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"hembra" poems
En Sevilla a un sevillano siete hijas le dio Dios, todas siete fueron hembras y ninguna fue varón. A la más chiquita de ellas le llevó la inclinación de ir a servir a la guerra vestidita de varón. Al montar en el caballo la espada se le cayó; por decir, maldita sea, dijo: maldita sea yo. El Rey que la estaba oyendo, de amores se cautivó, -Madre los ojos de Marcos son de hembra, no de varón. -Convídala tú, hijo mío, a los rios a nadar, que si ella fuese hembra no se querrá desnudar. Toditos los caballeros se empiezan a desnudar, y el caballero Don Marcos se ha retirado a llorar. Por qué llora Vd. Don Marcos por qué debo de llorar, por un falso testimonio que me quieren levantar. No llores alma querida no llores mi corazón, que eso que tú tanto sientes, eso lo deseo yo.
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Romance de la doncella guerrera
La espuma me salpica como un rocío blanco y el viento me enmaraña el cabello en la frente. A mi espalda está el verde respaldo del barranco y a mis pies el gran río de elástica corriente. Rumores de la selva y rezongos del agua y tal como una lepra sobre el dorso del río, la mancha oblonga y negra que pinta la piragua, en la fresca penumbra del recodo sombrío. No medito, no sueño, no anhelo, estoy ligera de todo pensamiento y de toda quimera. Soy en este momento la hembra primitiva, atenta sólo al grave problema de su cena, y vigilo glotona, con un ansia instintiva, el corcho que se mece sobre el agua serena.
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La pesca
Furtivo y gris en la penumbra última, va dejando sus rastros en la margen de este río sin nombre que ha saciado la sed de su garganta y cuyas aguas no repiten estrellas. Esta noche, el lobo es una sombra que está sola y que busca a la hembra y siente frío. Es el último lobo de Inglaterra. Odín y Thor lo saben. En su alta casa de piedra un rey ha decidido acabar con los lobos. Ya forjado ha sido el fuerte hierro de tu muerte. Lobo sajón, has engendrado en vano. No basta ser cruel. Eres el último. Mil años pasarán y un hombre viejo te soñará en América. De nada puede servirte ese futuro sueño. Hoy te cercan los hombres que siguieron por la selva los rastros que dejaste, furtivo y gris en la penumbra última.
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Un lobo
Yo soy el cóndor, vuelo sobre ti que caminas y de pronto en un ruedo de viento, pluma, garras, te asalto y te levanto en un ciclón silbante de huracanado frío. Y a mi torre de nieve, a mi guarida negra te llevo y sola vives, y te llenas de plumas y vuelas sobre el mundo, inmóvil, en la altura. Hembra cóndor, saltemos sobre esta presa roja, desgarremos la vida que pasa palpitando y levantemos juntos nuestro vuelo salvaje.
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El cóndor
Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para la injuria del coplero ganso torno mis brumas cada vez más densas. Para el mohín de los leyente docto marco mis versos de bizarro rictus, (leyente docto: abléptico pedante) tizno mis versos de macabros untos. Para mí... no hago nada, nada, nada, A qué contar a la olvidosa gente si el amor en mi pecho llora o canta? (a la olvidosa gente, es a saber: al aire, al viento, al sol, al río, al mar...) o a qué decir si el alma poesía, -gruña así o grazne la trivial raleaa qué decir si el alma poesía huésped es de mi torre o de mi rúa? Y que (como Villon el su tabardo, su buitre prometeiico Atlas el Sordo, como Nerón la púrpura, y la toga César el Calvo, y ponzoñosa daga el Valentino de mirar buido, y, de la Tour de Nesle precipitado, el saco Buridán, oh Margarita!) yo porto, a más del tirso y la careta, yo porto, en mí, la sombra del fastidio, signo fatal, exilio sin remedio? (como Nerón la púrpura, o la toga César el Calvo, o la siniestra daga el Valentino César, cuando arruga su ceño ante las turbas enemigas!) Un ignorado ritmo, dócil, terso, donde el absurdo corazón esparzo, ¡eso será la impertinente estrofa en que de todo mi desdén se befa, y más de mí!: desdén, sobrio estilete y el más seguro amigo en el combate contra la tribu inulta! ¡Oh Muchedumbre!: qué vales tú, si topas con el Hombre? (y el Hombre, dí, si topa con el Hambre? y Muchedumbre y Hombre con la Hembra?). Para mí no hago nada, nada, nada, ¡sino soñar, sólo vivir la vida! Para mí no hago nada... ¿acaso humo cuando en la pipa blondo aroma quemo, -si en el magín devano las ideas humo también, color de fantasía...-? Para mí no hago nada, nada, sólo soñar, vivir la vida a contrapelo. Sin un sueño de Amor más que divino -por tener de ideal y ser humano que da objeto y razón a mi durar... sin ése Amor, mejor fuérame ser una Sombra en la Sombra: quieto Buda dormitando en la Muerte o en la Vida. Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para ofender la mesocracia ambiente mi risa hago sonar de monte a monte; tizno mis versos de bizarro rictus para el mohín de lo leyente docto; para divertimento de mí mismo trovas pergeño: absurdos y sarcasmos! Y busco algo de ensueño y de aventura dentro la noche...! y doy la vida entera por el Amor, oh tú, sola Mujer! mientras viene el morir!
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Balada de asonancias consonantes o de consonancias disonantes o de simples disonancias
Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para la injuria del coplero ganso torno mis brumas cada vez más densas. Para el mohín de los leyente docto marco mis versos de bizarro rictus, (leyente docto: abléptico pedante) tizno mis versos de macabros untos. Para mí... no hago nada, nada, nada, A qué contar a la olvidosa gente si el amor en mi pecho llora o canta? (a la olvidosa gente, es a saber: al aire, al viento, al sol, al río, al mar...) o a qué decir si el alma poesía, -gruña así o grazne la trivial raleaa qué decir si el alma poesía huésped es de mi torre o de mi rúa? Y que (como Villon el su tabardo, su buitre prometeiico Atlas el Sordo, como Nerón la púrpura, y la toga César el Calvo, y ponzoñosa daga el Valentino de mirar buido, y, de la Tour de Nesle precipitado, el saco Buridán, oh Margarita!) yo porto, a más del tirso y la careta, yo porto, en mí, la sombra del fastidio, signo fatal, exilio sin remedio? (como Nerón la púrpura, o la toga César el Calvo, o la siniestra daga el Valentino César, cuando arruga su ceño ante las turbas enemigas!) Un ignorado ritmo, dócil, terso, donde el absurdo corazón esparzo, ¡eso será la impertinente estrofa en que de todo mi desdén se befa, y más de mí!: desdén, sobrio estilete y el más seguro amigo en el combate contra la tribu inulta! ¡Oh Muchedumbre!: qué vales tú, si topas con el Hombre? (y el Hombre, dí, si topa con el Hambre? y Muchedumbre y Hombre con la Hembra?). Para mí no hago nada, nada, nada, ¡sino soñar, sólo vivir la vida! Para mí no hago nada... ¿acaso humo cuando en la pipa blondo aroma quemo, -si en el magín devano las ideas humo también, color de fantasía...-? Para mí no hago nada, nada, sólo soñar, vivir la vida a contrapelo. Sin un sueño de Amor más que divino -por tener de ideal y ser humano que da objeto y razón a mi durar... sin ése Amor, mejor fuérame ser una Sombra en la Sombra: quieto Buda dormitando en la Muerte o en la Vida. Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para ofender la mesocracia ambiente mi risa hago sonar de monte a monte; tizno mis versos de bizarro rictus para el mohín de lo leyente docto; para divertimento de mí mismo trovas pergeño: absurdos y sarcasmos! Y busco algo de ensueño y de aventura dentro la noche...! y doy la vida entera por el Amor, oh tú, sola Mujer! mientras viene el morir!
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Es una intensísima corriente un relámpago ser de lecho una dona mórbida ola un reflujo zumbo de anestesia una rompiente ente florescente una voraz contráctil prensil corola entreabierta y su rocío afrodisíaco y su carnalesencia natal letal alveolo beodo de violo es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que estrellan y disgregan aunque Dios sea su vientre pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada una libélula de médula una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes un chupochupo súcubo molusco que gota a gota agota boca a boca la mucho mucho gozo la muy total sofoco la toda ¡shock! tras ¡shock! la íntegra colapso es un hermoso síncope con foso un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico un ¡knock out! técnico dichoso si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno el sedimento aglutinante de un precipitado de labios el obsesivo residuo de una solución insoluble un mecanismo radioanímico un terno bípedo bullente un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio y espasmos lírico-dramáticos aunque tal vez sea un espejismo un paradigma un eromito una apariencia de la ausencia una entelequia inexistente las trenzas náyades de Ofelia o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable una despótica materia el paraíso hecho carne una perdiz a la crema.
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Ella
A caballo, Tarumba, hay que montar a caballo para recorrer este país, para conocer a tu mujer, para desear a la que deseas, para abrir el hoyo de tu muerte, para levantar tu resurrección. A caballo tus ojos, el salmo de tus ojos, el sueño de tus piernas cansadas. A caballo en el territorio de la malaria, tiempo enfermo, hembra caliente, risa a gotas. A donde llegan noticias de vírgenes, periódicos con santos, y telegramas de corazones deportivos como una bandera. A caballo, Tarumba, sobre el río, sobre la laja de agua, la vigilia, la hoja frágil del sueño (cuando tus manos se despiertan con nalgas), y el vidrio de la muerte en el que miras tu corazón pequeño. A caballo, Tarumba, hasta el vertedero del sol.
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Untitled
Tonight you’re in costume, the grand toreador Feeling pride in the getup, of bull fighters lore You smile as you’re thinking, that you look quite fine And hope that you’ll get, to the ball right on time One last look in the mirror, you head for the door You’ll never return, to this life as before You run two by two, down the stairs to the street And think of the party, and who you might meet The cape that you carry, flows red in the breeze Has just caught my eye, for one moment I freeze Then lower my head, hooves scratching the ground Come charging and snorting, as you whirl around My eyes of a blue that do mesmerize you Horns mighty and deadly and ready to do What many brave fighters have done to my kind I’ll gore you with pride, then I’ll leave you behind Linda Pahl, 5/18/14
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May 18, 2014
May 18, 2014 at 10:10 PM UTC
Toro Hembra
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
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Trova del cazador de efímeros arreboles
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
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Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -del campamento lujuriante Hada. Guisos cuán apetitosos mano albi-roja guisaba -Rosa maritornes única! (mejor sus manos rosa-albas, frentes, mejillas que la fiebre dora, frentes, mejillas que la fiebre exalta, acariciaban -gaviotas sobre la mar que hispe la borrasca-) Oh Rosa la de mis besos y en su boca vibrátil... (tibia aljaba de la lengua vivaz -venusina flecha para mi boca sansebastianizada...-) Oh Rosa la de los ojos como la noche cerrada: y un sutil estrabismo los volvía pérfidas y malignas azagayas para mi corazón -al par audaz y tímido-, para mi corazón: dardos, virotes y macanas! Y me herían dulcísimos sus ojos de terciopelo -negros- y de lascivia -en llamas! Oh Rosa de los abrazos de fulva leona en brama! Rosa pícara felina! Y en sus brazos morenos naufragaba mi ser -mi ser, a pique, jubiloso!- Oh mármol móvil en la móvil hamaca! Oh mármol ágil sobre los yerbales! Rútilo mármol en las rubias aguas 1 del Cauca río: -retozante Fauno, flavo Sileno ansioso de la nuda Oreada 2 fogoso mármol, Venus sapiente, en la alcoba, a la noche insomne y ávida! Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -síntesis de Ninones y de Aspasias. Por ella, riñas, enojos, celos, duelos, algaradas: Rosa, Helena de esa Troya, mucho más hembra que la Helena clásica! Rosa la de los labios gordezuelos y los perfectos muslos y las róseas cúpulas elásticas! Rosa..., fugada con los años idos...: ¿dónde amarás ahora, Venus de Bolombolo, Lais del Cauca?
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Canción de rosa del cauca
Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -del campamento lujuriante Hada. Guisos cuán apetitosos mano albi-roja guisaba -Rosa maritornes única! (mejor sus manos rosa-albas, frentes, mejillas que la fiebre dora, frentes, mejillas que la fiebre exalta, acariciaban -gaviotas sobre la mar que hispe la borrasca-) Oh Rosa la de mis besos y en su boca vibrátil... (tibia aljaba de la lengua vivaz -venusina flecha para mi boca sansebastianizada...-) Oh Rosa la de los ojos como la noche cerrada: y un sutil estrabismo los volvía pérfidas y malignas azagayas para mi corazón -al par audaz y tímido-, para mi corazón: dardos, virotes y macanas! Y me herían dulcísimos sus ojos de terciopelo -negros- y de lascivia -en llamas! Oh Rosa de los abrazos de fulva leona en brama! Rosa pícara felina! Y en sus brazos morenos naufragaba mi ser -mi ser, a pique, jubiloso!- Oh mármol móvil en la móvil hamaca! Oh mármol ágil sobre los yerbales! Rútilo mármol en las rubias aguas 1 del Cauca río: -retozante Fauno, flavo Sileno ansioso de la nuda Oreada 2 fogoso mármol, Venus sapiente, en la alcoba, a la noche insomne y ávida! Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -síntesis de Ninones y de Aspasias. Por ella, riñas, enojos, celos, duelos, algaradas: Rosa, Helena de esa Troya, mucho más hembra que la Helena clásica! Rosa la de los labios gordezuelos y los perfectos muslos y las róseas cúpulas elásticas! Rosa..., fugada con los años idos...: ¿dónde amarás ahora, Venus de Bolombolo, Lais del Cauca?
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-Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas? Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquilany tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin  risas. ¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles? Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo. Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día. Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca. ¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.
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Adán y eva iv
El placer de sufrir, de odiar, me tiñe la garganta con plásticos venenos, mas la cerda que implanta su orden mágico, su grandeza taurina, entre la prima y la sexta y la octava mendaz, las sufre todas. El placer de sufrir... ¿Quién? ¿a quién? ¿quién, las muelas? ¿a quién la sociedad, los carburos de rabia de la encía? ¿Cómo ser y estar, sin darle cólera al vecino? Vales más que mi número, hombre solo, y valen más que todo el diccionario, con su prosa en verso, con su verso en prosa, tu función águila, tu mecanismo tigre, blando prójimo. El placer de sufrir, de esperar esperanzas en la mesa, el domingo con todos los idiomas, el sábado con horas chinas, belgas, la semana, con dos escupitajos. El placer de esperar en zapatillas, de esperar encogido tras de un verso, de esperar con pujanza y mala poña; el placer de sufrir: zurdazo de hembra muerta con una piedra en la cintura y muerta entre la cuerda y la guitarra, llorando días y cantando meses.
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Guitarra
La muerte entra y sale de la taberna. Pasan caballos negros y gente siniestra por los hondos caminos de la guitarra. Y hay un olor a sal y a sangre de hembra, en los nardos febriles de la marina. La muerte entra y sale, y sale y entra la muerte de la taberna.
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Malagueña
encienden alegría en el mundo/ traen el vino/aún no tocado/ como virgen morena que ya empezaba a encanecer/ ¿no has de besarla con deseo?/ ¿cuánto esperó/en la larga oscuridad/ juntarse con tu sangre/ celebrar estas bodas?/ oh vino añejo/como la noche fue tu padre/ pero en mi alma harás un campo verde como tu madre/y jardines llenos de pájaros de todas clases/ y habrá comercio entre ellos y la lengua/ y mis ersos tendrán más vuelo y músic que todos los jardines de bagdad/ oh rojo/no tenés lugar para las penas/ te escancia un ser de partes femeninas en traje de varón/ cuando te alzó/puro/en la jarra/ de su rostro cayeron resplandores/ la noche negra se hizo día/ y me sirvió una transparencia que cegó el ojo/la memoria/ si mezclaran esa luz con la luz su unión engendraría otra luz/ la no vista/la última/ ahora domeño el tiempo/ sentó a mi mesa la hembra de mi deseo/ que no haya ausencia entre nosotros/ te añoro a vos/no el sitio donda la bella Hind/o Asma la de pechos redondos y blanquísimos/ plantó su tienda/sus aromas de leche ardiente y noche/ ¿y quién querrá vivir en una tienda/ viendo pasar ovejas y camellos?/ quiero vivir en vos/vino/bajo soles que fueron/con tus cándidas esposas meciendo la cuna de mis versos dormindos/
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La cuna
Ir muriendo y cantando. Y bautizar la sombra con sangre babilónica de noble gladiador. Y rubricar los cuneiformes de la áurea alfombra con la pluma del ruiseñor y la tinta azul del dolor. ¿La Vida? Hembra proteica. Contemplarla asustada escaparse en sus velos, infiel, falsa Judith; verla desde la herida, y asirla en la mirada, incrustando un capricho de cera en un rubí. Mosto de Babilonia, Holofernes, sin tropas, en el árbol cristiano yo colgué mi nidal; la viña redentora negó amor a mis copas; Judith, la vida aleve, sesgó su cuerpo hostial. Tal un festín pagano. Y amarla hasta en la muerte, mientras las venas siembran rojas perlas de mal; y así volverse al polvo, conquistador sin suerte, dejando miles de ojos de sangre en el puñal.
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Pagana
Mi corazón emprende de mi cuerpo a tu cuerpo último viaje. Retoño de la luz, agua de las edades que en ti, perdida, nace. Ven a mi sed. ahora. Después de todo. Antes. Ven a mi larga sed entretenida en bocas, escasos manantiales. Quiero esa arpa honda que en tu vientre arrulla niños salvajes, Quiero esa tensa humedad que te palpita, esa humedad de agua que te arde. Mujer, músculo suave. La piel de un beso entre tus senos de oscurecido oleaje me navega en la boca y mide sangre. Tú también. Y no es tarde. Aún podemos morirnos uno en otro: es tuyo y mío ese lugar de nadie. Mujer, ternura de odio, antigua madre, quiero entrar, penetrarte, veneno, llama, ausencia, mar amargo y amargo, atravesarte. Cada célula es hembra, tierra abierta, agua abierta, cosa que se abre. Yo nací para entrarte. Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante. Por conocerte estoy, grano de angustia en corazón de ave. Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres tendrán un hombre encima en todas partes.
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Mi corazón emprende...
«A los moros por dinero; a los cristianos de balde». ¿Quién es ésta que lo cumple? Dígasmelo tú, el romance. Yo, con mi fe de bautismo, tras ella bebo los aires; por moro me tienen todas: dinero quieren que gaste. En lenguaje de mujeres, que es diferente lenguaje, de balde es dos veces dé, cosa que no entendió nadie. Todas me llaman Antón, todas me cobran Azarque, y son, al daca y al pido, mis billetes Alcoranes. El sombrero que les quito se les antoja turbante, y mi prosa, algarabía, por más español que hable. Sin duda, romance aleve, que, por sólo el consonante, a los pordioseros fieles les diste alegrón tan grande. Y aquella maldita hembra, para burlar el linaje de los Baldeses de paga, tocó a barato una tarde. Iuego que el romance oí, me llamaba por las calles cristianísimo, sin miedo del rey de Francia y sus Pares. ¿Adónde están los cristianos que gozan de aqueste lance?: que en el reino de Toledo los Pedros pagan por Tarfes. Si la que lo prometiste en esa cazuela yaces, más gente harás, si te nombras, que las banderas de Flandes. Doña Urraca diz que fue la del pregón detestable: que cosa tan mal cumplida no pudo ser de otras aves.
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Romance
¿Mi secreto? ¡Es tan triste! ¿Estoy perdido de amores por un ser desaparecido, por un alma liberta, que diez años fue mía, y que se ha ido... ¿ Mi secreto? te lo diré al oído: ¡Estoy enamorado de una muerta! ¿Comprendes -tú que buscas los visibles transportes, las reales, las tangibles caricias de la hembra, que se plasma a todos tus deseos invencibles- ese imposible de los imposibles de adorar a un fantasma? ¡Pues tal mi vida es y tal ha sido y será!       Si por mí solo ha latido su noble corazón, hoy mundo y yerto, ¿he de mostrarme desagradecido y olvidarla, no más porque ha partido, y dejarla, no más porque se ha muerto?
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Ix. mi secreto
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo.
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Poema 7
Por la orilla del Ganges suenan vivos clamores, Los tigres, dando fieros rugidos penetrantes, saltan, rotos los yugos, y en fuga las Bacantes destrozan la vendimia, por los valles y alcores. Rompen uñas y dientes pámpanos cimbradores que  enrojecen con sangre de uvas, incitantes gargantas, y se tienden las fieras jadeantes entre púrpura y fango, del sol a los fulgores. Sobre cuerpos convulsos y con sangre teñidos, bostezando los tigres, o entre sordos rugidos, una sangre olfatean más roja y más caliente. Pero el Dios, embriagándose  con tal fiesta inaudita, con el tirso y los gritos a las fieras irrita, y une en tanto a la hembra con el macho rugiente.
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Bacanal
Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente, en el surco, en el viento, en la arena, en el mar... Sembrar, sembrar, sembrar, infatigablemente: En mujer, surco o sueño, sembrar, sembrar, sembrar... Yérguete ante la vida con la fe de tu siembra; siembra el amor y el odio, y sonríe al pasar... La arena del desierto y el vientre de la hembra bajo tu gesto próvido quieren fructificar... Desdichados de aquellos que la vida maldijo, que no soñaron nunca ni supieron amar... Hay que sembrar un árbol, una ansia, un sueño, un hijo. Porque la vida es eso: ¡Sembrar, sembrar, sembrar!
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Sembrar