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"perro" poems
Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza. Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo. El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un *** desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave. Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato. Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato. Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.
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Oda al gato
Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza. Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo. El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un *** desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave. Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato. Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato. Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.
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Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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Un perro ha muerto
Mi perro ha muerto. Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada. Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades. Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor. Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independienre sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada. Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma. Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada. No hay adiós a mi perro que se ha muerco. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros. Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.
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La parracial rosa devora y sube a la cima del santo: con espesas garras sujeta el tiempo al fatigado ser: hincha y sopla en las venas duras, ata el cordel, pulmonar, entonces largamente escucha y respira. Morir deseo, vivir quiero, herramienta, perro infinito, movimiento de océano espeso con vieja y negra superficie. Para quién y a quién en la sombra mi gradual guitarra resuena naciendo en la sal de mi ser como el pez en la sal del mar? Ay, qué continuo país cerrado, neutral, en la zona del fuego, inmóvil, en el giro terrible, seco, en la humedad de las cosas. Entonces, entre mis rodillas, bajo la raíz de mis ojos, prosigue cosiendo mi alma: su aterradora aguja trabaja. Sobrevivo en medio del mar, solo y tan locamente herido, tan solamente persistiendo, heridamente abandonado.
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Cantares
A la mitad de mi metáfora me di cuenta que rimar no tenia solución. Pero tampoco seguir escribiendo. Extrañamente me di cuenta que lo único que calma mis ansias de muerte es escribir, no redactar, sino escupir palabras que deseas borrar. Pero no puedes. Solo las plasmas. Y pasaban las horas, y seguía mi música. Café y cigarros. Taza tras taza y cigarro tras cigarro. Se me acabó la quincena en drogas. Falté al trabajo y renuncié. Y al final: me victimzé. ¿Qué hice al respecto? -Café. Café, cigarros, cigarros. Vamos a ver cuándo se me adormece el corazón. Vamos a ver cuándo se me adormece la razón. Y pasan los cigarros y pasan las horas, y ellas ya sabían desde el momento en que llegaste que me ibas a lastimar. Condenada al ciclo de desesperación silenciosa y vergüenza pasajera. Y tú y yo jugábamos, reíamos, amábamos. Y jugamos a amarnos más hasta que me perdí, y me encontré más perdida que buscada. Llena de mentiras y más que nada, hecha trizas. Traté de cerrar los ojos por unos minutos, traté de interpretarte como te veía. Fallé. Se me acaba la paciencia, se me suelta la demencia. ‘Lárgate de aquí, ya no te quiero’ palabras que mi corazón sacó. Desesperación. Haces falta, pero destruyes. Me abrí: me rompiste. No me veas, no me llames, no me busques: pero hazlo. Qué me duele que me ignores, pero no quiero saber de ti. No te quiero porque me duele no ser capaz de quererte de nuevo. Te quiero muerto en mi mente pero vivo en vida. Quiero saber cada detalle de ti, cada paso que das y casa suspiro que lanzas. Pero te quiero muerto en mi mente. Salté de mis sueños, son mis pesadillas, son mis drogas, no interfieras. Salté de mi música, no se relaciona a ti. Salté de mi mente. Sálte. Sálte. SÁLTE. Eres mi cajón de dolor. De lamentación. De decepción. ¿Autoestima? ¿Ilusión?… ¿Confianza? No. Tú y yo teníamos esa casa turquesa con conejos y gatos, y uno que otro perro. Tú me hacías el café en la mañana y el amor en la tarde. Nos besábamos y nos abrazábamos. Nosotros debimos estar juntos. Permanecer juntos. Tú debiste ser mi amigo, no mi enemigo. Debimos viajar juntos, perdernos juntos, pintar juntos, cantar, volar. Permanecer. Y yo, yo debí conocerte mejor antes de enamorarme. Debí enamorarme más y amar menos. Debemos tanto. Tantas cuentas pendientes. Tantos pendientes inconclusos. Tantos abusos de ilusión. Tanto de sin sabor. Y yo, yo debí quedarme, pero tú no debiste defraudarme.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:10 PM UTC
Y ya.
A la mitad de mi metáfora me di cuenta que rimar no tenia solución. Pero tampoco seguir escribiendo. Extrañamente me di cuenta que lo único que calma mis ansias de muerte es escribir, no redactar, sino escupir palabras que deseas borrar. Pero no puedes. Solo las plasmas. Y pasaban las horas, y seguía mi música. Café y cigarros. Taza tras taza y cigarro tras cigarro. Se me acabó la quincena en drogas. Falté al trabajo y renuncié. Y al final: me victimzé. ¿Qué hice al respecto? -Café. Café, cigarros, cigarros. Vamos a ver cuándo se me adormece el corazón. Vamos a ver cuándo se me adormece la razón. Y pasan los cigarros y pasan las horas, y ellas ya sabían desde el momento en que llegaste que me ibas a lastimar. Condenada al ciclo de desesperación silenciosa y vergüenza pasajera. Y tú y yo jugábamos, reíamos, amábamos. Y jugamos a amarnos más hasta que me perdí, y me encontré más perdida que buscada. Llena de mentiras y más que nada, hecha trizas. Traté de cerrar los ojos por unos minutos, traté de interpretarte como te veía. Fallé. Se me acaba la paciencia, se me suelta la demencia. ‘Lárgate de aquí, ya no te quiero’ palabras que mi corazón sacó. Desesperación. Haces falta, pero destruyes. Me abrí: me rompiste. No me veas, no me llames, no me busques: pero hazlo. Qué me duele que me ignores, pero no quiero saber de ti. No te quiero porque me duele no ser capaz de quererte de nuevo. Te quiero muerto en mi mente pero vivo en vida. Quiero saber cada detalle de ti, cada paso que das y casa suspiro que lanzas. Pero te quiero muerto en mi mente. Salté de mis sueños, son mis pesadillas, son mis drogas, no interfieras. Salté de mi música, no se relaciona a ti. Salté de mi mente. Sálte. Sálte. SÁLTE. Eres mi cajón de dolor. De lamentación. De decepción. ¿Autoestima? ¿Ilusión?… ¿Confianza? No. Tú y yo teníamos esa casa turquesa con conejos y gatos, y uno que otro perro. Tú me hacías el café en la mañana y el amor en la tarde. Nos besábamos y nos abrazábamos. Nosotros debimos estar juntos. Permanecer juntos. Tú debiste ser mi amigo, no mi enemigo. Debimos viajar juntos, perdernos juntos, pintar juntos, cantar, volar. Permanecer. Y yo, yo debí conocerte mejor antes de enamorarme. Debí enamorarme más y amar menos. Debemos tanto. Tantas cuentas pendientes. Tantos pendientes inconclusos. Tantos abusos de ilusión. Tanto de sin sabor. Y yo, yo debí quedarme, pero tú no debiste defraudarme.
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Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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Romance del rey moro que perdió valencia
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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*True Friends A long time ago in China there were two friends, one who played the harp skilfully and one who listen skillfully. When the one played or sang about a mountain, the other would say: "I can see the mountain before us." When the one played about water, the listener would exclaim: "Here is the running stream!" But the listener fell sick and died. The first friend cut the strings of his harp and never played again. Since that time the cutting of harp strings has always been a sign of intimate friendship.                                                                                                  From „ Zen flesh, Zen bones“* the gallery of your luscious qualities do indeed killing me there is no one scolding you like they doing on me for such nonsenseal guilt, that i sometimes  use imaginary but alas it happens far seldom usually i am indeed just infinitely diminutiv towards your very boldship the severe prose of life dont let write astute  fantasies yet my punk *** is vernacular towards your upperclassed way to speak its like dog's bark near your charming chant of melodies to be befriended with you yet listen your compliments I am getting perplexed cuz i see you stiff giggling on me you would better doubt me for my narrow horizon where i type only about hopelessely of resistance yet about that love is dead how bore!! it trully not what may enterntain! Better I would dont coment and dont write anymore Better I would skimp this beggarly text instead only  picking nose behind of barricade and let you hear nix beside my Perro Semihundido's WOOF!WOOF!WOOF! ….but, I wrote this lolololong locomotive, since its obviously my pretty fun to **** off myself bye
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Dec 19, 2013
Dec 19, 2013 at 12:33 PM UTC
to whom it may concern
*True Friends A long time ago in China there were two friends, one who played the harp skilfully and one who listen skillfully. When the one played or sang about a mountain, the other would say: "I can see the mountain before us." When the one played about water, the listener would exclaim: "Here is the running stream!" But the listener fell sick and died. The first friend cut the strings of his harp and never played again. Since that time the cutting of harp strings has always been a sign of intimate friendship.                                                                                                  From „ Zen flesh, Zen bones“* the gallery of your luscious qualities do indeed killing me there is no one scolding you like they doing on me for such nonsenseal guilt, that i sometimes  use imaginary but alas it happens far seldom usually i am indeed just infinitely diminutiv towards your very boldship the severe prose of life dont let write astute  fantasies yet my punk *** is vernacular towards your upperclassed way to speak its like dog's bark near your charming chant of melodies to be befriended with you yet listen your compliments I am getting perplexed cuz i see you stiff giggling on me you would better doubt me for my narrow horizon where i type only about hopelessely of resistance yet about that love is dead how bore!! it trully not what may enterntain! Better I would dont coment and dont write anymore Better I would skimp this beggarly text instead only  picking nose behind of barricade and let you hear nix beside my Perro Semihundido's WOOF!WOOF!WOOF! ….but, I wrote this lolololong locomotive, since its obviously my pretty fun to **** off myself bye
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El reloj va sonando, marcando un tempo de viejo afligido, como si estuviera desesperado por dictar una hora, o un día. El perro se para a observar el "Tic tac" y su cola baila los danzones que el viejo reloj marca. La comida hierve con delicadeza y el humo de la olla silba las baladas que el tocadiscos canta, el reloj marca y la cola del perro baila. En la mesa se destapa el elixir que llena copas y embriaga almas cubriendo cuerpos como los ríos cubren al mar, y el mar inspira al escriba que roba suspiros que mueven manecillas de relojes para marcar tiempos y bailar colas de perros, hervir ollas que silban canciones y hacer luz que hacen cantar tocadiscos. Entonces el reloj se detiene porque ya es Jueves y son las cinco de la tarde
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Feb 11, 2015
Feb 11, 2015 at 10:58 PM UTC
Extasis en Jueves
Levanten sus copas que hoy la suerte se cierne a la botella Dionisio pagó con sangre el trago amargo de la pérdida. Laureada la seda que envuelve el óbito de tu destino, sobre el tinto que ateza de luto tu pecho atribulan sus enemigos en la cómplice oscuridad de un bar olvidado que arrulla en secreto la muerte bajo un mar de Ginebra Que aguarda entre mentiras al íntimo ritual que sienta el pulso y añeja el vértigo de tus palabras Petaca en mano que enciende tu aliento desgaja tus venas de oporto y ron y pinta de sanguinos matices la náusea ... que apacigua el lamento de tu Ménade solitaria que entre espectros alcoholizados maldice el acre juicio del azar Danza macabra que funde sus lenguas profanas, en la misma apática letanía Maldita esa noche de julio parda como el veneno que rezuman tus vísceras parda como la trama endeble que corrompe tu hígado enfermo Maldita la sed en tus ojos vidriosos negros como el nectar que escancian la Nísiades en la viña de tu cárdena mortaja. Maldito el recuerdo que aún te ve Sentado con beoda inocencia donde van a morir las ratas y un perro viejo sella con vos su pródigo pacto secuaz Que entre pitada y pitada escapan a vos en susurros los versos del turco Jayyam batiendo suspiros al aire flotando en castillos de alquitrán Que pensando en la muerte borracho y con voz cansada solías preguntar ¿Habrá allí una pizca de lima que bese el salitre de sus dedos renegridos?
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Jul 12, 2015
Jul 12, 2015 at 1:31 PM UTC
Elegía a Nefú
Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción... Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, nunca sabremos nada... ¿En qué grutas de islas misteriosas arrullaron los Números tu sueño? ¿Quién me da los carbones irreales de mi ardiente pasión, y la resina que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Qué voz suave, que ansiedad divina tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacío, cual fracasan los bólidos nocturnos en el fondo del mar; toda pregunta vuelve a nosotros trémula y fallida, como del choque en el cantil fragoso la flecha por el arco despedida. Hermano mío, en el impulso errante, nunca sabremos nada... Y sin embargo... ¿Qué mística influencia vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante? ¿Quién prende a nuestros hombros manto real de púrpuras gloriosas, y quién a nuestras llagas viene y las unge y las convierte en rosas? Tú, que sobre las hierbas reposabas de cara al cielo, dices de repente: -«La estrella de la tarde está encendida». Ávidos buscan su fulgor mis ojos a través de la bruma, y ascendemos por el hilo de luz... Un grillo canta en los repuestos musgos del cercado, y un incendio de estrellas se levanta en tu pecho, tranquilo ante la tarde, y en mi pecho en la tarde sosegado...
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La estrella de la tarde
Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción... Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, nunca sabremos nada... ¿En qué grutas de islas misteriosas arrullaron los Números tu sueño? ¿Quién me da los carbones irreales de mi ardiente pasión, y la resina que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Qué voz suave, que ansiedad divina tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacío, cual fracasan los bólidos nocturnos en el fondo del mar; toda pregunta vuelve a nosotros trémula y fallida, como del choque en el cantil fragoso la flecha por el arco despedida. Hermano mío, en el impulso errante, nunca sabremos nada... Y sin embargo... ¿Qué mística influencia vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante? ¿Quién prende a nuestros hombros manto real de púrpuras gloriosas, y quién a nuestras llagas viene y las unge y las convierte en rosas? Tú, que sobre las hierbas reposabas de cara al cielo, dices de repente: -«La estrella de la tarde está encendida». Ávidos buscan su fulgor mis ojos a través de la bruma, y ascendemos por el hilo de luz... Un grillo canta en los repuestos musgos del cercado, y un incendio de estrellas se levanta en tu pecho, tranquilo ante la tarde, y en mi pecho en la tarde sosegado...
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Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como la espalda del río a la luz del incendio. Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, ***** caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable). Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito.
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Cuerpo a la vista
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como la espalda del río a la luz del incendio. Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, ***** caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable). Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito.
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Mejores actores: digamos 20 años Asexuales Bisexuales Neosexuales Bipolares Antipolar Polar Indiscreto Discreto Masturbador Elocuente Tiene Pegue No tiene Pegue Tiene Gato Tiene perro Oye Música Odia la Música No tiene Amigos Tiene un chingo... Habla Español Odia Francés Come Sushi Come oatmeal Cama grande Cama chiquita Vive en Mexico Vive en Japon Sabe mover sus pies Sabe mover sus manos Escribe de... Nunca Escribe Odia el Baño Siempre en el Baño Odia Ropa Ama la ropa de otras personas Nunca nacio Sigue Naciendo Toma agua sin parar Toma Vino Hace el amor a la cerveza Lee Poesía LatinoAmericana Lee Poesía Francesa Lee Poesía Inglesa Tiene diez carros todos feos Tiene motto Odia la pizza en restaurantes Odia La música en domingos No tiene Anteojos Usa Wipes Toca la electrónica Toca la acústica Lee libros de adultos Lee manga Le encanta el arte gótica Le encanta el arte expressionista Toma Tazo Toma Harmless Tiene ojos Azules No tiene ojos blancos Tiene ojos verdosos Sueña con Ojos No tiene tele Tiene diez teles Ama los muebles Odia los restaurantes Compra libró todos los días Ama la poesía Corre de gente extraña Uye de librerías mal iluminadas Toma ginger ale Toma Sake como campion Toma vino como idiota Tiene muchos sombreros No tiene uno Nunca a tomado té blanco Nunca a oído a Bjork Odia a Bach Uye desnudo de Otros compositores Ama el aguacate No sabe hacer guacamol Lo a picado un insecto Odia las abejas No sabe quien es Kidman Respeta a Tarkosvky o no lo entiende A ido a Panajachel Nunca a fumado motta Colecciona motta Se enamora todos los días Nunca anda enamorado Fue Pobre en sus años Sigue Pobre Juega video juegos Nunca a comprado uno Odia películas en otros idiomas La ama a todas de su propia principia El piensa en tercer persona Nunca a ido a un play en la cuidad Simpre lee Ama fiestas Sólo en peliculas Ni en peliculas Ni pal Tigre
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Jun 25, 2021
Jun 25, 2021 at 11:13 AM UTC
Mejores actores: digamos 20 años
Mejores actores: digamos 20 años Asexuales Bisexuales Neosexuales Bipolares Antipolar Polar Indiscreto Discreto Masturbador Elocuente Tiene Pegue No tiene Pegue Tiene Gato Tiene perro Oye Música Odia la Música No tiene Amigos Tiene un chingo... Habla Español Odia Francés Come Sushi Come oatmeal Cama grande Cama chiquita Vive en Mexico Vive en Japon Sabe mover sus pies Sabe mover sus manos Escribe de... Nunca Escribe Odia el Baño Siempre en el Baño Odia Ropa Ama la ropa de otras personas Nunca nacio Sigue Naciendo Toma agua sin parar Toma Vino Hace el amor a la cerveza Lee Poesía LatinoAmericana Lee Poesía Francesa Lee Poesía Inglesa Tiene diez carros todos feos Tiene motto Odia la pizza en restaurantes Odia La música en domingos No tiene Anteojos Usa Wipes Toca la electrónica Toca la acústica Lee libros de adultos Lee manga Le encanta el arte gótica Le encanta el arte expressionista Toma Tazo Toma Harmless Tiene ojos Azules No tiene ojos blancos Tiene ojos verdosos Sueña con Ojos No tiene tele Tiene diez teles Ama los muebles Odia los restaurantes Compra libró todos los días Ama la poesía Corre de gente extraña Uye de librerías mal iluminadas Toma ginger ale Toma Sake como campion Toma vino como idiota Tiene muchos sombreros No tiene uno Nunca a tomado té blanco Nunca a oído a Bjork Odia a Bach Uye desnudo de Otros compositores Ama el aguacate No sabe hacer guacamol Lo a picado un insecto Odia las abejas No sabe quien es Kidman Respeta a Tarkosvky o no lo entiende A ido a Panajachel Nunca a fumado motta Colecciona motta Se enamora todos los días Nunca anda enamorado Fue Pobre en sus años Sigue Pobre Juega video juegos Nunca a comprado uno Odia películas en otros idiomas La ama a todas de su propia principia El piensa en tercer persona Nunca a ido a un play en la cuidad Simpre lee Ama fiestas Sólo en peliculas Ni en peliculas Ni pal Tigre
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Todos han muerto. Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo. Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: «Buenos días, José! Buenos días, María!» Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre. Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer. Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina. Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién. Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia. Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos. Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el sol se fuese. Murió mi eternidad y estoy velándola.
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La violencia de las horas
Tres poetas en uno / semillero de tantos más / tu ánima insumisa se topó con la muerte y su pesquisa y la puso a cuidar tu invernadero especialista en empezar de cero detonaste la bomba de la risa sin dios sin espejismos y sin prisa perro viejo / filósofo / ingeniero fiel a tu gente / a amparo / ya ti mismo a pesar de tus ráfagas de triste te encaraste jovial con el abismo hombre en medio del mundo y hombre a solas junto al mar fuiste humilde y escribiste simplemente / las olas son las olas
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Buenos días, gabriel
Entre la muchedumbre que ríe y se divierte por las iluminadas calles de la ciudad, me llega tu recuerdo con un sabor de muerte, mujer de mis tristeza y mi felicidad. Y así, esta noche alegre tengo los ojos tristes, tristes de la tristeza de ir contigo y sin ti, mujer que existes y no existes, mujer que nunca tuve, pero que ya perdí. Voy andando en la noche, desterrado del mundo, y de pronto, surgiendo de entre la multitud, me sale al paso un perro vagabundo, desorientado y triste como mi juventud. En sus húmedos ojos se duplica mi ensueño, y los dos nos miramos con un mismo dolor: Él, un perro sin dueño; yo, un hombre sin amor.
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Poema de la navidad
Patas de perro con mi primacho Miguel en Pereira, buscando un hotel pa pagar la estancia de una cuartico cerca al centro o a poca distancia del burdel.   Nos tomamos un jugo de caña y como ya tengo la maldita maña, llamamos al Toro porque sin esa hierbita jamás cerraría pestaña Dándole vueltas al centro, esperándolo a él Vi un lindo edificio y le dije a Miguel: "un segundo hermano que me   gustó ese hotel, voy a entrar a   ver si hay cupo" y a cuánto estaba una noche en aquél. Me mira bien serio y me deja pasar quedándose afuera pa disimular. "Buenas tardes caballero, bien pueda... ¿En que le puedo servir?" "Busco un cuartico que mi primo   y yo pensamos quedarnos en   Pereira esta noche, ¿a cuánto   están?" ¿Cómo así? me contesta y como creía que no me había entendido... repiti la encuesta.   Otra vez ....¿Cómo así? En eso momento, que pendejo te cuento, me di cuenta que no era un hotel. De un salón a la izquierda salían los llantos seguidos por un desfile en ***** de luto..... y yo hijueputa ¡"que bruto"! Volteaba a ver si el primo ya sabía que pasaba cuando soltó la gran carcajada.   Huí sin mu decir buscando la risa de Miguel que decía uy... ¿que pasó no es hotel? Pero se la hice también cuando nos recogió el torito y comenzamos a fumar y fumar. Tantos baretos estilo Bob Marley que ya no nos podíamos ver. Cuando se escapó todo el humo Miguel se detuvo antes de casi caer.   Con ojos cruzados y labios babeados empecé a burlarme también.
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Aug 24, 2018
Aug 24, 2018 at 1:06 AM UTC
El hotel de Pereira
Patas de perro con mi primacho Miguel en Pereira, buscando un hotel pa pagar la estancia de una cuartico cerca al centro o a poca distancia del burdel.   Nos tomamos un jugo de caña y como ya tengo la maldita maña, llamamos al Toro porque sin esa hierbita jamás cerraría pestaña Dándole vueltas al centro, esperándolo a él Vi un lindo edificio y le dije a Miguel: "un segundo hermano que me   gustó ese hotel, voy a entrar a   ver si hay cupo" y a cuánto estaba una noche en aquél. Me mira bien serio y me deja pasar quedándose afuera pa disimular. "Buenas tardes caballero, bien pueda... ¿En que le puedo servir?" "Busco un cuartico que mi primo   y yo pensamos quedarnos en   Pereira esta noche, ¿a cuánto   están?" ¿Cómo así? me contesta y como creía que no me había entendido... repiti la encuesta.   Otra vez ....¿Cómo así? En eso momento, que pendejo te cuento, me di cuenta que no era un hotel. De un salón a la izquierda salían los llantos seguidos por un desfile en ***** de luto..... y yo hijueputa ¡"que bruto"! Volteaba a ver si el primo ya sabía que pasaba cuando soltó la gran carcajada.   Huí sin mu decir buscando la risa de Miguel que decía uy... ¿que pasó no es hotel? Pero se la hice también cuando nos recogió el torito y comenzamos a fumar y fumar. Tantos baretos estilo Bob Marley que ya no nos podíamos ver. Cuando se escapó todo el humo Miguel se detuvo antes de casi caer.   Con ojos cruzados y labios babeados empecé a burlarme también.
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Mujer de un funcionario romano, recorriste la tierra -sombra suya- de Gades a Palmira. Soles distintos te doraron, maduraron tu piel, fueron dejando seco tu corazón.                     Cómo sería tu cabeza, tu mano, lo que fue carne tibia, vestidura del alma y luego piedra silenciosa... Ahora la mano ya no está en la piedra. Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída por el agua que la albergó durante siglos. ¿Cómo serías? Imagino que el escultor, sumiso a los clientes, las rutinas, los tópicos vigentes en la Roma de los Césares, copió de ti la apariencia banal. ¿Serías verdaderamente -no quedan rasgos que dejen comprobarlo- matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra, que prefería muertos valerosos, soledad y desolación, antes que amor, calor y compañía de cobardes? ¿O tu rostro impasible revelaría otra verdad? Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra, para que en ellos se refleje y cante el mar, el mismo que rompía en tus ojos humanos y te vestía de llamas azules. (A la orilla del mar ocurriría aquel amor). Un legionario, un soñador, un triste, a la orilla del mar... Y le decías: «Ráptame, llévame contigo, da a mi vida sentido y esperanza, olvido y horizonte, dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia cuando subías con ofrendas al templo. Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte cuando estabas con él a solas.) El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo, a otro sol y otra tierra del Imperio, lloró desconsolado el que era fuerza tuya. Te hizo un collar de lágrimas el que bebió tus lágrimas. (Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco). Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra. El mar y el tiempo los borraron. (Dentro del mar se pudriría aquel amor). Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron para edificación y pasmo de los hombres. Jamás podrá la piedra albergar un soplo de vida. Y entonces, dónde ha ido tanta vida, dónde está tanta vida que la piedra no puede contener, no puede imaginar y transmitir. Tanta vida que fue la salvadora del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo? Cómo puede morir lo que fue vida. Quién puede asesinar la vida. Quién puede congelar en estatua una vida. Qué hay en común entre este bulto -pliegues rígidos y elegantes, rostro esfumado, manos mutiladas- y aquella estatua de ola tibia, aquel pequeño sol poniente, aquel viento de carne pálida, aquella arena palpitante, aquel prodigio de rumores: o que tú fuiste un día, lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio, en el que escarbo inútilmente con el afán de un perro hambriento.
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Estatua mutilada
Mujer de un funcionario romano, recorriste la tierra -sombra suya- de Gades a Palmira. Soles distintos te doraron, maduraron tu piel, fueron dejando seco tu corazón.                     Cómo sería tu cabeza, tu mano, lo que fue carne tibia, vestidura del alma y luego piedra silenciosa... Ahora la mano ya no está en la piedra. Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída por el agua que la albergó durante siglos. ¿Cómo serías? Imagino que el escultor, sumiso a los clientes, las rutinas, los tópicos vigentes en la Roma de los Césares, copió de ti la apariencia banal. ¿Serías verdaderamente -no quedan rasgos que dejen comprobarlo- matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra, que prefería muertos valerosos, soledad y desolación, antes que amor, calor y compañía de cobardes? ¿O tu rostro impasible revelaría otra verdad? Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra, para que en ellos se refleje y cante el mar, el mismo que rompía en tus ojos humanos y te vestía de llamas azules. (A la orilla del mar ocurriría aquel amor). Un legionario, un soñador, un triste, a la orilla del mar... Y le decías: «Ráptame, llévame contigo, da a mi vida sentido y esperanza, olvido y horizonte, dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia cuando subías con ofrendas al templo. Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte cuando estabas con él a solas.) El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo, a otro sol y otra tierra del Imperio, lloró desconsolado el que era fuerza tuya. Te hizo un collar de lágrimas el que bebió tus lágrimas. (Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco). Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra. El mar y el tiempo los borraron. (Dentro del mar se pudriría aquel amor). Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron para edificación y pasmo de los hombres. Jamás podrá la piedra albergar un soplo de vida. Y entonces, dónde ha ido tanta vida, dónde está tanta vida que la piedra no puede contener, no puede imaginar y transmitir. Tanta vida que fue la salvadora del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo? Cómo puede morir lo que fue vida. Quién puede asesinar la vida. Quién puede congelar en estatua una vida. Qué hay en común entre este bulto -pliegues rígidos y elegantes, rostro esfumado, manos mutiladas- y aquella estatua de ola tibia, aquel pequeño sol poniente, aquel viento de carne pálida, aquella arena palpitante, aquel prodigio de rumores: o que tú fuiste un día, lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio, en el que escarbo inútilmente con el afán de un perro hambriento.
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Y te di el olor De todas mis dalias y nardos en flor.               Y te di el tesoro, De las ondas minas de mis sueños de oro.               Y te di la miel, Del panal moreno que finge mi piel.               ¡Y todo te di! Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui.               Y tú, dios de piedra Entre cuyas manos ni la yedra medra;               Y tú, dios de hierro, Ante cuyas plantas velé como un perro, Desdeñaste el oro, la miel y el olor. ¡Y ahora retornas, mendigo de amor, A buscar las dalias, a implorar el oro, A pedir de nuevo todo aquel tesoro!               Oye, pordiosero: Ahora que tú quieres es que yo no quiero.               Si el rosal florece, Es ya para otro que en capullos crece.               Vete, dios de piedra, Sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra.               Igual que una estatua, A quien Dios bajara del plinto, por fatua.               ¡Vete, dios de hierro, Que junto a otras plantas se ha tendido el perro!
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Implacable
¿te molesta que roa tu techo, tu silencio? Pero dime -si puedes- ¿qué haces, allí, sentado, entre seres ficticios que en vez de carne y hueso tienen letras, acentos, consonantes, vocales? ¿Te halaga, te divierte que te miren, se acerquen, Y den vueltas y vueltas antes de permitirles echarse, como un perro, en tus páginas yertas? Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo; pero alguien que posee los dientes más prolijos, más agrios que los míos, al elegir la víscera que ha de roerte un día -si es que ya no se aloja en una de tus venas-, torna estéril y absurdo ese fútil designio de escamotear la vida. Allí están las ventanas que te dan un pretexto para abrir bien los brazos. Asómate al marítimo bullicio de las calles. ¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?...
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Rata - sirena - faústica
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Sólo la muerte
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Pinta cielo tordillo, nube china, campo llano y callado y compañero, con blanco mazamorra, gris camino, ocre parva o celeste lejanía; en silla petizona -pelo bayo-, el mate corazón -¿nido de hornero?-, en las ramas, de tala, de su mano y un pedazo de cuerno hecho boquilla en perpetuo delirio de humareda; mientras pinta y se escarba la memoria -como quien traza cruces sobre el suelo con pinceles que doman lo pasado; claros patios de voz azul aljibe, beata falda, o entierro jaranero, mancarrón insolado, duende perro, porque sabe rastrear el tiempo muerto, las huellas ya perdidas del recuerdo, y le gustan los talles de frutera, el olor a zorrino, a terciopelo, los fogones de pavas tartamudas, los mugientes crepúsculos tranquilos y los gatos con muchas relaciones, que pinta, rememora y recupera, con rojo federal, azul encinta, amarillo rastrojo, rosa rancho, al revivir saraos encorsetados, velorios de angelito caramelo, tertulias palo a pique, perifollos, viejos gauchos enjutos de quebracho, que describe con limpia pincelada, puro candor y tábano mirada; para luego tutearse con carretas o chismosos postigos de ancha siesta, o rebaños jadeantes de tormenta; que pinta y aquerencia en sus cartones -para algo comió choclo, entre pañales, de ingenua chala rubia, bien fajada y acarició caderas de potrancas o de roncas guitarras pendencieras, en boliches lunares, ya difuntos-; mientras mezcla el granate matadura con el ***** catinga candombero y aflora su sonrisa de padrillo -un poco amarillenta, un poco verde-, ante tanta visión reflorecida -con perenne fervor y gesto macho-, por la criolla paleta socarrona donde exprime su lírica memoria.
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Figari pinta
Pinta cielo tordillo, nube china, campo llano y callado y compañero, con blanco mazamorra, gris camino, ocre parva o celeste lejanía; en silla petizona -pelo bayo-, el mate corazón -¿nido de hornero?-, en las ramas, de tala, de su mano y un pedazo de cuerno hecho boquilla en perpetuo delirio de humareda; mientras pinta y se escarba la memoria -como quien traza cruces sobre el suelo con pinceles que doman lo pasado; claros patios de voz azul aljibe, beata falda, o entierro jaranero, mancarrón insolado, duende perro, porque sabe rastrear el tiempo muerto, las huellas ya perdidas del recuerdo, y le gustan los talles de frutera, el olor a zorrino, a terciopelo, los fogones de pavas tartamudas, los mugientes crepúsculos tranquilos y los gatos con muchas relaciones, que pinta, rememora y recupera, con rojo federal, azul encinta, amarillo rastrojo, rosa rancho, al revivir saraos encorsetados, velorios de angelito caramelo, tertulias palo a pique, perifollos, viejos gauchos enjutos de quebracho, que describe con limpia pincelada, puro candor y tábano mirada; para luego tutearse con carretas o chismosos postigos de ancha siesta, o rebaños jadeantes de tormenta; que pinta y aquerencia en sus cartones -para algo comió choclo, entre pañales, de ingenua chala rubia, bien fajada y acarició caderas de potrancas o de roncas guitarras pendencieras, en boliches lunares, ya difuntos-; mientras mezcla el granate matadura con el ***** catinga candombero y aflora su sonrisa de padrillo -un poco amarillenta, un poco verde-, ante tanta visión reflorecida -con perenne fervor y gesto macho-, por la criolla paleta socarrona donde exprime su lírica memoria.
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Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
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Introducción a las fábulas para animales
Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
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Estando yo en la mi choza   pintando la mi cayada, las cabrillas altas iban   y la luna rebajada; mal barruntan las ovejas,   no paran en la majada. Vide venir siete lobos   por una oscura cañada. Venían echando suertes   cuál entrará a la majada; le tocó a una loba vieja,   patituerta, cana y parda, que tenía los colmillos   como ***** de navaja. Dio tres vueltas al redil   y no pudo sacar nada; a la otra  vuelta que dio,   sacó la borrega blanca, hija de la oveja churra,   nieta de la orejisana, la que tenían mis amos   para el domingo de Pascua. -¡Aquí, mis siete cachorros,   aquí, perra trujillana, aquí, perro el de los hierros,   a correr la loba parda! Si me cobráis la borrega,   cenaréis leche y hogaza; y si no me la cobráis,   cenaréis de mi cayada. Los perros tras de la loba   las uñas se esmigajaban; siete leguas la corrieron   por unas sierras muy agrias. Al subir un cotarrito   la loba ya va cansada: -Tomad, perros, la borrega,   sana y buena como estaba. -No queremos la borrega,   de tu boca alobadada, que queremos tu pelleja   pa' el pastor una zamarra; el rabo para correas,   para atacarse las bragas; de la cabeza un zurrón,   para meter las cucharas; las tripas para vihuelas   para que bailen las damas.
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Romance de la loba parda
A dog, a cat, and tiny fluffy mouse Are learning Spanish in their English house Since they are going to the Southern Spain They need to train their little stupid brain The dog says: “My name is el perro grande I love the singer Ariana Grande But I hate cats and cats I eat them all May they be big, may they be very small” The cat says: “My name is el gato ***** I’m learning Spanish, it makes me alegro But I hate mice and mice I eat them all May they be big, may they be very small” The fluffy mouse says: “I am el ratón I love some queso and I love jamón But most of all I love them cats and dogs In Turkish kebabs and in big hotdogs”
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May 6, 2018
May 6, 2018 at 9:29 AM UTC
The Dog, The Cat, & Fluffy Mouse
Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua y el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento. Tengo pena de ser en esta orilla tronco sin ramas; y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla, para el gusano de mi sufrimiento. Si tú eres el tesoro oculto mío, si eres mi cruz y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío, no me dejes perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado.
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Soneto de la dulce queja