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"contemplo" poems
Porque contemplo aún albas radiosas y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas en que tiembla el lucero de Belén, y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas gracias, ¡está bien! Porque en las tardes, con sutil desmayo, piadosamente besa el sol mi sien, y aun la transfigura con su rayo: gracias, ¡está bien! Porque en las noches una voz me nombra (¡voz de quien yo me sél), y hay un edén escondido en los pliegues de mi sombra: gracias, ¡está bien! Porque hasta el mal en mí don es del cielo, pues que, al minarme va, con rudo celo, desmoronando mi prisión también; porque se acerca ya mi primer vuelo: gracias, ¡está bien!
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¡está bien!
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca.
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La poesía
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida; quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una avidez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa sustancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos. Percibo el mundo y te toco, sustancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. En su húmeda tiniebla vida y muerte, quietud y movimiento, son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, sustancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con aceite, para que al conocerte me conozca.
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Estoy aquí, contigo. Y pienso en ti, a tu sombra, a tu sombra callada como un agua de otoño. Aquí, con la cabeza caída en tu regazo, como para que pienses que contemplo las nubes. En tu rostro apacible se refleja el crepúsculo, y eres tan bella, amiga, que me duele mirarte. Aquí estoy, a tu sombra, pensando en ti, contigo. Y tú piensas, acaso, que estoy pensando en otra. Tú sonríes, segura del poder de tu beso, y yo cierro los ojos para sentir tu ausencia. Ah, pobre amiga mía, cómo quisiera amarte, amarte como entonces, cuando tú no me amabas... Ah, sí, qué pronto pasan el amor y las nubes... Qué irreparablemente se mustian las espigas... Aquí, bajo este árbol que ignora su silencio, mí corazón se aleja tristemente del tuyo. Y, sin embargo, amiga, ya ves que te sonrío. Y mi boca recorre la distancia del beso. Pero pienso en el modo de dejar de besarte, y en una despedida que no te haga llorar...
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Estoy aquí contigo...
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Alucinación en salamanca
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Espíritu sin nombre, indefinible esencia, yo vivo con la vida sin formas de la idea.Yo nado en el vacío, del sol tiemblo en la hoguera, palpito entre las sombras y floto con las nieblas.Yo soy el fleco de oro de la lejana estrella, yo soy de la alta luna la luz tibia y serena.Yo soy la ardiente nube que en el ocaso ondea, yo soy del astro errante la luminosa estela.Yo soy nieve en las cumbres, soy fuego en las arenas, azul onda en los mares y espuma en las riberas.En el laúd, soy nota, perfume en la violeta, fugaz llama en las tumbas y en las ruïnas yedra.Yo atrueno en el torrente y silbo en la centella, y ciego en el relámpago y rujo en la tormenta.Yo río en los alcores, susurro en la alta yerba, suspiro en la onda pura y lloro en la hoja seca.Yo ondulo con los átomos del humo que se eleva y al cielo lento sube en espiral inmensa.Yo, en los dorados hilos que los insectos cuelgan me mezco entre los árboles en la ardorosa siesta.Yo corro tras las ninfas que, en la corriente fresca del cristalino arroyo, desnudas juguetean.Yo, en bosques de corales que alfombran blancas perlas, persigo en el océano las náyades ligeras.Yo, en las cavernas cóncavas do el sol nunca penetra, mezclándome a los gnomos, contemplo sus riquezas.Yo busco de los siglos las ya borradas huellas, y sé de esos imperios de que ni el nombre queda.Yo sigo en raudo vértigo los mundos que voltean, y mi pupila abarca la creación entera.Yo sé de esas regiones a do un rumor no llega, y donde informes astros de vida un soplo esperan.Yo soy sobre el abismo el puente que atraviesa, yo soy la ignota escala que el cielo une a la tierra,Yo soy el invisible anillo que sujeta el mundo de la forma al mundo de la idea.Yo, en fin, soy ese espíritu, desconocida esencia, perfume misterioso de que es vaso el poeta.
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Rima v
Espíritu sin nombre, indefinible esencia, yo vivo con la vida sin formas de la idea.Yo nado en el vacío, del sol tiemblo en la hoguera, palpito entre las sombras y floto con las nieblas.Yo soy el fleco de oro de la lejana estrella, yo soy de la alta luna la luz tibia y serena.Yo soy la ardiente nube que en el ocaso ondea, yo soy del astro errante la luminosa estela.Yo soy nieve en las cumbres, soy fuego en las arenas, azul onda en los mares y espuma en las riberas.En el laúd, soy nota, perfume en la violeta, fugaz llama en las tumbas y en las ruïnas yedra.Yo atrueno en el torrente y silbo en la centella, y ciego en el relámpago y rujo en la tormenta.Yo río en los alcores, susurro en la alta yerba, suspiro en la onda pura y lloro en la hoja seca.Yo ondulo con los átomos del humo que se eleva y al cielo lento sube en espiral inmensa.Yo, en los dorados hilos que los insectos cuelgan me mezco entre los árboles en la ardorosa siesta.Yo corro tras las ninfas que, en la corriente fresca del cristalino arroyo, desnudas juguetean.Yo, en bosques de corales que alfombran blancas perlas, persigo en el océano las náyades ligeras.Yo, en las cavernas cóncavas do el sol nunca penetra, mezclándome a los gnomos, contemplo sus riquezas.Yo busco de los siglos las ya borradas huellas, y sé de esos imperios de que ni el nombre queda.Yo sigo en raudo vértigo los mundos que voltean, y mi pupila abarca la creación entera.Yo sé de esas regiones a do un rumor no llega, y donde informes astros de vida un soplo esperan.Yo soy sobre el abismo el puente que atraviesa, yo soy la ignota escala que el cielo une a la tierra,Yo soy el invisible anillo que sujeta el mundo de la forma al mundo de la idea.Yo, en fin, soy ese espíritu, desconocida esencia, perfume misterioso de que es vaso el poeta.
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35 días  22 tardes soleadas 8 nubladas y 5 con lluvia. Y es como hacer un puente separar la mente del tiempo esconder los martes del calendario y aproximar las noches del verano, para ver si pasa más rápido la ráfaga de tu recuerdo. Contemplo la posibilidad de ser un mito,  ir de boca en boca cambiando de forma, estar entre la lluvia sin bacilar y sin empaparme de tus misterios. Probablemente especulo demasiado tal vez el tiempo es ambivalente que hace mella en mi cuerpo pero engrandece mi mente, aunque en este cuarto pequeño yo haga un puente entre tu recuerdo y 35 días sin verte.
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Sep 6, 2015
Sep 6, 2015 at 1:10 PM UTC
Del tiempo...
Quisiera poder naufragar entre pensamientos y ser una expertiz en ese campo magnético que atrae nuestros cuerpos. Ven y hazme sentir tuya, ¡ yo soy tuya! déjame probar de qué está hecha esa hermosa escultura. Dicen que no es debido, pero esta pasión que guardamos se siente como un delito. Sostenme fuerte, no me sueltes, deja que los minutos pasen mientras te contemplo detenidamente. Recorre mi cuerpo, no tengas miedo, sincroniza danzas impecables que tomen lugar en el escenario que te presento. Quiero hacerte gemir, ¡hazme gemir! Estoy bajo tu poder. No habrá sonido más perfecto, que aquel que se reproducirá durante nuestro anhelado encuentro. Nuestros cuerpos están ardiendo, no perdamos más el tiempo. Mírame, tómame, devórame, ¿no ves que te deseo?
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Apr 3, 2015
Apr 3, 2015 at 5:56 PM UTC
Bajo tu poder
Mi invitada abre la puerta cuando casi desespero la contemplo en medio de mi cuarto como dueña más bien que como sierva. Ella el arco me presta y yo lanzo la flecha. Y si acierto en el blanco en el cielo se abre un orificio más pequeño que el ojo de una aguja la aguja más pequeña y caen palabras del cielo que en mis manos se congregan. ¿En que reino se hallan sus raíces? empapadas del rocío que alimenta a las flores de la tierra ¿qué mandato obedecen? ¿y que afán las inquieta qué espantosa simpatía o qué rechazo? ¿Acaso el de horadar las superficies y humillar a las pobres apariencias? ¿de un palacio hacer un conventillo de un patán un caballero? ¿insinuar un portento en cada esquina? ¿embriagarme en una gota de realidad?
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Nov 23, 2011
Nov 23, 2011 at 11:09 AM UTC
Portada (0)
Cómo duermes, pequeña, en tu cunita, cerca del fuego que te abriga y dora. Te contemplo un minuto, media hora, y tú sigues dormida, dormidita. Un carro pasa, un leño azul crepita, sube una voz del aire triunfadora, y tú como si tal, mínima aurora, la pestaña ¡ay de mí! casi infinita. Eres la primordial Indiferencia ante la expectativa, ante el anhelo hechos de resignación, vueltos paciencia. Soy tu primer poeta y soy tu abuelo... Tal vez clames un día mi presencia: búscame por la tierra y por el cielo.
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Presencia
Sentir Deus Sentir nosso Deus celestial e bendito, Orvalho e bela ponte… Quando me levanto contemplo o horizonte, Anónimos em quem eu acredito. Sentir o nosso Deus sempre, Salgueiro no riacho tão bonito, As vozes de teu reino infinito, Outono de folha cadente. Sentir Deus na água cristalina, Caminhar por entre areia tão fina. Ninfas pueris bem-amadas, Nuvens no céu esbranquiçadas. Sentir Deus que dá amor e pão, O relógio do tempo que nunca para, O toque de uma guitarra, Silêncio de bela constelação. Victor Marques
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Nov 15, 2012
Nov 15, 2012 at 1:43 PM UTC
Sentir Deus
Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Es lo que estoy pensando y más ansío En días como estos cuando me siento vacío Tengo tantos pensamientos que me matan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así todo estará en silencio No quiero responder preguntas Sólo quiero ahogarme en la calma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así sólo oiré mi propia voz Porque en medio de una canción Encontraré las palabras que tanto me faltan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque ya no me queda privacidad Estoy harto de compartir mi lugar Siento que quiero golpear hasta no sentir nada Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque por el día mis ojos se secan Mi voz calla y la felicidad me deja Veo los días vacíos, ya no siento mi alma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Concentrarme en mi pena y desahogarla Es difícil sostener el nudo en mi garganta Estoy lleno de odio y lágrimas Ya me estoy olvidando de quién soy Pero a las tres de la mañana se abre mi corazón Entonces me encuentro de nuevo Al menos por un breve momento Siento que valgo algo Siento que ya no tengo que callarlo Siento que la angustia puede fluir e irse Comienzo a ver que ya serán las cuatro Y aunque mi voz no haya sonado Pude sacar este dolor Pude lavar mi corazón Y sentirme vivo y con fuerzas Por eso es que quiero que sean Las tres de la mañana en mi pieza Ya sólo faltan tres horas Sólo debo esperar eso Para ya no hacer esfuerzo Y dejar que este sollozo Se fugue en silencio Mientras contemplo mi techo Vestido de ***** para acompañarme En este luto de sentimientos De los cuales quiero alejarme Sólo quiero que ya sean las jodidas tres de la mañana, maldición...
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Sep 7, 2018
Sep 7, 2018 at 11:18 PM UTC
Muévete más rápido reloj, por favor...
Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Es lo que estoy pensando y más ansío En días como estos cuando me siento vacío Tengo tantos pensamientos que me matan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así todo estará en silencio No quiero responder preguntas Sólo quiero ahogarme en la calma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así sólo oiré mi propia voz Porque en medio de una canción Encontraré las palabras que tanto me faltan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque ya no me queda privacidad Estoy harto de compartir mi lugar Siento que quiero golpear hasta no sentir nada Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque por el día mis ojos se secan Mi voz calla y la felicidad me deja Veo los días vacíos, ya no siento mi alma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Concentrarme en mi pena y desahogarla Es difícil sostener el nudo en mi garganta Estoy lleno de odio y lágrimas Ya me estoy olvidando de quién soy Pero a las tres de la mañana se abre mi corazón Entonces me encuentro de nuevo Al menos por un breve momento Siento que valgo algo Siento que ya no tengo que callarlo Siento que la angustia puede fluir e irse Comienzo a ver que ya serán las cuatro Y aunque mi voz no haya sonado Pude sacar este dolor Pude lavar mi corazón Y sentirme vivo y con fuerzas Por eso es que quiero que sean Las tres de la mañana en mi pieza Ya sólo faltan tres horas Sólo debo esperar eso Para ya no hacer esfuerzo Y dejar que este sollozo Se fugue en silencio Mientras contemplo mi techo Vestido de ***** para acompañarme En este luto de sentimientos De los cuales quiero alejarme Sólo quiero que ya sean las jodidas tres de la mañana, maldición...
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Ya se han roto las ataduras, sólo la noche me rodea, me va robando la memoria, me acuna para que me duerma. Ahora que ya no la contemplo para robarle su belleza. Ahora que siento en mí el cansancio de nuestras pobres razas viejas. Ahora que lucho y me rebelo contra su mansedumbre eterna y me acuerdo de que algún día fui tan sin tiempo como ella, ¡qué monólogo desbordado, qué soliloquio sin respuesta, qué deseo de renacerme, de entender y de que me entienda, de borrar pasado y futuro, de segar mi memoria entera! Luego, arrojar al ***** pozo lo que de mí evoca y recuerda: cojín de nieblas matinales donde apoyaba la cabeza. Repetimos las mismas cosas, recorremos aquellas sendas por donde todos los humanos dejaron gritos, ecos, huellas. Son las palabras angustiadas que un día oyó al nacer la tierra: «húmedo beso, vida, muerte, nada importa, me voy y quedas, ayer desnudos en el campo y hoy se caen solas las cerezas». Palabras viejas y cansadas que nosotros creímos nuevas, recién nacidas para el canto, para una dicha siempre nuestra. Y la noche me va matando, me acuna para que me duerma. En cada instante mío pone siglos de luna, alta y sangrienta. Nada me importa que yo siembre y que otros cojan la cosecha. Pero morirme sin rebelarme, someterme sin resistencia, ser por los siglos de los siglos sólo luz o sólo tinieblas, irme cegando de hermosura hasta dejar de ser materia, aunque mi premio sea un día mirar por dentro las estrellas... Hoja de chopo, onda de río, sangre mezclada con la tierra. Y que mi forma sea el barro que una mano mortal modela. Niño que juega desnudito, mínima brizna de la hierba, todos los peces de los mares, los animales de la tierra. Saber que vivo, que palpito, que me enloquezco en la carrera, que nado mares y anchos ríos, que escalo cimas, salto cercas, que desde el fondo de las noches hay pesadumbre que me acecha. Sentir en mí todos los soles, todos los gozos y las penas, todos los vientos que me mueven, los dolores que en mí hacen presa… Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca, y barrernos las sombras turbias que oscurecen nuestras cabezas, y beber las lejanas brisas que nos alejan de la tierra maniatados y adormecidos, sin saber a dónde nos llevan...
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Noche final
Ya se han roto las ataduras, sólo la noche me rodea, me va robando la memoria, me acuna para que me duerma. Ahora que ya no la contemplo para robarle su belleza. Ahora que siento en mí el cansancio de nuestras pobres razas viejas. Ahora que lucho y me rebelo contra su mansedumbre eterna y me acuerdo de que algún día fui tan sin tiempo como ella, ¡qué monólogo desbordado, qué soliloquio sin respuesta, qué deseo de renacerme, de entender y de que me entienda, de borrar pasado y futuro, de segar mi memoria entera! Luego, arrojar al ***** pozo lo que de mí evoca y recuerda: cojín de nieblas matinales donde apoyaba la cabeza. Repetimos las mismas cosas, recorremos aquellas sendas por donde todos los humanos dejaron gritos, ecos, huellas. Son las palabras angustiadas que un día oyó al nacer la tierra: «húmedo beso, vida, muerte, nada importa, me voy y quedas, ayer desnudos en el campo y hoy se caen solas las cerezas». Palabras viejas y cansadas que nosotros creímos nuevas, recién nacidas para el canto, para una dicha siempre nuestra. Y la noche me va matando, me acuna para que me duerma. En cada instante mío pone siglos de luna, alta y sangrienta. Nada me importa que yo siembre y que otros cojan la cosecha. Pero morirme sin rebelarme, someterme sin resistencia, ser por los siglos de los siglos sólo luz o sólo tinieblas, irme cegando de hermosura hasta dejar de ser materia, aunque mi premio sea un día mirar por dentro las estrellas... Hoja de chopo, onda de río, sangre mezclada con la tierra. Y que mi forma sea el barro que una mano mortal modela. Niño que juega desnudito, mínima brizna de la hierba, todos los peces de los mares, los animales de la tierra. Saber que vivo, que palpito, que me enloquezco en la carrera, que nado mares y anchos ríos, que escalo cimas, salto cercas, que desde el fondo de las noches hay pesadumbre que me acecha. Sentir en mí todos los soles, todos los gozos y las penas, todos los vientos que me mueven, los dolores que en mí hacen presa… Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca, y barrernos las sombras turbias que oscurecen nuestras cabezas, y beber las lejanas brisas que nos alejan de la tierra maniatados y adormecidos, sin saber a dónde nos llevan...
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Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Soliloquio del farero
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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De la ciudad moruna tras las murallas viejas, yo contemplo la tarde silenciosa, a solas con mi sombra y con mi pena.   El río va corriendo, entre sombrías huertas y grises olivares, por los alegres campos de Baeza   Tienen las vides pámpanos dorados sobre las rojas cepas. Guadalquivir, como un alfanje roto y disperso, reluce y espejea.   Lejos, los montes duermen envueltos en la niebla, niebla de otoño, maternal; descansan las rudas moles de su ser de piedra en esta tibia tarde de noviembre, tarde piadosa, cárdena y violeta.   El viento ha sacudido los mustios olmos de la carretera, levantando en rosados torbellinos el polvo de la tierra. La luna está subiendo amoratada, jadeante y llena.   Los caminitos blancos se cruzan y se alejan, buscando los dispersos caseríos del valle y de la sierra. Caminos de los campos... ¡Ay, ya, no puedo caminar con ella!
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Caminos
A la nada contemplo con el celular entre las manos. a la nada contemplo con los ojos aguados. a la nada contemplo con un te amo muerto incluso antes de pensarlo. a la nada contemplo porque ya te has marchado. a la nada contemplo mientras el reloj sigue marcando. a la nada contemplo y hoy es mi cumpleaños. a la contemplo y la nada le escribo porque es lo único seguro que tendré mientras respiro el aire intoxicado.
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Aug 19, 2018
Aug 19, 2018 at 12:40 PM UTC
Contemplando la nada
Tanto perceber que quando existo, vivo embriagado pela natureza excelsa que me justifica . Tanto perceber o odor de todas as plantas, o constante movimentos de todos os seres por mais insignificantes que a todos possam parecer.. Contemplo tudo como se fosse sempre a primeira e ultima vez.. pois a saudade existe e eu me perco em sempre entender a perfeição deste mundo divinamente criado . Todos os lugares tentam iluminar e alguma coisa nos querer dizer. O poder de uma criação que fui sublime justifica em pleno a nossa existência como seres humanos aptos para tudo amar e na natureza encontrar deleites e perfeição em tudo que quer ser e nao ser... Na solidao encontro inspiração e conforto para minha existência. Tantas maravilhas num universo infinito que cabe ao homem tentar descobrir... Quem olha os vales sonolentos nunca vai conseguir dormir sem de dia ou de noite os sempre beijar com beijos de bem querer. Por ser e existir e amando tudo que a natureza tem para oferecer me deixo embalar com sinfonias de passarinhos que tanto com isso nos querem dizer, pois louvando tudo com alma e pensamento a Deus criador minha existência quero sempre agradecer ... Victor Marques
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May 21, 2019
May 21, 2019 at 8:16 AM UTC
Com a natureza vivo e existo....
El vapor es el alma del agua, hermano mío, así como sonrisa del agua es el rocío, y el lago sus miradas y su pensar la fuente; sus lágrimas la lluvia; su impaciencia el torrente, y los ríos sus brazos; su cuerpo, la llanada sin coto de los mares, y las olas, sus senos; su frente, las neveras de los montes serenos, y sus cabellos de oro líquido, la cascada. Yo soy alma del agua, y el agua siempre sube: las transfiguraciones de esa alma son la nube, su Tabor es la tarde real que la empurpura: como el agua fue buena, su Dios la transfigura... Y ya es el albo copo que el azul riela, ya la zona de fuego, que parece una estela, ya el divino castillo de nácar, ya el plumaje de un pavo hecho de piedras preciosas, ya el encaje de un abanico inmenso, ya el cráter que fulgura... Como el agua fue buena, su Dios la transfigura... -¡Dios! Dios siempre en tus labios está como en un templo. Dios, siempre Dios... ¡en cambio, yo nunca le contemplo! ¿Por qué si dios existe no deja ver sus huellas por qué taimadamente se esconde a nuestro anhelo, por qué no se halla escrito su nombre con estrellas en medio del esmalte magnífico del cielo? -Poeta, es que lo buscas con la ensoberbecida ciencia, que exige pruebas y cifras al Abismo... Asómate a las fuentes oscuras de tu vida, y allí verás su rostro: tu dios está en ti mismo. Busca el silencio y ora: tu Dios execra el grito; busca la sombra y oye: tu Dios habla en lo arcano; depón tu gran penacho de orgullo y de delito... -Ya está                 -¿Qué ves ahora?                                                     -La faz del infinito. -¿Y eres feliz?                               -¡Loemos a Dios, Vapor hermano!
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El vapor
El vapor es el alma del agua, hermano mío, así como sonrisa del agua es el rocío, y el lago sus miradas y su pensar la fuente; sus lágrimas la lluvia; su impaciencia el torrente, y los ríos sus brazos; su cuerpo, la llanada sin coto de los mares, y las olas, sus senos; su frente, las neveras de los montes serenos, y sus cabellos de oro líquido, la cascada. Yo soy alma del agua, y el agua siempre sube: las transfiguraciones de esa alma son la nube, su Tabor es la tarde real que la empurpura: como el agua fue buena, su Dios la transfigura... Y ya es el albo copo que el azul riela, ya la zona de fuego, que parece una estela, ya el divino castillo de nácar, ya el plumaje de un pavo hecho de piedras preciosas, ya el encaje de un abanico inmenso, ya el cráter que fulgura... Como el agua fue buena, su Dios la transfigura... -¡Dios! Dios siempre en tus labios está como en un templo. Dios, siempre Dios... ¡en cambio, yo nunca le contemplo! ¿Por qué si dios existe no deja ver sus huellas por qué taimadamente se esconde a nuestro anhelo, por qué no se halla escrito su nombre con estrellas en medio del esmalte magnífico del cielo? -Poeta, es que lo buscas con la ensoberbecida ciencia, que exige pruebas y cifras al Abismo... Asómate a las fuentes oscuras de tu vida, y allí verás su rostro: tu dios está en ti mismo. Busca el silencio y ora: tu Dios execra el grito; busca la sombra y oye: tu Dios habla en lo arcano; depón tu gran penacho de orgullo y de delito... -Ya está                 -¿Qué ves ahora?                                                     -La faz del infinito. -¿Y eres feliz?                               -¡Loemos a Dios, Vapor hermano!
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Ya en los campos de Jaén, amanece. Corre el tren por sus brillantes rieles, devorando matorrales, alcaceles, terraplenes, pedregales, olivares, caseríos, praderas y cardizales, montes y valles sombríos. Tras la turbia ventanilla, pasa la devanadera del campo de primavera. La luz en el techo brilla de mi vagón de tercera. Entre nubarrones blancos, oro y grana; la niebla de la mañana huyendo por los barrancos. ¡Este insomne sueño mío! ¡Este frío de un amanecer en vela!... Resonante, jadeante, marcha el tren. El campo vuela. Enfrente de mí, un señor sobre su manta dormido; un fraile y un cazador -el perro a sus pies tendido-. Yo contemplo mi equipaje, mi viejo saco de cuero; y recuerdo otro viaje hacia las tierras del Duero. Otro viaje de ayer por la tierra castellana -¡pinos del amanecer entre Almazán y Quintana!- ¡Y alegría de un viajar en compañía! ¡Y la unión que ha roto la muerte un día! ¡Mano fría que aprietas mi corazón! Tren, camina, silba, humea, acarrea tu ejército de vagones, ajetrea maletas y corazones. Soledad, sequedad. Tan pobre me estoy quedando que ya ni siquiera estoy conmigo, ni sé si voy conmigo a solas viajando.
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Otro viaje
A brisa que teima em não chegar… Insetos que pernoitam com ervas daninhas, Formigas que teimam em sementes arrecadar, Cigarras apaixonadas com zumbidos de encantar, Estrelas do céu abandonadas e sempre sozinhas… Mas queridas e amadas pelo brilho do luar. E eu continuo sentado para a brisa receber, Vivendo na harmonia e amando cada ser. Contemplo tudo e vejo eterna beleza, Nas coisas pequenas existe grandeza. Os passarinhos no meio das vinhas não parecem perturbados, Lagartixas castanhas, lagartos esverdeados… E tudo com a noite fica adormecido, Outros seres despertam sem qualquer sentido, Rãs, sapos e grilos que grande alarido…. A brisa chega com leveza e sem contas para dar, E eu aqui dando beijos a tudo que eu quero sempre amar… Victor Marques
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Aug 6, 2018
Aug 6, 2018 at 12:16 PM UTC
A brisa teima em nao chegar
chiadeira pop o copo esvazia-se l e n t a m e n t e a língua entorpece as lágrimas suicidam-se na biqueira da bota vómito bebe mais um copo e continua a beber e continua a beber e continua a beber porque é bom! porque gostas! é bom sentir o cheiro da erva húmida pela manhã contemplo um inferno pessoal
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Sep 11, 2015
Sep 11, 2015 at 5:59 AM UTC
Mata-te, com o que amas
Bien sé, devota mujer, cuando te contemplo en tus fervores y celo arder, que no me puedes querer como quieres a Jesús. Bien sé que es vano soñar con el edén entrevisto de tu boca, sin cesar, y tengo celos de Cristo cuando vas a comulgar. Pero sé también que son, por mi mal y por tu daño, piedades y devoción, caretas con que el engaño te disfraza el corazón. Y comprendo, no te asombre, que hay en tu espíritu dos cultos con un solo nombre, que rezas al hombre-Dios y sueñas con el Dios-hombre; y el ardor de que me llenas acabará por quemar todo el jugo de mis venas; y, por no quererme amar, tú te vas a condenar y a mí también me condenas.
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Celoso
Hoje, nesta tarde quente em que o sol teima em queimar e me faz suar o corpo. Hoje, nesta esplanada onde eu e tu nos encontramos. Hoje, quero poder sussurrar ao teu ouvido aquilo que sinto por ti. Hoje, quero que tu me queiras como sempre me quiseste. Hoje, quero que me saibas ler sem ter de te falar. Hoje, não sei definir o que sinto. Hoje, quero ficar assim. Hoje, como ontem contemplo o teu ser. Hoje, amanhã e para todo o sempre quero estar ao teu lado.
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May 29, 2014
May 29, 2014 at 5:17 PM UTC
hoje
Siento un vacío en el pecho, mientras contemplo mi reflejo en el espejo deshecho. Creo que los cuervos han muerto. Miro mi reflejo, tu reflejo, el de mis tristes y crueles pensamientos. Me torturo. A veces, mientras voy cayendo en un hueco, te veo de lejos, con una sonrisa y eso me basta para sentir, o para morir o para irme a París, sin ti. Creo que los cuervos han muerto.
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Jul 11, 2017
Jul 11, 2017 at 3:57 AM UTC
Cuervos muertos.
No quiero no, no quiero serranías, ni la ola marina y su jactancia, ni el fondo verde y oro de una estancia... Quiero pasar, verano, aquí mis días. Cerca de aquí y de tus niñerías y de tu lealtad y tu constancia, adherido a tu piel a su fragancia... Que te enojes, que hables, que te rías. Abandonada, así, sobre la grama mientras yo te contemplo, distraído, con la profunda distracción del que ama. Revuelta de cabello y de vestido, retorcer el marfil como una rama: tu cuerpo descubierto y escondido.
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Luján
el viento me arrastra, no se exactamente a donde aparezco en una endidura pequeña me sostengo para no caer, mis garras se aferran a lo desconocido estoy cansada y ya no se a donde ir escucho voces, suenan mas como ruidos sin sonido contemplo mi alrededor y todo es oscuro (tengo miedo) dejo que el pánico se apodere de mi revoloteo hacia cualquier direccion pidiendo ayuda decido permanecer calmada pero sin dejar de temer sin dejar de gritar supongo permanecere aqui por un tiempo hasta que descubra el camino de regreso hasta que mi alma resista.
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Apr 11, 2018
Apr 11, 2018 at 11:50 AM UTC
ave