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"letal" poems
Sumida en la ironía esboza un apático gesto y en el nicho indulgente de la discordia se encuentran sus ojos ingratos. La Dama clorótica seca sus lágrimas, ejecuta con elegancia la centímana que acoge ramales de negros liros a sus cianóticos pabellones ¡Cuan grata la dicha pérfida del desencuentro! Profesa la peste con umbría renitencia, en la lúgubre sobre-voz que estremece el canoro fúnebre en Pico de Roma que delata en cada suspiro la cólera rancia del abandono Que perfuma con néctar de Belladona el fino sosiego de un paño de seda. Fruto pródigo que espeta la terca laconia de sus nefastas palabras Porque solo un ósculo que terse el crúor de sus labios bastará para convenir su silencio. Sauzal que atraviesa su boca añeja y estéril como la yerma Y quien fuera una bella rubescente hoy besa el miasma maldito que proclama a la urdimbre. su maligno efluvio letal Mañana serás el fantasma, el fantasma de ojos velados. Mañana serás la nada y negros serán tus huesos.
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Jul 17, 2015
Jul 17, 2015 at 11:58 PM UTC
La Dama Clorótica “Alegoría a la pintura homónima de Samuel van Hoogstraten”
Es una intensísima corriente un relámpago ser de lecho una dona mórbida ola un reflujo zumbo de anestesia una rompiente ente florescente una voraz contráctil prensil corola entreabierta y su rocío afrodisíaco y su carnalesencia natal letal alveolo beodo de violo es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que estrellan y disgregan aunque Dios sea su vientre pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada una libélula de médula una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes un chupochupo súcubo molusco que gota a gota agota boca a boca la mucho mucho gozo la muy total sofoco la toda ¡shock! tras ¡shock! la íntegra colapso es un hermoso síncope con foso un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico un ¡knock out! técnico dichoso si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno el sedimento aglutinante de un precipitado de labios el obsesivo residuo de una solución insoluble un mecanismo radioanímico un terno bípedo bullente un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio y espasmos lírico-dramáticos aunque tal vez sea un espejismo un paradigma un eromito una apariencia de la ausencia una entelequia inexistente las trenzas náyades de Ofelia o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable una despótica materia el paraíso hecho carne una perdiz a la crema.
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Ella
Yo soy la mentira y la muerte (es decir, la verdad última del hombre). Sé que no hay esperanza, pero te dije:                   espera, con el único fin de envenenar la vida con la letal ponzoña de los sueños. No hubo resurrección. Una gran piedra selló mi tumba,                       en la que sólo había silencio y sombra. Nada hallaron en ella, salvo sombra y silencio. Yo soy el que no fue ni será nunca: en la oquedad vacía, la turbia resonancia de tu miedo.
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Palabras del anticristo
La de amores intermitentes y fugaces. A quien le dan un intento pero no dos chances. La de encuentros efímeros a escondidas. Escapes irreales, soñadas huidas. Su tímida personalidad versátil en ocasiones se torna agobiantemente volátil. Tiene esa extraña energía que la hace genuina, de cada rosa muerta conserva una letal espina. La que camina a través de la multitud con la cabeza en alto y una desafiante actitud, con su corto vestido ajustado y labios de rojo tirando a morado. Muchos la devoran con una mirada ardiente. Secretamente eso es lo que espera impaciente. Guiña un ojo e irrumpe sin previo aviso. Te invita al lado equivocado del paraíso. Especialmente a vos, nudillos de luchador. Vos, que llevas ese mote de ganador. Sus coloridos caprichos a los demás alteran, pero ella actúa como si no lo supiera. Y en sus solitarias caminatas a veces hace una parada en aquel café donde la triste rutina se ve pausada. Pide un jugo de naranja y se sienta en una mesa de afuera, el vestido se le sube demasiado pero sabe lo que genera. Piernas cruzadas provocativamente, su lengua juega con el sorbete de forma inocente. Su piel de seda emana cierta energía que te golpea con imágenes de todo lo que le harías. La de pícaras sonrisas, labios sabor miel, sabe que de sólo pensarlo te quema la piel.
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Jul 15, 2018
Jul 15, 2018 at 2:06 AM UTC
El lado equivocado del paraíso.
Abandoné las sombras, las espesas paredes, los ruidos familiares, la amistad de los libros, el tabaco, las plumas, los secos cielorrasos; para salir volando, desesperadamente. Abajo: en la penumbra, las amargas cornisas, las calles desoladas, los faroles sonámbulos, las muertas chimeneas, los rumores cansados; pero seguí volando, desesperadamente. Ya todo era silencio, simuladas catástrofes, grandes charcos de sombra, aguaceros, relámpagos, vagabundos islotes de inestables riberas; pero seguí volando, desesperadamente. Un resplandor desnudo, una luz calcinante se interpuso en mi ruta, me fascinó de muerte, pero logré evadirme de su letal influjo, para seguir volando, desesperadamente. Todavía el destino de mundos fenecidos, desorientó mi vuelo -de sideral constancia- con sus vanas parábolas y sus aureolas falsas; pero seguí volando, desesperadamente. Me oprimía lo fluido, la limpidez maciza, el vacío escarchado, la inaudible distancia, la oquedad insonora, el reposo asfixiante; pero seguía volando, desesperadamente. Ya no existía nada, la nada estaba ausente; ni oscuridad, ni lumbre, -ni unas manos celestes- ni vida, ni destino, ni misterio, ni muerte; pero seguía volando, desesperadamente.
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Vuelo sin orillas
El agua tiene un alma melancólica y suave que en el lecho arenoso de las ondas solloza, atrae, llama, subyuga. ¡Dios sabe si la nave que naufraga, en sus brazos de misterio, reposa! El agua tiene labios. El agua canta y besa y tiene el atractivo fatal de sus sirenas. ¡Ay tristes de los tristes que inclinan la cabeza hacia el extraño encanto de las aguas serenas! Las ondas son serpientes de letal hipnotismo. Con su suave lenguaje de rumor y murmullo invitan para el sueño en su lecho de abismo. ¡Canto de cortesanas cuyo mágico arrullo pone en los corazones el deseo fatal de dormir sobre el fondo del líquido cristal!
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La cortesana agua
Las mariposas blancas me seguían y bendecía el Padre mi ganado, las eras con el pan, y los amados seres que el Paraíso me extendían. Los selváticos tigres que venían a beber sangre, calmos y amansados por mi aureola de paz, eran sagrados huéspedes que en mi sueño subvivían. Ahora ya soy el ángel del lamento junto al hombre caído en el momento cenital de la dicha y su aventura con el cielo y el mundo. Amargamente sin comprender me hundo en la corriente de la ría letal, ancha y oscura.
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Abel