"letal" poems
Sumida en la ironía
esboza un apático gesto
y en el nicho indulgente de la discordia
se encuentran sus ojos ingratos.
La Dama clorótica seca sus lágrimas,
ejecuta con elegancia la centímana
que acoge ramales de negros liros
a sus cianóticos pabellones
¡Cuan grata la dicha pérfida del desencuentro!
Profesa la peste con umbría renitencia,
en la lúgubre sobre-voz que estremece
el canoro fúnebre en Pico de Roma
que delata en cada suspiro
la cólera rancia del abandono
Que perfuma con néctar de Belladona
el fino sosiego de un paño de seda.
Fruto pródigo que espeta
la terca laconia de sus nefastas palabras
Porque solo un ósculo
que terse el crúor de sus labios
bastará para convenir su silencio.
Sauzal que atraviesa su boca
añeja y estéril como la yerma
Y quien fuera una bella rubescente
hoy besa el miasma maldito
que proclama a la urdimbre.
su maligno efluvio letal
Mañana serás el fantasma,
el fantasma de ojos velados.
Mañana serás la nada
y negros serán tus huesos.
Jul 17, 2015
Jul 17, 2015 at 11:58 PM UTC
Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.
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Yo soy
la mentira y la muerte
(es decir, la verdad última
del hombre).
Sé que no hay esperanza,
pero te dije:
espera,
con el único fin
de envenenar la vida
con la letal ponzoña de los sueños.
No hubo resurrección.
Una gran piedra
selló mi tumba,
en la que sólo había
silencio y sombra.
Nada hallaron en ella, salvo sombra y silencio.
Yo soy el que no fue
ni será nunca:
en la oquedad vacía,
la turbia resonancia de tu miedo.
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La de amores intermitentes y fugaces.
A quien le dan un intento pero no dos chances.
La de encuentros efímeros a escondidas.
Escapes irreales, soñadas huidas.
Su tímida personalidad versátil
en ocasiones se torna agobiantemente volátil.
Tiene esa extraña energía que la hace genuina,
de cada rosa muerta conserva una letal espina.
La que camina a través de la multitud
con la cabeza en alto y una desafiante actitud,
con su corto vestido ajustado
y labios de rojo tirando a morado.
Muchos la devoran con una mirada ardiente.
Secretamente eso es lo que espera impaciente.
Guiña un ojo e irrumpe sin previo aviso.
Te invita al lado equivocado del paraíso.
Especialmente a vos, nudillos de luchador.
Vos, que llevas ese mote de ganador.
Sus coloridos caprichos a los demás alteran,
pero ella actúa como si no lo supiera.
Y en sus solitarias caminatas a veces hace una parada
en aquel café donde la triste rutina se ve pausada.
Pide un jugo de naranja y se sienta en una mesa de afuera,
el vestido se le sube demasiado pero sabe lo que genera.
Piernas cruzadas provocativamente,
su lengua juega con el sorbete de forma inocente.
Su piel de seda emana cierta energía
que te golpea con imágenes de todo lo que le harías.
La de pícaras sonrisas, labios sabor miel,
sabe que de sólo pensarlo te quema la piel.
Jul 15, 2018
Jul 15, 2018 at 2:06 AM UTC
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.
Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas,
los rumores cansados;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestables riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.
Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
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El agua tiene un alma melancólica y suave
que en el lecho arenoso de las ondas solloza,
atrae, llama, subyuga. ¡Dios sabe si la nave
que naufraga, en sus brazos de misterio, reposa!
El agua tiene labios. El agua canta y besa
y tiene el atractivo fatal de sus sirenas.
¡Ay tristes de los tristes que inclinan la cabeza
hacia el extraño encanto de las aguas serenas!
Las ondas son serpientes de letal hipnotismo.
Con su suave lenguaje de rumor y murmullo
invitan para el sueño en su lecho de abismo.
¡Canto de cortesanas cuyo mágico arrullo
pone en los corazones el deseo fatal
de dormir sobre el fondo del líquido cristal!
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Las mariposas blancas me seguían
y bendecía el Padre mi ganado,
las eras con el pan, y los amados
seres que el Paraíso me extendían.
Los selváticos tigres que venían
a beber sangre, calmos y amansados
por mi aureola de paz, eran sagrados
huéspedes que en mi sueño subvivían.
Ahora ya soy el ángel del lamento
junto al hombre caído en el momento
cenital de la dicha y su aventura
con el cielo y el mundo. Amargamente
sin comprender me hundo en la corriente
de la ría letal, ancha y oscura.
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