Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"pasados" poems
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
0
Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:18 PM UTC
Carta a mi futuro yo.
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
Continue reading...
18
Figurilla india tallada en sándalo, todos tus detalles han sido esculpidos por la mano de Dios, el artesano mayor. Contigo a mi lado exploro lugares nunca antes pisados, en fantasía propia de gitanos e incienso, de colores ocres, de oro y café. Inspiras recuerdos de tiempos pasados, de siglos antiguos, de calles y barrios. De Babel, donde nos separamos y te llevaste tus labios, que se alejaron cansados, sin entender otro idioma que el de los besos robados, que a través de los tiempos por azar encuentro al hacer de tú boca, entre todas las otras, un monumento, adorno principal de este templo. Madera fina y aromática, trae contigo la armonía. Sándalo cubierto de flores, de danzas y amores: Si tengo tu boca ¿para qué querer otra?
0
May 7, 2014
May 7, 2014 at 4:19 AM UTC
Sándalo
Tú que me alumbras cada día, tú que acaricias mi piel cantando una melodiosa sinfonía. Puedo sentirte en cada extremidad de mi cuerpo mi pasión por ti se fue creando con el tiempo. Das vida y color a mi mundo Me inspiras y haces que me exprese en menos de un segundo. Maravillas y desastres creas a la vez, guardas historias y misterios de aquello que nunca podremos ver. Eres única en todos los sentidos y al contemplarte aumentas mis latidos. En ti puedo ver cosas que jamás encontraré, eres lo más hermoso que en este universo puede haber. Das fruto y esperanza aún cuando las fuerzas no alcanzan. Si otros no te aprecian, yo sí lo haré, no voy a permitir que contaminen ese gran ser. Me arropas de tus encantos en cada anochecer, esa espectacular imagen y ese maravillso resplandecer Tú sola te complementas, admirable sueles ser, contienes diversas cualidades que solo tú puedes poseer. Eres reflejo de pureza y calidad, eres todo un sueño hecho realidad. Pasados oscuros, has podido vivir, pero en ti siempre está esa magia que te ha permitido resistir. Muchos han tratado de tomar tu lugar, pisotearte e ignorarte y tu importancia anular. En ti están cautivadas las generaciones, relatas cada evento de los humanos y sus terribles acciones.   Eres bella, única y especial y esa alma libre que danza sin cesar. A ti, Madre Tierra, te quiero agradecer, por ser esa inspiración que me ayuda a crecer.
0
Mar 19, 2015
Mar 19, 2015 at 6:51 PM UTC
Vida mía
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
0
1.1k
Acelerando
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
Continue reading...
51
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
0
849
Discurso a los jóvenes
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
Continue reading...
70
mis ojos emiten luz, irradian para después absorver, como el sonar de los murciélagos. me hablan historias incompletas sobre los minutos, horas y días pasados, dentro de mi, imagino que puedo ver mas alla. siento el calor y siento el frío, las gotas de lluvia y los diferentes suelos que piso al caminar. iluminó las noches y cierro los ojos ante el dia, imagino al sol ir y venir, recuerdo saltar las bardas, el filo de las rocas en mis dedos, la constante y agresiva mirada de la noche a mi alrededor, envolviendo, vigilando, observando mientras me desplazo de un lado a otro hasta por fin encontrar un lugar para recostar, una piedra de mi tamaño, una superficie grande y plana, que deja mi vista apuntando hacia la inmensidad.
0
Dec 13, 2014
Dec 13, 2014 at 1:50 AM UTC
Piramide
Huye sin percibirse lento el día, Y la hora secreta y recatada Con silencio se acerca, y despreciada, Lleva tras sí la edad lozana mía. La Vida nueva que en niñez ardía, La juventud robusta y engañada, En el postrer invierno sepultada Yace entre negra sombra y nieve fría. No sentí resbalar mudos los años; Hoy los lloro pasados, y los veo Riendo de mis lágrimas y daños. Mi penitencia deba a mi deseo, Pues me deben la Vida mis engaños, Y espero el mal que paso y no le creo.
0
679
Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño de la vida
Varios sentimientos siguen siendo subjetivos a la conciencia, cada vez estoy mas seguro  de que todos estamos locos a nuestra manera, ver colores, ver razones, mundos, direcciones  está en cada uno de nosotros,  nos reservamos el derecho de crear un mundo artificial ligado a nuestra percepción, convicción y miedos, sobre todo, miedo mas que certeza, realidades preconcebidas de pasados que la mayoría del tiempo no regresan...
0
May 2, 2015
May 2, 2015 at 9:22 PM UTC
Existencia
Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.                 Es una tibia mañana. El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.       Pasados los verdes pinos, casi azules, primavera se ve brotar en los finos chopos de la carretera y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo parece, más que joven, adolescente.       Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido, azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido, y mística primavera!       ¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera, espuma de la montaña ante la azul lejanía, sol del día, claro día! ¡Hermosa tierra de España!
0
672
Orillas del duero
En nuestra adversidad nos encontramos buscando aquello que no sabíamos reconocer anhelando lo que no quisimos tentando al destino burlando a la suerte en tus ojos mi mirada en tus manos mis días y noches en tus labios mi nombre confundidos caminamos avanzando paso a paso cayendo en el camino y levantándonos de nuevo siempre juntos con el mismo destino final desconocido y familiar invitándonos a sentir a dejar morir parte de nosotros para ser revividos con fuerza renovada y emociones encontradas construyéndonos de nuevo de los escombros de temblores pasados saliendo a respirar de nuevo el aire del cual fuimos egoístamente privados me invadiste como una plaga rápidamente infectándome y curándome del mal que antes padecía sonrisas y carcajadas lágrimas y besos la idea del amor más puro de las estrellas conspirando en mi favor para escribir en mi firmamento la nueva historia que hoy contamos sin un final cercano
0
Nov 9, 2017
Nov 9, 2017 at 3:37 PM UTC
Mi alma sueña... Ven. Y como entonces, La mano tuya entre mi mano trémula, Vamos en busca de silencio y sombra. En la noche de abril, de aromas llena, Ni una palabra nos diremos. Sólo Se oirá la brisa en el boscaje. Envuelta En mi ***** rebozo de española, La faz donde el dolor dejó su huella, No verás las arrugas de mi frente Ni mis cabellos grises... ¡Alma, sueña! Con luz de juventud los ojos míos Brillarán nuevamente en las tinieblas, y mi alma por ellos (¡Ojos míos, Ojos que tantas esperanz.as muertas Llorasteis en la vida!) para verte, Cerca de mí, se asomará risueña. Y ambos evocaremos en la calma De esta noche de tibia primavera, Los éxtasis pasados, nuestros sueños, Y de un eterno amor nuestras promesas; Y dulcemente sentiremos ambos, Entre hálitos de rosas y violetas, Que invade nuestras almas un anhelo De oración, a la luz de las estrellas. ¡Oh, qué dulce vagar en clara noche Respirando el olor de las primeras Rosas, en tanto que estridente vibra El canto de los grillos en la yerba! ... ¡Oh, callados vagar entre los árboles Con las manos unidas, y muy cerca, En el hondo silencio de las cosas Que bajo el manto de la noche sueñan, Mientras recuerdos de un amor lejano Entre las sombras fúlgidos despiertan, Y del alma agostada van surgiendo, Cual onda viva de una roca seca! ¡Di! ¿No creíste que el amor ya muerto Volvería a surgir a vida nueva?... ¡Que la embriaguez de los pasados días Un instante a sentir el alma vuelva, y que un instante bienhechor de olvido Sobre la angustia de mi vida venga, Para que una esperanza me sonría, Y destelle una luz en mi tristeza! ¡Oh, que en ímpetu ardiente, y a mi lado, Mi corazón de nuevo se estremezca, Y cante a Dios agradecida el alma, Que ante el conjuro de tu amor despierta, A Dios, que dio la juventud al hombre, Y a los campos les dio la primavera! El viento, que los álamos agita, Pasa aromado con olor de selva... Anochece. Las sombras en los campos Extendiéndose van, y en la serena Quietud, de pronto escuchase una nota Que surge clara de la fronda trémula, Y luego rompe en rítmicos gorjeos, En frenesí de gozo, que en la tierra Nunca nosotros conocimos, hechos De fango de mentira y de tristeza... La noche escucha en éxtasis el canto, Mientras el alma solitaria sueña.
0
636
Mi alma sueña...
Mi alma sueña... Ven. Y como entonces, La mano tuya entre mi mano trémula, Vamos en busca de silencio y sombra. En la noche de abril, de aromas llena, Ni una palabra nos diremos. Sólo Se oirá la brisa en el boscaje. Envuelta En mi ***** rebozo de española, La faz donde el dolor dejó su huella, No verás las arrugas de mi frente Ni mis cabellos grises... ¡Alma, sueña! Con luz de juventud los ojos míos Brillarán nuevamente en las tinieblas, y mi alma por ellos (¡Ojos míos, Ojos que tantas esperanz.as muertas Llorasteis en la vida!) para verte, Cerca de mí, se asomará risueña. Y ambos evocaremos en la calma De esta noche de tibia primavera, Los éxtasis pasados, nuestros sueños, Y de un eterno amor nuestras promesas; Y dulcemente sentiremos ambos, Entre hálitos de rosas y violetas, Que invade nuestras almas un anhelo De oración, a la luz de las estrellas. ¡Oh, qué dulce vagar en clara noche Respirando el olor de las primeras Rosas, en tanto que estridente vibra El canto de los grillos en la yerba! ... ¡Oh, callados vagar entre los árboles Con las manos unidas, y muy cerca, En el hondo silencio de las cosas Que bajo el manto de la noche sueñan, Mientras recuerdos de un amor lejano Entre las sombras fúlgidos despiertan, Y del alma agostada van surgiendo, Cual onda viva de una roca seca! ¡Di! ¿No creíste que el amor ya muerto Volvería a surgir a vida nueva?... ¡Que la embriaguez de los pasados días Un instante a sentir el alma vuelva, y que un instante bienhechor de olvido Sobre la angustia de mi vida venga, Para que una esperanza me sonría, Y destelle una luz en mi tristeza! ¡Oh, que en ímpetu ardiente, y a mi lado, Mi corazón de nuevo se estremezca, Y cante a Dios agradecida el alma, Que ante el conjuro de tu amor despierta, A Dios, que dio la juventud al hombre, Y a los campos les dio la primavera! El viento, que los álamos agita, Pasa aromado con olor de selva... Anochece. Las sombras en los campos Extendiéndose van, y en la serena Quietud, de pronto escuchase una nota Que surge clara de la fronda trémula, Y luego rompe en rítmicos gorjeos, En frenesí de gozo, que en la tierra Nunca nosotros conocimos, hechos De fango de mentira y de tristeza... La noche escucha en éxtasis el canto, Mientras el alma solitaria sueña.
Continue reading...
63
Hay ciudades que son capitales de gloria y otras que son ciudadelas del asco hay ciudades que son capitales de audacia y otras que apenas son escombreras del miedo pero aun sin llegar a esos extremos en unas y otras hay rasgos comunes el puerto / la avenida principal / callejón de burdeles / la catedral severa monumentos donde dejan sus flores ex tiranos y sus máscaras de odio hay suburbios que ocultan la otra cara la miserable la mendiga metrópolis de atmósfera viciada y otras que apenas tienen un smog espiritual ciudades con sus mafias barrasbravas y sectas y otras con angelitos ya pasados de moda pero aun sin llegar a esos extremos ostentan atributos compartidos por ejemplo el deber de estar alegres durante el carnaval de fecha fija y mostrarse llorosas y agobiadas el día de difuntos o en su víspera o estar enamoradas y tiernísimas el st.valentine's day que trajeron del norte hay ciudades que osan defenderse de la hipocresía y el consumismo y otras que se entregan indefensas al consumismo y la hipocresía ciertamente ninguna ciudad es tan infame ni tan espléndida o deslumbrante tal vez una y otra sean de fábula pensadas desde cierta soledad ominosa pero aun en las franjas de quimera en los puntos que nacen del desvelo hay ciudades para vivir / y otras en las que no querría ni caerme muerto
0
497
Tantas ciudades
Coraza y pecho abierto. Coraza hecha con el acero de lo eterno para el dardo que lanza el arco, desde abajo, cada día certero, para el dardo sutil del cuidado pequeño. Y los días pasados sin bajeza ni altura, montón de muertas flechas rebotadas al pie nuestro. Y a lo otro pecho abierto: para la herida grande del gran dolor eterno, para el puñal del bien y el mal que nosotros nos hemos de clavar en el pecho por voluntad y por mandato interno, mientras resbala en la coraza cada día el dardo leve de los destinos ciegos.
0
433
47
Esta casa no es la que era. En esta casa había antes lagartijas, jarras, erizos, pintores, nubes, madreselvas, olas plegadas, amapolas, humo de hogueras... Esta casa no es la que era. Fue una caja de guitarra. Nunca se habló de fibromas, de porvenires, de pasados, de lejanías. Nunca pulsó nadie el bordón del grave acento: «nos queremos, te quiero, me quieres, nos quieren...» No podíamos ser solemnes, pues qué hubieran pensado entonces el gato, con su traje verde, el galápago, el ratón blanco, el girasol acromegálico... Esta casa no es la que era. Ha empezado a andar, paso a paso. Va abandonándonos sin prisa. Si hubiera ardido en pompa, todos, correríamos a salvarnos. Pero así, nos da tiempo a todo: a recoger cosas que ahora advertimos que no existían; a decirnos adiós, corteses; a recorrer, indiferentes, las paredes que tosen, donde proyectó su sombra la adelfa, sombra y ceniza de los días. Esta casa estuvo primero varada en una playa. Luego, puso proa a azules más hondos. Cantaba la tripulación. Nada podían contra ella las horas y los vendavales. Pero ahora se disuelve, como un terrón de azúcar en agua. Qué pensará el gato feudal al saber que no tiene alma; y los ajos, qué pensarán el domingo los ajos, qué pensarán el barril de orujo, el tomillo, el cantueso, cuando se miren al espejo y vean su cara cubierta de arrugas. Qué pensarán cuando se sepan olvidados de quienes fueron la prueba de su juventud, el signo de su eternidad, el pararrayos de la muerte. Esta casa no es la que era. Compasivamente, en la noche, sigue acunándonos.
0
443
La casa
Esta casa no es la que era. En esta casa había antes lagartijas, jarras, erizos, pintores, nubes, madreselvas, olas plegadas, amapolas, humo de hogueras... Esta casa no es la que era. Fue una caja de guitarra. Nunca se habló de fibromas, de porvenires, de pasados, de lejanías. Nunca pulsó nadie el bordón del grave acento: «nos queremos, te quiero, me quieres, nos quieren...» No podíamos ser solemnes, pues qué hubieran pensado entonces el gato, con su traje verde, el galápago, el ratón blanco, el girasol acromegálico... Esta casa no es la que era. Ha empezado a andar, paso a paso. Va abandonándonos sin prisa. Si hubiera ardido en pompa, todos, correríamos a salvarnos. Pero así, nos da tiempo a todo: a recoger cosas que ahora advertimos que no existían; a decirnos adiós, corteses; a recorrer, indiferentes, las paredes que tosen, donde proyectó su sombra la adelfa, sombra y ceniza de los días. Esta casa estuvo primero varada en una playa. Luego, puso proa a azules más hondos. Cantaba la tripulación. Nada podían contra ella las horas y los vendavales. Pero ahora se disuelve, como un terrón de azúcar en agua. Qué pensará el gato feudal al saber que no tiene alma; y los ajos, qué pensarán el domingo los ajos, qué pensarán el barril de orujo, el tomillo, el cantueso, cuando se miren al espejo y vean su cara cubierta de arrugas. Qué pensarán cuando se sepan olvidados de quienes fueron la prueba de su juventud, el signo de su eternidad, el pararrayos de la muerte. Esta casa no es la que era. Compasivamente, en la noche, sigue acunándonos.
Continue reading...
56
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
0
448
La casa paterna
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
Continue reading...
36
Bajo cristales, en vitrinas, reposando estáis olvidados, abanicos de sedas finas en lejanos tiempos bordados. Y os abrís, en un sepulcral silencio, en fondo carmesí, a la luz de tarde otoñal, en el Museo de Cluny. Y al pensar en lo que no existe, encanto ayer y hoy desengaño, decir parece el alma triste: «¿Dónde están las nieves de antaño?» ¿En cuáles manos marfilinas lucirían vuestros encajes, en dulces citas vespertinas bajo los trémulos boscajes? Corte de los Luises de Francia, reverencias ante el estrado... ¡Abanicos! ¡Sois la fragancia Que va surgiendo del pasado!... Fragancia que se desvanece en ideal mundo risueño, mientras el alma se adormece en una bruma azul de ensueño. Al veros, llegan a la mente ecos de fiestas cortesanas, cuando os plegabais lentamente como al compas de las pavanas. «¡Delfín! ¡Callad, os lo suplico!» decía la rubia Marquesa, y en tanto, tras el abanico, reía una boca de fresa. Restos de antigua aristocracia que llevó del tiempo el turbión. ¡Cómo os abriríais con gracia en los jardines del Trianón! ¡Y qué encantadores secretos guardareis de épocas remotas, cuando en Versalles, los minuetos alternaban con las gaviotas! Abanicos de sedas finas que durmiendo estáis olvidados, desde el fondo de las vitrinas ¡cómo evocáis tiempos pasados!
0
354
Abanicos de museo
Todas las frutas eran de su cuerpo, las flores todas, de su alma. Y venía, y venía entre las hojas verdes, rojas, cobres, por los caminos todos de cuyo fin con árboles desnudos pasados en su fin a otro verdor, ella había salido y eran su casa llena natural.¿Y a qué venía, a qué venía? Venía sólo a no acabar, a perseguir en sí toda la luz, a iluminar en sí toda la vida con forma verdadera y suficiente. Era lo elemental más apretado en redondez esbelta y elejida: agua y fuego con tierra y aire, cinta ideal de suma gracia, combinación y metamórfosis. Espejo de iris májico de sí, que viese lo de fuera desde fuera y desde dentro lo de dentro; la delicada y fuerte realidad de la imajen completa. Mensajera de la estación total, todo se hacía vista en ella.(Mensajera, ¡qué gloria ver para verse a sí mismo, en sí mismo, en uno mismo, en una misma, la gloria que proviene de nosotros!) Ella era esa gloria ¡y lo veía! Todo, volver a ella sola, solo, salir toda de ella.(Mensajera, tú existías. Y lo sabía yo).
0
303
Mensajera de la estación total