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"milagros" poems
Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba. Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago. Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), Me pretendes alba. Huye hacia los bosques; Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
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Tú me quieres blanca
De aquellos azahares desatados por la luz de la luna, de aquel olor de amor exasperado, hundido en la fragancia, salió del limonero el amarillo, desde su planetario bajaron a la tierra los limones. Tierna mercadería! Se llenaron las costas, los mercados, de luz, de oro silvestre, y abrimos dos mitades de milagro, ácido congelado que corría desde los hemisferios de una estrella, y el licor más profundo de la naturaleza, intransferible, vivo, irreductible, nació de la frescura del limón, de su casa fragante, de su ácida, secreta simetría. En el limón cortaron los cuchillos una pequeña catedral, el ábside escondido abrió a la luz los ácidos vitrales y en gotas resbalaron los topacios, los altares, la fresca arquitectura. Así, cuando tu mano empuña el hemisferio del cortado limón sobre tu plato, un universo de oro derramaste, una copa amarilla con milagros, uno de los pezones olorosos del pecho de la tierra, el rayo de la luz que se hizo fruta, el fuego diminuto de un planeta.
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Oda al limón
Quién hubiera creído que se hallaba sola en el aire, oculta, tu mirada. Quién hubiera creído esa terrible ocasión de nacer puesta al alcance de mi suerte y mis ojos, y que tú y yo iríamos, despojados de todo bien, de todo mal, de todo, a aherrojarnos en el mismo silencio, a inclinarnos sobre la misma fuente para vernos y vernos mutuamente espiados en el fondo, temblando desde el agua, descubriendo, pretendiendo alcanzar quién eras tú detrás de esa cortina, quién era yo detrás de mí. Y todavía no hemos visto nada. Espero que alguien venga, inexorable, siempre temo y espero, y acabe por nombrarnos en un signo, por situarnos en alguna estación por dejarnos allí, como dos gritos de asombro. Pero nunca será. Tú no eres ésa, yo no soy ése, ésos, los que fuimos antes de ser nosotros. Eras sí pero ahora suenas un poco a mí. Era sí pero ahora vengo un poco a ti. No demasiado, solamente un toque, acaso un leve rasgo familiar, pero que fuerce a todos a abarcarnos a ti y a mí cuando nos piensen solos.Hemos llegado al crepúsculo neutro donde el día y la noche se funden y se igualan. Nadie podrá olvidar este descanso. Pasa sobre mis párpados el cielo fácil a dejarme los ojos vacíos de ciudad. No pienses ahora en el tiempo de agujas, en el tiempo de pobres desesperaciones. Ahora sólo existe el anhelo desnudo, el sol que se desprende de sus nubes de llanto, tu rostro que se interna noche adentro hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.Puedes querer el alba cuando ames. Puedes venir a reclamarte como eras. He conservado intacto tu paisaje. Lo dejaré en tus manos cuando éstas lleguen, como siempre, anunciándote. Puedes venir a reclamarte como eras. Aunque ya no seas tú. Aunque mi voz te espere sola en su azar quemando y tu dueño sea eso y mucho más. Puedes amar el alba cuando quieras. Mi soledad ha aprendido a ostentarte. Esta noche, otra noche tú estarás y volverá a gemir el tiempo giratorio y los labios dirán esta paz ahora esta paz ahora. Ahora puedes venir a reclamarte, penetrar en tus sábanas de alegre angustia, reconocer tu tibio corazón sin excusas, los cuadros persuadidos, saberte aquí. Habrá para vivir cualquier huida y el momento de la espuma y el sol que aquí permanecieron. Habrá para aprender otra piedad y el momento del sueño y el amor que aquí permanecieron. Esta noche, otra noche tú estarás, tibia estarás al alcance de mis ojos, lejos ya de la ausencia que no nos pertenece. He conservado intacto tu paisaje pero no sé hasta dónde está intacto sin ti, sin que tú le prometas horizontes de niebla, sin que tú le reclames su ventana de arena. Puedes querer el alba cuando ames. Debes venir a reclamarte como eras. Aunque ya no seas tú, aunque contigo traigas dolor y otros milagros. Aunque seas otro rostro de tu cielo hacia mí.
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Asunción de ti
Quién hubiera creído que se hallaba sola en el aire, oculta, tu mirada. Quién hubiera creído esa terrible ocasión de nacer puesta al alcance de mi suerte y mis ojos, y que tú y yo iríamos, despojados de todo bien, de todo mal, de todo, a aherrojarnos en el mismo silencio, a inclinarnos sobre la misma fuente para vernos y vernos mutuamente espiados en el fondo, temblando desde el agua, descubriendo, pretendiendo alcanzar quién eras tú detrás de esa cortina, quién era yo detrás de mí. Y todavía no hemos visto nada. Espero que alguien venga, inexorable, siempre temo y espero, y acabe por nombrarnos en un signo, por situarnos en alguna estación por dejarnos allí, como dos gritos de asombro. Pero nunca será. Tú no eres ésa, yo no soy ése, ésos, los que fuimos antes de ser nosotros. Eras sí pero ahora suenas un poco a mí. Era sí pero ahora vengo un poco a ti. No demasiado, solamente un toque, acaso un leve rasgo familiar, pero que fuerce a todos a abarcarnos a ti y a mí cuando nos piensen solos.Hemos llegado al crepúsculo neutro donde el día y la noche se funden y se igualan. Nadie podrá olvidar este descanso. Pasa sobre mis párpados el cielo fácil a dejarme los ojos vacíos de ciudad. No pienses ahora en el tiempo de agujas, en el tiempo de pobres desesperaciones. Ahora sólo existe el anhelo desnudo, el sol que se desprende de sus nubes de llanto, tu rostro que se interna noche adentro hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.Puedes querer el alba cuando ames. Puedes venir a reclamarte como eras. He conservado intacto tu paisaje. Lo dejaré en tus manos cuando éstas lleguen, como siempre, anunciándote. Puedes venir a reclamarte como eras. Aunque ya no seas tú. Aunque mi voz te espere sola en su azar quemando y tu dueño sea eso y mucho más. Puedes amar el alba cuando quieras. Mi soledad ha aprendido a ostentarte. Esta noche, otra noche tú estarás y volverá a gemir el tiempo giratorio y los labios dirán esta paz ahora esta paz ahora. Ahora puedes venir a reclamarte, penetrar en tus sábanas de alegre angustia, reconocer tu tibio corazón sin excusas, los cuadros persuadidos, saberte aquí. Habrá para vivir cualquier huida y el momento de la espuma y el sol que aquí permanecieron. Habrá para aprender otra piedad y el momento del sueño y el amor que aquí permanecieron. Esta noche, otra noche tú estarás, tibia estarás al alcance de mis ojos, lejos ya de la ausencia que no nos pertenece. He conservado intacto tu paisaje pero no sé hasta dónde está intacto sin ti, sin que tú le prometas horizontes de niebla, sin que tú le reclames su ventana de arena. Puedes querer el alba cuando ames. Debes venir a reclamarte como eras. Aunque ya no seas tú, aunque contigo traigas dolor y otros milagros. Aunque seas otro rostro de tu cielo hacia mí.
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Cuando uno se enamora las cuadrillas del tiempo hacen escala en el olvido la desdicha se llena de milagros el miedo se convierte en osadía y la muerte no sale de su cueva enamorarse es un presagio gratis una ventana abierta al árbol nuevo una proeza de los sentimientos una bonanza casi insoportable y un ejercicio contra el infortunio por el contrario desenamorarse es ver el cuerpo como es y no como la otra mirada lo inventaba es regresar más pobre al viejo enigma y dar con la tristeza en el espejo
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Enamorarse y no
Ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Por mucho que intentara ocultarme, enterrarlos, por mucho que quisiera creer que está el pasado para siempre dormido, ellos, desde sus altos tronos, ellos, siluetas contra un cielo apagado, ellos, amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados por su pesada carga vendrían a mi lado. Ellos, son muy temblorosos, muy lentos y muy pálidos. Pedro, grave, tranquilo, enorme, sosegado como el mar en otoño. Murió un día de marzo allá lejos…                     Fernando: parecía una tapia bajo el sol del ocaso. Enterrado en la niebla quedó un día.                       Milagros: yo no la conocí. Tenía veinte años. Dicen que eran sus ojos transparentes y vagos; que era alegre y muy linda… Rodrigo, coronado de espumas, semidiós marino. Murió ahogado frente a la playa un día de tormenta.                     ¡Qué claros los veo! Ellos son, vienen cada noche a mi lado, vestidos de jirones oscuros del pasado. Ellos quiebran el vidrio de mis sueños, extraños y ausentes, como si nunca hubieran soñado conmigo, bajo el mismo cielo triste.                     Descalzos andan. Yo no los siento descender de sus marcos. Yo no sé que palabras traen, que no he descifrado. Nombres, fechas, lugares… ¡Señor, me está vedado tu secreto! No puedo darles mi sangre. Hablo con ellos y no entienden mis palabras. Los llamo a voces y no me oyen. Ellos, lentos y vagos, ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Ellos amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados, llenos de pesadumbre, misteriosos y vagos.
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Ellos
Ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Por mucho que intentara ocultarme, enterrarlos, por mucho que quisiera creer que está el pasado para siempre dormido, ellos, desde sus altos tronos, ellos, siluetas contra un cielo apagado, ellos, amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados por su pesada carga vendrían a mi lado. Ellos, son muy temblorosos, muy lentos y muy pálidos. Pedro, grave, tranquilo, enorme, sosegado como el mar en otoño. Murió un día de marzo allá lejos…                     Fernando: parecía una tapia bajo el sol del ocaso. Enterrado en la niebla quedó un día.                       Milagros: yo no la conocí. Tenía veinte años. Dicen que eran sus ojos transparentes y vagos; que era alegre y muy linda… Rodrigo, coronado de espumas, semidiós marino. Murió ahogado frente a la playa un día de tormenta.                     ¡Qué claros los veo! Ellos son, vienen cada noche a mi lado, vestidos de jirones oscuros del pasado. Ellos quiebran el vidrio de mis sueños, extraños y ausentes, como si nunca hubieran soñado conmigo, bajo el mismo cielo triste.                     Descalzos andan. Yo no los siento descender de sus marcos. Yo no sé que palabras traen, que no he descifrado. Nombres, fechas, lugares… ¡Señor, me está vedado tu secreto! No puedo darles mi sangre. Hablo con ellos y no entienden mis palabras. Los llamo a voces y no me oyen. Ellos, lentos y vagos, ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Ellos amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados, llenos de pesadumbre, misteriosos y vagos.
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Paso a Nuestro Amo y Señor andas, lienzo y candelabros. Paso a Nuestro Salvador el Señor de los Milagros. La calle es un río humano por cuyo cauce, la gente muy acompasadamente camina desde temprano. "Avancen, avancen hermanos, no estorben al cargador..." grita el Capataz Mayor que las cuadrillas comanda. "Paso, que vienen las andas, paso a Nuestro Amo y Señor..." Por las calles se desborda aquel torrente morado; gimen los pies maltratados, la Fe permanece sorda. La multitud que lo aborda da marco al rey de los cuadros: Caídas y descalabros en aquella mar mulata, y cual velero de plata andas, lienzo y candelabros. Una señora morena le ofrece todos sus hijos; una ciega de ojos fijos pídele Luz Nazarena; azota una Magdalena su vil cuerpo pecador. Al paso del Redentor doblan tristes las campanas "Avancen, avancen hermanas, paso a Nuestro Salvador..." Sobre el lienzo de Jesús la tarde pinta una sombra. Sobre las frentes se nombra señal dela Santa Cruz... Bajo un cirio -santa luz- A Ti, Señor, me consagro, y de tus perfiles magros venga a nos tu Redención que nunca negó perdón el Señor de los Milagros.
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Al señor de los milagros
Podés querer el alba cuando quieras he conservado intacto tu paisaje podés querer el alba cuando ames venir a reclamarte como eras aunque ya no seas vos aunque mi amor te espere quemándose en tu azar y tu sueño sea eso y mucho más esta noche otra noche aquí estarás y cuando gima el tiempo giratorio en esta paz ahora dirás quiero esta paz ahora podés venir a reclamarte penetrar en tu noche de alegre angustia reconocer tu tibio corazón sin excusas los cuadros las paredes saberte aquí he conservado intacto tu paisaje pero no sé hasta dónde está intacto sin vos podés querer el alba cuando quieras venir a reclamarte como eras aunque el pasado sea despiadado y hostil aunque contigo traigas dolor y otros milagros aunque seas otro rostro de tu cielo hacia mí.
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Saberte aquí
Domingo de noche Aún se puede soñar De una semana Que nos va a rendir Domingo de noche Aún se puede amar Sin pensar o esperar Domingo de noche Todavía es hora Para los deseos y milagros Rápido Que domingo de noche Ya está para despertar
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Dec 9, 2018
Dec 9, 2018 at 4:24 PM UTC
Domingo de noche
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
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Trova del cazador de efímeros arreboles
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
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Déjame perderme en tus pensamientos más excitantes, déjame ser parte de ellos. Quiero ser la brisa que ilumina tu ser y le trae paz a tu mente. Vamos a amarnos toda la noche, olvídate si el tiempo sigue corriendo que para amarnos tenemos toda una vida. Exijo ser la protagonista de tus deseos sexuales, la víctima de tus acciones y el recipiente de todos tus milagros.
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Jun 27, 2014
Jun 27, 2014 at 11:12 PM UTC
Untitled
Yo la quiero, la amo Y sé que siente lo mismo por mí Pero hay veces que dudo de ese amor No porque no lo dice lo suficiente No porque no lo enseñe todos los días Pero porque no creo en mi misma No veo lo que usted ve No escucho lo que usted escucha Estoy toda rota En pedazos Destrozada En necesidad de milagros No me veo capaz de hacer algo bien Una buena para nada Una imbécil Cerrada y callada Soy incapaz de Hacer Hablar Escuchar Pelear Soñar
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Jun 14, 2020
Jun 14, 2020 at 12:03 AM UTC
No Veo Lo Que Usted Ve
¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!   ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!   En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;   en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;   asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú!           Guiomar, Guiomar, mírarne en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.   Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.   Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.   Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.   Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.   Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.   Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara...   Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa, jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema lo ha querido- en la mano creadora del olvido...
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Otras canciones a guiomar
¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!   ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!   En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;   en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;   asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú!           Guiomar, Guiomar, mírarne en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.   Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.   Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.   Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.   Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.   Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.   Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara...   Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa, jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema lo ha querido- en la mano creadora del olvido...
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Como el día que madura de hora en hora hasta no ser sino un instante inmenso, Gran vasija de tiempo que zumba como una colmena, gran mazorca compacta de horas vivas, Gran vasija de luz hasta los bordes henchida de su propia y poderosa sustancia, Fruto violento y resonante que se mece entre la tierra y el cielo, suspendido como el trueno, Entre la tierra y el cielo abriéndose como una flor gigantesca de pétalos invisibles, Como el surtidor que al abrirse se derrumba en un blanco clamor de pájaros heridos, Como la ola que avanza y se hincha y se despliega en una ancha sonrisa, Como el perfume que asciende en una columna y se esparce en círculos, Como una campana que tañe en el fondo de un lago, Como el día y el fruto y la ola, como el tiempo que madura un año para dar un instante de belleza y colmarse a sí mismo con esa dicha instantánea, La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde y otra y otra (Porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y están a nuestro alcance Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los ojos) y desde entonces creo en los árboles Y a veces, bajo su sombra, he comido sin miedo los frutos de una amistad parecida a las manzanas Y he conversado con ella y con su marido y su cuñado como hablan entre sí el agua y las hojas y las raíces.
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Elogio
Edades de fuego y de aire Mocedades de agua Del verde amarillo                                   Del amarillo al rojo Del sueño a la vigilia                                       Del deseo al acto Sólo había un paso que tú dabas sin esfuerzo Los insectos eran joyas animadas El calor reposaba al borde del estanque La lluvia era un sauce de pelo suelto En la palma de tu mano crecía un árbol Aquel árbol cantaba reía y profetizaba Sus vaticinios cubrían de alas el espacio Había milagros sencillos llamados pájaros Todo era de todos                                   Todos eran todo Sólo había una palabra inmensa y sin revés Palabra como un sol Un día se rompió en fragmentos diminutos Son las palabras del lenguaje que hablamos Fragmentos que nunca se unirán Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado     Una mujer de movimientos de río     De transparentes ademanes de agua     Una muchacha de agua     Donde leer lo que pasa y no regresa     Un poco de agua donde los ojos beban     Donde los labios de un solo sorbo beban     El árbol la nube el relámpago     yo mismo y la muchacha
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Fábula
Señor, yo te amo porque juegas limpio; sin trampas -sin milagros-; porque dejas que salga, paso a paso, sin trucos -sin utopías-, carta a carta, sin cambios, tu formidable solitario.
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Oración