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"cubre" poems
Palabras, frases, sílabas, astros que giran alrededor de un centro fijo. Dos cuerpos, muchos seres que se encuentran en una palabra. El papel se cubre de letras indelebles, que nadie dijo, que nadie dictó, que han caído allí y arden y queman y se apagan. Así pues, existe la poesía, el amor existe. Y si yo no existo, existes tú. El poema prepara un orden amoroso. Preveo un hombre-sol y una mujer-luna, el uno libre de su poder, la otra libre de su esclavitud, y amores implacables rayando el espacio ***** Todo ha de ceder a esas águilas incandescentes. Todo poema se cumple a expensas del poeta. Mediodía futuro, árbol inmenso de follaje invisible. En las plazas cantan los hombres y las mujeres el canto solar, surtidor de transparencias. Me cubre la marejada amarilla: nada mío ha de hablar por mi boca. Cuando la Historia duerme, habla en sueños; en la frente del pueblo dormido el poema es una constelación de sangre. Cuando a Historia despierta, la imagen se hace acto, acontece el poema; la poesía entra en acción. Merece lo que sueñas.
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Hacia el poema (puntos de partida)
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza: Habla a mi corazón como otros días... ¡Pero no!... ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte... ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! ¡No vuelvas... Todo lo hallarás en ruinas!¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... &iexclNadie; habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... ¡cansadas de no verte!Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... toda esa luz, aromas y armonía.Hoy... &iexcltodo; cuán distinto! Paso a paso y solo voy por la desierta vía. -Nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del ocaso, y en las tristezas de las almas solas.En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos.Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra!¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para que esperar que irradie el día! ¡Ya para que decirnos: Todavía! Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no esta desecho, que para amarnos otra vez, no es tarde.¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces. Ya la fe de otros años no me escuda... Quedó de sueños mi ilusión desnuda, ¡y no puedo creer lo que me dices!¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada, mi fe en tu amor perdida, es ansia de una nave destrozada, ¡ancla en el fondo de la mar caída!Anhelos de un amor, castos risueños, ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden! ¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío!
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A solas
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza: Habla a mi corazón como otros días... ¡Pero no!... ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte... ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! ¡No vuelvas... Todo lo hallarás en ruinas!¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... &iexclNadie; habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... ¡cansadas de no verte!Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... toda esa luz, aromas y armonía.Hoy... &iexcltodo; cuán distinto! Paso a paso y solo voy por la desierta vía. -Nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del ocaso, y en las tristezas de las almas solas.En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos.Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra!¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para que esperar que irradie el día! ¡Ya para que decirnos: Todavía! Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no esta desecho, que para amarnos otra vez, no es tarde.¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces. Ya la fe de otros años no me escuda... Quedó de sueños mi ilusión desnuda, ¡y no puedo creer lo que me dices!¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada, mi fe en tu amor perdida, es ansia de una nave destrozada, ¡ancla en el fondo de la mar caída!Anhelos de un amor, castos risueños, ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden! ¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío!
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Celos de saberte lejos, de no tenerte, de no poder pedirte nada. Celos de todo aquello que se queda en mi lengua, de todo lo que no puedo decirte. Celos de la geografía, de la altura, de la tes de tu piel. Celos de esos ojos que todo lo viven y todo lo ven. ¿Dónde quedo cuando no admito que te miro? Cuando escucho tu voz y sé que no me pertenece. ¿Dónde quedo si me escondo para sonreírte? Si en camas y cubos bailamos en secreto y los cigarros se agotan en el calor de la función. ¿Dónde queda el corazón si lo entrego a la cercanía a lo fácil, a la melancolía? Celos de la bocina que besa tu boca mientras escucho la lejanía de tu voz en el eco de una mañana distante. Envidia de los lentes que abrazan tu rostro, de la ropa que cubre tu torso. ¿Por qué no puedo ser esos brazos? ¿Por qué no puedo ser esa tela? Celos por perderte, porque no te tengo. El miedo a tu fluir porque eres libre porque eres hombre, porque eres viento.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 5:01 AM UTC
Lejano
La luz devasta las alturas       Manadas de imperios en derrota       El ojo retrocede cercado de reflejos       Países vastos como el insomnio       Pedregales de hueso       Otoño sin confines       Alza la sed sus invisibles surtidores       Un último pirú predica en el desierto       Cierra los ojos y oye cantar la luz:       El mediodía anida en tu tímpano       Cierra los ojos y ábrelos:       No hay nadie ni siquiera tú mismo       Lo que no es piedra es luz Como las piedras del Principio Como el principio de la Piedra Como al Principio piedra contra piedra Los fastos de la noche: El poema todavía sin rostro El bosque todavía sin árboles Los cantos todavía sin nombre Mas ya la luz irrumpe con pasos de leopardo Y la palabra se levanta ondula cae Y es una larga herida y un silencio sin mácula     La alegría madura como un fruto     El fruto madura hasta ser sol     El sol madura hasta ser hombre     El hombre madura hasta ser astro     Nunca la luz se repartió en tantas luces     Los árboles las calles las montañas     Se despliegan en olas transparentes     Una muchacha ríe a la entrada del día     Es una pluma ardiendo el canto del canario     La música muestra sus brazos desnudos     Su espalda desnuda su pensamiento desnudo     En el calor se afila el instante dichoso     Agua tierra y sol son un solo cuerpo     La hora y su campana se disuelven     Las piedras los paisajes se evaporan     Todos se han ido sin volver el rostro     Los amigos las bellas a la orilla del vértigo     Zarpan las casas la iglesia los tranvías     El mundo emprende el vuelo     También mi cuerpo se me escapa     Y entre las claridades se me pierde     El sol lo cubre todo lo ve todo     Y en su mirada fija nos bañamos     Y en su pupila largamente nos quemamos     Y en los abismos de su luz caemos     Música despeñada     Y ardemos y no dejamos huella
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Piedra nativa
La luz devasta las alturas       Manadas de imperios en derrota       El ojo retrocede cercado de reflejos       Países vastos como el insomnio       Pedregales de hueso       Otoño sin confines       Alza la sed sus invisibles surtidores       Un último pirú predica en el desierto       Cierra los ojos y oye cantar la luz:       El mediodía anida en tu tímpano       Cierra los ojos y ábrelos:       No hay nadie ni siquiera tú mismo       Lo que no es piedra es luz Como las piedras del Principio Como el principio de la Piedra Como al Principio piedra contra piedra Los fastos de la noche: El poema todavía sin rostro El bosque todavía sin árboles Los cantos todavía sin nombre Mas ya la luz irrumpe con pasos de leopardo Y la palabra se levanta ondula cae Y es una larga herida y un silencio sin mácula     La alegría madura como un fruto     El fruto madura hasta ser sol     El sol madura hasta ser hombre     El hombre madura hasta ser astro     Nunca la luz se repartió en tantas luces     Los árboles las calles las montañas     Se despliegan en olas transparentes     Una muchacha ríe a la entrada del día     Es una pluma ardiendo el canto del canario     La música muestra sus brazos desnudos     Su espalda desnuda su pensamiento desnudo     En el calor se afila el instante dichoso     Agua tierra y sol son un solo cuerpo     La hora y su campana se disuelven     Las piedras los paisajes se evaporan     Todos se han ido sin volver el rostro     Los amigos las bellas a la orilla del vértigo     Zarpan las casas la iglesia los tranvías     El mundo emprende el vuelo     También mi cuerpo se me escapa     Y entre las claridades se me pierde     El sol lo cubre todo lo ve todo     Y en su mirada fija nos bañamos     Y en su pupila largamente nos quemamos     Y en los abismos de su luz caemos     Música despeñada     Y ardemos y no dejamos huella
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Para ti que no crees en mi, te escribo esta carta para pedirte que no me insultes ni me jusgues, puesto que soy una obra mas de tu creador, yo soy el espiritu de luz que te llevara hacia el cuando tu alma se despegue de tu cuerpo y tengas que rendirle cuentas de tu vida....porque yo no soy un ser satanico, tampoco un ser diabolico. Soy un ser que Nuestro Dios Padre.. e cree, yo soy la Niña que te mira, mis brazos que te cargan, mis manos que te consuelan, mis pies que te guian, mi Guadaña que te Defiende, mi aliento alegre que respires, mi mundo en el que vives, mi manto que te cubre y resguardia, todo estolo tengo para ti por que para eso fui creada, solo pideme all infocarme, pero haslo con humildad, haslo con el Corazon y yo estare contigo
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Aug 21, 2013
Aug 21, 2013 at 7:50 AM UTC
Carta de Mi Madre
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como la espalda del río a la luz del incendio. Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, ***** caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable). Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito.
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Cuerpo a la vista
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como la espalda del río a la luz del incendio. Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, ***** caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable). Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito.
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Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su **** la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.
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Dama huasteca
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
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Ausencia
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
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El cielo llora, no por desamores ni por una muerte, llora por la falta de llanto de tanta gente Pide clemencia el indigente, algo para comer bajo la lluvia que moja los pocos billetes, no alcanzan de todas maneras Las lágrimas no salieron de los rostros, se condensaron en pensamientos que inundaron el domo celeste que cubre nuestras cabezas Ahora nos empapa inclemente, no ve si moja al niño, al anciano o al enfermo no escatima en gotas frías se sienten como notas graves en un piano viejo Mientras, abro el paraguas, no para cesar el llanto, sino para ignorarlo, como me han enseñado
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Aug 31, 2017
Aug 31, 2017 at 10:43 AM UTC
Lluvia
Perdidas las ansias de ser cuerpo los amantes se reunían a la noche y media. Encuentro sin formas específicas como pasa siempre al intuirse cada que hay recuerdo y vigilia y sospecha. La noche fomenta la bruma fomenta el vacío lo fermenta: la noche alza su espuma que los integra sopor, marea, renuncia del cuerpo. Los amantes totales encapsulados resbalando por una espiral concéntrica la espuma los cubre noche sin cuerpo deseo de luz. Un eclipse acompaña este texto.
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Oct 12, 2014
Oct 12, 2014 at 2:23 AM UTC
Decaedro*
¿Quién es aquel Caballero herido por tantas partes, que está de expirar tan cerca, y no le socorre nadie? «Jesús Nazareno» dice aquel rétulo notable. ¡Ay Dios, que tan dulce nombre no promete muerte infame! Después del nombre y la patria, Rey dice más adelante, pues si es rey, ¿cuándo de espinas han usado coronarse? Dos cetros tiene en las manos, mas nunca he visto que claven a los reyes en los cetros los vasallos desleales. Unos dicen que si es Rey, de la cruz descienda y baje; y otros, que salvando a muchos, a sí no puede salvarse. De luto se cubre el cielo, y el sol de sangriento esmalte, o padece Dios, o el mundo se disuelve y se deshace. Al pie de la cruz, María está en dolor constante, mirando al Sol que se pone entre arreboles de sangre. Con ella su amado primo haciendo sus ojos mares, Cristo los pone en los dos, más tierno porque se parte. ¡Oh lo que sienten los tres! Juan, como primo y amante, como madre la de Dios, y lo que Dios, Dios lo sabe. Alma, mirad cómo Cristo, para partirse a su Padre, viendo que a su Madre deja, le dice palabras tales: Mujer, ves ahí a tu hijo y a Juan: Ves ahí tu Madre. Juan queda en lugar de Cristo, ¡ay Dios, qué favor tan grande! Viendo, pues, Jesús que todo ya comenzaba a acabarse, Sed tengo, dijo, que tiene sed de que el hombre se salve. Corrió un hombre y puso luego a sus labios celestiales en una caña una esponja llena de hiel y vinagre. ¿En la boca de Jesús pones hiel?, hombre, ¿qué haces? Mira que por ese cielo de Dios las palabras salen. Advierte que en ella puso con sus pechos virginales una ave su blanca leche a cuya dulzura sabe. Alma, sus labios divinos, cuando vamos a rogarle, ¿cómo con vinagre y hiel **** respuesta süave? Llegad a la Virgen bella, y decirle con el ángel: «Ave, quitad su amargura, pues que de gracia sois Ave». Sepa al vientre el fruto santo, y a la dulce palma el dátil; si tiene el alma a la puerta no tengan hiel los umbrales. Y si dais leche a Bernardo, porque de madre os alabe, mejor Jesús la merece, pues Madre de Dios os hace. Dulcísimo Cristo mío, aunque esos labios se bañen en hiel de mis graves culpas, Dios sois, como Dios habladme. Habladme, dulce Jesús, antes que la lengua os falte, no os desciendan de la cruz sin hablarme y perdonarme.
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A cristo en la cruz
¿Quién es aquel Caballero herido por tantas partes, que está de expirar tan cerca, y no le socorre nadie? «Jesús Nazareno» dice aquel rétulo notable. ¡Ay Dios, que tan dulce nombre no promete muerte infame! Después del nombre y la patria, Rey dice más adelante, pues si es rey, ¿cuándo de espinas han usado coronarse? Dos cetros tiene en las manos, mas nunca he visto que claven a los reyes en los cetros los vasallos desleales. Unos dicen que si es Rey, de la cruz descienda y baje; y otros, que salvando a muchos, a sí no puede salvarse. De luto se cubre el cielo, y el sol de sangriento esmalte, o padece Dios, o el mundo se disuelve y se deshace. Al pie de la cruz, María está en dolor constante, mirando al Sol que se pone entre arreboles de sangre. Con ella su amado primo haciendo sus ojos mares, Cristo los pone en los dos, más tierno porque se parte. ¡Oh lo que sienten los tres! Juan, como primo y amante, como madre la de Dios, y lo que Dios, Dios lo sabe. Alma, mirad cómo Cristo, para partirse a su Padre, viendo que a su Madre deja, le dice palabras tales: Mujer, ves ahí a tu hijo y a Juan: Ves ahí tu Madre. Juan queda en lugar de Cristo, ¡ay Dios, qué favor tan grande! Viendo, pues, Jesús que todo ya comenzaba a acabarse, Sed tengo, dijo, que tiene sed de que el hombre se salve. Corrió un hombre y puso luego a sus labios celestiales en una caña una esponja llena de hiel y vinagre. ¿En la boca de Jesús pones hiel?, hombre, ¿qué haces? Mira que por ese cielo de Dios las palabras salen. Advierte que en ella puso con sus pechos virginales una ave su blanca leche a cuya dulzura sabe. Alma, sus labios divinos, cuando vamos a rogarle, ¿cómo con vinagre y hiel **** respuesta süave? Llegad a la Virgen bella, y decirle con el ángel: «Ave, quitad su amargura, pues que de gracia sois Ave». Sepa al vientre el fruto santo, y a la dulce palma el dátil; si tiene el alma a la puerta no tengan hiel los umbrales. Y si dais leche a Bernardo, porque de madre os alabe, mejor Jesús la merece, pues Madre de Dios os hace. Dulcísimo Cristo mío, aunque esos labios se bañen en hiel de mis graves culpas, Dios sois, como Dios habladme. Habladme, dulce Jesús, antes que la lengua os falte, no os desciendan de la cruz sin hablarme y perdonarme.
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Sueño con un antiguo rey. De hierro es la corona y muerta la mirada. Ya no hay caras así. La firme espada lo acatará, leal como su perro. No sé si es de Nortumbria o de Noruega. Sé que es del Norte. La cerrada y roja barba le cubre el pecho. No me arroja una mirada su mirada ciega. ¿De qué apagado espejo, de qué nave de los mares que fueron su aventura, habrá surgido el hombre gris y grave que me impone su antaño y su amargura? Sé que me sueña y que me juzga, erguido. El día entra en la noche. No se ha ido.
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La pesadilla
¡Cómo resbala el agua por mi espalda!               ¡Cómo moja mi falda, Y pone en mis mejillas su frescura de nieve!               Llueve, llueve, llueve,               Y voy, senda adelante, Con el alma ligera y la cara radiante,               Sin sentir, sin soñar, Llena de la voluptuosidad de no pensar.               Un pájaro se baña En una charca turbia. Mi presencia le extraña, Se detiene... Me mira... Nos sentimos amigos... ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!               Después es el asombro De un labriego que pasa con su azada en el hombro.               Y la lluvia me cubre De todas las fragancias que a los setos da octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado, Como un maravilloso y estupendo tocado De gotas cristalinas, de flores deshojadas Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.               Y siento, en la vacuidad Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad Del placer infinito, dulce y desconocido,               De un minuto de olvido.               Llueve, llueve, llueve, Y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.
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Bajo la lluvia
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Al ponerle en la cruz
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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Autumnal
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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ya no se como usar las palabras. se sienten como un buzo regalado, viejo, estirado, que me llega a las rodillas y me cubre los puños. cualquiera puede ver lo inmenso que es en mi, lo ajeno, lo usado, lo reciclado. porque así son mis palabras: son de otros, usadas, reutilizadas, usadas de nuevo, para dar mensajes baratos en los que no creo. ¿cuanta gente usó las mismas palabras que yo, con la misma intención, en un mismo orden? ¿puedo reclamar algo que ya fue usado, que ya fue preguntado y respondido y olvidado? ¿es mio porque yo lo diga? ¿mis palabras serán las suyas? ¿las tuyas? no se como usarlas porque se siente como si nunca me hubieran pertenecido. si son suyas o tuyas, no me importa, porque nunca fueron mías.
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Dec 11, 2016
Dec 11, 2016 at 4:45 PM UTC
XVIII
Esta vista cansada que te sigue al caminar, esta lengua antigua que te intenta atrapar. Siempre has sabido como hacerme esperar, para luego dejarme como perro con hambre. Me gusta besarte con cada mirar, me gusta tus alas que brillan a la mar. Estoy rendido al sabor de tu amor, estoy perdido como niño en la plaza, me siento lleno cuando estoy contigo y siento un vacío cuando no estas conmigo. La luna brilla a lejos como queriendo decir tu nombre sabe que es amor lo que se esconde entre el mar, tus labios y yo. Sabe que son tus besos los que me roban el alma, sabe que es tu aroma el que arrastra las olas, sabe que tu cabello ***** cubre la noche, sabe que es tu lápiz afilado el que dibuja las estrellas, sabe que tu voz ilumina mis noches y que mi vista cansada te sigue sin medida. Sabe que es amor lo que se esconde entre tus pechos, sabe que en mi mente se ocultan los secretos del mar, tú… y yo….
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Sep 13, 2017
Sep 13, 2017 at 12:16 AM UTC
Entre el Mar, Tú y Yo.
En su tallo de calor se balancea La estación indecisa                                   Abajo Un gran deseo de viaje remueve Las entrañas heladas del lago Cacerías de reflejos allá arriba La ribera ofrece guantes de musgo a tu blancura La luz bebe luz en tu boca Tu cuerpo se abre como una mirada Como una flor al sol de una mirada Te abres           Belleza sin apoyo Basta un parpadeo Todo se precipita en un ojo sin fondo                                 Basta un parpadeo Todo reaparece en el mismo ojo                                         Brilla el mundo Tú resplandeces al filo del agua y de la luz Eres la hermosa máscara del día Aunque la nieve caiga en racimos maduros Nadie sacude ramas allá arriba El árbol de la luz no da frutos de nieve Aunque la nieve se disperse en polen No hay semillas de nieve No hay naranjas de nieve no hay claveles No hay cometas ni soles de nieve Aunque vuele en bandadas no hay pájaros de nieve En la palma del sol brilla un instante y cae Apenas tiene cuerpo apenas peso apenas nombre Y ya lo cubre todo con su cuerpo de nieve Con su peso de luz con su nombre sin sombra
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Primavera y muchacha
Cuando sale la luna se pierden las campanas y aparecen las sendas impenetrables.   Cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente isla en el infinito.   Nadie come naranjas bajo la luna llena. Es preciso comer fruta verde y helada.   Cuando sale la luna de cien rostros iguales, la moneda de plata solloza en el bolsillo.
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Canciones de luna
antes, inmensas, sentía que me miraban fijo desde las páginas mientras las trazaba, con miedo de usarlas y darles un significado tan vacío que dejarán de existir, que las convirtiera en la nada misma. y ahora pasaron de ser el manto que cubre el mundo a un pañuelo al fondo de mi cartera. siempre tuve miedo de usarlas mal, de describir algo tan insignificante que sobrara todo lo que le diera. nunca se me ocurrió encontrarme con algo más grande que cualquier palabra, más complejo que lo que cualquier combinación de letras y espacios pueda llegar a ser. las palabras nunca me fallaron hasta que hiciste que se vieran diminutas a tu lado.
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Oct 25, 2016
Oct 25, 2016 at 11:59 PM UTC
IV bis
Salta la palabra adelante del pensamiento adelante del sonido la palabra salta como un caballo adelante del viento como un novillo de azufre adelante de la noche se pierde por las calles de mi cráneo en todas partes las huellas de la fiera en la cara del árbol el tatuaje escarlata en la frente del torreón el tatuaje de hielo en el **** de la iglesia el tatuaje eléctrico sus uñas en tu cuello sus patas en tu vientre la señal violeta el tornasol que gira hasta el blanco hasta el grito hasta el basta el girasol que gira como un ay desollado la firma del sin nombre a lo largo de tu piel en todas partes el grito que ciega la oleada negra que cubre el pensamiento la campana furiosa que tañe en mi frente la campana de sangre en mi pecho la imagen que ríe en lo alto de la torre la palabra que revienta las palabras la imagen que incendia todos los puentes la desaparecida en mitad del abrazo la vagabunda que asesina a los niños la idiota la mentirosa la incestuosa la corza perseguida la mendiga profética la muchacha que en mitad de la vida me despierta y me dice acuérdate
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Disparo
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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Jul 28, 2020
Jul 28, 2020 at 8:00 PM UTC
el roce
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Al «blasco de garay» 1
El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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En sueños yo te salvo sin querer, Y vuelvo hasta el antaño en un segundo, Pensando en lo vano, en lo profundo, En lo sincero y en lo vagabundo; Y cuando tú apareces, mediodía, Con el sol paralelo a tu sonrisa, Desarmas las estrategias y guías Y ganas la batalla por un día. De noche yo te abrazo de costumbre, Buscando el calorcito de tus brazos, Escondiéndome como un niño en tu regazo, Huyendo realidades con engaños. Y a veces tú me miras "diadeberas", Te das cuenta que existo y me liberas, De lo mortificante que es quererte, Sin a veces saber que puedes verme. Quizás yo por mi letra y mis consejos, Debería de quitarme de complejos, Buscando algún guiño en aquel espejo, O una señal de vida en tus montañas. Yo soy expedición de vez en cuando, Y tú un dios que se esconde en el ocaso, Me vuelvo eterno como el firmamento, A ver si en tu creación te pertenezco. No quiero ser tu vida o tu sustento, Ni tú necesidad semi-quimera, Quiero ser tentación y vicio eterno, Ser algo como una suave condena. Vivimos entre espuma y medianoche, Entre miel que nos cubre los adentros, Llenando poco a poco los silencios, Yo me lleno de ti Y tú Me salvas luego.
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Jan 29, 2018
Jan 29, 2018 at 3:33 PM UTC
Salvacion
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,                 San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para                   Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; y colgada sobre el pecho resplandece la divina               Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco                 del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; doce aljabas cada año para él trae el rey Enero; en la sombra se destaca la figura vencedora                 del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes, del celeste Vaticano se detiene en los umbrales mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes                 inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco donde en triunfo llega Enero, ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco                 y el Arquero.
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Año nuevo
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,                 San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para                   Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; y colgada sobre el pecho resplandece la divina               Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco                 del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; doce aljabas cada año para él trae el rey Enero; en la sombra se destaca la figura vencedora                 del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes, del celeste Vaticano se detiene en los umbrales mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes                 inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco donde en triunfo llega Enero, ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco                 y el Arquero.
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