Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"remanso" poems
The night is coming. The moonlight strikes on evening's anvil. The night is coming. A giant tree clothes itself in the leaves of cantos. The night is coming. If you came to see me, on the path of storm-winds... The night is coming. ...you would find me crying, under high, black poplars. Ay, girl with the dark hair! Under high, black poplars.
0
3.3k
Remanso, Final Song
Tus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo ***** y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano... Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano.De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo ***** y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios... De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso.Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso... Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.
0
1.4k
Inventario galante
Como tras de sí misma va esta línea por los horizontales confines persiguiéndose y en el poniente siempre fugitivo en que se busca se disipa -como esta misma línea por la mirada levantada vuelve todas sus letras una columna diáfana resuelta en una no tocada no oída ni gustada mas pensada flor de vocales y de consonantes -como esta línea que no acaba de escribirse y antes de consumarse se incorpora sin cesar de fluir pero hacia arriba: los cuatro chopos.                                 Aspirados por la altura vacía y allá abajo, en un charco hecho cielo, duplicados, los cuatro son un solo chopo y son ninguno.                           Atrás, frondas en llamas que se apagan -la tarde a la deriva- otros chopos ya andrajos espectrales interminablemente ondulan interminablemente inmóviles. El amarillo se desliza al rosa, se insinúa la noche en el violeta. Entre el cielo y el agua hay una franja azul y verde: sol y plantas acuáticas, caligrafía llameante escrita por el viento. Es un reflejo suspendido en otro. Tránsitos: parpadeos del instante. El mundo pierde cuerpo, es una aparición, es cuatro chopos, cuatro moradas melodías. Frágiles ramas trepan por los troncos. Son un poco de luz y otro poco de viento. Vaivén inmóvil. Con los ojos las oigo murmurar palabras de aire. El silencio se va con el arroyo, regresa con el cielo. Es real lo que veo: cuatro chopos sin peso plantados sobre un vértigo. Una fijeza que se precipita hacia abajo, hacia arriba, hacia el agua del cielo del remanso en un esbelto afán sin desenlace mientras el mundo zarpa hacia lo obscuro. Latir de claridades últimas: quince minutos sitiados que ve Claudio Monet desde una barca. En el agua se abisma el cielo, en sí misma se anega el agua, el chopo es un disparo cárdeno: este mundo no es sólido. Entre ser y no ser la yerba titubea, los elementos se aligeran, los contornos se esfuman, visos, reflejos, reverberaciones, centellear de formas y presencias, niebla de imágenes, eclipses, esto que veo somos: espejeos.
0
902
Cuatro chopos
Como tras de sí misma va esta línea por los horizontales confines persiguiéndose y en el poniente siempre fugitivo en que se busca se disipa -como esta misma línea por la mirada levantada vuelve todas sus letras una columna diáfana resuelta en una no tocada no oída ni gustada mas pensada flor de vocales y de consonantes -como esta línea que no acaba de escribirse y antes de consumarse se incorpora sin cesar de fluir pero hacia arriba: los cuatro chopos.                                 Aspirados por la altura vacía y allá abajo, en un charco hecho cielo, duplicados, los cuatro son un solo chopo y son ninguno.                           Atrás, frondas en llamas que se apagan -la tarde a la deriva- otros chopos ya andrajos espectrales interminablemente ondulan interminablemente inmóviles. El amarillo se desliza al rosa, se insinúa la noche en el violeta. Entre el cielo y el agua hay una franja azul y verde: sol y plantas acuáticas, caligrafía llameante escrita por el viento. Es un reflejo suspendido en otro. Tránsitos: parpadeos del instante. El mundo pierde cuerpo, es una aparición, es cuatro chopos, cuatro moradas melodías. Frágiles ramas trepan por los troncos. Son un poco de luz y otro poco de viento. Vaivén inmóvil. Con los ojos las oigo murmurar palabras de aire. El silencio se va con el arroyo, regresa con el cielo. Es real lo que veo: cuatro chopos sin peso plantados sobre un vértigo. Una fijeza que se precipita hacia abajo, hacia arriba, hacia el agua del cielo del remanso en un esbelto afán sin desenlace mientras el mundo zarpa hacia lo obscuro. Latir de claridades últimas: quince minutos sitiados que ve Claudio Monet desde una barca. En el agua se abisma el cielo, en sí misma se anega el agua, el chopo es un disparo cárdeno: este mundo no es sólido. Entre ser y no ser la yerba titubea, los elementos se aligeran, los contornos se esfuman, visos, reflejos, reverberaciones, centellear de formas y presencias, niebla de imágenes, eclipses, esto que veo somos: espejeos.
Continue reading...
65
Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
0
724
La venta
Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
Continue reading...
68
Son de abril las aguas mil. Sopla el viento achubascado, y entre nublado y nublado hay trozos de cielo añil.       Agua y sol. El iris brilla. En una nube lejana, zigzaguea una centella amarilla.       La lluvia da en la ventana y el cristal repiqueteo.       A través de la neblina que forma la lluvia fina, se divisa un prado verde, y un encinar se esfumina, y una sierra gris se pierde.       Los hilos del aguacero sesgan las nacientes frondas, y agitan las turbias ondas en el remanso del Duero.       Lloviendo está en los habares y en las pardas sementeras; hay sol en los encinares, charcos por las carreteras.       Lluvia y sol. Ya se oscurece el campo, ya se ilumina; allí un cerro desparece, allá surge una colina.       Ya son claros, ya sombríos los dispersos caseríos, los lejanos torreones.       Hacia la sierra plomiza van rodando en pelotones nubes de guata y ceniza.
0
658
En abril, las aguas mil
Bendita seas... Fuiste algo blanco, muy blanco y puro, en la agonía del hierro oscuro donde se abrían las negras rosas de mis ideas... Porque al amarme desvaneciste mis negaciones hondas y ateas; porque eres buena, porque eres triste, bendita seas. Porque endulzaste mis desalientos, porque encantaste mis desencantos, porque elevaste mis pensamientos; porque al mirarme tus ojos santos se iluminaron mis sufrimientos y mis quebrantos; porque curaste, caritativa, todas las llagas de mis peleas; por delicada, por comprensiva, bendita seas... porque tú fuiste como un remanso para el estruendo de mis mareas; porque me diste paz y descanso, ¡bendita seas! Hoy voy de nuevo por el camino do en polvo escriben mi vida inquieta mis pies llagados de peregrino, oyendo a un ave de dulce trino que rima versos como un poeta, y viendo siempre la gris silueta de mi destino... pero, en la hora de la parida, cuando sus fauces abre lo arcano, y, como un ala, tiembla en la mano la despedida; cuando mi viaje sin rumbo emprendo, ensombrecido por el estruendo de mis mareas; cuando de nuevo mi andanza sigo, porque me amaste, porque me diste las dulcedumbres de tu alma triste, yo te bendigo... ¡Bendita seas!
0
594
Bendita seas...
Andando, andando. Que quiero oír cada grano de la arena que voy pisando. Andando. Dejad atrás los caballos, que yo quiero llegar tardando (andando, andando) dar mi alma a cada grano de la tierra que voy rozando. Andando, andando. ¡Qué dulce entrada en mi campo, noche inmensa que vas bajando! Andando. Mi corazón ya es remanso; ya soy lo que me está esperando (andando, andando) y mi pie parece, cálido, que me va el corazón besando. Andando, andando. ¡Que quiero ver el fiel llanto del camino que voy dejando!
0
599
Andando
Silencio, ¿dónde llevas tu cristal empañado de risas, de palabras y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, el rocío del canto y las manchas sonoras que los mares lejanos dejan sobre la albura serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas cuando sobre los campos alguna vieja noria clava su lento dardo en tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso te hieren las campanas y quiebran tu remanso las bandadas de coplas y el gran rumor dorado que cae sobre los montes azules sollozando? El aire del invierno hace tu azul pedazos, y troncha tus florestas el lamentar callado de alguna fuente fría. Donde posas tus manos, la espina de la risa o el caluroso hachazo de la pasión encuentras. Si te vas a los astros, el zumbido solemne de los azules pájaros quiebra el gran equilibrio de tu escondido cráneo. Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios. Taladrado de estrellas y maduro de música, ¿donde llevas, silencio, tu dolor extrahumano, dolor de estar cautivo en la araña melódica, ciego ya para siempre tu, manantial sagrado? Hoy arrastran tus ondas turbias de pensamiento la ceniza sonora y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos que por siempre se fueron. El estruendo remoto del mar, momificado. Si Jehová se ha dormido, sube al trono brillante, quiébrale en su cabeza un lucero apagado, y acaba seriamente con la música eterna, la armonía sonora de luz, y mientras tanto, vuelve a tu manantial, donde en la noche eterna, antes que Dios y el tiempo, manabas sosegado.
0
601
Elegía del silencio
Silencio, ¿dónde llevas tu cristal empañado de risas, de palabras y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, el rocío del canto y las manchas sonoras que los mares lejanos dejan sobre la albura serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas cuando sobre los campos alguna vieja noria clava su lento dardo en tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso te hieren las campanas y quiebran tu remanso las bandadas de coplas y el gran rumor dorado que cae sobre los montes azules sollozando? El aire del invierno hace tu azul pedazos, y troncha tus florestas el lamentar callado de alguna fuente fría. Donde posas tus manos, la espina de la risa o el caluroso hachazo de la pasión encuentras. Si te vas a los astros, el zumbido solemne de los azules pájaros quiebra el gran equilibrio de tu escondido cráneo. Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios. Taladrado de estrellas y maduro de música, ¿donde llevas, silencio, tu dolor extrahumano, dolor de estar cautivo en la araña melódica, ciego ya para siempre tu, manantial sagrado? Hoy arrastran tus ondas turbias de pensamiento la ceniza sonora y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos que por siempre se fueron. El estruendo remoto del mar, momificado. Si Jehová se ha dormido, sube al trono brillante, quiébrale en su cabeza un lucero apagado, y acaba seriamente con la música eterna, la armonía sonora de luz, y mientras tanto, vuelve a tu manantial, donde en la noche eterna, antes que Dios y el tiempo, manabas sosegado.
Continue reading...
72
El lago una mancha Parece de azogue. ¡Que arranque la lancha! ¡Que bogue, que bogue! Mi Musa que esmalte Adquiere en las cimas, Será gerifalte A caza de rimas. Aromas diluye Sobre el campo el aura. Doquier vida fluye Que el cuerpo restaura. Ramazón umbría Sobre el agua cuelga. La pajarería Canta alegre en huelga. Mariposas raudas Van entre fulgores; Del guadual las caudas Dan gratos rumores. En mundos que fragua La mente me pierdo, Y el rumor del agua Aduerme el recuerdo. Cual góndola zarpa El alma a la aurora. El bosque es un arpa Que alivia al que llora. Que traiga el ensueño Bienhechor descanso: ¡Oh campo, oh risueño Celeste remanso! La ciudad ahoga.... ¡Que mi cuerpo vibre! ¡Boga, lancha, boga! ¡El alma aquí es libre!
0
479
Impresión campestre
Aquí gaviota vela, aquí conmigo, luz en canto recién amanecido; dame verde tu aliento rama trino, soñolencia limón bostezo hiedra; embiste mar, embiste mis pupilas y en ritmo azul adéntrate en mis venas, ola tras ola y siempre lejanía, apetencia, voraz de despedida, pero también de rubia resolana, de sol adolescente y marinero, de modorra desnuda, aquí, en la playa. -de espalda femenina y asoleada-, ****** azul remanso, vuelo espuma, horizonte, horizonte, y humareda -algosa cabellera en el recuerdo- junto al fervor devoto de los pinos, azul, ellos también, ya casi cielo, y de cuanto es sustancia y es entrega, milagro permanente, brisa, piedra, cadencia de rompiente en la escollera... y en mí -¡ya para siempre!- hasta la médula.
0
415
Euforia
¡Noche; lago tranquilo, donde miente mi vida su eternidad, copiando su día fugitivo inmensamente; donde mi corazón está, entre las estrellas, copiado, como entre la copia -cercana e imposible- de un almendral en flor en un remanso! -¡Perpetua amiga, sin los celos ni la envidia de nadie de los días, noche!- ¡Noche, divino espejo, en que el cuerpo se ve su alma; igual, profunda redención de todo el hombre; eterna engañadora, nunca, nunca infiel a tu mentira de justicia y belleza!
0
366
12
Ya viene la noche. Golpean rayos de luna sobre el yunque de la tarde.   Ya viene la noche. Un árbol grande se abriga con palabras de cantares.   Ya viene la noche. Si tú vinieras a verme por los senderos del aire.   Ya viene la noche, Me encontrarías llorando bajo los álamos grandes.   ¡Ay morena! bajo los álamos grandes.
0
348
Remanso, canción final
-Herrero, ¿qué fabricas con fuerte y ruda mano? -Una cadena. -Al cuello siempre habrá de ir contigo. -Tú, labrador, ¿qué siembras? -Para el pan, siembro trigo. -Para ti, roja bala,  y el pan, para el tirano. -¿Cazador? -Cazo ciervos en un bosque lejano. -Te cazarán soldados de ejército enemigo. -¿Pescador? -Al remanso mi red tendiendo sigo. -Su red a ti la Muerte no ha de tender en vano. -Tú, madre, ¿a quién arrullas? -Arrullo a un inocente. -Su espada al extranjero, que a la patria esclaviza, ofrecerá, mal hijo, y ayudará a vejarla. -¡Poeta! Y tú, ¿qué haces? -Marco con hierro ardiente a la cobarde raza que, al ver cómo agoniza la libertad, no tiene valor para vengarla.
0
334
De los "sonetos acorazados"
Es un agreste valle, cerca del mar Euxino. Sobre un azul remanso tiende un laurel sus frondas. La Ninfa, asida a un gajo, se inclina hacia las ondas, Y el pie moja en el agua del raudal cristalino. Sus compañeras, rápidas, en impudor divino En la corriente se hunden, y aparecen, redondas Formas en las espumas, y cabelleras blondas, Un muslo, níveos brazos, o un seno alabastrino. Alegría divina del bosque se levanta. Iluminan la sombra dos ojos encendidos. ¡El Sátiro que llega!... Su risa las espanta; Y huyen… De azul crepúsculo bajo radiante velo... Así, cuando se oyen de un cuervo los graznidos, Los Cisnes del Caístro tienden el raudo vuelo.
0
291
El baño de las ninfas
En otoño, en el agua dormida de los lagos,                   Cuando ya el frío empieza, Y el cielo es gris, los álamos en los desiertos parques                   Las hojas caer dejan; Y en el agua se tienden como amarillo manto,                   Y es el agua tristeza... Pero hay en ella, claros azules do en la noche                         Se miran las estrellas. También como esos lagos hay almas otoñales                   Donde flotan y tiemblan. Recuerdos melancólicos de días de ilusiones,                   De extintas primaveras; Y en esas almas tristes hay claros muy azules                   Que el cielo azul reflejan... Así es la mía, y siempre tiene un remanso, en donde Se miran las estrellas.
0
311
Lagos y almas