Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"inquietud" poems
Ya se abre el palacio de ébano de la noche, y salen en tropel los pajes de los sueños, a ilusionar los ojos de la virgen dormida y a ungir con miel la urna de su boca sin besos… Yo, espero en la alta noche. No sé qué es lo que viene, ni qué ansiedad me azota, ni siquiera qué espero… No hay más rumor que el tímido de algún mueble que cruje, ni más luz que el de un astro que se mira en mi espejo… Ya todos los amantes dormirán abrazados, a un lado las revueltas sabanas, y en sus nervios estará ardiendo aún la caricia postrera, que dejó acaso trunca la llegada del sueño… Yo me siento muy solo en la alta noche. Solo cual si estuviera en medio de algún vasto desierto. Yo solamente escucho lo que dice la noche; yo solamente sueño con los ojos abiertos… Ya en sus cunas rosadas, sonrisa tras sonrisa, entre sueños, los niños revivirán sus juegos; **** cuerda a sus trompos y rodarán sus arcos, y beberán el néctar de los besos maternos… Yo espero en la alta noche. No sé qué es lo que viene, ni qué inquietud me abruma, ni siquiera qué espero… Yo solamente miro los ángeles que pasan, con sus alas tan blancas, con sus ojos tan tiernos… Ya en los antros hediondos, soñando, los malvados se ven tras fuertes rejas, como animales fieros, o ante la pavorosa silueta del patíbulo, entre antorchas y armas y embozados de ***** Yo me encuentro muy solo, muy solo en la alta noche, oyendo el rechinar de los dientes del Miedo, cuando cruzan las sombras de los ajusticiados y aúlla el ***** can de los remordimientos… Ya dormirán las bestias… y si ellas también sueñan, soñarán en que tienen un amo más benévolo, o en galopes fantásticos, o en cópulas violentas, o en baños en el río, o en festines de pienso… Yo estoy solo en la noche, como superviviente de una inmensa catástrofe de todo el Universo, viendo a las pesadillas, cual monstruosas arañas, tejer torturas entre gajos del silencio… Yo estoy profundamente solo en la alta noche, cual si estuviera en medio de algún vasto desierto, viendo el desfile torvo de los ángeles malos y el vuelo musical de los ángeles buenos… Yo solamente escucho lo que dice la noche; yo solamente sueño con los ojos abiertos!…
0
1.4k
Poema de la medianoche
Ya se abre el palacio de ébano de la noche, y salen en tropel los pajes de los sueños, a ilusionar los ojos de la virgen dormida y a ungir con miel la urna de su boca sin besos… Yo, espero en la alta noche. No sé qué es lo que viene, ni qué ansiedad me azota, ni siquiera qué espero… No hay más rumor que el tímido de algún mueble que cruje, ni más luz que el de un astro que se mira en mi espejo… Ya todos los amantes dormirán abrazados, a un lado las revueltas sabanas, y en sus nervios estará ardiendo aún la caricia postrera, que dejó acaso trunca la llegada del sueño… Yo me siento muy solo en la alta noche. Solo cual si estuviera en medio de algún vasto desierto. Yo solamente escucho lo que dice la noche; yo solamente sueño con los ojos abiertos… Ya en sus cunas rosadas, sonrisa tras sonrisa, entre sueños, los niños revivirán sus juegos; **** cuerda a sus trompos y rodarán sus arcos, y beberán el néctar de los besos maternos… Yo espero en la alta noche. No sé qué es lo que viene, ni qué inquietud me abruma, ni siquiera qué espero… Yo solamente miro los ángeles que pasan, con sus alas tan blancas, con sus ojos tan tiernos… Ya en los antros hediondos, soñando, los malvados se ven tras fuertes rejas, como animales fieros, o ante la pavorosa silueta del patíbulo, entre antorchas y armas y embozados de ***** Yo me encuentro muy solo, muy solo en la alta noche, oyendo el rechinar de los dientes del Miedo, cuando cruzan las sombras de los ajusticiados y aúlla el ***** can de los remordimientos… Ya dormirán las bestias… y si ellas también sueñan, soñarán en que tienen un amo más benévolo, o en galopes fantásticos, o en cópulas violentas, o en baños en el río, o en festines de pienso… Yo estoy solo en la noche, como superviviente de una inmensa catástrofe de todo el Universo, viendo a las pesadillas, cual monstruosas arañas, tejer torturas entre gajos del silencio… Yo estoy profundamente solo en la alta noche, cual si estuviera en medio de algún vasto desierto, viendo el desfile torvo de los ángeles malos y el vuelo musical de los ángeles buenos… Yo solamente escucho lo que dice la noche; yo solamente sueño con los ojos abiertos!…
Continue reading...
47
Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción... Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, nunca sabremos nada... ¿En qué grutas de islas misteriosas arrullaron los Números tu sueño? ¿Quién me da los carbones irreales de mi ardiente pasión, y la resina que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Qué voz suave, que ansiedad divina tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacío, cual fracasan los bólidos nocturnos en el fondo del mar; toda pregunta vuelve a nosotros trémula y fallida, como del choque en el cantil fragoso la flecha por el arco despedida. Hermano mío, en el impulso errante, nunca sabremos nada... Y sin embargo... ¿Qué mística influencia vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante? ¿Quién prende a nuestros hombros manto real de púrpuras gloriosas, y quién a nuestras llagas viene y las unge y las convierte en rosas? Tú, que sobre las hierbas reposabas de cara al cielo, dices de repente: -«La estrella de la tarde está encendida». Ávidos buscan su fulgor mis ojos a través de la bruma, y ascendemos por el hilo de luz... Un grillo canta en los repuestos musgos del cercado, y un incendio de estrellas se levanta en tu pecho, tranquilo ante la tarde, y en mi pecho en la tarde sosegado...
0
1.3k
La estrella de la tarde
Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción... Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, nunca sabremos nada... ¿En qué grutas de islas misteriosas arrullaron los Números tu sueño? ¿Quién me da los carbones irreales de mi ardiente pasión, y la resina que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Qué voz suave, que ansiedad divina tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacío, cual fracasan los bólidos nocturnos en el fondo del mar; toda pregunta vuelve a nosotros trémula y fallida, como del choque en el cantil fragoso la flecha por el arco despedida. Hermano mío, en el impulso errante, nunca sabremos nada... Y sin embargo... ¿Qué mística influencia vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante? ¿Quién prende a nuestros hombros manto real de púrpuras gloriosas, y quién a nuestras llagas viene y las unge y las convierte en rosas? Tú, que sobre las hierbas reposabas de cara al cielo, dices de repente: -«La estrella de la tarde está encendida». Ávidos buscan su fulgor mis ojos a través de la bruma, y ascendemos por el hilo de luz... Un grillo canta en los repuestos musgos del cercado, y un incendio de estrellas se levanta en tu pecho, tranquilo ante la tarde, y en mi pecho en la tarde sosegado...
Continue reading...
52
He mordido manzanas y he besado tus labios. Me he abrazado a los pinos olorosos y negros. Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre. He huroneado en la selva milenaria de cedros Que cruza la pradera como una sierpe grave, Y he corrido por todos los pedrosos caminos Que ciñen como fajas la ventruda montaña. ¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua! ¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría! Ha de llegar un día en que he de estarme quieta,             ¡Ay, por siempre, por siempre! Con las manos cruzadas y apagados los ojos, Con los oídos sordos y con la boca muda, Y los pies andariegos en reposo perpetuo             Sobre la tierra negra. ¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa En la grieta obstinada de mis labios cerrados! Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré. Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar. Me iré desmenuzando en quietud y en silencio             Bajo la tierra negra, Mientras encima mío se oirá zumbar la vida             Como una abeja ebria. ¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento             Fugitivo e inquieto! ¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca             Se te oprima a los labios! Después será ceniza sobre la tierra negra.
0
1.1k
La inquietud fugaz
Ahora contaremos doce y nos quedamos todos quietos. Por una vez sobre la tierra no hablemos en ningún idioma, por un segundo detengámonos, no movamos tanto los brazos. Sería un minuto fragante, sin prisa, sin locomotoras, todos estaríamos juntos en un inquietud instantánea. Los pescadores del mar frío no harían daño a las ballenas y el trabajador de la sal miraría sus manos rotas. Los que preparan guerras verdes, guerras de gas, guerras de fuego, victorias sin sobrevivientes, se pondrían un traje puro y andarían con sus hermanos por la sombra, sin hacer nada. No se confunda lo que quiero con la inacción definitiva: la vida es sólo lo que se hace, no quiero nada con la muerte. Si no pudimos ser unánimes moviendo tanto nuestras vidas, tal vez no hacer nada una vez, tal vez un gran silencio pueda interrumpir esta tristeza, este no entendernos jamás y amenazarnos con la muerte, tal vez la tierra nos enseñe cuando todo parece muerto y luego todo estaba vivo. Ahora contaré hasta doce y tú te callas y me voy.
0
1k
A callarse
Está en la sala familiar, sombría, y entre nosotros, el querido hermano que en el sueño infantil de un claro día vimos partir hacia un país lejano.Hoy tiene ya las sienes plateadas, un gris mechón sobre la angosta frente, y la fría inquietud de sus miradas revela un alma casi toda ausente.Deshójanse las copas otoñales del parque mustio y viejo.  La tarde, tras los húmedos cristales, se pinta, y en el fondo del espejo.El rostro del hermano se ilumina suavemente. ¿Floridos desengaños dorados por la tarde que declina? ¿Ansias de vida nueva en nuevos años?¿Lamentará la juventud perdida? Lejos quedó -la pobre loba- muerta. ¿La blanca juventud nunca vivida teme, que ha de cantar ante su puerta?¿Sonríe el sol de oro de la tierra de un sueño no encontrada; y ve su nave hender el mar sonoro, de viento y luz la blanca vela hinchada?Él ha visto las hojas otoñales, amarillas, rodar, las olorosas ramas del eucalipto, los rosales que enseñan otra vez sus blancas rosasY este dolor que añora o desconfía el temblor de una lágrima reprime, y un resto de viril hipocresía en el semblante pálido se imprime.Serio retrato en la pared clarea todavía. Nosotros divagamos. En la tristeza del hogar golpea el tictac del reloj. Todos callamos.
0
1k
El viajero
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
0
898
Acuarimántima ii
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
Continue reading...
49
No saben. ¡Perdonadlos! No saben lo que han hecho, lo que hacen, por qué matan, por qué hieren las piedras, masacran los paisajes... No saben. No lo saben... No saben por qué mueren. Se nutren, se han nutrido de hediondas imposturas, de cancerosos miasmas, de vocablos sin pulpa, sin carozo, sin jugo, de negras reses de humo, de canciones en pasta, de pasionales sombras con voces de ventrílocuo. Viven entre lo fétido, una inquietud de orzuelo, de vejiga pletórica, de urticaria florida que cultiva el ayuno, el sudor estancado, la iniquidad encinta. No creen. No creen en nada más que en el moco hervido. en el ideal, chirriante, de las aplanadoras, en las agrias arcadas que atormentan al éter, en todas las mentiras que engendran las matrices de plomo derretido el papel embobado y en bobina. Son blandos, son de sebo, de corrompido sebo triturado por engranajes sádicos, por ruidos asesinos, por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo, para hundirles sus uñas de raíces cuadradas y dotarlos de un alma de trapo de cocina. Sólo piensan en cifras, en fórmulas, en pesos, en sacarle provecho hasta a sus excrementos. Escupen las veredas, escupen los tranvías, para eludir las horas y demostrar que existen. No pueden rebelarse. Los empuja la inercia, el terror, el engaño, las plumas sobornadas, los consorcios sin **** que ha parido la usura y que nunca se sacian de fabricar cadáveres. Se niegan al coloquio del agua con las piedras. Ignoran el misterio del gusano, del aire. Ven las nubes, la arena, y no caen de rodillas. No quedan deslumbrados por vivir entre venas. Sólo buscan la dicha en las suelas de goma. Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo. Son capaces de todo con tal de no escucharse, con tal de no estar solos. ¿Cómo, cómo sabrían lo que han hecho, lo que hacen? ¿Algo tiene de extraño que deserten del asco, de la hiel, del cansancio? Sólo puede esperarse que defiendan el plomo, que mueran por el guano, que cumplan la proeza de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo, para que el hambre extienda sus tapices de esparto y desate su bolsa ahíta de calambres. Son ferozmente crueles. Son ferozmente estúpidos... pero son inocentes. ¡Hay que compadecerlos!
0
840
Hay que compadecerlos
No saben. ¡Perdonadlos! No saben lo que han hecho, lo que hacen, por qué matan, por qué hieren las piedras, masacran los paisajes... No saben. No lo saben... No saben por qué mueren. Se nutren, se han nutrido de hediondas imposturas, de cancerosos miasmas, de vocablos sin pulpa, sin carozo, sin jugo, de negras reses de humo, de canciones en pasta, de pasionales sombras con voces de ventrílocuo. Viven entre lo fétido, una inquietud de orzuelo, de vejiga pletórica, de urticaria florida que cultiva el ayuno, el sudor estancado, la iniquidad encinta. No creen. No creen en nada más que en el moco hervido. en el ideal, chirriante, de las aplanadoras, en las agrias arcadas que atormentan al éter, en todas las mentiras que engendran las matrices de plomo derretido el papel embobado y en bobina. Son blandos, son de sebo, de corrompido sebo triturado por engranajes sádicos, por ruidos asesinos, por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo, para hundirles sus uñas de raíces cuadradas y dotarlos de un alma de trapo de cocina. Sólo piensan en cifras, en fórmulas, en pesos, en sacarle provecho hasta a sus excrementos. Escupen las veredas, escupen los tranvías, para eludir las horas y demostrar que existen. No pueden rebelarse. Los empuja la inercia, el terror, el engaño, las plumas sobornadas, los consorcios sin **** que ha parido la usura y que nunca se sacian de fabricar cadáveres. Se niegan al coloquio del agua con las piedras. Ignoran el misterio del gusano, del aire. Ven las nubes, la arena, y no caen de rodillas. No quedan deslumbrados por vivir entre venas. Sólo buscan la dicha en las suelas de goma. Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo. Son capaces de todo con tal de no escucharse, con tal de no estar solos. ¿Cómo, cómo sabrían lo que han hecho, lo que hacen? ¿Algo tiene de extraño que deserten del asco, de la hiel, del cansancio? Sólo puede esperarse que defiendan el plomo, que mueran por el guano, que cumplan la proeza de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo, para que el hambre extienda sus tapices de esparto y desate su bolsa ahíta de calambres. Son ferozmente crueles. Son ferozmente estúpidos... pero son inocentes. ¡Hay que compadecerlos!
Continue reading...
90
Y fui después un numen transitorio, sombra y canción en la embriagante tierra, un sino raro y un deleite raro. Ya el crepúsculo estivo el día cierra y lejos brilla un tenebroso faro. La dama de cabellos encendidos fecunda con mi sangre sus huertos prohibidos. Y una inquietud frenética y gozosa mi paz, mi sueño, mi vigor consume, y un huracán mi plenitud doblega. ¡Soy esa sombra que cruzó el camino, en sangre tinta… de lujuria ciega! Soy esa sombra pávida, cautiva de un gran misterio en el Misterio oculto. Huella la flor azul pata lasciva de cabrón ***** y el divino himnario sella Satán con sellos de su culto. Mi pena errante con mi vino loco en el turbión del vicio la sepulto. Soy huésped de garitos y tabernas. Disputo al "puede ser" un pan ingrato; y dejo que mi carne, ruïn loba de lúgubres anhelos arrecida, se me abandone al logro del deleite, desnuda en la impudicia de la vida. Entúrbiase la clara inteligencia. La idea afluye en nieblas ondulantes. Es el goce monótona frecuencia: igual en el deliquio y el suspiro... ¡Dadme un beso, un contacto y una esencia, una sensualidad de nuevo giro!
0
770
Acuarimántima vi
El rosal en su inquieto modo de florecer va quemando la savia que alimenta su ser. ¡Fijaos en las rosas que caen del rosal: Tantas son que la planta morirá de este mal! El rosal no es adulto y su vida impaciente se consume al dar flores precipitadamente.
0
695
La inquietud del rosal
Alguna vez recuerdo ciertas noches de junio de aquel año, casi borrosas, de mi adolescencia (era en mil novecientos me parece cuarenta y nueve) porque en ese mes sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña lo mismo que el calor que empezaba,                                                                           nada más que la especial sonoridad del aire y una disposición vagamente afectiva. Eran las noches incurables                                                         y la calentura. Las altas horas de estudiante solo y el libro intempestivo junto al balcón abierto de par en par (la calle recién regada desaparecía abajo, entre el follaje iluminado) sin un alma que llevar a la boca. Cuántas veces me acuerdo de vosotras, lejanas noches del mes de junio, cuántas veces me saltaron las lágrimas, las lágrimas por ser más que un hombre, cuánto quise morir             o soñé con venderme al diablo, que nunca me escuchó.                                               Pero también la vida nos sujeta porque precisamente no es como la esperábamos.
0
693
Noches del mes de junio
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
0
735
Acuarimántima viii
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
Continue reading...
55
Dios te perdone al fin tanta tortura: bien que a tu mano la movió el despecho y daga fina hundísteme en el pecho, que no te sea la existencia dura. Que una vez más conozca la amargura importa poco; el corazón deshecho aprende más con su impiedad. Bien hecho; gracias, amigo, que esto me depura. Iba teniendo una sospecha vaga de que la llama del placer se apaga poquito a poco en el camino humano. Temblaba acaso por su leve abrigo, pero inquietud me ahorras, buen amigo, que de un golpe la ciegas con tu mano.
0
670
Conversación
Alarga el día en matinal hilera tibias manchas de sol por la ciudad. Se adivina casi la primavera, como si descendiera en lentas ráfagas de claridad. La luz, la luz sumisa (si no fuera la luz, la llamaran sonrisa) al trepar en los muros, por ligera, dibuja la imprecisa ilusión de una blanda enredadera. ¡Ondula, danza y trémula se irisa! Y la ciudad, con íntimo candor, bajo el rudo metal de una campana despierta a la inquietud de la mañana, y en gajos de color se deshilvana. Pero puso el Señor, a lo largo del día, esencias de dolor y agudo clavo de melancolía. Porque la claridad, al descender en giros de canción, enciende una alegría de mujer en el espejo gris del corazón. Si ayer vimos la luna, desleída sobre un alto silencioso de montañas... si ayer la vimos derramarse en una indulgencia de lámpara afligida, y duele desnatar en las pestañas el oro de la luna.
0
591
La luz sumisa
Al timón de un gallardo navío maniobra con manos prudentes un joven piloto. A través de la niebla trepida con pávido brío el metálico ritmo de un tañido remoto… Es la ronca campana marina, la inquietante campana, la campana de alarma que plañe en la costa lejana, al vaiven de la olas coléricas, su inquietud repentina. Suena, suena en la noche, vigilante campana costeña, revelando el acecho del escollo bravío; suena, suena con ímpetu, y despierta al piloto que sueña al timón de su débil navío! Pero el nauta inexperto no olvidó la prudencia en el puerto. Avizor, ambicioso y altivo -tres veces despierto-, oyó al punto, a lo lejos, la sonora advertencia. Y el ligero navío, de incontables tesoros repleto, bajo el sólido puño del piloto se inclina, y levanta la proa espumaste después, como un reto, mientras vibra más trémula y próxima la campana marina… Y el esplendido y noble navío se aleja ágilmente, y su blanco velamen gentil se destaca en la espesa y opaca neblina, eludiendo la rauda corriente, bajo el gélido azote de la racha inclemente, mientras hierve con sordo fragor la resaca... ............................................................................ Sí, Dios mio: ¡Se ha salvado un navío! Pero el orto navío inmortal, el navío inmortal que va a bordo de ese frágil navío, ¿Qué piloto es capaz de alejarlo del escollo fatal? Navío del alma, que ninguna bonanza sosiega; que en el tosco navío del cuerpo navegas en pos de una costa de luz que no llega: Navega, navío sin brújula, navega, navega, navega!, atento a la eterna y magnánima campana de Dios!
0
518
La campana marina
Al timón de un gallardo navío maniobra con manos prudentes un joven piloto. A través de la niebla trepida con pávido brío el metálico ritmo de un tañido remoto… Es la ronca campana marina, la inquietante campana, la campana de alarma que plañe en la costa lejana, al vaiven de la olas coléricas, su inquietud repentina. Suena, suena en la noche, vigilante campana costeña, revelando el acecho del escollo bravío; suena, suena con ímpetu, y despierta al piloto que sueña al timón de su débil navío! Pero el nauta inexperto no olvidó la prudencia en el puerto. Avizor, ambicioso y altivo -tres veces despierto-, oyó al punto, a lo lejos, la sonora advertencia. Y el ligero navío, de incontables tesoros repleto, bajo el sólido puño del piloto se inclina, y levanta la proa espumaste después, como un reto, mientras vibra más trémula y próxima la campana marina… Y el esplendido y noble navío se aleja ágilmente, y su blanco velamen gentil se destaca en la espesa y opaca neblina, eludiendo la rauda corriente, bajo el gélido azote de la racha inclemente, mientras hierve con sordo fragor la resaca... ............................................................................ Sí, Dios mio: ¡Se ha salvado un navío! Pero el orto navío inmortal, el navío inmortal que va a bordo de ese frágil navío, ¿Qué piloto es capaz de alejarlo del escollo fatal? Navío del alma, que ninguna bonanza sosiega; que en el tosco navío del cuerpo navegas en pos de una costa de luz que no llega: Navega, navío sin brújula, navega, navega, navega!, atento a la eterna y magnánima campana de Dios!
Continue reading...
40
En Cluny, Siglo XV.                                         Bajo álamos de plata sus aguas el Saona, rumoroso dilata por el lento deshielo. La mole ennegrecida de piedra, corta el llanto que despierta a la vida. En el parque, vagando, y humilde la mirada, las manos sobre el pecho y en la oración callada, pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla y como una armonía celeste al campo arrulla. Cielo tranquilo y diáfano.                                                   La quietud del convento a la plegaria incita y a hondo recogimiento. Las ventajas abiertas dan al jardin. Las rosas sonríen bajo errante vuelo de mariposas; y en las frondas, de nidos y de aves la algazara es saludo a la aurora, que surge azul y clara. En la amplia biblioteca, monje benedictino tiene abierto en la mesa borroso pergamino, donde paciente artista de tiempo muy lejano, al principiar capítulos, pintó con hábil mano, en grandes iniciales y con vivos colores, dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores. Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta, su palidez y el brillo de su pupila casta, y con su hábito blanco, parece el monje, efebo, del jardín ante el tibio primaveral renuevo Copia un códice antiguo; «Dafnis y Cloe».                                                                                     Aromas de los rosales suben y arrullos de palomas. Absorto escribe.                                         Y Cloe se yergue ante sus ojos, Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos, Así cual Longo un día radiante de verano La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano. Aromas, más aromas, va trayendo la brisa. Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia, Arrullos y rumores llenan la quieta estancia. Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece. En su naciente seno ya la vida florece; Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella, Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella. Sobre la mesa el monje pensativo se curva; Inquietud hasta entonces no sentida lo turba; Se alza rápido y torna a sentarse impaciente;· Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente, Y aromas... y un deseo el corazón le roe... Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe. De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana; Y sentado en la silla, pálido y sonreído, Se queda lentamente y en éxtasis dormido. En el silencio entonces, bajo el azul y el oro Del cielo, las campanas se oían; y en el coro Los monjes, en anhelo que del mal los liberte, Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.
0
600
Códice antiguo
En Cluny, Siglo XV.                                         Bajo álamos de plata sus aguas el Saona, rumoroso dilata por el lento deshielo. La mole ennegrecida de piedra, corta el llanto que despierta a la vida. En el parque, vagando, y humilde la mirada, las manos sobre el pecho y en la oración callada, pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla y como una armonía celeste al campo arrulla. Cielo tranquilo y diáfano.                                                   La quietud del convento a la plegaria incita y a hondo recogimiento. Las ventajas abiertas dan al jardin. Las rosas sonríen bajo errante vuelo de mariposas; y en las frondas, de nidos y de aves la algazara es saludo a la aurora, que surge azul y clara. En la amplia biblioteca, monje benedictino tiene abierto en la mesa borroso pergamino, donde paciente artista de tiempo muy lejano, al principiar capítulos, pintó con hábil mano, en grandes iniciales y con vivos colores, dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores. Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta, su palidez y el brillo de su pupila casta, y con su hábito blanco, parece el monje, efebo, del jardín ante el tibio primaveral renuevo Copia un códice antiguo; «Dafnis y Cloe».                                                                                     Aromas de los rosales suben y arrullos de palomas. Absorto escribe.                                         Y Cloe se yergue ante sus ojos, Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos, Así cual Longo un día radiante de verano La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano. Aromas, más aromas, va trayendo la brisa. Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia, Arrullos y rumores llenan la quieta estancia. Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece. En su naciente seno ya la vida florece; Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella, Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella. Sobre la mesa el monje pensativo se curva; Inquietud hasta entonces no sentida lo turba; Se alza rápido y torna a sentarse impaciente;· Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente, Y aromas... y un deseo el corazón le roe... Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe. De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana; Y sentado en la silla, pálido y sonreído, Se queda lentamente y en éxtasis dormido. En el silencio entonces, bajo el azul y el oro Del cielo, las campanas se oían; y en el coro Los monjes, en anhelo que del mal los liberte, Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.
Continue reading...
56
Cuando nada sucede, y el verano se ha ido, y las hojas comienzan a caer de los árboles, y el frío oxida el borde de los ríos y hace más lento el curso de las aguas; cuando el cielo parece un mar violento, y los pájaros cambian de paisaje, y las palabras se oyen cada vez más lejanas, como susurros que dispersa el viento; entonces, ya se sabe, es lo que pasa: esas hojas, los pájaros, las nubes, las palabras dispersas y los ríos, nos llenan de inquietud súbitamente y de desesperanza. No busquéis el motivo en vuestros corazones. Tan sólo es lo que dije: lo que pasa.
0
425
A veces, en octubre, es lo que pasa...
Cuando el mirlo, en lo verde nuevo, un día vuelve, y silba su amor, embriagado, meciendo su inquietud en fresco de oro, nos abre, ***** con su rojo pico, carbón vivificado por su ascua, un alma de valores armoniosos mayor que todo nuestro ser. No cabemos, por él, redondos, plenos, en nuestra fantasía despertada. (El sol, mayor que el sol, inflama el mar real o imajinario, que resplandece entre el azul frondor, mayor que el mar, que el mar.) Las alturas nos vuelcan sus últimos tesoros, preferimos la tierra donde estamos, un momento llegamos, en viento, en ola, en roca, en llama, al imposible eterno de la vida. La arquitectura etérea, delante, con los cuatro elementos sorprendidos, nos abre total, una, a perspectivas inmanentes, realidad solitaria de los sueños, sus embelesadoras galerías. La flor mejor se eleva a nuestra boca, la nube es de mujer, la fruta seno nos responde sensual. Y el mirlo canta, huye por lo verde, y sube, sale por lo verde, y silba, recanta por lo verde venteante, libre en la luz y la tersura, torneado alegremente por el aire, dueño completo de su placer doble; entra, vibra silbando, ríe, habla, canta... Y ensancha con su canto la hora parada de la estación viva. y nos hace la vida suficiente. ¡Eternidad, hora ensanchada, paraíso de lustror único, abierto a nosotros mayores, pensativos, por un ser diminuto que se ensancha! ¡Primavera, absoluta primavera, cuando el mirlo ejemplar, una mañana, enloquece de amor entre lo verde!
0
393
Mirlo fiel
Cuando el mirlo, en lo verde nuevo, un día vuelve, y silba su amor, embriagado, meciendo su inquietud en fresco de oro, nos abre, ***** con su rojo pico, carbón vivificado por su ascua, un alma de valores armoniosos mayor que todo nuestro ser. No cabemos, por él, redondos, plenos, en nuestra fantasía despertada. (El sol, mayor que el sol, inflama el mar real o imajinario, que resplandece entre el azul frondor, mayor que el mar, que el mar.) Las alturas nos vuelcan sus últimos tesoros, preferimos la tierra donde estamos, un momento llegamos, en viento, en ola, en roca, en llama, al imposible eterno de la vida. La arquitectura etérea, delante, con los cuatro elementos sorprendidos, nos abre total, una, a perspectivas inmanentes, realidad solitaria de los sueños, sus embelesadoras galerías. La flor mejor se eleva a nuestra boca, la nube es de mujer, la fruta seno nos responde sensual. Y el mirlo canta, huye por lo verde, y sube, sale por lo verde, y silba, recanta por lo verde venteante, libre en la luz y la tersura, torneado alegremente por el aire, dueño completo de su placer doble; entra, vibra silbando, ríe, habla, canta... Y ensancha con su canto la hora parada de la estación viva. y nos hace la vida suficiente. ¡Eternidad, hora ensanchada, paraíso de lustror único, abierto a nosotros mayores, pensativos, por un ser diminuto que se ensancha! ¡Primavera, absoluta primavera, cuando el mirlo ejemplar, una mañana, enloquece de amor entre lo verde!
Continue reading...
44
¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto, Tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto; Tanto, que este rictus que contrae mi boca Es un rastro extraño de mi risa loca. Tanto, que esta intensa palidez que tengo (Como en los retratos de viejo abolengo), Es por la fatiga de la loca risa Que en todo mis nervios su sopor desliza. ¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma; Pues, como la angustia, la alegría enferma. ¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste! ¿Cuándo más alegre que ahora me viste? ¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos, Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos, Si brilla en mis ojos la humedad del llanto, Es por el esfuerzo de reírme tanto...
0
363
Despecho
Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, donde empiezan tus ojos y termina las sombra. Y allá, bajos los puentes, iba cantando el río la inquietud que se olvida y el dolor que se nombra. Vivir es una ciencia, pero amar es un arte; y, puesto que quien ama va viviendo su muerte, nadie sabrá que un día te besé sin besarte, ni que te he poseído también, sin poseerte. Y supe que la nieve puede ser una brasa, aquella tibia noche de silencio y de seda, y que, antes que una nube fugitiva que pasa quiero ser en tu vida la raíz que se queda. Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, y la luna crecía, como si nos mirara, mientras junto a nosotros iba cantando el río todo lo que callábamos bajo la noche clara. El amor, que embellece todas las cosas bellas, sobrevive a las culpas, no a los reproches; y yo seré en tu vida como son las estrellas, que durarán brillando lo que duren las noches... Y amaré en tu sonrisa todo lo que tú amas, para que tus recuerdos se unan a mis olvidos, al igual que esos árboles que enlazaron sus ramas, y que unidos florecen hasta morir juntos. Es dulce ir en la noche con tu sueño y mi sueño y sentir que mí mano te besa si te toca; y es grande esta ternura de sentirse pequeño, cuando el sueño termina donde empieza tu boca. Y ver crecer la noche temblorosa de frío, en esta sofocante plenitud del verano, oyendo el melancólico monólogo del río que dice dulcemente lo que callas en vano. Y luego estar contento y a la vez triste, viendo pasar el agua sin que nunca este ausente, mujer que estas conmigo después que ya te fuiste, pues te vas y te quedas, igual que la corriente.
0
373
Segundo poema del río
Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, donde empiezan tus ojos y termina las sombra. Y allá, bajos los puentes, iba cantando el río la inquietud que se olvida y el dolor que se nombra. Vivir es una ciencia, pero amar es un arte; y, puesto que quien ama va viviendo su muerte, nadie sabrá que un día te besé sin besarte, ni que te he poseído también, sin poseerte. Y supe que la nieve puede ser una brasa, aquella tibia noche de silencio y de seda, y que, antes que una nube fugitiva que pasa quiero ser en tu vida la raíz que se queda. Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, y la luna crecía, como si nos mirara, mientras junto a nosotros iba cantando el río todo lo que callábamos bajo la noche clara. El amor, que embellece todas las cosas bellas, sobrevive a las culpas, no a los reproches; y yo seré en tu vida como son las estrellas, que durarán brillando lo que duren las noches... Y amaré en tu sonrisa todo lo que tú amas, para que tus recuerdos se unan a mis olvidos, al igual que esos árboles que enlazaron sus ramas, y que unidos florecen hasta morir juntos. Es dulce ir en la noche con tu sueño y mi sueño y sentir que mí mano te besa si te toca; y es grande esta ternura de sentirse pequeño, cuando el sueño termina donde empieza tu boca. Y ver crecer la noche temblorosa de frío, en esta sofocante plenitud del verano, oyendo el melancólico monólogo del río que dice dulcemente lo que callas en vano. Y luego estar contento y a la vez triste, viendo pasar el agua sin que nunca este ausente, mujer que estas conmigo después que ya te fuiste, pues te vas y te quedas, igual que la corriente.
Continue reading...
36
Siento tanto frio mi amor, más agradezco todo tu calor, gracias por acogerme en el dolor por amarme con paciencia y pasión. Siento mucha gratitud, contigo me siento en plenitud, te regalo mi juventud, vamos creciendo en amplitud, reemplazando la inquietud con certitud, aflojando la acritud, brindándonos en toda pulcritud, dejando el tumulto y las multitudes, las lasitudes y vicisitudes de la vida, entregarnos cada día, con respeto y valentía, en el cansancio y la apatía, abrazándonos en una banca de madera, reforzando nuestra entrega. Recordándonos que mientras lleguemos tú y yo a ese encuentro, la vida nos continuara sonriendo, porque tú y yo siempre podremos inventarnos otro suspiro, por este nuestro idilio de amor, abrazados en una banca de madera, rodeados por el olor de la tierra, con los pies firmes en suelo y nuestro amor volcando por los cielos. LeydisProse 1/29/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Jan 31, 2018
Jan 31, 2018 at 6:18 PM UTC
UNA BANCA DE MADERA
Esta inquietud... Esta inquietud. -¿Qué oscura Mano me dio la llama y la negrura De esta escondida esfervescencia loca Que en salobre sabor sube a mi boca? Esta inquietud, esta inquietud constante Que no calman los labios del amante... Mano larga hacia el astro, alma erguida hacia el cielo, Cuerpo de cal y escoria negado para el vuelo.... Ansiedad que no cuaja ni en capullo ni en brasa. Fuego invisible y vivo que sin ascuas abrasa... Alma en llaga: ¿qué fuente para tu sed reclamas? Ígnea raíz: ¿qué esperas para brotar en llamas?
0
331
Inquietud
A ver cómo es. Estaba quieta la inquietud por una vez. La desazón en sazón y ¡cómo se parecía el mundo a Gerarda envuelta en sensaciones de encaje! Las palabras chocan contra la tarde y no la descomponen y la furia no me deja solo conmigo. Hay mucha sombra militar que no me deja solo en la esquina donde Gerarda y yo decíamos "te soy" para decir "me soy", en vos, que te fuiste a vivir con los muertos. ¿Eso se hace? La primavera vive sin pensar, pero yo no soy la primavera, cuento huesos y sangre del sueño que vendrá. También nosotros soñamos sobre sangre que vendrá. En el revés del mundo crece el cosmos y Gerarda está allí, donde nuestro dolor será nada.
0
314
Certezas
¡Ah, fuente mía, espejo de la tarde, espejo, por la noche, de áureo cielo, espejo de mi cara en que no arde ya la encendida sangre del deseo! ¡Ah, fuente mía, gris para mi rostro tan denso de inquietud y desconsuelo, de valor de vivir, de fe que arrostro entre los ocres cardos de mi suelo! Fuente de ayer, azul; de ahora sin luces, que siempre mi alma de mujer traduces en tu líquida lámina tranquila. Sigues siendo callada, casi inerte. ¡Ay, esconde los osos de la muerte cuando avancen a herirme la pupila!
0
297
La fuente
De un gran «Te Deum» era el fausto día: Bolívar, Santander, Sucre adelante, Y con rico uniforme el ***** Infante», El primer uniforme que lucía. En su sillón, nervioso se veía, Y el sudor inundábale el semblante; Y era tal su inquietud en ese instante Que casi desmayarse parecía. «¿Qué tendrá?» preguntaban, él, valiente, Él, que en todo combate al ver al frente A un español, le grita: «¡Cepos quedos!» Y cuando estaba el Arzobispo alzando, Ambas botas quitose murmurando: «La libertad es buena hasta en los dedos».
0
287
El ***** infante