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"pastilla" poems
El corazón y su redoble iracundo el obscuro caballo de la sangre caballo ciego caballo desbocado el carrousel nocturno la noria del terror el grito contra el muro y la centella rota Camino andado                             Camino desandado El cuerpo a cuerpo con un pensamiento afilado la pena que interrogo cada día y no responde la pena que no se aparta y cada noche me despierta la pena sin tamaño y sin nombre el alfiler y el párpado traspasado el párpado del día mal vivido la hora manchada la ternura escupida la risa loca y la puta mentira la soledad y el mundo Camino andado                             camino desandado El coso de la sangre y la pica y la rechifla el sol sobre la herida sobre las aguas muertas el astro hirsuto la rabia y su acidez recomida el pensamiento que se oxida y la escritura gangrenada el alba desvivida y el día amordazado la noche cavilada y su hueso roído el horror siempre nuevo y siempre repetido Camino andado                             camino desandado El vaso de agua la pastilla la lengua de estaño el hormiguero en pleno sueño cascada negra de la sangre cascada pétrea de la noche el peso bruto de la nada zumbido de motores en la ciudad inmensa lejos cerca lejos en el suburbio de mi oreja aparición del metro cojo el puente roto y el ahogado Camino andado                             camino desandado El pensamiento circular y el círculo de familia ¿qué hice qué hiciste qué hemos hecho? el laberinto de la culpa sin culpa el espejo que acusa y el silencio que se gangrena el día estéril la noche estéril el dolor estéril la soledad promiscua el mundo despoblado la sala de espera en donde ya no hay nadie Camino andado y desandado la vida se ha ido sin volver el rostro.
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Repeticiones
El corazón y su redoble iracundo el obscuro caballo de la sangre caballo ciego caballo desbocado el carrousel nocturno la noria del terror el grito contra el muro y la centella rota Camino andado                             Camino desandado El cuerpo a cuerpo con un pensamiento afilado la pena que interrogo cada día y no responde la pena que no se aparta y cada noche me despierta la pena sin tamaño y sin nombre el alfiler y el párpado traspasado el párpado del día mal vivido la hora manchada la ternura escupida la risa loca y la puta mentira la soledad y el mundo Camino andado                             camino desandado El coso de la sangre y la pica y la rechifla el sol sobre la herida sobre las aguas muertas el astro hirsuto la rabia y su acidez recomida el pensamiento que se oxida y la escritura gangrenada el alba desvivida y el día amordazado la noche cavilada y su hueso roído el horror siempre nuevo y siempre repetido Camino andado                             camino desandado El vaso de agua la pastilla la lengua de estaño el hormiguero en pleno sueño cascada negra de la sangre cascada pétrea de la noche el peso bruto de la nada zumbido de motores en la ciudad inmensa lejos cerca lejos en el suburbio de mi oreja aparición del metro cojo el puente roto y el ahogado Camino andado                             camino desandado El pensamiento circular y el círculo de familia ¿qué hice qué hiciste qué hemos hecho? el laberinto de la culpa sin culpa el espejo que acusa y el silencio que se gangrena el día estéril la noche estéril el dolor estéril la soledad promiscua el mundo despoblado la sala de espera en donde ya no hay nadie Camino andado y desandado la vida se ha ido sin volver el rostro.
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Los surtidores pulverizan una lasitud que apenas nos deja meditar con los poros, el cerebelo y la nariz. ¡Estanques de absintio en los que se remojan los encajes de piedra de los arcos! ¡Alcobas en las que adquiere la luz la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer! Con una locuacidad de Celestina, los guías conducen a las mujeres al harén, para que se ruboricen escuchando lo que las fuentes les cuentan al pasar, y para que, asomadas al Albaicín, se enfermen de "saudades" al oír la muzárabe canción, que todavía la ciudad sigue tocando con sordina. Cuellos y ademanes de mamboretá, las inglesas componen sus paletas con el gris de sus pupilas londinenses y la desesperación encarnada de ser vírgenes, y como si se miraran al espejo, reproducen, con exaltaciones de tarjeta postal, las estancias llenas de una nostalgia de cojines y de sombras violáceas, como ojeras. En el mirador de Lindaraja, los visitantes se estremecen al comprobar que las columnas tienen la blancura y el grosor de los brazos de la favorita, y en el departamento de los baños se suenan la nariz con el intento de catar ese olor a carne de odalisca, carne que tiene una consistencia y un sabor de pastilla de goma. ¡Persianas patinadas por todos los ojos que han mirado al través! ¡Paredes que bajo sus camisas de puntilla tienen treinta y siete grados a la sombra! Decididamente, cada vez que salimos del Alhambra es como si volviéramos de una cita de amor.
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Alhambra
Los surtidores pulverizan una lasitud que apenas nos deja meditar con los poros, el cerebelo y la nariz. ¡Estanques de absintio en los que se remojan los encajes de piedra de los arcos! ¡Alcobas en las que adquiere la luz la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer! Con una locuacidad de Celestina, los guías conducen a las mujeres al harén, para que se ruboricen escuchando lo que las fuentes les cuentan al pasar, y para que, asomadas al Albaicín, se enfermen de "saudades" al oír la muzárabe canción, que todavía la ciudad sigue tocando con sordina. Cuellos y ademanes de mamboretá, las inglesas componen sus paletas con el gris de sus pupilas londinenses y la desesperación encarnada de ser vírgenes, y como si se miraran al espejo, reproducen, con exaltaciones de tarjeta postal, las estancias llenas de una nostalgia de cojines y de sombras violáceas, como ojeras. En el mirador de Lindaraja, los visitantes se estremecen al comprobar que las columnas tienen la blancura y el grosor de los brazos de la favorita, y en el departamento de los baños se suenan la nariz con el intento de catar ese olor a carne de odalisca, carne que tiene una consistencia y un sabor de pastilla de goma. ¡Persianas patinadas por todos los ojos que han mirado al través! ¡Paredes que bajo sus camisas de puntilla tienen treinta y siete grados a la sombra! Decididamente, cada vez que salimos del Alhambra es como si volviéramos de una cita de amor.
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Llévate, frío, de un zarpazo mi dolor. Llévate las lágrimas, los gritos, los insultos y las dudas. Dile a tus ángeles que vengan por esto que fue mío. Pistola, pastilla, cuchilla o ventana, cualquiera cumple su objetivo. Pero queda después muy poco de lo que fui. Las risas, los recuerdos, mis amigos, los abrazos y los besos. ¿Todo eso quién se lo lleva? Manda a tus demonios. Que todo se lo roben, que lo escupan y que lo violen, porque no fueron más que regalos de Dios a su Adán ateo que después del destierro se creyó serpiente.
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May 24, 2016
May 24, 2016 at 10:54 PM UTC
Qué curiosidad me da