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De un gran «Te Deum» era el fausto día: Bolívar, Santander, Sucre adelante, Y con rico uniforme el ***** Infante», El primer uniforme que lucía. En su sillón, nervioso se veía, Y el sudor inundábale el semblante; Y era tal su inquietud en ese instante Que casi desmayarse parecía. «¿Qué tendrá?» preguntaban, él, valiente, Él, que en todo combate al ver al frente A un español, le grita: «¡Cepos quedos!» Y cuando estaba el Arzobispo alzando, Ambas botas quitose murmurando: «La libertad es buena hasta en los dedos».
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El ***** infante
De un gran «Te Deum» era el fausto día: Bolívar, Santander, Sucre adelante, Y con rico uniforme el ***** Infante», El primer uniforme que lucía. En su sillón, nervioso se veía, Y el sudor inundábale el semblante; Y era tal su inquietud en ese instante Que casi desmayarse parecía. «¿Qué tendrá?» preguntaban, él, valiente, Él, que en todo combate al ver al frente A un español, le grita: «¡Cepos quedos!» Y cuando estaba el Arzobispo alzando, Ambas botas quitose murmurando: «La libertad es buena hasta en los dedos».