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"infinitas" poems
…Los besos comenzaron leves, estructurados. Sus manos trazaban rutas en mi piel, deslizándose por mi pecho. Lo deseaba, lo quería dentro de mí y la idea de tenerlo me excitaba; me senté frente a él y con delicadeza tome su mano y puse dentro de mi ropa interior. Su dedo hizo contacto con mi piel humedecida, podía sentir como su respiración se aceleraba y se le endurecía. Dibujaba círculos en mi clítoris mientras me observaba; sonrisas coquetas se me escapaban mientras iba subiendo el ritmo y gemidos cuando lo sentía dentro de mí. Íbamos perdiendo el control, no importaba quien nos viera, quien me escuchara; su boca permanecía en la mía, rozándome la lengua de vez en cuando. Me había recostado entre medio de sus piernas, dejándole la libertad de explorar con su boca, contraía mis piernas en su espalda, podía ver la vida con los ojos cerrados. Aquello era delicioso, cuando se detuvo rozo su dedo dentro de mí y lo metió en mi boca, volvió a meter sus dedos dentro de mí mientras me dejaba huellas en los pezones. El mundo fue perdiendo sonido, la vista se me había ido y todo mi cuerpo estaba tenso, y húmedo. Al despertar yacía en sus brazos, completamente sudada pero él, a él le brotaba una sonrisa tierna y caprichosa. -Es una delicia verte así. Me encantas. -Eres una delicia y me encanta ser tuya infinitas veces.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 9:40 PM UTC
Viernes ******
bajo la aparente obscuridad, el rojo nacarado de tus labios, me otorgo tu luz entre los mustios y ciegos besos de fuego, tu absorbiste mi obscuridad no hubo magia, fue, solo eso, dos entes oscuros, absorbiendo luz, una bestia con cabeza de loewe, azolado y atormentado, por su dolor. entre la perdida y el desdén, y con el deseo, pegados en su piel. la luz en la oscuridad absoluta, años buscando esa piel de seda, aquellos labios dulces como miel esos labios sedosos y olorosos, de una sombra hermosa,  una leona en la oscuridad y quien sabrá, solo la oscuridad, sobre esa piel de seda, que otorgo luz en una noche oscura. un loewe cualquiera, el descendiente, perdido, buscando la manera, y aquella piel de seda, de  miel oro y fuego. un *** perdido en la sombra, buscando aquella piel de seda, que como gracia divina, o como favor de dioses amigos. me encontró,  atrapo y amo en la sombra, justo antes del amanecer, dando vida, al corazón ennegrecido y el influjo de vida, de fuerza, para resistir a mis embates, controlándose tierna mente sin asustarse de mis rugidos, solo el fuego hermoso que me dio con sus labios nacarados con sus labios de mujer, una fiera hermosa con piel de seda, perfumada, y hermosa, una musa en la sombra resistiendo tierna mente a los embates, de la bestia sedienta de su **** de su sangre besando su piel milímetro a milímetro. aquella sombra hermosa, con piel de seda labios nacarados, resistió, aunque solo deseaba yacer junto a esta bestia, sedienta de su cuerpo, sus labios,sus piernas infinitas, su **** de muer hermosa, la bella y dulce leoncilla, que fue mía en la oscuridad.
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Nov 10, 2015
Nov 10, 2015 at 10:45 PM UTC
en la oscuridad
bajo la aparente obscuridad, el rojo nacarado de tus labios, me otorgo tu luz entre los mustios y ciegos besos de fuego, tu absorbiste mi obscuridad no hubo magia, fue, solo eso, dos entes oscuros, absorbiendo luz, una bestia con cabeza de loewe, azolado y atormentado, por su dolor. entre la perdida y el desdén, y con el deseo, pegados en su piel. la luz en la oscuridad absoluta, años buscando esa piel de seda, aquellos labios dulces como miel esos labios sedosos y olorosos, de una sombra hermosa,  una leona en la oscuridad y quien sabrá, solo la oscuridad, sobre esa piel de seda, que otorgo luz en una noche oscura. un loewe cualquiera, el descendiente, perdido, buscando la manera, y aquella piel de seda, de  miel oro y fuego. un *** perdido en la sombra, buscando aquella piel de seda, que como gracia divina, o como favor de dioses amigos. me encontró,  atrapo y amo en la sombra, justo antes del amanecer, dando vida, al corazón ennegrecido y el influjo de vida, de fuerza, para resistir a mis embates, controlándose tierna mente sin asustarse de mis rugidos, solo el fuego hermoso que me dio con sus labios nacarados con sus labios de mujer, una fiera hermosa con piel de seda, perfumada, y hermosa, una musa en la sombra resistiendo tierna mente a los embates, de la bestia sedienta de su **** de su sangre besando su piel milímetro a milímetro. aquella sombra hermosa, con piel de seda labios nacarados, resistió, aunque solo deseaba yacer junto a esta bestia, sedienta de su cuerpo, sus labios,sus piernas infinitas, su **** de muer hermosa, la bella y dulce leoncilla, que fue mía en la oscuridad.
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-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Adán y eva ix
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Tu sombra desaparece De la noche a la mañana Por la luz reflejada Secuestrando mi compañía. Espero con ansias Que algún día regrese. Regresen esas miradas fijas, Esas risas infinitas De dos sombras confundidas, Esperando ser rescatadas Por ellas mismas Con el miedo de decir lo que realmente han de sentir.
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Dec 2, 2014
Dec 2, 2014 at 4:24 PM UTC
Dos sombras
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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La memoria en las manos
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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Autumnal
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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El desconocido
La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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*Tienes el mismo efecto en mi que el de la primavera sobre el mundo. Cosechas cosas lindas en mi alma. Haces que florezcan sentimientos hermosos. Mis días se vuelven cálidos y con infinitas melodías. Tu, carino, me recuerdas a la primavera.*
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Apr 15, 2014
Apr 15, 2014 at 2:48 PM UTC
Primavera
"El agua toma siempre la forma de los vasos que la contienen", dicen las ciencias que mis pasos atisban y pretenden analizarme en vano; yo soy la resignada por excelencia, hermano. ¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila? Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila; hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas, me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas, y así pitagorizo mi ser, hora tras hora; hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora, todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe. ¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe! ¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué tú ánimo agitas? ¡Tonto! ¡Si comprendieras las dichas infinitas de plegarse a los fines del Señor que nos rige! ¿Qué quieres? ¿Por qué sufres? ¿Qué sueñas? ¿Qué te aflige? ¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto aparecen...! ¡En cambio, yo canto, canto, canto! Canto, mientras tu penas, la voluntad ignota; canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota, y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos, murmuro: -¡Que se cumpla la santa ley de Dios! ¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua? ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; sé como el agua, llena de oblación y heroísmo, sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo; sé como el agua, dócil a la ley infinita, que reza en las iglesias en donde está bendita, y en el estanque arrulla meciendo la piragua. ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; lleva cantando el traje de que el Señor te viste, y no estés triste nunca, que es pecado estar triste. Deja que en ti se cumplan los fines de la vida: sé declive, no roca; transfórmate y anida donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos, murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios! Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro; si eres nube, la tarde te dará su arrebol; si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol; tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna eres, y si océano, te plateará la luna. Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada, y una crencha de arco-iris en flor, si eres cascada. Así me dijo el Agua con místico reproche, Y yo, rendido al santo consejo de la Maga, Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche, Clamé con el Apóstol: -Señor, ¿qué quieres que haga?
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El agua multiforme
"El agua toma siempre la forma de los vasos que la contienen", dicen las ciencias que mis pasos atisban y pretenden analizarme en vano; yo soy la resignada por excelencia, hermano. ¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila? Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila; hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas, me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas, y así pitagorizo mi ser, hora tras hora; hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora, todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe. ¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe! ¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué tú ánimo agitas? ¡Tonto! ¡Si comprendieras las dichas infinitas de plegarse a los fines del Señor que nos rige! ¿Qué quieres? ¿Por qué sufres? ¿Qué sueñas? ¿Qué te aflige? ¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto aparecen...! ¡En cambio, yo canto, canto, canto! Canto, mientras tu penas, la voluntad ignota; canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota, y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos, murmuro: -¡Que se cumpla la santa ley de Dios! ¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua? ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; sé como el agua, llena de oblación y heroísmo, sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo; sé como el agua, dócil a la ley infinita, que reza en las iglesias en donde está bendita, y en el estanque arrulla meciendo la piragua. ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; lleva cantando el traje de que el Señor te viste, y no estés triste nunca, que es pecado estar triste. Deja que en ti se cumplan los fines de la vida: sé declive, no roca; transfórmate y anida donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos, murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios! Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro; si eres nube, la tarde te dará su arrebol; si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol; tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna eres, y si océano, te plateará la luna. Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada, y una crencha de arco-iris en flor, si eres cascada. Así me dijo el Agua con místico reproche, Y yo, rendido al santo consejo de la Maga, Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche, Clamé con el Apóstol: -Señor, ¿qué quieres que haga?
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Delgada               línea pura de corazón sonoro, eres la claridad cortada al vuelo: cantando sobrevives: todo se irá menos tu forma. No sé si el llanto ronco que de ti se desploma, tus toques de tambor, tu                                     enjambre de alas, será de ti lo mío, o si eres en silencio más decididamente arrobadora, sistema de paloma o de cadera, molde que de su espuma resucita y aparece, turgente, reclinada y resurrecta rosa. Debajo de una higuera, cerca del ronco y raudo Bío Bío, guitarra, saliste de tu nido como un ave y a unas manos morenas entregaste las citas enterradas, los sollozos oscuros, la cadena sin fin de los adioses. De ti salía el canto, el matrimonio que el hombre consumó con su guitarra, los olvidados besos, la inolvidable ingrata, y así se transformó                             la noche entera en estrellada caja de guitarra, temblando el firmamento con su copa sonora y el río sus infinitas cuerdas afinaba arrastrando hacia el mar una marea pura de aromas y lamentos. Oh soledad sabrosa con noche venidera, soledad como el pan terrestre, soledad con un río de guitarras! El mundo se recoge en una sola gota de miel, en una estrella, todo es azul entre las hojas, toda la altura temblorosa                                     canta. Y la mujer que toca la tierra y la guitarra lleva en su voz el duelo y la alegría de la profunda hora. El tiempo y la distancia caen a la guitarra: somos un sueño, un canto entrecortado: el corazón campestre se va por los caminos a caballo: sueña y sueña la noche y su silencio, canta y canta la tierra y su guitarra.
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Oda a la guitarra
Delgada               línea pura de corazón sonoro, eres la claridad cortada al vuelo: cantando sobrevives: todo se irá menos tu forma. No sé si el llanto ronco que de ti se desploma, tus toques de tambor, tu                                     enjambre de alas, será de ti lo mío, o si eres en silencio más decididamente arrobadora, sistema de paloma o de cadera, molde que de su espuma resucita y aparece, turgente, reclinada y resurrecta rosa. Debajo de una higuera, cerca del ronco y raudo Bío Bío, guitarra, saliste de tu nido como un ave y a unas manos morenas entregaste las citas enterradas, los sollozos oscuros, la cadena sin fin de los adioses. De ti salía el canto, el matrimonio que el hombre consumó con su guitarra, los olvidados besos, la inolvidable ingrata, y así se transformó                             la noche entera en estrellada caja de guitarra, temblando el firmamento con su copa sonora y el río sus infinitas cuerdas afinaba arrastrando hacia el mar una marea pura de aromas y lamentos. Oh soledad sabrosa con noche venidera, soledad como el pan terrestre, soledad con un río de guitarras! El mundo se recoge en una sola gota de miel, en una estrella, todo es azul entre las hojas, toda la altura temblorosa                                     canta. Y la mujer que toca la tierra y la guitarra lleva en su voz el duelo y la alegría de la profunda hora. El tiempo y la distancia caen a la guitarra: somos un sueño, un canto entrecortado: el corazón campestre se va por los caminos a caballo: sueña y sueña la noche y su silencio, canta y canta la tierra y su guitarra.
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Yo no te imputo toda culpa. Yo sé que también falle. Yo sé que también claudique. Yo sé que también me bañe en un mar de Ego. Yo sé que aposte nuestro amor al Señor tiempo. Yo sé que te hice pedazos en un acto de rebeldía. Que te devolví cada rechazo día por día. Que maldecí haberte conocido. Que fabrique una imagen de ti que no existía. Que exigí a veces más de lo que daba. ¿Y tú? ¡Tú también fallaste! Deshonraste mi amor desde principio. Te encargaste de descuartizar mi alma, De pisotear mi dignidad, De tiranizarme en soledades infinitas. Te convertiste en la astilla de vidrio que uno pisa, que duele, pero es tan profundo y pequeño y no se ve. Cuando intentas sacarlo, cada presión a la lesión causa que se incruste más en la piel. Cada intento en un agobiante momento donde se desangra la piel. Uno grita, uno pide auxilio, duele pisar pero nada vale, solo tenerle paciencia, ahogarlo en agua tibia, que se hinche que salga el trozo por sí mismo. Hoy por hoy todavía estoy paralizada todavía duele los trozos de vidrio que se incrustaron en mi alma. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Yo no pretendo inculparte. Yo no pretendo tomar toda la culpa. Me quedo con los trozos que dejaste. Me quedo con pedazos rotos que te deje. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Pero siento una presencia de agua bendita, que está excretando de mi alma, los pedazos rotos que adquirí en la ardua batalla que fue amarte y entregarte mi vida. LeydisProse 6/23/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 9:34 AM UTC
TODAVIA ESTOY EN EL SUELO
Yo no te imputo toda culpa. Yo sé que también falle. Yo sé que también claudique. Yo sé que también me bañe en un mar de Ego. Yo sé que aposte nuestro amor al Señor tiempo. Yo sé que te hice pedazos en un acto de rebeldía. Que te devolví cada rechazo día por día. Que maldecí haberte conocido. Que fabrique una imagen de ti que no existía. Que exigí a veces más de lo que daba. ¿Y tú? ¡Tú también fallaste! Deshonraste mi amor desde principio. Te encargaste de descuartizar mi alma, De pisotear mi dignidad, De tiranizarme en soledades infinitas. Te convertiste en la astilla de vidrio que uno pisa, que duele, pero es tan profundo y pequeño y no se ve. Cuando intentas sacarlo, cada presión a la lesión causa que se incruste más en la piel. Cada intento en un agobiante momento donde se desangra la piel. Uno grita, uno pide auxilio, duele pisar pero nada vale, solo tenerle paciencia, ahogarlo en agua tibia, que se hinche que salga el trozo por sí mismo. Hoy por hoy todavía estoy paralizada todavía duele los trozos de vidrio que se incrustaron en mi alma. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Yo no pretendo inculparte. Yo no pretendo tomar toda la culpa. Me quedo con los trozos que dejaste. Me quedo con pedazos rotos que te deje. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Pero siento una presencia de agua bendita, que está excretando de mi alma, los pedazos rotos que adquirí en la ardua batalla que fue amarte y entregarte mi vida. LeydisProse 6/23/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Tanto sol, tanta curva, tantos blancos                     a mucho más aspiran. Estas esbeltas formas que las olas,                     -apuntes de Afroditas-, inventan por doquier, ¿van a quedarse                     sin sus diosas, vacías? No; por numen secreto convocadas                     acuden las olímpicas. Vuelve el mar a su tiempo el inocente,                     ignorante de quillas, sin carga de mortales, suelo undoso                     de las mitologías. Con verdes curvas, con espumas vagas,                     la luz, primera artista, modela para diosas inminentes                     hechuras fugitivas. Un gran hervor de cuerpos en proyecto                     alumbra la marina. No hay onda que no sueñe en dar su carne                     transparente a una ninfa. Viento tornero en blanda masa verde                     redondeces perfila. Juntos surten la diosa, y a su lado                     afán que la persiga. Gozosa crin despliega el hipocampo:                     va en su grupa, cautiva, altas quejas de espuma dando al aire,                     Nereida estremecida. Hay torsos verdes, hay abrazos truncos,                     todo son tentativas, deseos que se alzan, casta espuma;                     ugas hay, ligerísimas. Cuerpo saltante de una cresta en otra,                     escápase la ondina de un ansia que se muere en mil cristales,                     monstruo que la quería. Hay blancuras que logran entenderse,                     amores que se inician; en la mañana estrenan sus idilios                     fábulas, a la vista. ¿Olas? Tetis, Papone, Calatea,                     glorias que resucitan. Resurrección es esto, no oleaje,                     querencia muy antigua. Si el agua que dio bulto a ninfa rápida                     muere, apenas erguida, si espuma que soñaba en durar mármol,                     desfallece en la orilla, de entre tanto fracaso, ellas, las diosas,                     se salvan, infinitas. Se hunden las cien, las mil, las incontables                     figuras cristalinas; de una en otra, evadiéndose, ligeras                     permanecen las ninfas. Tejiendo, destejiendo, permanecen                     sobre fúlgida pista, juegos de raudo amor, las figurantas                     de la ópera divina. El mar se ciñe, más y más redondo,                     cerco de la alegría. Y se colman de asombro, en una playa,                     dos ojos, que lo miran.
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Variación x
Tanto sol, tanta curva, tantos blancos                     a mucho más aspiran. Estas esbeltas formas que las olas,                     -apuntes de Afroditas-, inventan por doquier, ¿van a quedarse                     sin sus diosas, vacías? No; por numen secreto convocadas                     acuden las olímpicas. Vuelve el mar a su tiempo el inocente,                     ignorante de quillas, sin carga de mortales, suelo undoso                     de las mitologías. Con verdes curvas, con espumas vagas,                     la luz, primera artista, modela para diosas inminentes                     hechuras fugitivas. Un gran hervor de cuerpos en proyecto                     alumbra la marina. No hay onda que no sueñe en dar su carne                     transparente a una ninfa. Viento tornero en blanda masa verde                     redondeces perfila. Juntos surten la diosa, y a su lado                     afán que la persiga. Gozosa crin despliega el hipocampo:                     va en su grupa, cautiva, altas quejas de espuma dando al aire,                     Nereida estremecida. Hay torsos verdes, hay abrazos truncos,                     todo son tentativas, deseos que se alzan, casta espuma;                     ugas hay, ligerísimas. Cuerpo saltante de una cresta en otra,                     escápase la ondina de un ansia que se muere en mil cristales,                     monstruo que la quería. Hay blancuras que logran entenderse,                     amores que se inician; en la mañana estrenan sus idilios                     fábulas, a la vista. ¿Olas? Tetis, Papone, Calatea,                     glorias que resucitan. Resurrección es esto, no oleaje,                     querencia muy antigua. Si el agua que dio bulto a ninfa rápida                     muere, apenas erguida, si espuma que soñaba en durar mármol,                     desfallece en la orilla, de entre tanto fracaso, ellas, las diosas,                     se salvan, infinitas. Se hunden las cien, las mil, las incontables                     figuras cristalinas; de una en otra, evadiéndose, ligeras                     permanecen las ninfas. Tejiendo, destejiendo, permanecen                     sobre fúlgida pista, juegos de raudo amor, las figurantas                     de la ópera divina. El mar se ciñe, más y más redondo,                     cerco de la alegría. Y se colman de asombro, en una playa,                     dos ojos, que lo miran.
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'I AM INFINITAS!" Here is our wooden O. It is our zero. Yellow. There is a 7...? ...but it is missing! The puppy's chewing an orange 2. "Puppy...puppy...noooo!" The admonished puppy looks astonished. "This is a good chew this orange 2." it whimpers. She her self is four and ...a little bit more. "When will I be this one?" "That's an eight!" I tell her. "It will take you four more years... ...of being you to be it!" The 8 has fallen shhhh on its side asleep ...become an infinity. "Ahhh...infinitas!" My little infant this is what...you really are. This unboundedness of you. An infinity of you. Always after when asked what age she is she'd always answer with a hearty laugh. 'I AM INFINITAS!"
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Apr 15, 2015
Apr 15, 2015 at 5:49 PM UTC
'I AM INFINITAS!"
Fría y tormentosa la noche que zarpé de Montevideo. Al doblar el Cerro, tiré desde la cubierta más alta una moneda que brilló y se anegó en las aguas barrosas, una cosa de luz que arrebataron el tiempo y la tiniebla. Tuve la sensación de haber cometido un acto irrevocable, de agregar a la historia del planeta dos series incesantes, paralelas, quizá infinitas: mi destino, hecho de zozobra, de amor y de vanas vicisitudes, y el de aquel disco de metal que las aguas darían al blando abismo o a los remotos mares que aún roen despojos del sajón y del fenicio. A cada instante de mi sueño o de mi vigilia corresponde otro de la ciega moneda. A veces he sentido remordimiento y otras envidia, de ti que estás, como nosotros, en el tiempo y su laberinto y que no lo sabes.
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A una moneda
Te veo mientras pasas sellado de granates primitivos, por el turquí completo de Moguer. Te veo sonreír; acariciar, limpiar, equilibrar los astros desviados con embeleso cálido de amor; impulsarlos con firme suavidad a sostener la maravilla exacta de este cuartel del incesante mundo. (No sé si eres el único o la réplica májica del único; pero, uno entre dioses descielados tú, solo entre carnes de ascensión, sin leyes que te afeen la mirada yo voy a ti porque te veo trabajando belleza desasida, en tus días sin trono, en tus noches en pie). Te veo infatigable variando con maestría inmensamente hermosa decoraciones infinitas en el desierto oeste de la mar; te veo abrir, mudar tesoros, sin mirar que haya ojo que te mire, ¡rey del gozo en la obra sola y alta, hado inventor, ente continuador de lo áureo y lo insólito!
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Hado español de la belleza
Mía... Así: más que todo y casi nada: mía. Mía para mí solo. Mía en la noche azul de nadie. Mía en el vaho húmedo de una lluvia remota. Mía en el golpe sordo de mi sangre. Mía en el gran silencio de esta noche de todos en este gran silencio de lo que nadie sabe, en este gran silencio de resonancias infinitas, en este gran silencio de raíces innumerables. Mía en mi sombra. Mía en tu perfume. Mía sobre una ausencia llena de ríos y de árboles. Mía en la brisa tibia que tiene un eco de tus manos; mía en mis ojos tristes, tristes de tanto no mirarte... mía para mí solo, como después y como antes; mía sobre la música de tus pies lentos en la arena; mía bajo la sombra de lo que nadie sabe... Y, sin embargo, llegas en los ecos nocturnos, más pálida, más casta y más ausente; y me llega. en el viento tu cabellera desatada, y me llega en la espuma tu mano transparente... Sí: vuelves, toda aurora, de la gran noche irremediable. Sí: vuelves sin tu sombra, pero vuelves, tú, la que ennoblecías el sabor del recuerdo, ¡tú, la recuperada para siempre!
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Elegía v
Já fomos poeira do mesmo lugar Pousada calmamente junto ao mar. Sufoca-me o vento que nos quer levar, E este pobre pó estrelar, Sem força suficiente para ficar, Chora sem braços onde se agarrar. Implora-te que me guardes num olhar, E assim voamos eternamente, Sem qualquer noção de ver desaparecer Lá ao longe, o nosso lar. Já fomos breves e inconstantes, Pequenas rochas cobertas de diamantes. Não quisemos saber do nosso valor, E quando o número não interessa, Qualquer fruto neste peito vira flor. Mas que som é este Que me enche de terror?! Ah! É a minha linda borboleta, Bate as asas e só ouço dor. Pousa em mim… Mas sentirá ela este calor? Levanta voo… Sem se recordar da minha cor. Perco-a em ti, Mas não me perco de todo este esplendor. Já fomos canto de pássaro na madrugada, Criança que corre sem ligar à roupa manchada. E de mãos dadas pela estrada, Brincámos nas infinitas ruas desta cruzada. Sorriste-me sem ligar a nada, Como qualquer criança louca, E atrapalhada Tropeças em mim… E deitas abaixo cada fachada, Pois como nego ao coração Que estou, agora, aprisionada? Já fomos a folha verde no outono Que caiu e não voltou. Cada onda que rebentou no rochedo Desvendou-te logo quem eu sou. Quis ser concha para ti, Presente que o mar traz. Mas sou fogo que arde aqui E destrói tudo o que é capaz. Consumo-te e inalo-te em mim, A droga mais pura e eficaz. E sobram as cinzas derramadas no jardim, Memórias da alma que lá jaz.
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Mar 3, 2022
Mar 3, 2022 at 2:51 PM UTC
Fomos tudo o que nos disseram que não podíamos ser