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"rodeados" poems
Llora palestina, llora Llora gaza Lloran las fronteras Supuran sus llagas llenas de cantos de injusticia Largos cantos de dolor que emanan de las entrañas Llora Honduras, llora El Salvador, Llora Nicaragua Tus hijos los más pequeños montados en bestias Huyendo de otras bestias, rodeados de bestias Hacia la bestia padre Padre de todas las bestias (solo basta recordar para entender) Llora México entre plomos y promesas Llora el indio en la sierra La mujer en costa chica El campesino en la huasteca México un plantío de drogas y de sangre Donde los ricos se hacen más ricos Y los pobres valen menos que las balas que los matan Llora la Tierra, Onile, la Pachamama Entre lenguajes hegemónicos y pueblos sublevados Hace mucho que nadie la escucha Solo los indios y los brujos con sus hechizos Pero pronto volveremos a poner la frente al piso Para oír de cerca lo que reclama.
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Jul 30, 2014
Jul 30, 2014 at 5:33 AM UTC
Llora Pachamama
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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Los viejos
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
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Testimonial
Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
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no tienen idea de lo que es pedir un deseo al universo en altas horas de la madrugada solo para agradarles no tienen idea de la soledad que se siente cada vez que uno de ustedes me deja sin razón y nunca sabrán el esfuerzo que hago para una conversación mantener, y que piensen bien de mi vencer mi ansiedad social no es fácil, más lo logro; sin embargo no saben lo mucho que aumenta al ver que no les importo, y tampoco se agradan al estar conmigo escribir versos llenos de dolor y soledad se han convertido en mi rutina mi mente en blanco intentar dejar, para luego sin intención volver a recordar se ha vuelto en aquella gota de agua que cae lentamente en mi cabeza torturándome ¿pueden pensar en los demás? ¿por solo un pequeño momento? no todos son como ustedes, rodeados de personas, rodeados de amigos, gente por todas partes, les da igual si esa gente se va o si llega más piensen en el gran daño que le hacen a alguien que no es así alguien que los considera importantes y que de cierta forma siente admiración por ustedes alguien que se sonroje cuando les haga reír, no porque guste de ustedes, sino por haber logrado que rieran por algo que esa persona dijo alguien que aprecie cada detalle que ustedes den alguien que aprecie más que nadie su forma de ser alguien que quiere ser como ustedes y les toma como ejemplo nunca sabrán lo que es soñar despierto sobre ser amigos cercanos, sobre tomar fotos, ir a lugares más despertar viendo que esa persona ni siquiera le dirige la palabra las preguntas constantes hacia si mismo “¿soy tóxico?” “¿hice algo mal?” “juro solemnemente que podría cambiarlo” pero no, nunca entenderán, porque son los putos amos, son los mejores, son los dioses, los ídolos solo tengan algo de humanidad por un maldito momento ¿si?
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Jan 21, 2018
Jan 21, 2018 at 10:08 AM UTC
Queridas personas que me han dejado sin razón
no tienen idea de lo que es pedir un deseo al universo en altas horas de la madrugada solo para agradarles no tienen idea de la soledad que se siente cada vez que uno de ustedes me deja sin razón y nunca sabrán el esfuerzo que hago para una conversación mantener, y que piensen bien de mi vencer mi ansiedad social no es fácil, más lo logro; sin embargo no saben lo mucho que aumenta al ver que no les importo, y tampoco se agradan al estar conmigo escribir versos llenos de dolor y soledad se han convertido en mi rutina mi mente en blanco intentar dejar, para luego sin intención volver a recordar se ha vuelto en aquella gota de agua que cae lentamente en mi cabeza torturándome ¿pueden pensar en los demás? ¿por solo un pequeño momento? no todos son como ustedes, rodeados de personas, rodeados de amigos, gente por todas partes, les da igual si esa gente se va o si llega más piensen en el gran daño que le hacen a alguien que no es así alguien que los considera importantes y que de cierta forma siente admiración por ustedes alguien que se sonroje cuando les haga reír, no porque guste de ustedes, sino por haber logrado que rieran por algo que esa persona dijo alguien que aprecie cada detalle que ustedes den alguien que aprecie más que nadie su forma de ser alguien que quiere ser como ustedes y les toma como ejemplo nunca sabrán lo que es soñar despierto sobre ser amigos cercanos, sobre tomar fotos, ir a lugares más despertar viendo que esa persona ni siquiera le dirige la palabra las preguntas constantes hacia si mismo “¿soy tóxico?” “¿hice algo mal?” “juro solemnemente que podría cambiarlo” pero no, nunca entenderán, porque son los putos amos, son los mejores, son los dioses, los ídolos solo tengan algo de humanidad por un maldito momento ¿si?
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Matilde, nombre de planta o piedra o vino, de lo que nace de la tierra y dura, palabra en cuyo crecimiento amanece, en cuyo estío estalla la luz de los limones. En ese nombre corren navíos de madera rodeados por enjambres de fuego azul marino, y esas letras son el agua de un río que desemboca en mi corazón calcinado. Oh nombre descubierto bajo una enredadera como la puerta de un túnel desconocido que comunica con la fragancia del mundo! Oh invádeme con tu boca abrasadora, indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos, pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
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Soneto i
De pronto, sin motivo: graznido, palaciego, cejijunto, microbio, padrenuestro, dicterio; seguidos de: incoloro, bisiesto, tegumento, ecuestre, Marco Polo, patizambo, complejo; en pos de: somormujo, padrillo, reincidente, herbívoro, profuso, ambidiestro, relieve; rodeados de: Afrodita, núbil, huevo, ocarina, incruento, rechupete, diametral, pelo fuente; en medio de: pañales, Flavio Lacio, penates, toronjil, nigromante, semibreve, sevicia; entre: cuervo, cornisa, imberbe, garabato, parásito, almenado, tarambana, equilátero; en torno de: nefando, hierofante, guayabo, esperpento, cofrade, espiral, mendicante; mientras llegan: incólume, falaz, ritmo, pegote, cliptodonte, resabio, fuego fatuo, archivado; y se acercan: macabra, cornamusa, heresiarca, sabandija, señuelo, artilugio, epiceno; en el mismo momento que castálico, envase, llama **** estertóreo, zodiacal, disparate; junto a sierpe... ¡no quiero! Me resisto. Me niego. Los que sigan viniendo han de quedarse adentro.
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Rebelión de vocablos
Siento tanto frio mi amor, más agradezco todo tu calor, gracias por acogerme en el dolor por amarme con paciencia y pasión. Siento mucha gratitud, contigo me siento en plenitud, te regalo mi juventud, vamos creciendo en amplitud, reemplazando la inquietud con certitud, aflojando la acritud, brindándonos en toda pulcritud, dejando el tumulto y las multitudes, las lasitudes y vicisitudes de la vida, entregarnos cada día, con respeto y valentía, en el cansancio y la apatía, abrazándonos en una banca de madera, reforzando nuestra entrega. Recordándonos que mientras lleguemos tú y yo a ese encuentro, la vida nos continuara sonriendo, porque tú y yo siempre podremos inventarnos otro suspiro, por este nuestro idilio de amor, abrazados en una banca de madera, rodeados por el olor de la tierra, con los pies firmes en suelo y nuestro amor volcando por los cielos. LeydisProse 1/29/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 31, 2018
Jan 31, 2018 at 6:18 PM UTC
UNA BANCA DE MADERA
Cresci. E crescer é isto. Não estar restringida pelo passado. Cresci. E entendi O tremer das mãos da minha mãe, O vazio no olhar do meu pai, O ódio no coração do meu irmão. Não sei se perdoei, Mas cresci. E crescer é isto, estar sempre um passo mais perto de entender. E entendi. Entendi que às vezes o que nos acontece tem mais a ver com os outros do que conosco, e os outros, nós não podemos controlar, só podemos tentar entender para não os termos de condenar. Então, Controlo-me a mim, E cresço. Amadureço, Longe da árvore onde foi o meu começo. Eu cresço... Cresci tanto que os deixei a todos para trás,   no sítio onde estagnaram,   rodeados de raízes invisíveis que os prendem, de crenças estúpidas que os limitaram.   Cresci. Mas não me esqueci. Não me esqueci de voltar atrás para lhes dar a mão.   Sei que os posso visitar   e estou grata por aquele lugar que em tempos chamei de lar. Só não fiquei para trás, Porque cresci. Cresci tanto… Que algures a meio do caminho, Talvez desde o início, Eles deixaram de me entender a mim. Mas eu entendi…   E então, claro que cresci.
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Mar 5, 2022
Mar 5, 2022 at 1:04 PM UTC
Cresci!