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"riquezas" poems
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirlo le decía: «Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz...»                                  Y el cómico reía. Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte».-Viajad y os distraeréis.                                               - ¡Tanto he viajado! -Las lecturas buscad.                                           -¡Tanto he leído! -Que os ame una mujer.                                                 -¡Si soy amado! -¡Un título adquirid!                                       -¡Noble he nacido! -¿Pobre seréis quizá?                                           -Tengo riquezas -¿De lisonjas gustáis?                                           -¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?                                               -Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?                                                 -Mucho... mucho... -¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? -Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. -¿A Garrik?                         -Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.-¿Y a mí, me hará reír?                                               -¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? -Así -dijo el enfermo- no me curo; ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
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Reír llorando
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirlo le decía: «Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz...»                                  Y el cómico reía. Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte».-Viajad y os distraeréis.                                               - ¡Tanto he viajado! -Las lecturas buscad.                                           -¡Tanto he leído! -Que os ame una mujer.                                                 -¡Si soy amado! -¡Un título adquirid!                                       -¡Noble he nacido! -¿Pobre seréis quizá?                                           -Tengo riquezas -¿De lisonjas gustáis?                                           -¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?                                               -Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?                                                 -Mucho... mucho... -¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? -Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. -¿A Garrik?                         -Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.-¿Y a mí, me hará reír?                                               -¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? -Así -dijo el enfermo- no me curo; ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
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Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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El mendigo
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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Jornaleros que habéis cobrado en plomo sufrimientos, trabajos y dineros. Cuerpos de sometido y alto lomo: jornaleros. Españoles que España habéis ganado labrándola entre lluvias y entre soles. Rabadanes del hambre y el arado: españoles. Esta España que, nunca satisfecha de malograr la flor de la cizaña, de una cosecha pasa a otra cosecha: esta España. Poderoso homenaje a las encinas, homenaje del toro y el coloso, homenaje de páramos y minas poderoso. Esta España que habéis amamantado con sudores y empujes de montaña, codician los que nunca han cultivado esta España. ¿Dejaremos llevar cobardemente riquezas que han forjado nuestros remos? ¿Campos que ha humedecido nuestra frente dejaremos? Adelanta, español, una tormenta de martillos y hoces: ruge y canta. Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta adelanta. Los verdugos, ejemplo de tiranos, ****** y Mussolini labran yugos. Sumid en un retrete de gusanos los verdugos. Ellos, ellos nos traen una cadena de cárceles, miserias y atropellos. ¿Quién España destruye y desordena? ¡Ellos! ¡Ellos! Fuera, fuera, ladrones de naciones, guardianes de la cúpula banquera, cluecas del capital y sus doblones: ¡fuera, fuera! Arrojados seréis como basura de todas partes y de todos lados. No habrá para vosotros sepultura, arrojados. La saliva será vuestra mortaja, vuestro final la bota vengativa, y sólo os dará sombra, paz y caja la saliva. Jornaleros: España, loma a loma, es de gañanes, pobres y braceros. ¡No permitáis que el rico se la coma, jornaleros!
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Jornaleros
Jornaleros que habéis cobrado en plomo sufrimientos, trabajos y dineros. Cuerpos de sometido y alto lomo: jornaleros. Españoles que España habéis ganado labrándola entre lluvias y entre soles. Rabadanes del hambre y el arado: españoles. Esta España que, nunca satisfecha de malograr la flor de la cizaña, de una cosecha pasa a otra cosecha: esta España. Poderoso homenaje a las encinas, homenaje del toro y el coloso, homenaje de páramos y minas poderoso. Esta España que habéis amamantado con sudores y empujes de montaña, codician los que nunca han cultivado esta España. ¿Dejaremos llevar cobardemente riquezas que han forjado nuestros remos? ¿Campos que ha humedecido nuestra frente dejaremos? Adelanta, español, una tormenta de martillos y hoces: ruge y canta. Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta adelanta. Los verdugos, ejemplo de tiranos, ****** y Mussolini labran yugos. Sumid en un retrete de gusanos los verdugos. Ellos, ellos nos traen una cadena de cárceles, miserias y atropellos. ¿Quién España destruye y desordena? ¡Ellos! ¡Ellos! Fuera, fuera, ladrones de naciones, guardianes de la cúpula banquera, cluecas del capital y sus doblones: ¡fuera, fuera! Arrojados seréis como basura de todas partes y de todos lados. No habrá para vosotros sepultura, arrojados. La saliva será vuestra mortaja, vuestro final la bota vengativa, y sólo os dará sombra, paz y caja la saliva. Jornaleros: España, loma a loma, es de gañanes, pobres y braceros. ¡No permitáis que el rico se la coma, jornaleros!
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No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas, como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! Ni aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed... Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios -vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadoras; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, -vacíos de infmito..., vacíos... -Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navios... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas... ¡el mar! Mis ojos vagabundos -viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!
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Balada del mar no visto, ritmada en versos diversos
No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas, como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! Ni aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed... Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios -vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadoras; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, -vacíos de infmito..., vacíos... -Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navios... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas... ¡el mar! Mis ojos vagabundos -viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!
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Viví en un país de ladrones Motivados por corazones y pasiones Robando affection de amores Dejando parejas quebradas Pero tu me pedistes mi amor En ese momento me enamore De verdad pensasteis que te dejare Cuando el me ofreció riquezas? Tu eres todo que he querido Tengo miedo qe tu te arrepientas Si lo vas a pensar otra vez Por favor no me digas No quiero saber tu epifanía Dejame vivir en la ignorancia Cómo viví en en un país de ladrones? Con gente que ni saben que ellos quieren Robando todo en su vista Dejando corazones rotos Tu me enseñastes que todavía hay bueno Me dado el regalo de compassion © Sofia Villagrana 2018
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May 2, 2018
May 2, 2018 at 11:23 AM UTC
Pais de Ladrones
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Ceniciento mussolini
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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Lo que esperamos
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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La vida es un gran campo de combate: Ved al hombre luchar de polo a polo; Yo le llamo vencido al que se abate Porque se ve sin armas y está solo. Más nocivos que el buitre carnicero, Y que la sierpe que veneno entraña, Son el amigo hipócrita y artero, El hijo ingrato y la mujer que engaña. La verdad es la luz; el hombre vano Que más la oculta, en su maldad se estrella; Que no me extienda su alevosa mano, Quien no me dé su corazón con ella. Evitar a otros daños y amargura, Ser en sus penas bálsamo y testigo, Secar su llanto, darle la ventura Y servirle sin premio, es ser su amigo. No confundáis lisonja y alabanza; Distinto son el lucro y el cariño; No mueva el interés a la esperanza; Amad como la madre o como el niño. La experiencia es la hermana de la duda; No es fiero todo aquel que está en campaña, Ni amigo todo aquel que nos saluda, Ni hermano todo aquel que os acompaña. Abrid los ojos, pobres caminantes, Sed del humano batallar testigos, Que cual llegan a odiarse dos amantes, Llegan hasta matarse dos amigos. No contrariéis el propio sentimiento Ni la noble verdad neguéis por nada, Preferid a riquezas y talento Franco carácter y palabra honrada.
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A todos
Del amor y sus riquezas, del amor y sus pobrezas el amor junto a tu lado.. es el único que me interesa. Si estamos abrigados, sea; en el fardo de heno en el frio aire campestre, en una mansión o en un piso de tierra, no importa donde sea, si en la ciudad de las luces o en la pobreza de Burundi, del amor y sus riquezas, del amor y sus pobrezas, si estoy a tu costado, me siento saciada y plena. No importa si comemos caviar, no importa si no nos toca viajar, bordando sueños en tu dulce mirada, arropada entre tus brazos he encontrado yo, la novena maravilla, en la dulzura de tu sonrisa. Del amor y sus altibajos, me deslizo entre tus labios, tejiendo con ilusión en cada beso la frazada que cobijara este ensueño, de encontrarnos en el trayecto, de reconocer en una mirada el amor que alguna vez decretamos como el único que esperábamos. Del amor y sus riquezas, del amor y sus pobrezas, del amor y sus altibajos, del amor que se promete, de ese que se cansa y luego rejuvenece, en un perdón con un beso en la cabeza, o en el que se engancha a una camisa, remendando aquellas palabras rotas, sea en el fardo de heno, en una mansión o en el suelo, ya que lo único que importa, es vivir este amor con grandeza y con empeño. LeydisProse 11/24/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 24, 2017
Nov 24, 2017 at 6:57 PM UTC
DEL AMOR Y SUS RIQUEZAS
Yacen de un home en esta piedra dura El cuerpo yermo y las cenizas frías: Médico fue, cuchillo de natura, Causa de todas las riquezas mías. Y ahora cierro en honda sepultura Los miembros que rigió por largos días; Y aun con ser Muerte yo, no se la diera, Si dél para matarle no aprendiera.
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A un médico