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"inaudita" poems
Poeta, no temas caer en audacia o que versos anteriores limiten tu poesia, esta no es un fragmento para comparación, y al nacer una obra, ten dado que su resolución es inaudita; ya que un sueño profundo nunca cesa. Solo rie en el pudor que bajo la luna palpita, recitandole a un sueño un mercurio de risas. No tomes a Melancolia como tu enemiga, endulza el alma con un breve remordimiento. No necesitas cambiar al mundo ni tu vida en una palabra; solo sentir la brisa que respira cada grano y cada gota que incita. No necesitas ni lápiz, ni papel, ni harmonia, solo una rima cambiante que en su intangible ardor rescata tu sonrisa. No te niegues a preservarla en el valiente rumbo de la neblina, ya que las palabras sinceras nunca han de ser escritas.
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Aug 13, 2013
Aug 13, 2013 at 1:21 AM UTC
Poeta
Ayer fue tu aniversario Sin querer, tu día estuvo sobrecargado Aun así, fui al jardín de mi corazón esta hermosa mañana donde recogí una rosa invisible que podría traerte: Alegría, salud, buen humor y una primavera prematura. Me afeité la barba y el bigote para complacerte De todo corazón, te deseo un feliz cumpleaños ¡Oh! Quisiera encantarte hasta el anochecer Cuando el arcoíris haya cruzado la esfera inaudita Hacia otro horizonte, para otra estación Por favor, acepta esta rosa, este poema, esta canción. P.D.: Este poema está dedicado a una amiga. Copyright © Agosto 2025 Hebert Logerie, Todos los derechos reservados. Hébert Logerie es autor de varios poemarios.
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Aug 7, 2025
Aug 7, 2025 at 2:42 PM UTC
Una Rosa Invisible Para Tu Cumpleaños
Tenho me permitido às mágoas, os sonhos perdidos, Quando, na garganta, sinto vaga embriaguez aflita, Cuja glória extinta de um moribundo imita Em insurreições e alternos sentidos já lidos Como fere-me este desespero parido! Explicito nesta consciência insistentemente maldita A expressão, trêmula, ébria e inaudita De meu materializado relato interrompido Ah! Indefinida sombra que se enfeita Por que teu escuro movimento me espreita, Se minha aguça voz abate-se em calabouços? Interrogo-me à esta paixão imperfeita: Para onde vai minha alma tão desfeita? E primitivamente, apenas o silêncio ouço
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 7:37 PM UTC
Paisagens de Inverno
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Carta
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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A mi paso y al azar te desprendiste como el fruto más profano que pudiera concederme la benévola actitud de este verano. (Blonda Sara, uva en sazón: mi apego franco a tu persona, hoy me incita a burlarme de mi ayer, por la inaudita buena fe con que creí mi sospechosa vocación, la de un levita). Sara, Sara: eres flexible cual la honda de David y contundente como el lírico guijarro del mancebo; y das, paralelamente, una tortura de hielo y una combustión de pira; y si en vértigo de abismo tu pelo se desmadeja, todavía, con brazo heroico y en caída acelerada, sostienes a tu pareja. Sara, Sara, golosina de horas muelles; racimo copioso y magno de promisión, que fatigas. el dorso de dos hebreos: siempre te sean amigas la llamarada del sol y del clavel; si tu brava arquitectura se rompe como un hilo inconsistente, que bajo la tierra lóbrega esté incólume tu frente; y que refulja tu blonda melena, como tesoro escondido; y que se guarden indemnes como real sello tus brazos y la columna de tu cuello.
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A sara
Se la morte fosse un vivere quieto, un bel lasciarsi andare, un'acqua purissima e delicata o deliberazione di un ventre, io mi sarei già uccisa. Ma poiché la morte è muraglia, dolore, ostinazione violenta, io magicamente resisto. Che tu mi copra di insulti, di pedate, di baci, di abbandoni, che tu mi lasci e poi ritorni senza un perché o senza variare di senso nel largo delle mie ginocchia, a me non importa perché tu mi fai vivere, perché mi ripari da quel gorgo di inaudita dolcezza, da quel miele tumefatto e impreciso che è la morte di ogni poeta.
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Elogio alla morte
Por la orilla del Ganges suenan vivos clamores, Los tigres, dando fieros rugidos penetrantes, saltan, rotos los yugos, y en fuga las Bacantes destrozan la vendimia, por los valles y alcores. Rompen uñas y dientes pámpanos cimbradores que  enrojecen con sangre de uvas, incitantes gargantas, y se tienden las fieras jadeantes entre púrpura y fango, del sol a los fulgores. Sobre cuerpos convulsos y con sangre teñidos, bostezando los tigres, o entre sordos rugidos, una sangre olfatean más roja y más caliente. Pero el Dios, embriagándose  con tal fiesta inaudita, con el tirso y los gritos a las fieras irrita, y une en tanto a la hembra con el macho rugiente.
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Bacanal
Soy el mendigo cósmico y mi inopia es la suma de todos los voraces ayunos pordioseros; mi alma y mi carne trémulas imploran a la espuma del mar y al simulacro azul de los luceros. El cuervo legendario que nutre al cenobita vuela por mi Tebaida sin dejarme su pan, otro cuervo transporta una flor inaudita, otro lleva en el pico a la mujer de Adán, y sin verme siquiera, los tres cuervos se van. Prosigue descubriendo mi pupila famélica más panes y más lindas mujeres y más rosas en el bando de cuervos que en la jornada célica sus picos atavía con las cargas preciosas, y encima de mi sacro apetito no baja sino un pétalo, un rizo prófugo, una migaja. Saboreo mi brizna heteróclita, y siente mi sed la cristalina nostalgia de la fuente, y la pródiga vida se derrama en el falso festín y en el suplicio de mi hambre creciente como una cornucopia se vuelca en un cadalso.
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El mendigo