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"desconocido" poems
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:18 PM UTC
Carta a mi futuro yo.
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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La cosa va así: no sé cómo nombrar este libro, como si nombrar esto fuera la hipérbole de la hermandad, no temerle a lo cierto, pasar del alimento cotidiano al polvo de un paisaje, saltar por lo sencillo de la imagen de un pájaro blanco que irrumpe sin respeto, a lo que nunca supe. Escribir es escribir lo que no se sabe, por lo demás, un impulso que tienta definir la sonrisa de alguien, con la estampa accesible de un nombre propio. Pero la cosa va así amor: no sé cómo nombrar este libro, susceptible todo desde lo nada, por eso el tema del clima, árboles totales, victorias contundentes de insectos, lo que contiene decir un niño ambiguo: para alguien la carcajada, para otro el asco, para alguien más, horas claras, semanas marcadas para siempre-nunca. Al escribir tenemos reservas, al ver de frente tenemos reservas, al poner el pie derecho pensando en las serpientes tenemos reservas, al dormir al lado de algún desconocido tenemos reservas. Al menos hoy, al no saber cómo darle nombre a esto que ha ocurrido, mientras los truenos marcan distancia y certidumbre.
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Jan 17, 2012
Jan 17, 2012 at 10:06 PM UTC
viaje al centro de la tierra
Es chistosa la forma en que suceden las cosas. Así cuándo te imaginas que algo pasará de cierta forma porque normalmente es el ritmo que lleva, es cuando pasa lo contrario. Así me pasó contigo. Creí que no te conocería y serías algún desconocido más en esa fiesta; pero empezamos a hablar. Creí que hablaríamos pero después de 5 minutos terminarían los temas de conversación; pero hablamos durante horas. Creí que nuestro encuentro simplemente se quedaría en la fiesta; pero me invitaste a un café. Creí que no me perdería en tus ojos; pero lo hice, y la verdad me encanta.
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Jul 28, 2013
Jul 28, 2013 at 6:51 AM UTC
Así suceden las cosas.
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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La vida sencilla
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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Dios -¿de dónde sacaste para encender el cielo este maravilloso crepúsculo de cobre? Por él supe llenarme de alegría de nuevo, y la mala mirada supe tornarla noble. Entre las llamaradas amarillas y verdes se alumbró el lampadario de un sol desconocido que rajó las azules llanuras del oeste y volcó en las montañas, sus fuentes y sus ríos. Dame la maga fiesta, Dios, déjala en mi vida, dame los fuegos tuyos para alumbrar la tierra, deja en mi corazón tu lámpara encendida y yo seré el aceite de su lumbre suprema. Y me iré por los campos en la noche estrellada con los brazos abiertos y la frente desnuda, cantando aires ingenuos con las mismas palabras que en la noche se dicen los campos y la luna.
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Dame la maga fiesta
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Vaivén
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Las horas no han pasado, todavía, y está mañana lejos igual a un arrecife que apenas distingo.                           Tú no sientes cómo el tiempo se adensa en esta habitación con la luz encendida, como está fuera el frío lamiendo los cristales...Qué desprisa, en mi cama esta noche, animalito, con la simple nobleza de la necesidad, mientras que te miraba, te quedaste dormido.Así pues, buenas noches.                                         Ese país tranquilo cuyos contornos son los de tu cuerpo da ganas de morir recordando la vida, o de seguir despierto -cansado y excitado- hasta el amanecer.A solas con la edad, mientras tú duermes como quien no ha leído nunca un libro, pequeño animalito: ser humano -más franco que en mis brazos-, por lo desconocido.
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Un cuerpo es el mejor amigo del hombre
Entre los adelantos médicos figuran el by-pass para que siga el corazón, el láser para entrar a la vesícula por un agujerito, y muchos otros que empujan al cuerpo contra lo desconocido. Esta semejanza de la vida provoca el llanto de la razón. Nadie estudia los nervios de la estupidez, las arterias del mal, la médula del dolor, los huesos de tanta angustia que gira por ahí con trazado oscilante. Hay quien dice que es inútil porque no hay remedios, no hay farmacias del alma. Hay quien dice que esta noche es igual a todas las noches. Pero en esta noche canta lo que nunca tendremos y el pasado es un canario ciego que te había visto. En el vacío de tu imagen estaba el ancho sol.
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Poema
Seras mía lo se, la noche nunca acabara, los deseos prohibidos nos arrebataran, y en un instante de amor salvaje nuestros cuerpos se fundirán, acércate pequeña, es lo que siempre quisimos, las estrellas sonreirán, y como nunca la luna brillara, las olas del mar nos llevaran a lo desconocido, y volverá el calor a nuestros cuerpos adormecidos, escribiré mi nombre en cada parte de ti, no habrá manjar que no hallamos probado, no habrá lugar al que no hallamos ido, y en medio de la locura y el descuido, seremos dos almas salvajes, las amarguras se abran ido, ya no seré el forajido que vaga en sueños perdidos.
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Dec 4, 2012
Dec 4, 2012 at 2:31 PM UTC
El forajido
a veces siento que somos dos desconocido que nos conocemos muy bien,¿porque sera? pues ni yo misma lo se en realidad, solo siento que aveces somos tan pero tan nosotros que la pasamos muy bien pero aveces el silencio es el que habla por si solo, y quisiera que no sea así porque en realidad quisiera decirte muchas cosas que no se como decirte porque aun así conociéndote me da pena hablar de esas cosas contigo pero no, no creo que sea pena es algo mas que eso que en realidad no se como explicarlo y también se que me quisieras decir muchas cosas, que te quieres desahogar pero los dos sentimos ese algo que, que no, nos deja tener esa suficiente confianza que no haga abrir el corazon y poder decir lo que en verdad sentimos..
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Jun 24, 2014
Jun 24, 2014 at 11:11 AM UTC
desconocido
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Enereida
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Rayos iluminadores...a veces. Penumbras...otras muchas. Himnos que desaparecen en el vacío anodino con rumbo desconocido. Haces fotónicos fugaces iluminan momentáneos el espíritu y el tiempo. Al frente de la nada sónica: el silencio, veloz como la luz cómplice de algunos movimientos. La penumbra, sin embargo, plácida se disuelve lentamente con las noches. Cuando la luz solar pierde su derroche, la oscuridad se mata con fluorescencias de avenida. Jorge Gómez Arias
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Jun 24, 2012
Jun 24, 2012 at 11:08 AM UTC
CANCIOTRÓNICA
Iban diez mil soldados bajo la lluvia y el cielo gris; diez mil rostros amargos bajo el casco de acero, marchando por el lodo sin fin. Uno solo, entre tantos, sonreía: era el soldado John Smith. Cuatro semanas antes, en el momento de partir, diez mil madres lloraban. Una sola sonreía, feliz. Una sola. ¿Sabéis quién era? -La madre del soldado John Smith. En su granja de Ohio, cuando la feria del maíz, una gitana de ojos remotos y brusco perfil, contempló largamente la mano de John Smith. -«Generales y emperadores se descubrirán ante ti… Veo un desfile de estandartes y un monumento en el confín… Hallarás la gloria en la guerra, John Smith». Bajo la lluvia y el cielo gris, marchan hacia la muerte diez mil hombres que no quieren morir. Sólo sonríe uno, alto, flaco, pecoso: se llama John Smith. Sólo una, entre diez mil manos, acaricia el fusil. Quisieran decir que no, diez mil bocas. Sólo una dice que sí. Son la mano y la boca del soldado John Smith. Y cuando un oficial desenfunda su sable y un hombrecillo sopla un clarín, el primero en calar la bayoneta y disponerse a combatir, el primero de todos, es el soldado John Smith. Y allá va, chapoteando en el fango, con un heroico frenesí. Se siente capaz de algo grande y seguro de no morir. Es el que siempre va delante: es… John Smith! Ya han muerto Jack, y **** y Denny. Y otros cien más. Y luego, mil. Pero él recuerda a la gitana, cuando la feria del maíz: «Hallarás la gloria en la guerra, John Smith!». Sí: es el único que sonríe… Pero deja de sonreír. Un asombro agranda sus ojos y su mano suelta el fusil. Con un hueco ***** en la frente, cae el soldado John Smith. Junto al viejo molino, de ruidosas aspas de zinc, en la abandonada trinchera que parece una cicatriz, se oye un ruido de palas y alguien dice: «Cavad aquí…» Hermoso sol, clara mañana de abril. Ya se van viendo los cadáveres de los que no querían morir. -Hay uno, con un hueco en la frente, junto a un oxidado fusil. Y es colocado en un suntuoso ataúd de marfil, y conducido solemnemente por los bulevares de París, y depositado en un monumento de mármol rosa y piedra gris. Generales y emperadores se descubren al pasar por allí, y resuenan las botas de los regimientos entre intermitentes toques de clarín: ¡en la tumba del Soldado Desconocido, reposa para siempre John Smith!
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Balada del soldado john smith
Iban diez mil soldados bajo la lluvia y el cielo gris; diez mil rostros amargos bajo el casco de acero, marchando por el lodo sin fin. Uno solo, entre tantos, sonreía: era el soldado John Smith. Cuatro semanas antes, en el momento de partir, diez mil madres lloraban. Una sola sonreía, feliz. Una sola. ¿Sabéis quién era? -La madre del soldado John Smith. En su granja de Ohio, cuando la feria del maíz, una gitana de ojos remotos y brusco perfil, contempló largamente la mano de John Smith. -«Generales y emperadores se descubrirán ante ti… Veo un desfile de estandartes y un monumento en el confín… Hallarás la gloria en la guerra, John Smith». Bajo la lluvia y el cielo gris, marchan hacia la muerte diez mil hombres que no quieren morir. Sólo sonríe uno, alto, flaco, pecoso: se llama John Smith. Sólo una, entre diez mil manos, acaricia el fusil. Quisieran decir que no, diez mil bocas. Sólo una dice que sí. Son la mano y la boca del soldado John Smith. Y cuando un oficial desenfunda su sable y un hombrecillo sopla un clarín, el primero en calar la bayoneta y disponerse a combatir, el primero de todos, es el soldado John Smith. Y allá va, chapoteando en el fango, con un heroico frenesí. Se siente capaz de algo grande y seguro de no morir. Es el que siempre va delante: es… John Smith! Ya han muerto Jack, y **** y Denny. Y otros cien más. Y luego, mil. Pero él recuerda a la gitana, cuando la feria del maíz: «Hallarás la gloria en la guerra, John Smith!». Sí: es el único que sonríe… Pero deja de sonreír. Un asombro agranda sus ojos y su mano suelta el fusil. Con un hueco ***** en la frente, cae el soldado John Smith. Junto al viejo molino, de ruidosas aspas de zinc, en la abandonada trinchera que parece una cicatriz, se oye un ruido de palas y alguien dice: «Cavad aquí…» Hermoso sol, clara mañana de abril. Ya se van viendo los cadáveres de los que no querían morir. -Hay uno, con un hueco en la frente, junto a un oxidado fusil. Y es colocado en un suntuoso ataúd de marfil, y conducido solemnemente por los bulevares de París, y depositado en un monumento de mármol rosa y piedra gris. Generales y emperadores se descubren al pasar por allí, y resuenan las botas de los regimientos entre intermitentes toques de clarín: ¡en la tumba del Soldado Desconocido, reposa para siempre John Smith!
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¡Cómo resbala el agua por mi espalda!               ¡Cómo moja mi falda, Y pone en mis mejillas su frescura de nieve!               Llueve, llueve, llueve,               Y voy, senda adelante, Con el alma ligera y la cara radiante,               Sin sentir, sin soñar, Llena de la voluptuosidad de no pensar.               Un pájaro se baña En una charca turbia. Mi presencia le extraña, Se detiene... Me mira... Nos sentimos amigos... ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!               Después es el asombro De un labriego que pasa con su azada en el hombro.               Y la lluvia me cubre De todas las fragancias que a los setos da octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado, Como un maravilloso y estupendo tocado De gotas cristalinas, de flores deshojadas Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.               Y siento, en la vacuidad Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad Del placer infinito, dulce y desconocido,               De un minuto de olvido.               Llueve, llueve, llueve, Y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.
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Bajo la lluvia
esta ofelia no es la prisionera de su propia voluntad ella sigue a su cuerpo espléndido como un golpe de vino en medio de los hombres su cuerpo estilo renacimiento lleno de sol de Italia pasa por buenos aires ofelia yo en tus pechos fundaría ciudades y ciudades de besos hermosas libres con su sombra a repartir con los amantes mundiales ofelia por tus pechos pasa como un temblor de caballadas a medianoche por Florencia tus pechos altos duros come il palazzo vecchio una tarde del verano de 1957 iba yo por Florencia rodeado de tus pechos sin saberlo era igual la delicia la turbación el miedo las sombras empezaban a andar por las callejas con un olor desconocido algo como tus pechos después de haber amado eras oscura ofelia para entonces y enormemente triste una adivinación una catástrofe un oleaje de olvido después de la ternura una especie de culpa sin castigo de furia en paz con su gran guerra andabas por Florencia con tus pechos yendo viniendo por las sombras con saudade de mí seguramente tu hombro izquierdo digamos lloraba a tus espaldas o largaba sus ansias lentas en el crepúsculo y ellas venían a mi sangre o era un temblor como un presagio gracias te sean dadas ojos míos yo les beso las manos bésoles muy los pies gracias narices mías muchas gracias oídos con que escucho los ruidos de la ofelia antes apenas era una ciudad de Italia sus tiros me llenaban de otra desgracia el corazón.
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Ofelia
La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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El desconocido
La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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Cuando buscamos el amor nos cortamos al correr, nos matamos a besos o morimos por celos. Cuando buscamos el amor en las cajas de cereal, subimos felices al cielo, caemos juntos, nos levantamos juntos, nos lanzamos a lo desconocido, nos perdemos en el mar de gente. Cuando el amor por fin aparece viene de adentro y lo seguimos buscando ingenuamente sabiendo que el amor siempre estuvo con uno mismo.
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Sep 24, 2017
Sep 24, 2017 at 6:02 PM UTC
Cuando buscamos el amor.
Despachadas las cartas y el telegrama, camina por las calles indefinidas y advierte leves diferencias que no le importan y piensa en Aberdeen o en Leyden, más vívidas para él que este laberinto de líneas rectas, no de complejidad, donde lo lleva el tiempo de un hombre cuya verdadera vida está lejos. En una habitación numerada se afeitará después ante un espejo que no volverá a reflejarlo y le parecerá que ese rostro es más inescrutable y más firme que el alma que lo habita y que a lo largo de los años lo labra. Se cruzará contigo en una calle y acaso notarás que es alto y gris y que mira las cosas. Una mujer indiferente le ofrecerá la tarde y lo que pasa del otro lado de unas puertas. El hombre piensa que olvidará su cara y recordará, años después, cerca del Mar del Norte, la persiana o la lámpara. Esa noche, sus ojos contemplarán en un rectángulo de formas que fueron, al jinete y su épica llanura, porque el Far West abarca el planeta y se espeja en los sueños de los hombres que nunca lo han pisado. En la numerosa penumbra, el desconocido se creerá en su ciudad y lo sorprenderá salir a otra, de otro lenguaje y otro cielo. Antes de la agonía, el infierno y la gloria nos están dados; andan ahora por esta ciudad, Buenos Aires, que para el forastero de mi sueño (el forastero que yo he sido bajo otros astros) es una serie de imprecisas imágenes hechas para el olvido.
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El forastero
Mi padre se llamaba José. ¿Por qué José? ¿Por qué se llamaba José? Tengo que detenerlo en esta pregunta: ¿por qué te llamabas José? Ahí va mi verte como si no quisieras tener alma conmigo. La palabra es una falta de palabra en el rostro de tu mujer. La he visto en los desfiles del error. Y ahora me siento a veces a esperar tu pérdida. Cuando el día no es más que esa enfermedad, el sol no sola. El anuncio incompleto de algo desconocido baja con la tarde y veo la cama donde moriste y tu silencio que no se mueve. ¿Por qué José? ¿Por qué te llamabas José?
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Nombres
En nuestra adversidad nos encontramos buscando aquello que no sabíamos reconocer anhelando lo que no quisimos tentando al destino burlando a la suerte en tus ojos mi mirada en tus manos mis días y noches en tus labios mi nombre confundidos caminamos avanzando paso a paso cayendo en el camino y levantándonos de nuevo siempre juntos con el mismo destino final desconocido y familiar invitándonos a sentir a dejar morir parte de nosotros para ser revividos con fuerza renovada y emociones encontradas construyéndonos de nuevo de los escombros de temblores pasados saliendo a respirar de nuevo el aire del cual fuimos egoístamente privados me invadiste como una plaga rápidamente infectándome y curándome del mal que antes padecía sonrisas y carcajadas lágrimas y besos la idea del amor más puro de las estrellas conspirando en mi favor para escribir en mi firmamento la nueva historia que hoy contamos sin un final cercano
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Nov 9, 2017
Nov 9, 2017 at 3:37 PM UTC
Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve, y barajo el recuerdo como un viejo tahúr... Loco rey de una noche predominante y breve, sólo he sido la sombra de una nube en la nieve o el temblor de una espiga bajo el viento del sur. Amar era mi anhelo, pero amé demasiado, sin que me engrandeciera jamás un gran amor... Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado, melancólicamente, del fondo del pasado, y yo cierro los ojos, para verlas mejor. Ellas supieron darme la eternidad de un día, la gloria de una noche llena de amanecer; y eran ofrendas vanas que yo no agradecía, evaporados vinos de una copa vacía que iba de mano en mano, de mujer en mujer. Todas fueron princesas en la magia de un cuento; todas fueron mendigas de un agrio despertar... Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento, porque soy como un buque batido por el viento, que se quedó sin velas en la orilla del mar. Queriendo amar a tantas, quizás no amé a ninguna, o amaba solamente mi propia juventud; pues eran, al reclamo de una buena fortuna, propicio todo instante; toda cita, oportuna; toda puerta, accesible; frágil toda virtud... Mi corazón cantaba sobre la primavera, cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor... Después se fue apagando mi bujía de cera, pero tan lentamente como si no supiera si empezaba una sombra o acababa un fulgor. Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido; y ellas, las olvidadas, me olvidaron también. Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido, como si me miraran buscando un parecido que les recuerda a alguien, sin recordar a quién. Usurpador furtivo de caricias ajenas, ejercité mis besos para la ingratitud. Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas, prófugo delirante que añora sus cadenas, soy un hombre sin sueños entre la multitud. Pero sí por las gracias de un Dios caritativo renaciera de pronto la juventud en mí, yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo, olvidaría entonces la vida que ahora vivo, para vivir de nuevo la vida que viví...
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Monólogo de casanova
Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve, y barajo el recuerdo como un viejo tahúr... Loco rey de una noche predominante y breve, sólo he sido la sombra de una nube en la nieve o el temblor de una espiga bajo el viento del sur. Amar era mi anhelo, pero amé demasiado, sin que me engrandeciera jamás un gran amor... Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado, melancólicamente, del fondo del pasado, y yo cierro los ojos, para verlas mejor. Ellas supieron darme la eternidad de un día, la gloria de una noche llena de amanecer; y eran ofrendas vanas que yo no agradecía, evaporados vinos de una copa vacía que iba de mano en mano, de mujer en mujer. Todas fueron princesas en la magia de un cuento; todas fueron mendigas de un agrio despertar... Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento, porque soy como un buque batido por el viento, que se quedó sin velas en la orilla del mar. Queriendo amar a tantas, quizás no amé a ninguna, o amaba solamente mi propia juventud; pues eran, al reclamo de una buena fortuna, propicio todo instante; toda cita, oportuna; toda puerta, accesible; frágil toda virtud... Mi corazón cantaba sobre la primavera, cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor... Después se fue apagando mi bujía de cera, pero tan lentamente como si no supiera si empezaba una sombra o acababa un fulgor. Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido; y ellas, las olvidadas, me olvidaron también. Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido, como si me miraran buscando un parecido que les recuerda a alguien, sin recordar a quién. Usurpador furtivo de caricias ajenas, ejercité mis besos para la ingratitud. Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas, prófugo delirante que añora sus cadenas, soy un hombre sin sueños entre la multitud. Pero sí por las gracias de un Dios caritativo renaciera de pronto la juventud en mí, yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo, olvidaría entonces la vida que ahora vivo, para vivir de nuevo la vida que viví...
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¡Oh pobres almas nuestras que perdieron el nido y que van arrastradas en la falsa corriente del olvido! Y pensar que extraviamos la senda milagrosa en que se hubiera abierto nuestra ilusión, como perenne rosa. Pudieron deslizarse, sin sentir, nuestras vidas con el compás romántico que hay en las músicas desfallecidas. Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos. Y pensar que pudimos, al acercarse el fin de la jornada, alumbrar la vejez en una dulce conjunción de existencias, contemplando, en la noche ilusionada, el cintilar perenne del Zodíaco sobre la sombra de nuestras conciencias... Mas en vano deliro y te recuerdo, oh virgen esperanza, oh ilusión que te quedas en no sé qué lejanas arboledas y en no sé qué remota venturanza. Sigamos sumergiéndonos... Mas, antes que la sorda corriente nos precipite a lo desconocido, hagamos un esfuerzo de agonía para salir a flote y ver, la última vez, nuestras cabezas sobre las aguas turbias del olvido.
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Rumbo al olvido
Era el silencio miel sobre seda, y era un ungüento de paz la brisa. Yo iba del brazo con tu sonrisa    por la alameda. Tu boca dulce como un olvido me dio sus jugos bajo el follaje, y su chasquido     rozó mi oído         como un plumaje           de un cisne herido;               como un encaje                 desvanecido;                   como un celaje                     loco de viaje                       sobre un paisaje                           desconocido... Tu boca ungida de luz de trino, bordó una sombra de frases quedas... Tu boca tibia me supo a vino, y en la hojarasca de las veredas se alzó el revuelo de un remolino    de áureas monedas... Y fue el silencio como una gruta, y la quimera fue como un río donde bogaron tu amor y el mío... Y fue tu boca como una fruta humedecida por el rocío...  Como amputando gestos sombríos bruñó la luna su filo de hacha, y retorciendo sus dedos fríos    cruzó una racha... Yo unté de besos tu boca roja, tu boca dulce como un regreso, y en cada árbol fue cada hoja un eco verde de cada beso. Tu boca intacta me dio sus rasos, tu voz sin bordes me dio su seda, y, en la delicia de los retrasos, moría el roce de nuestros pasos en el silencio de la alameda...
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Balada en la alameda
el viento me arrastra, no se exactamente a donde aparezco en una endidura pequeña me sostengo para no caer, mis garras se aferran a lo desconocido estoy cansada y ya no se a donde ir escucho voces, suenan mas como ruidos sin sonido contemplo mi alrededor y todo es oscuro (tengo miedo) dejo que el pánico se apodere de mi revoloteo hacia cualquier direccion pidiendo ayuda decido permanecer calmada pero sin dejar de temer sin dejar de gritar supongo permanecere aqui por un tiempo hasta que descubra el camino de regreso hasta que mi alma resista.
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Apr 11, 2018
Apr 11, 2018 at 11:50 AM UTC
ave