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"encendido" poems
Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina.
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Oda a la cebolla
Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina.
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El sol dentro del día                                       El frío dentro del sol. Calles sin nadie                               autos parados Todavía no hay nieve                                       hay viento viento Arde todavía                           en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás en otro cuarto idéntico O los dos estamos en una calle que tu mirada ha despoblado El mundo imperceptiblemente se deshace                                                             Memoria desmoronada bajo nuestros pasos Estoy parado a la mitad de esta línea no escrita Las puertas se abren y cierran solas                                                                     El aire entra y sale por nuestra casa                                                         El aire habla a solas al hablar contigo                                                         El aire sin nombre por el pasillo interminable No se sabe quién está del otro lado                                                                 El aire vuelve aire todo lo que toca                                                   El aire con dedos de aire disipa lo que digo Soy aire que no miras No puedo abrir tus ojos                                             No puedo cerrar la puerta El aire se ha vuelto sólido Esta hora tiene la forma de una pausa La pausa tiene tu forma Tú tienes la forma de una fuente no de agua sino de tiempo En lo alto del chorro de la fuente saltan mis pedazos el fui     el soy   el no soy todavía Mi vida no pesa                           El pasado se adelgaza El futuro es un poco de agua en tus ojos Ahora tienes la forma de un puente Bajo tus arcos navega nuestro cuarto Desde tu pretil nos vemos pasar Ondeas en el viento más luz que cuerpo En la otra orilla el sol crece                                                 al revés Sus raíces se entierran en el cielo Podríamos ocultarnos en su follaje Con sus ramas prendemos una hoguera El día es habitable El frío ha inmovilizado al mundo El espacio es de vidrio                                         El vidrio es de aire Los ruidos más leves erigen súbitas esculturas el eco las multiplica y las dispersa Tal vez va a nevar Tiembla el árbol encendido Ya está rodeado de noche Al hablar con él hablo contigo
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Trowbridge street
El sol dentro del día                                       El frío dentro del sol. Calles sin nadie                               autos parados Todavía no hay nieve                                       hay viento viento Arde todavía                           en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás en otro cuarto idéntico O los dos estamos en una calle que tu mirada ha despoblado El mundo imperceptiblemente se deshace                                                             Memoria desmoronada bajo nuestros pasos Estoy parado a la mitad de esta línea no escrita Las puertas se abren y cierran solas                                                                     El aire entra y sale por nuestra casa                                                         El aire habla a solas al hablar contigo                                                         El aire sin nombre por el pasillo interminable No se sabe quién está del otro lado                                                                 El aire vuelve aire todo lo que toca                                                   El aire con dedos de aire disipa lo que digo Soy aire que no miras No puedo abrir tus ojos                                             No puedo cerrar la puerta El aire se ha vuelto sólido Esta hora tiene la forma de una pausa La pausa tiene tu forma Tú tienes la forma de una fuente no de agua sino de tiempo En lo alto del chorro de la fuente saltan mis pedazos el fui     el soy   el no soy todavía Mi vida no pesa                           El pasado se adelgaza El futuro es un poco de agua en tus ojos Ahora tienes la forma de un puente Bajo tus arcos navega nuestro cuarto Desde tu pretil nos vemos pasar Ondeas en el viento más luz que cuerpo En la otra orilla el sol crece                                                 al revés Sus raíces se entierran en el cielo Podríamos ocultarnos en su follaje Con sus ramas prendemos una hoguera El día es habitable El frío ha inmovilizado al mundo El espacio es de vidrio                                         El vidrio es de aire Los ruidos más leves erigen súbitas esculturas el eco las multiplica y las dispersa Tal vez va a nevar Tiembla el árbol encendido Ya está rodeado de noche Al hablar con él hablo contigo
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Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento:Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú.Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla y una pluma y una flor.Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; más lo malo es que ella iba sin permiso de papá.Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.Y el rey dijo: -«¿Qué te has hecho? te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho que encendido se te ve?».La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: -«Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad».Y el rey clama: -«¿No te he dicho que el azul no hay que cortar?. ¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... El Señor se va a enojar».Y ella dice: -«No hubo intento; yo me fui no sé por qué. Por las olas por el viento fui a la estrella y la corté».Y el papá dice enojado: -«Un castigo has de tener: vuelve al cielo y lo robado vas ahora a devolver».La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús.Y así dice: -«En mis campiñas esa rosa le ofrecí; son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí».Viste el rey pompas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento.Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.
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A margarita debayle
Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento:Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú.Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla y una pluma y una flor.Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; más lo malo es que ella iba sin permiso de papá.Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.Y el rey dijo: -«¿Qué te has hecho? te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho que encendido se te ve?».La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: -«Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad».Y el rey clama: -«¿No te he dicho que el azul no hay que cortar?. ¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... El Señor se va a enojar».Y ella dice: -«No hubo intento; yo me fui no sé por qué. Por las olas por el viento fui a la estrella y la corté».Y el papá dice enojado: -«Un castigo has de tener: vuelve al cielo y lo robado vas ahora a devolver».La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús.Y así dice: -«En mis campiñas esa rosa le ofrecí; son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí».Viste el rey pompas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento.Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.
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A puro sol escribo, a plena calle, a pleno mar, en donde puedo canto, sólo la noche errante me detiene pero en su interrupción recojo espacio, recojo sombra para mucho tiempo. El trigo ***** de la noche crece mientras mis ojos miden la pradera y así de sol a sol hago la llaves: busco en la oscuridad las cerraduras y voy abriendo al mar las puertas rotas hasta llenar armarios con espuma. Y no me canso de ir y de volver, no me para la muerte con su piedra, no me canso de ser y de no ser. A veces me pregunto si de dónde, si de padre o de madre o cordillera heredé los deberes minerales, los hilos de un océano encendido y sé que sigo y sigo porque sigo y canto porque canto y porque canto. No tiene explicación lo que acontece cuando cierro los ojos y circulo como entre dos canales submarinos, uno a morir me lleva en su ramaje y el otro canta para que yo cante. Así pues de no ser estoy compuesto y como el mar asalta el arrecife con cápsulas saladas de blancura y retrata la piedra con la ola, así lo que en la muerte me rodea abre en mí la ventana de la vida y en pleno paroxismo estoy durmiendo. A plena luz camino por la sombra.
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Plenos poderes
fue facil aprender a amarte como mujer; eso fue lo sencillo. quererte con la boca, los dedos, los ojos, los brazos... un amor de adultos, encendido. y sin embargo, termino llorando como bebe. lagrimas despechadas, berrinchudas como de niña; Llanto,
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Apr 1, 2013
Apr 1, 2013 at 12:22 AM UTC
amarte
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
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Ausencia
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
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En un poema leo: conversar es divino. Pero los diosa no hablan: hacen, deshacen mundos mientras los hombres hablan. Los dioses, sin palabras, juegan juegos terribles. El espíritu baja y desata las lenguas pero no habla palabras: habla lumbre. El lenguaje, por el dios encendido, es una profecía de llamas y una torre de humo y un desplome de sílabas quemadas: ceniza sin sentido. La palabra del hombre es hija de la muerte. Hablamos porque somos mortales: las palabras no son signos, son años. Al decir lo que dicen los nombres que decimos dicen tiempo: nos dicen. Somos nombres del tiempo. Mudos, también los muertos pronuncian las palabras que decimos los vivos. El lenguaje es la casa de todos en el flanco del abismo colgada. Conversar es humano.
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La llama, el habla
Fresca, lozana, pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido, gallarda puesta sobre el ramo erguido, fragancia esparce la naciente rosa.  Mas si el ardiente sol lumbre enojosa vibra, del can en llamas encendido, el dulce aroma y el color perdido, sus hojas lleva el aura presurosa.  Así brilló un momento mi ventura en alas del amor, y hermosa nube fingí tal vez de gloria y de alegría.  Mas, ay, que el bien trocóse en amargura, y deshojada por los aires sube la dulce flor de la esperanza mía.
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Soneto
Orillas del Uruguay una piedra encontré hoy aplastada, redondita, y de encendido color: pequeña obra maestra de agua, de viento -y de sol. Y decidí recogerla y usarla como reloj. El mismo peso me hace que la máquina mejor, la compañía es idéntica y guarda el mismo calor. Lo miro de vez en cuando, y es tan grande la ilusión, que veo unas manecillas y los signos de rigor. Al que pregunta la hora se la invento y se la doy. Me equivoco por minutos, que no es equivocación, que el tiempo no está en esferas sino a nuestro alrededor: en la orla de una nube, en el cáliz de una flor, en nuestras entrañas mismas, en algo como un temblor. Le doy cuerda al acostarme y con toda precaución, entre libros y anteojos lo pongo en el velador y antes de dormir parece que escucho cierto rumor. No sé si son los segundos, esa arenilla veloz, o acaso la vocecilla del río que lo pulió. Ante mi reloj de piedra no tengo más que un temor: si se me llega a romper, ¿a qué relojero voy? Sólo pueden componerlo ojos y dedos de Dios.
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Romance del reloj de piedra
Te necesito, Después De cada suspiro; Que me regreses El aire, Después De cada amanecer; Que me regreses Mi alma, Después De cada encuentro; Que me regreses Mi corazón, Pero a pesar Que después; De cada exhalo De cada mañana De cada despedida Que te vas como quieta ladrona, Que te robas todo mío, Sin dejarme nada tuyo Más que un leve perfume De tu presencia, La firma de tu calor Como un roce Con un calentón encendido, Tus labios imprimidos Sobre mí y las copas de champaña, A pesar de todo eso Sonrió todavía, Porque se, Que si te robas Todo eso de mí, Es porqué, Volverás a mí, A robarme otra vez.... APAD13 002 - © okpoet
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Jan 2, 2013
Jan 2, 2013 at 3:53 PM UTC
Quieta Ladrona...
Levantóse Gerineldo,   que al rey dejara dormido, fuese para la infanta   donde estaba en el castillo. -Abráisme, dijo, señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién sois vos, el caballero,   que llamáis a mi postigo? -Gerineldo soy, señora,   vuestro tan querido amigo. Tomárala por la mano,   en un lecho la ha metido, y besando y abrazando   Gerineldo se ha dormido. Recordado había el rey   de un sueño despavorido; tres veces lo había llamado,   ninguna le ha respondido. -Gerineldo, Gerinaldo,   mi camarero pulido; si me andas en traición,   trátasme como a enemigo. O dormías con la infanta   o me has vendido el castillo. Tomó la espada en la mano,   en gran saña va encendido, fuérase para la cama   donde a Gerineldo vido. El quisiéralo matar,   mas criole de chiquito. Sacara luego la espada,   entrambos la ha metido, porque desque recordase   viese cómo era sentido. Recordado había la infanta   y la espada ha conocido. -Recordados, Gerineldo,   que ya érades sentido, que la espada de mi padre   yo me la he bien conocido.
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Romance de gerineldo
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Acuarimántima ii
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma -ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en ***** que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay, abriendo en ellos desapacibles úlceras de insomnio. Más amor que sed; más que amor, idolatría, dispersión de criatura estupefacta ante el fulgor que blande -germen del trueno olímpico- la forma en sus netos contornos fascinados. ¡Idolatría, sí idolatría! Mas no le basta el ser un puro salmo, un ardoroso incienso de sonido; quiere, además, oírse. Ni le basta tener sólo reflejos -briznas de espuma para el ala de luz que en ella anida; quiere, además, un tálamo de sombra, un ojo, para mirar el ojo que la mira. En el lago, en la charca, en el estanque, en la entumida cuenca de la mano, se consuma este rito de eslabones, este enlace diabólico que encadena el amor a su pecado. En el nítido rostro sin facciones el agua, poseída, siente cuajar la máscara de espejos que el dibujo del vaso le procura. Ha encontrado, por fin, en su correr sonámbulo, una bella, puntual fisonomía. Ya puede estar de pie frente a las cosas. Ya es ella también, aunque por arte de estas limpias metáforas cruzadas, un encendido vaso de figuras. El camino, la barda, los castaños, para durar el tiempo de una muerte gratuita y prematura, pero bella, ingresan por su impulso en el suplicio de la imagen propia y en medio del jardín, bajo las nubes, descarnada lección de poesía, instalan un infierno alucinante.
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Muerte sin fin
En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma -ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en ***** que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay, abriendo en ellos desapacibles úlceras de insomnio. Más amor que sed; más que amor, idolatría, dispersión de criatura estupefacta ante el fulgor que blande -germen del trueno olímpico- la forma en sus netos contornos fascinados. ¡Idolatría, sí idolatría! Mas no le basta el ser un puro salmo, un ardoroso incienso de sonido; quiere, además, oírse. Ni le basta tener sólo reflejos -briznas de espuma para el ala de luz que en ella anida; quiere, además, un tálamo de sombra, un ojo, para mirar el ojo que la mira. En el lago, en la charca, en el estanque, en la entumida cuenca de la mano, se consuma este rito de eslabones, este enlace diabólico que encadena el amor a su pecado. En el nítido rostro sin facciones el agua, poseída, siente cuajar la máscara de espejos que el dibujo del vaso le procura. Ha encontrado, por fin, en su correr sonámbulo, una bella, puntual fisonomía. Ya puede estar de pie frente a las cosas. Ya es ella también, aunque por arte de estas limpias metáforas cruzadas, un encendido vaso de figuras. El camino, la barda, los castaños, para durar el tiempo de una muerte gratuita y prematura, pero bella, ingresan por su impulso en el suplicio de la imagen propia y en medio del jardín, bajo las nubes, descarnada lección de poesía, instalan un infierno alucinante.
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Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos ante el cielo como dos golondrinas: su color coronado de junios, ya es rocío alejándose a ciertas regiones matutinas. Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro, como bajo la tiera, lluvioso, despoblado, con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro, como bajo la tierra quiero haberte enterrado. Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas, al fuego arrebatadas de tus ojos solares: precipitado octubre contra nuestras ventanas, diste paso al otoño y anocheció los mares. Te ha devorado el sol, rival único y hondo y la remota sombra que te lanzó encendido; te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo, tragándote; y es como si no hubieras nacido. Diez meses en la luz, redondeando el cielo, sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado. Sin pasar por el día se marchitó tu pelo; atardeció tu carne con el alba en un lado. El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente, carne naciente al alba y al júbilo precisa; niño que sólo supo reír, tan largamente, que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa. Ausente, ausente, ausente como la golondrina, ave estival que esquiva vivir al pie del hielo: golondrina que a poco de abrir la pluma fina, naufraga en las tijeras enemigas del vuelo. Flor que no fue capaz de endurecer los dientes, de llegar al más leve signo de la fiereza. Vida como una hoja de labios incipientes, hoja que se desliza cuando a sonar empieza. Los consejos del mar de nada te han valido... Vengo de dar a un tierno sol una puñalada, de enterrar un pedazo de pan en el olvido, de echar sobre unos ojos un puñado de nada. Verde, rojo, moreno; verde, azul y dorado; los latentes colores de la vida, los huertos, el centro de las flores a tus pies destinado, de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos. Mujer arrinconada: mira que ya es de día. (¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!) Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mia, la noche continúa cayendo desolada.
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A mi hijo
Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos ante el cielo como dos golondrinas: su color coronado de junios, ya es rocío alejándose a ciertas regiones matutinas. Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro, como bajo la tiera, lluvioso, despoblado, con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro, como bajo la tierra quiero haberte enterrado. Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas, al fuego arrebatadas de tus ojos solares: precipitado octubre contra nuestras ventanas, diste paso al otoño y anocheció los mares. Te ha devorado el sol, rival único y hondo y la remota sombra que te lanzó encendido; te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo, tragándote; y es como si no hubieras nacido. Diez meses en la luz, redondeando el cielo, sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado. Sin pasar por el día se marchitó tu pelo; atardeció tu carne con el alba en un lado. El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente, carne naciente al alba y al júbilo precisa; niño que sólo supo reír, tan largamente, que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa. Ausente, ausente, ausente como la golondrina, ave estival que esquiva vivir al pie del hielo: golondrina que a poco de abrir la pluma fina, naufraga en las tijeras enemigas del vuelo. Flor que no fue capaz de endurecer los dientes, de llegar al más leve signo de la fiereza. Vida como una hoja de labios incipientes, hoja que se desliza cuando a sonar empieza. Los consejos del mar de nada te han valido... Vengo de dar a un tierno sol una puñalada, de enterrar un pedazo de pan en el olvido, de echar sobre unos ojos un puñado de nada. Verde, rojo, moreno; verde, azul y dorado; los latentes colores de la vida, los huertos, el centro de las flores a tus pies destinado, de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos. Mujer arrinconada: mira que ya es de día. (¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!) Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mia, la noche continúa cayendo desolada.
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Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos, al través de una gasa de polvo dorado e inquieto, me parece posible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho.Cuando miro de noche en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblar como ardientes pupilas de fuego, me parece posible a do brillan subir en un vuelo y anegarme en su luz, y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso.En el mar de la duda en que bogo ni aun sé lo que creo; sin embargo estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro.
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Rima viii
Sol de siesta en toda la campiña verde... Rezonga una noria no sé dónde. Muerde un cantar la calma que en el aire reina. Bajo unos perales, una vaca peina con su cimbreante lengua la testuz de otra, que mordisca hierba con pajuz. Frente de unos olmos blancos de palomas un pruno destila transparentes gomas. Baten los trigales rúbeos ababoles. Jaulas destapadas son de verderoles los gozosos huertos colmados de nieves de azahares de plata  como esquilas breves, donde son badajos de mieles bermejas millones sonantes  de áticas abejas. Duerme el polvo ardiente de un recto camino. Álzase una sierra como un torbellino. En los correntales de un fino arroyuelo del sol encendido y untado de cielo, abreva  sediento mi pulido atajo. Luego, silencioso, se tiende debajo de las sombras móviles de un cañar umbrío... Soledad de tierras... Claridad de un río... Llevo hasta mis labios mi clara siringa: de armoniosa música la siesta se pringa. Mas presto me canso del tosco instrumento. y echado en el césped, cara al firmamento que parece un ancho e inflamado horno, buscando a Morfeo, la mirada entorno. ...Entre los follajes, a los que se acopla, el dios Pan. Su grato caramillo sopla...
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Siesta
Bajo las alas rosa de este laurel florido, Amémonos. El viejo y eterno lampadario De la luna ha encendido su fulgor milenario Y este rincón de hierba tiene calor de nido.   Amémonos. Acaso haya un fauno escondido Junto al tronco del dulce laurel hospitalario Y llore al encontrarse sin amor, solitario, Mirando nuestro idilio frente al prado dormido.   Amémonos. La noche clara, aromosa y mística Tiene no sé qué suave dulzura cabalística. Somos grandes y solos sobre el haz de los campos.   Y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos, Con estremecimientos breves como destellos De vagas esmeraldas y extraños crisolampos.
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Amémonos
Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento,   apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo.   Entre la leve gasa que levantaba el palpitante seno,   una flor se mecía en compasado y dulce movimiento.   Como en cuna de nácar que empuja el mar y que acaricia el céfiro,   tal vez allí dormía al soplo de sus labios entreabiertos.   ¡Oh, quién así -pensaba- dejar pudiera deslizarse el tiempo! ¡Oh, si las flores duermen,   qué dulcísimo sueño!
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Rima xviii
I was so young and naïve, I could not perceive the insidious danger, I was in. I did not read the sign! Your eyes, the iridescence in your eyes, that looks very much like celestial tides. That shade of unfading hope, were the landmines that detonated in my soul! My dead soul incapable of recognizing that brimstone fire…..you have for lips, which shattered the dormant spaces in me, injuring the fear, the stagnation, the ambivalence of falling in love! Once you touched me, my flesh exploded, exposing all the debris of fire, of passion, of the love-that was left in me! That blast that was created in me, when our eyes first locked, was like a nuclear war.. triggering bounding fragments of lust, enough the destroy all five continents. You, your love, your landmines, have forever ignited….all the faith in my soul! You have become the only Land that I want to call forever………. mine!!!!! LeydisProse 6/13/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/ Minas Terrestres Era tan joven e inocente, no podia percibir el peligro insidioso que se afloraba. ¡No leí el aviso de peligro!   Esos ojos, la iridiscencia en tus ojos, que se parece mucho a las mareas celestes. Sombra de esperanza inmarcesible, fueron las minas terrestres que detonaron en mi alma!   Mi alma ya muerta, incapaz de reconocer ese fuego de azufre que tienes por labios, que descuartizó los espacios latentes en mí.   ¡amputando el miedo, el estancamiento, la ambivalencia de nuevamente amar!   Una vez que me me tocaste, mi piel se detonó! Quedaron expuestos todos los escombros de fuego, de pasión, del amor que yagaban en mi! Esa explosión que se creo en mí, cuando nuestros ojos por primera vez se cruzaron, fue como una bomba nuclear...,   que fue activando delimitadores fragmentos de la lubricidad, suficientes para destruir cinco continentes.   Usted, su amor, sus minas han encendido... la fe en mi alma!   Se han convertido usted, en la única tierra que quiero llamar para siempre mis minas terrestres!!!!!! LeydisProse 6/13/2017
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Jun 13, 2017
Jun 13, 2017 at 11:27 AM UTC
LAND-MINES//Minas Terrestres
I was so young and naïve, I could not perceive the insidious danger, I was in. I did not read the sign! Your eyes, the iridescence in your eyes, that looks very much like celestial tides. That shade of unfading hope, were the landmines that detonated in my soul! My dead soul incapable of recognizing that brimstone fire…..you have for lips, which shattered the dormant spaces in me, injuring the fear, the stagnation, the ambivalence of falling in love! Once you touched me, my flesh exploded, exposing all the debris of fire, of passion, of the love-that was left in me! That blast that was created in me, when our eyes first locked, was like a nuclear war.. triggering bounding fragments of lust, enough the destroy all five continents. You, your love, your landmines, have forever ignited….all the faith in my soul! You have become the only Land that I want to call forever………. mine!!!!! LeydisProse 6/13/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/ Minas Terrestres Era tan joven e inocente, no podia percibir el peligro insidioso que se afloraba. ¡No leí el aviso de peligro!   Esos ojos, la iridiscencia en tus ojos, que se parece mucho a las mareas celestes. Sombra de esperanza inmarcesible, fueron las minas terrestres que detonaron en mi alma!   Mi alma ya muerta, incapaz de reconocer ese fuego de azufre que tienes por labios, que descuartizó los espacios latentes en mí.   ¡amputando el miedo, el estancamiento, la ambivalencia de nuevamente amar!   Una vez que me me tocaste, mi piel se detonó! Quedaron expuestos todos los escombros de fuego, de pasión, del amor que yagaban en mi! Esa explosión que se creo en mí, cuando nuestros ojos por primera vez se cruzaron, fue como una bomba nuclear...,   que fue activando delimitadores fragmentos de la lubricidad, suficientes para destruir cinco continentes.   Usted, su amor, sus minas han encendido... la fe en mi alma!   Se han convertido usted, en la única tierra que quiero llamar para siempre mis minas terrestres!!!!!! LeydisProse 6/13/2017
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Blanco. Parece tan puro, tan frío, tan suave. Pero no es nieve. Ni es frío, ni puro, ni dulce, ni sacia tu sed. Rojo, parece encendido, furioso, amenaza. Pero no es fuego, ni daña, ni grita, ni quema tu piel. Mi vida, bajo tu manta, tú eres el lago de sal, y yo el atardecer.
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Aug 29, 2014
Aug 29, 2014 at 10:48 AM UTC
Salinas
sin prisión/ ni reglamento aprendido/ vaga mi alma/echa más chispas que/ tía adelaida cuando hacía sus negocios con dios/ le daba unciones y subidos silencios a cambio de la salvación de tío luis/ tía adelaida tenía polleras muy afligidas con la soledad de sábanas de ella/ se podía hacer un montón de lunas pero la tía/vivía preocupada por lo que iba a venir temía que al entregar su alma a la huesuda ya no iba a ver al tío/oloroso/ como humo que sale del incienso o así lo recordaba ella en sus polleras jóvenes/y sábanas donde los dos en amor y delicada sustancia/ ayuntaron el cuerpo haciendo otro país/ bello/con animales que les pacían el vientre la yerba de dulzura que les crecía en el vientre después del amor y antes del amor su presente estaba lleno de gracia con una cara miraba las dichas del pasado con la otra esperaba dichoso el porvenir tía adelaida me recuerda al coronel Santos López que peleó con Sandino fue derrotado/sobrevivió/ pasó treinta años limpiando su fusil con los trapitos de la memoria y lo volvió a sacar cuando vino Carlos/Fonseca/Amador/ el que no usó su nombre en vano cuando vinieron Tomás Borge, Silvio Mayorga, el Kuge, Germán Pomares, los del Frente/ y se vio al compañero Santos López en medio del combate silbando delgadamente como dos que se encuentran por fin porque cada cual lleva en su vaso el agua que ha de beber pero en el vaso del compañero Santos López cabía un mar y después otro mar y un amor y otro amor después y un alma y otra alma y una eternidad y otra/otras/y él supo como la eternidad de la espera se convierte en la espera de la victoria que ni siquiera la victoria es eterna que lo único eterno era tía Adelaida ella llevaba sus negocios con dios/como un carbón encendido se levantaba a las cinco/avivaba las brasas ponía a hervir su corazón y así/ empezaba el día/cada día
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La belleza de todo lo creado
sin prisión/ ni reglamento aprendido/ vaga mi alma/echa más chispas que/ tía adelaida cuando hacía sus negocios con dios/ le daba unciones y subidos silencios a cambio de la salvación de tío luis/ tía adelaida tenía polleras muy afligidas con la soledad de sábanas de ella/ se podía hacer un montón de lunas pero la tía/vivía preocupada por lo que iba a venir temía que al entregar su alma a la huesuda ya no iba a ver al tío/oloroso/ como humo que sale del incienso o así lo recordaba ella en sus polleras jóvenes/y sábanas donde los dos en amor y delicada sustancia/ ayuntaron el cuerpo haciendo otro país/ bello/con animales que les pacían el vientre la yerba de dulzura que les crecía en el vientre después del amor y antes del amor su presente estaba lleno de gracia con una cara miraba las dichas del pasado con la otra esperaba dichoso el porvenir tía adelaida me recuerda al coronel Santos López que peleó con Sandino fue derrotado/sobrevivió/ pasó treinta años limpiando su fusil con los trapitos de la memoria y lo volvió a sacar cuando vino Carlos/Fonseca/Amador/ el que no usó su nombre en vano cuando vinieron Tomás Borge, Silvio Mayorga, el Kuge, Germán Pomares, los del Frente/ y se vio al compañero Santos López en medio del combate silbando delgadamente como dos que se encuentran por fin porque cada cual lleva en su vaso el agua que ha de beber pero en el vaso del compañero Santos López cabía un mar y después otro mar y un amor y otro amor después y un alma y otra alma y una eternidad y otra/otras/y él supo como la eternidad de la espera se convierte en la espera de la victoria que ni siquiera la victoria es eterna que lo único eterno era tía Adelaida ella llevaba sus negocios con dios/como un carbón encendido se levantaba a las cinco/avivaba las brasas ponía a hervir su corazón y así/ empezaba el día/cada día
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Ahora ya es tarde. Quisimos tocar con las pobres manos el prodigio. Ahora ya es tarde: sabemos. (No supimos lo que hacíamos). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado. Nos retiene, sin remedio, en su recinto). Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Ahora ya es tarde. Se apaga el mundo recién nacido. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. Miro la llama. ¿Quién nos mandó tocar su centro encendido? Al fuego se le posee con los ojos. (Ni sus hijos pueden tocarlo). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Sabemos. El terso sueño se ha roto. Ya no hay caminos. Desamparados tendemos puentes de espíritu a espíritu. También el cuerpo quería romper su lastre infinito. Las almas a su través se buscaban. Se han hundido para siempre. No se encuentran para siempre. No se encuentran las almas. Ya se ha cumplido lo fatal. Sabemos. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Las almas se han marchitado sobre los cuerpos marchitos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. El fino vidrio de la paz se rompe deseando. (Como el río, sólo se para y descansa cuando deja de ser río). Prisa por llegar. Candentes avideces. Rojo vino en el que los vencedores se igualan a los vencidos. Oh, cuánta desolación. Qué caída en el vacío. Oigo al otoño ventoso tañer su cuerno amarillo. Aroma de oro dorando aroma de tierra. Piso la tierra. Miro la tierra hermosa... Torno a lo mío: cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado). Todo en torno es lo mismo y no es lo mismo. Se han borrado para siempre caminos, muchos caminos. Y estamos solos. De pronto nada parece tranquilo. Nuestra voz suena a voz de otros que jamás han existido. Y se cierra todo. Y todo dejando de ser sencillo. Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Y no hay caminos. Y no hay caminos. Y no hay caminos
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Untitled
Ahora ya es tarde. Quisimos tocar con las pobres manos el prodigio. Ahora ya es tarde: sabemos. (No supimos lo que hacíamos). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado. Nos retiene, sin remedio, en su recinto). Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Ahora ya es tarde. Se apaga el mundo recién nacido. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. Miro la llama. ¿Quién nos mandó tocar su centro encendido? Al fuego se le posee con los ojos. (Ni sus hijos pueden tocarlo). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Sabemos. El terso sueño se ha roto. Ya no hay caminos. Desamparados tendemos puentes de espíritu a espíritu. También el cuerpo quería romper su lastre infinito. Las almas a su través se buscaban. Se han hundido para siempre. No se encuentran para siempre. No se encuentran las almas. Ya se ha cumplido lo fatal. Sabemos. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Las almas se han marchitado sobre los cuerpos marchitos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. El fino vidrio de la paz se rompe deseando. (Como el río, sólo se para y descansa cuando deja de ser río). Prisa por llegar. Candentes avideces. Rojo vino en el que los vencedores se igualan a los vencidos. Oh, cuánta desolación. Qué caída en el vacío. Oigo al otoño ventoso tañer su cuerno amarillo. Aroma de oro dorando aroma de tierra. Piso la tierra. Miro la tierra hermosa... Torno a lo mío: cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado). Todo en torno es lo mismo y no es lo mismo. Se han borrado para siempre caminos, muchos caminos. Y estamos solos. De pronto nada parece tranquilo. Nuestra voz suena a voz de otros que jamás han existido. Y se cierra todo. Y todo dejando de ser sencillo. Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Y no hay caminos. Y no hay caminos. Y no hay caminos
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En un poema leo: conversar es divino. Pero los diosa no hablan: hacen, deshacen mundos mientras los hombres hablan. Los dioses, sin palabras, juegan juegos terribles. El espíritu baja y desata las lenguas pero no habla palabras: habla lumbre. El lenguaje, por el dios encendido, es una profecía de llamas y una torre de humo y un desplome de sílabas quemadas: ceniza sin sentido. La palabra del hombre es hija de la muerte. Hablamos porque somos mortales: las palabras no son signos, son años. Al decir lo que dicen los nombres que decimos dicen tiempo: nos dicen. Somos nombres del tiempo. Conversar es humano.
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Conversar
Tres antiguas caras me desvelan: una el Océano, que habló con Claudio, otra el Norte de aceros ignorantes y atroces en la aurora y el ocaso, la tercera la muerte, ese otro nombre del insaciado tiempo que nos roe. La carga secular de los ayeres de la historia que fue o que fue soñada me abruma, personal como una culpa. Pienso en la nave ufana que devuelve a los mares el cuerpo de Scyld Sceaving que reinó en Dinamarca bajo el cielo; pienso en el alto lobo, cuyas riendas eran sierpes, que dio al barco encendido la blancura del dios hermoso y muerto; pienso en piratas cuya carne humana es dispersión y limo bajo el peso de los mares errantes que ultrajaron. Pienso en mi propia, en mi perfecta muerte, sin la urna, la lápida y la lágrima.
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Elegía*