"guardaba" poems
Ojalá todo fuera un circulo que vuelve a girar, así podría hacerme de sus oídos de nuevo y decirle querida dama que fui nefasto, de cierto modo tuve miedo, sus ojos esquivos turbaron mi cabeza y un laberinto imaginario caminé, un laberinto entre su cabello rizado a mano y sus expresiones extrañas , sus ganas de no perseguirme a pesar de haber robado su mochila y de haberla hecho esperar en aquel lugar cerrado, le aseguro que su abrigo gris de aquel día no solo guardaba su cuerpo del frío sino que también supo mágicamente envolverme de calor sin tocarme;
y aquellos besos que siempre quiso y que yo también quedaron afuera del café, pero no intente recogerlos tal vez alguien ya los pisó, o alguien que pasó por ahí se nos robó las ganas de un beso, de explotar.
Admito sin lugar a dudas que hice que perdiera el tiempo fijándose en mí, pero le confieso que no era yo, o era un yo que no pudo ver ni sentir,
El tiempo pasa y los pesares se vuelven más pesados, en mi caso le agradezco por que fue la paciencia que necesité para encontrarme envuelto en su laberinto, solo lamento que hoy la paciencia se ha terminado.
Feb 10, 2016
Feb 10, 2016 at 12:02 AM UTC
Karl Gustav Van der Meyer
era un gran jardinero.
Allá, en su alegre Holanda de cofias y molinos,
de canales y zuecos,
Karl Gustav cultivaba tulipanes extraños
en la penumbra de su invernadero.
Karl Gustav Van der Mayer soñaba con la gloria
de un tulipán fastuosamente *****
íntegramente ***** como las noches árticas,
como un luto total en terciopelo.
Y era así, día a día y año tras año.
Y su sueño era un sueño.
Pero él, imperturbable, regaba sus macetas,
meditando en abonos y en injertos.
(A veces, distraído, se guardaba los bulbos
en los bolsillos del chaleco...)
Karl Gustav Van der Mayer, indiferentemente,
vio blanquear sus cabellos.
Pasó el amor un día y él se encogió de hombros,
para seguir soñando con tulipanes negros...
Pero, una noche, alguien saltó la tapia.
Alguien, con un puñal.
Y el jardinero
cayó de bruces sobre sus macetas,
muerto.
Y alguien cavó en la tierra,
y echó el cadáver y tapó aquel hueco.
Karl Gustav Van der Mayer se quedó para siempre
en la penumbra de su invernadero.
Ah, pero un día, un día
se vio brotar del suelo
un tulipán de luto,
fastuosamente, íntegramente *****
Karl Gustav Van der Mayer no pudo ver su gloria,
pues la abonó su propio cuerpo.
Karl Gustav Van der Mayer
no supo que su muerte le dio vida a su sueño...
(Karl Gustav Van der Mayer siempre llevaba bulbos
en los bolsillos del chaleco...)
Por los viejos canales siguen pasando barcas,
y aún giran, como entonces, los molinos de viento.
Las muchachas sin novio regresan del domingo
entre un blancor de cofias y un trepidar de zuecos.
Ah, y, sin embargo,
Karl Gustav Van der Mayer era un gran jardinero!
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¡Mañana de primavera! Vino ella a besarme, cuando,
del lado de la ribera por donde latía andando,
una alondra mañanera subió del surco cantando
«¡Mañana de primavera!»
Le hablé de la mariposa blanca que vi en el sendero.
Me miraba deleitosa esperando mi «Te quiero».
Y cediéndome la rosa, me dijo «¡Cuánto te
quiero,
no sabes lo que te quiero!»
En sus labios me guardaba tantos besos para mí.
Los ojos yo le besaba: Me dijo: «Son para ti.
Tú para quien te esperaba. Mis ojos son para ti
Tú para quien te esperaba».
La besé ciego de amores labios y ojos con quereres,
con tan preciosos fervores que me dijo: «¿Tú
no quieres
bajar al jardín? Las flores ayudan a las mujeres
cuando cuentan sus amores».
El cielo de primavera era azul de paz y olvido...
Una alondra mañanera cantó en el huerto aún
dormido.
Luz de cristal su voz era en el terrón removido...
¡Mañana de primavera!
1.1k
Cerrado te quedaste, libro mío.
Tú, que con la palabra bien medida
me abriste tantas veces la escondida
vereda que pedía mi albedrío,
esta noche de julio eres un frío
mazo de papel blanco. Tu fingida
lumbre de buen amor está encendida
dentro de mí con no fingido brío.
Pero no has muerto, no, buen compañero
que para vida superior te acreces:
el oro que guardaba tu venero
hoy está libre en mí, no en ti cautivo,
y lo que me fingiste tantas veces
aquí en mi corazón lo siento vivo.
653
Había un hombre que tenía una doctrina.
Una doctrina que llevaba en el pecho,
(junto al pecho, no dentro del pecho),
una doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.
Y la doctrina creció. Y tuvo que meterla en un arca,
en un arca como la del Viejo Testamento.
Y el arca creció. Y tuvo que llevarla a una casa muy grande.
Entonces nació el templo.
Y el templo creció. Y se comió al arca, al hombre
y a la doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.
Luego vino otro hombre que dijo:
El que tenga una doctrina que se la coma,
antes de que se la coma el templo;
que la vierta, que la disuelva en su sangre,
que la haga carne de su cuerpo...
y que su cuerpo sea
bolsillo,
arca
y templo.
645
En la imponente nave
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.
Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio.
Del cuerpo abandonado,
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito.
De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.
Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
don ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra,
y que en sueños veía el paraíso.
Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío
con el callado paso que llegamos
junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento,
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío,
en el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
para la que un instante son los siglos...
Cansado del combate
en que luchando vivo,
alguna vez me acuerdo con envidia
de aquel rincón oscuro y escondido.
De aquella muda y pálida
mujer me acuerdo y digo:
-¡Oh, qué amor tan callado, el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!
639
Hoy, como nunca, me enamoras y me entristeces;
si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave
nuestras dos lobregueces.
Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida;
pero ya tu garganta sólo es una sufrida
blancura, que se asfixia bajo toses y toses,
y toda tú una epístola de rasgos moribundos
colmada de dramáticos adioses.
Hoy, como nunca, es venerable tu esencia
y quebradizo el vaso de tu cuerpo,
y sólo puedes darme la exquisita dolencia
de un reloj de agonías, cuyo tic-tac nos marca
el minuto de hielo en que los pies que amamos
han de pisar el hielo de la fúnebre barca.
Yo estoy en la ribera y te miro embarcarte:
huyes por el río sordo, y en mi alma destilas
el clima de esas tardes de ventisca y de polvo
en las que doblan solas las esquilas.
Mi espíritu es un paño de ánimas, un paño
de ánimas de iglesia siempre menesterosa;
es un paño de ánimas goteando de cera,
hollado y roto por la grey astrosa.
No soy más que una nave de parroquia en penuria,
nave en que se celebran eternos funerales,
porque una lluvia terca no permite
sacar el ataúd a las calles rurales.
Fuera de mí, la lluvia; dentro de mí, el clamor
cavernoso y creciente de un salmista;
mi conciencia, mojada por el hisopo, es un
ciprés que en una huerta conventual se contrista.
Ya mi lluvia es diluvio, y no miraré el rayo
del sol sobre mi arca, porque ha de quedar roto
mi corazón la noche cuadragésima;
no guardaba mis pupilas ni un matiz remoto
de la lumbre solar que tostó mis espigas;
mi vida sólo es una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas.
741
Las palomas de la plaza de San Marcos
que el municipio de Venecia cebaba para los turistas
se han muerto todas de repente...
La paloma de Picasso que yo guardaba como una reliquia
en un viejo cartapacio
ha desaparecido...
En el Concilio Ecuménico nadie sabe por dónde anda
la paloma de la anunciación...
Y el Vaticano está consternado
porque se halla enferma la paloma del Espíritu Santo.
Se dice que en el mundo hay ahora
una mortífera epidemia de palomas...
Y el Consejo de la Paz no encuentra
por ninguna parte una paloma.
490
Descendía lentamente los escalones del bus mientras me preguntaba cómo me iba a sentir. Habían pasado tantos meses, pero bien podría haber sido ayer. El tiempo no cura este tipo de dolores, solo aprendes a vivir con ellos como con el ruido constante de los carros en la ciudad.
Los recuerdos se aferran a tantas cosas que no he podido evadirlas todas, a pesar de mis esfuerzos. Sin embargo, tenía que regresar a tu casa y las calles reprochaban mi olvido gritando tu memoria. Cada tienda, cada esquina, cada piedra guardaba un pedazo tuyo que iba recogiendo para armar un rompecabezas que rompía mi corazón, de nuevo.
Le agradezco a esas cuadras no intentar borrarte, como yo, por guardar tanto de tus últimos años de vida. Aun así no puedo evitar odiarlas por seguir inmutables a pesar de tu ausencia, ¿cómo es eso posible? Que las calles no sientan la ausencia del sol. Del hombre que fue Superman y todos los demás heroes. Parece imposible, no lo entiendo.
Son tantos los recuerdos que se entretejen entre ellos y se convierten en un desordenado tapiz de anécdotas. Ahora quiero guardarlos todos, todos los que pueda. Busco entre los cajones de mi memoria y los cojo con cuidado, son como flores que planeo dejar entre las páginas de libros para preservarlas, no importa si no siguen igual. Porque incluso si están muertas, todavía huelen a ti.
Feb 11, 2018
Feb 11, 2018 at 10:44 PM UTC
Sobre la triste tumba que abandona
El vano deudo que por necio brillo
La ornó ayer con espléndida corona,
Crece el clavel silvestre y amarillo.
Y sobre ese clavel que de áureo manto
Viste la tumba que olvidó el impío,
Sólo viene a llorar al campo-santo
El alba que lo empapa con rocío.
Se rompe al fin la tumba y nadie advierte
Lo que guardaba en su mansión oscura,
Porque ya en polvo lo cambió la muerte
Y el viento esparció el polvo en la llanura
Y en aquel sitio en que ninguna mano
Enciende cirios ni cultiva flores
Libre y feliz el mísero gusano
Se torna en mariposa de colores.
No hay tumba sin adorno en su tristeza.
¡Como que en ella están los ojos fijos
De la que nunca olvida en su grandezal
¡De la madre inmortal Naturaleza
Que vela eternamente por sus hijos!
404
La abuelita guardaba, con olor de vainilla
Su guitarra en estuche forrado en verde pana.
¡Hace ya tantos años!... Era en la edad lejana
De contradanzas lentas, mantón y redecilla.
La abuelita tocaba, siempre alegre y sencilla;
Y con cuánto donaire, su cabecita cana
Iba el compás llevando, al tocar la pavana
Que bailaba en sus tiempos de noviazgo en Sevilla.
Y tocaba y cantaba la abuelita. Su canto,
De lo que ha muerto y vive tenía el dulce encanto,
Y siempre el estribillo decía: «¿No te acuerdas?»
Y una tarde -la última- «¿No te acuerdas?» cantaba,
Bajó los ojos tristes, mas la vi que lloraba;
Y sus cabellos blancos cayeron en las cuerdas.
380
Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.
Mas hoy le llamo en vano y oigo, al tiempo
que le acabó, decir:
¡Ah, barro miserable, eternamente
no podrás ni aun sufrir!
328
Me deshago en gotas,
Brotes de invierno
Ajustados al punto de su tornar azul.
Agitada el agua, se mueve roja y escrupulosa
Socava mi respiración desde un vértice hasta el vacío.
Vacilas tus hojas en ramas de verano
en un recuerdo fútil.
Innegable tentación,
Sudaste y despertaste en el cuenco de mi lengua
Y te veía dormido en un espejismo
De esa extraña sensación de conocerte
Sin poder anticipar el movimiento de tus labios.
Era una mentira que guardaba
tu sutileza
Aquella misma que no me deja describirte
Porque fuiste ausente en tu acecho
Y aún así dejaste tu olor en mi tejido.
Me ahogo intentando contar tus lunares, en la incertidumbre de las horas cercanas y lejanas
Que ahorita empiezan a contar kilómetros y no suspiros.
No eres tú en tus colores tímidos
No soy yo en mis obsesiones ruidosas
No es ni el afuera ni el adentro
Son las cosas extrañas que van a la deriva en mi agua salada.
Flotan para encontrarlas y se quedan brillantes hasta que la sal las carcome.
Feb 17, 2020
Feb 17, 2020 at 11:00 AM UTC