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"lejano" poems
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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La casa
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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Me gustas cuando callas porque estas como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas estan llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mia. Mariposa de sueno, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolia. Me gustas cuando callas y estas como distante. Y estas como quejandote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: dejame que me calle con el silencio tuyo. Dejame que te hable tambien con tu silencio claro como una lampara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estas como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. I like you when you are quiet because it is as though you are absent, and you hear me from far away, and my voice does not touch you. It looks as though your eyes had flown away and it looks as if a kiss had sealed your mouth. Like all things are full of my soul You emerge from the things, full of my soul. Dream butterfly, you look like my soul, and you look like a melancoly word. I like you when you are quiet and it is as though you are distant. It is as though you are complaining, butterfly in lullaby. And you hear me from far away, and my voice does not reach you: let me fall quiet with your own silence. Let me also speak to you with your silence Clear like a lamp, simple like a ring. You are like the night, quiet and constellated. Your silence is of a star, so far away and solitary. I like you when you are quiet because it is as though you are absent. Distant and painful as if you had died. A word then, a smile is enough. And I am happy, happy that it is not true.
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Nov 21, 2012
Nov 21, 2012 at 9:05 AM UTC
Me Gustas Cuando Callas/I Like You When You Are Quiet by: Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque estas como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas estan llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mia. Mariposa de sueno, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolia. Me gustas cuando callas y estas como distante. Y estas como quejandote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: dejame que me calle con el silencio tuyo. Dejame que te hable tambien con tu silencio claro como una lampara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estas como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. I like you when you are quiet because it is as though you are absent, and you hear me from far away, and my voice does not touch you. It looks as though your eyes had flown away and it looks as if a kiss had sealed your mouth. Like all things are full of my soul You emerge from the things, full of my soul. Dream butterfly, you look like my soul, and you look like a melancoly word. I like you when you are quiet and it is as though you are distant. It is as though you are complaining, butterfly in lullaby. And you hear me from far away, and my voice does not reach you: let me fall quiet with your own silence. Let me also speak to you with your silence Clear like a lamp, simple like a ring. You are like the night, quiet and constellated. Your silence is of a star, so far away and solitary. I like you when you are quiet because it is as though you are absent. Distant and painful as if you had died. A word then, a smile is enough. And I am happy, happy that it is not true.
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No dije una frase de más ni de menos, que recuerde yo: Nadie tiene culpa de que el tiempo pase, y el tiempo pasó…. Y fuiste el fantasma de un amor lejano, la sombra de un beso que nunca olvidé; pero sé que un día te tendí la mano, y sé que me heriste, sin decir por qué. Fue injusta la herida, y era dolorosa, pero sonreí; La vida que pasa no es toda la vida, y seguí viviendo mi vida sin ti. Días, meses, años, buena y mala suerte, Calles en la lluvia, pasos al azar... 1 Y hoy he vuelto a verte. 2 Y hoy te vi pasar. Y aunque debo odiarte por la herida aquella, y porque me heriste que sé yo por qué... 3 Te encontré tan bella, tan bella, tan bella Que te perdoné…
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Poema del perdón
Celos de saberte lejos, de no tenerte, de no poder pedirte nada. Celos de todo aquello que se queda en mi lengua, de todo lo que no puedo decirte. Celos de la geografía, de la altura, de la tes de tu piel. Celos de esos ojos que todo lo viven y todo lo ven. ¿Dónde quedo cuando no admito que te miro? Cuando escucho tu voz y sé que no me pertenece. ¿Dónde quedo si me escondo para sonreírte? Si en camas y cubos bailamos en secreto y los cigarros se agotan en el calor de la función. ¿Dónde queda el corazón si lo entrego a la cercanía a lo fácil, a la melancolía? Celos de la bocina que besa tu boca mientras escucho la lejanía de tu voz en el eco de una mañana distante. Envidia de los lentes que abrazan tu rostro, de la ropa que cubre tu torso. ¿Por qué no puedo ser esos brazos? ¿Por qué no puedo ser esa tela? Celos por perderte, porque no te tengo. El miedo a tu fluir porque eres libre porque eres hombre, porque eres viento.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 5:01 AM UTC
Lejano
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
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Poema 15
si, yo se como se siente, vivir sin vivir, morir sin morir, estar sin ser, y ser sin estar es como verse en un espejo sin reflejo, como pensar sin decir o como hablar sin pensar se muere uno lentamente cuando deja de querer, cuando deja de desear, cuando exhala lentamente y no inhala mas... Se pierde el coraje dia con dia, se pierde la vida con cada caida, hasta el minimo esfuerzo parece lejano, y cualquier solucion, ajena cerrar los ojos y dejarse morir, cerrar la boca y dejar de decir, cerrar la mente y dejar de pensar, hasta el minimo esfuerzo es agotador
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Mar 3, 2013
Mar 3, 2013 at 10:51 PM UTC
Yo se como se siente
Vienes a mi mente Como un vago recuerdo Deslavado como la ropa De un tendedero Evoco momentos e instantes Pequeños detalles de anhelo Tristes versos que eran mis sueños La melodía de tu presencia El olor de tu guitarra melancólica Que guardo aún en el rincón Me llega desde un lugar lejano El sonido de una dulce canción (¿La recuerdas?) Entre los brazos del tiempo Y las garras del desamor Mi recuerdo se borró de ti No se si me sueñes, pienses, Cantes, maldigas o extrañes ¿Aún soy un trago amargo? ¿Soy parte de un lamento, O de una maldición exhausta? Quizá ya no existo, ni soy ni estoy Tal vez, de verdad me olvidaste.
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Sep 4, 2012
Sep 4, 2012 at 1:06 AM UTC
23:54
Como en la vaguedad de un espejismo: -¿qué sabes? -mi conciencia me interroga, fluïda en llanto entre mi propio abismo. Y miro el mar ardiente, el monte flavo que suaviza el azul, la estrella límpida rielando en el rocío del capullo; y en sus cunas los cándidos infantes, cazados con las redes del arrullo por el sueño de manos hechizantes. Y vuelto a mí, gimiendo el corazón: -¿qué sabes? -vanamente me interrogo, mudo, bajo la múltiple emoción. Sólo un saber escondo claro y justo; llévole como antorcha y como daga en medio del cerrado laberinto; en su vasta amplitud mi fe naufraga y hallo en su anchura incómodo recinto. Se oyen sordos, roncos lamentos, y alzan sus puños en el vacío los pensamientos. ¡Oh menguado saber, pobre riqueza de formas en imágenes trocadas, ley ondeante, ciencia que alucina, que cada noche en el silencio empieza y cada día con el sol culmina! ¡Oh menguado saber de la iracunda vida que ante mis ojos se renueva, germinal y cruël, ciega y profunda; madre de los mil partos y el misterio que al barro humilla y a Psiquis subleva! Como ventana que el azul del cielo circunscribe, se entreabren los sentidos. ¡Pobre, ruïn saber! Y, sin embargo, la leve mariposa del anhelo entra por la ventana sin ruïdos. Cuaja en el corazón de la manzana la dulzura estival; la mariposa vuela del fondo de la carne humana. ¡Que al claro cielo suba el anhelo! Por ese vuelo, la heredad natía canté, con ritmo del ideal retorno, en la ingenua parábola temprana. En el turquí del éter desleía un nácar tenue mi primer mañana. Por ese anhelo entre los acres pinos y las rosas en llamas del ocaso, al hablar dejo la palabra trunca: el tiempo es breve y el vigor escaso, y la Amada ideal no vino nunca. Por ese anhelo, en rimas balbucientes canto el rojo camino que a la tarde se pinta en la montaña evocadora, o a la vívida luz del sol temprano, como una obsesión conturbadora de sangre y sangre en el azul lejano. Y por él amo, en fin, y por él sueño con una honda transfusión divina de la luz en mi carne de tortura, ¡puesto que está la estrella vespertina sobre el horror de esta prisión oscura! Columpia el mar su cauda nacarina, y en ustorios relámpagos de espejos esplende en bruma de ópaco la carne de la ondina. Y fluye Acuarimántima a lo lejos...
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Acuarimántima iii
Como en la vaguedad de un espejismo: -¿qué sabes? -mi conciencia me interroga, fluïda en llanto entre mi propio abismo. Y miro el mar ardiente, el monte flavo que suaviza el azul, la estrella límpida rielando en el rocío del capullo; y en sus cunas los cándidos infantes, cazados con las redes del arrullo por el sueño de manos hechizantes. Y vuelto a mí, gimiendo el corazón: -¿qué sabes? -vanamente me interrogo, mudo, bajo la múltiple emoción. Sólo un saber escondo claro y justo; llévole como antorcha y como daga en medio del cerrado laberinto; en su vasta amplitud mi fe naufraga y hallo en su anchura incómodo recinto. Se oyen sordos, roncos lamentos, y alzan sus puños en el vacío los pensamientos. ¡Oh menguado saber, pobre riqueza de formas en imágenes trocadas, ley ondeante, ciencia que alucina, que cada noche en el silencio empieza y cada día con el sol culmina! ¡Oh menguado saber de la iracunda vida que ante mis ojos se renueva, germinal y cruël, ciega y profunda; madre de los mil partos y el misterio que al barro humilla y a Psiquis subleva! Como ventana que el azul del cielo circunscribe, se entreabren los sentidos. ¡Pobre, ruïn saber! Y, sin embargo, la leve mariposa del anhelo entra por la ventana sin ruïdos. Cuaja en el corazón de la manzana la dulzura estival; la mariposa vuela del fondo de la carne humana. ¡Que al claro cielo suba el anhelo! Por ese vuelo, la heredad natía canté, con ritmo del ideal retorno, en la ingenua parábola temprana. En el turquí del éter desleía un nácar tenue mi primer mañana. Por ese anhelo entre los acres pinos y las rosas en llamas del ocaso, al hablar dejo la palabra trunca: el tiempo es breve y el vigor escaso, y la Amada ideal no vino nunca. Por ese anhelo, en rimas balbucientes canto el rojo camino que a la tarde se pinta en la montaña evocadora, o a la vívida luz del sol temprano, como una obsesión conturbadora de sangre y sangre en el azul lejano. Y por él amo, en fin, y por él sueño con una honda transfusión divina de la luz en mi carne de tortura, ¡puesto que está la estrella vespertina sobre el horror de esta prisión oscura! Columpia el mar su cauda nacarina, y en ustorios relámpagos de espejos esplende en bruma de ópaco la carne de la ondina. Y fluye Acuarimántima a lo lejos...
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Tus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo ***** y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano... Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano.De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo ***** y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios... De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso.Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso... Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.
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Inventario galante
Ay, Poesía, pero mira que eres difícil, aunque busco hallar los cánones que te rigen termino encontrándome un insondable arcano que al pensar que me acerco, se hace más lejano. Eres tan inconsútil, intangible y etérea, creo atraparte en frases y huyes en la idea; cuando pienso que avisté la intuición onírica, me doy cuenta que se ha diluído la lírica. Tan real cual vida, muerte o la Primavera te presentas además como una Quimera que intentamos esculpir en finas palabras, pero sólo por momentos, ya que te escapas, cuando por siempre quedamos insatisfechos al ver que no hilamos el vestido perfecto. (Jorge Gómez A.)
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Jun 19, 2012
Jun 19, 2012 at 7:34 AM UTC
MIRA QUE ERES DIFÍCIL
Se hacía visible. Estuvo tan cerca por unos momentos. Es verdad que hace de ello tanto tiempo. Pero a fuerza de circuitos y artefactos, de comodidades y de entretenimientos, de él me alejé. Me hice instrumento y esclavo. A fuerza de ciencia decaí en consejo. Soy la misma ignorancia y el error. Soy en números más grande y sigo creciendo. Pero a fuerza de no ser más que una cifra, en bestia me convertí. Ha menguado la belleza, han crecido los disfraces, los afeites. Me entretengo dibujando cadenas con las formas de la libertad. Cadenas forradas de felpa. Y de pronto se escondió. Dejé de tenerlo cara a cara. Como el pan que cada día caía del cielo. Como la zarza ardiente. Dejé de hablarle y de verlo. No puedo siquiera imaginarlo, tan lejano y ajeno. Para nada preocupado de mis problemas.
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Nov 14, 2011
Nov 14, 2011 at 7:46 PM UTC
Se hacía visible (I)
Ella era bella y era buena.       ¡Perdonalá, Señor! Él era dulce y era triste       ¡Perdonaló, Señor! Se dormía en sus brazos blancos como una abeja en una flor.       ¡Perdonaló, Señor! Amaba las dulces canciones, ¡ella era una dulce canción!       ¡Perdonalá, Señor! Cuando hablaba era como si alguien hubiera llorado en su voz.       ¡Perdonaló, Señor! Ella decía: -«Tengo miedo. Oigo una voz en lo lejano».       ¡Perdonalá, Señor! Él decía: -«Tu pequeñita mano en mis labios».       ¡Perdonaló, Señor! Miraban juntos las estrellas. No hablaban de amor. Cuando moría una mariposa lloraban los dos.       ¡Perdonalós, Señor! Ella era bella y era buena. Él era dulce y era triste. Murieron del mismo dolor. Perdónalos, Perdónalos,             ¡Perdonalós, Señor!
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Canción de los amantes muertos
Oh Pöe! oh Pöe! oh Pöe! Genio del signo fatídico! Alma que en mí domina! Faro de luces negras...!: Acógeme en tu lóbrego retiro de silencio. Acógeme en tu místico retiro de pavura... Y en el retiro cándido de tus amores puros! Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! Faro de luces negras...! Alma que en mí domina...! Transpórtame a las tierras de Weir, de sombras llenas! Transpórtame a las tierras de Weir, donde Ulalume regó sobre tu alma su fragante perfume... Condúceme a tu reino, a ese reino lejano donde nació Annabel, envidia de los ángeles! Donde se ve su tumba cerca del mar sereno, bajo del cielo torvo donde tu estrella arde! Llévame a ver el cuervo. Llévame a ver el cuervo cogitabundo y hosco Llévame a ver el cuervo -sobre el busto de Palas- que en su trágico orgullo te azotó con sus alas! Llévame a ver el cuervo, cogitabundo y fosco, llévame a ver el cuervo...: ese cuervo fatídico -alma que en mí domina!- -faro de luces negras!- ese cuervo es mi signo, y a sus influjos pávidos obedecen mis flierzas, de horror y sombra llenas! Llévame a ver el cuervo, que en un país lejano, -en el país quimérico de demonios y ángeles- sobre el marmóreo busto, cogitabundo y torvo, sarcástico y sereno, mira, impávido y sordo, el dolor que en tí arde... Transpórtame a las tierras de Eulalia y de Ligeïa! Transpórtame a las tierras de Weir, donde Ulalume regó sobre tu alma su fragante perfume...! Acógeme en tu lóbrego retiro de silencio... Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! faro de luces negras! Acógeme en tu místico retiro de pavura... Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! Genio del signo fatídico...! Y en el retiro cándido de tus amores puros! Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! alma que en mí domina! Llévame a ver el cuervo cogitabundo y torvo! Llévame a ver el cuervo -sobre el busto de Palas­- que en su trágico orgullo te azotó con sus alas!
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Plegaria a poe
Oh Pöe! oh Pöe! oh Pöe! Genio del signo fatídico! Alma que en mí domina! Faro de luces negras...!: Acógeme en tu lóbrego retiro de silencio. Acógeme en tu místico retiro de pavura... Y en el retiro cándido de tus amores puros! Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! Faro de luces negras...! Alma que en mí domina...! Transpórtame a las tierras de Weir, de sombras llenas! Transpórtame a las tierras de Weir, donde Ulalume regó sobre tu alma su fragante perfume... Condúceme a tu reino, a ese reino lejano donde nació Annabel, envidia de los ángeles! Donde se ve su tumba cerca del mar sereno, bajo del cielo torvo donde tu estrella arde! Llévame a ver el cuervo. Llévame a ver el cuervo cogitabundo y hosco Llévame a ver el cuervo -sobre el busto de Palas- que en su trágico orgullo te azotó con sus alas! Llévame a ver el cuervo, cogitabundo y fosco, llévame a ver el cuervo...: ese cuervo fatídico -alma que en mí domina!- -faro de luces negras!- ese cuervo es mi signo, y a sus influjos pávidos obedecen mis flierzas, de horror y sombra llenas! Llévame a ver el cuervo, que en un país lejano, -en el país quimérico de demonios y ángeles- sobre el marmóreo busto, cogitabundo y torvo, sarcástico y sereno, mira, impávido y sordo, el dolor que en tí arde... Transpórtame a las tierras de Eulalia y de Ligeïa! Transpórtame a las tierras de Weir, donde Ulalume regó sobre tu alma su fragante perfume...! Acógeme en tu lóbrego retiro de silencio... Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! faro de luces negras! Acógeme en tu místico retiro de pavura... Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! Genio del signo fatídico...! Y en el retiro cándido de tus amores puros! Oh Pöe! Oh Pöe! Oh Pöe! alma que en mí domina! Llévame a ver el cuervo cogitabundo y torvo! Llévame a ver el cuervo -sobre el busto de Palas­- que en su trágico orgullo te azotó con sus alas!
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No puedo parar pensando en ti Ni tus pestañas Ni el olor de tu piel No logro olvidar tus manos Como me acariciaban Y como movían por mi cuerpo con debilidad y oportunidad Tus ojos están quemados en mi mente con la candela de mis sueños Hueles a cigarrillo y aventura Hueles a hablando nariz contra nariz Eres electricidad y yo una lámpara sin luz ( te necesito) Haces que todo los pelos en mis brazos se levanten al cielo. Eres celestial. Y yo terrestre. La lejura entre nuestros cuerpos me enferma.
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Aug 28, 2012
Aug 28, 2012 at 3:07 PM UTC
(amor lejano)
Pasarás por mi vida sin saber que pasaste. Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar, fingiré una sonrisa como un dulce contraste del dolor de quererte... y jamás lo sabrás. Soñaré con el nácar virginal de tu frente, soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar, soñaré con tus labios desesperadamente, soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás. 1 Quizás pases con otro que te diga al oído esas frases que nadie como yo te dirá; y, ahogando para siempre mi amor inadvertido, te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás. 2 Yo te amaré en silencio como algo inaccesible, como un sueño que nunca lograré realizar; y el lejano perfume de mi amor imposible rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás. Y si un día una lágrima denuncia mi tormento, -el tormento infinito que te debo ocultar-, te diré sonriente: «No es nada... Ha sido el viento». Me enjugaré una lágrima... ¡y jamás lo sabrás!
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Poema del renunciamiento
Es difícil estar lejos de ti y quererte como lo hago, me cuesta pensar en un tiempo en el que estaremos juntos y todo estará bien, no parece lejano, simplemente parece imposible. Me gusta pensar que tu también pierdes el sueño pensando en mis ojos y en la manera en la que mis labios pronuncian tu nombre, al menos eso es lo que yo hago. Paso mis noches pensando en la manera en la que tu lengua acaricia cada letra de mi nombre. Me gustaría creer que nuestro tiempo llegará, pero tu estas tan lejos y cuando no estás, todo es obscuro e incierto. No puedo pedirte que te quedes a mi lado, se que lo harías, pero yo no puedo detener al destino, el tiempo sigue su rumbo y tu y yo estamos parados en medio de un mundo en movimiento, así que solo pronuncia mi nombre una vez y márchate, besa mis labios con la promesa de que el tiempo marcará nuestro camino y tal vez, la vida se apiade de nosotros y cruce nuestros caminos una vez, sólo una más.
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Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 4:17 PM UTC
Una vez
Antes de ver a esta hermosura, Antes de conocerla, Pensaba que las estrellas Eran tan solo rocas en llamas Extinguidas desde años atrás Después de ver y conocer a este Hermoso personaje que se apareció en mi vida Supe que las estrellas eran simplemente Espíritus, almas andantes. Viendo el sufrimiento y la alegría de otros. Destinadas a verlo. Están a la guardia de ser apreciadas De la manera correcta, de la deseada, anhelada por estas. En esa mañana, pude apreciarla a ella Tan libre, tan delicada y hermosa Pude entender hasta ese día para que estaban las estrellas ahí; Fue hermoso. Creí que me enamoraría algún día de algún hombre Pero me equivoqué. Termine enamorándome de un personaje, uno muy lejano, muerto y vivo a la vez. Una estrella a la cual llame... Jordana.
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Sep 15, 2015
Sep 15, 2015 at 9:52 PM UTC
Jordana
Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí "¡uí, mesié!". Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de smoking, yo de frac, Yo recibiendo propina. Tú a la Bolsa, yo a la ruina; Tú subiste, yo bajé... En los muelles te encontré, Vi que te echaban al mar Y ni lo pude evitar Ni a las aguas me arrojé. Y conocimos al Peón Con su "café carretero", Y hablando con el Obrero Recorrimos la nación. Se habló de revolución Entre sorbos de café: Cogí el machete... dudé, ¡Tú me infundiste valor Y a sangre y fuego y sudor Mi libertad conquisté...! Después vimos al Poeta: Lejano, meditabundo, Queriendo arreglar el mundo Con una sola cuarteta. Yo, convertido en peseta, Hasta sus plantas rodé: ¡Qué ojos los que iluminé, Que trilogía formamos Los pobres que limosneamos El Poeta y su café...! Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia, Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor... ¡Vamos hermanos, valor, El café nos pide fe; Y Changó y Ochún y Agué Piden un grito que vibre Por nuestra América Libre, Libre como su café!
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El café
Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí "¡uí, mesié!". Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de smoking, yo de frac, Yo recibiendo propina. Tú a la Bolsa, yo a la ruina; Tú subiste, yo bajé... En los muelles te encontré, Vi que te echaban al mar Y ni lo pude evitar Ni a las aguas me arrojé. Y conocimos al Peón Con su "café carretero", Y hablando con el Obrero Recorrimos la nación. Se habló de revolución Entre sorbos de café: Cogí el machete... dudé, ¡Tú me infundiste valor Y a sangre y fuego y sudor Mi libertad conquisté...! Después vimos al Poeta: Lejano, meditabundo, Queriendo arreglar el mundo Con una sola cuarteta. Yo, convertido en peseta, Hasta sus plantas rodé: ¡Qué ojos los que iluminé, Que trilogía formamos Los pobres que limosneamos El Poeta y su café...! Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia, Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor... ¡Vamos hermanos, valor, El café nos pide fe; Y Changó y Ochún y Agué Piden un grito que vibre Por nuestra América Libre, Libre como su café!
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60
De pronto, en el silencio de la noche, se alzó un rumor lejano y temeroso y el camino que corre frente a casa sonó de viento y se encrespó de ola. Era una larga tropa de ganado, cientos de vacas, bajo los testuces, desgarrando la sombra con los cuernos, midriáticas de espanto las pupilas, deshechas con la helada las pezuñas, dolientes de mugidos maternales. Era una larga tropa de ganado, flanqueada de fantásticos jinetes, apretada a pechazos en la huella, toda alada de gritos y de ponchos. Mañana un hombre desde un carricoche en el local sonoro de la feria, al enérgico golpe de martillo que hace al sol un relámpago de plata, indiferente os venderá, vaquitas, y resignadas partiréis de nuevo tal vez hacia la muerte.
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Tropa
Decid cuando yo muera... (¡y el día esté lejano!) soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento, en el vital deliquio por siempre insaciado, era la llama al viento... *** sensual y triste, por las islas de su América; en un pinar de Honduras vigorizó el aliento; la tierra mexicana le dio su rebeldía, su libertad, su fuerza... Y era una llama al viento. De simas no sondadas subía a las estrellas; un gran dolor incógnito vibraba por su acento; fue sabio en sus abismos, -y humilde, humilde, humilde-, porque no es nada una llamita al viento. Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales, que nunca humana lira jamás esclareció, y nadie ha comprendido su trágico lamento... Era una llama al viento y el viento la apagó.
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Futuro
A veces, mi egoísmo me llena de maldad, y te odio casi hasta hacerme daño a mí mismo: son los celos, la envidia, el asco al hombre, mi semejante aborrecible, como yo corrompido y sin remedio, mi querido hermano y parigual en la desgracia. A veces -o mejor dicho: casi nunca-, te odio tanto que te veo distinta. Ni en corazón ni en alma te pareces a la que amaba sólo hace un instante, y hasta tu cuerpo cambia y es más bello -quizá por imposible y por lejano. Pero el odio también me modifica a mí mismo, y cuando quiero darme cuenta soy otro que no odia, que ama a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo, que lleva tu apellido, y tiene, igual que tú, el cabello largo. Cuando sonríes, yo te reconozco, identifico tu perfil primero, y vuelvo a verte, al fin, tal como eras, como sigues siendo, como serás ya siempre, mientras te ame.
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Carta sin despedida
He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. La soledad cruzada de sueño y de silencio. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Triste ternura mía, qué te haces de repente? Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío mi corazón se cierra como una flor nocturna.
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Poema 13
A veces me siento como un águila en el aire           (de una canción de Pablo Milanés) Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas unas veces me siento como un acantilado y en otras como un cielo azul pero lejano a veces uno es manantial entre rocas y otras veces un árbol con las últimas hojas pero hoy me siento apenas como laguna insomne con un embarcadero ya sin embarcaciones una laguna verde inmóvil y paciente conforme con sus algas sus musgos y sus peces sereno en mi confianza confiado en que una tarde te acerques y te mires te mires al mirarme.
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Estados de ánimo
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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El buen sentido
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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Ella no fue, entre todas, la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me amaron más; y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella. Acaso fue porque la amé de lejos, como una estrella desde mi ventana... 1 Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene más reflejos. Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena. Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que vuelve en el viento todavía. Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha. Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más... Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
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Canción del amor lejano