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"prometido" poems
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Un perro ha muerto
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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La vida sencilla
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
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Romance de gerineldo y la infanta
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
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Abre bien las persianas mantén descorridas las cortinas. Aquí siéntete cercano del jardín prometido. ¿Has visto a las parinas cómo en el espejo se reflejan? En aguas como éstas algún día ya veremos al mundo tal cual es. Pues le han dicho a mi amigo sus buenos amigos del otro lado que algo importante se prepara para uno cualquiera de estos días. Abre bien las persianas. Mantén descorridas las cortinas.
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Dec 13, 2011
Dec 13, 2011 at 7:13 PM UTC
Chungará
-¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora   un alevoso ha salido; llámase Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido, cuatro traiciones ha hecho,   y con esta serán cinco. Si gran traidor fue el padre,   mayor traidor es el hijo. Gritos dan en el real:   -¡A don Sancho han mal herido! Muerto le ha Vellido Dolfos,   ¡gran traición ha cometido! Desque le tuviera muerto,   metiose por un postigo, por las calle de Zamora   va dando voces y gritos: -Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido.
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Romance del rey don sancho
Por qué caminos del alba Andas descubriendo el cielo Ese, prometido a unos Los que sufrimos, creemos Y le pedimos a Dios Ir a bruñir sus luceros Porqué sendas, asombrada, Ya vas encontrando el cielo, Mientras aquí las banderas Y pueblos, están de duelo. Porque te fuiste, tan pronto Precipitando el invierno Cuando aun, lleno de flores, Se desgranaba febrero Yucas y conquistadores Te irán formando cortejo; Pizarro barbado y noble -Bronce, plata, encaje, acero- Con una ciudad de Torres Entre sus brazos sin huesos. Y una muchedumbre oscura Que va detrás de Atahualpa Te sigue cantando himnos En lengua quechua y aymara Ya estás, Gabriela, en la gloria, Mitad de princesa incaica, Mitad de reina española, Como Isabel, la magnánima. Ya sé que no has de escribir A nadie mas en la tierra, Que oficinas de correo A la eternidad se veda ¡Pero es tan dulce que sepas Gabriela, que toda América Por ti está tan conmovida Como tu patria chilena...! El cielo junto al copihue La orquídea venezolana Se une a la victoria-regia Del Brasil, y en la sabana De Colombia, los gomeros Detienen su savia trágica. ¡Toda la flora de América Quiere mirarte la cara! Asómate entre las nubes Una tarde arrebolada; Muéstranos tu frente ancha De madre tan bien amada, ¡Déjanos poquito a poco, Del todo no te nos vayas! Aquí ha quedado tu verso, Tu palabra estructurada Con lo mejor del idioma Y lo mejor de tu alma. Pero nos falta tu rostro Con la sonrisa cansada, Que a todos nos descansaba Cuando nos daba en los ojos. Oye, Gabriela, las voces Desde tu «bosque perfecto» Damos la señal que diga Que llega a ti nuestro acento, Y repasa, tu que tanto Sobre la tierra anduviste, ¡Reposa y se haga radiante Su risa aquella, tan triste! Descubre el cielo y descansa, Pero, Gabriela ¡no olvides!
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Carta a gabriela
Por qué caminos del alba Andas descubriendo el cielo Ese, prometido a unos Los que sufrimos, creemos Y le pedimos a Dios Ir a bruñir sus luceros Porqué sendas, asombrada, Ya vas encontrando el cielo, Mientras aquí las banderas Y pueblos, están de duelo. Porque te fuiste, tan pronto Precipitando el invierno Cuando aun, lleno de flores, Se desgranaba febrero Yucas y conquistadores Te irán formando cortejo; Pizarro barbado y noble -Bronce, plata, encaje, acero- Con una ciudad de Torres Entre sus brazos sin huesos. Y una muchedumbre oscura Que va detrás de Atahualpa Te sigue cantando himnos En lengua quechua y aymara Ya estás, Gabriela, en la gloria, Mitad de princesa incaica, Mitad de reina española, Como Isabel, la magnánima. Ya sé que no has de escribir A nadie mas en la tierra, Que oficinas de correo A la eternidad se veda ¡Pero es tan dulce que sepas Gabriela, que toda América Por ti está tan conmovida Como tu patria chilena...! El cielo junto al copihue La orquídea venezolana Se une a la victoria-regia Del Brasil, y en la sabana De Colombia, los gomeros Detienen su savia trágica. ¡Toda la flora de América Quiere mirarte la cara! Asómate entre las nubes Una tarde arrebolada; Muéstranos tu frente ancha De madre tan bien amada, ¡Déjanos poquito a poco, Del todo no te nos vayas! Aquí ha quedado tu verso, Tu palabra estructurada Con lo mejor del idioma Y lo mejor de tu alma. Pero nos falta tu rostro Con la sonrisa cansada, Que a todos nos descansaba Cuando nos daba en los ojos. Oye, Gabriela, las voces Desde tu «bosque perfecto» Damos la señal que diga Que llega a ti nuestro acento, Y repasa, tu que tanto Sobre la tierra anduviste, ¡Reposa y se haga radiante Su risa aquella, tan triste! Descubre el cielo y descansa, Pero, Gabriela ¡no olvides!
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Cuando escuche la noticia, me dio un retorcijon en el estomago, entre en un pequeño shock. Quería verte, quería escucharte, quería que nuestros ojos se cruzaran nuevamente. La noticia de que no habría razón para vernos me dejo desesperanzado, te había prometido un día antes que nos veríamos y aunque tu no sepas que me gustas se que sientes algo por mi. Tus ojos se iluminan hasta con la cantidad mas pequeña de luz. Verte un día a la semana no es suficiente para mi, quiero cruzarnos 24/7 o al menos 5 días a la semana. No pude cumplir esa pequeña promesa que te hice y se me rompe el alma al saber que no te veré por 2 semanas, o bueno eso es lo que pienso, quien sabe de pronto el universo nos reúna nuevamente y podamos decir adiós por poco tiempo, aunque no del todo triste porque te veré en mis sueños siempre recordando tus ojos negros y cabello largo. Mi mayor anelo es que podamos vernos, que podamos sentirnos pero mas importante, que podamos ser.
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Mar 16, 2016
Mar 16, 2016 at 9:00 PM UTC
Untitled
No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte.Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.
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Soneto a cristo crucificado
Sobre el muro de Zamora;   vide un caballero erguido; al real de los castellanos   da con grande grito:   -¡Guarte, guarte, rey don Sancho,   no digas que no te aviso, que del cerco de Zamora   un traidor había salido; Vellido Dolfos se llama,   hijo de Dolfos Vellido, si gran traidor fue su padre,   mayor traidor es el hijo; cuatro traiciones ha hecho,   y con ésta serán cinco! Si te engaña, rey don Sancho,   no digas que no te aviso.   Gritos dan en el real:   ¡A don Sancho han mal herido! ¡Muerto le ha Vellido Dolfos;   gran traición ha cometido!   Desque le tuviera muerto,   metióse por un postigo, por las calle de Zamora   va dando voces y gritos:   -¡Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido!
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Romance xv del caballero leal zamorano y de vellido dolfos, que se salió de zamora para con falsedad hacerse vasallo del rey don sancho
La mano de Virgilio se demora sobre una tela con frescura de agua y entretejidas formas y colores que han traído a su Roma las remotas caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda. En un atardecer muere un judío crucificado por los negros clavos que el pretor ordenó, pero las gentes de las generaciones de la tierra no olvidarán la sangre y la plegaria y en la colina los tres hombres últimos. Sé de un mágico libro de hexagramas que marca los sesenta y cuatro rumbos de nuestra suerte de vigilia y sueño. ¡Cuánta invención para poblar el ocio! Sé de ríos de arena y peces de oro que rige el Preste Juan en las regiones ulteriores al Ganges y a la Aurora y del hai ku que fija en unas pocas sílabas un instante, un eco, un éxtasis; sé de aquel genio de humo encarcelado en la vasija de amarillo cobre y de lo prometido en la tiniebla. ¡Oh mente que atesoras lo increíble! Caldea que primero vio los astros. Las altas naves lusitanas; Goa. Las victorias de Clive, ayer suicida; Kim y su lama rojo que prosiguen para siempre el camino que los salva. El fino olor del té, el olor del sándalo. Las mezquitas de Córdoba y del Aksa y el tigre, delicado como el nardo. Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo para que tu memoria no me ahogue.
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El oriente
Pensando en quienes se han ido antes que yo, me encuentro volteando al cielo, buscando el lugar en el cual por fin descansan. ¿Pero cuál es este lugar? ¿Es realmente el cielo como nos ha dictado la religión? Y si no lo es, ¿por qué volteo hacia él cuando yo mismo no tengo religión? No volteo al cielo buscando el paraíso prometido por Dios a aquellos hombres de noble corazón y fe inquebrantable. En el cielo busco aquel plano existencial al que nosotros, los vivos, no tenemos acceso ni tendremos nunca. En la infinidad del azul encuentro la esencia inagotable de las almas que llenan mi ambiente interior de paz, de amor, de inspiración, de magnificencia y maravilla por las vidas que han dejado atrás y sus contribuciones a la mía propia y a las de otros. En las nubes veo sus rostros, su arte, su humor dibujando nuevas sonrisas en mi. De noche veo en las estrellas el brillo de sus mentes, el destello en sus ojos, la luz que rompía en mil a la oscuridad, y en la luna veo la compañía que nos dejan en las noches, la protección del mal que acecha por cada esquina, la mirada preocupada del padre cuyo hijo no ha vuelto a casa, buscándolo en la oscuridad de su habitación. El cielo pierde su divinidad para dar paso al amor, a la gente cuya vida no acaba más allá de la muerte, la gente cuya vida resuena en nosotros, en nuestras acciones, nuestras palabras, nuestras ideas y pensamientos, recuerdos, sonrisas, lágrimas. La gente cuyo cuerpo no está más, pero vive aún con nosotros.
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Jun 5, 2018
Jun 5, 2018 at 1:13 PM UTC
Heaven..?
Pensando en quienes se han ido antes que yo, me encuentro volteando al cielo, buscando el lugar en el cual por fin descansan. ¿Pero cuál es este lugar? ¿Es realmente el cielo como nos ha dictado la religión? Y si no lo es, ¿por qué volteo hacia él cuando yo mismo no tengo religión? No volteo al cielo buscando el paraíso prometido por Dios a aquellos hombres de noble corazón y fe inquebrantable. En el cielo busco aquel plano existencial al que nosotros, los vivos, no tenemos acceso ni tendremos nunca. En la infinidad del azul encuentro la esencia inagotable de las almas que llenan mi ambiente interior de paz, de amor, de inspiración, de magnificencia y maravilla por las vidas que han dejado atrás y sus contribuciones a la mía propia y a las de otros. En las nubes veo sus rostros, su arte, su humor dibujando nuevas sonrisas en mi. De noche veo en las estrellas el brillo de sus mentes, el destello en sus ojos, la luz que rompía en mil a la oscuridad, y en la luna veo la compañía que nos dejan en las noches, la protección del mal que acecha por cada esquina, la mirada preocupada del padre cuyo hijo no ha vuelto a casa, buscándolo en la oscuridad de su habitación. El cielo pierde su divinidad para dar paso al amor, a la gente cuya vida no acaba más allá de la muerte, la gente cuya vida resuena en nosotros, en nuestras acciones, nuestras palabras, nuestras ideas y pensamientos, recuerdos, sonrisas, lágrimas. La gente cuyo cuerpo no está más, pero vive aún con nosotros.
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En el futuro estamos y se nos muere lentamente el dia sólo unos pocos tramos nos quedan todavía para amar con candor y alevosía ágiles y en su hora convocan o disuaden las campanas y el tañido incorpora confidencias lejanas a mis razones tristes soberanas el pasado es tan lento que se aferra porfiado a su mutismo ¿por qué a veces me siento culpable ante mí mismo si me asomo al azar y es un abismo? como nunca secretas las campanas repican su consigna y entre sombras inquietas menesterosa y digna una mujer oscura se persigna ¿dónde está el fuego? ¿dónde germinará la vida derramada? el sol brilla y se esconde y tras la llamarada las quimeras regresan a la nada por fin uno se sabe dueño del desamparo prometido sin aldaba y sin llave miserable y perdido a tientas por la noche y el olvido
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Las campanas
Na mesma posição, estática por dentro, pra quem olha de fora a inquietação é vívida, aquele esfregar das mãos e as pernas que não param de balançar. Gosto de observar a fundo todas as situações enquanto a mente tenta formular algo pra dizer, mas por final já está tudo pronto e a boca parece estar acostumada a repetir aquelas falas. Sabe quando você para na beira de uma cachoeira contemplando aquela natureza linda e nota como a água segue o seu fluxo natural? É apenas sobre isso... A vida adulta é sobre aceitação ela disse, mal sabia o quão habituada estou a essa palavra, já faz parte de mim a um bom tempo. O chá de camomila esfriou, o sono prometido nem deu as caras e sigo escutando as gotas de água caindo sobre o chão da vila, acompanhada das minhas escorrendo pela face. Agradeço pelo encontro, vivi mais uma vez e foi bom.
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Jun 4, 2019
Jun 4, 2019 at 9:43 PM UTC
Mais uma vez
Nunca he terminado nada, Me emociona empezar, Me da pereza terminar, Hoy me he prometido terminarlo todo.
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Jun 25, 2021
Jun 25, 2021 at 4:14 PM UTC
Terminarlo
Si de un delito proprio es precio en Lido la horca, y en Menandro la diadema, ¿quién pretendes, ¡oh Júpiter!, que tema el rayo a las maldades prometido? Cuando fueras un robre endurecido, y no del cielo majestad suprema, gritaras, tronco, a la injusticia extrema, y, dios de mármol, dieras un gemido. Sacrilegios pequeños se castigan; los grandes en los triunfos se coronan, y tienen por blasón que se los digan. Lido robó una choza, y le aprisionan; Menandro un reino, y su maldad obligan con nuevas dignidades que le abonan.
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Un delito igual se reputa desigual si son diferentes los sujetos que le cometen, y aun los delitos, desiguales
Andar como el anduvo. Amar a su hermano. Conocer al que fue desde el principio. Vencer al maligno. Permanecer en el. Esto se requiere. Para recibir la promesa. Que el me a prometido. Y yo siendo incumplido, a los requisitos anotados. Que puedo esperar, si yo no lo olvido. Si me falta algo, si soy para el mentiroso. Si vivo en el mundo perdido. Sin su ayuda cómo seré digno de recibir la promesa. Que me a prometido!
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Feb 1, 2019
Feb 1, 2019 at 5:18 AM UTC
La Promesa
Vendrá como ladrón, la palabra confiesa Cuando la novia diga ven, cuidado . . . No tomes lo santo por el pecado Pensando con la segunda cabeza. San Juan la vio bajar con delicadeza La musa de apariencia turca Enjoyada, velada en trasparente burqa Para inspirar la segunda cabeza. Manoseando realeza: De los cielos viene tu gran sultana Aunque ella parece mexicana El alma floja, la turca tiesa Contemplando extrema belleza: A cada cabezón su gigantona Para cambiarla en la llorona . . . Ahora tú piensas con la segunda cabeza. A las domésticas la limpieza Tentándonos en sus uniformes. A ellas: escribir cuneiformes. A ti: leer con la segunda cabeza. Lo que las chicas tienen sí cura la pereza Meneando, cumbiando el bugalú. Nos fascinan; affecta el espíritu: El hombre piadoso y recto tropieza. Muchacho filósofo en tu pieza: La novia se prepara para su prometido. No seas burro, no seas entumido . . . Quita del huerto toda la maleza. Medítelo duro con tu segunda cabeza.
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Apr 26, 2023
Apr 26, 2023 at 4:11 PM UTC
Segunda Cabeza