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"dieron" poems
hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él. intentando nadar en sus aguas de ron y morirsoñando, intentando no ahogarme, intentando volver al lugar de donde soy. en las orillas del mar de este país en el mundo la arena cuenta la historia de aquellos que estuvieron antes de mí de los barcos, los barcos, los barcos que dieron y robaron, los barcos que me dieron mis rizos y mi nariz, mi español y mi apellido. hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él, con amor por sus lluvias de café y gente cálida, sus calles y sus ríos, playas y canciones. hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él, temiendo por sus mujeres y su belleza, temiendo por sus niñas, temiendo por, y a, sus hombres sin amor. hay un país en el mundo, colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él. su tierra tiene más poemas de los que sabe leer, más canciones de las que puede cantar, más esperanza de la que ha perdido. todavía hay esperanza para este país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. y yo estoy en él.
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Feb 10, 2018
Feb 10, 2018 at 8:13 PM UTC
hay un país en el mundo
¿Dónde está la memoria de los días que fueron tuyos en la tierra, y tejieron dicha y dolor y fueron para ti el universo? El río numerable de los años los ha perdido; eres una palabra en un índice. Dieron a otros gloria interminable los dioses, inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores; de ti sólo sabemos, oscuro amigo, que oíste al ruiseñor, una tarde. Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra pensará que los dioses han sido avaros. Pero los días son una red de triviales miserias, ¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza, de que está hecho el olvido? Sobre otros arrojaron los dioses la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas, de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera; contigo fueron más piadosos, hermano. En el éxtasis de un atardecer que no será una noche, oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.
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A un poeta menor de la antología
Una voz ancestral, un tambor africano y un verso elemental peruano. El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Le dieron tibio baño en tina de jabón porque en su ama dio el germen que no tuvo el patrón. Del seno de mi abuela a mi madre brindó, el hijo del amito mamó, mamó, mamó. Y mi abuelo con su amo en la Casa ´e Jarana cantujaron de alirio, cantujaron replana. Y en la casa ´e jarana -con el Amito Viejo- bailaron mis hermanas zamacueca y festejo. El padre de mi amito de mi abuela gustó y mi abuelo a su amita burló. Yo le dijera "primo" a ese blanco travieso de cabello enrizao y de labio muy grueso... El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Más ha sufrido el ***** nuestro hermano de Cuba descendiente directo nagó, yoruba. Más ha sufrido el ***** muerto en Santo Domingo por los diarios abusos del ****** Más ha sufrido el ***** cantor de Panamá que el ***** jaranista de acá. Más ha sufrido el ***** labrador de Haití que el zambo guaragüero de aquí. Más ha sufrido el ***** del morro y la favela que mi padre y mi madre y mi abuela. En fin, más sufre el ***** de Harlem a Lousiana que nuestra gente negra peruana...   Y al "problema del ***** -segregación racial- el mundo permanece neutral. Quiero aguda mi rima como ***** de lanza. Que otra mano la esgrima si alcanza. Yo jamás con voz hurgo perentoria. Yo ja... ¡Johanesburgo! ¡Pretoria! Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" yo quiero estar allí, compadre. Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" debemos estar todos ¡Hijos de negra madre! Con la voz ancestral el machete en la mano y el verso elemental hermano.
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Johanesburgo
Una voz ancestral, un tambor africano y un verso elemental peruano. El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Le dieron tibio baño en tina de jabón porque en su ama dio el germen que no tuvo el patrón. Del seno de mi abuela a mi madre brindó, el hijo del amito mamó, mamó, mamó. Y mi abuelo con su amo en la Casa ´e Jarana cantujaron de alirio, cantujaron replana. Y en la casa ´e jarana -con el Amito Viejo- bailaron mis hermanas zamacueca y festejo. El padre de mi amito de mi abuela gustó y mi abuelo a su amita burló. Yo le dijera "primo" a ese blanco travieso de cabello enrizao y de labio muy grueso... El ***** en el Perú actualmente no sufre, ya no hay esclavitud ni azufre. Más ha sufrido el ***** nuestro hermano de Cuba descendiente directo nagó, yoruba. Más ha sufrido el ***** muerto en Santo Domingo por los diarios abusos del ****** Más ha sufrido el ***** cantor de Panamá que el ***** jaranista de acá. Más ha sufrido el ***** labrador de Haití que el zambo guaragüero de aquí. Más ha sufrido el ***** del morro y la favela que mi padre y mi madre y mi abuela. En fin, más sufre el ***** de Harlem a Lousiana que nuestra gente negra peruana...   Y al "problema del ***** -segregación racial- el mundo permanece neutral. Quiero aguda mi rima como ***** de lanza. Que otra mano la esgrima si alcanza. Yo jamás con voz hurgo perentoria. Yo ja... ¡Johanesburgo! ¡Pretoria! Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" yo quiero estar allí, compadre. Cuando en Johannesburgo llegue el "Día de Sangre" debemos estar todos ¡Hijos de negra madre! Con la voz ancestral el machete en la mano y el verso elemental hermano.
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Ritmos de la esclavitud Contra amarguras y penas. Al compás de las cadenas Ritmos negros del Perú. De África llegó mi abuela vestida con caracoles, la trajeron lo' epañoles en un barco carabela. La marcaron con candela, la carimba fue su cruz. Y en América del Sur al golpe de sus dolores dieron los negros tambores ritmos de la esclavitud Por una moneda sola la revendieron en Lima y en la Hacienda "La Molina" sirvió a la gente española. Con otros negros de Angola ganaron por sus faenas zancudos para sus venas para dormir duro suelo y naíta'e consuelo contra amarguras y penas... En la plantación de caña nació el triste socavón, en el trapiche de ron el ***** cantó la zaña. El machete y la guadaña curtió sus manos morenas; y los indios con sus quenas y el ***** con tamborete cantaron su triste suerte al compás de las cadenas. Murieron los negros viejos pero entre la caña seca se escucha su zamacueca y el panalivio muy lejos. Y se escuchan los festejos que cantó en su juventud. De Cañete a Tombuctú, De Chancay a Mozambique llevan sus claros repiques ritmos negros del Perú.
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Ritmos negros del perú
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
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En la plaza de armas
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
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Me distraje con tus ojos Cuando me encataron tus pupilas de caramelo Y seran tus pupilas caramelo No son tan dulces como tus besos Tus besos que me dieron tus labios Que dibujan tu sonrisa hermosa Con un tajo destruyen la sombra Y me contagia de felicidad Se me olvido mi corazon blindar De tus dulces palabras y de tu mirar Tu risa melodiosa no se puede superar Pero lo lograste cuando dijiste que me querias Y que si me fuera, me ibas a extrañar. Y aqui estoy, lejos, triste y desvalido Y aqui estoy ahogado en lagrimas y dolor No siento que me extrañes o me quieras Como extraño el calor de tus abrazos Y sentir los latidos de tu corazon Me engañste con dulzura Bajaste mis defensas sin considerar Que si las tenia era para evitar la tristeza Que has traido asi nada mas ¿Y que hago ahora conmigo mismo? ¿Que hago ahora que te vas? ¿Reemplazar mi corazon molido? Tal vez lo haria si me lo quisieras regresar Porque es testarudo el amor, y estupido el querer Que a quien tanto daño me hizo, estoy dispuesto a morir Como muero cada dia sin ti Mis lagrimas son rojas de brillante carmesi Aferrado a un recuerdo que yo vi morir Esperando que regrese a la vida, y tu por mi Esperando tus sonrisas dulce y tu querer Ya que sin tu amor, ya no se que hacer.
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Nov 11, 2018
Nov 11, 2018 at 8:13 PM UTC
Me distraje
cuando arthur donovan vino del sur hizo una parva con sus maldades resentimientos tristezas les prendió fuego en el crepúsculo para espantar a los mosquitos de paso quedó solísimo apoyado en bellezas "y qué va a hacer" decía arthur donovan con luz o suavidad o dulzura pechonas contando su poquito "y qué va a hacer" decía pero una mirada que le dieron como amparo o amor le sostenía el esqueleto en esa mirada arthur donovan estaba parado y hacía señales contra el mundo "ah mirada" decía arthur donovan el entendido en sombras "solos estamos por aquí" decía y ya la noche le rebajaba el sufrimiento a pájaros a tierra mojada respirando cuando arthur donovan murió sacó una mano afuera extendiéndola como quien pide lluvia o nido o no tanta soledá olvido si no hay caso cómo llovió sobre esa mano no hubo gente que no llorara por allí pero ni hojita le creció al puro hueso comido por el aire "y qué va a hacer" decía arthur donovan mientras el viento lo limpiaba y él levantaba su mirada famosa como calor desobediente a la suerte fatal
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Lamento por la mano de arthur donovan
Es decir la miraba         porque ella se ocultó tras el biombo de nubes y todo porque muchos amantes de este mundo le dieron sutilmente el olivo con su brillo reticente la luna durante siglos consiguió transformar el vientre amor en garufa cursilínea la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli cuando los amantes ricos la miraban desde sus tedios y sus pabellones satelizaba de lo lindo y oía que la luna era un fenómeno cultural pero si los amantes pobres la contemplaban desde su ansiedad o desde sus hambrunas entonces la menguante entornaba los ojos porque tanta miseria no era para ella hasta que una noche casualmente de luna con murciélagos suaves         con fantasmas y todo esos amantes pobres se miraron a dúo dijeron         no va más         al carajo selene se fueron a su cama de sábanas gastadas con acre olor a **** deslunado su camanido de crujiente vaivén y libres para siempre de la luna lunática fornicaron al fin como dios manda o mejor dicho como dios sugiere.
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Hombre que mira la luna
Caminando hacia el mar en la pradera -es hoy noviembre-, todo ha nacido ya, todo tiene estatura, ondulación, fragancia. Hierba a hierba entenderé la tierra, paso a paso hasta la línea loca del océano. De pronto una ola de aire agita y ondula la cebada salvaje: salta el vuelo de un pájaro desde mis pies, el suelo lleno de hilos de oro, de pétalos sin nombre, brilla de pronto como rosa verde, se enreda con ortigas que revelan su coral enemigo, esbeltos tallos, zarzas estrelladas, diferencia infinita de cada vegetal que me saluda a veces con un rápido centelleo de espinas o con la pulsación de su perfume fresco, fino y amargo. Andando a las espumas del Pacífico con torpe paso por la baja hierba de la primavera escondida, parece que antes de que la tierra se termine cien metros antes del más grande océano todo se hizo delirio, germinación y canto. Las minúsculas hierbas se coronaron de oro, las plantas de la arena dieron rayos morados y a cada pequeña hoja de olvido llegó una dirección de luna o fuego. Cerca del mar, andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes? Tu seda temblorosa debajo de la tierra se comunica con el mar profundo? La levanté en mis manos y la miré como si el mar viviera en una sola gota, como si en el combate de la tierra y las aguas una flor levantara un pequeño estandarte de fuego azul, de paz irresistible, de indómita pureza.
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Oda a la flor azul
Caminando hacia el mar en la pradera -es hoy noviembre-, todo ha nacido ya, todo tiene estatura, ondulación, fragancia. Hierba a hierba entenderé la tierra, paso a paso hasta la línea loca del océano. De pronto una ola de aire agita y ondula la cebada salvaje: salta el vuelo de un pájaro desde mis pies, el suelo lleno de hilos de oro, de pétalos sin nombre, brilla de pronto como rosa verde, se enreda con ortigas que revelan su coral enemigo, esbeltos tallos, zarzas estrelladas, diferencia infinita de cada vegetal que me saluda a veces con un rápido centelleo de espinas o con la pulsación de su perfume fresco, fino y amargo. Andando a las espumas del Pacífico con torpe paso por la baja hierba de la primavera escondida, parece que antes de que la tierra se termine cien metros antes del más grande océano todo se hizo delirio, germinación y canto. Las minúsculas hierbas se coronaron de oro, las plantas de la arena dieron rayos morados y a cada pequeña hoja de olvido llegó una dirección de luna o fuego. Cerca del mar, andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes? Tu seda temblorosa debajo de la tierra se comunica con el mar profundo? La levanté en mis manos y la miré como si el mar viviera en una sola gota, como si en el combate de la tierra y las aguas una flor levantara un pequeño estandarte de fuego azul, de paz irresistible, de indómita pureza.
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Cogiome sin prevención Amor, astuto y tirano: con capa de cortesano se me entró en el corazón. Descuidada la razón y sin armas los sentidos, dieron puerta inadvertidos; y él, por lograr sus enojos, mientras suspendió los ojos me salteó los oídos. Disfrazado entró y mañoso; mas ya que dentro se vio del Paladión, salió de aquel disfraz engañoso; y, con ánimo furioso, tomando las armas luego, se descubrió astuto Griego que, iras brotando y furores, matando los defensores, puso a toda el Alma fuego. Y buscando sus violencias en ella al príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era Rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del Rey. A Casandra su fiereza buscó, y con modos tiranos, ató a la Razón las manos, que era del Alma princesa. En prisiones su belleza de soldados atrevidos, lamenta los no creídos desastres que adivinó, pues por más voces que dio no la oyeron los sentidos. Todo el palacio abrasado se ve, todo destruido; Deifobo allí mal herido, aquí Paris maltratado. Prende también su cuidado la modestia en Polixena; y en medio de tanta pena, tanta muerte y confusión, a la ilícita afición sólo reserva en Elena. Ya la Ciudad, que vecina fue al Cielo, con tanto arder, sólo guarda de su ser vestigios, en su ruina. Todo el amor lo extermina; y con ardiente furor, sólo se oye, entre el rumor con que su crueldad apoya: «Aquí yace un Alma Troya ¡Victoria por el Amor!»
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Décimas
Cogiome sin prevención Amor, astuto y tirano: con capa de cortesano se me entró en el corazón. Descuidada la razón y sin armas los sentidos, dieron puerta inadvertidos; y él, por lograr sus enojos, mientras suspendió los ojos me salteó los oídos. Disfrazado entró y mañoso; mas ya que dentro se vio del Paladión, salió de aquel disfraz engañoso; y, con ánimo furioso, tomando las armas luego, se descubrió astuto Griego que, iras brotando y furores, matando los defensores, puso a toda el Alma fuego. Y buscando sus violencias en ella al príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era Rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del Rey. A Casandra su fiereza buscó, y con modos tiranos, ató a la Razón las manos, que era del Alma princesa. En prisiones su belleza de soldados atrevidos, lamenta los no creídos desastres que adivinó, pues por más voces que dio no la oyeron los sentidos. Todo el palacio abrasado se ve, todo destruido; Deifobo allí mal herido, aquí Paris maltratado. Prende también su cuidado la modestia en Polixena; y en medio de tanta pena, tanta muerte y confusión, a la ilícita afición sólo reserva en Elena. Ya la Ciudad, que vecina fue al Cielo, con tanto arder, sólo guarda de su ser vestigios, en su ruina. Todo el amor lo extermina; y con ardiente furor, sólo se oye, entre el rumor con que su crueldad apoya: «Aquí yace un Alma Troya ¡Victoria por el Amor!»
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¿Adónde va el amor cuando se olvida? No aquel a quien hicieras la pregunta       Es quien hoy te responde. Es otro, al que unos años más de vida Le dieron la ocasión, que no tuviste,       De hallar una respuesta. Los juguetes del niño que ya es hombre, ¿Adónde fueron, di? Tú lo sabías,       Bien pudiste saberlo. Nada queda de ellos: sus ruinas Informes e incoloras, entre el polvo,       El tiempo se ha llevado. El hombre que envejece, halla en su mente, En su deseo, vacíos, sin encanto,       Dónde van los amores. Mas si muere el amor, no queda libre El hombre del amor: queda su sombra,       Queda en pie la lujuria. ¿Adónde va el amor cuando se olvida? No aquel a quien hicieras la pregunta       Es quien hoy te responde.
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Pregunta vieja, vieja respuesta
¿Qué hemos de hacer nosotros los negros que no sabemos ni leer? Fregar escupideras en los grandes hoteles encerar y barrer manejar ascensores en el Gran Club servirles de beber o hacer que el cadillac sea más lujoso vistiendo la librea de chofer. Tenemos la respuesta siempre lista: en París "oui, monsieur" y en Georgia, en Lousiana o en Virginia un eterno "yes sir..." Los negros, pobres negros de este mundo ¿qué cosa hemos de hacer debiendo de comer todos los días (y a veces sin comer)? Bajar la testa reverente y a lo mismo de ayer. Hasta que llega un blanco y "nos descubre" nos mete al ring y aquí comienza para mal de males el principio del fin Footing, training, sombra; saco, pera, soga; upper cuta hook cross. Duchazos, masajes, fotos, reportajes. ¡Okey, boss...! El cañaveral de mi lejana tierra me dio estos fuertes bíceps. Los buques cargueros de todos los muelles me dieron envidiable complexión. Y corriendo, voceando millones de diarios fortalecí muslo pierna y pie. Ahora, en el Madison Square Garden de New York, dice mi manager: ¡No whisky! ¡No tobacco! ¡No girls! (No money) Negros acomodadores ubican a los blancos en ring side. Perder esta pelea significa volver con ellos: Con Blackie de Maniatan. Con Brown de Alabama Con "Nando" Rodríguez de Puerto Rico ...y entonces no whiksy no tobacco no girls no money and ¡knock-out! My challenger es ***** como yo Si pierde le espera lo mismo                           (Aquí los únicos que nunca pierden son nuestros managers y el promotor). Comienza el round, voy hacia el centro -en este plan voy a perder- este es el round numero trece ¡voy a demostrarle quién es quién! Me está llevando hacia una esquina, si caigo aquí me cuentan diez. ¡Virgen del Cobre estoy perdido! No puedo ver No... pue.. do... ver... La gente aplaude al que me mata El referee no dice "break". Que mi mujer no sepa nada... Mi nombre es BENNY "KID" PARET.
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Muerte en el ring
¿Qué hemos de hacer nosotros los negros que no sabemos ni leer? Fregar escupideras en los grandes hoteles encerar y barrer manejar ascensores en el Gran Club servirles de beber o hacer que el cadillac sea más lujoso vistiendo la librea de chofer. Tenemos la respuesta siempre lista: en París "oui, monsieur" y en Georgia, en Lousiana o en Virginia un eterno "yes sir..." Los negros, pobres negros de este mundo ¿qué cosa hemos de hacer debiendo de comer todos los días (y a veces sin comer)? Bajar la testa reverente y a lo mismo de ayer. Hasta que llega un blanco y "nos descubre" nos mete al ring y aquí comienza para mal de males el principio del fin Footing, training, sombra; saco, pera, soga; upper cuta hook cross. Duchazos, masajes, fotos, reportajes. ¡Okey, boss...! El cañaveral de mi lejana tierra me dio estos fuertes bíceps. Los buques cargueros de todos los muelles me dieron envidiable complexión. Y corriendo, voceando millones de diarios fortalecí muslo pierna y pie. Ahora, en el Madison Square Garden de New York, dice mi manager: ¡No whisky! ¡No tobacco! ¡No girls! (No money) Negros acomodadores ubican a los blancos en ring side. Perder esta pelea significa volver con ellos: Con Blackie de Maniatan. Con Brown de Alabama Con "Nando" Rodríguez de Puerto Rico ...y entonces no whiksy no tobacco no girls no money and ¡knock-out! My challenger es ***** como yo Si pierde le espera lo mismo                           (Aquí los únicos que nunca pierden son nuestros managers y el promotor). Comienza el round, voy hacia el centro -en este plan voy a perder- este es el round numero trece ¡voy a demostrarle quién es quién! Me está llevando hacia una esquina, si caigo aquí me cuentan diez. ¡Virgen del Cobre estoy perdido! No puedo ver No... pue.. do... ver... La gente aplaude al que me mata El referee no dice "break". Que mi mujer no sepa nada... Mi nombre es BENNY "KID" PARET.
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Ya el sol esconde sus rayos, el mundo en sombras se vela, el ave a su nido vuela. Busca asilo el trovador. Todo calla: en pobre cama duerme el pastor venturoso: en su lecho suntüoso se agita insomme el señor. Se agita; mas ¡ay! reposa al fin en su patrio suelo; no llora en mísero duelo la libertad que perdió. Los campos ve que a su infancia horas dieron de contento, su oído halaga el acento del país donde nació. No gime ilustre cautivo entre doradas cadenas, que si bien de encanto llenas, al cabo cadenas son. Si acaso, triste lamenta, en torno ve a sus amigos, que, de su pena testigos, consuelan su corazón. La arrogante erguida palma que en el desierto florece, al viajero sombra ofrece, descanso y grato manjar. Y, aunque sola, allí es querida del árabe errante y fiero, que siempre va placentero a su sombra a reposar. Mas ¡ay triste! yo cautiva, huérfana y sola suspiro, el clima extraño respiro, y amo a un extraño también. No hallan mis ojos mi patria; humo han sido mis amores; nadie calma mis dolores y en celos me siento arder. ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo ni ceder a mi tristura, ni consuelo en mi amargura podré jamás encontrar. Supe amar como ninguna, supe amar correspondida; despreciada, aborrecida, ¿no sabré también odiar? ¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! La infeliz Zoraida ahora sólo venganzas implora, ya condenada a morir. No soy ya del castellano la sumisa enamorada: soy la cautiva cansada ya de dejarse oprimir.
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La cautiva
Tierra le dieron una tarde horrible del mes de julio, bajo el sol de fuego.   A un paso de la abierta sepultura, había rosas de podridos pétalos, entre geranios de áspera fragancia y roja flor. El cielo puro y azul. Corría un aire fuerte y seco.   De los gruesos cordeles suspendido, pesadamente, descender hicieron el ataúd al fondo de la fosa los dos sepultureros...   Y al reposar sonó con recio golpe, solemne, en el silencio.   Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio.   Sobre la negra caja se rompían los pesados terrones polvorientos...   El aire se llevaba de la honda fosa el blanquecino aliento.   -Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa, larga paz a tus huesos...   Definitivamente, duerme un sueño tranquilo y verdadero.
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En el entierro de un amigo
Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos?No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor.Unidos al agua pura y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de los troncos retorcidos.Levántate, olivo cano, dijeron al pie del viento. Y el olivo alzó una mano poderosa de cimiento.Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién amamantó los olivos?Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador que se enriqueció en la herida generosa del sudor.No la del terrateniente que os sepultó en la pobreza, que os pisoteó la frente, que os redujo la cabeza.Árboles que vuestro afán consagró al centro del día eran principio de un pan que sólo el otro comía.¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos!Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, pregunta mi alma: ¿de quién, de quién son estos olivos?Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares.Dentro de la claridad del aceite y sus aromas, indican tu libertad la libertad de tus lomas.
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Aceituneros
Las palabras quisieran expresar los guerreros, Bellos guerreros impasibles, Con el mañana gris abrazado, como un amante, Sin dejarles partir hacia las olas. Por la ventana abierta Muestra el destino su silencio; Sólo nubes con nubes, siempre nubes Más allá de otras nubes semejantes, Sin palabras, sin voces, Sin decir, sin saber; Últimas soledades que no aguardan mañana. Durango está vacío Al pie de tanto miedo infranqueable; Llora consigo a solas la juventud sangrienta De los guerreros bellos como luz, como espuma. Por sorpresa los muros Alguna mano dejan revolando a veces; Sus dedos entreabiertos Dicen adiós a nadie, Saben algo quizá ignorado en Durango. En Durango postrado, Con hambre, miedo, frío, Pues sus bellos guerreros sólo dieron, Raza estéril en flor, tristeza, lágrimas.
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Durango
"en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sammy mccoy parado en sus dos niños el que fue el que sería "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sin embargo antes había bebido toda la leche de la mañana jugos del cielo o de la vaca madre según untándola con los sueños que se le cían de la noche anterior sammy mccoy era odiado frecuentemente por una mujer que no le daba hijos sino palos en la cabeza en el costado en la mitad del desayuno esa fiebre de cada palo que le dieron brotó una flor de leche o fiebre que le comía el corazón peor todo se come el corazón y sammy nunca se rendía sammy mccoy no se rendía defendiéndose con nada: con la memoria del calor con la cucharita que perdió una vez revolviendo la infancia con todo lo que iba rezando o padeciendo con su pelela mesmamente así del pecho le fue saliendo una dragona con pañuelo y la luz como muchacha envuelta en aire como dos niños sobre los que niño sammy mccoy se paraba y "en qué consiste el juego de la muerte" preguntaba ya cara a cara con la gran dolora cuando murió sammy mccoy los dos niños se le despegaron el que fue se le pudrió y el que iba a ser también y de todos modos fueron juntos lo que la lluvia o sol o gran planeta o la sistema de vivir separan la muerte lo junta otra vez pero sammy mccoy habló todavía "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó y ya más nada preguntó de sus falanges ángeles con mudos salían con la boca tapada a cucharita a memoria a calor "güeya güeya" gritaban sus dos niños ninguna mujer salvo la sombra los juntó qué vergüenzas animales y las caritas les brillaban calientes así ha de ser caritas de oro señoras presidentas o almas cuyas acabaran a los pieses de sammy el que camina sammy mccoy pisó el sol y partió
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Lamento por la cucharita de sammy mccoy
"en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sammy mccoy parado en sus dos niños el que fue el que sería "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó sin embargo antes había bebido toda la leche de la mañana jugos del cielo o de la vaca madre según untándola con los sueños que se le cían de la noche anterior sammy mccoy era odiado frecuentemente por una mujer que no le daba hijos sino palos en la cabeza en el costado en la mitad del desayuno esa fiebre de cada palo que le dieron brotó una flor de leche o fiebre que le comía el corazón peor todo se come el corazón y sammy nunca se rendía sammy mccoy no se rendía defendiéndose con nada: con la memoria del calor con la cucharita que perdió una vez revolviendo la infancia con todo lo que iba rezando o padeciendo con su pelela mesmamente así del pecho le fue saliendo una dragona con pañuelo y la luz como muchacha envuelta en aire como dos niños sobre los que niño sammy mccoy se paraba y "en qué consiste el juego de la muerte" preguntaba ya cara a cara con la gran dolora cuando murió sammy mccoy los dos niños se le despegaron el que fue se le pudrió y el que iba a ser también y de todos modos fueron juntos lo que la lluvia o sol o gran planeta o la sistema de vivir separan la muerte lo junta otra vez pero sammy mccoy habló todavía "en qué consiste el juego de la muerte" preguntó y ya más nada preguntó de sus falanges ángeles con mudos salían con la boca tapada a cucharita a memoria a calor "güeya güeya" gritaban sus dos niños ninguna mujer salvo la sombra los juntó qué vergüenzas animales y las caritas les brillaban calientes así ha de ser caritas de oro señoras presidentas o almas cuyas acabaran a los pieses de sammy el que camina sammy mccoy pisó el sol y partió
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Helos allí: junto a la mar bravía cadáveres están, ¡ay!, los que fueron honra del libre, y con su muerte dieron almas al cielo, a España nombradía.     Ansia de patria y libertad henchía sus nobles pechos que jamás temieron, y las costas de Málaga los vieron cual sol de gloria en desdichado día.     Españoles, llorad; mas vuestro llanto lágrimas de dolor y sangre sean, sangre que ahogue a siervos y opresores,         Y los viles tiranos, con espanto, siempre delante amenazando vean alzarse sus espectros vengadores.
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A la muerte de torrijos y sus compañeros
Eres mi amor, Paula, mi amor, Paula, Clara quise decir. Y cuánto tiempo, Paula, digo Clara, sin ti y sin mí. Las diligencias parten sin mí y sin ti. O a ti te llevan hacia el norte, hacia el pobre Roberto. A mí, hacia el sur, contigo hacia el sur, donde ya no estabas, donde nunca estarías. Ahora he tomado el tren para decirte adiós. Y sueño, sueño mío. Cerré los ojos, deslumbrado por la memoria. Apreté la cintura del paisaje, recorrí sus caderas, miré sus ojos verdes, ceniza con sentido. Tendía el cielo su metal hermético. Y se superpusieron mediterráneos y cantábricos, cipreses respirados desde un sótano, casi a vista de muerto, y jazmineros. Después, las cosas y sus nombres perdieron sus contornos, su significación y fueron nada más que ritmo, armonía viajera liberada de los instrumentos que le dieron su carne. No queda nadie ya que pueda perdonarte, que pueda perdonarme, perdonarnos. Nadie que pueda rescatar los besos que se pudren sobre Roberto y su locura piadosa. Ahora que voy a ti, a encontrarte en la aduana de la muerte pienso, Clara, amor mío, que cuando nos besábamos era a Roberto a quien besábamos, al engañado hijo de nuestro amor. Él murió un día. Su esposa, tú, amor mío, Clara, también has muerto ahora. Yo tomé el tren para encontrarme en la frontera, para decirte adiós desde el lado acá de la muerte, amor de mi vida. Pero nunca llegaré a ti. El viejo Brahms es viejo, y está gordo. Me he quedado dormido y me he pasado de estación. ¿Comprendes, amor mío, que nunca llegaré a tu lado por culpa de este sueño, que es mi bálsamo y mi enemigo? Ya nunca llegaré a tu lado. Puede ser, amor mío, que no te amara ya, que no te hubiese amado nunca, que sólo hubiese amado a mi propio amor, el amor que te tuve, Clara, amor mío.
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Brahms, clara, schumann
Eres mi amor, Paula, mi amor, Paula, Clara quise decir. Y cuánto tiempo, Paula, digo Clara, sin ti y sin mí. Las diligencias parten sin mí y sin ti. O a ti te llevan hacia el norte, hacia el pobre Roberto. A mí, hacia el sur, contigo hacia el sur, donde ya no estabas, donde nunca estarías. Ahora he tomado el tren para decirte adiós. Y sueño, sueño mío. Cerré los ojos, deslumbrado por la memoria. Apreté la cintura del paisaje, recorrí sus caderas, miré sus ojos verdes, ceniza con sentido. Tendía el cielo su metal hermético. Y se superpusieron mediterráneos y cantábricos, cipreses respirados desde un sótano, casi a vista de muerto, y jazmineros. Después, las cosas y sus nombres perdieron sus contornos, su significación y fueron nada más que ritmo, armonía viajera liberada de los instrumentos que le dieron su carne. No queda nadie ya que pueda perdonarte, que pueda perdonarme, perdonarnos. Nadie que pueda rescatar los besos que se pudren sobre Roberto y su locura piadosa. Ahora que voy a ti, a encontrarte en la aduana de la muerte pienso, Clara, amor mío, que cuando nos besábamos era a Roberto a quien besábamos, al engañado hijo de nuestro amor. Él murió un día. Su esposa, tú, amor mío, Clara, también has muerto ahora. Yo tomé el tren para encontrarme en la frontera, para decirte adiós desde el lado acá de la muerte, amor de mi vida. Pero nunca llegaré a ti. El viejo Brahms es viejo, y está gordo. Me he quedado dormido y me he pasado de estación. ¿Comprendes, amor mío, que nunca llegaré a tu lado por culpa de este sueño, que es mi bálsamo y mi enemigo? Ya nunca llegaré a tu lado. Puede ser, amor mío, que no te amara ya, que no te hubiese amado nunca, que sólo hubiese amado a mi propio amor, el amor que te tuve, Clara, amor mío.
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Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Fábricas de amor
Y construí tu rostro. Con adivinaciones del amor, construía tu rostro en los lejanos patios de la infancia. Albañil con vergüenza, yo me oculté del mundo para tallar tu imagen, para darte la voz, para poner dulzura en tu saliva. Cuantas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre. Pura mía estás hecha de cuántas estaciones y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos. Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos. Qué infinito de besos contra la soledad hunde tus pasos en el polvo. Yo te oficié, te recité por los caminos, escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra te hice un sitio en mi lecho, te amé, estela invisible, noche a noche. Así fue que cantaron los silencios. Años y años trabajé para hacerte antes de oír un solo sonido de tu alma. Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra como una campana que suene suavemente a cada golpe del amor. Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor, límpiame el aire: yo quiero amarte libre. Tú destruyes el mundo para que esto suceda, tú comienzas el mundo para que esto suceda. Me has amado las manos y caerán con el otoño. Has amado mi voz y está arrasada. Mi rostro ha reventado sobre ti como una piedra impura. Me has amado y amado para que huya de mí, señor de sombras. Me has destruido para que yo sea luz humana cantando como las criaturas de tu sangre. Que del recuerdo suba el olor de tu cuerpo y se haga tu cuerpo. Que la noche devuelva tu dulzura. Que tus manos sean dadas por el temblor que dieron. Que tus ojos regresen de todo lo mirado. Paloma del amor en vez asciendes pura en libertad giras y cantas como el cielo vas invadiendo el mundo. Como un niño te canto bajo la noche oscura. Cofre de los secretos, juegos hondos, temblores del otoño como pañuelos rápidos, te canto allí para que seas. Señora del candor, con boca limpia digo uno a uno tus nombres, pongo mi rostro en la penumbra que de ellos desciende, hago un gran fuego con tus nombres bajo la noche oscura. En realidad quiero decir: me haces andar contra la muerte.
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Es curioso cómo trabaja la mente. Más,cuando son recuerdos de la infancia. Que fácil es olvidar mil cosas. Y que difícil de olvidar son tantas. Yo no recuerdo de mi infancia días. Y de mi infancia hay días que no olvido. Yo aveces desconozco aquellos que en mi vida fueron. Y no he olvidado a quienes en mi vida han sido. A las personas que yo no recuerdo, Les doy las Gracias por lo que me dieron. Y tú que eres de los quien recuerdo, nunca pudiera pagarte, lo entiendo. Más no me impidas que sea Agradecido! Aunque mi error fue no hacerlo de frente. No viviré sin recordar tu vida! Tu vivirás,mientras yo te recuerde! Mi agradecimiento llevaré conmigo! Y lo daré en tu nombre mientras siga vivo.
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Feb 12, 2019
Feb 12, 2019 at 11:20 PM UTC
Mi Agradecimiento
De mi ciudad sonora vine al pueblo de tibia somnolencia, donde saben a sal los labios de la aurora. Y traje una dolencia de mis valles, ansiosos de marina transparencia. Cruzaban las angostas cintas de las calles mujeres de aguzados senos y agilidad de música en los talles. Había sol en los rostros morenos; dos ágatas de luz en sus pupilas, y en sus labios melifluos los venenos. En onduladas filas, eran como de cálidas palomas por el limpio tejado de las montañas lilas. Y soñaban en pomas paradisiacas del filtrado jugo, y en un idilio de los vientos con los aromas. Al Señor Nuestro plugo darles líneas de copas transparentes, como se reza un Hugo. Y secaron mis fuentes por esa gota lánguida de un beso en las finas copas de labios adolescentes. Córdoba, cofre de mujeres, dulce embeleso: Les prometí la luz de un arrebol por esa gota lánguida de un beso... ¡Y me dieron el sol!
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Mujeres
Vienes de la pobreza de las casas del Sur, de las regiones duras con frío y terremoto que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte nos dieron la lección de la vida en la greda. Eres un caballito de greda negra, un beso de barro oscuro, amor, amapola de greda, paloma del crepúsculo que voló en los caminos, alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia. Muchacha, has conservado tu corazón de pobre, tus pies de pobre acostumbrados a las piedras, tu boca que no siempre tuvo pan o delicia. Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma: en su cielo tu madre sigue lavando ropa con mi madre. Por eso te escogí, compañera.
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Soneto xxix
De pronto, como un breve latigazo, mi nombre, Friedt, estalló en el aula. Yo me puse de pie, y un poco trémulo avancé hacia la mesa, entre las bancas. Era el examen último del curso y al que tenía más miedo: la gramática. Hice girar resuelto el bolillero Las dieciséis bolillas del programa resonaron en él lúgubremente y un eco levantaron en mi alma. Extraje dos: adverbio y sustantivo. Me dieron a elegir una de ambas y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre? díjome uno y me asestó las gafas. Sentí luego un sudor por todo el cuerpo, se me puso la boca seca, amarga, y comprendí, con un terror creciente que yo del nombre no sabía nada. Revolvía allá adentro, pero en vano, me quedé en absoluto sin palabras. Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos: el camino de arena, cierta planta, el hermano pequeño, mi perrito, el té con leche, el dulce de naranja, ¡qué alegría jugar a aquellas horas! Y sonreía mientras recordaba. -¡Pero señor -rugió una voz terrible-, el nombre sustantivo, una pavada!- Tiré a la realidad: sobre la mesa los dedos de un señor tamborileaban, cabeceaba blandamente el otro, el tercero bebía de una taza. Hacía gran calor. Yo tengo una cara redonda, simple, colorada, los ojos grises y los labios gruesos, el pelo rubio, la sonrisa clara. Yo quería jugar, no dar examen darlo otro día, sí, por la mañana... Se me nubló la vista de repente, los profesores se me borroneaban, adquirió el bolillero proporciones gigantescas, fantásticas, oí como entre sueños: Señor mío, puede sentarse... -Y me llené de lágrimas.
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Un aplazado
De pronto, como un breve latigazo, mi nombre, Friedt, estalló en el aula. Yo me puse de pie, y un poco trémulo avancé hacia la mesa, entre las bancas. Era el examen último del curso y al que tenía más miedo: la gramática. Hice girar resuelto el bolillero Las dieciséis bolillas del programa resonaron en él lúgubremente y un eco levantaron en mi alma. Extraje dos: adverbio y sustantivo. Me dieron a elegir una de ambas y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre? díjome uno y me asestó las gafas. Sentí luego un sudor por todo el cuerpo, se me puso la boca seca, amarga, y comprendí, con un terror creciente que yo del nombre no sabía nada. Revolvía allá adentro, pero en vano, me quedé en absoluto sin palabras. Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos: el camino de arena, cierta planta, el hermano pequeño, mi perrito, el té con leche, el dulce de naranja, ¡qué alegría jugar a aquellas horas! Y sonreía mientras recordaba. -¡Pero señor -rugió una voz terrible-, el nombre sustantivo, una pavada!- Tiré a la realidad: sobre la mesa los dedos de un señor tamborileaban, cabeceaba blandamente el otro, el tercero bebía de una taza. Hacía gran calor. Yo tengo una cara redonda, simple, colorada, los ojos grises y los labios gruesos, el pelo rubio, la sonrisa clara. Yo quería jugar, no dar examen darlo otro día, sí, por la mañana... Se me nubló la vista de repente, los profesores se me borroneaban, adquirió el bolillero proporciones gigantescas, fantásticas, oí como entre sueños: Señor mío, puede sentarse... -Y me llené de lágrimas.
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la vez que a bob chambers lo vieron estaba poniendo lento el día dura la vista claro el corazón le dieron una cama de rosas que fue a tirar al mar entonces del costado se le alzaban como especies de oleajes carnes que se soñaban alas a bob chambers y no pasaron de su piel en esta edad tan carestía ¿ah caramba! ¡ah bob chambers dos en su vehículo terrestre! olvidados yacen ahora bajo sus capas de volar quedándose y tanta pena apenas se soporta pero qué hacer bob esperaba al viento sur "madre vieja tengo en casa" decía y chambers vivía vuelto al sur con la mesa puesta nunca se pusieron de acuerdo sobre este punto cardinal así ocurrió lo que se supo: tirando a un lado y a otro bob chambers se rompió la soledad o perros se comieron su agujero central todo el pueblo lo vio a bob partir a chambers estallar en la mañana lenta nunca hubo espectáculo igual y todos aplaudieron y todos aplaudieron menos la amiga que lloraba por bob el que dejó el amor para mañana menos la amiga que lloraba por chambers el que dejó el amor para la noche lavaron a la amiga con rosas y limón le dejaron los pies en agua fría y nadie habla de bob chambers se la pasan desarmándolo tristes como señores bob chambers no protesta viaja por la muerte montado en un burrito con la mejilla cerca de la luna tan alta y una almohadita para el sol
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Lamento por el vuelo de bob chambers