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"lazo" poems
Spanish Yo hacía una divina labor, sobre la roca Creciente del Orgullo. De la vida lejana, Algún pétalo vívido me voló en la mañana, Algún beso en la noche. Tenaz como una loca, Sequía mi divina labor sobre la roca. Cuando tu voz que funde como sacra campana En la nota celeste la vibración humana, Tendió su lazo do oro al borde de tu boca; —Maravilloso nido del vértigo, tu boca! Dos pétalos de rosa abrochando un abismo…— Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana; ¡Tela donde mi espíritu su fue tramando él mismo! Tú quedas en la testa soberbia de la roca, Y yo caigo, sin fin, en el sangriento abismo! English I was at my divine labor, upon the rock Swelling with Pride. From a distance, At dawn, some bright petal came to me, Some kiss in the night. Upon the rock, Tenacious a madwoman, I clung to my work. When your voice, like a sacred bell, A celestial note with a human tremor, Stretched its golden lasso from the edge of your mouth; —Marvelous nest of vertigo, your mouth! Two rose petals fastened to an abyss…— Labor, labor of glory, painful and frivolous; Fabric where my spirit went weaving herself! You come to the arrogant head of the rock, And I fall, without end, into the ****** abyss!
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Tu Boca (Your Mouth)
por que me dices que me quieres ya cuando no me tienes enfrente de ti. Hasta cuando sera el dia que te escuche pronunciar esas dos palabras en mi cara. Hasta cuando existirá tal reciprocidad? Que valor tiene mi persona al entrañar semejantes sensaciones. Hasta ahora he osado en preguntarme a donde chingados me estoy dirigiendo? Por que la pesada tristeza y la pirámide de depresión? Por que este dolor no me deja en paz? No es patética mi forma de ser? Al dejar que un "problema" tan estúpido me provoque matar o matarme me duele el pecho de verdad al pensar que me quieres a tu lado cuando te has ido. me duele el estomago al pensar las mas de 7 veces que me rompiste el corazón. Me destruiste, me frustraste. Nauseas y ansias, fueron lo que me regalaste. me rompiste a la mitad. y a veces siento que no te importa. Ni una pizca de importancia. Solo te importas tu, tu y tu. y tus propias grietas tu umbral del dolor la mano que has dejado ir. el maldito lazo que te une de por vida al oscuro y persistente reflejo en carne del pasado. sonríes cuando tu verdugo blande la guadaña sobre tu corazón. Simplemente me esta matando que lo ames a el tanto como te amo yo. y el pobre enfermo que se llevara el premio mayor. Quieres dejarme atrás.
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May 21, 2014
May 21, 2014 at 1:09 PM UTC
Otro escrito mas del corazón de un pobre diablo.
Ha muchos años que busco el yermo, ha muchos años que vivo triste, ha muchos años que estoy enfermo, ¡y es por el libro que tú escribiste! ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba la luz, las vegas, el mar Oceano; mas tú dijiste que todo acaba, que todo muere, que todo es vano! Antes, llevado de mis antojos, besé los labios que al beso invitan, las rubias trenzas, los grande ojos, ¡sin acordarme que se marchitan! Mas como afirman doctores graves, que tú, maestro, citas y nombras, que el hombre pasa como las naves, como las nubes, como las sombras... huyo de todo terreno lazo, ningún cariño mi mente alegra, y con tu libro bajo del brazo voy recorriendo la noche negra... ¡Oh Kempis, Kempis, asceta yermo, pálido asceta, qué mal me hiciste! ¡Ha muchos años que estoy enfermo, y es por el libro que tú escribiste!
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A kempis
Inútiles palabras para la rima. Nunca De contacto supisteis para dar armonía. Cual vírgenes en duelo, vuestra belleza trunca Va triste y solitaria, sin el fulgor del día. Alma tenéis, mas siempre sois como inútil lazo, Ritmos que no se acuerdan con otros, y por eso No habéis sabido nunca lo que es calor de abrazo, Ni habéis sentido espasmos con la fruición del beso. Inútiles palabras para rimar. De oro Podréis ser, mas las otras de alianza son emblema; Y cantáis, pero siempre seréis voz en un coro; Y podréis ser engaste, pero jamás diadema. Y os veo con tristeza cuando avanza el galope Del lírico desfile por el radiante estadio. Sois asta de la lanza, no de la lanza el tope, Y sois empuñadura, pero jamás el gladio. Las otras son las gemas donde la luz tremola Y armonizan cuadrigas o multiformes galas. Vosotras vibráis siempre, mas sois una ala sola, Y el poeta requiere para volar dos alas.
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A las palabras sin rima
En santa Águeda de Burgos,   do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso   por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid,   ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo y con unos evangelios   y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes   que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo,   que no sean castellanos; mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado; con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados; caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados. Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado, sáquente el corazón   por el siniestro costado; si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando, si fuiste, o consentiste   en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes   que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero   que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey,   no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor,   ni papa descomulgado. Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey   malamente y enojado: -Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado, mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano. -Por besar mano de rey   no me tengo por honrado, porque la besó mi padre   me tengo por afrentado. -Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado, y no vengas más a ellas   dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa   que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro. Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano, con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas   con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.
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Romance del juramento que tomó el cid al rey don alonso
En santa Águeda de Burgos,   do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso   por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid,   ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo y con unos evangelios   y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes   que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo,   que no sean castellanos; mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado; con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados; caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados. Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado, sáquente el corazón   por el siniestro costado; si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando, si fuiste, o consentiste   en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes   que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero   que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey,   no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor,   ni papa descomulgado. Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey   malamente y enojado: -Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado, mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano. -Por besar mano de rey   no me tengo por honrado, porque la besó mi padre   me tengo por afrentado. -Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado, y no vengas más a ellas   dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa   que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro. Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano, con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas   con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.
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Apago el cigarro Y enciendo otra botella, Los pensamientos Vienen en olas cansadas, Mar sin fondo Cielo sin tapón, Las nubes distraídas Me pintan imágenes Que me persiguen Como sábanas en la lavadora Vuelta y vuelta Ciclo interminable, Pero no importa Cuanto lave, La grama sigue Manchando Verde como jade Creciendo Entre las fisuras De las piedras Imposible de matar Con simples químicos, Solo la muerte Esperará Ver el fin De esta mente Atado a un corazón Con un lazo Torturado De amor... APAD13 019 - © okpoet
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Jan 20, 2013
Jan 20, 2013 at 4:23 AM UTC
Torturado...
¿Dónde estará lo que persigo ciega? -Jardines encantados, mundos de oro- Todo lo que me cerca es incoloro. Hay otra vida. Allí, ¿cómo se llega? Un perfume divino el alma anega: olor de estrellas, un rosado coro de Dianas fugitivas; el esporo viviente aún de la delicia griega. ¿Dónde estará ese mundo que persigo? El sueño voluptuoso va conmigo y me ciñen las rosas de su brazo. Y mientras danzo sobre el césped fino fuera del alma acecha mi destino y la Gran Cazadora mueve el lazo.
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La dulce visión
Crecí               Para ti.         Tálame. Mi acacia Implora a tus manos su golpe de gracia.               Florí               Para ti.         Córtame. Mi lirio Al nacer dudaba ser flor o ser cirio.               Fluí               Para ti.         Bébeme. El cristal Envidia lo claro de mi manantial.               Alas di               Por ti.         Cázame. Falena, Rodeo tu llama de impaciencia llena.               Por ti sufriré. ¡Bendito sea el daño que tu amor me dé! ¡Bendita sea el hacha, bendita la red, Y loadas sean tijeras y sed!               Sangre del costado               Manaré, mi amado. ¿Qué broche más bello, qué joya más grata, Que por ti una llaga color escarlata? En vez de abalorios para mis cabellos Siete espinas largas hundiré entre ellos. Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas, Como dos rubíes dos ascuas bermejas.               Me verás reír               Viéndome sufrir.         Y tú llorarás. Y entonces... ¡más mío que nunca serás!
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El fuerte lazo
el pobre butch butchanam pasó sus años últimos cuidando a una tórtola ciega y sin querer ver a nadie en solidaridad con el pájaro al que amaba y cuidaba y a veces aleteaba en su hombro dejando caer un dulce sonido a naranjos azules girando por el cielo a demonios de pie sobre un ratón a monos de piedra sorprendidos en el acto de hacer "oh tórtola" decía butch butchanam. "amas la ceguera y yo convertí mi corazón en ceguera para que vueles alrededor de él y te quedes" pero lo que debe desaparecer todo lo que se masca come chupa bebe o saborea, venía con el crepúsculo y tristeza para butch tristeza para butch. el cual: soñaba con el desierto sembrado de calaveras de vaca los castillos de arena instantánea o polvo rápidamente quieto en tierra los oleajes (como de serpiente) del tiempo en Melody Spring y los antepasados que ya no conocían el dolor ni el dolor de la muerte y hablaban un idioma lento amarillo feliz como un lazo de oro en el cuello noches y noches soñó butch butchanam hasta que supo que iba a morir enfiló su cama hacia el sur y se acostó de espaldas al cielo y dejó escrito en la tórtola que lo enterraran de espaldas al cielo y aquí yace de espaldas al cielo mirando todo lo que baja y sube en Melody pueblo de miserables que: degollaron la tórtola la asaron la comieron y comprobaron con cristiano horror que los miraba desde el plato con el recuerdo de sus ojos
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Lamento por la tórtola de butch butchanam
En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. -Villanos te maten, rey, villanos, que no hidalgos; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: -Mucho me aprietas, Rodrigo, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. -Aqueso será, buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. -¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas, desde este día en un año! -Que me place -dijo el Cid-. que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados, las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con el iban los trescientos caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.
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Romance ** es el de la jura de santa gadea
En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. -Villanos te maten, rey, villanos, que no hidalgos; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: -Mucho me aprietas, Rodrigo, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. -Aqueso será, buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. -¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas, desde este día en un año! -Que me place -dijo el Cid-. que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados, las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con el iban los trescientos caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.
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En los campos de Antelo, hacia el noventa mi padre lo trató. Quizá cambiaron unas parcas palabras olvidadas. No recordaba de él sino una cosa: el dorso de la oscura mano izquierda cruzado de zarpazos. En la estancia cada uno cumplía su destino: éste era domador, tropero el otro, aquél tiraba como nadie el lazo y Simón Carvajal era el tigrero. Si un tigre depredaba las majadas o lo oían bramar en la tiniebla, Carvajal lo rastreaba por el monte. Iba con el cuchillo y con los perros. Al fin daba con él en la espesura. Azuzaba a los perros. La amarilla fiera se abalanzaba sobre el hombre que agitaba en el brazo izquierdo el poncho, que era escudo y señuelo. El blanco vientre quedaba expuesto. El animal sentía que el acero le entraba hasta la muerte. El duelo era fatal y era infinito. Siempre estaba matando al mismo tigre inmortal. No te asombre demasiado su destino. Es el tuyo y es el mío, salvo que nuestro tigre tiene formas que cambian sin parar. Se llama el odio, el amor, el azar, cada momento.
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Simón carbajal
Rosa de Alberti allá en el rodapié del mirador del cielo se entreabría, pulsadora del aire y prima mía, al cuello un lazo blanco de moaré. El barandal del arpa, desde el pie hasta el bucle en la nieve, la cubría. Enredando sus cuerdas, verdecía, alga en hilos, la mano que se fue. Llena de suavidades y carmines, fanal de ensueño, vaga y voladora, voló hacia los más altos miradores. ¡Miradla querubín de querubines, del vergel de los aires pulsadora. Pensativa de Alberti entre las flores!
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A rosa de alberti, que tocaba, pensativa, el arpa (siglo xix)
En mis sueños me atormentas, e incluso en ellos te vas. Me dejas sola, abandonada en la fría oscuridad. Juro ya no hacerlo, prometo no caer, pero una dulce sonrisa me vuelve a convencer. Y ahí voy, una vez más, pensando que vale la pena. Fingiendo no ser consciente que tu cariño envenena. Con un estúpido mensaje me desarmo, lloro y muero. Con otro insignificante mensaje revivo y me río, pero sé que no es lo que quiero. Quiero un cuerpo a mi lado, anhelo una mente llena de universos. Deseo un toque, un roce, un cálido abrazo. Sólo pido una conversación, que deje tu mente al desnudo, que nos enrede en un lazo. Papi tiene razón. Papi sabe bien. Él me explica, me aconseja, me hace despertar. Pero como una niña caprichosa tengo que chocarme contra la pared un millón de veces más y mi cabeza reventar. Cuando el tornado se vuelva brisa y ya no tenga lágrimas que llorar. Hasta que mi corazón ya no soporte, y aprenda a sumergir mis pies en el río en vez de hundirme en el mar.
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Dec 17, 2017
Dec 17, 2017 at 12:48 PM UTC
No te hundas en el mar.
Un rencor que no es nuestro Un odio viejo Delicado es el lazo Entre hermanos Un moreton Una ambulancia Yo de ti ya me olvide Por un odio que no empese Mi familia yo perdi Por algo de que nunca fui
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Apr 30, 2016
Apr 30, 2016 at 11:27 AM UTC
A flor the piel
Un hijo... ¿Tú sabes, tú sientes qué es eso? Ver nacer la vida del fondo de un beso, por un inefable milagro de amor; un beso que llene la cuna vacía, y que ingenuamente nos mire y sonría, un beso hecho flor... Un hijo... ¡Un fragante, fuerte y dulce lazo! Me parece verlo sobre tu regazo palpitando ya; y miro moverse con pueril empeño las pequeñas manos de nuestro pequeño, como si quisieran sujetar el sueño 1 que llega y se va... En el agua fresca de nuestras ternuras mojará las alas de sus travesuras como una paloma que aprende a volar; y será violento, loco y peregrino, y amará igualmente la mujer y el vino, y el cielo y el mar. Con la sed amarga de la adolescencia beberá en la fuente turbia de la ciencia; y, tierno cantor, irá por el mundo, con su lira al hombro, dejando un reguero de rosas de asombro y un áureo fulgor... Cruzará al galope la árida llanura, pálido de ensueño, loco de aventura y ebrio de ideal; y, en su desvarío de viajes remotos, volverá algún día con los remos rotos, trayendo en los labios un sabor de sal. Caminante absurdo, de caminos muertos pasará su sombra sobre los desiertos, en una infinita peregrinación; y su alucinada pupila inconforme verá en su destino gravada una enorme interrogación. Pero será inútil su tenaz andanza, persiguiendo un sueño que jamás se alcanza... Y ha de ser así, pues no hallará nunca, como yo, la meta de todas sus ansias de hombre y poeta; 2 porque en las mujeres de su vida inquieta no hallará ninguna parecida a ti... Que tú eres la rosa de una sola vida, la rosa que nadie verá repetida, porque al deshojarse secará el rosal; y, como en el mundo ya no habrá esa rosa, él irá en su larga búsqueda infructuosa, en pos de una igual.
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El hijo del sueño
Un hijo... ¿Tú sabes, tú sientes qué es eso? Ver nacer la vida del fondo de un beso, por un inefable milagro de amor; un beso que llene la cuna vacía, y que ingenuamente nos mire y sonría, un beso hecho flor... Un hijo... ¡Un fragante, fuerte y dulce lazo! Me parece verlo sobre tu regazo palpitando ya; y miro moverse con pueril empeño las pequeñas manos de nuestro pequeño, como si quisieran sujetar el sueño 1 que llega y se va... En el agua fresca de nuestras ternuras mojará las alas de sus travesuras como una paloma que aprende a volar; y será violento, loco y peregrino, y amará igualmente la mujer y el vino, y el cielo y el mar. Con la sed amarga de la adolescencia beberá en la fuente turbia de la ciencia; y, tierno cantor, irá por el mundo, con su lira al hombro, dejando un reguero de rosas de asombro y un áureo fulgor... Cruzará al galope la árida llanura, pálido de ensueño, loco de aventura y ebrio de ideal; y, en su desvarío de viajes remotos, volverá algún día con los remos rotos, trayendo en los labios un sabor de sal. Caminante absurdo, de caminos muertos pasará su sombra sobre los desiertos, en una infinita peregrinación; y su alucinada pupila inconforme verá en su destino gravada una enorme interrogación. Pero será inútil su tenaz andanza, persiguiendo un sueño que jamás se alcanza... Y ha de ser así, pues no hallará nunca, como yo, la meta de todas sus ansias de hombre y poeta; 2 porque en las mujeres de su vida inquieta no hallará ninguna parecida a ti... Que tú eres la rosa de una sola vida, la rosa que nadie verá repetida, porque al deshojarse secará el rosal; y, como en el mundo ya no habrá esa rosa, él irá en su larga búsqueda infructuosa, en pos de una igual.
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Juan, aquel militar de tres abriles, Que con gorra y fusil sueña en ser hombre, Y que ha sido en sus guerras infantiles Un glorioso heredero de mi nombre; Ayer, por tregua al belicoso juego, Dejando en un rincón la espada quieta, Tomó por voluntad, no a sangre y fuego, Mi mesa de escribir y mi gaveta. Allí guardo un laurel, y viene al caso Repetir lo que saben mis testigos: Esa corona de oropel y raso La debo, no a la gloria, a mis amigos. Con sus manos pequeñas y traviesas, Desató el niño, de la verde guía, El lazo tricolor en que hay impresas Frases que él no descifra todavía. Con la atención de un ser que se emociona Miró las hojas con extraño gesto, Y poniendo en mis manos la corona, Me preguntó con intención: -«¿Qué es esto?» -«Esto es -repuse- el lauro que promete La gloria al genio que en su luz inunda...» -«¿Y por qué lo tienes?»                                       -Por juguete, Le respondió mi convicción profunda. Viendo la forma oval, pronto el objeto Descubre el niño, de la noble gala; Se la ciñe, faltándome al respeto Y hecho un héroe se aleja por la sala. ¡Qué hermosa dualidad! Gloria y cariño Con su inocente acción enlazó ufano, Pues con el lauro semejaba el niño Un diminuto emperador romano. Hasta creí que de su faz severa Irradiaban celestes resplandores, Y que anhelaba en su imperial litera Ir al Circo a buscar los gladiadores. Con su nuevo disfraz quedé asombrado (No extrañéis en un padre estos asombros), Y corrí por un trapo colorado Que puse y extendí sobre sus hombros. Mirélo así con cándido embeleso, Me transformé en su esclavo humilde y rudo, Y -«¡Ave César!- le dije, dame un beso, ¡Yo que muero de penas, te saludo!» -«¿César?»- me preguntó lleno de susto Y yo sintiendo que su amor me abrasa, -«¡César!» -le respondí- «César Augusto De mi honor, de mi honra y de mi casa» Quitéle el manto, le volví la espada, Recogí mi corona de poeta, Y la guardé, deshecha y empolvada, En el fondo sin luz de mi gaveta.
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César en casa
Juan, aquel militar de tres abriles, Que con gorra y fusil sueña en ser hombre, Y que ha sido en sus guerras infantiles Un glorioso heredero de mi nombre; Ayer, por tregua al belicoso juego, Dejando en un rincón la espada quieta, Tomó por voluntad, no a sangre y fuego, Mi mesa de escribir y mi gaveta. Allí guardo un laurel, y viene al caso Repetir lo que saben mis testigos: Esa corona de oropel y raso La debo, no a la gloria, a mis amigos. Con sus manos pequeñas y traviesas, Desató el niño, de la verde guía, El lazo tricolor en que hay impresas Frases que él no descifra todavía. Con la atención de un ser que se emociona Miró las hojas con extraño gesto, Y poniendo en mis manos la corona, Me preguntó con intención: -«¿Qué es esto?» -«Esto es -repuse- el lauro que promete La gloria al genio que en su luz inunda...» -«¿Y por qué lo tienes?»                                       -Por juguete, Le respondió mi convicción profunda. Viendo la forma oval, pronto el objeto Descubre el niño, de la noble gala; Se la ciñe, faltándome al respeto Y hecho un héroe se aleja por la sala. ¡Qué hermosa dualidad! Gloria y cariño Con su inocente acción enlazó ufano, Pues con el lauro semejaba el niño Un diminuto emperador romano. Hasta creí que de su faz severa Irradiaban celestes resplandores, Y que anhelaba en su imperial litera Ir al Circo a buscar los gladiadores. Con su nuevo disfraz quedé asombrado (No extrañéis en un padre estos asombros), Y corrí por un trapo colorado Que puse y extendí sobre sus hombros. Mirélo así con cándido embeleso, Me transformé en su esclavo humilde y rudo, Y -«¡Ave César!- le dije, dame un beso, ¡Yo que muero de penas, te saludo!» -«¿César?»- me preguntó lleno de susto Y yo sintiendo que su amor me abrasa, -«¡César!» -le respondí- «César Augusto De mi honor, de mi honra y de mi casa» Quitéle el manto, le volví la espada, Recogí mi corona de poeta, Y la guardé, deshecha y empolvada, En el fondo sin luz de mi gaveta.
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Personas que realmente son amistades Son las que ya ayudan en cualquier problema Las que siempre están ahí para apoyarte, las que sientas que te quieren como a tu hermano, las que se enojan cuando estás enojado, las que se deprimen cuando estás triste, las que se alegran por ti cuando estás feliz, las que saben cuando te pasa algo malo, las que no les importa si estén lejos o cerca porque siempre van a estar a tu lado ayudándote, son esas personas las que debes valorar y nunca dejar ese lazo de amistad, porque ellas son las que realmente las que te hacen ser tu, las que te hacen ser como eres, porque sin ellas serias una persona extremadamente diferente.
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Jun 21, 2017
Jun 21, 2017 at 2:00 AM UTC
Untitled
Somos los que son difíciles de entender; somos los que nos quedamos un instante más, para terminar de sentir los momentos. Nos detendremos a oler las flores, porque merecen ser apreciadas; nos detendremos a sentir la luz de la luna, porque es sutil, pero nosotros la sentimos. A veces, cuando algo nos duele, nos partimos y hundimos en el fondo; y nos damos cuenta de lo frágiles que podemos ser, pero siempre reafirmamos nuestra fortaleza al levantarnos nuevamente. Somos los que nos tomamos el tiempo de conocer lo que mantiene al otro despierto; y nos esforzamos por comprender esa respuesta. Somos los que imaginan vidas llenas de aventuras, en recíproca compañía. Los que damos nuestra mejor parte con la intención de hacer las cosas lo mejor que podamos. Los que peleamos por amar más al otro, hasta perdernos en el “yo más”. Deseamos vernos convertirnos en nuestra mejor versión, manteniendo el lazo en el proceso. Asegurarnos que siempre se sienta nuestro afecto. Y saber que en el otro somos un refugio. Somos una mirada cálida, una voz armoniosa, un tacto suave; una estructura sensible para que el otro juegue en libertad. Somos la calma que alguien más busca, en ese en el que buscamos la propia. Pocas personas pueden sentir como nosotros; y muy pocas pueden ser sentidas como nosotros, por ello somos exactamente quienes deberíamos de ser.
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Oct 22, 2019
Oct 22, 2019 at 11:59 AM UTC
Somos quienes debemos ser.
Amor secreto, gracia esclarecida, palor de luna en la apretada sombra; dulce se hace el labio que te nombra y albea de nuevo la agrisada vida. Nos torna a dar la rosa ya vencida ternura y mimo -vegetal paloma- y anda en cielo y en mar, vuelo y aroma, la cifra de la senda ya elegida. Se ata en la sangre indestructible lazo apretado en el sueño y el abrazo, por tibio pulso y realizada suerte. En sólo un cauce dos ardientes ríos. En campo ya de los luceros fríos, un solo ritmo y una sola muerte.
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Fusión
Lo palpable lo mórbido el conco fondo ardido los tanturbios las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne y sus pistilos núbiles contráctiles y sus anexos nidos los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto su mosto azul desnudo cada veta cada vena del sueño del eco de la sangre las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo y sus vaciados rostros y sus cauces hasta morder la tierra lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda cualquier estar en llaga los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa la estéril lela estela el microazar del germen del móvil del encuentro los entonces ya prófugos la busca en sí gratuita los mititos hasta ingerir la tierra todo modo poroso el pozo lato solo del foso inmerso adentro la sed de sed sectaria los finitos abrazos toda boca lo tanto el amor terco a todo el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor la lacra amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro hasta exhalar la tierra con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües sus convecinos muertos de memoria su luz de mies desnuda sus axilas de siesta y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes hasta el destete enteco hasta el destente neutro hasta morirla
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Hasta morirla
Lo palpable lo mórbido el conco fondo ardido los tanturbios las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne y sus pistilos núbiles contráctiles y sus anexos nidos los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto su mosto azul desnudo cada veta cada vena del sueño del eco de la sangre las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo y sus vaciados rostros y sus cauces hasta morder la tierra lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda cualquier estar en llaga los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa la estéril lela estela el microazar del germen del móvil del encuentro los entonces ya prófugos la busca en sí gratuita los mititos hasta ingerir la tierra todo modo poroso el pozo lato solo del foso inmerso adentro la sed de sed sectaria los finitos abrazos toda boca lo tanto el amor terco a todo el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor la lacra amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro hasta exhalar la tierra con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües sus convecinos muertos de memoria su luz de mies desnuda sus axilas de siesta y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes hasta el destete enteco hasta el destente neutro hasta morirla
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¡Oh vírgenes rebeldes y sumisas: convertidme en el fiel reclinatorio de vuestros codos y vuestras sonrisas y en la fragua sangrienta del holgorio en que quieren quemarse vuestras prisas!... ¡Oh botones baldíos en el huerto de una resignación llena de abrojos: lloráis un bien que, sin nacer, ha muerto, y a vuestra pura lápida concierto los fraternales llantos de mis ojos!... ¡Hermanas mías, todas, las que, contentas con el limpio daño de la virginidad, vais en las bodas celestes, por llevar sobre las finas y litúrgicas palmas y en el paño de la eterna Pasión, clavos y espinas; y vosotras también, las de la hoguera carnal en la vendimia y el chubasco, en el invierno y en la primavera; las del nítido viaje de Damasco y las que en la renuncia llana y lisa de la tarde, salís a los balcones a que beban la brisa los sexos, cual sañudos escorpiones! ¡El tiempo se desboca; el torbellino os arrastra al fatal despeñadero de la Muerte; en las sombras adivino vuestro desnudo encanto volandero; y os quisieran ceñir mis manos fieles, por detener vuestra caída oscura con un lúbrico lazo de claveles lazado a cada virginal cintura! ¡Vírgenes fraternales: me consumo en el álgido, afán de ser el humo que se alza en vuestro aceite a hora y a deshora, y de encarnar vuestro primer deleite cuando se filtra la modesta aurora, por la jactancia de la bugambilia, en las sábanas de vuestra vigilia!
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A las vírgenes
Traiga cuentos la guitarra de cuando el fierro brillaba, cuentos de truco y de taba, de cuadreras y de copas, cuentos de la Costa Brava y el Camino de las Tropas. Venga una historia de ayer que apreciarán los más lerdos; el destino no hace acuerdos y nadie se lo reproche- ya estoy viendo que esta noche vienen del Sur los recuerdos. Velay, señores, la historia de los hermanos Iberra, hombres de amor y de guerra y en el peligro primeros, la flor de los cuchilleros y ahora los tapa la tierra. Suelen al hombre perder la soberbia o la codicia: también el coraje envicia a quien le da noche y día- el que era menor debía más muertes a la justicia. Cuando Juan Iberra vio que el menor lo aventajaba, la paciencia se le acaba y le armó no sé qué lazo le dio muerte de un balazo, allá por la Costa Brava. Sin demora y sin apuro lo fue tendiendo en la vía para que el tren lo pisara. El tren lo dejó sin cara, que es lo que el mayor quería. Así de manera fiel conté la historia hasta el fin; es la historia de Caín que sigue matando a Abel.
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Milonga de dos hermanos
Aquí también. Aquí, como en el otro confín del continente, el infinito campo en que muere solitario el grito; aquí también el indio, el lazo, el potro. Aquí también el pájaro secreto que sobre los fragores de la historia canta para una tarde y su memoria; aquí también el místico alfabeto de los astros, que hoy dictan a mi cálamo nombres que el incesante laberinto de los días no arrastra: San Jacinto y esas otras Termópilas, el Álamo. Aquí también esa desconocida y ansiosa y breve cosa que es la vida.
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Texas
Me he ceñido toda con un manto ***** Estoy toda pálida, la mirada extática. Y en los ojos tengo partida una estrella. ¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática! Ya ves que no luzco siquiera una joya, Ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias. Y hasta me he quitado las hebillas ricas De las correhuelas de mis dos sandalias. Mas soy esta noche, sin oros ni sedas, Esbelta y morena como un lirio vivo. Y estoy toda ungida de esencias de nardos. Y soy toda suave bajo el manto esquivo. Y en mi boca pálida florece ya el trémulo Clavel de mi beso que aguarda tu boca. Y a mis manos largas se enrosca el deseo como una invisible serpentina loca. ¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme, amante! Bajo tu mirada surgiré como una Estatua vibrante sobre un plinto ***** Hasta el que se arrastra, como un can, la luna.
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La cita
¡Oh, que frustración!— hoy, creo que eres un capricho. Ayer, era tan grave e importante hablarte para destruir el silencio que causé, y mañana seguramente estaré convencido que no tienes ninguna importancia en mi vida. Que frustración; he aquí mi solución: Me cocí los labios para nunca hablar de ti, y las manos para nunca escribir de ti. Me he amarrado un laso en la cabeza para taparme los ojos; pero ah, que frustración, con cada solución se me presenta otro problema. He aquí los problemas que ahora tengo: Los labios que me cocí no me dejan cantar, así que ahora paso el día entero escuchando música, pero resulta que todas las canciones del mundo se tratan de ti. Las manos que me cocí juntas no me dejan escribir, y- quizás entenderás- así es como rezo. Pero ahora con las manos juntas, solo puedo rezarle a un dios. Pero resulta que no hay un ser más grande que tú. Y es cierto que con este lazo tapándome los ojos, ya no te voy a ver; pero en esta oscuridad, inevitablemente, eventualmente, siempre me duermo, y en mis sueños te apareces. Y cuando te veo- oh, que frustración- nunca quiero cerrar mis ojos.
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Mar 18, 2020
Mar 18, 2020 at 6:14 AM UTC
Las Frustraciónes De Un Poeta