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"moribundo" poems
Exiliado soy equilibrista en virgen colina del planeta Gran Cantante . Con un verso de maldicion rompo el candado de la historia . La ley es alambrada, calabozo,cuartel, casa-celda, noche de prostituta, alba del moribundo, theoria del adepto pobre, religiosos empastillados, iglesia drogadicta. Yo el amante del dia absoluto no tengo Visa para la libertad .
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Sep 27, 2011
Sep 27, 2011 at 6:04 AM UTC
No tengo Visa para la libertad
La vida se me va en las caladas que le das a tu tabaco Con el fuego me consumo y en humo renazco para desvanecerme con el viento Atrás queda tan sólo mi perfume oxidado y rancio, impregnando tu ropa y tu cabello En tu boca se guarda mi último aliento, pesado y asfixiante En la ***** de tus dedos queda mi cuerpo moribundo, lentamente tornándose en cenizas Llenas de mi tus pulmones y me expulsas nuevamente con delicada violencia No reparas en pensar en la última bocanada de disforme humo antes de llevar de nuevo la colilla ahumada a tus labios El filtro del tabaco no evita que me vaya en él Tóxica existencia que te fumas en minutos Y de nuevo yazco entre tus dedos, consumido por completo por el fuego de tu desamor, listo para ser desechado en mi mundana sepultura De una nueva cajetilla sale un inmaculado cigarrillo
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Oct 16, 2016
Oct 16, 2016 at 7:05 PM UTC
El consumo de este producto es nocivo para la salud
Uma casca solta, prisioneira de uma falha perfeita, Perfeitos são o mitos, aos olhos de gente fechada, Explicações são fraquezas, de acções de fachada. Não sei mais quantas vezes eu repetirei, a ceita! O peixe escorregadio, que vadio desaguou do mar, Se esconde na toca do Coelho, que é toca desafeita, Num segredo moribundo, de computador de aldeães, Segundo um mito motar de um braço partido ao luar! Essa vaquinha que pastou, pintada de vermelho corado, Desfeita tantas vezes no pasto, moribundo da praia vazia, Era apenas um segredo, pintado nas veias do tal marado, Que mais ligada que a mentira à realidade, produzida, diria! Que se fodam os mitos, que se lixe o correto, porque certo? Estou eu, e eu, segundo os mitos que considero correctos, Não tiro nem ponho, continuo caminho fora, boquiaberto, Enquanto penso, na esperteza dos enxames concretos! Na sementeira alheia, vanguardeira cairá tão perto, Seu ***** espaço de terra, de um vazio moribundo, E eu cumprida a missão, estarei bem melhor decerto, Porque tudo como nada, tem um preço de vinda ao mundo! Escolhas guardadas comigo, desde o dia que nasci, Cabe ao meu cérebro processar o dia, é costume, Que de tão leve vive meu lume, que ela não teme, Limpeza de água, que cai e faz fumo, e aprendeu! Autor: António Benigno Código de autor: 2013.07.25.02.10
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 5:08 AM UTC
Esta é a utopia
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Muerte y juicio
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Meu amor por ti nunca mais me preocupa, Tu meu Deus mergulha no meu pensamento, Vivo com teu amor e meu lamento. Feliz e contente pela lua, Sinto que viver é preciso, Amar tudo com entrega e encanto, Penar nunca foi meu sentimento. Ai trovadores de um reino moribundo, Amo Deus, amo também o mundo. Victor Marques
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Jun 15, 2017
Jun 15, 2017 at 6:12 AM UTC
AMOR A MINHA TERRA
Esto que escribo ahora es el postrero son de mi pobre lira fatigada, la mano de escribir está cansada y el corazón me dice que me muero. Canto de cisne moribundo, quiero te ilumine como una llamarada y te deje por siempre señalada a la contemplación del mundo entero. Ahora a vivir lo poco que nos queda, yo cada vez más hierro y tú más seda, trazo tu nombre una vez más, Dalmira. Y ya que al lado mío estás callando inclina sobre mi hombro el cuello blando baja los ojos lentamente y mira.
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Soneto
Tenho me permitido às mágoas, os sonhos perdidos, Quando, na garganta, sinto vaga embriaguez aflita, Cuja glória extinta de um moribundo imita Em insurreições e alternos sentidos já lidos Como fere-me este desespero parido! Explicito nesta consciência insistentemente maldita A expressão, trêmula, ébria e inaudita De meu materializado relato interrompido Ah! Indefinida sombra que se enfeita Por que teu escuro movimento me espreita, Se minha aguça voz abate-se em calabouços? Interrogo-me à esta paixão imperfeita: Para onde vai minha alma tão desfeita? E primitivamente, apenas o silêncio ouço
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 7:37 PM UTC
Paisagens de Inverno
Vete como quien llega, pero vete, pues ya el trigo creció para la siega. Mi amor es como un niño que no juega para que no se rompa su jugete. Te irás coomo la lluvia, gota a a gota; y yo al cantar mi canto hacia el olvido, soy la rama que sólo ha florecido para que no se vea que está rota. Y mientras tú te vas sin un sollozo yo cruzaré los brazos sin un ruego, muriéndome de sed igual que un ciego que se sentara en el brocal de un pozo. O he de mirarte como el moribundo que ve llegar la primavera al huerto, y piensa que después que se haya muerto no debiera haber flores en el mundo. Pues como el monje ante su crucifijo, que es su esperanza y a la vez su yugo, yo sentiré la angustia de un verdugo que debe ajusticiar su único hijo. Vete... pero es mejor que ni en el eco pueda sobrevivir tu voz ausente, porque mi amor es triste como un puente sobre la cicactríz de un río seco... Y aunque sonría como quien engaña, viéndote ir como quien se equivoca, mi corazón será una araña loca que se enreda en su propia telaraña. Yo he de fingir un ademán de hastío en una despedida indiferente, pero mi amor será como un demente que sepultará un ataúd vacío. Y, ya lejos mi boca de tu boca, mi alma despertará cada mañana con su oscuro silencio de campana que se puede tocar y no se toca. Pues aunque digas un adíos risueño yo sentiré que cierras una puerta, como esa mano cruel que nos despierta cuando soñamos lo mejor de un sueño.
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Segundo poema de la despedida
Infames secretos; que se dilatan en el zar Infames ojos, de parpadeos rápidos y miradas caóticas Rubia platino, de tez victoriana. Prófuga del amor; secreto de azares y de bares, Añoranzas bucólicas y sonrisas fatuas De amor profundo hacia el pasado, de labios malva. Incesante, llamando y buscándote a través de mí En el tiempo tácito y taciturno de noche dionisíaca. Apología a Herodes, o elegía de mis pasos muertos. La rubia platino se reía y ahí, todo me consumía, Añoranzas bucólicas, de vidas no vividas. Perdido en naufragio, moribundo en desasosiego, Errante, pensante petulante e incapaz emisario de camelos. Cómplices de nuestras acciones, rubia platino, pero víctimas Prófugo de mis remotos recuerdos; miradas tibias. Continuaba riendo, en el onírico espacio de mis pensamientos No he conocido su risa, y sin embargo                                                                                            [...ya la extraño] La lluvia pesada cae sobre charcos huecos sin reflejo Miro, de reojo, en ellos, te observo Y me pierdo.
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Jul 14, 2017
Jul 14, 2017 at 7:32 PM UTC
Crónicas Negras.
Hubierais visto llorar a las yedras cuando el agua más triste se pasó toda una noche velando a un yelmo ya sin alma, a un yelmo moribundo sobre una rosa nacida en el vaho que duerme los espejos de los castillos a esa hora en que los nardos más secos se acuerdan de su vida al ver que las violetas difuntas abandonan sus cajas y los laúdes se ahogan por arrollarse a sí mismos. Es verdad que los fosos inventaron el sueño y los fantasmas. Yo no sé lo que mira en las almenas esa inmóvil armarnadura vacía. ¿Cómo hay luces que decretan tan pronto la agonía de las espadas si piensan en que un lirio es vigilado por hojas que duran mucho más tiempo? Vivir poco y llorando es el sino de la nieve que equivoca su ruta. En el sur siempre es cortada casi en flor el ave fría.
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Elegía a garcilaso (luna, 1501-1536)
acordo noite, gritos, luzes tambores outonais levanto-me sabor a mel, hidromel? sinto-me sujo penas, sangue criaturas da noite criaturas da solidão acompanham-me, libertam-me corro clareira nua dança nua sinto-me corpóreo, etéreo lambo-te bebo do teu sangue, as tuas lágrimas fogueiras sombras de deuses esquecidos ritual o coração pára, desfaleço sobre o teu olhar moribundo
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Oct 20, 2014
Oct 20, 2014 at 6:29 PM UTC
O FEITICEIRO
Recostado na areia Oiço notas de uma composição musical O mar agreste acaricia as rochas . . . nuas de sentimento A gaivota plana no tempo Tempo de outrora Silencio moribundo numa noite de . . . E se o mar chorasse?
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Mar 24, 2014
Mar 24, 2014 at 6:14 PM UTC
mar
ajoelha-te! que vais morrer fecha a porta à tua alma onde estás agora tu, ó sem valor a tua alma tem um preço? onde está agora o sentido da tua vida? nos teus olhos brilha a tua vida moribunda estás longe esperança salvação fé perdeste a tua alma almas vendidas vidas perdidas
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Aug 15, 2015
Aug 15, 2015 at 2:34 PM UTC
Moribundo
A la sombra de los laureles Melisanda se está muriendo. Se morirá su cuerpo leve. Enterrarán su dulce cuerpo. Juntarán sus manos de nieve. Dejarán sus ojos abiertos para que alumbren a Pelleas hasta después que se haya muerto. A la sombra de los laureles Melisanda muere en silencio. Por ella llorará la fuente un llanto trémulo y eterno. Por ella orarán los cipreses arrodillados bajo el viento. Habrá galope de corceles, lunarios ladridos de perros. A la sombra de los laureles Melisanda se está muriendo. Por ella el sol en el castillo se apagará como un enfermo. Por ella morirá Pelleas cuando la lleven al entierro. Por ella vagará de noche, moribundo por los senderos. Por ella pisará las rosas, perseguirá las mariposas y dormirá en los cementerios. Por ella, por ella, por ella Pelleas, el príncipe, ha muerto.
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La muerte de melisanda
Parto como o vento Sigo estrada fora Estou a milhas de casa Vou moribundo O meu nome nada significa Estou sem sono Na velha rua vazia ninguém para ver O poeta está acabado A sombra do vagabundo rasteja Nada tem a perder No olhar melancólico A ânsia de viver.
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May 26, 2014
May 26, 2014 at 4:41 PM UTC
o vagabundo
La calle sola, plácido el ambiente... Un piano suena, y vibra con tristeza; Y al compás de la música doliente Mi pensamiento a divagar empieza. ¿Quién arranca esos ritmos que así gimen? ¿Qué alma en el mundo sin amor perdida Vierte esas notas trémulas que exprimen El dolor y el cansancio de la vida? Y sigue divagando el pensamiento... Y de la luna al moribundo brillo, En alta roca donde silba el viento, Miro las torres de ojival castillo. Temblando llego al levadizo puente; Dormitan en la sombra los arqueros, Y del cielo en la bóveda luciente Parpadean los pálidos luceros. ¡Oh edad lejana que en mis sueños lloro, ¿En dónde está mi ***** ferreruelo, Mi alto calzón y mis espuelas de oro, Y mi jubón de suave terciopelo? ¿En dónde está la hermosa castellana? ¿En dónde está la soñadora rubia, Que la escala no prende en la ventana, Como en las noches de tristeza y lluvia? Tiempo hace ya que tu presencia aguardo Y la angustia en mi pecho se dilata; Despierta ya que mi laúd de bardo Quiere entonar la alegre serenata. La última nota lánguida fenece, Y de la luna al moribundo brillo, En el lejano azul se desvanece La sombría silueta del castillo.
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En la calle
Sigo Moribundo neste estranho Mundo velho Levo Um sonho Uma guitarra, e este livrinho de orações.
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Apr 4, 2014
Apr 4, 2014 at 7:22 AM UTC
sigo
encerrado en las cuatro paredes de la caverna de mis ideas, me siento al borde de la cama que sirve de máquina del tiempo. me lleva a sitios que me reconfortan de momento, pero que prefiero no visitar. Pues son memorias de tiempos hermosos que no volverán y los abrazos se trasforman en puñales que atraviesan mis carnes y rompen mis huesos, y luego quedo moribundo y tirado en el piso en este bosque lleno de lobos famélicos que llaman vida. En búsqueda de sembrar nuevos árboles, esperando que florezcan la próxima primavera, y que el otoño no sea tan feroz y les permita conservar algunas flores. Pero un inconveniente tras otro, pues resulta que las semillas están en el pasado, en las viejas plazas que no me gusta visitar por miedo a los fantasmas de quienes yo mismo maté. Aún así me sumerjo, porque la promesa de un nuevo bosque fresco que me de sombra y me conforte es más grande que la amenaza de unas sombras que me temen más de lo que yo les temo a ellas.
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 10:01 PM UTC
Jardinero
No. No tienen tamaño sus tobillos; no es su espuela suavísima, que da en las dos mejillas. Es la vida no más, de bata y yugo. No. No tiene plural su carcajada, ni por haber salido de un molusco perpetuo, aglutinante, ni por haber entrado al mar descalza, es la que piensa y marcha, es la finita. Es la vida no más; sólo la vida. Lo sé, lo intuyo cartesiano, autómata, moribundo, cordial, en fin, espléndido. Nada hay sobre la ceja cruel del esqueleto; nada, entre lo que dio y tomó con guante la paloma, y con guante, la eminente lombriz aristotélica; nada delante ni detrás del yugo; nada de mar en el océano y nada en el orgullo grave de la célula. Sólo la vida; así: cosa bravísima. Plenitud inextensa, alcance abstracto, venturoso, de hecho, glacial y arrebatado, de la llama; freno del fondo, rabo de la forma. Pero aquello para lo cual nací ventilándome y crecí con afecto y drama propios, mi trabajo rehúsalo, mi sensación y mi arma lo involucran. Es la vida y no más, fundada, escénica. Y por este rumbo, su serie de órganos extingue mi alma y por este indecible, endemoniado cielo, mi maquinaria da silbidos técnicos, paso la tarde en la mañana triste y me esfuerzo, palpito, tengo frío.
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Dos niños anhelantes
El viento de la estación, el viento verde, cargado de espacio y agua, entendido en desdichas, arrolla su bandera de lúgubre cuero: y de una desvanecida substancia, como dinero de limosna, así, plateado, frío, se ha cobijado un día, frágil como la espada de cristal de un gigante entre tantas fuerzas que amparan su suspiro que teme, su lágrima al caer, su arena inútil, rodeado de poderes que cruzan y crujen, como un hombre desnudo en una batalla, levantando su ramo blanco, su certidumbre incierta, su gota de sal trémula entre lo invadido. Qué reposo emprender, qué pobre esperanza amar, con tan débil llama y tan fugitivo fuego? Contra qué levantar el hacha hambrienta? De qué materia desposeer, huir de qué rayo? Su luz apenas hecha de longitud y temblor arrastra como cola de traje de novia triste aderezada de sueño mortal y palidez. Porque todo aquello que la sombra tocó y ambicionó el desorden, gravita, líquido, suspendido, desprovisto de paz, indefenso entre espacios, vencido de muerte. Ay, y es el destino de un día que fue esperado, hacia el que corrían cartas, embarcaciones, negocios, morir, sedentario y húmedo, sin su propio cielo. Dónde está su toldo de olor, su profundo follaje, su rápido celaje de brasa, su respiración viva? Inmóvil, vestido de un fulgor moribundo y una escama opaca,, verá partir la lluvia sus mitades y al viento nutrido de aguas atacarlas.
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Monzón de mayo
Se distraen las penas en los cuartos de hoteles con el heterogéneo concurso divertido de yanquees, sacerdotes, quincalleros infieles, niñas recién casadas y mozas del partido. Media luz...                       Copia al huésped la desconchada luna en su azogue sin brillo; y flota en calendarios, en cortinas polvosas y catres mercenarios la nómada tristeza de viajes sin fortuna. Lejos quedó el terruño, la familia distante, y en la hora gris del éxodo medita el caminante que hay jornadas luctuosas y alegres en el mundo: que van pasando juntos por el sórdido hotel con el cosmopolita dolor del moribundo los alocados lances de la luna de miel.
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Noches de hotel
Yace, lívido el semblante, Y una ancha herida en el pecho, Del Katzbach junto a la orilla, Moribundo el trompetero. Y para cerrar los ojos Y dormir su último sueño Espera a que suene un hurra Triunfal en su campamento. Y en tanto que de la muerte Las ansias está sintiendo, Un rumor que bien conoce Alza, en la llanura, el viento. Se incorpora, y a caballo Monta con supremo esfuerzo. Parece un hombre de piedra, En su pedestal, erecto. La trompeta empuña. El brazo La sostiene apenas trémulo, y gritos de triunfo suenan Cual tempestad a lo lejos. ¡Victoria!, doquier se escucha; ¡Victoria!, devuelve el eco, y ¡Victoria!, el hondo espacio Responde con voz de trueno. La gritería se acalla, La trompeta da en el suelo, y a los pies de su caballo Se desploma, al punto, muerto. El regimiento desfila Por frente del trompetero; y dice: «¡Qué muerte hermosa!» El jefe del regimiento.
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El trompetero del katzbach