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"moscas" poems
Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar!Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela,-que todo es volar-, sonoras rebotando en los cristales en los días otoñales... Moscas de todas las horas,de infancia y adolescencia, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer en nada,de siempre... Moscas vulgares, que de puro familiares no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posadosobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos.Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas.
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Las moscas
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Caballero sólo
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, mi paisaje de otoño desolado, elegiría, robaría esta calle que es anterior a mí y a todos. Ella devuelve mi mirada inservible, la de hace apenas quince o veinte años cuando la casa verde envenenaba el ciclo. Por eso es cruel dejarla recién atardecida con tantos balcones como nidos a solas y tantos pasos como nunca esperados. Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos, los espías aleves de la soledad, las piernas de mujer que arrastran a mis ojos lejos de la ecuación de dos incógnitas. Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte, hojas secas, bocinas y nombres desolados, nubes que van creciendo en mi ventana mientras la humedad trae larnentos y moscas. Sin embargo existe también el pasado con sus súbitas rosas y modestos escándalos con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera y su insignificante comezón de recuerdos. Ah si pudiera elegir mi paisaje elegiría, robaría esta calle, esta calle recién atardecida en la que encarnizadamente revivo y de la que sé con estricta nostalgia el número y el nombre de sus setenta árboles.
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Elegir mi paisaje
Corta los dedos momias la yugular marina de los algosos huéspedes que agobian tu pensativo omóplato de lluvia la veta de presagios que labran en tu arena los cangrejos escribas el tendón que te amarra a tanto ritmo muerto entre gaviotas y huye con tu terráquea estatua parpadeante sin un mítico cuerno bajo la nieve niña recostada en tus sienes pero con once antenas fluorescentes embistiendo el misterio. Huye con ella en llamas del brazo de su miedo tómala de las rosas si prefieres llagarte la corteza pero abandona el eco de ese hipomar hidrófobo que fofopulpoduende te dilata el abismo con sus viscosos ceros absorbentes cuando no te trasmuta en migratorio vuelo circunflexo de nostalgias sin rumbo. Furiosamente aleja tu Segismunda rata introspectiva tu telaraña hambrienta de ese trasmundo hijastro de la lava en mística abstinencia de cactus penitentes y con tu dogoarcángel auroleado de moscas y tus fieles botines melancólicos de ensueños disecados y gritos de entrecasa color crimen huye con ella dentro de su claustral aroma aunque su cieloinfierno te condene a un eterno "Te quiero". Deja ya desprenderse el cálido follaje que brota de tus manos junto a ese móvil tótem de muslos agua viva flagélate si quieres con las violentas trenzas que le hurtaste al olvido pero por más que sufras en cada cruz vacante una pasión suicida y tu propia cisterna con semivirgen luna reclame tu cabeza ya sin velero ocaso ni chicha de pestañas ni cajas donde late la agónica sequía huye por los senderos que arrancan de tu pecho con tu hijo entre paréntesis tu hormiguero de espectros tus bisabuelas lámparas y todos los frutales recuerdos florecidos que alimentan tu siesta. Huye con ella envuelto en su orquestal cabello y su mirar sigilo aunque te cruces de alas y el averritmo herido que anida en el costado donde te sangra el tiempo atardezca su canto entre sus senoslotos o en sus brazos de estatua que ha perdido los brazos en aras de vestales y faunos inhumados y huye con tus grilletes de prófugo perpetuo tu nimbo sin eclipses tus desnudos complejos y el sempiterno tajo de fluviales tinieblas que te parte los ojos para que viertan coágulos de rancia angustia padre impulsos prenatales y meteóricas ansias que le muerden los crótalos a los sueñosculebras del lecho donde boga ámbarmente desnuda tu ninfómana estrella mientras tu cuervo grazna un "Nunca más" de piedra.
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Encallado en las costas del pacífico
Corta los dedos momias la yugular marina de los algosos huéspedes que agobian tu pensativo omóplato de lluvia la veta de presagios que labran en tu arena los cangrejos escribas el tendón que te amarra a tanto ritmo muerto entre gaviotas y huye con tu terráquea estatua parpadeante sin un mítico cuerno bajo la nieve niña recostada en tus sienes pero con once antenas fluorescentes embistiendo el misterio. Huye con ella en llamas del brazo de su miedo tómala de las rosas si prefieres llagarte la corteza pero abandona el eco de ese hipomar hidrófobo que fofopulpoduende te dilata el abismo con sus viscosos ceros absorbentes cuando no te trasmuta en migratorio vuelo circunflexo de nostalgias sin rumbo. Furiosamente aleja tu Segismunda rata introspectiva tu telaraña hambrienta de ese trasmundo hijastro de la lava en mística abstinencia de cactus penitentes y con tu dogoarcángel auroleado de moscas y tus fieles botines melancólicos de ensueños disecados y gritos de entrecasa color crimen huye con ella dentro de su claustral aroma aunque su cieloinfierno te condene a un eterno "Te quiero". Deja ya desprenderse el cálido follaje que brota de tus manos junto a ese móvil tótem de muslos agua viva flagélate si quieres con las violentas trenzas que le hurtaste al olvido pero por más que sufras en cada cruz vacante una pasión suicida y tu propia cisterna con semivirgen luna reclame tu cabeza ya sin velero ocaso ni chicha de pestañas ni cajas donde late la agónica sequía huye por los senderos que arrancan de tu pecho con tu hijo entre paréntesis tu hormiguero de espectros tus bisabuelas lámparas y todos los frutales recuerdos florecidos que alimentan tu siesta. Huye con ella envuelto en su orquestal cabello y su mirar sigilo aunque te cruces de alas y el averritmo herido que anida en el costado donde te sangra el tiempo atardezca su canto entre sus senoslotos o en sus brazos de estatua que ha perdido los brazos en aras de vestales y faunos inhumados y huye con tus grilletes de prófugo perpetuo tu nimbo sin eclipses tus desnudos complejos y el sempiterno tajo de fluviales tinieblas que te parte los ojos para que viertan coágulos de rancia angustia padre impulsos prenatales y meteóricas ansias que le muerden los crótalos a los sueñosculebras del lecho donde boga ámbarmente desnuda tu ninfómana estrella mientras tu cuervo grazna un "Nunca más" de piedra.
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En las viejas telarañas de la tristeza suelen caer las moscas de sartre pero nunca las avispas de aristófanes uno puede entristecerse por muchas razones y sinrazones y la mayoría de las veces sin motivo aparente sólo porque el corazón se achica un poco no por cobardía sino por piedad la tristeza puede hacerse presente con palabras claves o silencios porfiados de todas maneras va a llegar y hay que aprontarse a recibirla la tristeza sobreviene a veces ante el hambre millonaria del mundo o frente al pozo de alma de los desalmados el dolor por el dolor ajeno es una constancia de estar vivo después de todo / pese a todo hay una alegría extraña / desbloqueada en saber que aún podemos estar tristes
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Alegría de la tristeza
Un zumbido de moscas anestesia la aldea. El sol unta con fósforo el frente de las casas, y en el cauce reseco de las calles que sueñan deambula un blanco espectro vestido de caballo. Penden de los balcones racimos de glicinas que agravan el aliento sepulcral de los patios al insinuar la duda de que acaso estén muertos los hombres y los niños que duermen en el suelo. La bondad soñolienta que trasudan las cosas se expresa en las pupilas de un burro que trabaja y en las ubres de madre de las cabras que pasan con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde, no se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo... ¡Es tan real el paisaje que parece fingido!
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Siesta
Meus caros, eu vi! Quem sabe num sonho, ou talvez não fosse exatamente um sonho Quem sabe as luzes estivessem baixas demais E a escuridão que promove vultos, houvesse enegrecido minha mente -Entorpecido por meus próprios pensamentos- Ali estava, a visão atemporal da existência Trafegando por aterradores espaços infinitos A escuridão assombrava o devastado pântano das almas amaldiçoadas ouvia-se os gritos daqueles que encontravam ali o fatal destino Os mortos que estavam aprisionados ansiavam por companhia Uma fumaça fétida pairava sobre as águas apodrecidas Animais se decompunham retidos pela lama pegajosa Vermes se proliferavam naquele ambiente hostil enquanto o atormentador zumbido de moscas preenchia o silêncio daquele lugar horrível As criaturas mais horrendas e bestiais ali faziam sua morada à espreita das desavisadas presas que por aquele caminho se perderam Há um homem perdido em seus próprios passos Ele caminha ao longo da estrada Entre-a-vida-e-a-morte Ele está vivo, mas nunca viveu Como também está morto, sem de fato ter morrido Anseia por luz, mas se perde na escuridão do pântano O bater de asas dos abutres lhe contam que tudo é um sonho, mas também uma profecia Abaixo da árvore da vida sete urubus mortos estão se decompondo Não há quem possa devorar seus cadáveres apodrecidos Uma formosa águia sobrevoa o pântano Sete ratos tentam se esconder Sete cobras tentam fugir Mas a águia devora os sete ratos E também devora as sete cobras O homem se torna dois, e um terceiro que não é homem Ambos deverão transitar pelo inferno Arrastar-se pela terra infértil da morte Um morrerá para si mesmo E renascerá como a fênix mitológica O outro morrerá eternamente Consumido pela legião de sombras Sua tristeza será incomensurável E como se uma ira brotasse em seu âmago E uma dor gigantesca consumisse todo o seu ser Sem derramar uma lágrima Mergulhará sua existência nas águas esquecidas do Lethe Embora o primeiro igualmente experimentasse dor tamanha Ele encontrará seu guia dentro de si mesmo Pois o guia na escuridão é a luz Na luz nenhuma escuridão prevalece O terceiro é como se jamais existisse Permanecendo no limbo do crepúsculo Sem dormir ou acordar Apodrecendo como os urubus mortos aos pés da árvore da vida Sem jamais experimentar seus frutos Os três se tornam um só novamente Mas algo havia mudado Já não poderia mais ser o mesmo E como num súbito – abri meus olhos Não poderia ter sido um sonho Por mais que estivesse sonhando… Meus caros, eu vi!
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Dec 29, 2016
Dec 29, 2016 at 4:38 PM UTC
O Hades
Meus caros, eu vi! Quem sabe num sonho, ou talvez não fosse exatamente um sonho Quem sabe as luzes estivessem baixas demais E a escuridão que promove vultos, houvesse enegrecido minha mente -Entorpecido por meus próprios pensamentos- Ali estava, a visão atemporal da existência Trafegando por aterradores espaços infinitos A escuridão assombrava o devastado pântano das almas amaldiçoadas ouvia-se os gritos daqueles que encontravam ali o fatal destino Os mortos que estavam aprisionados ansiavam por companhia Uma fumaça fétida pairava sobre as águas apodrecidas Animais se decompunham retidos pela lama pegajosa Vermes se proliferavam naquele ambiente hostil enquanto o atormentador zumbido de moscas preenchia o silêncio daquele lugar horrível As criaturas mais horrendas e bestiais ali faziam sua morada à espreita das desavisadas presas que por aquele caminho se perderam Há um homem perdido em seus próprios passos Ele caminha ao longo da estrada Entre-a-vida-e-a-morte Ele está vivo, mas nunca viveu Como também está morto, sem de fato ter morrido Anseia por luz, mas se perde na escuridão do pântano O bater de asas dos abutres lhe contam que tudo é um sonho, mas também uma profecia Abaixo da árvore da vida sete urubus mortos estão se decompondo Não há quem possa devorar seus cadáveres apodrecidos Uma formosa águia sobrevoa o pântano Sete ratos tentam se esconder Sete cobras tentam fugir Mas a águia devora os sete ratos E também devora as sete cobras O homem se torna dois, e um terceiro que não é homem Ambos deverão transitar pelo inferno Arrastar-se pela terra infértil da morte Um morrerá para si mesmo E renascerá como a fênix mitológica O outro morrerá eternamente Consumido pela legião de sombras Sua tristeza será incomensurável E como se uma ira brotasse em seu âmago E uma dor gigantesca consumisse todo o seu ser Sem derramar uma lágrima Mergulhará sua existência nas águas esquecidas do Lethe Embora o primeiro igualmente experimentasse dor tamanha Ele encontrará seu guia dentro de si mesmo Pois o guia na escuridão é a luz Na luz nenhuma escuridão prevalece O terceiro é como se jamais existisse Permanecendo no limbo do crepúsculo Sem dormir ou acordar Apodrecendo como os urubus mortos aos pés da árvore da vida Sem jamais experimentar seus frutos Os três se tornam um só novamente Mas algo havia mudado Já não poderia mais ser o mesmo E como num súbito – abri meus olhos Não poderia ter sido um sonho Por mais que estivesse sonhando… Meus caros, eu vi!
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Gente Chismosa Comunicadores de la mierda Moscas que infectan y no dejan gozar
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Feb 4, 2011
Feb 4, 2011 at 4:57 AM UTC
Moscas
Yo voy con las hormigas entre las patas de las moscas. Yo voy con el suelo, por el viento, en los zapatos de los hombres, en las pezuñas, las hojas, los papeles; voy a donde vas, Tarumba, de donde vienes, vengo. Conozco a la araña. Sé eso que tú sabes de ti mismo y lo que supo tu padre. Sé lo que me has dicho de mí. Tengo miedo de no saber, de estar aquí como mi abuela mirando la pared, bien muerta. Quiero ir a orinar a la luz de la luna. Tarumba, parece que va a llover.
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Tarumba
Hay que volar en este tiempo, a dónde? Sin alas, sin avión, volar sin duda: ya los pasos pasaron sin remedio, no elevaron los pies del pasajero. Hay que volar a cada instante como las águilas, las moscas y los días, hay que vencer los ojos de Saturno y establecer allí nuevas campanas. Ya no bastan zapatos ni caminos, ya no sirve la tierra a los errantes, ya cruzaron la noche las raíces, y tú aparecerás en otra estrella determinadamente transitoria convertida por fin en amapola.
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Soneto xcvii
El hormiguero hace erupción. La herida abierta bortotea, espumea, se expande, se contrae. El sol a estas horas no deja nunca de bombear sangre, con las sienes hinchadas, la cara roja. Un niño -ignorante de que en un recodo de la pubertad lo esperan unas fiebres y un problema de conciencia- coloca con cuidado una piedrecita en la boca despellejada del hormiguero. El sol hunde sus picas en las jorobas del llano, humilla promontorios de basura. Resplandor desenvainado, los reflejos de una lata vacía -erguida sobre una pirámide de piltrafas- acuchillan todos los puntos del espacio. Los niños buscadores de tesoros y los perros sin dueño escarban el amarillo esplendor del pudridero. A trescientos metros la iglesia de San Lorenzo llama a misa de doce. Adentro, en el altar de la derecha, hay un santo pintado de azul y rosa. De su ojo izquierdo brota un enjambre de insectos de alas grises, que vuelan en línea recta hacia la cúpula y caen, hechos polvo, silencioso derrumbe de armaduras tocadas por la mano del sol. Silban las sirenas de las torres de las fábricas. Falos decapitados. Un pájaro vestido de ***** vuela en círculos y se posa en el único árbol vivo del llano. Después… No hay después. Avanzo, perforo grandes rocas de años, grandes masas de luz compacta, desciendo galerías de minas de arena, atravieso corredores que se cierran como labios de granito. Y vuelvo al llano, donde siempre es mediodía, donde un sol idéntico cae fijamente sobre un paisaje detenido. Y no acaban de caer las doce campanadas, ni de zumbar las moscas, ni de estallar en astillas este minuto que no pasa, que sólo arde y no pasa.
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Llano
El hormiguero hace erupción. La herida abierta bortotea, espumea, se expande, se contrae. El sol a estas horas no deja nunca de bombear sangre, con las sienes hinchadas, la cara roja. Un niño -ignorante de que en un recodo de la pubertad lo esperan unas fiebres y un problema de conciencia- coloca con cuidado una piedrecita en la boca despellejada del hormiguero. El sol hunde sus picas en las jorobas del llano, humilla promontorios de basura. Resplandor desenvainado, los reflejos de una lata vacía -erguida sobre una pirámide de piltrafas- acuchillan todos los puntos del espacio. Los niños buscadores de tesoros y los perros sin dueño escarban el amarillo esplendor del pudridero. A trescientos metros la iglesia de San Lorenzo llama a misa de doce. Adentro, en el altar de la derecha, hay un santo pintado de azul y rosa. De su ojo izquierdo brota un enjambre de insectos de alas grises, que vuelan en línea recta hacia la cúpula y caen, hechos polvo, silencioso derrumbe de armaduras tocadas por la mano del sol. Silban las sirenas de las torres de las fábricas. Falos decapitados. Un pájaro vestido de ***** vuela en círculos y se posa en el único árbol vivo del llano. Después… No hay después. Avanzo, perforo grandes rocas de años, grandes masas de luz compacta, desciendo galerías de minas de arena, atravieso corredores que se cierran como labios de granito. Y vuelvo al llano, donde siempre es mediodía, donde un sol idéntico cae fijamente sobre un paisaje detenido. Y no acaban de caer las doce campanadas, ni de zumbar las moscas, ni de estallar en astillas este minuto que no pasa, que sólo arde y no pasa.
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Si te despiertas a las dos, ahogándote con tu propia saliva, y das un brinco en la angustia y jalas aire desesperadamente, mortalmente, y vuelves a la vida, no al sueño, porque ya no puedes dormir, y te quedas pensando como una hoja que piensa en el viento, y te acuerdas de Poe, que dicen que murió de su propio vómito en una borrachera, en una madrugada, en una calle, solo, ahogándose, el pobre de Edgar Alían Tremens, agarrándose el cuello, crispándose todito, dando el zapotazo con la cabeza sobre el pavimento; te levantas, te sientas a la orilla de la cama, sientes frío, te cierras bien el suéter, te vas a la cocina, haces café, estás agradecido. Sobre el refrigerador la pecera vacía ya no tiene al príncipe encantado, o la princesa, que dormía con los ojos abiertos en el agua. Recuerdas cómo abría su boca para pedirte alimento o para contarte su silenciosa historia. Amaneció flotando un día, como un pez de colores, y fue depositado bajo las yerbas del jardín para que lenta, verde agua, se evaporara. Sólo «Pujitos» y las moscas, el perrito lanudo mueve la cola, se despereza, se aproxima, te pide su salida a la calle, pero comprende que es de noche y vuelve a echarse. El gato no molesta y sigue durmiendo con sus tres niños de pecho que la semana pasada, de pronto lo hicieron gata. Se asoman las mujeres que perdiste, las que te engañaron, aquella que te dijo «yo soy tu harén». Habías visto en la oscuridad los dos féretros en la misma tumba, el rostro quebrado de tu hijo, y ahora, la reciente, ¿cómo se estará cocinando en su cajón la dulce, la pensativa Rosario? Las elecciones, la televisión, los poetas, los macheteros de la fábrica, la operación de Julio, habrá tiempo para dormir, las palabras, las imágenes. Un coche escandaliza, pasa, ladran, dejan limpio el silencio. ¡Al abordaje, pues: las sábanas!
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¿nocturno?
Si te despiertas a las dos, ahogándote con tu propia saliva, y das un brinco en la angustia y jalas aire desesperadamente, mortalmente, y vuelves a la vida, no al sueño, porque ya no puedes dormir, y te quedas pensando como una hoja que piensa en el viento, y te acuerdas de Poe, que dicen que murió de su propio vómito en una borrachera, en una madrugada, en una calle, solo, ahogándose, el pobre de Edgar Alían Tremens, agarrándose el cuello, crispándose todito, dando el zapotazo con la cabeza sobre el pavimento; te levantas, te sientas a la orilla de la cama, sientes frío, te cierras bien el suéter, te vas a la cocina, haces café, estás agradecido. Sobre el refrigerador la pecera vacía ya no tiene al príncipe encantado, o la princesa, que dormía con los ojos abiertos en el agua. Recuerdas cómo abría su boca para pedirte alimento o para contarte su silenciosa historia. Amaneció flotando un día, como un pez de colores, y fue depositado bajo las yerbas del jardín para que lenta, verde agua, se evaporara. Sólo «Pujitos» y las moscas, el perrito lanudo mueve la cola, se despereza, se aproxima, te pide su salida a la calle, pero comprende que es de noche y vuelve a echarse. El gato no molesta y sigue durmiendo con sus tres niños de pecho que la semana pasada, de pronto lo hicieron gata. Se asoman las mujeres que perdiste, las que te engañaron, aquella que te dijo «yo soy tu harén». Habías visto en la oscuridad los dos féretros en la misma tumba, el rostro quebrado de tu hijo, y ahora, la reciente, ¿cómo se estará cocinando en su cajón la dulce, la pensativa Rosario? Las elecciones, la televisión, los poetas, los macheteros de la fábrica, la operación de Julio, habrá tiempo para dormir, las palabras, las imágenes. Un coche escandaliza, pasa, ladran, dejan limpio el silencio. ¡Al abordaje, pues: las sábanas!
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Eva ya no está, de un momento a otro dejó de hablar. Se quedó quieta y dura. En un principio pensé que dormía. Más tarde la toqué y no tenía calor. La moví, le hablé. La dejé ahí tirada. Pasaron varios días y no se levantó. Empezó a oler mal. Se estaba pudriendo como la fruta, y tenía moscas y hormigas. Estaba muy fea. La arrastré afuera y le puse bastante paja encima. Diariamente iba a ver como estaba. Hasta que me cansé y la llevé más lejos. Nunca volvió a hablar. Era como una rama seca. No sirve para nada, no hace nada. Poco a poco se la come la tierra. Allí está. Se la come el sol, no me gusta. No se levanta, no habla, no retoña. Yo la he estado mirando. Es inútil. Cada vez es menos, pesa menos, se acaba.
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Adán y eva xiii
Te contaré la historia del bergantín sombrío que echó un día las anclas en la quietud de un puerto, para ser en la turbia resaca del hastío, el ataúd flotante de su pasado muerto. Allí evocaba el luto de la insignia pirata y las tripulaciones con su bárbaro coro, en las fosforescencias de las noches de plata y en el deslumbramiento de las tardes de oro. Allí, en largos letargos bajo las nubes lentas, entre un enloquecido revuelo de gaviotas, adoraban el soplo brutal de las tormentas, en sus podridos pliegues, las pobres velas rotas. Abajo, en la sentina, mortecinos fanales, moscas y telarañas y barriles flotando, arriba en la cubierta, náufragos espectrales agitando los puños hacia el puente de mando. Ah, las islas del trópico, los dulces archipiélagos para siempre en los mapas de la mala fortuna, y un buque torvamente rondando los murciélagos mientras las mariposas vuelan hacia la luna. Viejo barco que supo que el confín no es redondo en las noches siniestras y en las albas felices, con las anclas hundidas más y más en el fondo como si de las anclas le nacieran raíces. Mástiles carcomidos donde las golondrinas reposan el otoño, como un último ultraje; timón con verdes costras de lepras submarinas y brújula sin norte para morir un viaje. Vientos del sur, o lluvias o locas primaveras, que poco importa todo para los barcos viejos; pero un escalofrío crujía en sus maderas al zarpar otras naves y al perderse a lo lejos. Allí, escuchando el himno de las resacas gordas, vaivén de espumas negras que nunca finaliza, se hubiera dicho un barco cargado hasta las bordas con un gran contrabando funeral de ceniza. Y allí estaba, en el puerto, con su largo letargo, de proa hacia el olvido, muriendo hacia el poniente. Y, sin embargo un día... Ah, un día, sin embargo, sopló un viento de rosas, maravillosamente. Era el sagrado soplo del amor que transfigura los seres y las cosas en el tiempo sin fin y le dio un casco nuevo con nueva arboladura y nueve velas blancas al viejo bergantín. Y así fue que en la gloria de una alegre mañana, con la proa hacia el sueño y el timón al azar, esta vez bajo el mando de gentil capitana, el bergantín sombrío se echó de nuevo al mar. Y así acaba este cuento que es más tuyo que mío, tú, que escuchas mi cuento convertido en canción; tú, gentil capitana del bergantín sombrío, del bergantín sombrío que era mi corazón.
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Te contaré la historia
Te contaré la historia del bergantín sombrío que echó un día las anclas en la quietud de un puerto, para ser en la turbia resaca del hastío, el ataúd flotante de su pasado muerto. Allí evocaba el luto de la insignia pirata y las tripulaciones con su bárbaro coro, en las fosforescencias de las noches de plata y en el deslumbramiento de las tardes de oro. Allí, en largos letargos bajo las nubes lentas, entre un enloquecido revuelo de gaviotas, adoraban el soplo brutal de las tormentas, en sus podridos pliegues, las pobres velas rotas. Abajo, en la sentina, mortecinos fanales, moscas y telarañas y barriles flotando, arriba en la cubierta, náufragos espectrales agitando los puños hacia el puente de mando. Ah, las islas del trópico, los dulces archipiélagos para siempre en los mapas de la mala fortuna, y un buque torvamente rondando los murciélagos mientras las mariposas vuelan hacia la luna. Viejo barco que supo que el confín no es redondo en las noches siniestras y en las albas felices, con las anclas hundidas más y más en el fondo como si de las anclas le nacieran raíces. Mástiles carcomidos donde las golondrinas reposan el otoño, como un último ultraje; timón con verdes costras de lepras submarinas y brújula sin norte para morir un viaje. Vientos del sur, o lluvias o locas primaveras, que poco importa todo para los barcos viejos; pero un escalofrío crujía en sus maderas al zarpar otras naves y al perderse a lo lejos. Allí, escuchando el himno de las resacas gordas, vaivén de espumas negras que nunca finaliza, se hubiera dicho un barco cargado hasta las bordas con un gran contrabando funeral de ceniza. Y allí estaba, en el puerto, con su largo letargo, de proa hacia el olvido, muriendo hacia el poniente. Y, sin embargo un día... Ah, un día, sin embargo, sopló un viento de rosas, maravillosamente. Era el sagrado soplo del amor que transfigura los seres y las cosas en el tiempo sin fin y le dio un casco nuevo con nueva arboladura y nueve velas blancas al viejo bergantín. Y así fue que en la gloria de una alegre mañana, con la proa hacia el sueño y el timón al azar, esta vez bajo el mando de gentil capitana, el bergantín sombrío se echó de nuevo al mar. Y así acaba este cuento que es más tuyo que mío, tú, que escuchas mi cuento convertido en canción; tú, gentil capitana del bergantín sombrío, del bergantín sombrío que era mi corazón.
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Bébete un tentempié pero sentada arrímate a tu sol si eres satélite usa tus esperanzas como un sable desmundízate a ciegas o descálzate desmilágrate ahora / poco a poco quítate la ropita sin testigos arrójale esa cáscara al espejo preocúpate pregúntale prepárate sobremuriente no / sobreviviente desde el carajo al cielo / sin escalas y si no vienen a buscar tu búsqueda y te sientes pueril o mendicante abandonada por tu abandoneón fabulízate de una vez por todas métete en tu ropita nuevamente mundízate milágrate y entonces apróntate a salir y a salpicarte calle abajo / novada y renovada pero antes de asomar la naricita bebe otro tentempié / por si las moscas
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Bébete un tentempié
"salud salud" decía jack hammerstein se la pasaba saludando a: todos a todos a todos aunque lloraran ensuciando el mantel aunque tuvieran leonas bravas "afuera negra desventura afuera afuera" decía entrando a cada casa y espantándola con la mano como si las desgracias fuesen moscas o mosquitos o insectos y miel la gente en su esplendor "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía jack hammerstein limpiando esos polvos o arrancaba la yerba ya vieja crecida sobre ternuras sobre zapatitos de seda que no hacen ruido en el amor así jack hammerstein de color amarillo como si pasara las noches entre claveles o alelí en realidad tenía una amada que se bañaba en agua clara en realidad tenía una niña/que se bañaba en agua fría y le crecían luces suavidades entrando "qué lindo pelo tienes" le decía jack hammerstein "qué linda frente ojos boca pechos tienes" le decía jack hammerstein "qué lindo pie chiquito río de mármol" "oh muerte que a todos convidás" dijo jack hammerstein ahí la amada estaba bella bella y sobre ella crecía yerba esta vez dando color olor y sombra al pie se acostó jack hammerstein para mirarla subir "afuera desventura afuera afuera" "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía a los traidores bichos negros que le comían corazón "salud salud" decía jack hammerstein no lo pudrió la pena ni la furia se la pasaba saludando a todos y aún arrancándoles yerba pero a su amada no o la miraba subir desde la mesma muerte
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Lamento por las yerbas de jack hammerstein
"salud salud" decía jack hammerstein se la pasaba saludando a: todos a todos a todos aunque lloraran ensuciando el mantel aunque tuvieran leonas bravas "afuera negra desventura afuera afuera" decía entrando a cada casa y espantándola con la mano como si las desgracias fuesen moscas o mosquitos o insectos y miel la gente en su esplendor "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía jack hammerstein limpiando esos polvos o arrancaba la yerba ya vieja crecida sobre ternuras sobre zapatitos de seda que no hacen ruido en el amor así jack hammerstein de color amarillo como si pasara las noches entre claveles o alelí en realidad tenía una amada que se bañaba en agua clara en realidad tenía una niña/que se bañaba en agua fría y le crecían luces suavidades entrando "qué lindo pelo tienes" le decía jack hammerstein "qué linda frente ojos boca pechos tienes" le decía jack hammerstein "qué lindo pie chiquito río de mármol" "oh muerte que a todos convidás" dijo jack hammerstein ahí la amada estaba bella bella y sobre ella crecía yerba esta vez dando color olor y sombra al pie se acostó jack hammerstein para mirarla subir "afuera desventura afuera afuera" "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía a los traidores bichos negros que le comían corazón "salud salud" decía jack hammerstein no lo pudrió la pena ni la furia se la pasaba saludando a todos y aún arrancándoles yerba pero a su amada no o la miraba subir desde la mesma muerte
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if you smoke on my table clean up your hologram the wildest wind couldn't erase your instruction manual the oxygen mask retired looking         for a            treasure              at the end            of your        grayscale your cajitas are the countdown; en boca cerrada no entran moscas
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Jul 23, 2017
Jul 23, 2017 at 11:10 PM UTC
If you smoke on my table
No pasa nada si vuelvo. El colchón nuevo todavía no se acuerda de mí, no me va a extrañar después de un solo día. Solo pasó un día. ¿Puedo volver solo un día? Es que me sigo durmiendo con los zapatos puestos, cruzando la calle sin mirar a los dos lados, vistiéndome con quemaduras de sol todo el verano. Todavía necesito que me disfraces como a una muñeca para no llegar al trabajo manchada o desnuda, que me agarres de la mano como a la correa de un perro para que no termine en una calzada juntando moscas, que me vistas con protector solar para que no se me pele la piel como cáscara. Un día, ma, y me acompañas al médico a ver por qué me están volviendo a crecer los dientes de leche, y pasamos por mi casa de un día a mirar abajo de mi colchón de ni una noche a ver por qué le están creciendo monstruos. Uno solo.
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Mar 29, 2024
Mar 29, 2024 at 5:49 AM UTC
LXVII
A quién el cóndor andrajoso da cuenta de su cometido? Cómo se llama la tristeza en una oveja solitaria? Y qué pasa en el palomar si aprenden canto las palomas? Si las moscas fabrican miel ofenderán a las abejas?
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Xl
¡oh bigart sample desgarrado en el monte! ya no se oye tu palpitar se lo comieron los mosquitos las moscas esas malarias sudamericanas de su boca mezclada a la tierra sube cada tanto un insulto padre como crepitaciones en la noche seca dura podrida ¿adónde fue bigart sample ahora? ¿adónde está en este minuto que el cielo vira solo sin sol? nadie sabe qué es de bigart sample ahora la tierra le tapó las manos la tierra se lo tragó como evitándole vergüenzas el poco amor universal nadie sabe si le dan de comer a bigart sample nadie sabe si le dan de beber si lo crían en un botellón verde si va a brotar a fin de año por el barranco donde tienen su guarida los loros pasa en forma de río que no llega al mar lleno de peces de oro bigart sample no puede abrir la boca sin que empiece a llover por eso está callado no puede abrir la boca bigart sample por eso calla calla
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Lamento por las aguas de bigart sample