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"escalera" poems
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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El parque lezama
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Nov 13, 2018
Nov 13, 2018 at 3:52 PM UTC
16 de Agosto
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Eras una con las flores que seguían a la luz hasta que con ella se esposaban. Y la luz de las flores una con tus manos. Con las aguas corrompidas que al toque de tus manos se hacían de cristal Y calmaban mi sed. Eras una con el agua de la vida. Y cruzabas en tu andar espacios sin futuro ni pasado y se abrían a tu paso puertas y ventanas. Enseñabas a los hombres la escalera para que se vieran a sí mismos abiertos a la luz. Sabia amante y amiga y hermana cómo fue que de pronto perdiste el sentido del poniente del levante del arriba y del abajo. Cómo fue que tu vía se estrechó Cómo fue que tu paso por el mundo acabó en en el arrabal. Y contigo terminaste de perderme tú venida de lo alto. Yo me puse en la hilera a esperar lo inevitable. Y llegaron los verdugos hasta ayer mis amigos. Me enseñaron tus despojos y me hicieron hincarme a sus pies.
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Nov 23, 2011
Nov 23, 2011 at 12:08 PM UTC
La extraviada (V)
Caen hojas de los árboles como gotas del cielo deshojando los árboles ¿Lo estará haciendo el viento? o quién más lo hace, si no es alguien del cielo o más bien será un poeta en sueño eterno que va deshojando su libro va escribiendo sus versos con tinta de su pluma cambia el estado y el tiempo haciendo de su poema cada día un día nuevo ayudado por su palabra pinta un crepúsculo en el cielo regalando su magistral obra a el mismísimo Dios que vive en el cielo adornándole esta su casa con esos poderosos versos deja en la tierra sus hojas ¿o dejará más que eso? deja una esposa, una vida y una estela en su ascenso sube por la escalera mientras se va despidiendo de su hija, de su vida de las hojas en el suelo que ayudará algún día a que tu también llegues al cielo.
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Untitled
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Muerte y juicio
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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*ya estás brillando, casi como un sol pero todavía más fuerte, en esta completa oscuridad Orion se encuentra cerca de ti esta noche, unas estrellas la acompañan, debajo de ti te ponen en el último peldaño en la parte superior de la escalera, tu escalera, que quiero subir pero solo puedo aspirar y espirar lo que sería visible? mi cálido aliento, en este aire frío, de un invierno eterno*
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Dec 6, 2014
Dec 6, 2014 at 5:38 PM UTC
Mi luna llena
Amante: no me lleves, si muero al camposanto A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente Alboroto divino de alguna pajarera O junto a la encantada charla de alguna fuente   A flor de tierrra, amante. Casi sobre la tierra, Donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos, Alargados en tallos, suban a ver de nuevo La lámpara salvaje de los ocasos rojos.   A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea         Más breve. Yo presiento La lucha de mi carne por volver hacia arriba, Por sentir en sus átomos la frescura del viento.   Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos         Podrán estarse quietas. Que seimpre como topos arañarán la tierra En medio de las sombras estrujadas y prietas.   Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen En la greda amarilla de mis huesos menguados. ¡Por la parda escalera de las raíces vivas Yo subiré a mirarte en los lirios morados!
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Vida-garfio
Nuevas disposiciones de la noche, sórdidos ejercicios  al dictado, lecciones del deseo que yo aprendí, pirata, oh joven pirata de los ojos azules. En calles resonantes la oscuridad tenía todavía la misma espesura total que recuerdo en mi infancia. Y dramáticas sombras, revestidas con el prestigio de la prostitución, a mi lado venían de un infierno grasiento y sofocante como un cuarto de máquinas. ¡Largas últimas horas, en mundos amueblados con deslustrada loza sanitaria y cortinas manchadas de permanganato! Como un operario que pule una pieza, como un afilador, fornicar poco a poco mordiéndome los labios. Y sentirse morir por cada pelo de gusto, y hacer daño. La luz amarillenta, la escalera estremecida toda de susurros, mis pasos, eran aún una prolongación que me exaltaba, lo mismo que el olor en las manos -o que al salir el frío de la madrugada, intenso como el recuerdo de una sensación.
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Nostalgie de la boue
Imaginé mi horror por un momento que Dios, el solo vivo, no existiera, o que, existiendo, sólo consistiera en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento. Y que la  muerte, oh estremecimiento, fuese el hueco sin luz de una escalera, un colosal vacío que se hundiera en un silencio desolado, liento. Entonces ¿para qué vivir, oh hijos de madre, a qué vidrieras, crucifijos y todo lo demás? Basta la muerte. Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos. O si no, déjanos precipitarnos sobre Ti -ronco río que revierte.
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Basta
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Sarao en casa del marqués de san jorge
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
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Casi égloga
Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
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El mes de Marzo vuelve con su luz escondida y se deslizan peces inmensos por el cielo, vago vapor terrestre progresa sigiloso, una por una caen al silencio las cosas. Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda reuniste las vidas del mar con las del fuego, el movimiento gris de la nave de invierno, la forma que el amor imprimió a la guitarra. Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas, fuego que baila y sube la invisible escalera y despierta en el túnel del insomnio a la sangre para que se consuman las olas en el cielo, olvide el mar sus bienes y leones y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.
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Soneto lxxxviii
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
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La casa paterna
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
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Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea, me visitas y subes por tu fresca escalera el castillo que el tiempo coronó de neblinas, las pálidas paredes del corazón cerrado. Nadie sabrá que sólo fue la delicadeza construyendo cristales duros como ciudades y que la sangre abría túneles desdichados sin que su monarquía derribara el invierno. Por eso, amor, tu boca, tu piel, tu luz, tus penas, fueron el patrimonio de la vida, los dones sagrados de la lluvia, de la naturaleza que recibe y levanta la gravidez del grano, la tempestad secreta del vino en las bodegas, la llamarada del cereal en el suelo.
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Soneto xxxvii
Todavía tengo casi todos mis dientes casi todos mis cabellos y poquísimas canas puedo hacer y deshacer el amor trepar una escalera de dos en dos y correr cuarenta metros detrás del ómnibus o sea que no debería sentirme viejo pero el grave problema es que antes no me fijaba en estos detalles.
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Síndrome
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:41 PM UTC
16. Vino Rosado (Poema adicional de “El Castillo”)
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Patio de esta tierra, luminoso patio tendido a la orilla del río y del mar. Inclinado sobre la boca del pozo del fondo del pozo me veo brotar como en una instantánea de sesenta cobres distante y movida. Fotógrafo pobre, el agua retrata mi camisa suelta y mi pelo de hebras negras y revueltas. Un alado piño de pájaros sube como una escalera de seda, una nube. Y, asomando detrás de la cerca sencilla, cabeza amarilla, como maravilla, como el corazón de la siesta en la trilla, rubia como el alma de las manzanillas, veo a veces, gloria del paisaje seco, la cabeza rubia de Laura Pacheco.
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Mancha en tierras de color
Tendrá que suceder, hoy o mañana, en cualquier parte y de cualquier manera, -puede ser que bajando una escalera o puede ser que abriendo una ventana. Sucederá tal día de semana, sencillamente, sin llover siquiera, en el banco de un parque en primavera o en un hotel de una ciudad lejana. Así sucederá, como un espejo que se queda de pronto sin reflejo, porque crece la sombra o porque sí. Irá de puerta en puerta un viento loco, y tú también te morirás un poco con algo tuyo que se muere en mí...
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Aria de luto
El palacio es de mármol, y en pie en la escalinata, Hablan viejos patricios que retrató Ticiano, Y sus gruesos collares, obra de experta mano, Realzan de los trajes el color escarlata. La azul laguna, lejos sus espumas dilata, Y contemplan con ojos de orgullo soberano, Bajo la luz radiante del cielo veneciano, Del Adriático el brillo con cambiantes de plata. Y mientras oro y púrpura van en fúlgida hilera Arrastrando los nobles por la blanca escalera Que al sol, una azulada claridad tornasola, Una dama, de pronto, indolente y altiva, En nube de brocados volviéndose furtiva, Le sonríe al negrillo que le lleva la cola.
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La dogaresa
Sí, ya sé que me han visto como un fantasma extraño que hace crujir la arena en su pisaba firme; pero reaparezco a veces, en las casas de antaño sobre todo en las casas donde aprendí a morirme. Tal vez yo soy entonces como un viento que pasa y tiembla en las cortinas y se pierde a lo lejos, y hay quien oye mis pasos recorriendo la casa, y hay quien ve mi rostro asomarse en los espejos. O es que me voy sin irme no sé de qué manera, no sé cómo, en qué bruma de lo desconocido, y entonces soy un hombre que sube una escalera y la sigue subiendo después que ya se ha ido. Si hay algo más, lo ignoro: la noche está delante, en mis ojos cerrados o en mis ojos abiertos, y, andando en esa sombra, no sabrá el caminante si va junto a los vivos o va juntos a los muertos. Pero siempre es de noche detrás de la mirada, y hasta lo inexplicable se explica de algún modo, pues hay cosas que existen sin que sepamos nada, más allá de la vida, de la muerte y de todo...
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Nocturno del fantasma
Junto al Rhin, el viejo río, El río de las leyendas, Un castillo silencioso Alza sus torres de piedra, Del señor de la comarca La sombría fortaleza. La niña de ojos azules Y rizada cabellera, De tez de nieve y de grana, Casto ideal de poeta; La que mis sueños tranquilos Cruza vaporosa, aérea, Cual Holda cruza el espacio En noches de primavera, La adorada de mi vida Que me ha jurado fe eterna, Allí vive, para el mundo Escondida su belleza. Cuando las luces se apagan En las sombrías almenas, Y el castillo está embozado En su manto de tinieblas, Llego vestido de paje A la marmórea escalera Donde me aguarda mi amada, La niña de rizas trenzas, La de los ojos azules Que me ha jurado fe eterna; Y el paseo comenzamos De brazo por la alameda; Y ella al oído me dice, Con voz apagada y trémula, -En mi hombro, pensativa, Reclinada la cabeza,- Lo que ha soñado en sus noches, Sus imposibles quimeras, Las ternuras de su alma, Sus recónditas tristezas; Y yo, soñador, le narro Cuentos de hermosas princesas Enamoradas de pajes Que han muerto de amor por ellas; Y al decirle mis dolores, Mis sueños y mis tristezas, Melancólica me mira, Llora, y las manos me estrecha. Y cuando en el cielo pálido Muriendo van las estrellas, La dejo en la escalinata Y repaso la alameda, Cabizbajo, recordando Lo que olvidé junto a ella, Lo que pensaba decirle: Más sueños y más promesas. Y cruzo el Rhin en mi barca... Y en tanto en las ondas crespas Juegan con la blanca espuma Las hadas de las leyendas.
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Junto al rhin
Junto al Rhin, el viejo río, El río de las leyendas, Un castillo silencioso Alza sus torres de piedra, Del señor de la comarca La sombría fortaleza. La niña de ojos azules Y rizada cabellera, De tez de nieve y de grana, Casto ideal de poeta; La que mis sueños tranquilos Cruza vaporosa, aérea, Cual Holda cruza el espacio En noches de primavera, La adorada de mi vida Que me ha jurado fe eterna, Allí vive, para el mundo Escondida su belleza. Cuando las luces se apagan En las sombrías almenas, Y el castillo está embozado En su manto de tinieblas, Llego vestido de paje A la marmórea escalera Donde me aguarda mi amada, La niña de rizas trenzas, La de los ojos azules Que me ha jurado fe eterna; Y el paseo comenzamos De brazo por la alameda; Y ella al oído me dice, Con voz apagada y trémula, -En mi hombro, pensativa, Reclinada la cabeza,- Lo que ha soñado en sus noches, Sus imposibles quimeras, Las ternuras de su alma, Sus recónditas tristezas; Y yo, soñador, le narro Cuentos de hermosas princesas Enamoradas de pajes Que han muerto de amor por ellas; Y al decirle mis dolores, Mis sueños y mis tristezas, Melancólica me mira, Llora, y las manos me estrecha. Y cuando en el cielo pálido Muriendo van las estrellas, La dejo en la escalinata Y repaso la alameda, Cabizbajo, recordando Lo que olvidé junto a ella, Lo que pensaba decirle: Más sueños y más promesas. Y cruzo el Rhin en mi barca... Y en tanto en las ondas crespas Juegan con la blanca espuma Las hadas de las leyendas.
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Quería una escalera muy alta, trepar por las gotas de agua, escalar las nubes empinadas, volar lejos sin tener alas, encender las luciérnagas anidando en el mar verde del cielo. Quería un rayo de luz elocuente como cínico rugido a la muerte, quemar las arrugas del dolor inerte al no poder verte. Quería lavar mis lágrimas y forjarla con una asesina espada, apuñalar mis locos quebrantos sin olvidar el atesorado acantilado de tus abrazos. Quería hallar la sombra de tu figura   sacándola del cajón de los espantos, liberar tu espíritu de la botella, arroparte en espuma de recuerdos. Quería acariciar tus cabellos blancos, navegar al lejano infinito, traficar la moneda del barquero, hallar silenciosas palabras, vomitar maléficos lamentos, pernoctar en las agitadas aguas. No quería una montaña quería tocar tu corazón con mi alma, mimar tus ojos de perla, vestir tus dedos desnudos, quería que no desplomara el telón de tus ojos, quería seguir viéndote quería no perderte.
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Oct 13, 2020
Oct 13, 2020 at 3:48 PM UTC
“Quería No Perderte”