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"himno" poems
buhay natin ay ano nga ba? kung walang lagyo ang musika kagaya ng isang A capella ang bawat simula ay may kataposan ngunit sa bawat kataposan ay may panibagong simulain isang prinsipyo na di kayang tuldokan isang nakaraan na di mapaparam sapagkat ito ay binantasan ng tandang pandamdam! kaya naman halina kayo SAGLIT samahan ako sa pasakalye ng aking DALIT dahil tulad ninyo...di ko rin nais na wakasan itong himno ng aking kaluluwa na di ko mapigilan mailapat sa papel ng aking hapag sulatan at marubdob na papangyarihin ang taos-pusong koalisyon ng aking Pag-asa, Pananampalataya at Debosyon sa pamamagitan ng aking Isang Libo't isang Awit na pinapag-sanib ng samot-saring kudlit at kuwit hanggang sa aking maabot ang liwanag sa dilim at kayo ay aking handogan bago ang takip-silim
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May 17, 2017
May 17, 2017 at 9:44 PM UTC
" Hymns of my Soul "
matiyaga kang pinapasan ng mamang nangumpisal sa salamin, umami't umako ng karnal na pagkakamali. habang ang karamiha'y mga miron sa silong ng tirik na araw, namamanata sa ritwal ng pag-ulit, pagpako't pagpapasakit sa huling Adan na nabayubay. upang ang kapirasong kahoy ay maging kahulugan, upang ang kahuluga'y maging ehemplo. templo at tiyempo ng mga himno ng mga epokrito't espasyo ng hunghang na pagsamba. ang balikat ay hudyong Kristo, ang kamay ay romano. paano kaya kung ang idolo ng impostor ay sa silya elektrika hinatulan, papasanin din kaya ito ng walang alinlangan?
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May 19, 2017
May 19, 2017 at 11:17 AM UTC
Krus
Enero Kinse, Dos mil Kinse Sa Villamor umindak daan-daang estudyante Paglapag ng eroplanong Sri Lankan Mga sasalubong naghiyawan Pagbukas ng pintuan ng sasakyang lumilipad Skull cap ng Santo Papa ay nilipad Pagpanaog sa hagdan ng eroplano Sinalubong ng mga sundalo at ng Pangulo Pinatugtog himno ng ating bansa Ganundin ang himno ng Vatican sa Roma Dalawang batang ulila sa kanya sumalubong Matamis na pagbati sa kanya ibinulong Sa Pope Mobile na walang panangga sumakay Ang Supremo ng Simbahan todo ngiti at kaway Kahit gabi na kayraming tao bawat daanan Hanggang sa Apostolic Nunciature na pagpapahingahan. -01/16/2015 (Dumarao) *Pope Francis Fever Collection
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Sep 21, 2019
Sep 21, 2019 at 9:41 PM UTC
Unang Araw ni Papa Francisco sa Pilipinas
Siempre he sabido encontrarme En distintos lugares. Por arriba en las montañas, Volando como una cometa. O por abajo en el mar, Entre arrecifes y corales. En lo verde de la pradera, Y en lo gris de la lluvia. Pero ayer me encontré Entre las costuras de su boca. Fui meticulosamente desvestida Por una creación divina. Embriagada por el aroma de su pelo, Seducida por su sonrisa divertida. Alocada por el color de su corteza. Allí me encontré y me proclamo su diosa. Yo, una chaparra de cabellos alborotados, Un par de ojos verdes, un cuaderno con garabatos Y con una historia que contar. Un sábado en la noche, aquella alma me escucho Y de paso, me desnudo el alma. Beso cada detalle de mi complexión, Hizo un himno con mi nombre. Se unió en un pacto de cuerpos Y el pago venia en orgasmos. Aquel sábado me encontré Cuando me proclamo su diosa, Y al terminar se quedó.
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Dec 27, 2015
Dec 27, 2015 at 11:42 AM UTC
Su diosa
Inmensa caja de cristal, me he de sentar a tu costado con devoción, a escribirte poemas en las rocas. Las mismas que se moldean a tu antojo. Te he de acariciar la sal que porta tu aroma, y besar cada gaviota que vuela en tus tierras. Recorro tu cuerpo, hipnotizado por los colores, la serenidad y la fuerza que posee tu himno. Toma mi alma, vuélvela azul. Permíteme ser el que escriba tu llanto en las noches, y las poesías en el día.
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Jun 4, 2015
Jun 4, 2015 at 7:14 PM UTC
Canto de sirena.
Hay un tirano que sujeta y otro tirano que desata... y entre los dos tu predio, libertad. ¡Libertad, libertad, hazaña prometeica, en tensión angustiosa y sostenida de equilibrio y amor! ¡Libertad española! a tu derecha tienes los grillos y la sombra y a tu izquierda la arena donde el amor no liga. Se es esclavo del hacha lo mismo que del cepo... Y el desierto es también un calabozo; el desierto amarillo donde el átomo roto no se pone de pie. De aquí nadie se escapa. Nadie. Porque dime tú, amigo cordelero, ¿hay quién trence una escala con la arena y el polvo? Español, más pudo tu envidia que tu honor, y más cuidaste el hacha que la espada. Tuya es el hacha, tuya. Más tuya que tu sombra. Contigo la llevaste a la Conquista y contigo ha vivido en todos los exilios. Yo la he visto en América -en México y en Lima-, Se la diste a tu esposa ya tu esclava... y es la eterna maldición de tu simiente. Tuya es el hacha, el hacha: la que partió el Imperio y la nación, la que partió los reinos, la que parte la ciudad y el municipio, la que parte la grey y la familia, la que asesina al padre -Álvar González, Álvar González, habla-, Bajo su filo se ha hecho polvo el Arca, la casta, y la roca sagrada de los muertos; el coro, el diálogo y el himno; el poema, la espada y el oficio; la lágrima, la gota de sangre, y la gota de alegría... Y todo se hará polvo, todo, todo, todo... Polvo con el que nadie, nadie, construirá jamás ni un ladrillo ni una ilusión.
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El hacha
Hay un tirano que sujeta y otro tirano que desata... y entre los dos tu predio, libertad. ¡Libertad, libertad, hazaña prometeica, en tensión angustiosa y sostenida de equilibrio y amor! ¡Libertad española! a tu derecha tienes los grillos y la sombra y a tu izquierda la arena donde el amor no liga. Se es esclavo del hacha lo mismo que del cepo... Y el desierto es también un calabozo; el desierto amarillo donde el átomo roto no se pone de pie. De aquí nadie se escapa. Nadie. Porque dime tú, amigo cordelero, ¿hay quién trence una escala con la arena y el polvo? Español, más pudo tu envidia que tu honor, y más cuidaste el hacha que la espada. Tuya es el hacha, tuya. Más tuya que tu sombra. Contigo la llevaste a la Conquista y contigo ha vivido en todos los exilios. Yo la he visto en América -en México y en Lima-, Se la diste a tu esposa ya tu esclava... y es la eterna maldición de tu simiente. Tuya es el hacha, el hacha: la que partió el Imperio y la nación, la que partió los reinos, la que parte la ciudad y el municipio, la que parte la grey y la familia, la que asesina al padre -Álvar González, Álvar González, habla-, Bajo su filo se ha hecho polvo el Arca, la casta, y la roca sagrada de los muertos; el coro, el diálogo y el himno; el poema, la espada y el oficio; la lágrima, la gota de sangre, y la gota de alegría... Y todo se hará polvo, todo, todo, todo... Polvo con el que nadie, nadie, construirá jamás ni un ladrillo ni una ilusión.
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¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambre de mariposas? Quizá.               En sus grutas doradas, con sus diademas de oro, allí estaban, como un coro de reinas, todas las hadas.   Las que tienen prisioneros a los silfos de la luz, las que andan con un capuz salpicado de luceros.   Las que mantos de escarlata lucen con regio donaire, y las que hienden el aire con su varita de plata.   ¿Era día o noche?                                         El astro de la niebla sobre el tul, florecía en campo azul como un lirio de alabastro.   Su peplo de oro la incierta alba ya había tendido. Era la hora en que en su nido toda alondra se despierta.   Temblaba el limpio cristal del rocío de la noche, y estaba entreabierto el broche de la flor primaveral.   Y en aquella región que era de la luz y la fortuna, cantaban un himno, a una, ave, aurora y primavera.   Las hadas -aquella tropa brillante-, Delia, que he dicho, por un extraño capricho fabricaron una copa.   Rara, bella, sin igual, y tan pura como bella, pues aún no ha bebido en ella ninguna boca mortal.   De una azucena gentil hicieron el cáliz leve, que era de polvo de nieve y palidez de marfil.   Y la base fue formada con un trémulo suspiro, de reflejos de zafiro y de luz cristalizada.   La copa hecha se pensó en qué se pondría en ella (que es el todo, niña bella, de lo que te cuento yo).   Una dijo: -La ilusión; otra dijo: -La belleza; otra dijo: -La riqueza; y otra más: -El corazón.   La Reina Mab, que es discreta, dijo a la espléndida tropa: -Que se ponga en esa copa la felicidad completa.   Y cuando habló Reina tal, produjo aplausos y asombros. Llevaba sobre sus hombros su soberbio manto real.   Dejó caer la divina Reina de acento sonoro, algo como gotas de oro de una flauta cristalina.   Ya la Reina Mab habló; cesó su olímpico gesto, y las hadas tanto han puesto que la copa se llenó.   Amor, delicia, verdad, dicha, esplendor y riqueza, fe, poderío, belleza... ¡Toda la felicidad!...   Y esta copa se guardó pura, sola, inmaculada. ¿Dónde?                     En una isla ignorada. ¿De dónde?                             ¡Se me olvidó!...   ¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambres de mariposas?   Esto nada importa aquí, pues por decirte escribía que esta copa, niña mía, la deseo para ti.
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La copa de las hadas
¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambre de mariposas? Quizá.               En sus grutas doradas, con sus diademas de oro, allí estaban, como un coro de reinas, todas las hadas.   Las que tienen prisioneros a los silfos de la luz, las que andan con un capuz salpicado de luceros.   Las que mantos de escarlata lucen con regio donaire, y las que hienden el aire con su varita de plata.   ¿Era día o noche?                                         El astro de la niebla sobre el tul, florecía en campo azul como un lirio de alabastro.   Su peplo de oro la incierta alba ya había tendido. Era la hora en que en su nido toda alondra se despierta.   Temblaba el limpio cristal del rocío de la noche, y estaba entreabierto el broche de la flor primaveral.   Y en aquella región que era de la luz y la fortuna, cantaban un himno, a una, ave, aurora y primavera.   Las hadas -aquella tropa brillante-, Delia, que he dicho, por un extraño capricho fabricaron una copa.   Rara, bella, sin igual, y tan pura como bella, pues aún no ha bebido en ella ninguna boca mortal.   De una azucena gentil hicieron el cáliz leve, que era de polvo de nieve y palidez de marfil.   Y la base fue formada con un trémulo suspiro, de reflejos de zafiro y de luz cristalizada.   La copa hecha se pensó en qué se pondría en ella (que es el todo, niña bella, de lo que te cuento yo).   Una dijo: -La ilusión; otra dijo: -La belleza; otra dijo: -La riqueza; y otra más: -El corazón.   La Reina Mab, que es discreta, dijo a la espléndida tropa: -Que se ponga en esa copa la felicidad completa.   Y cuando habló Reina tal, produjo aplausos y asombros. Llevaba sobre sus hombros su soberbio manto real.   Dejó caer la divina Reina de acento sonoro, algo como gotas de oro de una flauta cristalina.   Ya la Reina Mab habló; cesó su olímpico gesto, y las hadas tanto han puesto que la copa se llenó.   Amor, delicia, verdad, dicha, esplendor y riqueza, fe, poderío, belleza... ¡Toda la felicidad!...   Y esta copa se guardó pura, sola, inmaculada. ¿Dónde?                     En una isla ignorada. ¿De dónde?                             ¡Se me olvidó!...   ¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambres de mariposas?   Esto nada importa aquí, pues por decirte escribía que esta copa, niña mía, la deseo para ti.
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Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz. Sus manos enseñaban a amar los lirios y sus sienes a desear el oro de las estrellas. En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas. Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla, suave y fragante y musical. Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos, parecían temblar las alas de un ángel. Emiliano Atehortúa era muy sencillo y traía una infantilidad inagotable. Su adolescencia láctea, meliflua y floreal, fluía por las escarpas de mi madurez como fluye por el cielo la leche del alba. Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida me pareció que me envolvía el rumor de una selva y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas. Hay almas tan melódicas como si fueran ríos o bosques en las orillas de los ríos! Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor de bajo precio, la vida le produjo una embriaguez innoble. Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe. Había en su voz un glú-glú redentor y su amante le llamó una vez "el Príncipe de las hablas de agua". Leonel Robledo era muy tímido bajo una apariencia llena de majestad. En el recóndito espejo de su ternura se le reflejaba la imagen de una mujer. Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación. Le vi llorar una vez por males de ausencia y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío, y, sin embargo, no se conmueven los luceros... Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino, como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen. Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico. Se le veía como marchando de las playas de ensueño que rozaron las quillas de Simbad el Marino, hacia las vagas latitudes por donde erró Sir John de Mandeville. Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea, y por la noche soñé en el misterio de las espigas. ¡Evanaam! ¡Evanaam! Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía como los roncos ecos del monte a los pinos. Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario. Sus ilusiones fructificaban como una floresta oculta por los tules del "todavía-no". Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad, y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.
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Los desposados de la muerte
Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz. Sus manos enseñaban a amar los lirios y sus sienes a desear el oro de las estrellas. En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas. Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla, suave y fragante y musical. Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos, parecían temblar las alas de un ángel. Emiliano Atehortúa era muy sencillo y traía una infantilidad inagotable. Su adolescencia láctea, meliflua y floreal, fluía por las escarpas de mi madurez como fluye por el cielo la leche del alba. Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida me pareció que me envolvía el rumor de una selva y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas. Hay almas tan melódicas como si fueran ríos o bosques en las orillas de los ríos! Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor de bajo precio, la vida le produjo una embriaguez innoble. Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe. Había en su voz un glú-glú redentor y su amante le llamó una vez "el Príncipe de las hablas de agua". Leonel Robledo era muy tímido bajo una apariencia llena de majestad. En el recóndito espejo de su ternura se le reflejaba la imagen de una mujer. Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación. Le vi llorar una vez por males de ausencia y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío, y, sin embargo, no se conmueven los luceros... Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino, como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen. Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico. Se le veía como marchando de las playas de ensueño que rozaron las quillas de Simbad el Marino, hacia las vagas latitudes por donde erró Sir John de Mandeville. Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea, y por la noche soñé en el misterio de las espigas. ¡Evanaam! ¡Evanaam! Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía como los roncos ecos del monte a los pinos. Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario. Sus ilusiones fructificaban como una floresta oculta por los tules del "todavía-no". Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad, y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.
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This is me Ean Of Nasarith Baron of Sydmonton This is me Ean Of Nasarith Baron of Simpleton This is me Ean Of Nasarith Battle at Sydmonton This is me Ean Of Nasarith Baron of Sydmonton
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Jul 12, 2012
Jul 12, 2012 at 4:33 AM UTC
Himno Nacional Mexicano
¿Dónde está la estrella de los Nacimientos? La tierra, encabritada, se ha parado en el viento. Y no ven los ojos de los marineros. Aquel pez -¡seguidle!- se lleva, danzando, la estrella polar. El mundo es una slot-machine, con una ranura en la frente del cielo, sobre la cabecera del mar. (Se ha parado la máquina, se ha acabado la cuerda.) El mundo es algo que funciona como el piano mecánico de un bar. (Se ha acabado la cuerda, se ha parado la máquina...)                                                     Marinero, tú tienes una estrella en el bolsillo...                               ¡Drop a star! Enciende con tu mano la nueva música del mundo, la canción marinera del mañana, el himno venidero de los hombres...                               ¡Drop a star! Echa a andar otra vez este barco varado, marinero. Tú tienes una estrella en el bolsillo.... una estrella nueva de palacio, de fósforo y de imán.
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Drop a star
¡Salve llama creadora del mundo, lengua ardiente de eterno saber, pero germen, principio fecundo que encadenas la muerte a tus pies! Tú la inerte materia espoleas, tú la ordenas juntarse a vivir, tú su lodo modelas, y creas miles de seres de formas sin fin. Desbarata tus obras en vano vencedora la muerte talvéz; de sus restos levanta tu mano nuevas obras triunfante otra vez. Tú la hoguera del sol alimentas, tú revistes los cielos de azúl, tú la luna en las sombras de argentas, tú coronas la aurora de luz. Gratos ecos al bosque sombrío, verde pompa a los árboles das, melancólica música al río, ronco grito a las olas del mar. Tú el aroma en las flores exhalas, en los valles suspiras de amor, tú murmuras del aura en las alas, en el Bóreas retumba tu voz. Tú derramas el oro en la tierra en arroyos de hirviente metal; Tú abrillantas la perla que encierra en su abismo profundo la mar. Tú las cárdenas nubes extiendes ***** manto que agita Aquilón; con tu aliento los aires enciendes, tus rugidos infunden pavor. Tú eres pura simiente de vida, manatial sempiterno del bien; luz del mismo Hacedor desprendida, juventud y hermosura es tu ser. Tú eres fuerza secreta que el mundo en sus ejes impulsa a rodar, sentimiento armonioso y profundo de los orbes que anima tu faz. De tus obras los siglos que vuelan incansables artífices son, del espíritu ardiente cincelan y embellecen la estrecha prisión. Tú en violento, veloz torbellino, los empujas enérgica, y van; y adelante en tu raudo camino a otros siglos ordenas llegar. Hombre débil, levanta la frente, pon tu labio en su eterno raudal; tú serás como el sol en Oriente, tú serás, como el mundo, inmortal.
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Himno a la inmortalidad
¡Salve llama creadora del mundo, lengua ardiente de eterno saber, pero germen, principio fecundo que encadenas la muerte a tus pies! Tú la inerte materia espoleas, tú la ordenas juntarse a vivir, tú su lodo modelas, y creas miles de seres de formas sin fin. Desbarata tus obras en vano vencedora la muerte talvéz; de sus restos levanta tu mano nuevas obras triunfante otra vez. Tú la hoguera del sol alimentas, tú revistes los cielos de azúl, tú la luna en las sombras de argentas, tú coronas la aurora de luz. Gratos ecos al bosque sombrío, verde pompa a los árboles das, melancólica música al río, ronco grito a las olas del mar. Tú el aroma en las flores exhalas, en los valles suspiras de amor, tú murmuras del aura en las alas, en el Bóreas retumba tu voz. Tú derramas el oro en la tierra en arroyos de hirviente metal; Tú abrillantas la perla que encierra en su abismo profundo la mar. Tú las cárdenas nubes extiendes ***** manto que agita Aquilón; con tu aliento los aires enciendes, tus rugidos infunden pavor. Tú eres pura simiente de vida, manatial sempiterno del bien; luz del mismo Hacedor desprendida, juventud y hermosura es tu ser. Tú eres fuerza secreta que el mundo en sus ejes impulsa a rodar, sentimiento armonioso y profundo de los orbes que anima tu faz. De tus obras los siglos que vuelan incansables artífices son, del espíritu ardiente cincelan y embellecen la estrecha prisión. Tú en violento, veloz torbellino, los empujas enérgica, y van; y adelante en tu raudo camino a otros siglos ordenas llegar. Hombre débil, levanta la frente, pon tu labio en su eterno raudal; tú serás como el sol en Oriente, tú serás, como el mundo, inmortal.
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Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo. Sólo tú y yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
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La reina
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Turbaban mi conciencia en el precario vivir, el ala inquieta, el viento vario, fantasmas familiares, misterios presentidos, amores y cantares de jóvenes floridos, el vino, el mar, el día en el Acuario. Y la meliflua vocación interna; sentir, cantar, en raptos doloridos "ser yo", -"no ser"-, en sucesión alterna. Tronco en la plenitud, hundió mi alma su raíz en el légamo de muerte que nutre las corolas de la vida, y dio el perfume infuso en su ramaje. Vuela el perfume, mas se consume; ilusorio celaje pide al éter sutil que lo asume y en el raudal fluïdo de las auras de abril hace el viaje y se consume... ¡Oh insaciedad del hálito y la nébula, y el amor, y el impulso, y el anhelo! No un dios pagano, pero sí su rastro. No el himno divo, pero sí el suspiro. No el mármol, mas el plinto de alabastro. Y una sensualidad de antiguo giro.
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Acuarimántima v
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve... Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: "El firmamento narra la gloria del Señor". Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
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La nieve
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve... Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: "El firmamento narra la gloria del Señor". Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
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Ven, que Cortázar aprueba nuestra entrega. Ven, que muero de ansias por dormir contigo. Ven, descansemos estos cuerpos muertos por la rutina. Ven, que la vida nos invita a relajarnos entre mimos. Nos inventa jugadas que puedan extasiar nuestras almas. Nos regala palabras que podemos gritar hasta que los vecinos se enfaden. Ven que la alcoba nos llama….ella nos reta--a ahogarnos las llamaradas. Ven, vamos a escalar el Himalaya, Ven, que el amor será nuestra mejor guía mientras la descubrimos. Logremos derretir con nuestros fogosos cuerpos, la nieve que la decora. Ven, que quiero ser tu “Hima” para que tu nieve enfrié mi canícula. Quiero ser tu himno, tu gloria, tu mujer insaciable. Quiero que tú seas mi “ālaya”, mi morada, mi lugar donde exquisitamente calo en tu cúpula. Que seas mi río Brahmaputra y que me emputes la impudicia. Que desagües mis valles con tu dulce boca. Que conquistes la cordillera de mis pretensiones. Que derritas mis ventisqueros para alimentar mis famélicos deseos. Ven, que nuestra alcoba nos llama, nos invita. Vamos a subir la montaña Everest entre besos que excitan. Dejemos que el amor nos quebrante sin descuido. Nos embriague entre artimañas mientras escalamos hacia la cima. Ven, que este amor se concomerá nuestras ganas, empuñándonos en cada paso mientras escalamos esta montaña de pasión, de devoción, de inaguantables salacidad. Ven que nuestro amor nos hará invencibles, cuando logremos al mismo tiempo colonizar nuestras cumbres y la decoremos con una emblemática bandera blanca…... Ven mi cielo a dormir conmigo, que el amor, el calor y el deseo se están carcomiendo en nuestro lecho. LeydisProse 7/7/2017h ttps://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 7, 2017
Jul 7, 2017 at 5:00 PM UTC
Quiero escalar el Himalaya (usando nuestros cuerpos...¡claro!)
Ven, que Cortázar aprueba nuestra entrega. Ven, que muero de ansias por dormir contigo. Ven, descansemos estos cuerpos muertos por la rutina. Ven, que la vida nos invita a relajarnos entre mimos. Nos inventa jugadas que puedan extasiar nuestras almas. Nos regala palabras que podemos gritar hasta que los vecinos se enfaden. Ven que la alcoba nos llama….ella nos reta--a ahogarnos las llamaradas. Ven, vamos a escalar el Himalaya, Ven, que el amor será nuestra mejor guía mientras la descubrimos. Logremos derretir con nuestros fogosos cuerpos, la nieve que la decora. Ven, que quiero ser tu “Hima” para que tu nieve enfrié mi canícula. Quiero ser tu himno, tu gloria, tu mujer insaciable. Quiero que tú seas mi “ālaya”, mi morada, mi lugar donde exquisitamente calo en tu cúpula. Que seas mi río Brahmaputra y que me emputes la impudicia. Que desagües mis valles con tu dulce boca. Que conquistes la cordillera de mis pretensiones. Que derritas mis ventisqueros para alimentar mis famélicos deseos. Ven, que nuestra alcoba nos llama, nos invita. Vamos a subir la montaña Everest entre besos que excitan. Dejemos que el amor nos quebrante sin descuido. Nos embriague entre artimañas mientras escalamos hacia la cima. Ven, que este amor se concomerá nuestras ganas, empuñándonos en cada paso mientras escalamos esta montaña de pasión, de devoción, de inaguantables salacidad. Ven que nuestro amor nos hará invencibles, cuando logremos al mismo tiempo colonizar nuestras cumbres y la decoremos con una emblemática bandera blanca…... Ven mi cielo a dormir conmigo, que el amor, el calor y el deseo se están carcomiendo en nuestro lecho. LeydisProse 7/7/2017h ttps://www.facebook.com/LeydisProse/
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Yo sé un himno gigante y extraño que anuncia en la noche del alma una aurora, y estas páginas son de ese himno cadencias que el aire dilata en las sombras.Yo quisiera escribirle, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma, con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas, colores y notas.Pero en vano es luchar, que no hay cifra capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!, si, teniendo en mis manos las tuyas, pudiera, al oído, cantártelo a solas.
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Rima i
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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Gautama cristo
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Al «blasco de garay» 1
El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Te contaré la historia del bergantín sombrío que echó un día las anclas en la quietud de un puerto, para ser en la turbia resaca del hastío, el ataúd flotante de su pasado muerto. Allí evocaba el luto de la insignia pirata y las tripulaciones con su bárbaro coro, en las fosforescencias de las noches de plata y en el deslumbramiento de las tardes de oro. Allí, en largos letargos bajo las nubes lentas, entre un enloquecido revuelo de gaviotas, adoraban el soplo brutal de las tormentas, en sus podridos pliegues, las pobres velas rotas. Abajo, en la sentina, mortecinos fanales, moscas y telarañas y barriles flotando, arriba en la cubierta, náufragos espectrales agitando los puños hacia el puente de mando. Ah, las islas del trópico, los dulces archipiélagos para siempre en los mapas de la mala fortuna, y un buque torvamente rondando los murciélagos mientras las mariposas vuelan hacia la luna. Viejo barco que supo que el confín no es redondo en las noches siniestras y en las albas felices, con las anclas hundidas más y más en el fondo como si de las anclas le nacieran raíces. Mástiles carcomidos donde las golondrinas reposan el otoño, como un último ultraje; timón con verdes costras de lepras submarinas y brújula sin norte para morir un viaje. Vientos del sur, o lluvias o locas primaveras, que poco importa todo para los barcos viejos; pero un escalofrío crujía en sus maderas al zarpar otras naves y al perderse a lo lejos. Allí, escuchando el himno de las resacas gordas, vaivén de espumas negras que nunca finaliza, se hubiera dicho un barco cargado hasta las bordas con un gran contrabando funeral de ceniza. Y allí estaba, en el puerto, con su largo letargo, de proa hacia el olvido, muriendo hacia el poniente. Y, sin embargo un día... Ah, un día, sin embargo, sopló un viento de rosas, maravillosamente. Era el sagrado soplo del amor que transfigura los seres y las cosas en el tiempo sin fin y le dio un casco nuevo con nueva arboladura y nueve velas blancas al viejo bergantín. Y así fue que en la gloria de una alegre mañana, con la proa hacia el sueño y el timón al azar, esta vez bajo el mando de gentil capitana, el bergantín sombrío se echó de nuevo al mar. Y así acaba este cuento que es más tuyo que mío, tú, que escuchas mi cuento convertido en canción; tú, gentil capitana del bergantín sombrío, del bergantín sombrío que era mi corazón.
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Te contaré la historia
Te contaré la historia del bergantín sombrío que echó un día las anclas en la quietud de un puerto, para ser en la turbia resaca del hastío, el ataúd flotante de su pasado muerto. Allí evocaba el luto de la insignia pirata y las tripulaciones con su bárbaro coro, en las fosforescencias de las noches de plata y en el deslumbramiento de las tardes de oro. Allí, en largos letargos bajo las nubes lentas, entre un enloquecido revuelo de gaviotas, adoraban el soplo brutal de las tormentas, en sus podridos pliegues, las pobres velas rotas. Abajo, en la sentina, mortecinos fanales, moscas y telarañas y barriles flotando, arriba en la cubierta, náufragos espectrales agitando los puños hacia el puente de mando. Ah, las islas del trópico, los dulces archipiélagos para siempre en los mapas de la mala fortuna, y un buque torvamente rondando los murciélagos mientras las mariposas vuelan hacia la luna. Viejo barco que supo que el confín no es redondo en las noches siniestras y en las albas felices, con las anclas hundidas más y más en el fondo como si de las anclas le nacieran raíces. Mástiles carcomidos donde las golondrinas reposan el otoño, como un último ultraje; timón con verdes costras de lepras submarinas y brújula sin norte para morir un viaje. Vientos del sur, o lluvias o locas primaveras, que poco importa todo para los barcos viejos; pero un escalofrío crujía en sus maderas al zarpar otras naves y al perderse a lo lejos. Allí, escuchando el himno de las resacas gordas, vaivén de espumas negras que nunca finaliza, se hubiera dicho un barco cargado hasta las bordas con un gran contrabando funeral de ceniza. Y allí estaba, en el puerto, con su largo letargo, de proa hacia el olvido, muriendo hacia el poniente. Y, sin embargo un día... Ah, un día, sin embargo, sopló un viento de rosas, maravillosamente. Era el sagrado soplo del amor que transfigura los seres y las cosas en el tiempo sin fin y le dio un casco nuevo con nueva arboladura y nueve velas blancas al viejo bergantín. Y así fue que en la gloria de una alegre mañana, con la proa hacia el sueño y el timón al azar, esta vez bajo el mando de gentil capitana, el bergantín sombrío se echó de nuevo al mar. Y así acaba este cuento que es más tuyo que mío, tú, que escuchas mi cuento convertido en canción; tú, gentil capitana del bergantín sombrío, del bergantín sombrío que era mi corazón.
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Ven, que Cortázar aprueba nuestra entrega. Ven, que muero de ansias por dormir contigo. Ven, descansemos estos cuerpos muertos por la rutina. Ven, que la vida nos invita a relajarnos entre mimos. Nos inventa jugadas que puedan extasiar nuestras almas. Nos regala palabras que podemos gritar hasta que los vecinos se enfaden. Ven que la alcoba nos llama….ella nos reta--a ahogarnos las llamaradas. Ven, vamos a escalar el Himalaya, Ven, que el amor será nuestra mejor guía mientras la descubrimos. Logremos derretir con nuestros fogosos cuerpos, la nieve que la decora. Ven, que quiero ser tu “Hima” para que tu nieve enfrié mi canícula. Quiero ser tu himno, tu gloria, tu mujer insaciable. Quiero que tú seas mi “ālaya”, mi morada, mi lugar donde exquisitamente calo en tu cúpula. Que seas mi río Brahmaputra y que me emputes la impudicia. Que desagües mis valles con tu dulce boca. Que conquistes la cordillera de mis pretensiones. Que derritas mis ventisqueros para alimentar mis famélicos deseos. Ven, que nuestra alcoba nos llama, nos invita. Vamos a subir la montaña Everest entre besos que excitan. Dejemos que el amor nos quebrante sin descuido. Nos embriague entre artimañas mientras escalamos hacia la cima. Ven, que este amor se concomerá nuestras ganas, empuñándonos en cada paso mientras escalamos esta montaña de pasión, de devoción, de inaguantables salacidad. Ven que nuestro amor nos hará invencibles, cuando logremos al mismo tiempo colonizar nuestras cumbres y la decoremos con una emblemática bandera blanca…... Ven mi cielo a dormir conmigo, que el amor, el calor y el deseo se están carcomiendo en nuestro lecho. LeydisProse 7/7/2017h ttps://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 9, 2017
Jul 9, 2017 at 3:51 PM UTC
Quiero escalar el Himalaya (usando nuestros cuerpos...¡claro!)
Ven, que Cortázar aprueba nuestra entrega. Ven, que muero de ansias por dormir contigo. Ven, descansemos estos cuerpos muertos por la rutina. Ven, que la vida nos invita a relajarnos entre mimos. Nos inventa jugadas que puedan extasiar nuestras almas. Nos regala palabras que podemos gritar hasta que los vecinos se enfaden. Ven que la alcoba nos llama….ella nos reta--a ahogarnos las llamaradas. Ven, vamos a escalar el Himalaya, Ven, que el amor será nuestra mejor guía mientras la descubrimos. Logremos derretir con nuestros fogosos cuerpos, la nieve que la decora. Ven, que quiero ser tu “Hima” para que tu nieve enfrié mi canícula. Quiero ser tu himno, tu gloria, tu mujer insaciable. Quiero que tú seas mi “ālaya”, mi morada, mi lugar donde exquisitamente calo en tu cúpula. Que seas mi río Brahmaputra y que me emputes la impudicia. Que desagües mis valles con tu dulce boca. Que conquistes la cordillera de mis pretensiones. Que derritas mis ventisqueros para alimentar mis famélicos deseos. Ven, que nuestra alcoba nos llama, nos invita. Vamos a subir la montaña Everest entre besos que excitan. Dejemos que el amor nos quebrante sin descuido. Nos embriague entre artimañas mientras escalamos hacia la cima. Ven, que este amor se concomerá nuestras ganas, empuñándonos en cada paso mientras escalamos esta montaña de pasión, de devoción, de inaguantables salacidad. Ven que nuestro amor nos hará invencibles, cuando logremos al mismo tiempo colonizar nuestras cumbres y la decoremos con una emblemática bandera blanca…... Ven mi cielo a dormir conmigo, que el amor, el calor y el deseo se están carcomiendo en nuestro lecho. LeydisProse 7/7/2017h ttps://www.facebook.com/LeydisProse/
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El día abre la mano                 Tres nubes                 Y estas pocas palabras Al alba busca su nombre lo naciente Sobre los troncos soñolientos centellea la luz Galopan las montañas a la orilla del mar El sol entra en las aguas con espuelas La piedra embiste y rompe claridades El mar se obstina y crece al pie del horizonte Tierra confusa inminencia de escultura El mundo alza la frente aún desnuda Piedra pulida y lisa para grabar un canto La luz despliega su abanico de nombres Hay un comienzo de himno como un árbol Hay el viento y nombres hermosos en el viento
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Semillas para un himno
Ang awitin ng mga armas, ang katahimikan ng kampana, ang tinig ng mga bala, ang kawalan ng himno ng misa. Balikan mo ang kwento ng nayon, bilhin mo ang bawat minuto at oras, mag-baliktanaw sa kahapon at ngayon nang ‘di ma-balewala ang bukas at wakas. Ang himig ng mga nagliliparang pana, bulong ng mga dasal at adhikain, ang ungol ng mga sundalong sugatan, bitbit ko sa aking kasal sa kanluranin. Balikan mo ang kwento ng nayon, bilhin mo ang bawat minuto at oras, mag-baliktanaw sa kahapon at ngayon nang ‘di ma-balewala ang bukas at wakas.
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Oct 6, 2024
Oct 6, 2024 at 2:37 AM UTC
Baler 1898
Altas encinas de ondulante copa; Troncos que os inclináis sobre las aguas De los torrentes; pinos misteriosos Que sois, al viento, cual silvestres arpas, ¿En vuestro ensueño secular y altivo, No soñáis con las épocas lejanas, Cuando el eco fugaz de los desiertos Del Canadá, tan sólo en la comarca Conocía  las voces de las tribus, Que en su existencia nómade mezclaban Sus cánticos guerreros en la selva Al rumor de las grandes cataratas? Bajo el cielo, de estrellas tachonado, Cuando del polo tempestuosas ráfagas Sacuden vuestros gajos, que parecen, Bajo la luz lunar, vagos fantasmas, (Soñáis tal vez con los lejanos días, Con los días gloriosos de la patria, Cuando en vuestras guaridas, nuestros padres La barbarie de siglos dominaban; Cuando llevando el ideal por guía y de ensueños heroicos llena el alma, Se abrían paso entre la selva, al grito De «Dios lo quiere»; el campo desbrozaban Para la vida, y en el yermo inculto Convertían los troncos en pilastras De futuras metrópolis, y luego, Pensando en las proezas del mañana, Al amparo del bosque congregados En las noches de invierno, como hosannas Hacían resonar en sus clarines, Nuncios de redención y de esperanza, El himno del futuro en el desierto, Sobre la virgen tierra americana? Sí, soñáis, de pretéritas edades Testigos, que os erguís en las montañas, Mudos sobrevivientes de naufragios En que fueron hundiéndose las razas... y resistiendo el golpe de los siglos Vuestro ramaje que imponente se alza, A los vientos del cielo canadense Con voz triunfal nuestra epopeya canta.
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La floresta
Altas encinas de ondulante copa; Troncos que os inclináis sobre las aguas De los torrentes; pinos misteriosos Que sois, al viento, cual silvestres arpas, ¿En vuestro ensueño secular y altivo, No soñáis con las épocas lejanas, Cuando el eco fugaz de los desiertos Del Canadá, tan sólo en la comarca Conocía  las voces de las tribus, Que en su existencia nómade mezclaban Sus cánticos guerreros en la selva Al rumor de las grandes cataratas? Bajo el cielo, de estrellas tachonado, Cuando del polo tempestuosas ráfagas Sacuden vuestros gajos, que parecen, Bajo la luz lunar, vagos fantasmas, (Soñáis tal vez con los lejanos días, Con los días gloriosos de la patria, Cuando en vuestras guaridas, nuestros padres La barbarie de siglos dominaban; Cuando llevando el ideal por guía y de ensueños heroicos llena el alma, Se abrían paso entre la selva, al grito De «Dios lo quiere»; el campo desbrozaban Para la vida, y en el yermo inculto Convertían los troncos en pilastras De futuras metrópolis, y luego, Pensando en las proezas del mañana, Al amparo del bosque congregados En las noches de invierno, como hosannas Hacían resonar en sus clarines, Nuncios de redención y de esperanza, El himno del futuro en el desierto, Sobre la virgen tierra americana? Sí, soñáis, de pretéritas edades Testigos, que os erguís en las montañas, Mudos sobrevivientes de naufragios En que fueron hundiéndose las razas... y resistiendo el golpe de los siglos Vuestro ramaje que imponente se alza, A los vientos del cielo canadense Con voz triunfal nuestra epopeya canta.
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esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa en el revés de un éxtasis/hace dos o tres besos fue mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo cuando le dan de amar/ y un beso antes todavía/ pisaba el mundo corrigiendo la noche con un pretexto cualquiera/en realidad es una nube a caballo de una mujer/un corazón que avanza cuando tocan el himno nacional y ella rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos por la llovizna nacional/ esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas que lava con furor/con sangre/con olvido/ encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel/ caen calles de fuego de su barrio irrompible y una mujer y un hombre que caminan atados al delantal de penas con que se pone a lavar/ igual que mi madre lavando pisos cada día/ para que el día tenga una perla en los pies/ es una perla de rocío/ mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío/ le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío/ en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas creciendo/ el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza/ siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día/ limpiaba suciedades del mundo/ lavaba el piso del sur/ volviendo a esa mujer/en sus hojas más altas se posan los horizontes que miré mañana/ los pajaritos que volarán ayer/ yo mismo con su nombre en mis labios/
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Cerezas