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"despliega" poems
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Vaivén
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su **** la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.
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Dama huasteca
Sí, yo amaba lo azul con ardimiento: las montañas excelsas, los sutiles crespones de zafir del firmamento, el piélago sin fin, cuyo lamento arrulló mis ensueños juveniles. Callaba mi laúd cuando despliega cada estrella purísima su broche, el universo en la quietud navega, y la luna, hoz de plata, surge y siega el haz d'espesas sombras de la noche. Cantaba, si l'aurora descorría en el Oriente sus rosados velos, si el aljófar al campo descendía, y el sol, urna de oro que se abría, inundaba de luz todos los cielos. Mas hoy amo la noche, la galana, de dulce majestad, horas tranquilas y solemnes, la nubia soberana, la d'espléndida pompa americana: ¡la noche tropical de tus pupilas! Hoy esquivo del alba los sonrojos, su saeta de oro me maltrata, y el corazón, sin pena y sin enojos, tan sólo ante lo ***** de tus ojos como el iris del búho se dilata. ¿Qu'encanto hubiera semejante al tuyo, oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra! Yo, qu'esplendores matutinos huyo, ¡dejo el alma que agite, cual cocuyo, sus alas coruscantes en tu sombra! Si siempre he de sentir esa mirada fija en mi rostro, poderosa y tierna, ¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada!; doncella de la veste sonrosada: ¡que reine en mi redor la noche eterna! ¡Oh, noche! Ven a mí llena d'encanto; mientras con vuelo misterioso avanzas, nada más para ti será mi canto, y en los brunos repliegues de tu manto, su cáliz abrirán mis esperanzas...
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Perlas negras - xxix
Tanto sol, tanta curva, tantos blancos                     a mucho más aspiran. Estas esbeltas formas que las olas,                     -apuntes de Afroditas-, inventan por doquier, ¿van a quedarse                     sin sus diosas, vacías? No; por numen secreto convocadas                     acuden las olímpicas. Vuelve el mar a su tiempo el inocente,                     ignorante de quillas, sin carga de mortales, suelo undoso                     de las mitologías. Con verdes curvas, con espumas vagas,                     la luz, primera artista, modela para diosas inminentes                     hechuras fugitivas. Un gran hervor de cuerpos en proyecto                     alumbra la marina. No hay onda que no sueñe en dar su carne                     transparente a una ninfa. Viento tornero en blanda masa verde                     redondeces perfila. Juntos surten la diosa, y a su lado                     afán que la persiga. Gozosa crin despliega el hipocampo:                     va en su grupa, cautiva, altas quejas de espuma dando al aire,                     Nereida estremecida. Hay torsos verdes, hay abrazos truncos,                     todo son tentativas, deseos que se alzan, casta espuma;                     ugas hay, ligerísimas. Cuerpo saltante de una cresta en otra,                     escápase la ondina de un ansia que se muere en mil cristales,                     monstruo que la quería. Hay blancuras que logran entenderse,                     amores que se inician; en la mañana estrenan sus idilios                     fábulas, a la vista. ¿Olas? Tetis, Papone, Calatea,                     glorias que resucitan. Resurrección es esto, no oleaje,                     querencia muy antigua. Si el agua que dio bulto a ninfa rápida                     muere, apenas erguida, si espuma que soñaba en durar mármol,                     desfallece en la orilla, de entre tanto fracaso, ellas, las diosas,                     se salvan, infinitas. Se hunden las cien, las mil, las incontables                     figuras cristalinas; de una en otra, evadiéndose, ligeras                     permanecen las ninfas. Tejiendo, destejiendo, permanecen                     sobre fúlgida pista, juegos de raudo amor, las figurantas                     de la ópera divina. El mar se ciñe, más y más redondo,                     cerco de la alegría. Y se colman de asombro, en una playa,                     dos ojos, que lo miran.
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Variación x
Tanto sol, tanta curva, tantos blancos                     a mucho más aspiran. Estas esbeltas formas que las olas,                     -apuntes de Afroditas-, inventan por doquier, ¿van a quedarse                     sin sus diosas, vacías? No; por numen secreto convocadas                     acuden las olímpicas. Vuelve el mar a su tiempo el inocente,                     ignorante de quillas, sin carga de mortales, suelo undoso                     de las mitologías. Con verdes curvas, con espumas vagas,                     la luz, primera artista, modela para diosas inminentes                     hechuras fugitivas. Un gran hervor de cuerpos en proyecto                     alumbra la marina. No hay onda que no sueñe en dar su carne                     transparente a una ninfa. Viento tornero en blanda masa verde                     redondeces perfila. Juntos surten la diosa, y a su lado                     afán que la persiga. Gozosa crin despliega el hipocampo:                     va en su grupa, cautiva, altas quejas de espuma dando al aire,                     Nereida estremecida. Hay torsos verdes, hay abrazos truncos,                     todo son tentativas, deseos que se alzan, casta espuma;                     ugas hay, ligerísimas. Cuerpo saltante de una cresta en otra,                     escápase la ondina de un ansia que se muere en mil cristales,                     monstruo que la quería. Hay blancuras que logran entenderse,                     amores que se inician; en la mañana estrenan sus idilios                     fábulas, a la vista. ¿Olas? Tetis, Papone, Calatea,                     glorias que resucitan. Resurrección es esto, no oleaje,                     querencia muy antigua. Si el agua que dio bulto a ninfa rápida                     muere, apenas erguida, si espuma que soñaba en durar mármol,                     desfallece en la orilla, de entre tanto fracaso, ellas, las diosas,                     se salvan, infinitas. Se hunden las cien, las mil, las incontables                     figuras cristalinas; de una en otra, evadiéndose, ligeras                     permanecen las ninfas. Tejiendo, destejiendo, permanecen                     sobre fúlgida pista, juegos de raudo amor, las figurantas                     de la ópera divina. El mar se ciñe, más y más redondo,                     cerco de la alegría. Y se colman de asombro, en una playa,                     dos ojos, que lo miran.
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El día abre la mano                 Tres nubes                 Y estas pocas palabras Al alba busca su nombre lo naciente Sobre los troncos soñolientos centellea la luz Galopan las montañas a la orilla del mar El sol entra en las aguas con espuelas La piedra embiste y rompe claridades El mar se obstina y crece al pie del horizonte Tierra confusa inminencia de escultura El mundo alza la frente aún desnuda Piedra pulida y lisa para grabar un canto La luz despliega su abanico de nombres Hay un comienzo de himno como un árbol Hay el viento y nombres hermosos en el viento
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Semillas para un himno
Alza, toro de España: levántate, despierta. Despiértate del todo, toro de negra espuma, que respiras la luz y rezumas la sombra, y concentras los mares bajo tu piel cerrada. Despiértate. Despiértate del todo, que te veo dormido, un pedazo del pecho y otro de la cabeza: que aún no te has despertado como despierta un toro cuando se le acomete con traiciones lobunas. Levántate. Resopla tu poder, despliega tu esqueleto, enarbola tu frente con las rotundas hachas, con las dos herramientas de asustar a los astros, de amenazar al cielo con astas de tragedia. Esgrímete. Toro en la primavera más toro que otras veces, en España más toro, toro, que en otras partes. Más cálido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete. Desencadénate. Desencadena el raudo corazón que te orienta por las plazas de España, sobre su astral arena. A desollarte vivo vienen lobos y águilas que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo. Yérguete. No te van a castrar: no dejarás que llegue hasta tus atributos de varón abundante esa mano felina que pretende arrancártelos de cuajo, impunemente: pataléalos, toro. Víbrate. No te van a absorber la sangre de riqueza, no te arrebatarán los ojos minerales. La piel donde recoge resplandor el lucero no arrancarán del toro de torrencial mercurio. Revuélvete. Es como si quisieran arrancar la piel al sol, al torrente la espuma con uña y picotazo. No te van a castrar, poder tan masculino que fecundas la piedra; no te van a castrar. Truénate. No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás si no es para escarbar sangre y furia en la arena, unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas abalanzarse luego con decisión de rayo. Abalánzate. Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado, y en el granito fiero paciste la fiereza: revuélvete en el alma de todos los que han visto la luz primera en esta península ultrajada. Revuélvete. Partido en dos pedazos, este toro de siglos, este toro que dentro de nosotros habita: partido en dos mitades, con una mataría y con la otra mitad moriría luchando. Atorbellínate. De la airada cabeza que fortalece el mundo, del cuello como un bloque de titanes en marcha, brotará la victoria como un ancho bramido que hará sangrar al mármol y sonar a la arena. Sálvate. Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate. Levanta, toro: truena, toro, abalánzate. Atorbellínate, toro: revuélvete. Sálvate, denso toro de emoción y de España. Sálvate.
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Llamo al toro de españa
Alza, toro de España: levántate, despierta. Despiértate del todo, toro de negra espuma, que respiras la luz y rezumas la sombra, y concentras los mares bajo tu piel cerrada. Despiértate. Despiértate del todo, que te veo dormido, un pedazo del pecho y otro de la cabeza: que aún no te has despertado como despierta un toro cuando se le acomete con traiciones lobunas. Levántate. Resopla tu poder, despliega tu esqueleto, enarbola tu frente con las rotundas hachas, con las dos herramientas de asustar a los astros, de amenazar al cielo con astas de tragedia. Esgrímete. Toro en la primavera más toro que otras veces, en España más toro, toro, que en otras partes. Más cálido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete. Desencadénate. Desencadena el raudo corazón que te orienta por las plazas de España, sobre su astral arena. A desollarte vivo vienen lobos y águilas que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo. Yérguete. No te van a castrar: no dejarás que llegue hasta tus atributos de varón abundante esa mano felina que pretende arrancártelos de cuajo, impunemente: pataléalos, toro. Víbrate. No te van a absorber la sangre de riqueza, no te arrebatarán los ojos minerales. La piel donde recoge resplandor el lucero no arrancarán del toro de torrencial mercurio. Revuélvete. Es como si quisieran arrancar la piel al sol, al torrente la espuma con uña y picotazo. No te van a castrar, poder tan masculino que fecundas la piedra; no te van a castrar. Truénate. No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás si no es para escarbar sangre y furia en la arena, unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas abalanzarse luego con decisión de rayo. Abalánzate. Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado, y en el granito fiero paciste la fiereza: revuélvete en el alma de todos los que han visto la luz primera en esta península ultrajada. Revuélvete. Partido en dos pedazos, este toro de siglos, este toro que dentro de nosotros habita: partido en dos mitades, con una mataría y con la otra mitad moriría luchando. Atorbellínate. De la airada cabeza que fortalece el mundo, del cuello como un bloque de titanes en marcha, brotará la victoria como un ancho bramido que hará sangrar al mármol y sonar a la arena. Sálvate. Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate. Levanta, toro: truena, toro, abalánzate. Atorbellínate, toro: revuélvete. Sálvate, denso toro de emoción y de España. Sálvate.
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Como el día que madura de hora en hora hasta no ser sino un instante inmenso, Gran vasija de tiempo que zumba como una colmena, gran mazorca compacta de horas vivas, Gran vasija de luz hasta los bordes henchida de su propia y poderosa sustancia, Fruto violento y resonante que se mece entre la tierra y el cielo, suspendido como el trueno, Entre la tierra y el cielo abriéndose como una flor gigantesca de pétalos invisibles, Como el surtidor que al abrirse se derrumba en un blanco clamor de pájaros heridos, Como la ola que avanza y se hincha y se despliega en una ancha sonrisa, Como el perfume que asciende en una columna y se esparce en círculos, Como una campana que tañe en el fondo de un lago, Como el día y el fruto y la ola, como el tiempo que madura un año para dar un instante de belleza y colmarse a sí mismo con esa dicha instantánea, La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde y otra y otra (Porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y están a nuestro alcance Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los ojos) y desde entonces creo en los árboles Y a veces, bajo su sombra, he comido sin miedo los frutos de una amistad parecida a las manzanas Y he conversado con ella y con su marido y su cuñado como hablan entre sí el agua y las hojas y las raíces.
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Elogio
Europa se ha prendido, se ha incendiado: de Rusia a Españ va, de extremo a extremo, el incendio que lleva enarbolado, con un furor, un ímpetu supremo. Cabalgan sus hogueras, trota su lumbre arrolladoramente, arroja sus flotantes y cálidas banderas, sus victoriosas llamas sobre el triste occidente. Purifica, penetra en las ciudades, alumbra, sopla, da en los rascacielos, empuja las estatuas, muerde, aventa: arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos, cesa la noche, el día se acrecienta. Cruza un gran tormenta de aeroplanos y anhelos. Se propaga la sombra de Lenin, se propaga, avanza enrojecida por los hielos, inunda estepas, salta serranías, recoge, cierra, besa toda llaga, aplasta las miserias y las melancolías. Es como un sol que eclipsa las tinieblas lunares, es como un corazón que se extiende y absorbe, que se despliega igual que el coral de los mares en bandadas de sangre a todo el orbe. Es un olor que alegra los olfatos y una canción que halla sus ecos en las minas. España suena llena de retratos de Lenin entre hogueras matutinas. Bajo un diluvio de hombres extinguidos, España se defiende con un soldado ardiendo de toda podredumbre. Y por los Pirineos ofendidos alza sus llamas, sus hogueras tiende para estrechar con Rusia los cercos de la lumbre.
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El incendio
Creo conocerlo Un guerrero indomable con un corazón inquieto, un niño travieso extraviado en los intentos del que tiene que florecer con apresura. Un hombre incansable con una coraza dura, con una mirada llena de complicidad, de ternura, de lujuria, de un pasado que quiere entregarse a su futuro sin tener que revivir las heridas de su presente. Un hombre insaciable, que ensombrece los débiles rayos del sol ante la intensidad que él transfiere. Con una luz que ofusca, con la cara lacerada evidenciando todas la batallas avaluadas en su cara. La anarquía su guía de vida, algunos les llaman El Bohemio, otros bisoño, yo le llamo El Solitario. Él ante nadie se rinde, o, completamente se entrega, a nadie le pertenece, pero su mirada su soledad despliega; ese deseo de tener la dicha de quien mire más allá de su armadura, de quien reconozca su alma, de quien no quisiese blanquear sus manchas. Él quiere en una mirada encontrar calma, caminar juntos el trayecto sin fechas de ruina pero entregarse paz en cada prueba, sin perder . No sé por qué se tanto de él, porque siento tanta afinación por su ser, porque siento sus heridas en mi piel, y, sus manchas las he visto en algún espejo donde alguna vez me mire. No sé por qué me estremece su mirada, porque siento conocerlo, porque siento necesidad de protegerlo, él no es mío y nunca le he pertenecido, No sé…………………………………………………. talvez lo recuerda mi alma de alguna otra vida. LeydisProse 1/31/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jan 31, 2018
Jan 31, 2018 at 6:16 PM UTC
Creo conocerlo
Creo conocerlo Un guerrero indomable con un corazón inquieto, un niño travieso extraviado en los intentos del que tiene que florecer con apresura. Un hombre incansable con una coraza dura, con una mirada llena de complicidad, de ternura, de lujuria, de un pasado que quiere entregarse a su futuro sin tener que revivir las heridas de su presente. Un hombre insaciable, que ensombrece los débiles rayos del sol ante la intensidad que él transfiere. Con una luz que ofusca, con la cara lacerada evidenciando todas la batallas avaluadas en su cara. La anarquía su guía de vida, algunos les llaman El Bohemio, otros bisoño, yo le llamo El Solitario. Él ante nadie se rinde, o, completamente se entrega, a nadie le pertenece, pero su mirada su soledad despliega; ese deseo de tener la dicha de quien mire más allá de su armadura, de quien reconozca su alma, de quien no quisiese blanquear sus manchas. Él quiere en una mirada encontrar calma, caminar juntos el trayecto sin fechas de ruina pero entregarse paz en cada prueba, sin perder . No sé por qué se tanto de él, porque siento tanta afinación por su ser, porque siento sus heridas en mi piel, y, sus manchas las he visto en algún espejo donde alguna vez me mire. No sé por qué me estremece su mirada, porque siento conocerlo, porque siento necesidad de protegerlo, él no es mío y nunca le he pertenecido, No sé…………………………………………………. talvez lo recuerda mi alma de alguna otra vida. LeydisProse 1/31/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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Promesa
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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El mar, espejo de calma y anhelo, canta en la orilla su dulce canción, un vaivén que envuelve en su vuelo, un latido que despierta la pasión. De pronto, un viento quiebra el sosiego, las olas se alzan, el cielo se enciende, la marea, en su ímpetu, despliega su juego, y el alma se entrega, se rinde y sorprende. El corazón, que dormía en calma, late con fuerza, se enciende en su fuego, el amor, en su danza, sacude y embalsama, y cada estruendo se siente más tierno. Pero tras la tormenta y la emoción, regresa el murmullo, la espuma se entrega, la luna, cómplice de la devoción, acaricia al mar, que en amor se sosiega. Así es el alma, de amor encendida, de paz a tormenta, de deseo a fervor, y en cada ola, perdida y rendida, renace más fuerte, bañada en amor.
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Nov 11, 2024
Nov 11, 2024 at 12:16 AM UTC
Marea de emociones.
¡Oh lino, madura, que quiero tejer Sábanas del lecho donde dormirá Mi amante, que pronto, pronto tornará! (Con la primavera tiene que volver).   ¡Oh rosa, tu prieto capullo despliega! Has de ser el pomo que arome su estancia. Concentra colores, recoge fragancia, Dilata tus poros, que mi amante llega.   Trabaré con grillo de oro sus piernas. Cadenas livianas del más limpio acero, Encargué con prisa, con prisa al herrero Amor, que las hace brillantes y eternas.   Y sembré amapolas en toda la huerta. ¡Que nunca recuerde caminos ni sendas! Fatiga: en sus nervios aprieta tus vendas. Molicie: sé el perro que guarde la puerta.
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La espera
Muchacha de una noche de viento y hojas secas, que una sonrisa tuya pobló de mariposas, como si aún recordaras tus últimas muñecas junto a un hombre lejano que olvidó tantas cosas... Muchacha de una noche de cigarrillos lentos, cuando quedó en la mesa la flor de tu corpiño: Tú eras la pastorcita de los libros de cuentos, y yo fui el niño triste que no supo ser niño. Muchacha de una noche para el amor errante, cuando crece el otoño con su vaho profundo, y el alma es el navío de un solo tripulante que despliega sus lonas al viento de otro mundo. Muchacha de un noche: yo pienso todavía que hubiera sido hermoso que nunca amaneciera, ahora que, fatalmente, comienza un nuevo dia, que ha de ser, para tantos, otro dia cualquiera...
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Poema nocturno