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"primeros" poems
You bloom in my heart like early Bluebonnets during winter Removing all my splinters That were still left from the beginning I'm not even bleeding I'm just pinned with feeling Don't stop this fishing pole from reeling Cause I'm believing That you're more than the first moment A florecer en mi corazón como primeros Bluebonnets durante el invierno La eliminación de todos mis astillas Que aún quedaban desde el principio Ni siquiera estoy sangrando Sólo estoy inmovilizó con sentimiento No deje de esta caña de pescar desde el devanado Porque yo estoy creyendo Eso es más que el primer momento
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Mar 10, 2016
Mar 10, 2016 at 10:41 PM UTC
Early Bloom
Escupe gente que  no tienen ereccion y lamen constituciones congeladas ! Escupe la falsa historia de las calles ! Escupe la cabeza del poder ! Escupe comerciantes de sustancias , las sotanas de la oscuridad y santos Zares ! Escupe dioses falsificadores y templos de atontamiento ! Escupe el preparan ballonetas y intelectuales militaristas ! Escupe los Nobel de la paz y dictatores Nobelistas ! Escupe primeros de Mayo vendidos y lamentos espias ! Esupe al anfitrion de los pueblos para que no levante cabeza ! Escupe relojes despertadores que te guian a la tristeza ! Escupe a los que duermen tranquilos en la noche y suenan viajes a Marte ! Escupe la Camora de alcahuetes abogados al fiscal que te escupe alos ojos y te manda al numero 60 de la pandilla ! Al salario de hambre y al multilado esperma de tu emleador escupe ! Escupe la invisible cara de la luna ! Escupe la libertad que te proparsionan Salvadores ! Escupe la poetica antologia que vomitase este poema mio ! Escupe los 47 anos de tu poeta como lehan escupido durante 47 anos continuos los ratas capitalistas !
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Feb 25, 2012
Feb 25, 2012 at 6:26 AM UTC
ESCUPE ...
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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Después del amor
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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La víspera de un nuevo despertar se nubla en neblina de adicción, mi garganta se seca de tanto cantar y a mi voz le hace falta una musa. Por latir y perseguir a la quimera de ilusión que me hace perder la razón, Cansado mi bohemio corazón está. En un trago amargo se ahoga el llanto de lagrimas disecadas; mientras tanto sus besos embargo con las palabras de un enamorado trovador Soy el loco bohemio, no se a donde voy y acepto que no me importa, pero aún en las veredas de húmedos desiertos mi alma yo le doy. No son los primeros versos que te escribo, los últimos espero tampoco. Mil palabras de vino tinto este poeta escribe a la vena de fábula Esperando algún día, el mito clandestino se vuelva realidad.
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Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 10:35 PM UTC
Mito Clandestino
El agua la manda el cielo, la tierra la puso dios. Viene el amo y me la quita, ¡la p...ita que se partió! A ver, respóndame, hermano: si esta fue tierra ´e los incas ¿de donde hay dueños de fincas con títulos en la mano? Pa mí que al pobre serrano le vienen tomando el pelo. Acequia, puquio, riachuelo todo en títulos se fragua. ¿De ´onde tiene dueño l´agua? ¡el agua la manda el cielo! Y por último, los incas no han sido los más primeros; antes los huancas ´stuvieron y antes que ellos los mochicas. Ora hay haciendas tan ricas pa sólo un dueño o pa dos y gritan a toda voz que heredaron de su padre... ¡Que no me vengan, compadre, la tierra la puso Dios! Donde no hay minas de gringos hay tierras de gamonales, pagan míseros jornales y te andan a los respingos. Se trabaja los domingos Más pior que en tiempo ´e la mita. Y hasta si tengo cholita para mi pobre querer, por el gusto de ...poder viene el amo y me la quita. Creo que, ultimadamente, debiera ser propietario quien fecunda el suelo agrario con el sudor de su frente. Así espera nuestra gente y así mesmo espero yo. Y así ha de ser, pues si no a gringos y gamonales vamo a recontrasacarle ¡la p... ita que se partió!
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Cantares campesinos
Dime: ¿Cómo olvidar la primera vez que dejé mi huella por tu cuerpo, el primer beso furtivo, la primera muestra de deseo compartido, la primera vez que sonreí y a ti se te iluminaron los ojos de miedo e ilusión porque ya no había vuelta atrás, los primeros celos, el primer juramento de compromiso, la primera vez que olvidamos la oscura realidad y nos rendimos ante la poesía de la utopía, el primer "amor" que huyó de tus labios o la primera mentira que asomaba, por fin, la verdad? ¿Cómo planear la vida sin primeras veces? ¿Cómo acabar lo que no puede volver a empezar? Si todos estamos enamorados de los principios. Y cuanto más tarde: mejor.
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Aug 10, 2014
Aug 10, 2014 at 11:19 PM UTC
Todo sería más bonito si sólo existiesen los principios.
Hay dos clases de poetas modernos: aquellos, sutiles y profundos, que adivinan la esencia de las cosas y escriben: "Lucero, luzcero, luz Eros, la garganta de la luz pare colores cóleros", etcétera,y aquellos que se tropiezan con una piedra y dicen "pinche piedra". Los primeros son los más afortunados. Siempre encuentran un crítico inteligente que escribe un tratado "Sobre las relaciones ocultas entre el objeto y la palabra y las posibilidades existenciales de la metáfora no formulada". -De ellos es el Olimpo que en estos días se llama simplemente el Club de la Fama.
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Hay dos clases de poetas modernos
Palacio, buen amigo, ¿está la primavera vistiendo ya las ramas de los chopos del río y los caminos? En la estepa del alto Duero, Primavera tarda, ¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...¿Tienen los viejos olmos algunas hojas nuevas?Aún las acacias estarán desnudas y nevados los montes de las sierras.¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa, allá, en el cielo de Aragón, tan bella!¿Hay zarzas florecidas entré las grises peñas, y blancas margaritas entre la fina hierba?Por esos campanarios ya habrán ido llegando las cigüeñas.Habrá trigales verdes, y mulas pardas en las sementeras, y labriegos que siembran los tardíos con las lluvias de abril. Ya las abejas libarán del tomillo y el romero.¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?Furtivos cazadores, los reclamos de la perdiz bajo las capas luengas, no faltarán. Palacio, buen amigo,¿tienen ya ruiseñores las riberas?Con los primeros lirios y las primeras rosas de las huertas, en una tarde azul, sube al Espino, al alto Espino donde está su tierra...
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A josé maría palacio
Helo, helo por do viene   el infante vengador, caballero a la jineta   en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo,   demudada la color, y en la su mano derecha   un venablo cortador; con la ***** del venablo   sacarían un arador, siete veces fue templado   en la sangre de un dragón y otras tantas afilado   porque cortase mejor, el hierro fue hecho en Francia,   y el asta en Aragón. Perfilándoselo iba   en las alas de su halcón. Iba buscar a don Cuadros,   a don Quadros, el traidor. Allá le fuera a hallar   junto al emperador, la vara tiene en la mano,   que era justicia mayor. Siete veces lo pensaba   si lo tiraría o no y al cabo de las ocho   el venablo le arrojó; por dar al dicho don Cuadros,   dado ha al emperador, pasado le ha manto y sayo,   que era de un tornasol, por el suelo ladrillado   más de un palmo lo metió. Allí le habló el rey,   bien oiréis lo que habló: -¿Por qué me tiraste, infante?   ¿Por qué me tiras, traidor? -Perdóneme tu alteza,   que no tiraba a ti, no, tiraba al traidor de Cuadros,   ese falso engañador, que siete hermanos tenía   no ha dejado si a mí, no. Por eso delante de ti,   buen rey, lo desafío yo. Todos fían a don Cuadros   y al infante no fían, no, sino fuera una doncella,   hija es del emperador, que los tomó por la mano   y en el campo los metió. A los primeros encuentros   Cuadros en tierra cayó. Apeárase el infante,   la cabeza le cortó y tomárala en su lanza   y al buen rey la presentó. De que aquesto vido el rey   con su hija le casó.
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Romance del infante vengador
Helo, helo por do viene   el infante vengador, caballero a la jineta   en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo,   demudada la color, y en la su mano derecha   un venablo cortador; con la ***** del venablo   sacarían un arador, siete veces fue templado   en la sangre de un dragón y otras tantas afilado   porque cortase mejor, el hierro fue hecho en Francia,   y el asta en Aragón. Perfilándoselo iba   en las alas de su halcón. Iba buscar a don Cuadros,   a don Quadros, el traidor. Allá le fuera a hallar   junto al emperador, la vara tiene en la mano,   que era justicia mayor. Siete veces lo pensaba   si lo tiraría o no y al cabo de las ocho   el venablo le arrojó; por dar al dicho don Cuadros,   dado ha al emperador, pasado le ha manto y sayo,   que era de un tornasol, por el suelo ladrillado   más de un palmo lo metió. Allí le habló el rey,   bien oiréis lo que habló: -¿Por qué me tiraste, infante?   ¿Por qué me tiras, traidor? -Perdóneme tu alteza,   que no tiraba a ti, no, tiraba al traidor de Cuadros,   ese falso engañador, que siete hermanos tenía   no ha dejado si a mí, no. Por eso delante de ti,   buen rey, lo desafío yo. Todos fían a don Cuadros   y al infante no fían, no, sino fuera una doncella,   hija es del emperador, que los tomó por la mano   y en el campo los metió. A los primeros encuentros   Cuadros en tierra cayó. Apeárase el infante,   la cabeza le cortó y tomárala en su lanza   y al buen rey la presentó. De que aquesto vido el rey   con su hija le casó.
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Bajo sus lomos rojos, en la oscura caoba, Tus libros duermen. Sigo los últimos autores: Otras formas me atraen, otros nuevos colores Y a tus fiestas paganas la corriente me roba. Gozo de estilos fieros  anchos dientes de loba. De otros sobrios, prolijos  cipreses veladores. De otros blancos y finos - columnas bajo flores. De otros ácidos y ocres  tempestades de alcoba. Ya te había olvidado y al azar te retomo, Y a los primeros versos se levanta del tomo Tu fresco y fino aliento de mieles olorosas. Amante al que se vuelve como la vez primera: Eres la boca dulce que allá, en la primavera, Nos licuara en las venas todo un bosque de rosas.
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Palabras a rubén darío
Embadurna de luz el alba mi postigo, y a perfilarse empiezan mis pobres muebles viejos... Los primeros en despertar son los espejos. Pende la luz eléctrica del techo, como un higo. Tienen mis pobres muebles un manso despertar, sobre todo el lavabo... Acoge a la mañana como deshecho en blancas risas de porcelana. Que buena pro le haga. Yo prefiero roncar. A estas horas las gentes que tienen ambiciones, salen apresuradas a sus ocupaciones. Yo me doy media vuelta y en la almohada me hundo. Le vuelvo las espaldas a la Aurora y al mundo.
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Alba
Si te alegra, Señor, el ruido ronco de este recibimiento que miramos, advierte que te dan todos los ramos, por darte el viernes más desnudo el tronco. ¿A dónde vas, Cordero, entre las fieras, pues ya conoces su intención villana? Todos, enfermos, te dirán "¡Hosanna!" Y no quieren sanar, sino que mueras. Hoy te reciben con los ramos bellos (aplauso sospechoso, si se advierte), pero otra noche, para darte muerte, te irán con armas a buscar en ellos. Y porque la malicia más se arguya de nación a su propio rey tirana, hoy te ofrecen sus capas, y mañana suertes verás echar sobre la tuya. Si vas en tus discípulos fiado, como de tu inocencia defendido, del postrero de todos vas vendido, y del primero, cerca de negado. Mal en los huertos tu piedad pagamos: tu paz con las olivas se atropella, pues son tu muerte, y fue la causa de ella la primer fruta y los primeros ramos.
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Semana santa, o lamentaciones de don francisco de quevedo villegas a la muerte de nuestro señor jesucristo
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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Gautama cristo
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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En el alféizar tronchado De la vetusta ventana, Un cortinaje de yedra Con flores rojas y blancas; Y en medio del cuadro estrecho De la vidriera empañada, Junto a un tiesto de claveles, Y rozando con la jaula En que prisionero vive Un canario que no canta, Una cabecita rubia Se asoma por las mañanas, A punto que el horizonte Colora la luz del alba. Hay un doncel en el patio Que si la frente levanta Es para ver unos ojos Que en vivo fuego la abrasan. -Con cuánta ansiedad te espero. -¿Me quieres?- Con toda el alma. Seré tuya nasta la muerte, Y moriré si me engañas: -Seré tuyo, sólo tuyo, Soy tu esclavo.                       -Soy tu esclava, -Toma un beso.                         -Toma ciento, Que nos ven.                       -¡Hasta mañana! Este diálogo sencillo, Estas sencillas palabras Cambiaban diariamente Desde el patio a la ventana En los primeros albores De su fugitiva infancia, Hace veinticinco abriles, Dos niños que hoy peinan canas. ¡Cuántos juramentos dulces Aquellas yedras guardaban, Cuántas promesas eternas Entre pétalos de llamas, Escondieron los claveles Al nacer la luz del alba; Y cuántos ardientes besos Cuando en los labios tronaban, Asustaron al canario Aprisionado en la jaula! Hoy... hecho un viejo por dentro, Que también por dentro hay canas, Pasé por la misma calle, Y frente a la misma casa, Y entrando en el viejo patio Busqué la misma ventana. Del roto y pesado alféizar, Que de antiguo se desgrana, No cuelga la yedra oscura Con flores rojas y blancas, Ni está el tiesto de claveles Con sus pétalos de llamas; Mis tristes, cansados ojos ¿Qué buscan? ¿No queda nada? ¡Ay, que de pronto los siento Empañados por las lágrimas! ¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? ¿Los ojos suyos? ¿la casta, Limpia y hechicera frente Por los rizos coronada? ¿La manecita nerviosa Arrojándome una carta? ¿Los negros ojos? ¿los labios De roja y caliente grana? Lo que han visto, y que al mirarlo, En tibio llanto los baña, Es una humilde memoria De mi ventura pasada, La que por humilde y pobre Ninguna mano arrebata, Y en la que sus manos puso El primer amor del alma... Es... miradlo en ese muro Y en la viga apolillada Que cierra, formando marco, El cuadro de la ventana. Es el clavo pequeñito De donde pendió la jaula En que vivió aquel canario Que al besarnos se espantaba... No hay nadie... temblando llego, Como el creyente ante el ara... Me parecen que despiertan Mis venturas de la intancia, Y toco el clavo... lo beso, Se me anuda la garganta, Y salgo del viejo patio, Llenos los ojos de lágrimas. ¡Es lo único que me queda De aquel amor de la infancia!
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La ventana desierta
En el alféizar tronchado De la vetusta ventana, Un cortinaje de yedra Con flores rojas y blancas; Y en medio del cuadro estrecho De la vidriera empañada, Junto a un tiesto de claveles, Y rozando con la jaula En que prisionero vive Un canario que no canta, Una cabecita rubia Se asoma por las mañanas, A punto que el horizonte Colora la luz del alba. Hay un doncel en el patio Que si la frente levanta Es para ver unos ojos Que en vivo fuego la abrasan. -Con cuánta ansiedad te espero. -¿Me quieres?- Con toda el alma. Seré tuya nasta la muerte, Y moriré si me engañas: -Seré tuyo, sólo tuyo, Soy tu esclavo.                       -Soy tu esclava, -Toma un beso.                         -Toma ciento, Que nos ven.                       -¡Hasta mañana! Este diálogo sencillo, Estas sencillas palabras Cambiaban diariamente Desde el patio a la ventana En los primeros albores De su fugitiva infancia, Hace veinticinco abriles, Dos niños que hoy peinan canas. ¡Cuántos juramentos dulces Aquellas yedras guardaban, Cuántas promesas eternas Entre pétalos de llamas, Escondieron los claveles Al nacer la luz del alba; Y cuántos ardientes besos Cuando en los labios tronaban, Asustaron al canario Aprisionado en la jaula! Hoy... hecho un viejo por dentro, Que también por dentro hay canas, Pasé por la misma calle, Y frente a la misma casa, Y entrando en el viejo patio Busqué la misma ventana. Del roto y pesado alféizar, Que de antiguo se desgrana, No cuelga la yedra oscura Con flores rojas y blancas, Ni está el tiesto de claveles Con sus pétalos de llamas; Mis tristes, cansados ojos ¿Qué buscan? ¿No queda nada? ¡Ay, que de pronto los siento Empañados por las lágrimas! ¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? ¿Los ojos suyos? ¿la casta, Limpia y hechicera frente Por los rizos coronada? ¿La manecita nerviosa Arrojándome una carta? ¿Los negros ojos? ¿los labios De roja y caliente grana? Lo que han visto, y que al mirarlo, En tibio llanto los baña, Es una humilde memoria De mi ventura pasada, La que por humilde y pobre Ninguna mano arrebata, Y en la que sus manos puso El primer amor del alma... Es... miradlo en ese muro Y en la viga apolillada Que cierra, formando marco, El cuadro de la ventana. Es el clavo pequeñito De donde pendió la jaula En que vivió aquel canario Que al besarnos se espantaba... No hay nadie... temblando llego, Como el creyente ante el ara... Me parecen que despiertan Mis venturas de la intancia, Y toco el clavo... lo beso, Se me anuda la garganta, Y salgo del viejo patio, Llenos los ojos de lágrimas. ¡Es lo único que me queda De aquel amor de la infancia!
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Mujer que recogiste los primeros frutos de mi pasión, ¡con qué alegría como una santa esposa te vería llegar a mis floridos jazmineros! Al mirarte venir, los placenteros cantares del amor desgranaría, colgada en la risueña galería, la jaula de canarios vocingleros. Si a mis abismos de tristeza bajas y si al conjuro de tu labio cuajas de botones las rústicas macetas, te aspiraré con gozo temerario como se aspira en un devocionario un perfume de místicas violetas.
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Flor temprana
Los que ya no te ven sueñan en verte desde sus soterrados soñaderos, -lindes de tierra por los cuatro lados, cuna del esqueleto-, Sed tienen, no en las bocas, ni de agua; sed de visiones, esas que tu cielo proyecta -azules tenues- en su frente, y tú realizas en azul perfecto. Este afán de mirar es más que mío. Callado empuje, se le siente, ajeno, subir desde tinieblas seculares. Viene a asomarse a estos ojos con los que miro. ¡Qué sinfín de muertos que te vieron me piden la mirada, para verte! Al cedérsela gano: soy mucho más cuando me quiero menos. Que estos ojos les valgan a los pobres de luz. No soy su dueño. ¿Por cuánto tiempo -herencia- me los fían? ¿Son más que un miradero que un cuerpo de hoy ofrece a almas de antes? Siento a mis padres, siento que su empeño de no cegar jamás, es lo que bautizaron con mi nombre. Soy yo. Y ahora no ven, pero les quedo para salvar su sombra de la sombra. Que por mis ojos, suyos, miren ellos; y todos mis hermanos anteriores, sepultos por los siglos, ciegos de muerte: vista les devuelvo. ¡En este hoy mío, cuánto ayer se vive! Ya somos todos unos en mis ojos, poblados de antiquísimos regresos. ¡Qué paz, así! Saber que son los hombres, un mirar que te mira, con ojos siempre abiertos, velándote: si un alma se les marcha nuevas almas acuden a sus cercos. Ahora, aquí, frente a ti, todo arrobado, aprendo lo que soy: soy un momento de esa larga mirada que te ojea, desde ayer, desde hoy, desde mañana, paralela del tiempo. En mis ojos, los últimos, arde intacto el afán de los primeros, herencia inagotable, afán sin término, Posado en mí está ahora; va de paso. Cuando de mí se vuele, allá en mis hijos -la rama temblorosa que le tiendo- hará posada. Y en sus ojos, míos, ya nunca aquí, y aquí, seguiré viéndote. Una mirada queda, si pasamos. ¡Que ella, la fidelísima, contemple tu perdurar, oh Contemplado eterno! Por venir a mirarla, día a día, embeleso a embeleso, tal vez tu eternidad, vuelta luz, por los ojos se nos entre. Y de tanto mirarte, nos salvemos.
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Variación final
Los que ya no te ven sueñan en verte desde sus soterrados soñaderos, -lindes de tierra por los cuatro lados, cuna del esqueleto-, Sed tienen, no en las bocas, ni de agua; sed de visiones, esas que tu cielo proyecta -azules tenues- en su frente, y tú realizas en azul perfecto. Este afán de mirar es más que mío. Callado empuje, se le siente, ajeno, subir desde tinieblas seculares. Viene a asomarse a estos ojos con los que miro. ¡Qué sinfín de muertos que te vieron me piden la mirada, para verte! Al cedérsela gano: soy mucho más cuando me quiero menos. Que estos ojos les valgan a los pobres de luz. No soy su dueño. ¿Por cuánto tiempo -herencia- me los fían? ¿Son más que un miradero que un cuerpo de hoy ofrece a almas de antes? Siento a mis padres, siento que su empeño de no cegar jamás, es lo que bautizaron con mi nombre. Soy yo. Y ahora no ven, pero les quedo para salvar su sombra de la sombra. Que por mis ojos, suyos, miren ellos; y todos mis hermanos anteriores, sepultos por los siglos, ciegos de muerte: vista les devuelvo. ¡En este hoy mío, cuánto ayer se vive! Ya somos todos unos en mis ojos, poblados de antiquísimos regresos. ¡Qué paz, así! Saber que son los hombres, un mirar que te mira, con ojos siempre abiertos, velándote: si un alma se les marcha nuevas almas acuden a sus cercos. Ahora, aquí, frente a ti, todo arrobado, aprendo lo que soy: soy un momento de esa larga mirada que te ojea, desde ayer, desde hoy, desde mañana, paralela del tiempo. En mis ojos, los últimos, arde intacto el afán de los primeros, herencia inagotable, afán sin término, Posado en mí está ahora; va de paso. Cuando de mí se vuele, allá en mis hijos -la rama temblorosa que le tiendo- hará posada. Y en sus ojos, míos, ya nunca aquí, y aquí, seguiré viéndote. Una mirada queda, si pasamos. ¡Que ella, la fidelísima, contemple tu perdurar, oh Contemplado eterno! Por venir a mirarla, día a día, embeleso a embeleso, tal vez tu eternidad, vuelta luz, por los ojos se nos entre. Y de tanto mirarte, nos salvemos.
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Te extraño. Te extraño muchísimo. Te extraño desde el día en que dejaste de quererme, que no necesariamente fue cuando me terminaste. Te extraño más en las noches, cuando voy a bajar a cenar; a veces sola, a veces con mis papás. Te extraño a ti, a las cervezas que te tomabas, a las películas que veíamos, al espacio del sofá que ocupabas, a las cotufas que quemaba y a las que te quedaban ricas. Extraño los días que nos quedábamos dormidos después de comer y los que no también. Extraño escucharte; escucharte cuando hablabas de todo y cuando hablabas de nada. Escucharte escribiendo, aunque no dijeras ni una palabra. Extraño que me asustes, que me fastidies, que me suenes los dedos, la frente. Extraño que me avises, extraño abrirte la puerta, extraño molestarme porque siempre te ibas temprano y porque nunca me avisabas. Ahora, cómo me hace falta que te quedes aunque sea hasta las 8:30 acá para que me des el poquito de cariño y atención que me dabas. Siempre me sentí importante contigo, aunque capaz dentro de tus tantas cosas nunca fui una prioridad. Aprendí a valorar el poquito tiempo que me regalabas y los momenticos chiquitos que me robaba durante el día. A veces también extraño sentirme culpable por ocuparte tanto, porque sé que siempre tenías algo más importante que hacer. Después de escribir tan poquito creo que te extraño más. Extraño al --- de España. Extraño tus recuerdos. Extraño tus helados sorpresa, los primeros chocolates que me trajiste una noche y las últimas galletas que me bajaste del Ávila sin ganas. Extraño invitarte al cine aunque no te gustara. Extraño tus abrazos, creo que es lo que más extraño. Empecé a extrañarte el día en que empecé a pensar cuándo y cómo tenía que decirte que te quería. Cuando tenía que pensarlo dos veces antes de besarte, abrazarte, escribirte, preguntarte. Desde entonces te extraño tanto, y cada vez más.
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Jul 3, 2018
Jul 3, 2018 at 7:45 PM UTC
Extrañarte tanto
Te extraño. Te extraño muchísimo. Te extraño desde el día en que dejaste de quererme, que no necesariamente fue cuando me terminaste. Te extraño más en las noches, cuando voy a bajar a cenar; a veces sola, a veces con mis papás. Te extraño a ti, a las cervezas que te tomabas, a las películas que veíamos, al espacio del sofá que ocupabas, a las cotufas que quemaba y a las que te quedaban ricas. Extraño los días que nos quedábamos dormidos después de comer y los que no también. Extraño escucharte; escucharte cuando hablabas de todo y cuando hablabas de nada. Escucharte escribiendo, aunque no dijeras ni una palabra. Extraño que me asustes, que me fastidies, que me suenes los dedos, la frente. Extraño que me avises, extraño abrirte la puerta, extraño molestarme porque siempre te ibas temprano y porque nunca me avisabas. Ahora, cómo me hace falta que te quedes aunque sea hasta las 8:30 acá para que me des el poquito de cariño y atención que me dabas. Siempre me sentí importante contigo, aunque capaz dentro de tus tantas cosas nunca fui una prioridad. Aprendí a valorar el poquito tiempo que me regalabas y los momenticos chiquitos que me robaba durante el día. A veces también extraño sentirme culpable por ocuparte tanto, porque sé que siempre tenías algo más importante que hacer. Después de escribir tan poquito creo que te extraño más. Extraño al --- de España. Extraño tus recuerdos. Extraño tus helados sorpresa, los primeros chocolates que me trajiste una noche y las últimas galletas que me bajaste del Ávila sin ganas. Extraño invitarte al cine aunque no te gustara. Extraño tus abrazos, creo que es lo que más extraño. Empecé a extrañarte el día en que empecé a pensar cuándo y cómo tenía que decirte que te quería. Cuando tenía que pensarlo dos veces antes de besarte, abrazarte, escribirte, preguntarte. Desde entonces te extraño tanto, y cada vez más.
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No hablen de lo que no entienden, Él y yo somos agua fría y caliente. Un peregrinaje de emociones vacilantes. Él es mi rosa predilecta, yo soy, el dominante aroma de su café ***** Yo de él soy sus pétalos, él es, el estolón que inspira mis más tiernos versos, a veces tan solo las espinas queriendo aniquilar nuestro afecto. Somos la primera y última nota de una bella canción, Somos los primeros versos que se inventaron de amor. Somos la distancia y la proximidad. La primera chispa de fuego. El incendio en pasión. Él mi humedad, yo, el forraje donde él se irriga. Yo de su huevo soy la yema, yerma nuestro amor a veces en partes desconocidas, allí, donde se va Dios a meditar sobre el universo y sus ingratos hijos. No hablen de lo que no entienden, el amor de nosotros no tiene demarcaciones, no tiene firmamento, a veces habita en un solo verso, a veces se inmortaliza en un “te quiero” en otras sucumbe como lo hace el ateo cuando por fin entiende, que existe una fuerza divina.   No hablen de lo que no entienden, nuestro amor se obstina, se repite sin claudicar, desiste cuando ya no puede más, abandona y vuelve a buscar su paz, es perpetuo y efímero como el azar, resiste e insiste de juntos..por siempre estar. No somos Romeo y Julieta, tampoco somos Adam y Eva, no somos el papel y la tijera, solo dos amantes incorregibles que; se aman, se odian, que roncean y se miman, que se entregan a un amor que nadie entiende, pero el cual ellos han esperado toda la vida. A nosotros nadie nos entiende, y, ya que más da, yo soy de él soy su café ***** y él es mi amor eterno.   LeydisProse 9/26/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Sep 26, 2017
Sep 26, 2017 at 2:26 PM UTC
Rosa y café (No hablen de lo que no entienden)
No hablen de lo que no entienden, Él y yo somos agua fría y caliente. Un peregrinaje de emociones vacilantes. Él es mi rosa predilecta, yo soy, el dominante aroma de su café ***** Yo de él soy sus pétalos, él es, el estolón que inspira mis más tiernos versos, a veces tan solo las espinas queriendo aniquilar nuestro afecto. Somos la primera y última nota de una bella canción, Somos los primeros versos que se inventaron de amor. Somos la distancia y la proximidad. La primera chispa de fuego. El incendio en pasión. Él mi humedad, yo, el forraje donde él se irriga. Yo de su huevo soy la yema, yerma nuestro amor a veces en partes desconocidas, allí, donde se va Dios a meditar sobre el universo y sus ingratos hijos. No hablen de lo que no entienden, el amor de nosotros no tiene demarcaciones, no tiene firmamento, a veces habita en un solo verso, a veces se inmortaliza en un “te quiero” en otras sucumbe como lo hace el ateo cuando por fin entiende, que existe una fuerza divina.   No hablen de lo que no entienden, nuestro amor se obstina, se repite sin claudicar, desiste cuando ya no puede más, abandona y vuelve a buscar su paz, es perpetuo y efímero como el azar, resiste e insiste de juntos..por siempre estar. No somos Romeo y Julieta, tampoco somos Adam y Eva, no somos el papel y la tijera, solo dos amantes incorregibles que; se aman, se odian, que roncean y se miman, que se entregan a un amor que nadie entiende, pero el cual ellos han esperado toda la vida. A nosotros nadie nos entiende, y, ya que más da, yo soy de él soy su café ***** y él es mi amor eterno.   LeydisProse 9/26/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Traiga cuentos la guitarra de cuando el fierro brillaba, cuentos de truco y de taba, de cuadreras y de copas, cuentos de la Costa Brava y el Camino de las Tropas. Venga una historia de ayer que apreciarán los más lerdos; el destino no hace acuerdos y nadie se lo reproche- ya estoy viendo que esta noche vienen del Sur los recuerdos. Velay, señores, la historia de los hermanos Iberra, hombres de amor y de guerra y en el peligro primeros, la flor de los cuchilleros y ahora los tapa la tierra. Suelen al hombre perder la soberbia o la codicia: también el coraje envicia a quien le da noche y día- el que era menor debía más muertes a la justicia. Cuando Juan Iberra vio que el menor lo aventajaba, la paciencia se le acaba y le armó no sé qué lazo le dio muerte de un balazo, allá por la Costa Brava. Sin demora y sin apuro lo fue tendiendo en la vía para que el tren lo pisara. El tren lo dejó sin cara, que es lo que el mayor quería. Así de manera fiel conté la historia hasta el fin; es la historia de Caín que sigue matando a Abel.
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Milonga de dos hermanos
Los domingos salía del colegio, Después de misa, parlanchina y bella, Y bajo el brazo, un libro: el «Florilegio»                           De mis versos a ella. Su hermanita mayor iba a su lado, Pero trazas se daba en cada esquina De volver a mirar.   Yo, emocionado,                           Y ella, siempre divina. Y yo pensaba, oyendo rumorosas Risas en el jardín: «¡Ave quién fuera!» Mi corazón, para ofrecerle rosas,                           Era una primavera. ¡Primeros versos!  ¡Cantos de quince años! ¡Alegría, ilusión, placer y calma! Hoy la lucha, el recuerdo y desengaños...                           ¡Y el dolor en el alma!
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La colegiala
Entre neuronas sometidas Me encuentro yo acudido A la humanidad esterilizada Somos más que lo pensamos O pensamos más de lo que somos Entre neuronas sometidas Me encuentro en el delito De no pensar y someter Lo haré en llamas y con agua Pescaré hojas escritas con sangre Y me encontrare con los primeros hombres
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Apr 17, 2020
Apr 17, 2020 at 4:13 AM UTC
Poema de neutros
Primer amor, tú vences la distancia. Fuensanta, tu recuerdo me es propicio. Me deleita de lejos la fragancia que de noche se exhala de tus tiestos, y en pago de tan grande beneficio te canonizo en estos endecasílabos sentimentales. A tu virtud mi devoción es tanta que te miro en el altar, como la santa Patrona que veneran tus zagales, y así es como mis versos se han tornado endecasílabos pontificales. Como risueña advocación te he dado la que ha de subyugar los corazones: permíteme rezarte, novia ausente, Nuestra Señora de las Ilusiones. ¡Quién le otorgara al corazón doliente cristalizar el infantil anhelo, que en su fuego romántico me abrasa, de venerarte en diáfano capelo en un rincón de la nativa casa! Tanto se contagió mi vida toda del grave encanto de tus ojos místicos, que en vano espero para nuestra boda alguna de las horas de pureza en que se confortó mi gran tristeza con los primeros panes eucarísticos.
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Canonización
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
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La casa paterna
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
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No, no me basta, no. Ni ese azul en delirio celeste sobre mí, cúspide de lo azul. Ni esa reiteración cantante de la ola, espumas afirmando, síes, síes sin fin. Ni tantos irisados primeros de las nubes -ópalo, blanco y rosa-, tan cansadas de cielo que duermen en las conchas. No, no me bastan, no. Colmo, tensión extrema, suma de la belleza el mundo, ya no más. Y yo más. Más azul que el azul alto. Más afirmar amor, querer, que el sí y el sí y el sí. La tarde, ya en el límite de dar, de ser, agota sus reservas: gozos, colores, triunfos; me descubre los fondos de mares y de glorias, se estira, vibra, tiembla, no puede más.  Lo sé, se va a romper si yo le grito esto que ya le estoy gritando irremisiblemente a golpes: «Tú, ya no más; yo, más».
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La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas. La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada. La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible. A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños. Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.
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La aurora