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"irritado" poems
Y el Alma se asustó a las cinco de aquella tarde azul desteñida. El labio entre los linos la imploró con pucheros de novio para su prometida. El Pensamiento, el gran General se ciñó de una lanza deicida. El Corazón danzaba; más, luego sollozó: la bayadera esclava estaba herida? Nadal Fueron los tigres que la dan por correr a apostarse en aquel rincón, y tristes ver 'los ocasos, que llegan desde Atenas. No habrá remedio para este hospital de nervios, para el gran campamento irritado de este atardecer) Y el General escruta volar siniestras penas allá ................................ en el desfiladero de mis nervios!
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En las tiendas griegas
Sí, me quieres... Es cierto. ¡Qué amable!... ¡Muy amable! Pero hay días -lo sabes-, te lo digo sin riña, En que, cansado, siento que me pongo irritable Al verte que haces cosas como si fueras niña. Risas y chanzas siempre... Todo eso es agradable, Todo eso nos encanta: nunca te lo he negado, Pero en la vida humana jamás eso ha bastado. Quizá no es nada, pero... mal ahora me siento, Y a ti no se te oculta que me encuentro enervado; y hasta llorar podría,  sin motivo, al momento. Cállate, pues. Te agitas. Y de hablar no has cesado. Tu voz de pajarito me irrita y me hace mal. ¿El forro de tu capa no te gustó tal vez? De esas cosas no entiendo. Todo eso me es igual… ¿Y por qué esas miradas de tragedia esta vez? Te digo francamente que no estoy enojado. No creas que esto es cólera ¡No!... ¡No!... Te explicaré. Nada te he dicho ahora con acento irritado. Tengo ataque de nervios. ¿Quieres saber por qué? ¡Dios mío! ¡Es este tiempo!... Más no encuentro manera de explicarte. Es fatiga, y un fastidio tenaz. Pero, por hoy siquiera, Óyeme: deja un poco tus sombreros en paz.
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Nervios
Su vuelo el Caballero para en la bullidora espuma, ya vencidos el monstruo y la Medusa; manando baba y sangre, entre mezcla difusa, lleva asida a la virgen, rubia como la aurora. Sobre el corcel divino, que entre la mar sonora piafa, salta y relincha, y proseguir rehúsa, a la Amada coloca, que en sus brazos, confusa, a su vez le sonríe, y se lamenta y llora. La abraza. El agua inquieta, bajo la luz radiante, los envuelve. Ella, en tanto, en la grupa guarece sus bellos pies, que huyendo besa una ola errante. Más Pegaso, al azote de una onda, irritado, se alza al oír el grito del Héroe, y estremece, de un salto, con sus alas, el cielo deslumbrado.
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Perseo y andrómeda