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"esfuerzo" poems
Que pena. Ser la única persona en hacer un esfuerzo para que las cosas sean como antes. No entiendo? Si nos queremos porque no hacemos un esfuerzo para que esto mejore. Se que estamos a la distancia,  pero eso no impide que nos queramos. Soy optimistica. Soy positiva porque para mi hay una esperanza. Pero cada día que pasa me siento más lejos y lejos de ti. Eso no puede ser así. Te dedique una canción de Camila - sólo para ti. Pero leyendo tus mensajes cortos significan que ya no tienes interes. Me habías dicho que solo seamos amigos. Pero que pasa si te quiero mas que un amigo? Sabes, mi corazón arde! Te culpo.. hay, en que me meti? Tu decidiste dejarme..tu disparaste primero.. no hubiera abierto mi corazón hacia ti. Me rompiste el corazón de nuevo. Pero que puedo esperar de alguien a lo lejos? Nada. Pero prefiero tenerte como amigo y saber que aún te tengo que no tenerte para nada. Estaré aquí por ti, sufriendo silenciosamente.
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Jan 14, 2015
Jan 14, 2015 at 6:03 AM UTC
"Sólo amigos."
Alta va la luna. Bajo corre el viento.   (Mis largas miradas, exploran el cielo.)   Luna sobre el agua. Luna bajo el viento.   (Mis cortas miradas, exploran el suelo.)   Las voces de dos niñas venían. Sin esfuerzo, de la luna del agua, me fui a la del cielo. Un brazo de la noche entra por mi ventana.   Un gran brazo moreno con pulseras de agua.   Sobre un cristal azul jugaba al río mi alma. Los instantes heridos por el reloj... pasaban. Asomo la cabeza por mi ventana, y veo cómo quiere cortarla la cuchilla del viento.   En esta guillotina invisible, yo he puesto la cabeza sin ojos de todos mis deseos.   Y un olor de limón llenó el instante inmenso, mientras se convertía en flor de gasa el viento. Al estanque se le ha muerto hoy una niña de agua. Está fuera del estanque, sobre el suelo amortajada.   De la cabeza a sus muslos un pez la cruza, llamándola. El viento le dice "niña", mas no puede despertarla.   El estanque tiene suelta su cabellera de algas y al aire sus grises tetas estremecidas de ranas.   Dios te salve. Rezaremos a Nuestra Señora de Agua por la niña del estanque muerta bajo las manzanas.   Yo luego pondré a su lado dos pequeñas calabazas para que se tenga a flote, ¡ay!, sobre la mar salada.
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Nocturnos de la ventana
Entre palabras disonantes, río. Un trago baja por mi garganta irritada de tanto gritar, mi cuerpo la pasa bien mientras yo me esfuerzo en distraer a mi mente y un concierto de pensamientos oscuros se ve opacado por el volumen de la música y de los aullidos apabullantes de una juventud que cree tener todo bajo control mientras están juntos, pero en el próximo momento de verdadera soledad, sus espaldas se quebrarán sobre sus seres y se verán desplomados sobre un suelo de incertidumbre absoluta. Entre pensamientos distantes, me pierdo. Humo de un cigarro barato innunda mis pulmones mientras la nicotina afecta mi sistema nervioso en un abrazo reconfortante que no es otra cosa que una mentira más, la promesa de una prostituta que cobra con tu vida, pero sigo besándola hasta que mis dedos se queman. Entre gritos innentendibles, lloro. No exteriorizo, pero las lágrimas están ahí, en la mente perturbada por fantasmas de quienes yo mismo maté, siluetas del pasado que no terminan de tomar forma porque no se los permito, pero a pesar de mis esfuerzos aún son reconocibles, aunque a duras penas.
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Aug 30, 2017
Aug 30, 2017 at 7:43 PM UTC
Fiesta
si, yo se como se siente, vivir sin vivir, morir sin morir, estar sin ser, y ser sin estar es como verse en un espejo sin reflejo, como pensar sin decir o como hablar sin pensar se muere uno lentamente cuando deja de querer, cuando deja de desear, cuando exhala lentamente y no inhala mas... Se pierde el coraje dia con dia, se pierde la vida con cada caida, hasta el minimo esfuerzo parece lejano, y cualquier solucion, ajena cerrar los ojos y dejarse morir, cerrar la boca y dejar de decir, cerrar la mente y dejar de pensar, hasta el minimo esfuerzo es agotador
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Mar 3, 2013
Mar 3, 2013 at 10:51 PM UTC
Yo se como se siente
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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La canción desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Ciñe el tirso oloroso, tañe el jocundo címbalo. Una bacante loca y un sátiro afrentoso conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso. Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles, y la gracia encadena con rosas la pasión. ¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles sino con cierto ritmo y en cierta proporción! ¡Danzad al soplo de Dionisos que embriaga el corazón! La Muerte viene, todo será polvo bajo su imperio: ¡polvo de Pericles, polvo de Codro, polvo de Cimón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... De Hispania fructuosa, de Galia deleitable, de Numidia ardorosa, y de toda la rosa de los vientos que beben las águilas romanas, venid, puras doncellas y ávidas cortesanas. Danzad en delitosos, lúbricos episodios, con los esclavos nubios, con los marinos rodios. Flaminio, de cabellos de amaranto, busca para Heliogábalo en las termas varones de placer... Alzad el canto, reíd, danzad en báquica alegría, y haced brotar la sangre que embriaga el corazón. La Muerte viene -todo será polvo: bajo su imperio- polvo de Lucrecio, polvo de Augusto, polvo de Nerón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Aldeanas del Cauca con olor de azucena; montañesas de Antioquia, con dulzor de colmena; infantinas de Lima, unciosas y augurales, y princesas de México, que es como la alacena familiar que resguarda los más dulces panales; y mozuelos de Cuba, lánguidos, sensuales, ardorosos, baldíos, cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos; mozuelos de la grata Cuscatlán -¡oh ambrosía!- y mozuelos de Honduras, donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras; entrad en la danza, en el feliz torbellino: reíd, jugad al son de mi canción: la piña y la guanábana aroman el camino y un vino de palmeras aduerme el corazón. La Muerte viene, todo será polvo: ¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar, polvo en la urna, y rota ya la urna, polvo en la ceguedad del aquilón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... La noche es bella en su embriaguez de mieles, la tierra es grata en su cendal de brumas; vivir es dulce, con dulzor de trinos; canta el amor, espigan los donceles, se puebla el mundo, se urden los destinos... ¡Que el jugo de las viñas me alivie el corazón! A beber, a danzar en raudos torbellinos, vano el esfuerzo, estéril la pasión... A ti que me reprochas el arcano sentido del amor que va en mi verso fúlgido y hondo, lúgubre y arcano, te hablo en la triste vanidad del verso: tú en la muerte rendido, yo en la muerte, ni un grito apenas del afán del mundo podrá hallar eco en la oquedad vacía. El polvo reina -EL POLVO, EL IRACUNDO!- Alegría! Alegría! Alegría!
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Balada de la loca alegría
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Ciñe el tirso oloroso, tañe el jocundo címbalo. Una bacante loca y un sátiro afrentoso conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso. Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles, y la gracia encadena con rosas la pasión. ¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles sino con cierto ritmo y en cierta proporción! ¡Danzad al soplo de Dionisos que embriaga el corazón! La Muerte viene, todo será polvo bajo su imperio: ¡polvo de Pericles, polvo de Codro, polvo de Cimón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... De Hispania fructuosa, de Galia deleitable, de Numidia ardorosa, y de toda la rosa de los vientos que beben las águilas romanas, venid, puras doncellas y ávidas cortesanas. Danzad en delitosos, lúbricos episodios, con los esclavos nubios, con los marinos rodios. Flaminio, de cabellos de amaranto, busca para Heliogábalo en las termas varones de placer... Alzad el canto, reíd, danzad en báquica alegría, y haced brotar la sangre que embriaga el corazón. La Muerte viene -todo será polvo: bajo su imperio- polvo de Lucrecio, polvo de Augusto, polvo de Nerón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Aldeanas del Cauca con olor de azucena; montañesas de Antioquia, con dulzor de colmena; infantinas de Lima, unciosas y augurales, y princesas de México, que es como la alacena familiar que resguarda los más dulces panales; y mozuelos de Cuba, lánguidos, sensuales, ardorosos, baldíos, cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos; mozuelos de la grata Cuscatlán -¡oh ambrosía!- y mozuelos de Honduras, donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras; entrad en la danza, en el feliz torbellino: reíd, jugad al son de mi canción: la piña y la guanábana aroman el camino y un vino de palmeras aduerme el corazón. La Muerte viene, todo será polvo: ¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar, polvo en la urna, y rota ya la urna, polvo en la ceguedad del aquilón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... La noche es bella en su embriaguez de mieles, la tierra es grata en su cendal de brumas; vivir es dulce, con dulzor de trinos; canta el amor, espigan los donceles, se puebla el mundo, se urden los destinos... ¡Que el jugo de las viñas me alivie el corazón! A beber, a danzar en raudos torbellinos, vano el esfuerzo, estéril la pasión... A ti que me reprochas el arcano sentido del amor que va en mi verso fúlgido y hondo, lúgubre y arcano, te hablo en la triste vanidad del verso: tú en la muerte rendido, yo en la muerte, ni un grito apenas del afán del mundo podrá hallar eco en la oquedad vacía. El polvo reina -EL POLVO, EL IRACUNDO!- Alegría! Alegría! Alegría!
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Como enjambre de abejas irritadas, de un oscuro rincón de la memoria salen a perseguirme los recuerdos         de las pasadas horas. Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo inútil!         Me rodean, me acosan, y unos tras otros a clavarme vienen el agudo aguijón que el alma encona.
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Rima lxiii
Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Es lo que estoy pensando y más ansío En días como estos cuando me siento vacío Tengo tantos pensamientos que me matan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así todo estará en silencio No quiero responder preguntas Sólo quiero ahogarme en la calma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así sólo oiré mi propia voz Porque en medio de una canción Encontraré las palabras que tanto me faltan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque ya no me queda privacidad Estoy harto de compartir mi lugar Siento que quiero golpear hasta no sentir nada Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque por el día mis ojos se secan Mi voz calla y la felicidad me deja Veo los días vacíos, ya no siento mi alma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Concentrarme en mi pena y desahogarla Es difícil sostener el nudo en mi garganta Estoy lleno de odio y lágrimas Ya me estoy olvidando de quién soy Pero a las tres de la mañana se abre mi corazón Entonces me encuentro de nuevo Al menos por un breve momento Siento que valgo algo Siento que ya no tengo que callarlo Siento que la angustia puede fluir e irse Comienzo a ver que ya serán las cuatro Y aunque mi voz no haya sonado Pude sacar este dolor Pude lavar mi corazón Y sentirme vivo y con fuerzas Por eso es que quiero que sean Las tres de la mañana en mi pieza Ya sólo faltan tres horas Sólo debo esperar eso Para ya no hacer esfuerzo Y dejar que este sollozo Se fugue en silencio Mientras contemplo mi techo Vestido de ***** para acompañarme En este luto de sentimientos De los cuales quiero alejarme Sólo quiero que ya sean las jodidas tres de la mañana, maldición...
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Sep 7, 2018
Sep 7, 2018 at 11:18 PM UTC
Muévete más rápido reloj, por favor...
Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Es lo que estoy pensando y más ansío En días como estos cuando me siento vacío Tengo tantos pensamientos que me matan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así todo estará en silencio No quiero responder preguntas Sólo quiero ahogarme en la calma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así sólo oiré mi propia voz Porque en medio de una canción Encontraré las palabras que tanto me faltan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque ya no me queda privacidad Estoy harto de compartir mi lugar Siento que quiero golpear hasta no sentir nada Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque por el día mis ojos se secan Mi voz calla y la felicidad me deja Veo los días vacíos, ya no siento mi alma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Concentrarme en mi pena y desahogarla Es difícil sostener el nudo en mi garganta Estoy lleno de odio y lágrimas Ya me estoy olvidando de quién soy Pero a las tres de la mañana se abre mi corazón Entonces me encuentro de nuevo Al menos por un breve momento Siento que valgo algo Siento que ya no tengo que callarlo Siento que la angustia puede fluir e irse Comienzo a ver que ya serán las cuatro Y aunque mi voz no haya sonado Pude sacar este dolor Pude lavar mi corazón Y sentirme vivo y con fuerzas Por eso es que quiero que sean Las tres de la mañana en mi pieza Ya sólo faltan tres horas Sólo debo esperar eso Para ya no hacer esfuerzo Y dejar que este sollozo Se fugue en silencio Mientras contemplo mi techo Vestido de ***** para acompañarme En este luto de sentimientos De los cuales quiero alejarme Sólo quiero que ya sean las jodidas tres de la mañana, maldición...
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Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose y, sin embargo, se complace en su pecho colorado; que lo único que hace es componerse de días; que es lóbrego mamífero y se peina... Considerando que el hombre procede suavemente del trabajo y repercute jefe, suena subordinado; que el diagrama del tiempo es constante diorama en sus medallas y, a medio abrir, sus ojos estudiaron, desde lejanos tiempos, su fórmula famélica de masa... Comprendiendo sin esfuerzo que el hombre se queda, a veces, pensando, como queriendo llorar, y, sujeto a tenderse como objeto, se hace buen carpintero, suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona... Considerando también que el hombre es en verdad un animal y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza... Examinando, en fin, sus encontradas piezas, su retrete, su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo... Comprendiendo que él sabe que le quiero, que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente... Considerando sus documentos generales y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito... le hago una seña, viene, y le doy un abrazo, emocionado. ¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
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Considerando en frío, imparcialmente...
Mente de caballos de carnaval, mente inparable siempre soñando de deseos inalcansables. Mundo de fantasia, mundo perfecto lo que siempre yo he pensado que es correcto. No hay preocupasiones porque no hay tiempo para ellas es una accion sin existencia. Para mi esto es mi ser muy despejado de la realidad pero vivo de el, reacciono differente tal vez muy creativo es complicado vivir en dos mundos y que uno sea elusivo. No prefiero el ireal aunque nadie me crea, siempre estoy en el espacio sin nave y sin esfuerzo. Pero esta mente no es un juego es dificil vivir en dos mundos cuando solo uno de ellos es importante. Pero en este carnaval no hay tal cosa como el descanso. Intento lo mejor pero mi mente me llama me atrae de diferentes maneras con las cosas que trama. Soluciones para problemas de una manera poca visible, y possibilidades de gran interes en mi vida constante. Yo lo decidi ase mucho en sacar tiempo para los dos sin el mundo elusivo no existiria "yo".
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Sep 10, 2015
Sep 10, 2015 at 9:46 AM UTC
A.D.D
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Diurno doliente
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Si yo, por ti, he creado un mundo para ti, dios, tú tenías seguro que venir a él, y tú has venido a él, a mí seguro, porque mi mundo todo era mi esperanza. Yo he acumulado mi esperanza en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito; a todo yo le había puesto nombre y tú has tomado el puesto de toda esta nombradía. Ahora puedo yo detener ya mi movimiento, como la llama se detiene en ascua roja con resplandor de aire inflamado azul, en el ascua de mi perpetuo estar y ser; ahora yo soy ya mi mar paralizado, el mar que yo decía, mas no duro, paralizado en ondas de conciencia en luz y vivas hacia arriba todas, hacia arriba. Todos los nombres que yo puse al universo que por ti me recreaba yo, se me están convirtiendo en uno y en un dios. El dios que es siempre al fin, el dios creado y recreado y recreado por gracia y sin esfuerzo. El Dios. El nombre conseguido de los nombres.
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El nombre conseguido de los nombres
Sobre la piel del cielo, sobre sus precipicios se remontan los hombres. ¿Quién ha impulsado el vuelo? Sonoros, derramados en aéreos ejercicios,               raptan la piel del cielo. Más que el cálido aceite, sí, más que los motores, el ímpetu mecánico del aparato alado, cóleras entusiastas, geológicos rencores,               iras les han llevado. Les han llevado al aire, como un aire rotundo que desde el corazón resoplara un plumaje. Y ascienden y descienden sobre la piel del mundo               alados de coraje. En un avance cósmico de llamas y zumbidos que aeródromos de pueblos emocionados lanzan, los soldados del aire, veloces, esculpidos,               acerados avanzan. El azul se enardece y adquiere una alegría, un movimiento, una juventud libre y clara, lo mismo que si mayo, la claridad del día               corriera, resonara. Los estremecimientos del valor y la altura, los enardecimientos del azul y el vacío: el cielo retrocede sintiendo la hermosura               como un escalofrío. Impulsado, asombrado, perseguido, regresa al aire al torbellino nativo y absorbente, mientras evolucionan los héroes en su empresa               inverosímilmente. Es el mundo tan breve para un ala atrevida, para una juventud con la audacia por pluma; reducido es el cielo, poderosa la vida,               domada y con espuma. El vuelo significa la alegría más alta, la agilidad más viva, la juventud más firme. En la pasión del vuelo truena la luz, y exalta               alas con que batirme. Hombres que son capaces de volar bajo el suelo, para quienes no hay ámbitos ni grandes ni imposibles, con la mirada tensa, prorrumpen en el vuelo               gladiadores, temibles. Arrebatados, tensos, peligrosos, tajantes, igual que una colmena de soles extendidos, de astros motorizados, de cigarras tremantes,               cruzan con sus bramidos. Ni un paso de planetas, ni un tránsito de toros batiéndose, volcándose por un desfiladero, **** al universo ni acentos más sonoros               ni resplandor más fiero. Todos los aviadores tenéis este trabajo: echar abajo el pájaro fraguador de cadenas, las ciudades podridas abajo, y más abajo               las cárceles, las penas. En vuestra mano está la libertad del ala, la libertad del mundo, soldados voladores: y arrancaréis del cielo la codiciosa y mala               hierba de otros motores. El aire no os ofrece ni escudos ni barreras: el esfuerzo ha de ser todo de vuestro impulso. Y al polvo entregaréis el vuelo de las fieras               abatido, convulso. Si ardéis, si eso es posible, poseedores del fuego, no dejaréis ceniza ni rastro, sino gloria. Espejos sobrehumanos, iluminaréis luego               la creación, la historia.
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El vuelo de los hombres
Sobre la piel del cielo, sobre sus precipicios se remontan los hombres. ¿Quién ha impulsado el vuelo? Sonoros, derramados en aéreos ejercicios,               raptan la piel del cielo. Más que el cálido aceite, sí, más que los motores, el ímpetu mecánico del aparato alado, cóleras entusiastas, geológicos rencores,               iras les han llevado. Les han llevado al aire, como un aire rotundo que desde el corazón resoplara un plumaje. Y ascienden y descienden sobre la piel del mundo               alados de coraje. En un avance cósmico de llamas y zumbidos que aeródromos de pueblos emocionados lanzan, los soldados del aire, veloces, esculpidos,               acerados avanzan. El azul se enardece y adquiere una alegría, un movimiento, una juventud libre y clara, lo mismo que si mayo, la claridad del día               corriera, resonara. Los estremecimientos del valor y la altura, los enardecimientos del azul y el vacío: el cielo retrocede sintiendo la hermosura               como un escalofrío. Impulsado, asombrado, perseguido, regresa al aire al torbellino nativo y absorbente, mientras evolucionan los héroes en su empresa               inverosímilmente. Es el mundo tan breve para un ala atrevida, para una juventud con la audacia por pluma; reducido es el cielo, poderosa la vida,               domada y con espuma. El vuelo significa la alegría más alta, la agilidad más viva, la juventud más firme. En la pasión del vuelo truena la luz, y exalta               alas con que batirme. Hombres que son capaces de volar bajo el suelo, para quienes no hay ámbitos ni grandes ni imposibles, con la mirada tensa, prorrumpen en el vuelo               gladiadores, temibles. Arrebatados, tensos, peligrosos, tajantes, igual que una colmena de soles extendidos, de astros motorizados, de cigarras tremantes,               cruzan con sus bramidos. Ni un paso de planetas, ni un tránsito de toros batiéndose, volcándose por un desfiladero, **** al universo ni acentos más sonoros               ni resplandor más fiero. Todos los aviadores tenéis este trabajo: echar abajo el pájaro fraguador de cadenas, las ciudades podridas abajo, y más abajo               las cárceles, las penas. En vuestra mano está la libertad del ala, la libertad del mundo, soldados voladores: y arrancaréis del cielo la codiciosa y mala               hierba de otros motores. El aire no os ofrece ni escudos ni barreras: el esfuerzo ha de ser todo de vuestro impulso. Y al polvo entregaréis el vuelo de las fieras               abatido, convulso. Si ardéis, si eso es posible, poseedores del fuego, no dejaréis ceniza ni rastro, sino gloria. Espejos sobrehumanos, iluminaréis luego               la creación, la historia.
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Y ahora pregunto aquí: ¿quién es el último que habla, el sepulturero o el Poeta? ¿He aprendido a decir: Belleza, Luz, Amor y Dios para que me tapen la boca cuando muera, con una paletada de tierra? No. He venido y estoy aquí, me iré y volveré mil veces en el Viento para crear mi gloria con mi llanto. ¡Eh, Muerte... escucha! Yo soy el último que hablo: El miedo y la ceguera de los hombre han llenado de viento tu cráneo, han henchido de viento tu cráneo, han henchido de orgullo tus huesos y hasta el trono de un dios te han levantado. Y eres necia y altiva como un dictador totalitario. Tiraste un día una gran línea negra sobre el globo terráqueo; te atrincheraste en los sepulcros y dijiste: "¡Atrás! ¡Atrás, seres humanos!..." Y no eres más que un segador, un esforzado segador... un buen criado. Tu guadaña no es un cetro sino una herramienta de trabajo. En el gran ciclo, en el gran engranaje solar y planetario, tu eres el que corta la espiga, y yo ahora... el grano, el grano de la espiga que cae bajo tu esfuerzo necesario. Necesario... no para tu orgullo sino para ver cómo logramos entre todos un pan dorado y blanco. Desde tu filo iré al molino. En el molino me morderán las piedras de basalto, como dos perros a un mendigo hasta quitarme los harapos. Perderé la piel, la forma y la memoria de todo mi pasado. Desde le molino iré a la artesa. En la artesa me amasarán, sudando, y sin piedad unos robustos brazos. Y un día escribirán en los libros sagrados: El segundo hombre fue de masa cruda como el primero fue de barro. Luego entraré en el horno... en el infierno. Del fuego saldré hecho ya pan blanco y habrá pan para todos. Podréis partir y repartir mi cuerpo en miles y millones de pedazos... podréis hacer entonces con el hombre una hostia blanquísima... el pan ázimo donde el Cristo se albergue. Y otro día dirán en los libros sagrados: El primer hombre fue de barro, el segundo de masa cruda y el tercero de Pan y Luz. Será un sábado cuando se cumplan las grandes Escrituras... Entre tanto, a trabajar con humildad y sin brabatas, Segador Esforzado.
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Segador esforzado
Y ahora pregunto aquí: ¿quién es el último que habla, el sepulturero o el Poeta? ¿He aprendido a decir: Belleza, Luz, Amor y Dios para que me tapen la boca cuando muera, con una paletada de tierra? No. He venido y estoy aquí, me iré y volveré mil veces en el Viento para crear mi gloria con mi llanto. ¡Eh, Muerte... escucha! Yo soy el último que hablo: El miedo y la ceguera de los hombre han llenado de viento tu cráneo, han henchido de viento tu cráneo, han henchido de orgullo tus huesos y hasta el trono de un dios te han levantado. Y eres necia y altiva como un dictador totalitario. Tiraste un día una gran línea negra sobre el globo terráqueo; te atrincheraste en los sepulcros y dijiste: "¡Atrás! ¡Atrás, seres humanos!..." Y no eres más que un segador, un esforzado segador... un buen criado. Tu guadaña no es un cetro sino una herramienta de trabajo. En el gran ciclo, en el gran engranaje solar y planetario, tu eres el que corta la espiga, y yo ahora... el grano, el grano de la espiga que cae bajo tu esfuerzo necesario. Necesario... no para tu orgullo sino para ver cómo logramos entre todos un pan dorado y blanco. Desde tu filo iré al molino. En el molino me morderán las piedras de basalto, como dos perros a un mendigo hasta quitarme los harapos. Perderé la piel, la forma y la memoria de todo mi pasado. Desde le molino iré a la artesa. En la artesa me amasarán, sudando, y sin piedad unos robustos brazos. Y un día escribirán en los libros sagrados: El segundo hombre fue de masa cruda como el primero fue de barro. Luego entraré en el horno... en el infierno. Del fuego saldré hecho ya pan blanco y habrá pan para todos. Podréis partir y repartir mi cuerpo en miles y millones de pedazos... podréis hacer entonces con el hombre una hostia blanquísima... el pan ázimo donde el Cristo se albergue. Y otro día dirán en los libros sagrados: El primer hombre fue de barro, el segundo de masa cruda y el tercero de Pan y Luz. Será un sábado cuando se cumplan las grandes Escrituras... Entre tanto, a trabajar con humildad y sin brabatas, Segador Esforzado.
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Con esta tinta sucia que caracteriza mi hablar, te escribo en la oreja sabidurías de mi mano. Mala letra, mala gana, buena musa y poco esfuerzo. Ocho líneas lleva ahora. A los insultos (los cultos) le dicen “verso”. Dices que ahora sí me matas. Dizque un segundo entierro. Sí, segundo; es que contigo ya andaba muerto por dentro. Desperdicié estos pulmones y los otros, ahora, que yo era incomprensible, pero te cuento que escribo para que lean, no para que les guste; hablo para que oigan, no para que me entiendan.
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Feb 19, 2016
Feb 19, 2016 at 8:42 PM UTC
Poema Salao
Yo descendí de la antioqueña cumbre, de austera estirpe que el honor decora, el alma en paz y el corazón en lumbre, y el claro sortilegio de la aurora bruñó mi lira y la libró de herrumbre. Y fui, viajero de nivoso monte y umbría roza de maíz, al valle que da a la luz su fruta entre su llama: había miel de filtros de sinsonte que derrama canción de rama en rama. Y el mar abierto, a mí divinamente su honda virtud hizo afluir entera: gusté su yodo... y la embriaguez ignota de no sé qué sagrada primavera bajo la paz de una ciudad remota. Fulgía en mi ilusión Acuarimántima. Ciudad del bien, fastuosa, legendaria, ciudad de amor y esfuerzo y ufanía y de meditación y de plegaria; una ciudad azúlea, egregia, fuerte, una Jerusalén de poesía. Y como los cruzados medioevales, ceñíme al torso fúlgida coraza y fuime en pos de la ciudad cautiva, burlando la guadaña de la Muerte y la fortuna a mi querer esquiva. La ondulante odisea rememoro con amor y dolor... Un linde vago, de súbito sangriento, ya cetrino... Un buque... un muelle... un joven noctivago... y el tono de la voz... y el pan marcino... La maravilla comba, transparente, de las noches de junio hacia la hondura de un huerto viola, en ácidos alcores; y allí la levadura de mis cantos, hecha de mezquindad y sinsabores. Y aquella niña del amor florido y oloroso, y ritual, y enardecido, el seno como un fruto no oprimido, y un dulzor en los besos diluïdo, y un no sé qué... que túrbame el sentido. Y la huraña beldad, el mármol yerto e inconmovible; y la Infantina huraña que era el postrer jazmín que daba un huerto... ¡Me figuro las luces de sus ojos como dos cirios de un cariño muerto! Y el arduo afán en el impulso vario por resolver el canto en melodía. Derrame un ruiseñor en el himnario toda la miel del día. Un rumor milenario, y la luz de tu lámpara ¡oh Sophía! Húmedos los cabellos -cristalinos caireles de agua y sol-, aún ondulan fantásticas ondinas; mientras danza en la luz un coro de donceles por la playa al influjo de las sales marinas...
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Acuarimántima iv
Yo descendí de la antioqueña cumbre, de austera estirpe que el honor decora, el alma en paz y el corazón en lumbre, y el claro sortilegio de la aurora bruñó mi lira y la libró de herrumbre. Y fui, viajero de nivoso monte y umbría roza de maíz, al valle que da a la luz su fruta entre su llama: había miel de filtros de sinsonte que derrama canción de rama en rama. Y el mar abierto, a mí divinamente su honda virtud hizo afluir entera: gusté su yodo... y la embriaguez ignota de no sé qué sagrada primavera bajo la paz de una ciudad remota. Fulgía en mi ilusión Acuarimántima. Ciudad del bien, fastuosa, legendaria, ciudad de amor y esfuerzo y ufanía y de meditación y de plegaria; una ciudad azúlea, egregia, fuerte, una Jerusalén de poesía. Y como los cruzados medioevales, ceñíme al torso fúlgida coraza y fuime en pos de la ciudad cautiva, burlando la guadaña de la Muerte y la fortuna a mi querer esquiva. La ondulante odisea rememoro con amor y dolor... Un linde vago, de súbito sangriento, ya cetrino... Un buque... un muelle... un joven noctivago... y el tono de la voz... y el pan marcino... La maravilla comba, transparente, de las noches de junio hacia la hondura de un huerto viola, en ácidos alcores; y allí la levadura de mis cantos, hecha de mezquindad y sinsabores. Y aquella niña del amor florido y oloroso, y ritual, y enardecido, el seno como un fruto no oprimido, y un dulzor en los besos diluïdo, y un no sé qué... que túrbame el sentido. Y la huraña beldad, el mármol yerto e inconmovible; y la Infantina huraña que era el postrer jazmín que daba un huerto... ¡Me figuro las luces de sus ojos como dos cirios de un cariño muerto! Y el arduo afán en el impulso vario por resolver el canto en melodía. Derrame un ruiseñor en el himnario toda la miel del día. Un rumor milenario, y la luz de tu lámpara ¡oh Sophía! Húmedos los cabellos -cristalinos caireles de agua y sol-, aún ondulan fantásticas ondinas; mientras danza en la luz un coro de donceles por la playa al influjo de las sales marinas...
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Este perro. Este perro. ¡Indescriptible! ¡Único! (¿Quién diría la forma, la intención, el tamaño de todas sus membranas, sus vértebras, sus células, sin olvidar su aliento, sus costumbres, sus lágrimas?) Este perro. Este perro, semejante a otros perros y a la vez tan distinto a su padre, a su madre, sus hermanos, sus hijos, a los perros ya muertos, y a todos los que existen. Este perro increíble, con su hocico, su rabo, sus orejas, sus patas, inédito, viviente; modelado, compuesto a través de los siglos por un esfuerzo inmenso, constante, incomprensible, de creación, de armonía, de equilibrio, de ritmo. Este perro. Este perro, cotidiano, inaudito, que demuestra el milagro, que me acerca al misterio... que da ganas de hincarse, de romper una silla.
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Inagotable asombro
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Tal vez ésta es la casa en que viví cuando yo no existí ni había tierra, cuando todo era luna o piedra o sombra, cuando la luz inmóvil no nacía. Tal vez entonces esta piedra era mi casa, mis ventanas o mis ojos. Me recuerda esta rosa de granito algo que me habitaba o que habité, cueva o cabeza cósmica de sueños, copa o castillo o nave o nacimiento. Toco el tenaz esfuerzo de la roca, su baluarte golpeado en la salmuera, y sé que aquí quedaron grietas mías, arrugadas sustancias que subieron desde profundidades hasta mi alma, y piedra fui, piedra seré, por eso toco esta piedra y para mí no ha muerto: es lo que fui, lo que seré reposo de tu combate tan largo como el tiempo.
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Casa
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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A mis hijas
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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Alzo en la noche tu rollizo cuerpo, altos mis brazos sobre mi cabeza. Rosada fruta es tu desnuda carne, mis manos se abren como dos bandejas. Y coronado de tu gracia pura, los pies hundidos en la fresca hierba, saliente el pecho en el ligero esfuerzo, os lo presento, atónitas estrellas.
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César
Ya la provincia toda reconcentra a sus sanas hijas en las caducas avenidas, y Rut y Rebeca proclaman la novedad campestre de sus nucas. Las pobres desterradas de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, aroman la Metrópoli como granos de anís. La parvada maltrecha de alondras, cae aquí con el esfuerzo fragante de las gotas de un arbusto batido por el cierzo. Improvisan su tienda para medir, cuadrantes pesarosos, la ruina de su paz y de su hacienda. Ellas, las que soñaban perdidas en los vastos aposentos, duermen en hospedajes avarientos. Propietarios de huertos y de huertas copiosas, regatean las frutas y las rosas. Con sus modas pasadas y sus luengos zarcillos y su mirar somero, inmútanse a los brillos de los escaparates de un joyero. Y después, a evocar la sandía tropa de pavos, y su susto manifiesto cuando bajaban por aquel recuesto... ¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas! Paso junto a las lentas fugitivas: no saben en su desgarbo airoso y en su activo quietismo, la derretida y pura compensación que logra su ostracismo sobre mi pecho, para ellas holgadamente hospitalario, aprensivo y munificente. Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, como si a mí viniese la lúcida familia de las hadas, porque oléis al opíparo destino y al exaltado fuero de los calabazates que sazona el resol del Adviento, en la cornisa recoleta y poltrona.
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Las desterradas
Ya la provincia toda reconcentra a sus sanas hijas en las caducas avenidas, y Rut y Rebeca proclaman la novedad campestre de sus nucas. Las pobres desterradas de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, aroman la Metrópoli como granos de anís. La parvada maltrecha de alondras, cae aquí con el esfuerzo fragante de las gotas de un arbusto batido por el cierzo. Improvisan su tienda para medir, cuadrantes pesarosos, la ruina de su paz y de su hacienda. Ellas, las que soñaban perdidas en los vastos aposentos, duermen en hospedajes avarientos. Propietarios de huertos y de huertas copiosas, regatean las frutas y las rosas. Con sus modas pasadas y sus luengos zarcillos y su mirar somero, inmútanse a los brillos de los escaparates de un joyero. Y después, a evocar la sandía tropa de pavos, y su susto manifiesto cuando bajaban por aquel recuesto... ¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas! Paso junto a las lentas fugitivas: no saben en su desgarbo airoso y en su activo quietismo, la derretida y pura compensación que logra su ostracismo sobre mi pecho, para ellas holgadamente hospitalario, aprensivo y munificente. Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, como si a mí viniese la lúcida familia de las hadas, porque oléis al opíparo destino y al exaltado fuero de los calabazates que sazona el resol del Adviento, en la cornisa recoleta y poltrona.
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¡Oh pobres almas nuestras que perdieron el nido y que van arrastradas en la falsa corriente del olvido! Y pensar que extraviamos la senda milagrosa en que se hubiera abierto nuestra ilusión, como perenne rosa. Pudieron deslizarse, sin sentir, nuestras vidas con el compás romántico que hay en las músicas desfallecidas. Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos. Y pensar que pudimos, al acercarse el fin de la jornada, alumbrar la vejez en una dulce conjunción de existencias, contemplando, en la noche ilusionada, el cintilar perenne del Zodíaco sobre la sombra de nuestras conciencias... Mas en vano deliro y te recuerdo, oh virgen esperanza, oh ilusión que te quedas en no sé qué lejanas arboledas y en no sé qué remota venturanza. Sigamos sumergiéndonos... Mas, antes que la sorda corriente nos precipite a lo desconocido, hagamos un esfuerzo de agonía para salir a flote y ver, la última vez, nuestras cabezas sobre las aguas turbias del olvido.
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Rumbo al olvido
Fuego a quien tanto Mar ha respetado Y que en desprecio de las ondas frías Pasó abrigado en en las entrañas mías, Después de haber mis ojos navegado, Merece ser al Cielo trasladado, Nuevo esfuerzo del Sol y de los días; Y entre las siempre amantes Jerarquías En el Pueblo de luz arder clavado. Dividir y apartar puede el camino; Mas cualquier paso del perdido Amante Es quilate al Amor puro y divino. Yo dejo el Alma atrás: llevo adelante, Desierto y solo el cuerpo peregrino, Y a mí no traigo cosa semejante.
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Amante ausente del sujeto amado, después de larga navegación
¿Decís que la rima ya ha muerto, y que es ruido De compás monótono, muy fuerte al oído, Y que rotos ritmos son música interna Para los arcanos del alma moderna? ¿Música? Mas cuándo lo que no es eufónico Por suerte ha dejado de ser inarmónico? Descoyuntamientos y palabrería, No serán ni han sido jamás Poesía. Es a sus dominios áspera la ruta, Y todo el que quiera, su don no disfruta. Y así como el mármol a cincel se labra, Al esfuerzo nacen idea y palabra. Siempre el arte es largo. Poeta o artista No con bagatelas el lauro conquista. Grautier dijo: «Calce la Musa un estrecho Coturno». Y os digo, que el píe que no es hecho A molde no holgado, rehúya la ordalia Del verso, y que lleve más libre sandalia. Dejad a la Musa su veste radiosa: Las trabas del verso no tiene la prosa. ¿Y cuándo el desorden, la no coherencia, Han sido armonía y han sido cadencia? «Son cosas sutiles, son matices trémulos», Decís, «y vosotros que sois nuestros émulos No entendéis».                                     Es cierto. Jamás lo estrambótico Entendemos, menos lo insulso o caótico. ¿Que usáis simbolismos? Lo diáfano es norma: Jamás lo que el hombre retuerce o deforma. ¿Queréis que os comprendan?  Sed siempre muy claros: Que brillen los versos cual mármol de Paros, Y en ellos, la rima cual oro en la jagua, O rosa de fuego temblando en el agua; Y como el poema del BJiin cruza Elsa, Que siga la Musa radiante y excelsa, Dejando cual huella de luz vivos rastros, Y orladas las sienes en polvo de astros. Ícaro, atrevido, vio vano su anhelo.... Si no tenéis alas no intentéis el vuelo. Quedaos en tierra si la fuerza os falta. Es duro el ascenso. La cumbre es muy alta. Poesía es Arte, del Arte la cima, Y la estrofa es alma, y es ritmo y es rima. Verdad que las reglas son difícil aula, Mas falta no hace que entréis a la jaula; Y de Arte y de numen al soplo y al toque Tan sólo ha surgido la estatua del bloque.
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Canto a la rima
¿Decís que la rima ya ha muerto, y que es ruido De compás monótono, muy fuerte al oído, Y que rotos ritmos son música interna Para los arcanos del alma moderna? ¿Música? Mas cuándo lo que no es eufónico Por suerte ha dejado de ser inarmónico? Descoyuntamientos y palabrería, No serán ni han sido jamás Poesía. Es a sus dominios áspera la ruta, Y todo el que quiera, su don no disfruta. Y así como el mármol a cincel se labra, Al esfuerzo nacen idea y palabra. Siempre el arte es largo. Poeta o artista No con bagatelas el lauro conquista. Grautier dijo: «Calce la Musa un estrecho Coturno». Y os digo, que el píe que no es hecho A molde no holgado, rehúya la ordalia Del verso, y que lleve más libre sandalia. Dejad a la Musa su veste radiosa: Las trabas del verso no tiene la prosa. ¿Y cuándo el desorden, la no coherencia, Han sido armonía y han sido cadencia? «Son cosas sutiles, son matices trémulos», Decís, «y vosotros que sois nuestros émulos No entendéis».                                     Es cierto. Jamás lo estrambótico Entendemos, menos lo insulso o caótico. ¿Que usáis simbolismos? Lo diáfano es norma: Jamás lo que el hombre retuerce o deforma. ¿Queréis que os comprendan?  Sed siempre muy claros: Que brillen los versos cual mármol de Paros, Y en ellos, la rima cual oro en la jagua, O rosa de fuego temblando en el agua; Y como el poema del BJiin cruza Elsa, Que siga la Musa radiante y excelsa, Dejando cual huella de luz vivos rastros, Y orladas las sienes en polvo de astros. Ícaro, atrevido, vio vano su anhelo.... Si no tenéis alas no intentéis el vuelo. Quedaos en tierra si la fuerza os falta. Es duro el ascenso. La cumbre es muy alta. Poesía es Arte, del Arte la cima, Y la estrofa es alma, y es ritmo y es rima. Verdad que las reglas son difícil aula, Mas falta no hace que entréis a la jaula; Y de Arte y de numen al soplo y al toque Tan sólo ha surgido la estatua del bloque.
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