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"diaria" poems
Mientras tanto, estás esperando la respuesta de esa persona que es importante en tu vida, pero nada ha llegado. Comienzas a desesperarte pensando en lo que podría estar pasando. Es ahí, cuando no aguantas más, decides hacer una pequeña búsqueda y algo terribe te vas a encontrar. Esa persona ya no es quien creías, te derrumbas por dentro y sin palabras comienzas a llorar. Te das cuenta de lo mucho que la querías y que por ella cualquier cosa darías, pero vuelves a pensar y caes en cuenta de que a ella nada de eso le va a importar. Mientras esa persona sigue su vida como si nada pasara, tú te mantienes en una esquina callado, pensando, sin querer alguien a tu lado. ¿Qué más se puede hacer? Es tiempo de aceptar la realidad y con tu vida seguir, como si esa persona ya no viviera en ti. Los recuerdos invaden tu mente, pero eso nadie lo ve, claramente. Sigues tu rutina diaria, sonriendo y pretendiendo, pero nadie sabe que en tu interior sientes que estás muriendo. Esa es la historia de un niño locamente enamorado, cuando de su confianza y nobleza abusaron, cuando por ella todo lo había dado, cuando todas sus esperanzas han quitado y sus sueños han esbaratado.
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Mar 19, 2015
Mar 19, 2015 at 9:32 PM UTC
Aún
Él, de cabellera nevada, ojos tierra, piel arena clara acentuada por los surcos que definen sus primaveras y de postura erguida. Pasa sus días en la rural, sintiendo la refrescante brisa que acaricia cada robusta extremidad. En la inspección diaria de sus yagrumos, su mente relata la aparición de sus hijos, verlos crecer y cómo tomaron caminos apartes. Las visitas se tornaron trimestrales y en ocaciones más tardías. Añora esos momentos en los que podía escuchar sus hermosas risas mientras jugaban con el nuevo artefacto que les compró después de tantas horas de jornada con su cuerpo cubierto en sudor. A la vez, en el intento de no quebrantarse por las frecuentes ausencias, se preocupa por mantener su hogar intacto y la alacena llena, mientras su esposa está en estado vegetal. Toma asiento en ese viejo colchón, enciende la tele en lo que la claridad afecta su opaca visión. Distraído, observa el hipódromo, apostando por el mejor jinete, como de costumbre. Al evento culminar, se percata que otro anochecer había transcurrido, que todo seguía igual. Al final del día era solo él,   con la misma rutina,  la misma soledad.
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Apr 19, 2015
Apr 19, 2015 at 9:57 PM UTC
Rutina
A veces me es inevitable. A veces, a veces, siento que algo ***** y viscoso me sale por los ojos y por la frente. Y entonces el mundo se vuelve gris e inútil y la luz del sol no podría ser más molesta. No sé como llamarlo. “El tedio de la vida diaria” “Rencor hacia los lugares comunes” “La vulgaridad de la existencia” Cuando sucede, podría yo, quemar la ciudad entera. ¿Qué cosa más deliciosa bajo el cielo que una ciudad en llamas, qué la histeria, qué el calor que deshace la carne? Podría yo, mezclar todos los venenos del mundo y beberlos o robar un autobús y viajar hasta Alaska para tomar agua de un río muy frío para sumergirme en un río muy muy frío para desintegrarme en un río terriblemente frío. Podría hacer yo tal cantidad de cosas. Pero ese ente oscuro me clava en la tierra. Y me susurra en el oído: Así será por siempre. Y así será por siempre. Y esa verdad, terrible y más certera que nunca, me obliga, me obliga a prenderle fuego al mundo. Tu mundo. A cualquier mundo.
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Dec 20, 2012
Dec 20, 2012 at 1:11 AM UTC
Untitled
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente en mi sueño. Un año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el ****** agobio de la rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo. Acaso nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía». Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo». Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra. O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro. Y seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos. Y pasará la vida. Yo seguiré soñando, pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente, y sobre mis rodillas retozarán mis nietos. Y quizás, para entonces, al cruzar una calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos. Y una tarde de sol me cubrirán de tierra, las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho. Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosas, aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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Elegía para ti y para mí
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente en mi sueño. Un año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el ****** agobio de la rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo. Acaso nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía». Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo». Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra. O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro. Y seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos. Y pasará la vida. Yo seguiré soñando, pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente, y sobre mis rodillas retozarán mis nietos. Y quizás, para entonces, al cruzar una calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos. Y una tarde de sol me cubrirán de tierra, las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho. Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosas, aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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no era hombre era solo un niño la primera vez que senti frio intente alejarme del juego del amor pensaba que era yo un perdedor y llegaste tu y todo cambio senti lleno otra vez mi corazon crei que eras feliz crei que yo era suficiente crei que a pesar de tu pasado tendrias el valor de confiar libremente que inocente dices que te duele que nunca habias querido tanto que sabes tu de dolor si nunca te has ahogado en llanto que sabes tu de dolor si me pegaste donde mas me duele que sabes tu de dolor ahora vivo del recuerdo que alimenta mi esperanza a veces me siento un idiota por creerme yo estas palabras he sufrido tanto que el olvido ya es amigo que la soledad ya es diaria que no dejo de soñar contigo te quiero tanto que a pesar de todo lo escrito te deseo de corazon que jamas te toque vivirlo
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Jan 2, 2018
Jan 2, 2018 at 1:47 AM UTC
Que sabes tu de dolor
¡Tantos que van abriéndose, jardines,                     celestes, y en el agua! Por el azul, espumas, nubecillas,                     ¡tantas corolas blancas! Presente, este vergel, ¿de dónde brota,                     si anoche aquí no estaba? Antes que llegue el día, labradora,                     la aurora se levanta, y empieza su quehacer: urdir futuros.                     Estrellas rezagadas. las luces que aún recoge por los cielos                     por el mar va a sembrarlas. Nacen con el albor olas y nubes.                     ¡Primavera, qué rápida! Esa apenas capullo -nube-, en rosa,                     en oro, en gloria, estalla. Blancas vislumbres, flores fugacísimas                     florecen por las campas de otro azul. Si una espuma se deshoja,                     -pétalos por la playa-, se abren mil; que el rosal de donde suben                     es rosal que no acaba. De esplendores corona el mediodía                     el trabajo del alba. Ya se ve en brillo, en ola, en pompa, en nube                     la cosecha granada. Una estación se abrevia: es una hora.                     Lo que la tierra tarda tanto en llevar a tallos impacientes                     lo trae una mañana. ¿La aurora? Es la frecuente, la celeste,                     primavera diaria; por el azul, sin esperar abriles,                     sus abriles desata. ¿De dónde su poder, el velocísimo                     impulso de su savia? Obediencia. A la luz. Pura obediencia,                     ella, en su cenit, manda. Espacios a su seña se oscurecen,                     a su seña se aclaran. El mar no cría cosa que dé sombra;                     para la luz se guarda. Y ella le cubre su verdad de mitos:                     la luz, eterna magia.
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Variación ii
¡Tantos que van abriéndose, jardines,                     celestes, y en el agua! Por el azul, espumas, nubecillas,                     ¡tantas corolas blancas! Presente, este vergel, ¿de dónde brota,                     si anoche aquí no estaba? Antes que llegue el día, labradora,                     la aurora se levanta, y empieza su quehacer: urdir futuros.                     Estrellas rezagadas. las luces que aún recoge por los cielos                     por el mar va a sembrarlas. Nacen con el albor olas y nubes.                     ¡Primavera, qué rápida! Esa apenas capullo -nube-, en rosa,                     en oro, en gloria, estalla. Blancas vislumbres, flores fugacísimas                     florecen por las campas de otro azul. Si una espuma se deshoja,                     -pétalos por la playa-, se abren mil; que el rosal de donde suben                     es rosal que no acaba. De esplendores corona el mediodía                     el trabajo del alba. Ya se ve en brillo, en ola, en pompa, en nube                     la cosecha granada. Una estación se abrevia: es una hora.                     Lo que la tierra tarda tanto en llevar a tallos impacientes                     lo trae una mañana. ¿La aurora? Es la frecuente, la celeste,                     primavera diaria; por el azul, sin esperar abriles,                     sus abriles desata. ¿De dónde su poder, el velocísimo                     impulso de su savia? Obediencia. A la luz. Pura obediencia,                     ella, en su cenit, manda. Espacios a su seña se oscurecen,                     a su seña se aclaran. El mar no cría cosa que dé sombra;                     para la luz se guarda. Y ella le cubre su verdad de mitos:                     la luz, eterna magia.
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Amanece. Descalzo he salido a pisar los caminos, a sentir en la carne desnuda la escarcha. ¡Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba! ¡Tan feliz creación elevada a la cima más alta! Siento el tiempo pasar y perderse y tan sólo por fuera de mí se detiene. Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia. ¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio! ¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada! ¡Tanta luz, tan abiertos caminos! ¡Tanta vida que evita los siglos y ordena en el día su magia! Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro; si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama. Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte es posible su vida, a costa de mí, de mi muerte diaria... ¡Tanta luz, tan remoto latir de la hierba...!             (Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha). ¡Tanta luz, tan oscura pregunta! ¡Tan oscura y difícil palabra! ¡Tan confuso y difícil buscar, pretender comprender y aceptar, y parar lo que nunca se para.
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Alucinación
Sobre la flor azul de la achicoria y en la brasa total del mediodía traza la mariposa su armonía y escribe el viento su plural historia. Estoy en el umbral de toda gloria agraria, cuando me amanece el día y ante la diaria y vegetal memoria elevo mi cantar de epifanía. El azor ¡ah mi azor! símbolo y causa de cuento tengo en la divina pausa que en la eterna batalla ahora disfruto, vuela a traerme flor, grano elegido, maravilla de hilados y tejido cual la corola y el maduro fruto. Porque nunca mi azor a criatura, en carne viva hirió, o dio tristura.
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Piadoso azor