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"fuese" poems
En Sevilla a un sevillano siete hijas le dio Dios, todas siete fueron hembras y ninguna fue varón. A la más chiquita de ellas le llevó la inclinación de ir a servir a la guerra vestidita de varón. Al montar en el caballo la espada se le cayó; por decir, maldita sea, dijo: maldita sea yo. El Rey que la estaba oyendo, de amores se cautivó, -Madre los ojos de Marcos son de hembra, no de varón. -Convídala tú, hijo mío, a los rios a nadar, que si ella fuese hembra no se querrá desnudar. Toditos los caballeros se empiezan a desnudar, y el caballero Don Marcos se ha retirado a llorar. Por qué llora Vd. Don Marcos por qué debo de llorar, por un falso testimonio que me quieren levantar. No llores alma querida no llores mi corazón, que eso que tú tanto sientes, eso lo deseo yo.
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Romance de la doncella guerrera
Recuerdo exactamente como si fuese ayer. Recuerdo cuando en los veranos mi padre se iba a jugar al campo de futbol y nos llevaba a mi hermana y yo. Andaba un overol estilo chor morado con flores amarillas al lado y teñís negros. Suena como estilo feo y raro pero yo desde peque me vestía diferente. Pero se veía bien. Vale. Miraba a mi papa jugar el futbol como si fuese campeón jajá. Cuando el era joven de 18 anos le había dicho que si quería jugar futbol profesional. Pero mi padre decidió que no. No se porque no tomo esa oportunidad? Estuvo buena.. pero años después se caso con mi mama y nacimos nosotros. Mi hermana gemela, yo y mis dos hermanos. Las Malta Goya's fueron esas bebidas que me encantaba tomar en esos días súper calientes. Al principio no me gustaba mucho. Wakala dije yo! pero no se como explicar este sentimiento pero mi cuerpo deseaba mas. Ahora que tengo 18 anos los sigo bebiendo. Wow. El que lea esto debería de probar Malta Goya. Cuando lo buscas en Google dice que es cerveza sin alcohol. jeje ;)
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Jan 12, 2015
Jan 12, 2015 at 8:15 PM UTC
Cuando era peque..
Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir: ya lo decía. Casi toqué la parte de mi todo y me contuve con un tiro en la lengua detrás de mi palabra. Hoy me palpo el mentón en retirada y en estos momentáneos pantalones yo me digo: ¡Tánta vida y jamás! ¡Tántos años y siempre mis semanas!... Mis padres enterrados con su piedra y su triste estirón que no ha acabado; de cuerpo entero hermanos, mis hermanos, y, en fin, mi ser parado y en chaleco. Me gusta la vida enormemente pero, desde luego, con mi muerte querida y mi café y viendo los castaños frondosos de París y diciendo: Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo: ¡Tánta vida y jamás me falla la tonada! ¡Tántos años y siempre, siempre, siempre! Dije chaleco, dije todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar. Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado y está bien y está mal haber mirado de abajo para arriba mi organismo. Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga, porque, como iba diciendo y lo repito, ¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años, y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!
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Hoy me gusta la vida mucho menos...
Todos han muerto. Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo. Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: «Buenos días, José! Buenos días, María!» Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre. Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer. Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina. Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién. Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia. Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos. Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el sol se fuese. Murió mi eternidad y estoy velándola.
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La violencia de las horas
Como decirte que me has lastimado, si eso significa que te lastimaría Como aclarar tus dudas si aclararlas es que sufras la verdad Como asercarme a ti con amor si se que te podria lastimar Dime, acaso fui yo quien cambio? Fui you la que se alejo de la verdad primero? Fueron mis palabras las que lastimaron mas? Fue La fuerza de mi amor la que hizo tanto daño? Yo solo quería escucharte decir un te quiero aunque fuese mentira Solo quería tener el palpitar de tu corazón conjunto al mio Solo tenía la esperanza de que por una vez tu tomaras mi mano Yo solo quería sentir que tenía el respaldo de alguien.... Tenía muchos deseos de que me sostubieras en tus brazos De que por un momento todo pareciera solo una pesadilla Quería porbun instante llevarme yo la victoria , aunque hiciera trampa Quería tenerte como un amigo,un aliado, un hermano Me canse de que quisieras ser un padre, sabes ya tengo bastantantes de esos Uno se dio por vencido y nunca intento ser parte de mi vida Otro estuvo allí y cobro un precio demasiado caro que tuve que pagar Si quieres ser un padre para mi tienes que lastimarme, hacerme sentir que valgo la pena y luego darte la vuelta
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Aug 28, 2015
Aug 28, 2015 at 11:47 PM UTC
Spanish Melody
A orillas, de rodillas, se sentó y me hablo. Me plasmo la puesta de sol que había presenciado, Canto su poema favorito. Hablo sobre el amor de mis días, Y la soledad que reencarnaba mi silueta. Yo la escuchaba, cual sonido de las gaviotas, Como si la vida que ella recitaba fuese de admirar. Su sonrisa era como brisa, Le devolvía el brillo a mi piel. Pero sin importar el brillo, En su regazo, Se encontraba mi alma. Alma descolorada, sin algo adentro; Que lloraba sin lágrimas por falta de esencia. “Triste vida mía, ¿qué ha sucedido contigo?” Pregunta con ternura. Y allí yacía, Esperando alguna contestación. Las pocas lágrimas que quedaban Brotaron como flores en pradera La tenía frente a mí, Mi parte desnuda, cristalizada, pura. Seque mis lágrimas y le di las gracias, Por su visita inesperada.
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Mar 26, 2015
Mar 26, 2015 at 11:00 PM UTC
Visitas inesperadas.
Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo.Del abismo se levanta la queja amarga y sonora La onda, cuando el viento canta, llora,Los violines de la bruma saludan al sol que muere. Salmodia la blanca espuma: ¡Miserere!La armonía el cielo inunda, y la brisa va a llevar la canción triste y profunda del mar.Del clarín del horizonte brota sinfonía rara, como si la voz del monte vibrara.Cual si fuese lo invisible... cual si fuese el rudo són que diese al viento un terrible ***
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Tarde del trópico
No te conozco Como quisiera Extranjera Hermosa, Pero en mi vida Como te extraño; Como un sueño Que uno acaba de tener Pero a los minutos se huye De los pensamientos, Estos sentimientos Me queman A pesar De ser solo cenizas, Tu rostro Me invade Detrás de las cortinas De mis ojos, En noches Como esta, Pienso en tu fantasma Como si fuese La mismísima sabana Que me resguarda, Pienso en ti Bella extraña, Y se me hace tan extraño Que te recuerde Con tan solo haberte Conocido unos pocos minutos Como granos en un desierto Pero cómo quedan En los zapatos sin querer… APAD13 – 114 © okpoet
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May 11, 2013
May 11, 2013 at 4:30 PM UTC
Extranjera...
Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso-;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta).
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Me basta así
Si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso-;                                 entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio.                     Oigo constelaciones: existes.                         Creo en ti.                                     Eres.                                           Me basta).
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¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Lo que no muere
¿Suspiros?... ¡Aire!... ¿Lágrimas?... ¡Agua! ¿Insomnios?... ¡Nervios! Tenéis razón: ¡Y yo no duermo, llorando penas! ¡Y yo suspiro, sintiendo amor! Seres felices los que ignoramos Que amor, ternura, dicha y pesar, Sólo son causas que determinan Las secreciones del lagrimal. Hay algo oculto, misterio santo, De nuestra vida fuerza y poder, Ignota llama, constante impulso Que todos sienten, que nadie ve. ¿La sangre acaso? ¡callad, ilusos! ¿La sangre puede reír, llorar? ¿Guardan sus globos los pensamientos, Las esperanzas, lo inmaterial? ¿Quizá los nervios? Hilos que llevan Hasta el cerebro la sensación, ¿También trasmiten los sentimientos Que nos elevan buscando a Dios? Duermo en la alcoba sola y oscura, Y no es tan negra mi soledad, Pues ya dormido, con otros ojos Miro las formas de lo ideal. ¿En qué pupilas y en qué retina Se graba el ángel que alcanzo a ver? ¿Por qué sin ojos mirarlo puedo, Y estando mudo, le hablo también? ¡Sangre! No bastas para la mente. Prestas al barro tinte y color; Y de igual modo correr podrías Dentro la estatua de Pigmalión. Mas este impulso secreto y vago Que le llamamos sentir, pensar; Que nos eleva, que nos contiene, Que deja al barro, y al cielo va; Esta secreta llama que encierra Conciencia, juicio, talento, amor; Que no se palpa, que no se mide: La fe, la gloria, la inspiración; No está en los nervios ni está en la sangre; ¡No! que si fuese materia vil, Cuando se duerme bajo la tumba, Con sangre y nervios quedara allí. Eso es eterno. La ciencia, el arte, Reflejos suyos siempre serán. Fuera del alma ¡cuán pobres somos! ¡Todo se muere! ¡Todo se va!
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Levantóse Gerineldo,   que al rey dejara dormido, fuese para la infanta   donde estaba en el castillo. -Abráisme, dijo, señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién sois vos, el caballero,   que llamáis a mi postigo? -Gerineldo soy, señora,   vuestro tan querido amigo. Tomárala por la mano,   en un lecho la ha metido, y besando y abrazando   Gerineldo se ha dormido. Recordado había el rey   de un sueño despavorido; tres veces lo había llamado,   ninguna le ha respondido. -Gerineldo, Gerinaldo,   mi camarero pulido; si me andas en traición,   trátasme como a enemigo. O dormías con la infanta   o me has vendido el castillo. Tomó la espada en la mano,   en gran saña va encendido, fuérase para la cama   donde a Gerineldo vido. El quisiéralo matar,   mas criole de chiquito. Sacara luego la espada,   entrambos la ha metido, porque desque recordase   viese cómo era sentido. Recordado había la infanta   y la espada ha conocido. -Recordados, Gerineldo,   que ya érades sentido, que la espada de mi padre   yo me la he bien conocido.
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Romance de gerineldo
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Remordimiento
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Si tuviésemos la fuerza suficiente para apretar como es debido un trozo de madera, sólo nos quedaría entre las manos un poco de tierra. Y si tuviésemos más fuerza todavía para presionar con toda la dureza esa tierra, sólo nos quedaría entre las manos un poco de agua. Y si fuese posible aún oprimir el agua, ya no nos quedaría entre las manos nada.
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Esto no es nada
Por el amplio silencio del instante pasa un vago temor. Tal vez gira la puerta sin motivo y se recoge una visión distante, como si el alma fuese un mirador. Afuera canta un pájaro cautivo y con gota fugaz el surtidor. Tal vez fingen las cortinas altas plegarse al toque de una mano intrusa, y el incierto rumor a las pupilas del enfermo acusa un camino de llanto en derredor. En sus ojos opacos, mortecinos, se reflejan las cosas con candor, mientras la queja fluye a los labios exangües de dolor. Cuenta la Hermana cuentas de rosario y piensa en el Calvario del Señor. Pero invade la sombra vespertina un extraño temor, y en el péndulo inmóvil se adivina la séptima caída del amor. Tal vez gira la puerta sin motivo. Afuera canta un pájaro cautivo, y con gota fugaz el surtidor.
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El enfermo
He de encomiar en verso sincerista la capital bizarra de mi Estado, que es un cielo cruel y una tierra colorada. Una frialdad unánime en el ambiente, y unas recatadas señoritas con rostro de manzana, ilustraciones prófugas De las cajas de pasas. Católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de época terciaria. (Y se odian los unos a los otros con buena fe.)                       Una típica montaña que, fingiendo un corcel que se encabrita, al dorso lleva una capilla, alzada al Patrocinio de la Virgen.                                       Altas y bajas del terreno, que son siempre una broma pesada. Y una Catedral, y una campana mayor que cuando suena, simultánea con el primer clarín del primer gallo, en las avemarías, me da lástima que no la escuche el Papa. Porque la cristiandad entonces clama cual si fuese su queja mas urgida la vibración metálica, y al concurrir ese clamor concéntrico del bronce, en el ánima del ánima, se siente que las aguas del bautismo nos corren por los huesos y otra vez nos penetran y nos lavan.
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La bizarra capital de mi estado...
Con cartas sus mensajeros   el rey al Carpio envió: Bernardo, como es discreto,   de traición se receló: las cartas echó en el suelo   y al mensajero habló: -Mensajero eres, amigo,   no mereces culpa, no, mas al rey que acá te envía   dígasle tú esta razón: que no le estimo yo a él   ni aun a cuantos con él son; mas por ver lo que me quiere   todavía allá iré yo. Y mandó juntar los suyos,   de esta suerte les habló: -Cuatrocientos sois, los míos,   los que comedes mi pan: los ciento irán al Carpio   para el Carpio guardar, los ciento por los caminos,   que a nadie dejen pasar; doscientos iréis conmigo   para con el rey hablar; si mala me la dijere,   peor se la he de tornar. Por sus jornadas contadas   a la corte fue a llegar: -Dios os mantenga, buen rey,   y a cuantos con vos están. -Mal vengades vos, Bernardo,   traidor, hijo de mal padre, dite yo el Carpio en tenencia,   tú tómaslo en heredad. -Mentides, el rey, mentides,   que no dices la verdad, que si yo fuese traidor,   a vos os cabría en parte; acordáseos debía   de aquella del Encinal, cuando gentes extranjeras   allí os trataron tan mal, que os mataron el caballo   y aun a vos querían matar; Bernardo, como traidor,   de entre ellos os fue a sacar. Allí me diste el Carpio   de juro y de heredad, prometísteme a mi padre,   no me guardaste verdad. -Prendedlo, mis caballeros,   que igualado se me ha. -Aquí, aquí los mis doscientos,   los que comedes mi pan, que hoy era venido el día   que honra habemos de ganar. El rey, de que aquesto viera,   de esta suerte fue a hablar: -¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;   que así enojado te has? ¿Lo que hombre dice de burla   de veras vas a tomar? Yo te dó el Carpio, Bernardo,   de juro y de heredad. -Aquestas burlas, el rey   no son burlas de burlar; llamásteme de traidor,   traidor, hijo de mal padre: el Carpio yo no lo quiero,   bien lo podéis vos guardar, que cuando yo lo quisiere,   muy bien lo sabré ganar.
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Entrevista de bernardo con el rey
Con cartas sus mensajeros   el rey al Carpio envió: Bernardo, como es discreto,   de traición se receló: las cartas echó en el suelo   y al mensajero habló: -Mensajero eres, amigo,   no mereces culpa, no, mas al rey que acá te envía   dígasle tú esta razón: que no le estimo yo a él   ni aun a cuantos con él son; mas por ver lo que me quiere   todavía allá iré yo. Y mandó juntar los suyos,   de esta suerte les habló: -Cuatrocientos sois, los míos,   los que comedes mi pan: los ciento irán al Carpio   para el Carpio guardar, los ciento por los caminos,   que a nadie dejen pasar; doscientos iréis conmigo   para con el rey hablar; si mala me la dijere,   peor se la he de tornar. Por sus jornadas contadas   a la corte fue a llegar: -Dios os mantenga, buen rey,   y a cuantos con vos están. -Mal vengades vos, Bernardo,   traidor, hijo de mal padre, dite yo el Carpio en tenencia,   tú tómaslo en heredad. -Mentides, el rey, mentides,   que no dices la verdad, que si yo fuese traidor,   a vos os cabría en parte; acordáseos debía   de aquella del Encinal, cuando gentes extranjeras   allí os trataron tan mal, que os mataron el caballo   y aun a vos querían matar; Bernardo, como traidor,   de entre ellos os fue a sacar. Allí me diste el Carpio   de juro y de heredad, prometísteme a mi padre,   no me guardaste verdad. -Prendedlo, mis caballeros,   que igualado se me ha. -Aquí, aquí los mis doscientos,   los que comedes mi pan, que hoy era venido el día   que honra habemos de ganar. El rey, de que aquesto viera,   de esta suerte fue a hablar: -¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;   que así enojado te has? ¿Lo que hombre dice de burla   de veras vas a tomar? Yo te dó el Carpio, Bernardo,   de juro y de heredad. -Aquestas burlas, el rey   no son burlas de burlar; llamásteme de traidor,   traidor, hijo de mal padre: el Carpio yo no lo quiero,   bien lo podéis vos guardar, que cuando yo lo quisiere,   muy bien lo sabré ganar.
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Imaginé mi horror por un momento que Dios, el solo vivo, no existiera, o que, existiendo, sólo consistiera en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento. Y que la  muerte, oh estremecimiento, fuese el hueco sin luz de una escalera, un colosal vacío que se hundiera en un silencio desolado, liento. Entonces ¿para qué vivir, oh hijos de madre, a qué vidrieras, crucifijos y todo lo demás? Basta la muerte. Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos. O si no, déjanos precipitarnos sobre Ti -ronco río que revierte.
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Basta
Todo, todo, en el aire, en el agua, en la tierra, desarraigado y ácido, descompuesto, perdido. El agua hecha caballo antes que nube y lluvia. Los toros transformados en sumisas poleas. El engaño sin malla, sin "tutu", sin pezones. La impúdica mentira exhibiendo el trasero en todas las posturas, en todas las esquinas. Las polillas voraces de expediente cocido, disfrazadas de hiena, de tapir con mochila. Las techumbres que emigran en oscuras bandadas. Las ventanas que escupen dentaduras de piano, cacerolas, espejos, piernas carbonizadas. Porque mirad sin musgo, mi corazón de yesca, qué hicimos, qué hemos hecho con nuestras pobres manos, con nuestros esqueletos de invierno y de verano. Desatar el incendio. Aplaudir el desastre. Trasladar, sobre caucho, apetitos de pústula. Prostituir los crepúsculos. Adorar los bulones y los secos cerebros de nuez reblandecida... Como sí no existiera más que el sudor y el asco; como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre las raíces del odio; como si ya no fuese bastante deprimente saber que sólo somos un pálido excremento del amor, de la muerte.
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Hazaña
El lampo que forman sus ojos al momento de apreciar tu mirada, es realmente hermoso, que ocupo algún artefacto para no caer en ceguera a causa de lagrimas, ya que es un brillo divino y Maravilloso, del que nadie puede relegar, Al tempo de pasar a su lado el aroma que se percibe tan perfecto, que opaca hasta el petricor de los días lluviosos. Entra en contexto, que antes de todo esto era solo una noche más, una noche más de las que el saber hacer es negativo, de las que se pensaba que fuera acabar igual, con solo un simple deseo, pero sin ningun hecho. Pero todo cambió, todo cambio al momento de querer dar un giro y poder decirle lo que realemnte siento, fue como un sueño, el tomarla de la mano me demayaba por dentro, que todo parecía no ser real y en mi mente pensar que si fuese un sueño nunca terminar, en donde la platica resultó ser más de lo que se fuese a esperar, donde mis deseos se pudrieron por fin revelar. Cuenta me doy que dios si escucho mis plegarias, cuenta me doy que todo el dolor por el que ella sufrir haya tenido una recompenza al final, espero que esto no sea un sueño repito y si es así amanecer nunca querre, ya que contento y feliz estoy así, y voy a vivir el momento aúnque tenga que morir.
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Jun 24, 2017
Jun 24, 2017 at 4:35 AM UTC
Untitled
Pienso en vos cuando muero de frío, pienso en vos cuando me puede el hastío de un amor sin sentido, de un amor sin latidos. Y es que preferiría estar en tus brazos que en la miseria de este eterno ocaso. Y es que me conmueven tus caricias y tu calor, cuando acá sólo parece haber dolor. Lágrimas sin secar y noches en vela, cómo si mí amor por él fuese una maldita condena. Por eso me escapo a tu recuerdo, con tu voz en mí mente, finalmente, me duermo. Y es que el cuerpo a mí lado ya duerme hace rato, y es que en su curiosidad perdió la última vida el gato. Y todavía sigo acá con una compañía ausente. Y todavía sigo acá, siempre al pendiente. Otra noche más pensándote. Otra noche más diciéndo que me iré.
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May 27, 2021
May 27, 2021 at 8:19 AM UTC
Todavía sigo acá.
una mañana de otoño sim simmons se levantó sin ojos como caídos a favor de la estación "pero no importa" dijo y se alisaba la memoria "no importa realmente no importa" decía sim simmons poniéndose árboles vacíos en las cuencas a los que alimentó con estampidos gritos olvidos silenciosas partes nocturnos insectos portadores de muerte rondaban por los árboles "no importa" decía sim desplegando sus tiernas alas y volando todo alrededor del cielo "si fuese una nube" decía "si fuese un halcón o catástrofe lo que me come el corazón" decía "te apagaste paloma" decía sim simmons sin llorar "no tengo ojos para llorar" decía "y sin embargo debiera" decía recordando que todo vegetal, agua llanto lluvia o río necesita para abrigar un tierno nido así que sim simmons se puso a llorar los árboles se le volaron y otra vez tuvo ojos para mirar o ver o sufrir y llorar sin dar comida a nadie "me lo merezco" decía sim simmons tarde "me lo merezco mucho" decía con los ojos ya secos duros brillantes como sol bajo la tierra de Alabama dos ríos nacieron donde lo enterraron uno hacia el norte otro hacia le sur para memoria para olvido y todo el mundo tuvo agua pero sim simmons no: miraba para abajo ya merecido o muerto o triste sin árboles sin árboles
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Lamento por el llanto de sim simmons
Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente. Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente. Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo! Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
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Voy a hablar de la esperanza
Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente. Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente. Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo! Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
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Escribo, borro, escribo, borro. Como si la vida fuese un libro, un clásico; como si el lápiz no se gastase, dejando solo la goma. Como si fuéramos imborrables, como si no se nos pudiera romper el grafo en cualquier momento. Escribo, borro, escribo, borro...
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May 27, 2025
May 27, 2025 at 8:33 PM UTC
"Inconsistencia"
Si odiase a alguien como odio a mi cuerpo, La luz de mi odio guiaría a los peregrinos de la disidia a mi corazón, y la pereza de mi odio sería tan grande que tu belleza sería opaca como la de cualquier otro. Si odiase a alguien como odio a mi cuerpo lloraría todos los días por el ingrato muerto como no lloro todas las noches por mi desdicha. Si odiase a alguien sería a mi mismo por tener mi cuerpo. Y de mis venas fluiría la sangre como de tu corazón el olvido. Mi olvido. Si amase a alguien os amaría a todos pero el odio a mi cuerpo me impide veros como si fuese niebla en una noche de Enero, pues mi corazón ya está roto por dentro como mi cuerpo está roto por fuera. // If a hated someone as I hate my body, the light of my hatred would guide the sloth's pilgrims to my heart, and the lazyness of my hatred would be so big your beauty would be opaque as any other's. If I hated someone as I hate my body I would cry each day for the ungrateful dead as I don't cry each night for my misery. If I hated someone it'd be myself for having my body. And from my veins blood would flow as from your heart the oblivion. My oblivion. If I loved someone I would love you all but the hatred towards my body unables me to see you as if it were fog in a January night, for my heart is already broken inside as my body is broken outside.
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Jun 9, 2018
Jun 9, 2018 at 4:22 AM UTC
Si odiase a alguien/If I hated someone
A veces por supuesto usted sonríe y no importa lo linda o lo fea lo vieja o lo joven lo mucho o lo poco que usted realmente sea sonríe cual si fuese una revelación y su sonrisa anula todas las anteriores caducan al instante sus rostros como máscaras sus ojos duros frágiles como espejos en óvalo su boca de morder su mentón de capricho sus pómulos fragantes sus párpados su miedo sonríe y usted nace asume el mundo mira sin mirar indefensa desnuda transparente y a lo mejor si la sonrisa viene de muy de muy adentro usted puede llorar sencillamente sin desgarrarse sin deseperarse sin convocar la muerte ni sentirse vacía llorar sólo llorar entonces su sonrisa si todavia existe se vuelve un arco iris.
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Arco iris