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"finas" poems
Bella, como en la piedra fresca del manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu rostro, bella. Bella, de finas manos y delgados pies como un caballito de plata, andando, flor del mundo, así te veo, bella. Bella, con un nido de cobre enmarañado en tu cabeza, un nido color de miel sombría donde mi corazón arde y reposa, bella. Bella, no te caben los ojos en la cara, no te caben los ojos en la tierra. Hay países, hay ríos en tus ojos, mi patria está en tus ojos, yo camino por ellos, ellos dan luz al mundo por donde yo camino, bella. Bella, tus senos son como dos panes hechos de tierra cereal y luna de oro, bella. Bella, tu cintura la hizo mi brazo como un río cuando pasó mil años por tu dulce cuerpo, bella. Bella, no hay nada como tus caderas, tal vez la tierra tiene en algún sitio oculto la curva y el aroma de tu cuerpo, tal vez en algún sitio, bella. Bella, mi bella, tu voz, tu piel, tus uñas, bella, mi bella, tu ser, tu luz, tu sombra, bella, todo eso es mío, bella, todo eso es mío, mía, cuando andas o reposas, cuando cantas o duermes, cuando sufres o sueñas, siempre, cuando estás cerca o lejos, siempre, eres mía, mi bella, siempre.
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Bella
En la grana de un prado sanguíneo o en un bosque de cabezas cercenadas, la viuda reclama la carne de un párvulo ******** Allí donde entonan sus voces un coro de lamentos disonantes. Reniega de su apetito la matriarca del barrio francés Pues los gritos de Joliet no inquietan su consciencia, cosechan en cambio, un jardín de culposos deleites Placeres como solo admite, la maquiavelia de una gioconda que envuelta en lujosos atavíos extiende sus garras al inocente . Ni hablar del perjurio voraz, que oculta a la fantasía la marea virgen del infortunio y el propio siniestro. La desesperación de una madre que devora a sus hijos con el don de Saturno. Para la que no hay erotismo sino aquel que evoca el rigor cadavérico. Vapores que ascienden desde el lecho en descomposición, y alimentan su magia. Celebran el cruento dolor del infante, con la mirada de espanto apenas visible en el carmesí de sus finas pestañas Porque es claro como la luna y tan cierto como la muerte que en la viuda no hay gozo, sin el grito que desgarra la noche. Sin la brea que desciende sobre el horizonte, y la angustia que acompaña la pasión de la masacre.
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Aug 23, 2015
Aug 23, 2015 at 11:38 AM UTC
La Viuda de París
Ay, Poesía, pero mira que eres difícil, aunque busco hallar los cánones que te rigen termino encontrándome un insondable arcano que al pensar que me acerco, se hace más lejano. Eres tan inconsútil, intangible y etérea, creo atraparte en frases y huyes en la idea; cuando pienso que avisté la intuición onírica, me doy cuenta que se ha diluído la lírica. Tan real cual vida, muerte o la Primavera te presentas además como una Quimera que intentamos esculpir en finas palabras, pero sólo por momentos, ya que te escapas, cuando por siempre quedamos insatisfechos al ver que no hilamos el vestido perfecto. (Jorge Gómez A.)
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Jun 19, 2012
Jun 19, 2012 at 7:34 AM UTC
MIRA QUE ERES DIFÍCIL
¡Mecánica sincera y peruanísima la del cerro colorado! ¡Suelo teórico y práctico! ¡Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo! ¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena! ¡Cultivos que integra una asombrosa jerarquía de útiles y que integran con viento los mujidos, las aguas con su sorda antigüedad! ¡Cuaternarios maíces, de opuestos natalicios, los oigo por los pies cómo se alejan, los huelo retomar cuando la tierra tropieza con la técnica del cielo! ¡Molécula exabrupto! ¡Atomo terso! ¡Oh campos humanos! ¡Solar y nutricia ausencia de la mar, y sentimiento oceánico de todo! ¡Oh climas encontrados dentro del oro, listos! ¡Oh campo intelectual de cordillera, con religión, con campo, con patitos! ¡Paquidermos en prosa cuando pasan y en verso cuando páranse! ¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno! ¡Oh patrióticos asnos de mi vida! ¡Vicuña, descendiente nacional y graciosa de mi mono! ¡Oh luz que dista apenas un espejo de la sombra, que es vida con el punto y, con la línea, polvo y que por eso acato, subiendo por la idea a mi osamenta! ¡Siega en época del dilatado molle, del farol que colgaron de la sien y del que descolgaron de la barreta espléndida! ¡Angeles de corral, aves por un descuido de la cresta! ¡Cuya o cuy para comerlos fritos con el bravo rocoto de los temples! (¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!) ¡Leños cristianos en gracia al tronco feliz y al tallo competente! ¡Familia de los líquenes, especies en formación basáltica que yo respeto desde este modestísimo papel! ¡Cuatro operaciones, os sustraigo para salvar al roble y hundirlo en buena ley! ¡Cuestas in infraganti! ¡Auquénidos llorosos, almas mías! ¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y Perú al pie del orbe; yo me adhiero! ¡Estrellas matutinas si os aromo quemando hojas de coca en este cráneo, y cenitales, si destapo, de un solo sombrerazo, mis diez templos! ¡Brazo de siembra, bájate, y a pie! ¡Lluvia a base del mediodía, bajo el techo de tejas donde muerde la infatigable altura y la tórtola corta en tres su trino! ¡Rotación de tardes modernas y finas madrugadas arqueológicas! ¡Indio después del hombre y antes de él! ¡Lo entiendo todo en dos flautas y me doy a entender en una quena! ¡Y lo demás, me las pelan!...
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Telúrica y magnética
¡Mecánica sincera y peruanísima la del cerro colorado! ¡Suelo teórico y práctico! ¡Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo! ¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena! ¡Cultivos que integra una asombrosa jerarquía de útiles y que integran con viento los mujidos, las aguas con su sorda antigüedad! ¡Cuaternarios maíces, de opuestos natalicios, los oigo por los pies cómo se alejan, los huelo retomar cuando la tierra tropieza con la técnica del cielo! ¡Molécula exabrupto! ¡Atomo terso! ¡Oh campos humanos! ¡Solar y nutricia ausencia de la mar, y sentimiento oceánico de todo! ¡Oh climas encontrados dentro del oro, listos! ¡Oh campo intelectual de cordillera, con religión, con campo, con patitos! ¡Paquidermos en prosa cuando pasan y en verso cuando páranse! ¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno! ¡Oh patrióticos asnos de mi vida! ¡Vicuña, descendiente nacional y graciosa de mi mono! ¡Oh luz que dista apenas un espejo de la sombra, que es vida con el punto y, con la línea, polvo y que por eso acato, subiendo por la idea a mi osamenta! ¡Siega en época del dilatado molle, del farol que colgaron de la sien y del que descolgaron de la barreta espléndida! ¡Angeles de corral, aves por un descuido de la cresta! ¡Cuya o cuy para comerlos fritos con el bravo rocoto de los temples! (¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!) ¡Leños cristianos en gracia al tronco feliz y al tallo competente! ¡Familia de los líquenes, especies en formación basáltica que yo respeto desde este modestísimo papel! ¡Cuatro operaciones, os sustraigo para salvar al roble y hundirlo en buena ley! ¡Cuestas in infraganti! ¡Auquénidos llorosos, almas mías! ¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y Perú al pie del orbe; yo me adhiero! ¡Estrellas matutinas si os aromo quemando hojas de coca en este cráneo, y cenitales, si destapo, de un solo sombrerazo, mis diez templos! ¡Brazo de siembra, bájate, y a pie! ¡Lluvia a base del mediodía, bajo el techo de tejas donde muerde la infatigable altura y la tórtola corta en tres su trino! ¡Rotación de tardes modernas y finas madrugadas arqueológicas! ¡Indio después del hombre y antes de él! ¡Lo entiendo todo en dos flautas y me doy a entender en una quena! ¡Y lo demás, me las pelan!...
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As areias e o mar As tuas caricias me fazem penar, Noite e serões de embalar, Violinos que tocam afinados, Sonhos acordados… Pele como a seda fina, Cara de sempre menina. Cedro no ermo sobranceiro, Areias de um mar solteiro. Tuas confissões sentidas, Areias do mar movidas, Noites mal dormidas, Areias queridas. O mar nos envolveu, A lua se transcendeu, Areias finas para nelas caminhar, Portas abertas de um só olhar… Victor Marques
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Apr 6, 2013
Apr 6, 2013 at 7:47 PM UTC
As areias e o mar
Amor, bésame en la boca!, préstame tus finas manos... Amor:  si mi labio toca tu labio...                                                   Amor: tus ojos arcanos                                                   ponlos en mis tristes ojos...                                                   Amor, y dame tus manos                                                   pálidas... Amor: suple a mis despojos vida, con una mirada no más, de tus grandes ojos verdes...                                                   Amor, amor, adorada:                                                   bésame, dame tus manos,                                                   y quémame en tu mirada                                                   febril!
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Rimas
Cazador alto y tan bello Como en la tierra no hay dos, Se fue de caza una tarde Por los montes del Señor. Seguro llevaba el paso, Listo el plomo, el corazón Repicando, la cabeza Erguida y dulce la voz. Bajo el oro de la tarde Tanto el cazador cazó, Que finas lágrimas rojas Se puso a llorar el sol... Cuando volvía cantando Suavemente a media voz Desde un árbol, enroscada, Una serpiente lo vio. Iba a vengar a las aves, Mas, tremendo, el cazador Con hoja de firme acero La cabeza le cortó. Pero aguardándolo estaba A muy pocos pasos yo... Lo até con mi cabellera Y dominé su furor. Ya maniatado le dije: -Pájaros matasteis vos, Y voy a tomar venganza Ahora que mío sois... Mas no lo maté con armas, Busqué una muerte peor: ¡Lo besé tan dulcemente Que le partí el corazón!         Envío Cazador: si vas de caza Por los montes del Señor, Teme que pájaros venguen Hondas heridas de amor.
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Romance de la venganza
Ángeles malos o buenos, que no sé, te arrojaron en mi alma.   Sola, sin muebles y sin alcobas, deshabitada.   De rondón, el viento hiere las paredes, las más finas, vítreas láminas.   Humedad. Cadenas. Gritos. Ráfagas.   Te pregunto: ¿cuándo abandonas la casa, dime, qué ángeles malos, crueles, quieren de nuevo alquilarla?   Dímelo.
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Desahucio
¿Será verdad que existes sobre el rojo planeta, Que, como yo, posees finas manos prehensiles, Boca para la risa, corazón de poeta, Y un alma administrada por los nervios sutiles? Pero en tu mundo, acaso, ¿se yerguen las ciudades Como sepulcros tristes? ¿Las asoló la espada? ¿Ya todo ha sido dicho? ¿Con tu planeta añades A la Vasta Armonía otra copa vaciada? Si eres como un terrestre, ¿qué podría importarme Que tu señal de vida bajara a visitarme? Busco una estirpe nueva a través de la altura. Cuerpos hermosos, dueños del secreto celeste De la dicha lograda. Mas si el tuyo no es éste, Si todo se repite, ¡calla, triste criatura!
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Palabras a un habitante de marte
En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas; Europa le ha tocado con sus manos divinas cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas, le acerqué a mis oídos y las azules minas me han contado en voz baja su secreto tesoro.Así la sal me llega de los vientos amargos que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos cuando amaron los astros el sueño de Jasón;y oigo un rumor de olas y un incógnito acento y un profundo oleaje y un misterioso viento... (El caracol la forma tiene de un corazón.)
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Caracol
Y ante la bondad del mal, nos encontraremos. Y ante la maldad del bien, cabalgaremos. Y de la piel de nuestros caballos muertos saldrán mudas hormigas, que centellearán al anochecer entre los destellos de mi cuerpo que se pudre. Y ante la bondad del mal, moriremos. Unidos para siempre en un abrazo finito como finas son las hojas sobre las que escribo. Y ante la bondad del mal nos encontraremos. Preparados para morir, si no ya muertos. Y sólo entonces nos comprenderemos. Y sólo entonces centellearán nuestras bocas como las hormigas que salen de la piel de nuestros caballos muertos And before the goodness of evil, we'll find each other. And before the evilness of good, We'll ride. And from the skin of our dead horses mute ants will come out, which will glisten at sunset among the flashes of my body that rottens. And before the goodness of evil, we'll die. Forever joined in a finite hug, like fine are the sheets on which I write. And before the goodness of evil we'll find each other, ready to die, if not dead already. And only then we'll understand each other. And only then will our mouths glisten, like the ants that come out from the skin of our dead horses.
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Jun 4, 2018
Jun 4, 2018 at 3:26 PM UTC
Ante la bondad del mal/Before the goodness of evil
Noites de amor e canto suave de aves em manhas cristalinas, Nasci com o encanto de areias do mar sempre finas. A meus pais eu vou sempre agradecer, Com seu amor sempre viver... Quando eu nasci olhando o rio com olhos meios fechados, Senti o cheiro das flores dos meus antepassados, Grato a todos os seres que estavam ali para me ver nascer, Amando salgueiros do ribeiro que corre por correr... Quando eu nasci protegido por Deus e sua Igreja, Lirios campestres que a natureza sempre proteja. Alma divina que em minha vida logo entrou, Sorrir com inocência e carinho sim senhor, Tudo pelo desejo de DEUS criador. As estrelas do céu comigo estavam em harmonia, Ansiava viver, ver a luz do dia, Nasci para ser amor, vida, alegria... Nasci perdido nesses horizontes durienses avermelhados, Sem ideia do mundo, nem de todos os seres criados, Nem que havia uma eternidade onde iria regressar, Nasci para tudo amar e contemplar... Deus deu me o corpo para minha alma aperfeiçoar, Deus deu me tudo, a terra , o céu , o mar....
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Nov 26, 2020
Nov 26, 2020 at 3:48 AM UTC
Quando eu nasci...
De mi ciudad sonora vine al pueblo de tibia somnolencia, donde saben a sal los labios de la aurora. Y traje una dolencia de mis valles, ansiosos de marina transparencia. Cruzaban las angostas cintas de las calles mujeres de aguzados senos y agilidad de música en los talles. Había sol en los rostros morenos; dos ágatas de luz en sus pupilas, y en sus labios melifluos los venenos. En onduladas filas, eran como de cálidas palomas por el limpio tejado de las montañas lilas. Y soñaban en pomas paradisiacas del filtrado jugo, y en un idilio de los vientos con los aromas. Al Señor Nuestro plugo darles líneas de copas transparentes, como se reza un Hugo. Y secaron mis fuentes por esa gota lánguida de un beso en las finas copas de labios adolescentes. Córdoba, cofre de mujeres, dulce embeleso: Les prometí la luz de un arrebol por esa gota lánguida de un beso... ¡Y me dieron el sol!
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Mujeres
Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
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Casi égloga
Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
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¡Oh vírgenes rebeldes y sumisas: convertidme en el fiel reclinatorio de vuestros codos y vuestras sonrisas y en la fragua sangrienta del holgorio en que quieren quemarse vuestras prisas!... ¡Oh botones baldíos en el huerto de una resignación llena de abrojos: lloráis un bien que, sin nacer, ha muerto, y a vuestra pura lápida concierto los fraternales llantos de mis ojos!... ¡Hermanas mías, todas, las que, contentas con el limpio daño de la virginidad, vais en las bodas celestes, por llevar sobre las finas y litúrgicas palmas y en el paño de la eterna Pasión, clavos y espinas; y vosotras también, las de la hoguera carnal en la vendimia y el chubasco, en el invierno y en la primavera; las del nítido viaje de Damasco y las que en la renuncia llana y lisa de la tarde, salís a los balcones a que beban la brisa los sexos, cual sañudos escorpiones! ¡El tiempo se desboca; el torbellino os arrastra al fatal despeñadero de la Muerte; en las sombras adivino vuestro desnudo encanto volandero; y os quisieran ceñir mis manos fieles, por detener vuestra caída oscura con un lúbrico lazo de claveles lazado a cada virginal cintura! ¡Vírgenes fraternales: me consumo en el álgido, afán de ser el humo que se alza en vuestro aceite a hora y a deshora, y de encarnar vuestro primer deleite cuando se filtra la modesta aurora, por la jactancia de la bugambilia, en las sábanas de vuestra vigilia!
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A las vírgenes
Yo trabajo de noche, rodeado de ciudad, de pescadores, de alfareros, de difuntos quemados con azafrán y frutas, envueltos en muselina escarlata: bajo mi balcón esos muertos terribles pasan sonando cadenas y flautas de cobre, estridentes y finas y lúgubres silban entre el color de las pesadas flores envenenadas y el grito de los cenicientos danzarines y el creciente monótono de los tam-tam y el humo de las maderas que arden y huelen. Porque una vez doblado el camino, junto al turbio río, sus corazones, detenidos o iniciando un mayor movimiento, rodarán quemados, con la pierna y el pie hechos fuego, y la trémula ceniza caerá sobre el agua, flotará como ramo de flores calcinadas o como extinto fuego dejado por tan poderosos viajeros que hicieron arder algo sobre las negras aguas, y devoraron un alimento desaparecido y un licor extremo.
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Entierro en el este
Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelíes sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris, siete pájaros del prisma. La iglesia gruñe a lo lejos como un oso panza arriba. ¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! Sobre la tela pajiza, ella quisiera bordar flores de su fantasía. ¡Qué girasol! ¡Qué magnolia de lentejuelas y cintas! ¡Qué azafranes y qué lunas, en el mantel de la misa! Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina. Las cinco llagas de Cristo cortadas en Almería. Por los ojos de la monja galopan dos caballistas. Un rumor último y sordo le despega la camisa, y al mirar nubes y montes en las yertas lejanías, se quiebra su corazón de azúcar y yerbaluisa. ¡Oh!, qué llanura empinada con veinte soles arriba. ¡Qué ríos puestos de pie vislumbra su fantasía! Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosía.
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La monja gitana
Yo trate de ser como decían que debí ser. Me comporté como todo una dama. Hice todo lo que se me pedía en la cama. Más de una vez, calle hasta mis perversas ganas. Calle tanto, que mi verdad fue a parar al manicomio, ahí, donde no bregan con demonios. Yo trate de ser como decían que debí ser. Aguante infidelidades por una estabilidad inestable. Hubieron clavos penetrando mi espalda, en vez de rosas en mano. Perdone tanto que la absolución me tomo antipatía. Yo trate de ser como decían que debí ser. A veces fui sofá de ilusiones transitorias, vestidas en finas sedas de perpetuidad. A veces fui pared…inopinable, solo un espacio donde colocar preciosos retratos. A veces fui lienzo en blanco, para quien en mi cuerpo quiso describir su arte. Yo quise ser como decían que debí ser. Una ilustre carrera deje para que el ego de un indeciso no saliera dañado. Se enfermó mi dignidad y con tristeza la medique. Tome el brebaje de la inseguridad. Debilite mi sistema emocional, y mi fe, se encogía de vergüenza en una esquina. Yo quise ser como decían que debí ser. pero existía dentro de mí una rebeldía. Una insolencia a ser parte de una perpetua esclavitud, algo en mí, desistía ser juguete de nadie, a ser menos que el aire, a rebajarme por mantener un amor. Yo quise ser como decían que debí ser. Pero mis pies en fuego ardían, y recogía y me iba, y no sé a cuántos le alce la voz, y a más de uno, los mande a comer tusa, y me volví mi propia musa, a veces la propia medusa, y me refugie en mi calor para abrigar mis grimas, en mi inteligencia para resolver con astucia, en mi pudor para seguir dando un paso en harmonía, en esa insistencia de que había más en la vida, que yo tenía algo que aportaría, alguien al que estar conmigo y soportar no serían la misma cosa, y algunos los deje amándolos como mis amos, a otros el corazón les deje en pedazos, y talvez me merezca todo lo que venga, talvez me merezca el cielo y todas las prosas, talvez mis serpientes nunca muerdan, o talvez me llamaran impúdica, me llamaran Medusa, me llamaran el mismo infierno pero nunca dirán que “fui…. ¡lo que otros quisieron que yo fuese”!! LeydisProse 10/17/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Oct 17, 2017
Oct 17, 2017 at 4:00 PM UTC
Yo trate (pero no podía)
Yo trate de ser como decían que debí ser. Me comporté como todo una dama. Hice todo lo que se me pedía en la cama. Más de una vez, calle hasta mis perversas ganas. Calle tanto, que mi verdad fue a parar al manicomio, ahí, donde no bregan con demonios. Yo trate de ser como decían que debí ser. Aguante infidelidades por una estabilidad inestable. Hubieron clavos penetrando mi espalda, en vez de rosas en mano. Perdone tanto que la absolución me tomo antipatía. Yo trate de ser como decían que debí ser. A veces fui sofá de ilusiones transitorias, vestidas en finas sedas de perpetuidad. A veces fui pared…inopinable, solo un espacio donde colocar preciosos retratos. A veces fui lienzo en blanco, para quien en mi cuerpo quiso describir su arte. Yo quise ser como decían que debí ser. Una ilustre carrera deje para que el ego de un indeciso no saliera dañado. Se enfermó mi dignidad y con tristeza la medique. Tome el brebaje de la inseguridad. Debilite mi sistema emocional, y mi fe, se encogía de vergüenza en una esquina. Yo quise ser como decían que debí ser. pero existía dentro de mí una rebeldía. Una insolencia a ser parte de una perpetua esclavitud, algo en mí, desistía ser juguete de nadie, a ser menos que el aire, a rebajarme por mantener un amor. Yo quise ser como decían que debí ser. Pero mis pies en fuego ardían, y recogía y me iba, y no sé a cuántos le alce la voz, y a más de uno, los mande a comer tusa, y me volví mi propia musa, a veces la propia medusa, y me refugie en mi calor para abrigar mis grimas, en mi inteligencia para resolver con astucia, en mi pudor para seguir dando un paso en harmonía, en esa insistencia de que había más en la vida, que yo tenía algo que aportaría, alguien al que estar conmigo y soportar no serían la misma cosa, y algunos los deje amándolos como mis amos, a otros el corazón les deje en pedazos, y talvez me merezca todo lo que venga, talvez me merezca el cielo y todas las prosas, talvez mis serpientes nunca muerdan, o talvez me llamaran impúdica, me llamaran Medusa, me llamaran el mismo infierno pero nunca dirán que “fui…. ¡lo que otros quisieron que yo fuese”!! LeydisProse 10/17/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Horizonte que se estende sem fim, Brilhando como o doce luar, Ondas brancas longe de mim, Rochedos perto do mar. Areias finas que sentem teus ruídos, Sinfonias que despertam os sentidos. Movimento acelerado de te contemplar, Céu azulinho cor do mar. Tudo aqui parace ter começado, Feito de profano e sagrado. Encontros e desencontros de universalidade, És mar e também saudade. Que a eternidade  nunca acabe, Partiste o mundo em metade. Mar de água salgada com odor, Mar de Deus e do amor. Victor Marques
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May 12, 2022
May 12, 2022 at 3:41 PM UTC
Mar
Me impongo la costosa penitencia de no mirarte en días y días, porque mis ojos cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia como si naufragasen en un golfo de púrpura, de melodía y de vehemencia. Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles... Yo sufro tu eclipse, ¡oh creatura solar!, mas en mi duelo el afán de mirarte se dilata como una profecía; se descorre cual velo paulatino; se acendra como miel; se aquilata como la entraña de las piedras finas; y se aguza como el llavín de la celda de amor de un monasterio en ruinas. Tú no sabes la dicha refinada que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo de adorarte furtivamente, de cortejarte más allá de la sombra, de bajarse el embozo una vez por semana, y exponer las pupilas, en un minuto fraudulento, a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento. En el bosque de amor, soy cazador furtivo; te acecho entre dormidos y tupidos follajes, como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes por la espesura, traigo a mi aislamiento el más fúlgido de los plumajes: el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.
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La mancha de púrpura
Ceja de la luna nueva sobre la comba del monte. Por aquel camino bajan lucesitas color cobre. Se corren hacia la mar, cinco son, finas estrellas. La sombra come las manos, el viento pica las huellas. Pasa un olor de jacintos nacido en no sé qué trenzas. La media noche se acerca, la luna colgada al pecho aguijones del insomnio, blanda madeja del sueño. -¿Dónde están las cinco estrellas las que orillaban la mar? -En la niebla parpadea una leve claridad. ¡Ay, que el aceite se acaba y espera Nuestro Señor, y cada vez los caminos más como de tinta son! ¡Ay, que las vírgenes corran que crezca y crezca la luna que en las lámparas expriman los olivos su aceituna! ¡Ay, que el Señor se entristece; cinco sonrisas le faltan, cinco varas de azucena cinco túnicas de plata, cinco besos, los más frescos sobre el ardor de sus plantas! ¡Ay, se apagaron las lámparas!
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Romance de las vírgenes fatuas
Bajo cristales, en vitrinas, reposando estáis olvidados, abanicos de sedas finas en lejanos tiempos bordados. Y os abrís, en un sepulcral silencio, en fondo carmesí, a la luz de tarde otoñal, en el Museo de Cluny. Y al pensar en lo que no existe, encanto ayer y hoy desengaño, decir parece el alma triste: «¿Dónde están las nieves de antaño?» ¿En cuáles manos marfilinas lucirían vuestros encajes, en dulces citas vespertinas bajo los trémulos boscajes? Corte de los Luises de Francia, reverencias ante el estrado... ¡Abanicos! ¡Sois la fragancia Que va surgiendo del pasado!... Fragancia que se desvanece en ideal mundo risueño, mientras el alma se adormece en una bruma azul de ensueño. Al veros, llegan a la mente ecos de fiestas cortesanas, cuando os plegabais lentamente como al compas de las pavanas. «¡Delfín! ¡Callad, os lo suplico!» decía la rubia Marquesa, y en tanto, tras el abanico, reía una boca de fresa. Restos de antigua aristocracia que llevó del tiempo el turbión. ¡Cómo os abriríais con gracia en los jardines del Trianón! ¡Y qué encantadores secretos guardareis de épocas remotas, cuando en Versalles, los minuetos alternaban con las gaviotas! Abanicos de sedas finas que durmiendo estáis olvidados, desde el fondo de las vitrinas ¡cómo evocáis tiempos pasados!
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Abanicos de museo
Ésta que viene aquí toda vestida de un traje blanco y un ***** sombrero tiene la obligación de mi sendero y las rosas y espinas de mi vida. Porque una noche el ánima afligida, mustia de soledad, dijo: Te quiero. Hace ya mucho tiempo que te espero con una mano lánguida extendida. Era una rara orquesta de violines, era un pasar de extraños bailarines, era un degüello de camelias rosas bajo tus finas manos temblorosas. ¡Era que el corazón se me moría de tanto, amada, como te quería!
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Presentación