"rosado" poems
Cómo has cambiado, pelona,
cisco de carbonería.
Te has vuelto una negra mona
con tanta huachafería.
Te cambiaste las chancletas
por zapatos taco aguja,
y tu cabeza de bruja
la amarraste con peinetas.
Por no engordar sigues dietas
y estás flaca y hocicona.
Imitando a tu patrona
has aprendido a fumar.
Hasta en el modo de andar
cómo has cambiado, pelona.
Usas reloj de pulsera
y no sabes ver la hora.
Cuando un ***** te enamora
le tiras con la cartera.
¡Qué...! ¿También usas polvera?
permite que me sonría
¿Qué polvos se pone usía?:
¿ocre? ¿rosado? ¿rachel?
o le pones a tu piel
cisco de carbonería.
Te pintaste hasta el meñique
porque un blanco te miró
«¡Francica, botá frifró
que son comé venarique...!»
Perdona que te critique,
y si me río, perdona.
Antes eras tan pintona
con tu traje de percala
y hoy, por dártela de mala
te has vuelto una negra mona.
Deja ese estilo bellaco,
vuelve a ser la misma de antes.
Menos polvos, menos guantes,
menos humo de tabaco.
Vuelve con tu ***** flaco
que te adora todavía
Y si no, la policía
te va a llevar de la jeta
por dártela de coqueta
con tanta huachafería.
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En el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.
1.4k
We dream
we want
the awards you take
We dream
we buy
the hypocrisy
We dream
we want
the new days you describe
in your speeches
The soap box betrays you
Twitter. Tweeting. Facebook. Facade.
Insta. Instant. Dopamine rush.
If you could separate your self from the stage,
that would be great.
-- but if you're going to make a political statement
while accepting an award for your humanity,
you might want to think about what your
individual actions tell the world about you.
Who will listen?
Who will ask?
Looks like money once more
takes the last laugh.
Dec 4, 2017
Dec 4, 2017 at 4:20 PM UTC
Patas macias acariciam a grama há muito não cortada
Enroscam-se em espinhos
Tropeçam em ninhos
Tão perto da estrada.
Seus narizes são ímãs
Indisciplinados e impulsivos
Um alarme rosado de caos
abrasivo.
Alaranjada, repousa na faxada da rua
Seca, bronzeada
Nua
Sua.
Três patas e uma planta
Nada ela sente, silenciada por dentes
Mastigada, digerida, excrementada
Por fim
Em adubo virada.
Nov 7, 2016
Nov 7, 2016 at 3:24 PM UTC
Madre, no me digas:
-Hijo, quédate...,
cena con nosotros
y duerme después...
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez...
Yo a Dios le rogaba
una y otra vez:
que nunca se enferme
que viva años cien;
robusto, rosado,
gallardo doncel
le vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café...
Dios me ha castigado.
¡Él sabrá por qué!-
Madre, no me digas:
-Hijo, quédate...-
La calle me llama
y a la calle iré...
Yo tengo una pena
de tan mal jaez
que ni tu ni nadie
puede comprender,
y en medio de la calle
¡me siento tan bien!
¿Qué cuál es mi pena?
¡Ni yo sé cuál es!
Pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer...
La calle me llama
y obedeceré...
Cuando pongo en ella
los ligeros pies,
me lleno de rimas
sin saber por qué...
La calle, la calle,
¡loco cascabel!
La noche, la noche,
¡qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche,
se quieren los tres...
La calle me llama,
la noche también...
Hasta luego, madre,
¡voy a florecer!
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¿Dónde estará lo que persigo ciega?
-Jardines encantados, mundos de oro-
Todo lo que me cerca es incoloro.
Hay otra vida. Allí, ¿cómo se llega?
Un perfume divino el alma anega:
olor de estrellas, un rosado coro
de Dianas fugitivas; el esporo
viviente aún de la delicia griega.
¿Dónde estará ese mundo que persigo?
El sueño voluptuoso va conmigo
y me ciñen las rosas de su brazo.
Y mientras danzo sobre el césped fino
fuera del alma acecha mi destino
y la Gran Cazadora mueve el lazo.
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¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.
Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.
Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.
Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.
Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.
Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.
El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su ******
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.
Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.
A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
942
El día empezó púrpura,
casi rosado
-¿habrá amanecido desangrándose?-
para luego tornarse amarillo,
amarillísimo y posteriormente,
quemarte tus retinas malditas y
volverte completa y
jodidamente ciego.
Jul 12, 2017
Jul 12, 2017 at 9:05 AM UTC
Linda Regia! Tus venas son fermentos
de mi no ser antiguo y del champaña
***** de mi vivir!
Tu cabello es la ignota raicilla
del árbol de mi vid.
Tu cabello es la hilacha de una mitra
de ensueño que perdí!
Tu cuerpo es la espumante escaramuza
de un rosado jordán;
y ondea, como un látigo beatifico
que humillara a la víbora del mal!
Tus brazos dan la sed de lo infinito,
con sus castas hespérides de luz,
cual dos blancos caminos redentores,
dos arranques murientes de una cruz.
Y están plasmados en la sangre invicta
de mi imposible azul! Tus pies son dos heráldicas alondras
que eternamente llegan de mi ayer!
Linda Regial Tus pies son las dos lágrimas
que al bajar del Espíritu ahogué,
un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
ya lejos para siempre de Belén!
573
Uno y uno son dos. Mas cuando solos,
Cuando no espían ojos importunos,
Mi labio junto a tu rosado labio,
Uno y uno son uno.
Dos y dos suman cuatro. Eso es mentira:
Cuando, al decirte adiós, los brazos tuyos
Quedan entre mis brazos prisioneros,
Dos y dos suman uno.
Dos y uno suman tres. Mas cuando un hijo
Selle por siempre nuestro amor profundo,
Cuando un hijo sonría en nuestra casa,
Dos y uno serán uno.
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Oculto, en madreselvas, la veía
De rosal en rosal vagar ligera.
El jardín aromado sonreía
Bajo radiante luz de primavera.
Rosado y blanco su vestido; rojos
Los lazos del sombrero; la sombrilla
Blanca; rubio el cabello, azules ojos
Y vivo rosicler en la mejilla.
Y en su amplia cesta, rosas y más rosas;
Y cantaba entre aromas y fulgores
Su canción matinal. Las mariposas
Eran, en torno de ella, aladas flores.
Y yo dudaba, oculto en la verdura.
Bajo ese cielo azul de primavera,
Si era rosal fragante su hermosura,
O si un rosal entre las rosas era.
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Del llanto al beso, en dulce desvarío,
Hay apenas un leve calofrío.
¡Cállate!
¿Y qué es un beso? Un juramento
Hecho muy cerca, en mudo arrobamiento.
Es promesa sin voz, punto rosado
De la i de pasión; secreto amado
Que hace del labio seductor oído.
Es un fugaz instante
De infinito y de cielo, con rüido
De abeja susurrante.
Es comunión de amor que sabe a rosa,
Manera de aspirar en dulce calma
Del corazón la esencia misteriosa,
Y de gustar, sobre la boca, el alma.
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um céu rosado ao fim da tarde
chuva e frio,
mas tu aqueces-me o coração
chove para adormecer
relaxo o corpo,
mas a mente não
perguntas-me: vamos?
eu percorro caminhos demasiado estreitos para ir acompanhado
e tu dizes: e se for atrás de ti?
és a minha voz da razão
em fila caminhamos de mãos dadas
afinal esta estrada solitária faz-se bem com companhia
-então? para onde vamos?
espreita-me por cima do ombro.
pelo canto do olho vejo-lhe o entusiasmo nas bochechas
olho para cima para pensar
vejo um bando de pássaros a voar por cima da estrada
para um horizonte distante e respondo: vamos por ali
Mar 13, 2018
Mar 13, 2018 at 3:19 PM UTC
Me perdí a mi misma
en el culo de una botella de vino
Me entregué a la luna
como si mi vida fuese mística
con extrañas mentiras posadas en tus labios
Sintiendo electricidad con cada trago
y como mi corazón descansa en paz
con cada paso.
Viendo cosas que preferiría no ver
y siendo alguien que no quiero ser.
Porque pienso más de lo que debería pensar
y bebo más de lo que me gustaría admitir
al final del día nunca acabo haciendo
lo que le prometí a mi reflejo esa mañana...
Bebo más de lo que me gustaría decir
bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír
y cada vez que bebo me olvido de mi,
solo y únicamente te pienso a ti...
Las aguas calmas de un tranquilo río
vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina
siento cada una de las gotas de lluvia
que golpean con suavidad contra mi cara
estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa
Expulsé todo el veneno de mi cuerpo
solo me quedan
las aguas calmas de un tranquilo río
Prométemelo, no te puedes ir
contigo me siento como nunca me sentí
he olvidado todo por lo que alguna vez bebí
no recuerdo porque anoche sufrí.
Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo
vino rosado corriendo por tus labios
bajo el árbol de la colina.
Sé mi espada en la noche,
sé mis pájaros cantores.
Vino rosado contra la escarcha de hielo
resbalando sobre la capa del lago congelado
engañando a la escurridiza muerte.
Una ligera llovizna peina el prado
a lo largo, como una cortina,
aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes
en el cielo.
La escalera se deshace
se me escapa, de entre los dedos, la noche,
las aguas vuelven a su cauce
y yo vuelvo a intentar olvidarte.
Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:41 PM UTC
Me he ceñido toda con un manto *****
Estoy toda pálida, la mirada extática.
Y en los ojos tengo partida una estrella.
¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática!
Ya ves que no luzco siquiera una joya,
Ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias.
Y hasta me he quitado las hebillas ricas
De las correhuelas de mis dos sandalias.
Mas soy esta noche, sin oros ni sedas,
Esbelta y morena como un lirio vivo.
Y estoy toda ungida de esencias de nardos.
Y soy toda suave bajo el manto esquivo.
Y en mi boca pálida florece ya el trémulo
Clavel de mi beso que aguarda tu boca.
Y a mis manos largas se enrosca el deseo
como una invisible serpentina loca.
¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme,
amante!
Bajo tu mirada surgiré como una
Estatua vibrante sobre un plinto *****
Hasta el que se arrastra, como un can, la luna.
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Fatigada ya, su mano
Sobre las teclas ***
Y soñolienta arrancó
El último acorde al piano.
Y como aroma que exhala
Una flor, y al viento flota,
Aquella postrera nota
Queda vagando en la sala.
Y va la niña a su alcoba,
Y se alzan visiones puras
De las blancas colgaduras
De su lecho de caoba.
Por el alto mirador
Entran a la tibia estancia
El rumor y la fragancia
De los naranjos en flor.
Se ve al través del boscaje
Un astro que parpadea,
Y la brisa cuchichea
En las cortinas de encaje.
Y de un amor ideal,
Memorias quizá adoradas,
Hay flores secas, regadas
En las mesas de nogal.
Entre esos ramos dispersos,
De festines olvidados,
Muestra sus cortes dorados
Abierto un libro de versos.
Al fulgor azul y escaso
Que la lámpara derrama
Brillan cerca de la cama
Sus zapatillas de raso.
Y finge la luz visiones,
Visiones que sonrientes
Se reclinan indolentes
En los tallados sillones.
Y en la penumbra se ve,
Bañado en tenue fulgor,
Afuera del cobertor
Su breve y rosado pie.
Todo yace en calma. Hermosa
La luna su lumbre riega,
Y a besar el lecho llega
Donde la virgen reposa.
¡Cómo su pecho se ensancha
Ante esa luz de consuelo!
Es la bendición del cielo
Sobre esa frente sin mancha.
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