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"cubiertos" poems
cuando raf salinger se enamoró o quiso de verdad salió de sí como de un calabozo brilló con propia luz no tuvo tacha ni defecto ni mengua como caballos como vacas al fin de la jornada raf salinger vertía sus aguas en plena soledad fulguró afuera como sol no pálido de cárcel no en guerra "cuidado que me lastimás" decía raf salinger a los hombres de manos ásperas que como niños están cubiertos de miel pero le quitan la victoria el vencedor "oh ángel que te inclinas en la primera mitad" decía raf salinger furioso cavando el viento que le envolvía la trasluz o el revés de los días malos que le comían la verdad "si el coraje consiste en ser prudente" decía raf salinger "si los vestidos significan desnudez y miseria dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio" decía con gran perdones finalmente todas las ventanitas se cerraron cuando raf salinger murió un calor le creció entre amor y afuera juntándole los dos al solito "ah tiempos no distancias que hay entre mí entre mi calor y mi sol" decía raf salinger casi disuelto ya bajo la sombra que le apagaba el hubo que vivir sobre su gente subió el frecuente olvido peor raf salinger viajaba abrigado por un cuerpo desnudo encontrado o joven
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Lamento por la gente de raf salinger
Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
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Testimonial
Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
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Estoy viendo en rojo Todo es estamos cubiertos de sangre Y todo lo que creo, lo que puedo Es: "Tengo hambre." Como estoy rodeada de la muchedumbre Me siento abrumada La gente está haciendo preguntas Pero no puedo ser la informante Estoy muy ira ¡Están enfadándome! Ellos no saben lo que he pasado ¡Me gustaría verlos en el combate! Quiero gritar, "¡La guerra ha terminado!" Y solo volver a mi raigambre Ignorando los, camino lejos Y todos estamos cubiertos de sangre
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Sep 21, 2017
Sep 21, 2017 at 5:32 PM UTC
Sangre
Ya era muy viejecita... Y un año y otro año se fue quedando sola con su tiempo sin fin. Sola con su sonrisa de que nada hace daño, sola como una hermana mayor en su jardín. Se fue quedando sola con los brazos abiertos, que es como crucifican los hijos que se van, con su suave manera de cruzar los cubiertos, y aquel olor a limpio de sus batas de holán. Déjenme recordarla con su vals en el piano, como yéndose un poco con lo que se le fue; y con qué pesadumbre se mira la mano cuando le tintineaba su taza de café. Se fue quedando sola, sola... sola en su mesa, en su casita blanca y en su lento sillón; y si alguien no conoce que soledad es esa, no sabe cuánta muerte cabe en un corazón. Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas, en aquel «hasta pronto» que fue un adiós final, aprendí que unas manos pueden ser mariposas, dos mariposas tristes volando en su portal. Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo. Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió: Ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando, ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo.
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Ya era muy viejecita
Shshshsh mi amor, Sé que es embarazoso, que no te salen las palabras, que tienes miedo, que te aterra el mañana…. No te preocupes amor, No digas más nada, quédate ahí, te protegeré en mi nido. He puesto el huevo de nuestro amor en un nido que hospedara nuestra pasión, que nos protegerá de aves rapiña como lo son la desconfianza, la monotonía, y unos brazos cubiertos en nieve. Nuestro nido incubara todos nuestros sueños, protegiéndonos de las desilusiones, solo tenemos que cubrirnos en compasión uno al otro. Shshsh mi amor, ya estoy aquí. No mi amor, ya no tienes que sufrir. Si, cobíjate en mí, refugia tus penas en mis senos deseosos de ti. Mis piernas como membrana de huevo, tejerán las fibras que el cansancio te causo. Amalgamare tu lasitud con mis espumosos besos, germinando de ti un hombre vibrante y completo. Shussh mi amor, si quédate ahí, usare las yemas de mis dedos para emulsificar tus ilusiones con los aceites que excreten de las membranas de mis furores. Quédate ahí amor, nuestro nido está rodeado de canarios, jilgueros y ruiseñores, para que nos sirvan de alarma, recordándonos que ha llegado el alba, que nuevamente nos toca hacer el amor. En ese nido he colocado sutilmente nuestro huevo de amor, mi cascara te protegerá hasta que te sientas listo para con tus propia alas volar. LeydisProse 7/10/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 10, 2017
Jul 10, 2017 at 2:18 PM UTC
Quédate en mi nido (te encubare en pasiones)
No te culpo por lo que pasó entre nosotros. Nuestro amor náufrago se había quedado varado en momentos vacíos. Como páginas rasgadas en libros que compramos y nunca leímos, los colocamos tan alto en libreros ahora cubiertos de polvo. Las mismas canciones tristes suenan una y otra vez en el fondo de mis pensamientos, pero no hay un acorde secreto que levante y encienda el fuego que una vez ardió tan brillantemente. Llegó el invierno y con el se llevó el calor de tu cuerpo, la luz de mis ojos, el sabor de tus labios, el mismo aliento de mis pulmones, y hasta el sonido que produce tu boca cuando me dices "Te amo." Las estaciones cambiaron, y la primavera llegó sin sus flores de cerezo. Los barcos que contenían nuestras esperanzas zarparon, mientras todavía estábamos a kilómetros de darnos cuenta de lo lejos que estábamos. No queda nada, mas que el silencio ensordecedor de nosotros, cara a cara, sin nada que decir, Solo el recuerdo de nuestro amor caído, lo que una vez fue, lo que pudo haber sido. Tú y yo, no más.
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May 17, 2023
May 17, 2023 at 2:26 PM UTC
No Queda Nada
Nací do el cielo azul ríe sereno, en la isla hermosa, de la mar pupila, donde se mezclan en turquino seno, de las mañanas a la luz tranquila, la onda del Jonio y la onda del Tirreno. Brillan al sol plantíos y cabañas en la ardiente quietud del horizonte; y cubiertos de polvo, entre espadañas, duermen los higos de India sobre el monte, ante enorme cadena de montañas. En sus golfos que cúrvanse encantados ciudades se reflejan y fanales, y de baños mariscos y raudales se oye el rumor en huertos aromados, a la sombra de verdes naranjales. Tú, más blanca que espuma y luz febea, nos espera la barca; riega aromas la blanda brisa que la playa orea, Triscan rebaños en las verdes lomas, y el Etna inmenso en el azul humea.
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Slciliana
Pobres poetas a quienes la vida y la muerte persiguieron con la misma tenacidad sombría y luego son cubiertos por impasible pompa entregados al rito y al diente funerario. Ellos -oscuros como piedrecitas- ahora detrás de los caballos arrogantes, tendidos van, gobernados al fin por los intrusos, entre los edecanes, a dormir sin silencio. Antes y ya seguros de que está muerto el muerto hacen de las exequias un festín miserable con pavos, puercos y otros oradores. Acecharon su muerte y entonces la ofendieron: sólo porque su boca está cerrada y ya no puede contestar su canto.
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Soneto lix
¡Qué bien están los muertos, ya sin calor ni frío, ya sin tedio ni hastío! Por la tierra cubiertos, en su caja extendidos, blandamente dormidos... ¡Qué bien están los muertos con las manos cruzadas, con las bocas cerradas! ¡Con los ojos abiertos, para ver el arcano que yo persigo en vano! ¡Qué bien estás, mi amor, ya por siempre exceptuada de la vejez odiada, del verdugo dolor...; inmortalmente joven, dejando que te troven su trova cotidiana los pájaros poetas que moran en las quietas tumbas, y en la mañana, donde la Muerte anida, saludan a la vida!
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Ix. ¡qué bien están los muertos!