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"frescor" poems
¡Oh la luna, la luna que cantan los poetas! ¡Oh la luna brillante de tristeza tremenda! ¡La luna que no sabe ni del frescor del agua ni del viento que tacta, como un fauno, las selvas! ¡La luna que no tiene ni un árbol, ni una brizna, ni una mujer y un hombre que se quieran en ella, ni un puñado de polvo que dance en remolinos, ni un río que haga ruido saltando entre sus piedras! Parece tan hermosa, tan nueva, tan luciente, y no es más que una pobre vieja desposeída, frente a frente a la tierra millonaria de dones una muerta consciente frente a frente a una viva. ¡Piedad para la luna! ¡Piedad para la luna! No beséis vuestras novias, ¡oh novios!, ante ella. ¡Dios sabe de qué envidias y angustias está llena la luz que nos envían la luna y las estrellas.
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La luna
Igual, la flor retorna a limitarnos el instante azul, a dar una hermandad gustosa a nuestro cuerpo, a decirnos, oliendo inmensamente, que lo breve nos basta. Lo breve al sol de oro, al aire de oro, a la tierra de oro, al áureo mar; lo breve contra el cielo de los dioses, lo breve enmedio del oscuro no, lo breve en suficiente dinamismo, conforme entre armonía y entre luz. Y se mece la flor, con el olor más rico de la carne, olor que se entra por el ser y llega al fin de su sinfín, y allí se pierde, haciéndonos jardín. La flor se mece viva fuera, dentro, con peso exacto a su placer. Y el pájaro la ama y la estasía, y la ama, redonda, la mujer, y la ama y la besa enmedio el hombre. ¡Florecer y vivir, instante de central chispa detenida, abierta en una forma tentadora; instante sin pasado, en que los cuatro puntos cardinales son de igual atracción dulce y profunda: instante del amor abierto como la flor! Amor y flor en perfección de forma, en mutuo sí frenético de olvido, en compensación loca, olor, sabor y olor, color, olor y tacto, olor, amor, olor. El viento rojo la convence y se la lleva, rapto delicioso, con un vivo caer que es un morir de dulzor, de ternura, de frescor; caer de flor en su total belleza, volar, pasar, morir de flor y amor en el día mayor de la hermosura, sin dar pena en su irse ardiente al mundo, ablandando la tierra sol y sombra, perdiéndose en los ojos azules de la luz!
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Flor que vuelve
¡Cómo resbala el agua por mi espalda!               ¡Cómo moja mi falda, Y pone en mis mejillas su frescura de nieve!               Llueve, llueve, llueve,               Y voy, senda adelante, Con el alma ligera y la cara radiante,               Sin sentir, sin soñar, Llena de la voluptuosidad de no pensar.               Un pájaro se baña En una charca turbia. Mi presencia le extraña, Se detiene... Me mira... Nos sentimos amigos... ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!               Después es el asombro De un labriego que pasa con su azada en el hombro.               Y la lluvia me cubre De todas las fragancias que a los setos da octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado, Como un maravilloso y estupendo tocado De gotas cristalinas, de flores deshojadas Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.               Y siento, en la vacuidad Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad Del placer infinito, dulce y desconocido,               De un minuto de olvido.               Llueve, llueve, llueve, Y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.
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Bajo la lluvia
Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca. Ni el odio soterraño. Ni la envidia bajuna, ni la ambición acezante, de embaïdor atuendo, ni el logrero además, al sesgo, sinuöso,         penetró en la bicoca. Ni la saña virulenta (no la iracundia hiendo, no transito la insidia: vuelo ingrávido); ni pueril amargura (nútrome de inasibles)         penetró en la bicoca. Lo que vozna o que grazna, rahez, ávido; lo que repta, serpea, húmido, yerto; lo que exhibe su pus o su laceria,         no penetró en la bicoca. Prometeo y su buitre, ni Jesús en el huerto, (Job non me peta: ¡oh gafo Jeremías!) ni la nenia (el dolor me topó estoico)         penetró en la bicoca. Platino de las noches, similor de los días; cobre de los crepúsculos; la hecha cuotidiana; la gris tragedia fonje que desuela o inunda,         no penetró en la bicoca. Ni, plácido, el frescor lustral de la mañana al espíritu libre del inútil pequeño mester, y ni la tarde sin menester minúsculo,         penetró en la bicoca. Ni la noche del fértil sueño; ni el tras-sueño -hórrido amanecer para absurdos oficios- de la aventura lauta sin la próxima angustia,         penetró en la bicoca. Libertad ni Ocio próvido ni Holganza… (ásperas sicios sin Moisés aqüifice cuando la roca toca…) (¿tú quoque jeremítico?) La palinodia imbele         no penetro en la bicoca. Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca.
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Estancias
Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca. Ni el odio soterraño. Ni la envidia bajuna, ni la ambición acezante, de embaïdor atuendo, ni el logrero además, al sesgo, sinuöso,         penetró en la bicoca. Ni la saña virulenta (no la iracundia hiendo, no transito la insidia: vuelo ingrávido); ni pueril amargura (nútrome de inasibles)         penetró en la bicoca. Lo que vozna o que grazna, rahez, ávido; lo que repta, serpea, húmido, yerto; lo que exhibe su pus o su laceria,         no penetró en la bicoca. Prometeo y su buitre, ni Jesús en el huerto, (Job non me peta: ¡oh gafo Jeremías!) ni la nenia (el dolor me topó estoico)         penetró en la bicoca. Platino de las noches, similor de los días; cobre de los crepúsculos; la hecha cuotidiana; la gris tragedia fonje que desuela o inunda,         no penetró en la bicoca. Ni, plácido, el frescor lustral de la mañana al espíritu libre del inútil pequeño mester, y ni la tarde sin menester minúsculo,         penetró en la bicoca. Ni la noche del fértil sueño; ni el tras-sueño -hórrido amanecer para absurdos oficios- de la aventura lauta sin la próxima angustia,         penetró en la bicoca. Libertad ni Ocio próvido ni Holganza… (ásperas sicios sin Moisés aqüifice cuando la roca toca…) (¿tú quoque jeremítico?) La palinodia imbele         no penetro en la bicoca. Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca.
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Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago, en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Cantarán los techos de palmera. Iré a Santiago. Cuando la palma quiere ser cigüefla, iré a Santiago. Y cuando quiere ser medusa el plátano, iré a Santiago. Iré a Santiago con la rubia cabeza de Fonseca. Iré a Santiago. Y con la rosa de Romeo y Julieta iré a Santiago. ¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! Iré a Santiago. ¡Oh cintura caliente y gota de madera! Iré a Santiago. ¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco! Iré a Santiago. Siempre he dicho que yo iría a Santiago en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Brisa y alcohol en las ruedas, iré a Santiago. Mi coral en la tiniebla, iré a Santiago. El mar ahogado en la arena, iré a Santiago, calor blanco, fruta muerta, iré a Santiago. ¡Oh bovino frescor de calaveras! ¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro! Iré a Santiago.
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Son de negros en cuba
Permuta-me uma dor Pouco menor, para que caiba dentro do meu amor Para que esconda ela embaixo do frescor De palavras ditas com tanto ardor Mas com uma tênue cor De belicismo ao meu interior Mas tudo isso ocultado por uma radiância Que resplandece do seu interior
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Oct 29, 2015
Oct 29, 2015 at 5:57 PM UTC
A historia do amor ( e de sua dor)
donde dice "salió de sí como de un calabozo" (página tal verso cual) podría decir "el arbolito creció creció" o alguna otra equivocación a condición de tener ritmo ser cierta o verdadera así escribió sidney west estas líneas que nunca lo amarán en el frescor de un pozo ciego y oscuro arriba de la tierra deslumbrada por el sol o sol o sol o sol donde dice "si fuéramos o fuésemos/como rostros humanos" (página tal verso cual) es como el buey que allí se aró no podrido por la pena o la furia disimulando el mucho rato en soledá ¡ah sidney west! aquí terminan (ojalá) tus repechazos áspimos y pésimos qué poca por alrededor de este hombre y adentro qué animal a sidney west se lo comieron todos los pájaros que supo inventar la ponina y el nino especialmente golosos de su estado y pasión abierta dulce como inútil donde dice "un día pasó lo que sigue" (página tal verso cual) había pasado antes la tristeza y eso es fatal para el poeta fue fatal para el peno de west ¡ea bichitos tábanos fulgores que saludaban en el cementerio de Oak! allí lo pusieron a sidney west que duerma donde dice "que duerma duerma duerma" (página tal verso cual) debe decir que duerma y más nada así que west con el amor primero fue para sidney marinero sidney el último en historia giró con west como burro de noria que duerma y nada más debe decir (página tal verso cual) y más nada que duerma y no otra cosa que duerma duerma duerma que duerma duerma duerma sidney west hasta que alen por favor los pieses que duerma sidney west hasta que bien nos amoremos que duerma duerma duerma el padre lo respire si lo quisiese respirar acá yacen mezclados como antes peor que duerma duerma duerma que duerma sidney west donde dice "cortinas con los pájaros para que entre la mañana cantando" (página tal verso cual) debe apagarse a la mañana sidney west que duerma duerma duerma
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Fe de erratas
donde dice "salió de sí como de un calabozo" (página tal verso cual) podría decir "el arbolito creció creció" o alguna otra equivocación a condición de tener ritmo ser cierta o verdadera así escribió sidney west estas líneas que nunca lo amarán en el frescor de un pozo ciego y oscuro arriba de la tierra deslumbrada por el sol o sol o sol o sol donde dice "si fuéramos o fuésemos/como rostros humanos" (página tal verso cual) es como el buey que allí se aró no podrido por la pena o la furia disimulando el mucho rato en soledá ¡ah sidney west! aquí terminan (ojalá) tus repechazos áspimos y pésimos qué poca por alrededor de este hombre y adentro qué animal a sidney west se lo comieron todos los pájaros que supo inventar la ponina y el nino especialmente golosos de su estado y pasión abierta dulce como inútil donde dice "un día pasó lo que sigue" (página tal verso cual) había pasado antes la tristeza y eso es fatal para el poeta fue fatal para el peno de west ¡ea bichitos tábanos fulgores que saludaban en el cementerio de Oak! allí lo pusieron a sidney west que duerma donde dice "que duerma duerma duerma" (página tal verso cual) debe decir que duerma y más nada así que west con el amor primero fue para sidney marinero sidney el último en historia giró con west como burro de noria que duerma y nada más debe decir (página tal verso cual) y más nada que duerma y no otra cosa que duerma duerma duerma que duerma duerma duerma sidney west hasta que alen por favor los pieses que duerma sidney west hasta que bien nos amoremos que duerma duerma duerma el padre lo respire si lo quisiese respirar acá yacen mezclados como antes peor que duerma duerma duerma que duerma sidney west donde dice "cortinas con los pájaros para que entre la mañana cantando" (página tal verso cual) debe apagarse a la mañana sidney west que duerma duerma duerma
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Como en el ala el infinito vuelo, cual en la flor está la esencia errante, lo mismo que en la llama el caminante fulgor, y en el azul el solo cielo; como en la melodía está el consuelo, y el frescor en el chorro, penetrante, y la riqueza noble en el diamante, así en mi carne está el total anhelo. En ti, soneto, forma, esta ansia pura copia, como en un agua remansada, todas sus inmortales maravillas. La claridad sin fin de su hermosura es, cual cielo de fuente, ilimitada en la limitación de tus orillas.
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Al soneto con mi alma
Padre y maestro mágico, liróforo celeste que al instrumento olímpico y a la siringa agreste             diste tu acento encantador; ¡Panida! Pan tú mismo, con coros condujiste hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,             ¡al son del sistro y del tambor!Que tu sepulcro cubra de flores Primavera, que se humedezca el áspero hocico de la fiera             de amor si pasa por allí; que el fúnebre recinto visite Pan bicorne; que de sangrientas rosas el fresco abril te adorne             y de claveles de rubí.Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo, ahuyenten la negrura del pájaro protervo             el dulce canto de cristal que Filomela vierta sobre tus tristes huesos, o la armonía dulce de risas y de besos             de culto oculto y florestal.Que púberes canéforas te ofrenden el acanto, que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,             sino rocío, vino, miel: que el pámpano allí brote, las flores de Citeres, ¡y que se escuchen vagos suspiros de mujeres             bajo un simbólico laurel!Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya, en amorosos días, como en Virgilio, ensaya,             tu nombre ponga en la canción; y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche con ansias y temores entre las linfas luche,             llena de miedo y de pasión.De noche, en la montaña, en la negra montaña de las Visiones, pase gigante sombra extraña,             sombra de un Sátiro espectral; que ella al centauro adusto con su grandeza asuste; de una extrahumana flauta la melodía ajuste             a la armonía sideral.Y huya el tropel equino por la montaña vasta; tu rostro de ultratumba bañe la Luna casta             de compasiva y blanca luz; y el Sátiro contemple sobre un lejano monte una cruz que se eleve cubriendo el horizonte             ¡y un resplandor sobre la cruz!
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Verlaine
Padre y maestro mágico, liróforo celeste que al instrumento olímpico y a la siringa agreste             diste tu acento encantador; ¡Panida! Pan tú mismo, con coros condujiste hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,             ¡al son del sistro y del tambor!Que tu sepulcro cubra de flores Primavera, que se humedezca el áspero hocico de la fiera             de amor si pasa por allí; que el fúnebre recinto visite Pan bicorne; que de sangrientas rosas el fresco abril te adorne             y de claveles de rubí.Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo, ahuyenten la negrura del pájaro protervo             el dulce canto de cristal que Filomela vierta sobre tus tristes huesos, o la armonía dulce de risas y de besos             de culto oculto y florestal.Que púberes canéforas te ofrenden el acanto, que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,             sino rocío, vino, miel: que el pámpano allí brote, las flores de Citeres, ¡y que se escuchen vagos suspiros de mujeres             bajo un simbólico laurel!Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya, en amorosos días, como en Virgilio, ensaya,             tu nombre ponga en la canción; y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche con ansias y temores entre las linfas luche,             llena de miedo y de pasión.De noche, en la montaña, en la negra montaña de las Visiones, pase gigante sombra extraña,             sombra de un Sátiro espectral; que ella al centauro adusto con su grandeza asuste; de una extrahumana flauta la melodía ajuste             a la armonía sideral.Y huya el tropel equino por la montaña vasta; tu rostro de ultratumba bañe la Luna casta             de compasiva y blanca luz; y el Sátiro contemple sobre un lejano monte una cruz que se eleve cubriendo el horizonte             ¡y un resplandor sobre la cruz!
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Te he visto, por el parque ceniciento que los poetas aman para llorar, como una noble sombra vagar, envuelto en tu levita larga.       El talante cortés, ha tantos años compuesto de una fiesta en la antesala,  -¡qué bien tus pobres huesos   ceremoniosos guardan!-       Yo te he visto, aspirando distraído, con el aliento que la tierra exhala -hoy, tibia tarde en que las mustias hojas húmedo viento arranca-, del eucalipto verde el frescor de las hojas perfumadas. Y te he visto llevar la seca mano a la perla que brilla en tu corbata.
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A un viejo y distinguido señor
La noche es suave y muelle tal cual si fuera hecha con los vellones blandos de alguna oveja negra. No hay luna. Vago a oscuras por el campo hechizado. Huelo frescor de juncos, de sauces y de álamos. Voy junto a la laguna, ¡oh misterio del agua! El agua es un ser vivo que me contempla y calla. La laguna, esta noche, parece pensativa. Mi alma se alarga a ella como una serpentina. ¡Cuánto me gusta el agua! ¡Cuánto me gusta el agua! Hacia ella se inclina cual un junco mi alma. Acaso, en otra vida ancestral, yo habré sido antes de ser de carne, cisterna, fuente o río...
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La laguna
Con la cántara llena de agua, Y la boca de moras teñida, Y crujiente de espinas la enagua, Y en el moño una rosa prendida, De la fuente retorno, abismada En el dulce evocar de la cita. Y se hermana la tarde dorada Con la luz que en mis ojos palpita. Una extraña fragancia me enerva, Y en verdad yo no sé si es que sube Del jugoso frescor de la hierba, O se eleva de mi alma a la nube. Y, despierta sonámbula, sigo Balanceando mi cántara llena, Entre el oro alocado del trigo Y el temblor de los tallos de avena.
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Retorno
Árbol de Sangre riega la mañana por donde gime la recién parida. Su voz deja cristales en la herida y un gráfico de hueso en la ventana. Mientras la luz que viene fija y gana blancas metas de fábula que olvida el tumulto de venas en la huida hacia el turbio frescor de la manzana, Adam sueña en la fiebre de la arcilla un niño que se acerca galopando por el doble latir de su mejilla. Pero otro Adán oscuro está soñando neutra luna de piedra sin semilla donde el niño de luz se irá quemando.
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Adán
Estás hecha, mujer, para evocada contra el nocturno ébano bruñido: eres como un jazmín humedecido, eres como una valva nacarada. Incitante frescor de agua salada engólfase en tu nuca, estremecido; tienes los ojos de un color perdido, tu boca como el mar es ondulada y un alga de oro finge tu melena. Yo soy ése que está sobre la arena, tú eres así como una mar tendida, me salpicas de azul de vez en cuando e indiferente huyes y jugando... Y así pasan los años y la vida.
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A una mujer que me evocaba el mar
Ha pasado la siesta y la hora del Poniente se avecina, y hay ya frescor en esta costa que el sol del Trópico calcina. Hay un suave alentar de aura marina y el Occidente finge una floresta que una llama de púrpura ilumina.Sobre la arena dejan los cangrejos la ilegible escritura de sus huellas. Conchas color de rosa y de reflejos áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas de mar forman alfombra sonante al paso en la armoniosa orilla. Y cuando Venus brilla, dulce, imperial amor de la divina tarde, creo que en la onda suena o son de lira, o canto de sirena. Y en mi alma otro lucero, como el de Venus, arde.
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Vesperal
La noche tiene una Torva y caliginosa dulcedumbre. Sobre el cielo de estaño dá la luna La impresión de un lunar lleno de herrumbre. La brisa, como un gato, entre el ramaje De los árboles negros, juega y salta. Sobre el lomo del campo es un tatuaje La alberca que de líquenes se esmalta. Y es cada cosa un avisor oído Que se alarga atisbando la tormenta. Flota un olor de surco removido               Y de tierra sedienta. ¡Ah, qué larga pereza nos enerva Y con sus grillos nuestros piés sujeta! ¡ Qué ganas de dormir sobre esta hierba               Esponjada y discreta! Y así hasta que la lluvia nos despierte Con sus cien dedos de frescor salobre, Y el viento a nuestro lado agite fuerte, Sus campanillas de cristal y cobre. ¡Qué alocado retorno hacia la aldea, Ceñidos por los hilos de la lluvia, Mientras el vendaval peina y orea Mi testa negra y tu cabeza rubia!
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Noche de tormenta
El alba me sorprende buscando entre los lirios la huella de tu paso. ¡Imajen del naciente, que yerras en los hilos del renacer temprano! ¿En dónde el blanco tenue que luzca en el sol fino, por el frescor morado?
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El adolescente