por favor, no me olvides en el momento en el que ya no delire, ni cuando sangre en mi cara ya no tenga, y las sábanas sean blancas, como tu falda inmaculada, o tus pantaletas mojadas.
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Aug 24, 2017
Aug 24, 2017 at 11:17 PM UTC
Saturno.
Os dias acabam e a noite chega, Acendo a minha pequena lanterna Chamada consciência, Com a minha solidão eterna. A noite tranquiliza-me, Meio mundo está a dormir Sinónimo que está a progredir. Durante o meu sonho Nao existe gravidade Posso voar, pecar , Ninguém estará lá para me julgar. A madrugada costuma alimentar-se das minhas insónias, Não me importo pois ao fim da noite encontro a aurora, Nela encontro a minha esperança além da paranóia, Perco o sono, levanto me, dou a volta ao mundo sem demora. O meu quarto escuro, Com o passar das horas Cria um clima soturno. É nesse ambiente que travo os meus duelos Batalhando sob o admirável céu noturno Mudando o rumo dos asteróides, Faço os explodir Apenas para alimentar esta alma nervosa, Corro pelos anéis de Saturno Escorrego no gelo e saio disparado pelo universo, Enquanto gravito escrevo versos, Sobre os mares, continentes E formas de vida criadas na Terra. Mas a minha mente envolvida por aquele espaço É curiosa e faz me espreitar, Procuro algo fantástico impossível de imaginar, Infelizmente acordo e reparo que estava apenas a sonhar. Dormir tornou-se um luxo, Que raramente consigo suportar Mas sem ele o meu pensamento fica turvo Turvo de desencanto e claro de paixão, Tão desorganizado como esta selva de betão. Faz me desejar emigrar para ilhas de utopia, Praias de naufragio onde Beethovem escreveu Sonata ao luar á sua amada companhia.. Conheço-me, durante a noite aprendi a navegar Tomo as minhas decisões depos d'agitaçao parar, E sobre elas costumo meditar Enumeros conflitos tento solucionar. Quando tenho o corpo e a mente unidos No unico tempo que interessa, o presente, Foco me na respiraçao até que, Subitamente uma decisão aparece, Na minha totalidade transcendo-me E vivo sem arrependimentos Estando no presente, Não me lamento do passado, Não preparo o futuro , Apenas vivo no unico tempo existente, Tudo o resto é a minha mente, que mente, exageradamente.
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Apr 11, 2018
Apr 11, 2018 at 2:47 PM UTC
soturno
Os dias acabam e a noite chega, Acendo a minha pequena lanterna Chamada consciência, Com a minha solidão eterna. A noite tranquiliza-me, Meio mundo está a dormir Sinónimo que está a progredir. Durante o meu sonho Nao existe gravidade Posso voar, pecar , Ninguém estará lá para me julgar. A madrugada costuma alimentar-se das minhas insónias, Não me importo pois ao fim da noite encontro a aurora, Nela encontro a minha esperança além da paranóia, Perco o sono, levanto me, dou a volta ao mundo sem demora. O meu quarto escuro, Com o passar das horas Cria um clima soturno. É nesse ambiente que travo os meus duelos Batalhando sob o admirável céu noturno Mudando o rumo dos asteróides, Faço os explodir Apenas para alimentar esta alma nervosa, Corro pelos anéis de Saturno Escorrego no gelo e saio disparado pelo universo, Enquanto gravito escrevo versos, Sobre os mares, continentes E formas de vida criadas na Terra. Mas a minha mente envolvida por aquele espaço É curiosa e faz me espreitar, Procuro algo fantástico impossível de imaginar, Infelizmente acordo e reparo que estava apenas a sonhar. Dormir tornou-se um luxo, Que raramente consigo suportar Mas sem ele o meu pensamento fica turvo Turvo de desencanto e claro de paixão, Tão desorganizado como esta selva de betão. Faz me desejar emigrar para ilhas de utopia, Praias de naufragio onde Beethovem escreveu Sonata ao luar á sua amada companhia.. Conheço-me, durante a noite aprendi a navegar Tomo as minhas decisões depos d'agitaçao parar, E sobre elas costumo meditar Enumeros conflitos tento solucionar. Quando tenho o corpo e a mente unidos No unico tempo que interessa, o presente, Foco me na respiraçao até que, Subitamente uma decisão aparece, Na minha totalidade transcendo-me E vivo sem arrependimentos Estando no presente, Não me lamento do passado, Não preparo o futuro , Apenas vivo no unico tempo existente, Tudo o resto é a minha mente, que mente, exageradamente.
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Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto. Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño que reflejo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha .de caber un sueño así como en el cielo no ha cabido una estrella). Sin embargo en mis ojos una pregunta existe y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste abandonada en medio de la tierra infinita! Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
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Tengo miedo
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes. El tren y la mujer que llena el cielo. Tu soledad esquiva en los hoteles y tu máscara pura de otro signo. Es la niñez del mar y tu silencio donde los sabios vidrios se quebraban. Es tu yerta ignorancia donde estuvo mi torso limitado por el fuego. Norma de amor te di, hombre de Apolo, llanto con ruiseñor enajenado, pero, pasto de ruina, te afilabas para los breves sueños indecisos. Pensamiento de enfrente, luz de ayer, índices y señales del acaso. Tu cintura de arena sin sosiego atiende sólo rastros que no escalan. Pero yo he de buscar por los rincones tu alma tibia sin ti que no te entiende, con el dolor de Apolo detenido con que he roto la máscara que llevas. Allí, *** allí, furia del cielo, te dejaré pacer en mis mejillas; allí, caballo azul de mi locura, pulso de nebulosa y minutero, he de buscar las piedras de alacranes y los vestidos de tu madre niña, llanto de medianoche y paño roto que quitó luna de la sien del muerto. Sí, tu niñez ya fábula de fuentes. Alma extraña de mi hueco de venas, te he de buscar pequeña y sin raíces. ¡Amor de siempre, amor, amor de nunca! ¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme. No me tapen la boca los que buscan espigas de Saturno por la nieve o castran animales por un cielo, clínica y selva de la anatomía. Amor, amor, amor. Niñez del mar. Tu alma tibia sin ti que no te entiende. Amor, amor, un vuelo de la corza por el pecho sin fin de la blancura. Y tu niñez, amor, y tu niñez. El tren y la mujer que llena el cielo. Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas. Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
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Tu infancia en menton
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes. El tren y la mujer que llena el cielo. Tu soledad esquiva en los hoteles y tu máscara pura de otro signo. Es la niñez del mar y tu silencio donde los sabios vidrios se quebraban. Es tu yerta ignorancia donde estuvo mi torso limitado por el fuego. Norma de amor te di, hombre de Apolo, llanto con ruiseñor enajenado, pero, pasto de ruina, te afilabas para los breves sueños indecisos. Pensamiento de enfrente, luz de ayer, índices y señales del acaso. Tu cintura de arena sin sosiego atiende sólo rastros que no escalan. Pero yo he de buscar por los rincones tu alma tibia sin ti que no te entiende, con el dolor de Apolo detenido con que he roto la máscara que llevas. Allí, *** allí, furia del cielo, te dejaré pacer en mis mejillas; allí, caballo azul de mi locura, pulso de nebulosa y minutero, he de buscar las piedras de alacranes y los vestidos de tu madre niña, llanto de medianoche y paño roto que quitó luna de la sien del muerto. Sí, tu niñez ya fábula de fuentes. Alma extraña de mi hueco de venas, te he de buscar pequeña y sin raíces. ¡Amor de siempre, amor, amor de nunca! ¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme. No me tapen la boca los que buscan espigas de Saturno por la nieve o castran animales por un cielo, clínica y selva de la anatomía. Amor, amor, amor. Niñez del mar. Tu alma tibia sin ti que no te entiende. Amor, amor, un vuelo de la corza por el pecho sin fin de la blancura. Y tu niñez, amor, y tu niñez. El tren y la mujer que llena el cielo. Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas. Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
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