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"lenta" poems
Cara, ti vorrei scrivere il mio amore; cara, ti vorrei dire che sei come un purissimo vaso che si incrina, ma se tu vuoi riuscire a guardarmi nel viso come Psiche fece nel tempo andato con Amore tu rimarrai delusa e poi ferita. No, non volgerti indietro, la vestale cammina adagio, lenta, a sé davanti guardando sempre; no, non ritornare su ciò che hai fatto, può essere morte: te lo dice un'antica profetessa che è una povera madre e ti vuol bene.
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A mia figlia
Con mi gorro y mi pipa, con mi luz tenue, mi cobija blanda y el cielo estrellado, pienso en ti;  y te mezclo con mi entorno, con mis ideas y mis locuras. Me río inocentemente, irónicamente, porque son cosas que solo se me ocurrirían a mí, verte bailando con un traje de ballet o un vestido, verte anunciando un producto en televisión, verte ahí parada justo frente a mí, con cara de alegría, como si me hubieras  esperado. verte así de pronto sin pensarte, como algo nuevo que no termino de explorar, verte disfrazada de rebeldía y de seriedad, verte así, sin verte, sentado sin parpadear, enloqueciendo, suspirando y alardeando como si supiera que decir.   Verte así,  sin verte, pensando en si algún día pasará, pensándote, así por la mitad, sin saber, si ser o no ser contigo, en una playa, en la vereda; con tus brazos en mis hombros, y mi alma en tu boca, verte así, lenta y maravillada, verte sonreír, verte enrojecer; me encanta, encanta que yo sienta esto, porque es raro, porque hay q darle vuelta al mundo para lograrlo,  porque me gustas así, como un helado, así de simple, así de complicado.   Me gustas, así sin verte, entre la alarma del despertador, entre el volumen de la televisión, en el libro a medio leer, en lo frío que está el piso, en mi taza de café y en mi lápiz azul, mientras te pienso, acostado y con los ojos cerrados.
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Oct 10, 2015
Oct 10, 2015 at 3:59 PM UTC
Me gustas
Amables Brasas en ascuas descienden de un cielo de mosto alcanzando la carnosa fatiga de las ramas y de tus dudas Como dibujos de tinta caminan los animales en celo y un murmullo de elfos empuja hongos y furias hasta el borde del frío donde la tierra se empapa de calma y de lumbre. Es Otoño, y hay luz en tu casa Una luz antigua que me ampara y me guia, siluetas amables que invitan y esperan al que llega siempre tarde del bosque. Un suelo tibio de pisadas y hocicos crepita suave en las repisas doradas un terco ajetreo vegetal y manso se desliza bajo los pies descalzos de un corzo mudo y dorado que llena de asombro la mañana de rocio tejida. Es horizontal la intimidad entre las viñas desposeídas y los árboles insomnes. Los soles maduros acumulan sus frutas sobre el techo de la tarde y todo lo que tiembla al norte del aire se pudre mansamente hacia los tesoros de marzo. Un olor a nueces iza banderas de humo y carne de castañas exhibe el crepúsculo Una canción se esconde y se escucha y unas muchachas se persiguen y se esconden cantando un estribillo prestado por el viajero perdido. Hay voces prendidas en las ventanas que arden lentamente como adioses marchitos Es tiempo de regresos y dormidas semillas, y de animales rumiando los breves días y las largas noches henchidas de cuentos El vino más joven ya rezuma en las jarras un mosto agridulce parece exprimido del cielo No hay prisa pues la luz es lenta en llegar a las cocinas de Otoño perpetuamente encendidas con los rescoldos de los soles más viejos.
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Sep 29, 2014
Sep 29, 2014 at 11:02 AM UTC
EL OTOÑO ADORA EL **** DE LA LUMBRE
Amables Brasas en ascuas descienden de un cielo de mosto alcanzando la carnosa fatiga de las ramas y de tus dudas Como dibujos de tinta caminan los animales en celo y un murmullo de elfos empuja hongos y furias hasta el borde del frío donde la tierra se empapa de calma y de lumbre. Es Otoño, y hay luz en tu casa Una luz antigua que me ampara y me guia, siluetas amables que invitan y esperan al que llega siempre tarde del bosque. Un suelo tibio de pisadas y hocicos crepita suave en las repisas doradas un terco ajetreo vegetal y manso se desliza bajo los pies descalzos de un corzo mudo y dorado que llena de asombro la mañana de rocio tejida. Es horizontal la intimidad entre las viñas desposeídas y los árboles insomnes. Los soles maduros acumulan sus frutas sobre el techo de la tarde y todo lo que tiembla al norte del aire se pudre mansamente hacia los tesoros de marzo. Un olor a nueces iza banderas de humo y carne de castañas exhibe el crepúsculo Una canción se esconde y se escucha y unas muchachas se persiguen y se esconden cantando un estribillo prestado por el viajero perdido. Hay voces prendidas en las ventanas que arden lentamente como adioses marchitos Es tiempo de regresos y dormidas semillas, y de animales rumiando los breves días y las largas noches henchidas de cuentos El vino más joven ya rezuma en las jarras un mosto agridulce parece exprimido del cielo No hay prisa pues la luz es lenta en llegar a las cocinas de Otoño perpetuamente encendidas con los rescoldos de los soles más viejos.
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A caída do tempo esmera-se no cuidado Sonho que em câmara lenta a minha alma não se magoa e a mágoa não se torna superior à vontade de viver Por fim, desisto Não acredito mais nas palavras que digo Não tenho já certeza se vivo a sonhar Ou se simplesmente gosto de me arrastar por entre a multidão A sorrir, a mentir Disseram-me um dia que partiria, sim Mas que sozinha não iria a nenhures Verdade Tenho uma constante obsessão amarrada à perna E cada passo que dou sinto a tonelada desse vazio E os dois metro que ando entre o chão e o chão São quilómetros na vida real Que irreal 'e Sinto a pedras na descida, mas não me magoam São menos duras que a armadura que me venderam E pregada esta já ao corpo está Nada sinto Nada quero sentir Apenas jazo no poder do iniquo Que diz-se Mundo Que digo Inferno O amor que tenho por vos faz-me ir devagar Mas a raiva que sinto do estrume que sois Apressa-me na descida Sinto que equivocada estou com o Mundo que não me quer E sei que ao rápido descer, rápido vou saber Onde o futuro me leva Me carrega O medo que tenho de me trazer ao inicio do Tempo 'e muito Mas o pavor de so nascer uma vez corroí-me os tímpanos. Partem todos os que amo e vejo-os ao longe Imagino se perto estivessem Não conseguiria respirar o pouco ar que tenho E se choro e agonizo 'e por este amor que me queria grande e forte Mas que fraca me pôs no chão Não julgarei ninguém ao querer cair A paisagem 'e bonita e ao longe desfocada fica Sentimos a analgesia de não se ser ninguém Vem devagar, não me apresses o timbre Afinal acredito em mim, acho que sempre acreditei Apenas estava apagada na tua sombra Que em cativeiro me deixava a alma Amei-te como o Amor sente Amo-te como a dor ama E embora me empurres para baixo da ribanceira Sorrio e minto Para te ver feliz em cima da minha cabeça Como sempre estiveste Como sempre te deixei estar.
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Jul 7, 2012
Jul 7, 2012 at 9:03 PM UTC
Re
A caída do tempo esmera-se no cuidado Sonho que em câmara lenta a minha alma não se magoa e a mágoa não se torna superior à vontade de viver Por fim, desisto Não acredito mais nas palavras que digo Não tenho já certeza se vivo a sonhar Ou se simplesmente gosto de me arrastar por entre a multidão A sorrir, a mentir Disseram-me um dia que partiria, sim Mas que sozinha não iria a nenhures Verdade Tenho uma constante obsessão amarrada à perna E cada passo que dou sinto a tonelada desse vazio E os dois metro que ando entre o chão e o chão São quilómetros na vida real Que irreal 'e Sinto a pedras na descida, mas não me magoam São menos duras que a armadura que me venderam E pregada esta já ao corpo está Nada sinto Nada quero sentir Apenas jazo no poder do iniquo Que diz-se Mundo Que digo Inferno O amor que tenho por vos faz-me ir devagar Mas a raiva que sinto do estrume que sois Apressa-me na descida Sinto que equivocada estou com o Mundo que não me quer E sei que ao rápido descer, rápido vou saber Onde o futuro me leva Me carrega O medo que tenho de me trazer ao inicio do Tempo 'e muito Mas o pavor de so nascer uma vez corroí-me os tímpanos. Partem todos os que amo e vejo-os ao longe Imagino se perto estivessem Não conseguiria respirar o pouco ar que tenho E se choro e agonizo 'e por este amor que me queria grande e forte Mas que fraca me pôs no chão Não julgarei ninguém ao querer cair A paisagem 'e bonita e ao longe desfocada fica Sentimos a analgesia de não se ser ninguém Vem devagar, não me apresses o timbre Afinal acredito em mim, acho que sempre acreditei Apenas estava apagada na tua sombra Que em cativeiro me deixava a alma Amei-te como o Amor sente Amo-te como a dor ama E embora me empurres para baixo da ribanceira Sorrio e minto Para te ver feliz em cima da minha cabeça Como sempre estiveste Como sempre te deixei estar.
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53
La vida ya no tiene mucho sentido Podría estar atrapada en el limbo Podría estar muerta; pero sólo traería un poco de tristeza y sería una mancha que borrar. Estoy en una rutina en la que no hay por donde escapar El tiempo es mi aliado y mi peor enemigo Tengo tiempo de sobra, pero ansío momentos por llegar La espera es eterna, y la eternidad se siente lenta, espesa y con mal sabor de boca que te llena de ansiedad. Estoy clavada en el piso Con pesadas cadenas que no me dejan volar Y una jaula que evita mi escape final si es que me llego a liberar. Soy una infante que se subió a un carrusel Aquellos que se quedaron fuera para admirarla vagar, se distrajeron con algo más. Soy una infante en un carrusel averiado Que da vueltas y no hay un control para un final. Todo es igual; la misma rutina, la misma jaula, y las mismas vueltas del carrusel. Yo soy igual; la misma criatura que esta encerrada y que ansía por salir. Necesito algo que me libere de la rutina, algo que me quite las cadenas y abra la jaula; algo que tome el control y detenga el carrusel. Tiempo, ven ya. Te necesito.
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Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 11:41 AM UTC
Sin título.
Soterrados locais de nascimento, Por entre as brumas do chorar ficaram Perdidos neste Tempo que não tem espaço Achados no centro do Lodo que encontraram. Espécie de dor ridicularizado ao Poente Loucura mórbida de um Amor quase doente Pisados por uma crença animal Enganados por uma vida que não é real. E aqueles que com uma corda fazem o seu caminho E na árvore penduram a sua alma devagarinho Morte lenta para quem a tem Muito Rápida para quem a vê. E não sabemos nos que também morremos aos poucos A cada dia perdemos um pedaço de carne do Ser Por cada noite gasta um turbilhão de vidas por nascer. E se somos a carne do pobre pensante Achemo-nos dignos de crer na inexistência do senhor Que pensa que nos tem mais que amor Que nos da e tira o fôlego só por crer. E na missa ajoelhados os pobres coitados Rezando cada um para a a sua amargura Filhos de um pai que não os segura Descendentes dos filhos da Terra, mortais. E aos *** elevam os braços por Ele E matam e esfolam os seus irmãos em seu nome E dizem que ele é Amor, e paz, e compaixão E por pecarem e errarem pedem perdão. E esta vida a que condenados somos Sem pedirmos o nascer nem o morrer Vamos todos em fila para a câmara ardente Não vendo nunca o nosso expoente. Procuramos o eterno sentir e o poder Não sabendo realmente o que é viver E a cada fôlego perdemos as forças E a esperança num futuro sossega-nos a morte. E para aqueles que iluminado esta o caminho A morte é mais rápida que o dia A luz mostra a direcção a tomar E o sentido da rua é ficar sem Ar. Definhar.
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Jul 7, 2012
Jul 7, 2012 at 9:07 PM UTC
Definhar
Soterrados locais de nascimento, Por entre as brumas do chorar ficaram Perdidos neste Tempo que não tem espaço Achados no centro do Lodo que encontraram. Espécie de dor ridicularizado ao Poente Loucura mórbida de um Amor quase doente Pisados por uma crença animal Enganados por uma vida que não é real. E aqueles que com uma corda fazem o seu caminho E na árvore penduram a sua alma devagarinho Morte lenta para quem a tem Muito Rápida para quem a vê. E não sabemos nos que também morremos aos poucos A cada dia perdemos um pedaço de carne do Ser Por cada noite gasta um turbilhão de vidas por nascer. E se somos a carne do pobre pensante Achemo-nos dignos de crer na inexistência do senhor Que pensa que nos tem mais que amor Que nos da e tira o fôlego só por crer. E na missa ajoelhados os pobres coitados Rezando cada um para a a sua amargura Filhos de um pai que não os segura Descendentes dos filhos da Terra, mortais. E aos *** elevam os braços por Ele E matam e esfolam os seus irmãos em seu nome E dizem que ele é Amor, e paz, e compaixão E por pecarem e errarem pedem perdão. E esta vida a que condenados somos Sem pedirmos o nascer nem o morrer Vamos todos em fila para a câmara ardente Não vendo nunca o nosso expoente. Procuramos o eterno sentir e o poder Não sabendo realmente o que é viver E a cada fôlego perdemos as forças E a esperança num futuro sossega-nos a morte. E para aqueles que iluminado esta o caminho A morte é mais rápida que o dia A luz mostra a direcção a tomar E o sentido da rua é ficar sem Ar. Definhar.
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Forse più di lei quel che resta è la sagoma che compone le cose riversa nel vetro d’una finestra, presa per un reale abbandono. Questo è il tempo. Dove finisce il suono s’avviano le luci di due fari che sollevano dal fondo notturno del viale il parto torbido della terra: questo fumo d’infinita ragione. Il passo di chi fiancheggia l’auto e bisbiglia all’orecchio del conducente la strada di un cortile dove siede, assente, il corpo inerte di un padrone. Si spalanca su una corte l’assottigliato riverbero dei vetri. Assiepata città di vani incerti sulla fine. Se ne va l’immobile foschia con un tremore sconnesso. Forse di lei quel che s’appresta è una lenta agonia.
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Jul 9, 2010
Jul 9, 2010 at 12:32 PM UTC
Forse più di lei quel che resta...
Déjame, sí, déjame, dios o ángel, demonio. Déjame a solas, turba angélica, solo conmigo, con mi multitud. Estoy con uno como yo, que no me reconoce y me muestra mis armas; con uno que me abraza y me hiere -y se dice mi hijo-; con uno que huye con mi cuerpo; con uno que me odia porque yo soy él mismo. Mira, tú que huyes, aborrecible hermano mío, tú que enciendes las hogueras terrestres, tú, el de las islas y el de las llamaradas, mírate y dime: ese que corre, ese que alza lenguas y antorchas para llamar al cielo y lo incendia; ese que es una estrella lenta que desciende; aquel que es como un arma resonante, ¿es el tuyo, tu ser, hecho de horas y voraces minutos? ¿Quién sabe lo que es un cuerpo, un alma, y el sitio en que se juntan y cómo el cuerpo se ilumina y el alma se obscurece, hasta fundirse, carne y alma, en una sola y viva sombra? ¿Y somos esa imagen que soñamos, sueños al tiempo hurtados, sueños del tiempo por burlar al tiempo? En soledad pregunto, a soledad pregunto. Y rasgo mi boca amante de palabras y me arranco los ojos henchidos de mentiras y apariencias, y arrojo lo que el tiempo deposita en mi alma, miserias deslumbrantes, ola que se retira… Bajo del cielo puro, metal de tranquilos, absortos resplandores, pregunto, ya desnudo: me voy borrando todo, me voy haciendo un vago signo sobre el agua, espejo en un espejo.
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Pregunta
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Silencio
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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¡No! Nunca fue mi mano más lenta que en la hora secretamente mía de aquella noche, aquella... Fue así como una nube cuando oculta una estrella, o así como una estrella que se pierde en la aurora. Nunca tuvo mi mano más quietud impaciente semejante a la mano de un ladrón inexperto; porque  fue como un buque que oscilara en el puerto, con el ansia inconforme de zarpar de repente. ¡Sí! Aquella noche... Noche para soñar en vano, o encender una estrella o apagar una duda; surgió bajo mi mano tu belleza desnuda, 1 como si tu belleza surgiera de mi mano. Ni una sola palabra de temor o reproche abrevió el retardado placer del desenlace. Como crece un jacinto frente al alba que nace, o como nace el alba del fondo de la noche. No. Nunca fue una mano más lenta ni más leve que mi mano de amante con su gesto de amigo; eras como la nieve cayendo sobre el trigo, o un trigo milagroso brotando de la nieve. Y tú estabas inmóvil bajo la felpa rosa, como una flor fantástica que se abriera en el lecho. Mientras mi mano lenta descubría en tu pecho dos motivos iguales para llamarte hermosa. Pero desde esa noche de calma y de tormenta, desorientadamente vacilo en una duda: si cerraste los ojos para no verte desnuda, o bien porque mi mano fue demasiado lenta.
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Poema del éxtasis
La tarde caía triste y polvorienta.       El agua cantaba su copla plebeya en los cangilones de la noria lenta.       Soñaba la mula ¡pobre mula vieja!, al compás de sombra que en el agua suena.       La tarde caía triste y polvorienta.       Yo no sé qué noble, divino poeta, unió a la amargura de la eterna rueda       la dulce armonía del agua que sueña, y vendó tus ojos, ¡pobre mula vieja!...       Mas sé que fue un noble, divino poeta, corazón maduro de sombra y de ciencia.
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La noria
Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones: La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beodo A su tabuco, de bebidas harto. La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿No me pegas? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan? ¿El invierno es menos triste? ¿Licor en la taberna no encontraste? ¿Acaso te enmendaste? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes? ¿No sabes, no comprendes, Que si te pego se despierta el niño?»
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El padre
Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones: La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beodo A su tabuco, de bebidas harto. La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿No me pegas? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan? ¿El invierno es menos triste? ¿Licor en la taberna no encontraste? ¿Acaso te enmendaste? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes? ¿No sabes, no comprendes, Que si te pego se despierta el niño?»
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Lenta la neve fiocca, fiocca, fiocca. Senti: una zana dondola piano piano. Un ***** piange, il piccol dito in bocca; Canta una vecchia, il mento sulla mano. La vecchia canta: intorno al tuo lettino C'è rose e gigli, tutto un bel giardino. Nei bel giardino il ***** si addormenta La neve fiocca lenta, lenta, lenta.
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Orfano
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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(la lluvia)
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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Dolor, o gran dolor Cuán irresistible te viste Aquella anochecer Me atrajiste, me seduciste A una dulce oscurana En cuál yo me perdí Cubriste mis ojos Callaste mi sentir Y de pronto, sin aviso Te tragaste mi vivir Tan lenta tu muerte Tan grande tu esplendor Enamoraste mi alma Sólo a ti veo en mi alrededor Mi amante secreto Mi valiente salvador Tanta pérdida me causaste Y aunque se la salida Me sigo perdiendo en ti Mi amado dolor.
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Apr 11, 2014
Apr 11, 2014 at 10:24 PM UTC
Mi Depresión
Asida de una rama de neblina dialogo con mi ayer, oro y tormenta. La furia del clavel entre la menta enciende todavía la colina. Mientras la dulce tarde se asordina otra música llega, grave y lenta, a enclaustrarme en sus gritos de tormenta y su olor de jazmines y resina. El ayer... Ah que mundo tan lejano de esta avidez de presa de mi mano, halcón menudo que cazó centellas, ave de paraíso ya perdida, entre la selva muerta de una vida que iluminaron todas las estrellas.
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Oro y tormenta
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto             la orilla de tu vientre. Clavellina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada             donde vivo arrojado. Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica             de fértiles relámpagos. Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,             nos inspiraba el mar. Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco             de la lúcida muerte. Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada             del íntimo destino. En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura             como te han sucedido. Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres             en la flor del manzano. Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios             entre tú y yo y el fuego. Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,             la eternidad la orilla. En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,             y el clamor se hace hombre. Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena:             mortalmente abrazados.
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Orillas de tu vientre
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto             la orilla de tu vientre. Clavellina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada             donde vivo arrojado. Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica             de fértiles relámpagos. Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,             nos inspiraba el mar. Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco             de la lúcida muerte. Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada             del íntimo destino. En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura             como te han sucedido. Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres             en la flor del manzano. Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios             entre tú y yo y el fuego. Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,             la eternidad la orilla. En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,             y el clamor se hace hombre. Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena:             mortalmente abrazados.
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En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Dúo de amor
En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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El marfil con tal arte ha sido cincelado que en él se ven de Colquida la floresta sombría la hermosa Medea. Y el Toisón, como el día radiante, en una estela reposa recostado. El Nilo, cerca; y ebrias, bajo el azul dorado, Las Bacantes, que riegan perfumes y ambrosía, adornan con un pámpano, entre luz de alegría, el yugo de una yunta que lenta huella el prado. Abajo hay un combate de caballeros rudos; después, héroes que vuelven muertos en sus escudos, ancianos sollozan les y madres plañideras; y en fin, en forma de asa, encorvando sus flancos, apoyando en los bordes sus firmes senos blancos, en el ánfora vense bebiendo las Quimeras.
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El ánfora
...Y sonríen, a veces, cuando hablan. Y se dicen , incluso, palabras de amor. Pero se aman de dos en dos para odiar de mil en mil. Y guardan toneladas de asco por cada milímetro de dicha. Y parecen -nada más que parecen- felices, y hablan con el fin de ocultar esa amargura inevitable, y cuántas veces no lo consiguen, como no puedo yo ocultarla por más tiempo; esta desesperante, estéril, larga ciega desolación por cualquier cosa que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.
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Todos ustedes parecen felices
En mi ansiedad por el naciente día dorado girasol o flor desnuda, está tu cara con la marca dura que ayer vi que en tu frente te imprimía. Rostro de alerta corzo entre la umbría, que el dardo siente vivo en quemadura, y el torvo vino del dolor apura, con lenta bien habida altanería. Un serafín armado anda en tu sombra y ya tu fuerte capitán se nombra en la voz sigilosa de su aliento. Llama ya con un silbo a tus azores y sale, cazador, de tus alcores, pues hay voces de furias en el viento.
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Cazador
Ayer fue miércoles toda la mañana. Por la tarde cambió: se puso casi lunes, la tristeza invadió los corazones y hubo un claro movimiento de pánico hacia los tranvías que llevan los bañistas hasta el río. A eso de las siete cruzó el cielo una lenta avioneta, y ni los niños la miraron.                   Se desató el frío, alguien salió a la calle con sombrero, ayer, y todo el día fue igual, ya veis, qué divertido. ayer y siempre ayer y así hasta ahora, continuamente andando por las calles gente desconocida, o bien dentro de casa merendando pan y café con leche, ¡qué alegría! La noche vino pronto y se encendieron amarillos y cálidos faroles, y nadie pudo impedir que al final amaneciese el día de hoy, tan parecido pero ¡tan diferente en luces y en aroma! Por eso mismo, porque es como os digo, dejadme que os hable de ayer, una vez más de ayer: el día incomparable que ya nadie nunca volverá a ver jamás sobre la tierra.
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Ayer
Quietas, dormidas están, las treinta, redondas, blancas. Entre todas sostienen el mundo. Míralas, aquí en su sueño, como nubes, redondas, blancas, y dentro destinos de trueno y rayo, destinos de lluvia lenta, de nieve, de viento, signos. Despiértalas, con contactos saltarines de dedos rápidos, leves, como a músicas antiguas. Ellas suenan otra música: fantasías de metal valses duros, al dictado. Que se alcen desde siglos todas iguales, distintas como las olas del mar y una gran alma secreta. Que se crean que es la carta, la fórmula, como siempre. Tú alócate bien los dedos, y las raptas y las lanzas, a las treinta, eternas ninfas contra el gran mundo vacío, blanco a blanco. Por fin a la hazaña pura, sin palabras, sin sentido, ese, zeda, jota, i...
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Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
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Entresuelo
Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
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